La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
miércoles, 14 de mayo de 2025
LA VIDA CONTINUA (II)
lunes, 28 de agosto de 2023
LA VIDA CONTINUA
POESÍA NARRATIVA
Ayer en el supermercado oí sin querer a un hombre y una mujer que hablaban de la poseía narrativa. Ella decía:
«Quizá todos los así llamados poemas narrativos sean sencillamente irónicos, sus acontecimientos solo señalarían que estamos tan empobrecidos que, como utopistas desesperanzados, vivimos para la conclusión. Muestran que nuestras vidas las han anulado las necesidades, especialmente por la necesidad de continuar. He llegado a creer que lo narrativo nace del odio a uno mismo».
Él dijo: «Lo que me preocupa es la narrativa que no proporciona un marco coherente para medir una transición espacial o temporal, la narrativa en la que el héroe viaja, creyendo que avanza, cuando en realidad está quieto.
Se convierte en el único conector, la encarnación de la narrativa, su terrible engaño, la pesadilla de su propia irrealidad».
Quise recordarles que el poema narrativo ocupa el lugar de una narración ausente, siempre absorbiendo la ausencia de esta para poder ser nombrada, a la vez que abandona continuamente su propia presencia a las sobrecogedoras soledades del olvido. La narración ausente es en la que, quería decirles, nuestro destino está escrito. Pero se habían ido antes de que pudiera hablar.
Cuando llegué a casa mi hermana me esperaba sentada en la sala de estar. Le dije: «¿Sabes lo que te djgo, hermana?
Se me acaba de ocurrir que algunos poemas narrativos se mueven ten deprisa que no puedes seguirles el paso y tienes que imaginar cómo continúan. Son lo más parecido a la vida y lo menos real».
«Sí —dijo mi hermana—, pero ¿te has dado cuenta de que algunos poemas narrativos se mueven tan despacio que continuamente saltamos más allá de ellos y nos imaginamos cómo podrían ser? ¿Te has dado cuenta de que son los que con más frecuencia se escriben cuando eres joven?».
Después recordé el verano en Roma, cuando me persuadí de que las narraciones en las que la memoria desempeña su papel son autodestructivas. Hacía calor y me di cuenta de que la memoria es una conmemoración de acontecimientos que no se sostendrían en el presente, por eso la memoria siempre está teñida de piedad y su música es siempre un canto fúnebre.
Entonces sonó el teléfono. Era mi madre que llamaba para preguntarme qué hacía. Le dije que trabajaba en una antinarrativa, la que se niega a comenzar porque comenzar carece de sentido en un universo infinito y se niega a concluir por la misma razón. Todo ello es el intervalo suprimido, una conjunción inacabable e inexpresable: «Mamá —le dije—, es como esa narración que se niega a enmascarar la quietud universal y esencial de manera que limita sus observaciones a lo que nunca ocurre».
Entonces mi madre dijo: «Tu padre solía hablarme de la poesía narrativa. Decía que era una mujer que llevaba flores y vestía de fiesta. Su pelirrojo cabello le caía con delicadeza sobre los hombros. Decía que la poesía narrativa solía ocurrir en primavera e incluía un hombre. La mujer se acercaba a su casa, saludaba con la mano al hombre y dejaba caer las flores. Esto —seguía diciendo mi madre— parecía una señal de la falta de concreción de la poesía narrativa. Dondequiera que estuviera, la mujer sembraba las semillas del desinterés».
«Mamá —me atreví a decir—, lo que llamamos narración es sencillamente sumisión a las insoportables demandas del predicado sobre el futuro; favorece la continuidad, florece en otro predicado. ¡Vaya si las nociones de cierre no descansan sobre nuestros deseos de un predicado estéril!».
«Tienes toda la razón —dijo mi madre—, no hay otra forma de entenderlo». Y colgo.
del libro: "La vida continua"(1990). Ed. Visor, 2016
Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá 1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)
(Traducción de Dámaso López García)
Yesterday at the supermarket I overheard a man and a woman discussing narrative poetry. She said: “Perhaps all so-called narrative poems are merely ironic-, their events only pointing out how impoverished we are, how, like hopeless Utopians, we live for the end. They show that our lives are invalidated by our needs, especially the need to continue. Ive come to believe that narrative is born out of self-hatred. ”
He said: “What concerns me is the narrative that provides no coherent framework for measuring temporal or spatial passage, the narrative in which the hero travels, believing he goes forward when in fact he stands still.
