Mostrando entradas con la etiqueta Andi Nachon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andi Nachon. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de junio de 2020

EN LA MÚSICA VAMOS























Rema rema rema tu bote
suave por la corriente
alegremente alegremente
la vida es un sueño.
Perdida de mí, a vos llego: niebla

sorprendida sobre el río
por las tardes primeras
casi septiembre y todo
todavía duerme

un paréntesis
de agua en el aire
sobre el agua quieta

todo posible todo
esto que despierte, florezca

perdida en vos
a mí que vuelva.


**********

Retornás de la siesta: un regreso casi
desde profundidades marinas. Así llegás a mí
toda ímpetu para llenar
esta tarde con nombres nuevos

fondos submarinos cimentan algo
del tiempo simultáneo: anémonas
morena, pez martillo o la certeza

precisa de la luz cuando atraviesa
distancias y alumbra el espacio. Sí
se ilumina eso que parecía
en penumbras relegado.


* * * * * * * * * *

Fosforecen entonces los bambúes

lluvia y más lluvia del este
por vez primera en el aire

te atrevés a olería y yo con vos
en la caricia primera, perfume
que convocás al decir lluvia

sentís y me llevás
en vértigo al encuentro.


**********

Dice y recorta mundo: a las puertas
de la estación gentío

gran bazar o feria de domingo. “Jacarandá
atardece, mi preferido”: recorta y

construye un mundo. De pronto todo
materia incandescente, resplandece
hace eco y logra

estar acá, conmigo.


**********

¿A qué fiesta
te estoy invitando? Lo digo y amparo
este cariño casi

una estrellita pura
luz pasajera hay que sacudir
antes que den las doce para que sea. A qué

fiesta tu movimiento

intrépido se abre en curiosidad
sin fondo si señala mundo
me recuerda en amor

fuegos de artificio
todo eso que brilla, hace ruido
se arriesga
a apagarse de un soplido.



  
Sólo una cuestión de oído: dejes ir aquello
que deba partir, retengas
esto aquí atento
a tu gentileza. Lo digo mientras pienso


en vos y un sistema de creencias
algo así como el poder
sorprendente de este beso, un bálsamo
reclamado ante el dolor, esa oscura

obstinación del universo
choca, incide y reacomoda sus partes
en formas que a veces anulan
cualquier apreciación, salvo la realidad de una

mujer perpleja. Maravilla maravilla
este invierno, su presencia. Arrasa julio y resta sólo
una afirmación: tarde luminosa, su gracia
avanza de tu mano. Cuestión de oído, protectora

quién de mí habría dicho este poder
sanador con un beso
rozo tu rodilla, limpio
dolor o la idea
firme del dolor. Y al fin de cuentas, da igual
es lo mismo: julio en su esplendor firme te proteja, reina mía
protectora, de la mano vamos
hacia todo eso que desborda.
  
(De En la música vamos, inédito, fragmentos;
Tomado de “En la música vamos”,
Poesía reunida 1990-2019; Ed.
Bajo la luna, 2019)

 Andi Nachon




Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970). Es profesora de letras, poeta y guionista.
En poesía, publicó: Siam (1990), Warzsawa (1996/2017), Taiga (2000/Madrid 2016), Goa (2003), Plaza Real (2004), 36 movimientos hasta (2005), Volumen 7(2010), La III Guerra Mundial (2013) y Viernes de chicas (2016). Junto a Constanza Vicco En destello y junto a Juan Sebastián Bruno De vos a mí, digo. También han sido editadas dos compilaciones de su obra: Taiga no Rio de Janeiro (Rio de Janeiro, 2001) y Villa BallestaJNuñork (Surada, Chile, 2003). Realizó la selección y prólogo de la antología 1961-1980 Poetas Argentinas (2007, ediciones del Dock). Es profesora adjunta del Taller de Poesía I cáte­dra Genovese de la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes. Realizó el guión cinematográfico de Esteros, film que ganó el V premio Raymundo Gleyzer por la región NEA. Recibió la beca de Ibermedia para el Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos en España por Esteros en 2013 y por Leonciño en 2016. Junto a Daniel Guimelberg, coguionó Los adop­tantes. En 2013 creó con Gerardo Papú Curotto y Santiago Podestà la productora Hain Cine.



