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martes, 12 de mayo de 2026

LEJOS DE MÍ DECIRLES




SIMIO MEDITANDO
(Ante una lata oxidada de aceite de oliva)
Mangos de Hacha, Ciudad de México,2016)


ARÁBICA

1

un café expreso tomado de pie 
en la barra del Arábica

no tengo dominio
sobre la pequeña taza blanca

Como si debiera salir del local 
y apoyarme en el poste de luz 
junto a una bicicleta 
para ver adentro desde afuera

camuflado entre seis matices 
de verde: follajes, cogollos, 
estigmas, bolsas de plástico;

salir del local pero también 
salir de las 10:55 am

estar afuera, Recavarren
una mañana de verano
entre una panadería y algún otro
negocio

Como si fuera posible hacerlo 
Como si fuera posible salir 
estar afuera

no tengo dominio


2


Edith Meza, caturra amarillo, Satipo;

doble fermentación;

débil en los bordes
pero con peso en el centro
de la lengua, una gravedad inusual

no es la primera vez que ocurre

hay un punto de terror en el expreso

un punto que busco en alguno de los dos 
sorbos con los que doy cuenta de la taza 
-esta vez lo encuentro en el segundo;

un instante terroso
un instante terroso de atenta incomprensión.


3

éstas no son instrucciones para beber café.


4


más bien me pregunto 
si soy la suma de mis actos

-y si soy la suma de mis actos 
¿de cuáles?

¿soy la suma de todos los expresos
que he tomado de pie en la barra del Arábica?

¿o soy este café en este momento 
por el que se me juzgará?

¿o soy lo que pienso del expreso 
de su debilidad en los bordes 
de su punto de terror?

tal vez esto no sea
sino una espléndida inutilidad
la suma de mis actos

no tengo dominio


5

¿y es en eso que me diferencio de un cerdo?

cerdo al que ato de las patas 
subo a una tolva oxidada 
llevo a los suburbios a degollar 
lo pienso mejor 
le perdono la vida 
lo bajo de la tolva oxidada 
le desato las patas 
y lo largo a mear largamente 
sobre un pasto amarillo

_y es eso muy diferente a estar de pie 
en la barra del Arábica?

tal vez soy la resta de mis actos

tal vez
Soy lo que queda luego de perdonarle la vida 
a un cerdo

Soy lo que queda luego de restar los expresos 
cada vez que los tomo

una y otra vez


6

si algo me va a juzgar
que sea inconmensurablemente
distinto a mí, un río

algo que verdaderamente esté afuera, que fluya

algo en lo que pueda colocar 
mi confianza
algo a lo que pueda regresar 
cuando se me acabe la emoción

un río, un lenguaje

algo inconmensurablemente marrón

(¿pero acaso puedo colocar mi confianza 
en un no? No. En la idea de un río-tal vez)

no sé mucho de ríos pero creo que ya es tarde


7

es posible pensar
cómo será el mundo después de la muerte 

será una enorme explanada

Más bien,
no creo que es posible pensar 
cómo es el mundo antes de la muerte

Apenas esto:

el ventilador
que visto sin anteojos
parece un enorme papagayo blanco

y

que visto con anteojos
es un enorme papagayo blanco

parece un enorme papagayo blanco



8

tomar un expreso 
no comienza en ningún punto

ni cuando lo pedí 
ni cuando entré al local
ni cuando salí de casa para tomarlo
ni cuando llegué a casa para salir de casa para tomarlo


no tiene comienzo;

es sin comienzo

este verso es sin comienzo

nada de lo que hago tiene comienzo
ninguna palabra comienza con i

mis actos no son infinitos


S A B O G A L

3

el tiempo puede ser un desierto 
Es una traducción de lengua a lengua

también
el tiempo puede ser sin dirección 
el tiempo puede ser a la intemperie 
el tiempo puede ser sin techo

En una traducción de lengua a cosa 
el tiempo no es un desierto

No puedo decir mucho más



6

Cada vez se ha vuelto más difícil 
hacer el amor

justamente
porque se trata de una traducción de lengua a cosa

y hacerlo sobre arena gruesa 
o sobre pastos húmedos 
o bajo cielo azul
es una traducción de lengua a lengua 

No puedo decir mucho más


6a

estrellas y Estrellas
borroneadas en la gran pizarra negra

cada vez se ha vuelto más difícil 
hacer el amor

bajo un cielo post-constelaciones


7

Y cuando el tiempo deje de desertar 
por fin emergerá el tiempo presente

que aún no existe

(lo que ahora pasa por tiempo 
son esos 15 minutos de recreo 
antes de la clase de Geografía)



15

observación. Esto es una solución psicológica

El ave vuela. El ave intersecta
el aire en cierto ángulo. El ala extendida
sobre una corriente térmica
le impide caer. Ahí donde no había nada
el ave vuela y el vuelo deja una linea
imaginaria en la memoria.
Lo que está puesto en balance es invisible, 
el volumen y la ineluctable levedad 
de un corredor. Un trazo.

En mi mente un evento semejante 
está ocurriendo. Una frase vuela.
La frase intersecta su sentido en cierto ángulo. 
Aún con los cables y las poleas 
que la sostienen feamente visibles 
-ensamblar, mover, ensamblar, mover-
la frase es una línea limpia. Vuela como si nada 
le opusiera obstáculo y luego desaparece.
La frase deja un balance imaginario 
en la memoria, una corriente de aire

como una ventana que alguien olvidó cerrar.