He becomes the single connective, the embodiment of narrative, its terrible delusion, the nightmare of its own unreality. ”
I wanted to remind them that the narrative poem takes the place of an absent narrative and is always absorbing the others absence so it can be named, and, at the same time, relinquishing its own presence to the awful solitudes of forge fulness. The absent narrative is the one, I wanted to say, in which our fate is written. But they had gone before I could speak.
When I got home my sister was sitting in the living room, waiting for me. I said to her: “You know, Sis, it just occurred to me that some narrative poems move so quickly
they cannot be kept up with, and their progress must be imagined. They are the most lifelike and least real. ”
“Yes, ’’said my sister, “but has it occurred to you that some narrative poems move so slowly we are constantly leaping ahead of them, imagining what they might be? And has it occurred to you that these are written most often in youth?”
Later I remembered the summer in Rome when I became convinced that narratives in which memory plays a part are self-defeating. It was hot, and I realized that memory is a memorial to events that could not sustain themselves into the present, which is why memory is tinged with pity and its music is always a dirge.
Then the phone rang. It was my mother calling to ask what I was doing. I told her I was working on a negative narrative, one that refuses to begin because beginning is meaningless in an infinite universe, and refuses to end for the same reason. It is all a suppressed middle, an unutterable and inexhaustible conjunction. “And, Mom, ”
I said, “it is like the narrative that refuses to mask the essential and universal stillness, and so confines its remarks to what never happens. ”
Then my mother said: “Your Dad used to talk to me about narrative poetry. He said it was a woman in a long gown who carried flowers. Her hair was red and fell lightly over her shoulders. He said narrative poetry happened usually in spring and involved a man. The woman would approach her house, wave to the man, and drop her flowers. This, ” Mom continued, “seemed a sign of narrative poetry’s pointlessness. Wherever the woman was, she sowed seeds of disinterest. ”
Mom, I ventured, “what we call narrative is simply submission to the predicates insufferable claims on the future; it furthers continuance, blooms into another predicate. Don’t you think that notions of closure rest on our longing for a barren predicate!”
You re absolutely right, ’’said my mother, “there’s no other way to think of it. ” And she hung up.
PUEDEN leer la biografía y mas poemas en entradas anteriores del autor (N.del A.).
lunes, 6 de mayo de 2019
ME VA A ENCANTAR EL SIGLO XXI
sábado, 4 de mayo de 2019
LA LLEGADA DE LA LUZ
IMAGEN: Epiphany, fotografía del artista Guillermo de Angelis.
jueves, 2 de mayo de 2019
EN UN MUNDO SIN CIELO TODO ES DESPEDIDA
jueves, 4 de octubre de 2018
CASI INVISIBLE
Ella se mantuvo a mi lado durante años. ¿O fue sólo un momento?
No me acuerdo. Tal vez la amé, tal vez no.
Había una casa, y después, no. Había árboles, pero ya no están.
jueves, 31 de agosto de 2017
LA VIDA SECRETA DE LA POESÍA
jueves, 17 de diciembre de 2015
MI VIDA
El muñeco enorme de mi cuerpo
rehúsa levantarse.
Soy el juguete de las mujeres.
Mi madre
me exhibía a sus amigas.
"Habla, habla", imploraba.
Y me movía la boca
pero nunca llegaron las palabras.
Mi esposa me tomó del escaparate.
Me acomodé en sus brazos. "Sufrimos
la enfermedad de ser", susurró
y me acomodé en silencio.
Ahora mi hija me ofrece
un biberón con agua y dice:
"Tú eres mi verdadero bebé".
¡Pobre criatura!
Miro el oscuro
espejo de sus ojos
y me veo a mí mismo
disminuyendo, hundiéndome
en una profundidad que ella desconoce.
Aliento no me queda,
no me levantaré otra vez.
Yo crezco en mi muerte.
Mi vida es insignificante.
El mundo es verde.
Nada es todo.
PARA JESSICA, MI HIJA
Esta noche caminé
cerca de casa
y sentí temor,
no del rumbo del viento
que me hizo amar y ser
sino de la oscuridad y la distancia.
Caminaba escuchando el viento,
sintiendo frío, interesado
en las estrellas que alumbran
la inmensa bóveda del cielo.
Jessica, es más fácil
pensar en nuestras vidas
mientras caminamos
bajo el breve lustre de las hojas,
amando lo que poseemos,
que pensar en seres tan pequeños
como nosotros
viajando en la oscuridad
sin un camino posible,
sin un final a la vista.
Aún recuerdo otras épocas
bajo el mismo cielo
cuando se aligeraban los huesos
y la heridad del cráneo estaba abierta
a los fríos rayos del mundo
y por un instante eran el mundo.
Entonces yo creía
que éramos hijos de las estrellas,
que nuestras palabras estaban hechas
del mismo polvo que brilla en el espacio.
