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viernes, 5 de octubre de 2012

LLUVIA




Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro
apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo
seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al
caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los
automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de
nuestra esperanza, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y
acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima,
recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.


Raúl González Tuñón




Raúl González Tuñón nació en Buenos Aires, en 1905; y murio en la misma ciudad, en 1974. Poeta argentino. Participó de la vanguardia literaria argentina de la década de los años 1920 y viajó luego a Europa. Vivió en París y en Madrid, ciudades en las que hizo amistad con poetas como Robert Desnós, César Vallejo, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda. Su obra se inicia con "El violín del diablo", que publicó en Buenos Aires en 1926, a los 21 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros. La revista solía polemizar burlonamente con el llamado grupo de Boedo, que agrupaba a los escritores identificados con la literatura social, quienes a su vez denominaban a sus colegas de "Martín Fierro" como el "grupo de Florida". Siendo Boedo un barrio entonces proletario y Florida la calle elegante de esa época, los polos de la polémica eran más políticos que literarios. González Tuñón mantuvo relaciones cordiales también con el grupo de Boedo, especialmente con el poeta Nicolás Olivari. En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó "Miércoles de ceniza". Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: "La calle del agujero en la media", publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros clave, "La rosa blindada", inspirado en un levantamiento minero en la provincia española de Asturias. Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón mantuvo siempre una relación de prudente distancia, no pocas veces tensa, con las estructuras partidarias. Entre sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, distinguió los que llamaba "poemas civiles", referidos a acontecimientos políticos y sociales. Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker) se convirtió en un alter ego literario del autor. González Tuñón fue también periodista. Trabajó en el diario "Crítica", un vespertino de los años 1920 y 30, de marcado tinte sensacionalista, pero que reclutó a notables escritores de la época (entre ellos Borges y Roberto Arlt), y en el diario "Clarín", donde escribió crítica de artes plásticas y crónicas de viajes. Influyó decisivamente en la cultura argentina de los años cincuenta y sesenta y es considerado uno de los fundadores de una corriente moderna de poesía urbana. Póstumamente se han publicado "El banco en la plaza" y "Los melancólicos canales del tiempo". "La calle del agujero en la media (1930); Todos bailan (poemas de Juancito Caminador -1934); Muerte en Madrid (1939) y "Canciones del tercer frente", son algunas de sus obras más recordadas.

Biografía tomada de: http://www.escribirte.com.ar/autores/104.htm.






sábado, 28 de marzo de 2009

EN LA RUTA DE AMBERES A VALPARAÍSO
















Siempre habrá rosas, dijo (¿recuerdan?) memorable,
el jardinero de la señora Míniver
mientras caían bombas sobre el techo de Londres
y él perfeccionaba su Rosa de Abolengo.

Amo esa flor soberbia de cultivo,
gala de los jardines de cuidados perfiles
y los parques famosos (Lezama, Luxemburgo,
Forestal)
pero amo más la flor que vemos en las sendas
queridas
por los linyeras y las mariposas
a la orilla de ciertos terraplenes dormidos
y en las tapias de grises estaciones con sueño:
campanillas azules, margaritas silvestres
y la orquídea salvaje, esa fantástica
montonera crecida, por piedad,
en los alrededores de las ciudades muertas.

Pero amo más la flor marina inalcanzable
a la que vi desde la proa mágica
de un barco de carga carbonero y llovido
en una madrugada cautivante
del Mar de los Sargazos, el gran jardín flotando
su esplendor vegetal, espeso y grave.

¡Algas, errantes lotos, azucenas
del yodo y la sal, maravilla!
Extraño lecho adonde van solemnes, a morir,
los albatros heridos por ráfagas cobardes.



Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)



IMAGEN: Orquídea salvaje.




EL PAÍS DE LA LLUVIA Y LA DISTANCIA

















Todo esplendor termina, las grandes voces callan,

se agosta el verdemar de las praderas
pero aquello más hondo y entrañable que fue
perdurará en la memoria inapelable,
allí donde el poema impreciso vigila
esperando que vuelvan los dioses del destierro.