EL LENGUAJE ES UN REVÓLVER PARA DOS
Colección Underwoodm Lima, 2008


SOBRE LA EXPRESIÓN "LLEVAR UN PESO EN EL CORAZÓN"

El corazón guarda en sus cámaras frigoríficas 
carne helada, cuerpos fríos que cuelgan 
de garfios de acero, 
atraídos por gravedad y pena.

Eso que llaman “llevar un peso en el corazón” 
no se parece a nada o se parece 
al peso de medio kilo de aceitunas negras 
envueltas en una bolsa de papel marrón.

Eso que llaman “llevar un peso en el corazón” 
no es sino una bolsa húmeda de aceitunas negras 
a punto de perforarse.

El corazón late, la carne cuelga.

Vamos, hermanos, a morir de frío, vamos.




OBJETO Y FIN DEL POEMA


Es de noche y tiene que aterrizar 
antes de que se acabe el combustible.
Así terminan todos sus poemas, 
tratando de expresar con un lenguaje 
público un sentimiento privado.

Su ambición es el lenguaje del piloto 
hablándole a los pasajeros 
en medio de una situación desesperada: 
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.

Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro 
que no estaba en las cartas.

Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el luego.

Pero ninguna palabra sobrevive.



SIETE PAISAJES SOMATIZADOS
Hueso Húmero No.34, Lima, 1999.


1 Quives

Los vientos que no decepcionan, los que soplan solos, y llegan 
tarde; los que aparecen temprano, morados de frío, y los del retorno, envueltos en grasa y enardecidos. Pensamos que podían ser distintos: transparentes, con olor a tierra húmeda o a residuo maloliente de agua 
en un florero. No eran transparentes. Cristo es transparente. No eran ninguna forma de la transparencia. Y no olían a nada que hubiéramos olido antes. Eso ocurre con frecuencia cuando se embalsama un cadáver 
que aún anda fresco, dicen. Nos hicimos lentos a un lado y evitamos 
el vómito de un perro y sus habas. Así viajan los tesoros de la lengua, ocultos en pocas palabras y atrapados en sermones animales.
Dentro del templo, un niño de rasgos angelicales cagaba en mármol 
sobre la pila bautismal. El niño era ajeno al viento, indiferente al cólera, indiferente al sismo; indispuesto.


2 Lerra Dura

Y si alguien se asoma y dice He venido por ti, improvisa...
Eso también se ha vuelto común: quedarse dormido
frente al televisor, despertarse gritando alguna leve obscenidad
y escuchar la voz del lánguido detective que dice Fíjate más allá
de las pistas... (Pero más allá de las pistas sólo hay una playa
y un muro y un ruido.) Las frases se detienen solas, esperan
una ocasión mejor y regresan disfrazadas de animales enfermos
durante noches calurosas. A veces caminamos algo que no es un camino
y que no se mueve. Otras veces remamos sobre mares mal 
iluminados y a la deriva tomamos decisiones imprudentes. 
Hablar. Hablar hasta entrar en posesión de uno mismo. Y 
luego el tedio. El tedio de explicar-todo, nuevamente, otra vez; 
y entonces si has venido por mí, tal como yo, no habrás 
encontrado nada. En un famoso poema de Moro un perro 
es un animal, pero también una señal de que estamos solos 
entre huesos enterrados al azar.


3 Santander

O no exactamente amor pero sí algo tierno e inestable 
que terminé por destrozar a golpes contra las paredes de esta casa 
antes de abandonarla. Oh, no me cuentes lo que hacen 
los poetas: van detrás del amor a ilegibles borbotones, 
mientras siguen respirando con ayuda externa, mínimamente 
conscientes de las máquinas y los tubos a los que andan
 conectados-ah, y todo el dinero ese que dicen desconocer, 
símiles. Cuanto lo siento -dijo la amada— pero he estudiado 
el deseo con gran diligencia. Siguen los versos plagados de versificaciones, 
siguen las coimas. O no exactamente poema 
pero sí algo de veras ingenuo rebalsó de esos días, vidas 
privadas de vida, artificios tan elegantes como inservibles. 
Medianoche. Solamente mi pierna se ha dormido. Todo el resto 
sigue siendo triste, lejano, insoluble a la oscuridad.


4 Quizá Nazca, en todo caso un sur

Con gusto puedo sobrevivir a esta paraca de dioses violentos 
que se avientan contra mí sin piedad-mas todo está en calma, 
por ahora: sin toses, sin virus, sin cáncer, por ahora, de 
verdad. Es a mí mismo a quien debo sobrevivir, no a este 
puñado de imágenes: a mis manos, a mi vista, a las fiebres 
y a los pánicos marranos. Me he hecho añicos con los años 
al huir. Puedo tolerar, quizás, la pérdida del cuerpo (del propio
y del impropio) pero la posibilidad de olvidar el último sabor
del paladar, el último sonido del cuervo y el tiempo que pasamos conversando sobre el mar, lo decide: es mejor asi. Es mejor 
decir-es mejor dejar, es mejor salir del lenguaje es mejor huir.