IMAGEN: Andi Nachon -Fotografía de Valentina Rebarasa.




sábado, 13 de junio de 2020

CANCIONES INCÓMODAS





















LA CURA: ES VIERNES, ESTOY ENAMORADA

Una estrella el aloe en tu terraza
permanece firme su constelación voraz: crasas
cactus y cactáceas
abiertas a la tarde en dignidad. No hay

altruismo para el día a día, la helada o el viento norte en su
              caída
aunque ya todo sea resto -plusvalía- suavemente florecida

su incomodidad. De ahora en adelante buscarás
ligereza, liviandad
machacando a la manera de esos globos
fiesteros que al ascenso vemos a lo lejos
volar liberados por otros quién sabe hacia dónde

con augurios de buena fe o sencillamente
cierta felicidad. Más preciso: esos que aman

a la persona correcta y lo saben o mejor
todavía quienes aman
incorrectamente lo saben y deciden
amar igual. Criaturas raras

estas flores carnosas: rosas intensos, ásperos violáceos y espinas
claro que flores al fin, flores igual. Su aparición inesperada
este corto trajinar. Cada tarde

un final con su principio
el atardecer al oeste siempre y definitivamente
la pérdida resulta simple y a perder se aprende. Caerán las
               flores
algunas damas caerán: algo manchadas
al piso y despatarradas. Pero este viernes

mejor elegir ese instante del aloe
brillante contra las sábanas aireadas
su sincronización ordenada: tanta fe
para mantener una estación, esta temporada.
   
Tomado de “En la música vamos”,
Poesía reunida 1990-2019; Ed.
Bajo la luna, 2019

Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970)





IMAGEN: Crasas florecidas -Sin créditos, tomada de Pinterest.




jueves, 11 de junio de 2020

36 MOVIMIENTOS HASTA





















(Fragmentos)

Dejá que el otoño venga despacio. Los verdes
incontables del pino y el dorado
retenido por álamos: está el rocío
curva cada pasto cada junco
inclinado en un beso
con que suelos rozan y acarician
todo claro. Que se aproxime lento
al cruzar tanta materia —su festejo—
y no percepción
presencia
podes tocar en el simple
movimiento de la mano. Gentilmente
este otoño llega, se te acerca casi
mirando de soslayo. Acumulan entonces las ardillas
hacendosas tus vecinas, guardan a la carrera guardan
para esos días replegados que vienen. Vos te asoleás tranquila
mascás los snacks de arroz y otra vez sos aquella
mujer loca que baila
la galería de una residencia prestada. Fin del verano
su retiro en el latido
con que días nuevos lleguen, traigan otras
formas de estar. Sobre las ramas
se apagan luces, irisan amarillos
ocres y rojizos: aires del fin
con su principio. Al sol en la galería
espiás dentro del corazón
caído del verano. Dejá que parta suave
cuando es la lentitud
quien aquí permite rastros. Así sopla el viento sobre las Rocosas
en aliento constante de hojas
lleva ramas y arrastra
este aire tibio a tu cara. Dejá que este otoño entonces
despacio se aproxime
para tomar el bosque y a vos
entre todo esto que le pertenece. Así se retire el amor
así lleguen
otras opciones para detenerse
por un rato en el claro. Igual que elk y osos
bajan las laderas, lo mismo que el río ahora
menos caudaloso, pases vos de esta
mujer a aquella otra
que en su masticar recibe
todo el sol del fin
luminoso del verano.