Pues también la memoria tiene sus avenidas
de luces silenciosas y esquinas recoletas
y su orilla pasando por el hilo del sueño.
El olvido se cansa de llamar a su puerta.

El zaguán es quien vela mientras la casa duerme.
Hubo uno en la infancia, y el recuerdo
puso una vez allí su magnolia fuscata
y en la puerta cancel yo dibujé una tarde
el país de la lluvia y la distancia.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)



IMAGEN:  Magnolia fuscatata.




LA LUNA DE BARRANCA YACO















No es la luna serena y honda que anda en Tulumba
sino la luna roja, degollada, que yo exalté en Gatuna,
de la estirpe llanera.
Cada año visita el recodo maldito
convocando a un pequeño fantasma solitario.
Es el del muchachito postillón, aún perplejo,
que allí quedó esperando un velorio imposible
desde que Santos Pérez dio otro giro a la Historia
desconcertando el rumbo de la sangre.

Allá en la Recoleta, Juan Facundo, el riojano
que le hizo larga sombra al arrogante
señorío feudal de Juan Manuel de Rosas,
turbado por el ruido de un folklore dudoso
de cuño comercial y música barata
piensa en el ángel de la escolta,
esa inocencia que no pudo crecer
para mirar como a la vez crecían
la patria y las guitarras,
los puñales, los sueños, el trigo, las chinitas.

La Luna de Barranca Yaco.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)






KATHERINE MANSFIELD




















...Y que el aire perfume su cabellera clara.

Allí donde discurren las memorias perdidas,
las voces olvidadas y los pasos errantes.
La muerte, distraída, que resucita rosas.

El Gran Meaulnes la hubiera amado.

Antón Chejov, padre de la nostalgia y la dulce ironía,
a través de lejanos anteojos de bruma
la contempla en el tiempo de un otoño evadido.

Su vida fue un poema lánguido y penetrante.
Y, como todos los poetas muertos,
cada vez que alguien sueña ella retorna.
Y vuelve a irse cuando muere un sueño.



Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)



IMAGEN: La escritora neozelandesa  Katherine Mansfield.




miércoles, 23 de julio de 2008

BLUES DE LAS ADOLESCENTES


























A la hora en que yacen entornadas las ventanas de los chalets

a la hora blanca
a la hora dorada
a la dulce hora en que parten los veleros hacia las islas,
las adolescentes salen del agua clara
las adolescentes se tiran en la arena
las adolescentes tienen la voz húmeda
las adolescentes escuchan el cálido blues de los mediodías
las adolescentes maduran sus senos
mientras las flores llenan todo de un rural aroma
mientras las cigarras, ah, las cigarras cantan en lo alto de las palmeras

Jébele tiene quince años y ha ido a la playa
ha ido a una reunión de estudiantes
ha subido conmigo a un ómnibus
ha estado ojeando libros y estampas
ha brotado de pronto del día su hermoso cuerpo de islas y de trópicos.
Hace tiempo, no mucho, que yo no sé nada de ella.
Pero no puedo ver aire y plantas y agua y sol
ni oír blues o graciosos vientos que mueven las veletas
sin acordarme de Jébele.
Su nombre bíblico me habla de frescos hules sobre las pequeñas mesas
de grava perfumada en las plazas abiertas cerca de los ríos,
a la hora en que vienen del fondo de los mediodías
las voces misteriosas de la tierra
y ya es imposible no desear la adolescencia,
su gloria liviana y áspera,
su ácido olor a fruta mojada.
Jébele tiene quince años y ha venido a la playa.
Yo veo cómo la acarician los elementos
y estoy lleno de tierra y agua y fuego
y pienso en algún mapa que he visto, en donde ni mencionan
el nombre de las islas perdidas.
A la hora en que esas islas salen a la superficie
Jébele las recorre como una joven pantera,
está alerta y respira con todo su cuerpo
y ha ido a una reunión de estudiantes
y ha viajado en ómnibus conmigo
mientras desde el fondo de los mediodías
subía un rumor lejano de ocultos archipiélagos.



Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)






LA LUNA CON GATILLO

























Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil, un herrero,
un zapatero, también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frivolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
—Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con una piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, Argentina, 1905 -Id, 1974)