5 Chancay

Una niebla espúrea se cierra sobre la espléndida tarde 
en la que reconocemos el comienzo de una difícil despedida. 
Chancay, hace años: una tarde espléndida sumergida en 
romeros y hemerocáliz y en el cielo, sobre el mar de añil, 
la raya oscura de un alhambre que ha pasado demasiado cerca 
de un corazón cercano o de la oreja herida de un caballo.
La niebla se detiene ante el muro fresco de adobe 
que distingue nuestras propiedades, aguardando. Desde entonces 
se ha vuelto imposible nombrar otras tardes u otras latitudes: 
los caranchos rehúsan volar más allá de la baranda. Temen 
la locura de la niebla y el gusto pardo que recubre el paladar 
cuando abren la boca para chillar, los confunde. (Junto a ellos 
los incómodos ángulos de los codos y las copas se apoyan, 
terribles, en las sombras).


6 Lurín Larkin Luren

Como si uno no se fuera a quedar en el mismo sitio 
mucho tiempo más, o como si uno mirara hacia atrás 
temiendo estar en algún otro lugar, uno vive asustado del susto 
aquel que ningún animal puede evitar: nada después de esto, nada 
con qué pensar, nadie a quien ver (tocar, oír, gustar) nadie a quien
oler cada mañana y nadie con quien negociar, los hábitos 
sonámbulos. Salvo esto, ya no hay más días; salvo la vaga indigestión
que acompaña al que duerme demasiado o al que duerme demasiado 
tarde, ya nada nos llama la atención, ya nada nos mira, 
nada nos atormenta.



7 Campodeagua

No quiero hablar echado en la cama o discutir con los que han vuelto 
del maravilloso paseo por los parques, los que han vuelto 
entusiasmados con seguir cualquier cosa. Prefiero andar suelto  
por las calles, fumar con una camisa blanca y silbar la canción extranjera. Iré a prisión por no devolverle el saludo a extraños, o por no decirle gracias al maestro que cobró por enseñarme. Sobre un campo de agua transitan animales nuevos que no necesitamos.

(Del libro homónimo,
Poesía reunida 1978--2018,
Mansalva,2023)
Mario Montalbetti



Mario Montalbetti (Lima, Perú, 1953). Es profesor principal de Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Perro Negro - 31 poemas (1978), Fin desierto (1995 y 1997), Llantos Elíeos (2002), Cinco segundos de horizonte (2005), El lenguaje es un revólver para dos (2008), Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano (2008), Apolo Cupisnique (2012), Vietnam (2014), Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva (2016), Notas para un seminario sobre Foucault (2018) y Cabe la forma (2022). Antologías de su obra se editaron con los títulos En una lengua rompida (2017), / Huir no es mejor plan (Mansalva, 2017) y El cuatro está solo (2023). Sus libros de ensayos incluyen Cualquier hombre es una isla (2014),El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela (2016), La ceguera del poema (n direcciones, 2018), / epiciclos (2018), Sentido y ceguera del poema (2018; reeditado en n direcciones, 2022) y El pensamiento del poema (2019; n direcciones, 2020). También ha publicado libros de difícil clasificación como Lacan arquitectura (con J. Stillemans, 2009) y Cajas, un estudio sobre lenguaje y sentido (2012; reeditado en n direcciones, 2018). Su obra poética fue reunida previamente con el título Lejos de mí decirles en México (Aldus, 2014; Matadero, 2019), y España (Liliputienses, 2014 y 2018). Es miembro del Comité Editorial de la revista Hueso Húmero.

Pueden LEER todos los poemas y ensayos del autor Aquí


 

martes, 4 de abril de 2023

EL PENSAMIENTO DEL POEMA


Variaciones sobre un tema de Badiou
(Dos fragmentos)

This is not exactly what I mean
Any more than the sun is the sun.
But how to mean more closely
If the sun shines but approximately?
What a world of akwardness!
What hostile implements of sense!

Laura (Riding) Jackson

:0
El poema piensa parece un vehículo que ingresa a contramano en una calle de sentido único. A los lados de la vía, la gente le increpa que la dirección es otra y vocifera:el poema siente, el poema hace imágenes, el poema simboliza. Tal vez lo haga (sentir, imaginar, simbolizar), pero aquí me interesa seguirle la pista al vehículo que ingresa en contra del tráfico autorizado, al poema que piensa. Como objeto teórico dicho vehículo fue construido en los talleres de Alain Badiou en 1988. El taller todavía existe y se llama El ser y el acontecimiento. Desde entonces, Alain Badiou ha reflexionado consistentemente sobre ese vehículo, sobre sus mecanismos y sus movimientos, y lo ha perfeccionado y simplificado en otros “talleres”. La idea a la que ha arribado
es la siguiente:

El poema es una forma de pensamiento.