 -¿Acabaste conmigo?— O si hubiera el sistema
de banderitas que señale: ahora
estás acá, ahora
no. Digo esa impresión
que tu mano deja sobre mi omóplato o el olor
del jabón en tu remera. Ínfimas
instancias entre este
estás acá, ya no. Pasemos por eso: contalo de otra manera
algo así como qué cansancio
todavía más cuartos, más luz, más peras. Un gesto lánguido
de la dama de cangurito celeste y anillos disco, otra
fácil ecualización para no decirte: cuando cierro los ojos
te tengo. —Bien: ¿acabaste conmigo? ¿Vos
también llegaste ahí?- Entraba la luz
apenas clareaba y resultó demasiado
sencillo, casi fácil de pronto estás y luego
no. Sistema
de banderas que me diga “ahora sí
ahora estoy”. La contundencia de la noche
llegando a la mañana o el simple
estar de la luz
sobre la mesa. Me preguntaste si yo
había acabado y me reí. Luego fuiste al baño
y al volver te burlaste del cliché
mi cigarrillo encendido y yo —la chica huevo-
pasmada ahí. Solamente
se hacía otra vez la mañana -y sí: nuevos cuartos
muchas más peras— cuando acaba la noche
y me descubrí durmiendo en tus brazos, tu voz
que seguía hablando. —Claro que sí
si cierro los ojos
cruza tu mano mi espalda,
desde atrás me abraza. Cuando cierro
los ojos llevo eso
algo así como decir
“te tengo”. -Qué miedo
todavía estás sobre mi cuerpo. Sigue la luz
más mañanas, todavía más
veces en que preguntar: ¿acabaste? —Conmigo en tu abrazo
y eso ya
queda en mí. -Contalo de otra manera: qué trabajo
más encuentros, más luces, más
espera. Y una -la chica huevo tan
acostumbradita a abrazar sus piernas— y un cuarto nuevo
y otros brazos y otro
jabón en tu remera. Gesto lánguido
para no confiar ese
“¿estás ahí?”. Código
de banderitas igual al “hola”
con que tu cara emergió de la almohada
la marea. —Tanto miedo—. Clareaban los vidrios
y me dormí sobre tu voz: instancias
mínimas a ecualizar si estás y no. Más
lánguidamente allí donde la luz
roza esas peras del plato, respiración
tuya tocando mi cuello. Después
dijiste hablé dormida, en sueños
la chica huevo te contó de la cajita feliz. Habíamos cruzado esa
noche de la disco a tu casa y luego
en taxi a la mía y sí, hablé dormida y eso
me sorprendió mucho
más a mí que a vos. El trayecto largo
desde ese “¿está mal si te beso?” hasta
el recorrido por la ciudad con una
botella de whisky y otra
de agua mineral. —Está mal si pregunto:
¿“seguís ahí”? ¿“ya no”?—. Códigos
de reconocimiento: sí, llegaste. Otro cuarto
adonde descubrir cómo entra la luz y marca
nivela la distancia de vos
a mí un nuevo
sistema de señales con sus propios
banderines y retornos. Pasá por eso: contalo de nuevo
Demasiado
fácil todo, tu mano en mi omóplato
la manera
de girar al mismo tiempo o ese
emerger la marea de la almohada
hacia dormirme
en tus brazos. —Tanto trabajo—. Una impresión
complicada de ecualizar, si es que llegaste
hasta mí demasiado. Entonces:
“te llevo”. No el gesto lánguido la chica
huevo no: esa
mujer que encontraste al abrir los ojos y tu mano
apretó para alcanzarla, de nuevo,
hacia, vos. Clareaba y no sé qué
viste de mí o cómo
después despertamos bajo el mediodía
su luz plana sumergiendo la casa y las peras
en la mesa resplandecían. ¿Llegaste ahí?
Habrás podido ver ese cuarto, la clara
posibilidad de entrar o no: instancias
ínfimas que permiten decir el “quiero
seguir ahí”. Sí, también, la marea de la almohada
sus tantos
trabajos otra vez. Aunque está mal -si pregunto-
acabaste conmigo cuando en verdad
sólo debías decir -sin banderitas
y al oído— “te tengo”.

Tomado de “En la música vamos”,
Poesía reunida 1990-2019; Ed.
Bajo la luna, 2019
 Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970) 



IMAGEN: Fotografía de Carla van de Puttelaar.






martes, 9 de junio de 2020

LIEDER

...no intentes decir que nada cambia, 
nada muere, nada es nuevo.
Peter Hammill

—Una ciudad chata —dijo él mucho antes
que entrara mi autobús en el paisaje, lo dijo
casi al pasar —rozando— la inconsistencia de esta
que era su ciudad. Ese resabio
guía tus ojos cuando penetran los horizontes
preparados para aplastarnos y el cuadro
ya es armado: él no está
de su voz
apenas podrías medir la justeza
del entonces frente al lago y todo
lo perdido se mantiene en nosotros: veloces
jugamos esa tarde de quinta y la marea
de luciérnagas se interpone delicada.