Entonces podía sentir en la levedad del aliento
el peso de un día entero
venir suavemente a descansar.
Pero esta noche
es distinto.
Temeroso de la oscuridad donde vagamos
o nos desvanecemos juntos,
imagino una luz
que impedirá que nos apartemos demasiado,
una secreta luna o un espejo,
una hoja de papel,
algo que tú puedas llevar
en la oscuridad
cuando esté lejos.
MI HIJO
A la manera de Carlos Drummond de Andrade
MI hijo
mi único hijo,
el que nunca tuve,
podría ser un hombre.
Se mueve
en el viento
descarnado y sin nombre.
A veces
viene
y apoya en mi hombro
su cabeza
más ligera que aire.
Y yo le pregunto,
hijo,
¿dónde te encuentras,
dónde te ocultas?
Con frío aliento
me responde,
no lo advertiste
y sin embargo llamé
y llamé
y sigo llamando
desde un lugar
lejano,
más allá del amor,
donde nada,
todo,
quiere nacer.
Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá, 1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)
martes, 15 de diciembre de 2015
ELEGÍA A MI PADRE
2. RESPUESTAS
¿Por qué viajaste?
Porque la casa estaba fría.
¿Por qué viajaste?
Porque lo he hecho siempre, desde el anochecer
hasta la llegada del alba.
¿Qué llevabas puesto?
Llevaba un traje azul, una camisa blanca, una corbata
amarilla y medias amarillas.
¿Qué llevabas puesto?
No llevé nada. Una bufanda de dolor
me mantuvo abrigado.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí con mujeres distintas cada noche.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí solo. Siempre he dormido solo.
¿Por qué me mentiste?
Siempre pensé que decía la verdad.
¿Por qué me mentiste?
Porque no hay nada que mienta más que la verdad
y yo amo la verdad.
¿Por qué te vas?
Porque las cosas no tienen ningún sentido para mí.
¿Por qué te vas?
No lo sé. Nunca lo he sabido.
¿Cuánto tiempo debería esperarte?
No me esperes. Estoy cansado y quiero
echarme a descansar.
¿Estás cansado y quieres echarte a descansar?
Sí, estoy cansado y quiero echarme a descansar.
3. MURIENDO
Nada pudo detenerte.
Ni tu mejor día. Ni el reposo. Ni el movimiento del mar.
Tú continuaste muriendo.
Ni los árboles que abrigaron tus pasos,
ni los árboles que te ensombrecieron.
Ni el doctor que te advirtió,
el canoso y joven doctor que te salvó una vez.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte. Ni tu hijo. Ni tu hija
que te alimentó y te hizo un niño nuevamente.
Ni tu hijo, que creyó que vivirías para siempre.
Ni el viento que agitó tus solapas.
Ni la quietud que se ofreció a tu movimiento.
Ni tus zapatos que se hicieron cada vez más pesados.
Ni tus ojos que rehusaron mirar hacia adelante.
Nada pudo detenerte.
Te sentaste en tu cuarto y miraste fijamente la ciudad
y continuaste muriendo.
Ibas a trabajar y dejabas que el frío entrara en tus ropas.
Que la sangre chorreara en tus medias.
Que tu rostro se volviera blanco.
Que la voz se te quebrara.
Te apoyabas en el bastón.
Pero nada pudo detenerte.
Ni los amigos a quienes aconsejaste.
Ni tu hijo. Ni tu hija, que cuidó tu crecer a lo pequeño.
Ni la fatiga que vivió en tu aliento.
Ni tus pulmones, que se llenarían de agua.
Ni tus mangas que cargaron el dolor de tus brazos.
Nada pudo detenerte.
Tú continuaste muriendo.
Cuando jugabas con los niños continuabas muriendo.
Cuando te sentabas a comer.
Cuando despertabas por las noches, bañado en lágrimas,
el cuerpo llorando.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni el pasado.
Ni el furturo con su promesa de buen tiempo.
Ni la visión de tu ventana, abierta al cementerio.
Ni la ciudad. La terrible ciudad con sus edificios
de madera.
Ni la derrota. Ni el éxito.
Nada hiciste sino seguir muriendo,
Apoyabas el reloj en el oído.
Te sentías resbalar.
Te echabas en la cama.
Cruzabas los brazos sobre el pecho y soñabas
el mundo sin ti,
en el espacio bajo los árboles,
en el espacio en tu dormitorio,
en los espacios vacíos de ti
y tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni tu respiración. Ni tu vida.
Ni la vida que esperabas.
Ni la vida que tuviste.
Nada pudo detenerte.
Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá, 1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)