Mi intención aquí es elaborar una serie de variaciones sobre esa idea de Badiou. No quiero (o tal vez mejor, no creo estar en condiciones de) reconstruir su teoría poética ni mucho menos inquirir en las posibles relaciones entre las verdades generadas por el poema y el sistema filosófico (composible) propuesto por Badiou. Más bien, me limitaré a especular más o menos libremente a partir del tema central y algunas ideas que lo sostienen. Naturalmente, una vez que afirmamos que el poema piensa las primeras preguntas que emergen son ¿qué piensa? y ¿cómo lo hace? Tratar de responder esas preguntas constituye el meollo de este libro. Quiero remarcar de entrada que la primera de estas preguntas es “¿qué piensa el poema?” y no “¿en qué piensa el poema?”. La diferencia debe apreciarse. Pensar algo es una operación mucho más interior que pensar en algo (que a veces no es más que “traer a la mente”). Pensar un problema no es lo mismo que pensar en un problema. Igual con el poema: lo que piensa no es lo mismo que aquello en lo que piensa y lo que el poema piensa será mucho más importante, mucho más crucial, en lo que sigue, que aquello en lo que el poema piensa. En rigor, el poema puede pensar en lo que quiera y por ello es posible que la segunda pregunta (“¿cómo lo hace?”) reciba mayor protagonismo aquí porque la respuesta a ella decidirá en buena parte qué es lo que el poema piensa o, finalmente, qué es lo que puede pensar.

Hay dos riesgos advertidos que voy a tomar y de los que dejo constancia. El primero es el de tratar el tema central en base a variaciones libres. El riesgo, que es el riesgo de tergiversar las ideas de Badiou, es obvio y no encuentro forma de evitarlo. Detrás del tema de Badiou hay un sólido aparato teórico mientras que detrás de mis variaciones hay apenas una cierta fidelidad al tema central. El segundo riesgo es el de hablar del poema adoptando la forma del ensayo, que es una forma de la prosa. En pocas páginas resultará claro que entre poema y prosa hay un antagonismo crucial que si bien será expresado de manera topológica (el poema es más periférico que la prosa) conlleva consecuencias serias sobre su relación con el lenguaje. Por lo tanto, hablar del poema empleando prosa parece un ejercicio innecesario de imperialismo retórico. Pero es el mismo ejercicio que aplaudía Platón cuando alentaba a los amantes de la poesía a abogar su causa “en prosa y sin metro” (Rep. X, y es el mismo ejercicio en el que a veces cae Badiou cuando examina poemas de Mallarmé. Este segundo riesgo es evitable, escribiendo de poemas con poemas.(...) Pero prefiero esta vez no evitar el riesgo y expresar mis ideas sobre el poema y no en el poema.

(...)
8

“La sintaxis no es poetizable” (QPP 75) dice Badiou. Lo que es lo mismo que decir que no es nombrable. Tal vez la razón de ello sea la que postuló Mallarmé, que siempre debe existir una garantía del poema y esa garantía es la sintaxis. ¿Y si no hay garantía? ¿O si la falta misma de garantía es la falta en el centro del poema? Vallejo forcejea con esta idea en un poema singular de 1937 (1).

La paz, la abispa, el taco, las vertientes, 
el muerto, los decilitros, el búho,
los lugares, la tiña, los sarcófagos, el vaso, las morenas, 
el desconocimiento, la olla, el monaguillo, 
las gotas, el olvido,
la potestad, los primos, los arcángeles, la aguja, 
los párrocos, el ébano, el desaire, 
la parte, el tipo, el estupor, el alma...

Dúctil, azafranado, externo, nítido, 
portátil, viejo, trece, ensangrentado, 
fotografiadas, listas, tumefactas, 
conexas, largas, encintadas, pérfidas...

Ardiendo, comparando, viviendo, enfureciéndose, 
golpeando, analizando, oyendo, estremeciéndose, 
muriendo, sosteniéndose, situándose, llorando...

Después, éstos, aquí, 
después, encima,
quizá, mientras, detrás, tanto, tan nunca, 
debajo, acaso, lejos, 
siempre, aquello, mañana, cuánto, 
¡cuánto!...

Lo horrible,lo suntuario, lo lentísimo,
lo augusto, lo infructuoso,
lo aciago, lo crispante, lo mojado, lo fatal.
lo todo, lo purísimo, lo lóbrego,
lo acerbo, lo satánico, lo táctil, lo profundo..


(1) C. Vallejo, Poesía completa, edición y notas de Ricardo González Vigil, Ediciones Copé, Lima 2013, pp. 505-506.


La primera reacción de una buena parte de la crítica ha sido llamarlo un poema experimental. Pero ya sabemos que cuando la crítica llama a algo experimental es porque no entiende muy bien lo que está pasando o porque lo trata como material de investigación para futuros poemas pero que el poema mismo, como tal, probablemente no está acabado ni pertenece al canon oficial; el poema experimental es una especie de bizarra atracción de feria.

Es posible que el poema se tome por “experimental” porque es visto como un instrumento lúdico al servicio de un juego combinatorio. Tomamos un elemento de acá y otro de allá y el resultado... debería darnos un verso. Por ejemplo, si tomamos un elemento de la primera estrofa, otro de la segunda y así sucesivamente, podemos llegar a armar un verso como las vertientes conexas ardiendo encima lo horrible. Se trataría de un juego y, sin duda, es posible tratarlo como tal. Pero sospecho (o quiero creer) que lo que está haciendo Vallejo es otra cosa. Lo que está haciendo Vallejo con este poema es hacer borde en el sentido que hemos indicado al inicio, es ubicarse en los límites del lenguaje y es, precisamente, enfrentarse con el gran innombrable del lenguaje.