* * *

Bajo el vaso retenida esa vela y tu mano
refleja o intuye
el rojo al extinguirse: bebemos la suave guiness también
detenidos
en esta ciudad como un pueblo. Suave el aliento
de avena quemada se estanca en la boca y es esta
la tarde en que más
parecemos una familia, tarde que puede
sucederse al infinito: pistachos
restos de papeles y un jarrón
estalla en el naranja
incendiado de sus fresias. Frente al cerebro
inaprensible se vuelve la conversación que ya
no necesitás distinguir, y la niña
desde su suéter maíz explica: “esa es la causa”.


* * *

Hizo calor todo el día y la oscuridad
se instala -fresca- sobre los hombros. Hilos
lentos de un transcurrir insostenible: vaciamos los bolsos
como al descuido
cuando afuera explotó la tormenta. Sentenciaste tirará
el ramo de hortensias sobreviviente al traqueteo del tren.
Nuestros restos
de esta tarde de campo y no dije “no”
al ser despojada. Diferentes
latitudes del amor: el suave
caer de los pétalos y la batalla
de la lengua silenciada.


* * *

Para en la lluvia tu cabeza
se inclina hacia atrás. El valor de dejarte ir y soltar
esto que sostuviste en tus manos: hay la manzana
sus pedazos y la taza
todavía tibio el té. No podría precisar
si me viste alguna vez: “Aquello del viento
el viento lo lleve, eso que fue agua
sea arrastrado, se derrame entonces por canales desviados”.
Mostrarne ahora
el truco aprendido: pulpa
cáscara y restos
dulces adheridos en la tabla de madera. El festín
que acaso compartimos. Dijiste
no deseabas poseer
demasiado poder sobre qué: un gesto
capaz de borrarte. Recordar
esto que se instala y no intenta permanecer -de la manzana
el giro preciso
sobre manos conocidas—.


TAIGA

Me hablabas de la lentitud del perezoso en la rama
su extremada levedad
entre un intervalo y otro
-de la quietud al movimiento- yo
dormía imaginando
el dibujo trazado por las garras.

tomado de “En la música vamos”,
Poesía reunida 1990-2019; Ed.
Bajo la luna, 2019)
Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970)


-Hay un poema más de este libro en una entrada anterior-.



IMAGEN: "The Tree", fotografía de Zdenek Sindelar



domingo, 7 de junio de 2020

BUSCADORES DE ALMEJAS












EN CASA

Y es que podés
detenerte en ese pueblo:
una casa blanca de rejas forjadas
donde mirar
como en la tarde florecen las calas
 —ya sabiendo-
en pleno verano
se instaló el invierno.


* * *

BUSCADORES DE ALMEJAS

en los límites de la mañana, los cuerpos
apenas dados vuelta: sudor
deslizándose a cada grano de arena.

Ese mar
que ocupa y contrae, atrapando
en su pulso su reflejo. Ahora
cazadores de almejas
voraces
excavan y acaban
las fronteras del agua: yo

intento atrapar -de tu pupila-
cada mínimo traslado. 

(del libro W.A.R.Z.S.A.W.A., 1996,
tomado de “En la música vamos”,
Poesía reunida 1990-2019; Ed.
Bajo la luna, 2019)

Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970)




IMAGEN: Almejas en el mar; sin créditos, tomada de Pinterest.




viernes, 13 de marzo de 2009

SONICS



Una cancha de basket en la noche. Quisiste ser

ese hombre negro y su salto
encestando preciso otro tanto. El vuelo
de tres pasos sobre el aire, sobre el mundo, allí: donde todo gesto sea necesario.
Sólo hacerlo
y quien hace es:
el estadio, las luces, esa distancia que separa el aro. ¿Cuántas veces habrías fallado?
Deseaste y supongo
tus manos habrán temblado. Quisiste otro cuerpo
la historia del joven negro, una casa en los suburbios y partidos
que invadieran la madrugada. Velocidad y poder
podrías decirlo: que la fuerza esté a tu lado
en el salto
en el poder encestar un último tanto.




Andi Nachon (Buenos Aires, Argentina, 1970)