Está claro que el poema está construido en base a estrofas que parecen clases de palabras. En la primera estrofa hay frases nominales, en la segunda adjetivos, en la tercera gerundios,
en la cuarta hay un poco de todo (adverbios, pronombres, deícticos,...), y en la quinta nominalizaciones de adjetivos. Hay más. Dentro de cada estrofa hay pequeños gestos dinámicos. En la primera hay alternancias entre el género y el número de sus elementos; en la segunda los dos primeros versos contienen adjetivos no-femeninos y los dos segundos femeninos; en la tercera los gerundios aparecen a veces como tales y a veces como formas “pronominales” (incluyen el morfema se al final); en la cuarta las dos primeras palabras y las dos últimas se repiten; y en la última los neutros se imponen casi sin variación formal, todos con adjetivos, todos no-femeninos. Las estrofas son clases de palabras y dentro de cada una de ellas, Vallejo permite pequeños gestos entre sus elementos, pequeños movimientos, alternancias, diferencias.


Hay, sin embargo, una falta inmensa en el poema, un hueco alrededor del cual las cinco estrofas orbitan, yo diría, desesperadamente. Lo que falta en el poema es sintaxis. Casi. No falta completamente porque cuando Vallejo escribe la paz ya hay sintaxis en ese sintagma, hay una relación entre el determinante y el sustantivo; lo mismo cuando en la última estrofa escribe lo horrible. Pero dejando eso de lado, lo que hace Vallejo es quitarle (o no ponerle) sintaxis al poema, quitarle las conexiones que se establecen entre las palabras, aislarlas en una enumeración infértil. Por ello, el poema nunca agarra vuelo porque no hay sintaxis que lo lance. En eso se parece a esas aves que van de saltito en saltito y que no alzan vuelo. Dan dos, tres pasos sólo para dar dos, tres pasos más, pero el vuelo queda permanentemente frustrado. Bueno, curiosamente, a ese movimiento de las aves, de saltito en saltito, la ornitología lo llama movimiento hifalto. Y eso nos recuerda algo que Vallejo había escrito en Trilce VIII, que comienza así,
                                                                                                                                          

Mañana esotro día, alguna vez hallaría para el hifalto poder, entrada eternal.


Algunos comentaristas han visto en la forma hifalto un neologismo de Vallejo que puede derivar de construcciones como hijo + de + algo” (cf. “hideputa, hidalgo”... hifalto). Otros lo conectan a “falto de hijo”. No es imposible. Pero sospecho que fue Miguel Casado quien abrió la posibilidad de la lectura ornitológica del término (3) Casado asocia el movimiento hifalto a una condición general de Trilce: “Así, saltando y con insólito poder de penetración se forja cada vez el engranaje de la estrofas: se exprimen al máximo los recursos locales, casi palabra por palabra, se fragmenta la lengua generando microzonas con sus leyes propias, se acolchan unos versos y se abre la respiración en otros, se tensan repeticiones, suenan sentencias”. Es así como andan las palabras de la paz, la abispa,... a saltitos, sin lograr despegar, abandonadas a sus “recursos locales, casi palabra por palabra”. Pero por más que generen “microzonas con leyes propias” (que en nuestro poema equivale a los pequeños gestos y alternancias al interior de cada estrofa) lo que les falta es sintaxis. Puede haber ritmo, escansión, enumeración; puede haber contrastes gramaticales y fonéticos, pero no sintaxis-cuyo nombre no se puede nombrar. Por supuesto, el poema (la paz, la abispa...) no tiene título (nombre), como muchos de los fechados en setiembre de 1937.


(3) M.Casado, Un discurso republicano. Ensayos sobre poesía, Madrid, 2019

No es igualmente significativo que la estrofa de Trilce VIII en la que aparece el término “hifalto” aparezca también una contracción sintáctica? Vallejo agrupa es+otro (o, tal vez, ese+o-tro como sugiere R. González Vigil) quitándole, sustrayéndole, sintaxis al sintagma y lexicalizándolo: volviéndolo ave que avanza a saltitos. Es decir, el impulso debe ser propio, no de la sintaxis. Lo que hay aquí es sustracción a la Badiou, pero ya no sustracción semántica sino, más radicalmente, sustracción sintáctica. Y es la sustracción sintáctica del poema la que tiene alguna posibilidad de hacer visible, al forzarla, la innombrabilidad de la sintaxis.

Vallejo intenta sustracciones similares en otros dos textos. Uno, también de 1937, comienza “Transido, salomónico, decente. ..” y en él, los saltitos son un poco más extensos que en “la paz, la abispa,...”. Por momentos, Vallejo permite pequeños vuelos como “fulguró / volteó, en acatamiento; / en terciopelo, en llanto, replegóse” pero inevitablemente cae nuevamente a tierra, a ese balbuceo intermitente de palabras. El otro, es un texto anterior perteneciente a Contra el secreto profesional (escrito entre 1923 y 1929) que lleva el revelador título de “Magistral demostración de salud pública” (4) (5).


El texto comienza recordando cierto suceso en el hotel Negresco en Niza pero inmediatamente Vallejo advierte su absoluta incapacidad de relatarlo, ni siquiera “a la fuerza y revólver en mano. Como el campeón de natación de Kafka, Vallejo pudo haber dicho: en realidad no sé escribir. Siempre he querido aprender, pero nunca he tenido la ocasión (cf. C&A 38). Nada le sirve: “Ninguno de los accidentes del verbo. Ninguna de las partes de la oración. Ninguno de los signos puntuativos.” Más aún, dice Vallejo, “hay cosas mudas”, cosas a las que “ni siquiera les queda el nombre”. Sintiéndose completamente impotente para expresar lo sucedido y luego de haber agotado

(4) C. Vallejo, Narrativa completa, edición y notas de Ricardo González Vigil, Ediciones Copé, Lima 2013, pp. 219-221'

(5) La importancia de este texto de Vallejo para acceder mejor provistos a los que estamos estudiando aquí me fue sugerida por la lectura que hace Juan Cristóbal Mac Lean de “Magistral demostración..." en “El diccionario de César Vallejo” que aparece en La mano que mira, Marginalia editores, Santiago tic Chile 2018 y Ediciones Libros del Cardo, Valparaíso 2018, pp. 28-42. La lectura de Me Lean, sin embar go, gira en torno a motivos ligeramente distintos a los míos.


lo que él llama sus “planes de expresión preconcebidos”, Vallejo toma una decisión radical: salirse del español, salirse de la lengua. Recurre al francés (“idioma que conozco mejor, después del español” creyendo encontrar en él ciertas posibilidades expresivas. Rescata palabras como “devenir”, “nuance , cauchemar y coucher” pero nota algo curioso: dichas palabras lo atraían solamente cuando formaban frases y no cada una por separado”. Sólo cuando dichas palabras iban enlazadas a otras, esas cuatro palabras atractivas del francés poseían poder expresivo. Así, la frase Voulez-vous coucher avec Whinefree? (emitida por un amigo a propósito de una muchacha inglesa) le daba a “coucher” el movimiento necesario que le permitía a Vallejo verter sus recuerdos de Niza. Igual ocurrió, en el mismo ejemplo pero esta vez en inglés, con la palabra “Whinefree”. Vallejo descubre, finalmente, que “las palabras que debían servirme para expresarme en este caso, estaban dispersas en todos los idiomas de la tierra”. Decide entonces elaborar un vocabulario con vocablos de diversos idiomas y lo construye siguiendo “el orden inmigrante [que es el cronológico de su advenimiento a mi espíritu”. Vallejo ofrece a continuación dicho vocabulario, que transcribo:

Del lituano: flüta — eimufaisti — meilla— fautta - fuin - joisja - jaet - tá - jen -ubo - fannelle.
Del ruso: mekiy - chetb - kotoplim -yakl - eto - caloboletba - aabhoetnmb -ohnsa - abymb - pasbhtih - ciola - ktec tokaogp - oho - aecohianih - pyeckih -teopehtle — ckol — ryohtearmh.
Del alemán: den - fru - borte - sig - abringer—shildres-fusande—mansaelges foraar - violinistinden — moerke — fierh -dadenspiele.
Del polaco: âr - sandbergdagar - det -blivit — vederborande — tva — sfora — sig — ochandra.
Del inglés: red - staircase - kiss - and -familiar - life - officer - mother -broadcasting - shoulder - formely - two -any - photographer - at - rise.
Del francés: devenir - nuance -cauchiemar - coucher.
Del italiano: ioltello - angolo - io -piros — copo.
Del rumano: unchiu — noaptea.(6)


Detengámonos un momento en este curioso vocabulario. Vallejo ha “salido del español” y ha encontrado en este grupo de palabras extranjeras la materia verbal que busca para poder expresar su recuerdo de Niza. Algunas preguntas saltan espontáneamente: ¿qué posee “and” en inglés que no posea “y” en castellano (español)? Uno podría decir que suenan distinto y que la materia fónica es otra. Pero, entonces, ¿qué posee “devenir” en francés que no posea “devenir” en castellano? No digo que la materia fónica sea exactamente la misma en ambos casos pero la aproximación es bastante cercana.
Recordemos que Vallejo había precisado que cada una de estas palabras aisladamente no hacía gran cosa y que era solamente cuando formaban frases que adquirían el movimiento expresivo indispensable que buscaba. Y, sin embargo, Vallejo 



(6) El vocabulario es cuestionable. Vallejo consigna “formely” en inglés y probablemente se trata de “formerly” y en francés “cauchiemar” donde en la página anterior había consignado cauchemar” Pero además, no todas las palabras indicadas como del polaco o del alemán parecen corresponder a formas existentes en dichas lenguas. ¿Fue algo que Vallejo escuchó y luego transcnbio foneticamente como pudo? ¿Se trata de más juegos? La palabra “dadenspiele” en su léxico aleman es acaso una versión propia ele “juego de dados”?


 ofrece una lista de palabras aisladas. Un dato significativo para explicar esta aparente incongruencia es que hacia el final del texto, Vallejo quiere “dejar constancia de dos circunstancias, de dos masas de guerra, de dos cortes de sesgo”. La primera circunstancia es que “ninguna de las múltiples voces que la forman, puede, por separado, traducir mi recuerdo de Niza”. ¿Lo traduce acaso su enumeración en el vocabulario? No lo parece porque no era eso a lo que se refería Vallejo cuando afirmaba que era sólo cuando se combinaban dichas palabras con otras palabras en una frase (tal como el ejemplo de Voulez-vous coucher avec Whinefree? demuestra) que adquieren posibilidad expresiva. No es pues la mera lista la que lo saca del problema, a pesar de que, una vez formulada Vallejo no hace nada con ella (así como “no hizo nada” con las palabras de “la paz, la abispa,...”). La necesidad de la combinación en frases para que las palabras adquieran movimiento expresivo se vuelve evidente, negativamente, con la segunda circunstancia que menciona Vallejo y que es la siguiente: “el poder de expresión de este vocabulario reside, especialmente, en el hecho de estar formado en sus tres cuartas partes sobre raíces arias y el resto sobre raíces semitas”. Con esta segunda circunstancia Vallejo re-establece la incongruencia que habíamos detectado, la de ofrecer un conjunto de palabras inertes y al mismo tiempo advertir que es sólo en su movimiento frásico que ellas adquieren poder expresivo. En efecto, Vallejo ahora señala que son las raíces (arias, semitas) de cada una de estas palabras individuales, las que le dan poder expresivo a la lista del vocabulario.
              

Vallejo ofrece, sin embargo, una salida a esta incongruencia en su propio texto. Cuando él anuncia las dos circunstancias finales, las presenta como “dos masas de guerra, dos cortes de sesgo”. Es decir, las presenta como dos circunstancias encontradas, en pie de guerra una contra la otra. La indicación parece evidente: las palabras y su combinatoria en frases son condiciones antagónicas. En términos que retoman nuestra discusión general, la nominación y la dianoia, el nombre y la sintaxis son fuerzas opuestas, que, tal como Badiou ha formulado, constituyen los bordes del lenguaje. Para Badiou, poema y materna son construcciones contrarias porque realizan operaciones distintas. El poema nombra, el materna discurre (deduce). Pero si lo único que hace el poema es nombrar, entonces nos encontramos con el impase sobre el que ha puesto el dedo Vallejo. El nombre puro, la nominación pura, no producen sino un movimiento hifalto. El nombre puro sólo da saltitos de gorrión. Lacan lo había notado y lo expresó afirmando que “No es gran cosa nombrar”(7). No lo es si no se ofrece el verbo que articula la sintaxis. Pero Vallejo lo había advertido con anterioridad y eso es lo que ha mostrado en los textos que hemos examinado. Pero lo hace con el ojo puesto a lo que hemos denominado lo innombrable. En efecto, lo que falta, lo que falta radicalmente en “la paz, la abispa,...” es sintaxis. Y, sir embargo, la sintaxis es expresada en el poema. No sólo come hueco evidente, esto es lo importante, no sólo como ausencia (o como falta) que el movimiento hifalto de sus palabras revela sino como parte constitutiva del poema mismo. O, más preci sámente, Vallejo no hace una sintaxis del vacío que lo volcaría de bruces en dirección al misticismo, ni exhibe la estructura sintáctica que le da contorno al vacío de fondo. Hace otra cosa: pone la sintaxis en el vacío y revela el vacío innombrable de la sintaxis. La sintaxis deja de ser garantía mallarmeana Tal vez ésta sea la “Magistral demostración de salud pública Veamos cómo se hace posible.

(7) Lacan, El triunfo de la religión precedido de Discurso a los católicos, traducción de Nora. A. Cóma lez, Paidós, Buenos Aires 2006. p. 88.


Giorgio Agamben ha comentado la noción de resistencia que Gilles Deleuze introdujo en su célebre conferencia del 15 de mayo de 1987 en la fundación FEMIS titulada “¿Qué es el acto de creación?”(8). Si bien Deleuze nunca define “resistencia”, nosotros podemos, con Agamben, inferir que “resistir siempre significa liberar una potencia de vida que había sido aprisionada u ofendida” (C&A 27). Con esto instalamos los tres términos centrales de la cuestión: creación, potencia, resistencia. Todo acto de creación es un acto de resistencia porque libera una potencia que es interna tanto al acto de creación mismo como al de resistencia. La potencia (dynamis) de la que habla Agamben es la hexis aristotélica, “la posesión de una capacidad o de una habilidad”—“aquella que compete a quien ya ha adquirido el arte o el saber correspondiente” (C&A 30). Así, hablamos de potencia en el sentido de un poeta que posee la potencia (el habitus) de escribir, pero no en el sentido de un niño que puede convertirse en un poeta. La distinción es crucial porque “la potencia se define esencialmente por la posibilidad de su no-ejercicio” (C&A 31). Por lo tanto, es indispensable ya tener el saber o el arte para ejercer esta potencia porque si no sería imposible no ejercerla.

La potencia es la posibilidad de suspender el paso al acto. La impotencia, por lo tanto, “no significa aquí ausencia de toda potencia, sino potencia-de-no (pasar al acto)” (C&A 32). La potencia misma se define en términos de la impotencia; la potencia es la posibilidad-de-no. Pero, si esto es así, ¿cómo es posible pasar al acto? se pregunta Agamben. “Puesto que el acto de la potencia de tocar el piano para el pianista es, sin duda, la ejecución de una pieza en el instrumento, ¿qué sucede con la potencia de no tocar en el momento que comienza a tocar?” (C&A 33). Esta potencia-de-no es exactamente la resistencia de Deleuze, pero entonces ¿es la resistencia a no-hacer vencida por la potencia de hacer? ¿Es todo acto de creación la derrota de la potencia-de-no? ¿Es el poeta aquél que escribe como triunfo sobre el no escribir?

(8) conferencia ile Deleuze puede verse aquí: https://www.yonlulie.aini/watchTvsJXOzcexu7Ks



Agamben tiene una idea distinta y más interesante. No se trata de que la potencia triunfe sobre la impotencia. Más bien “el pasaje al acto sólo puede suceder transportando al acto la propia potencia-de-no” (C&A 34). La resistencia es parte de la potencia y eso es lo que permite que la potencia se halle presente en el acto mismo. De lo contrario, el acto se desliga completamente de la potencia que lo creó. El ejemplo de Agamben es elocuente: Glenn Gould es el pianista que "toca con su potencia de no tocar” (C&A 34). No se trata de dos potencias distintas, una de hacer y otra de no hacer. La potencia de no tocar no pre-existe a la de tocar, no debe primero anularse para poder tocar. La potencia de no tocar es una “resistencia interna a la potencia” (C&A 39). De esa forma, la potencia de tocar (resistencia interna incluida) emerge en la ejecución misma. Esa es la maestría para Agamben, “la conservación de la potencia en el acto” (C&A 35).

En otro contexto (9) he propuesto que los poetas no sólo deben crear poemas sino que también deben “salvarlos y que la salvación del poema consiste en devolverlo a su contingencia. El poeta, un ser contingente, produce una obra (el poema) necesaria, internamente necesaria. La salvación del poema consiste entonces en devolverle contingencia al poema, contingencia de la que fue despojada por el propio acto de elaboración del poema. La resistencia al poema, la potencia-de-no presente en la potencia de escribirlo, al inscribirse en el poema mismo logra este objetivo: muestra, sin decirlo, que el poema no sólo podía no-ser, sino que podía ser distinto; es decir, muestra que el poema es de una contingencia esencial. Pero esa contingencia se observa solamente si el poema mismo ha guardado en sí la potencia de su creación.

(9) M. Montalbetti, El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela, Fondo de Cultura Económica, Lima 2016—especialmente las pp. 48-61.


¿Cómo se hace esto? Para Agamben mediante la auto-referencia. “La gran poesía no dice sólo lo que dice, sino el hecho de que lo está diciendo, la potencia y la impotencia de decirlo” (C&A 40). La presencia de la potencia en el acto del poema es un gesto umbilical hacia su propia elaboración. El poema no es el resultado final exclusivamente; el poema es que eso que aparece como acto (el poema mismo) guarda una huella viva de la potencia e impotencia que lo creó. La auto-referencia hace que “la lengua est[é] expuesta y suspendida en el poema” (A&C 41) en una especie de ejercicio de auto-contemplación. Para hacerlo, “desactiva y vuelve inoperosas sus funciones comunicativas e informativas” (C&A 46). Esta exposición y suspensión de la lengua en el poema es lo que el propio Agamben ve en “Trilce y los poemas postumos de César Vallejo, la contemplación de la lengua española” (C&A 46). Para esta contemplación Vallejo “se sale del español” e intenta el paso atrás imaginario con el que comenzamos todo esto: el tratar de contemplar el lenguaje entero delante nuestro. Ese es el pensamiento del poema, lo que el poema piensa.

Esta extensa colaboración de Agamben con nuestros propósitos debe hallar su punto de aterrizaje. Sea el siguiente. Tanto en “la paz, la abispa,...” como en “Magistral demostración de salud pública” Vallejo da, en efecto, una demostración magistral de la potencia-de-no como forma constitutiva de la potencia a secas. Su potencia de escribir está inseparablemente atada a su potencia de no hacerlo. Y su potencia de no hacer se expresa manifiestamente en la ausencia de sintaxis, en arrojar la sintaxis al vacío interno del poema. Lo que falta no es una falta sino una ausencia: algo que pudo estar pero que no está. O algo que estuvo y que ya no está. El carácter de cosa ida, ausente, de la sintaxis permite exactamente el ejercicio de auto-contemplación y auto-referencia que hace que el poema no sea puro acto final e inerte. Como afirma Agamben, la gran poesía no dice sólo lo que dice. A fin de cuentas uno puede sospechar que Vallejo habla de la paz, de la abispa, de lo horrible, de lo profundo, etc. Pero el poema no va por ahí o no sólo va por ahí. Lo que piensa el poema no es aquello en lo que piensa. Las significaciones son desbordadas por este otro movimiento de resistencia y de suspensión de los poderes semánticos, comunicativos, informativos de la lengua. En otro poema de ese maravilloso lote de setiembre de 1937 (“Quiere y no quiere...” Vallejo remarca lo que Badiou llamaría la indecidibilidad por disyunción. Quiere y no quiere el hombre, es y casi no es. Pero, saber y comprender por qué es así la vida (“por qué tiene la vida este perrazo”) sería “padecer por ingrato” si lo hacemos “al son de un alfabeto competente”. Es decir, si lo hacemos con la lengua como acto sin potencia alguna, que es la lengua clausurada por la semántica.

Aquello que no se puede nombrar, el nombre que no se puede nombrar, es la sintaxis puesta en vacio.

(Del libro homónimo,
ed. Gerardo Jorge,
n direcciones, 2020).


Mario Montalbetti (Lima, Perú, 1953)



Pueden leer la biografía en entrada anterior del autor (N.del A.)