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martes, 30 de diciembre de 2008

CREPÉ PARA JULIA




















...fayas, muarés, broches...
cofrecitos, estuchitos...
Marina Tsvietáieva
Piernas rubias y tacones
que inquietaban a mi madre
(por eso, me provocaban terror cuando subían).
La conocí por la reverberacion de la hebilla plateada
sobre un pelo muy lacio,
al costado o de lado,
era ella sin duda: la amante de mi padre.

Yo puse en la sonrisa: "oara Julia, crepé".

Porque el crepé nacía torcido
y uno quería estirarlo,
zafar los enredos que se derramaban en la noche
y hacerlo transparente en la mañana
si hoy no vino tampoco a dormir.

Ojos de buey que jugueteaban con la llave rosada
tras el mostrador de la tienda... Los Precios Fijos.
Horas fijas también para el tormento de mi madre.
Mi madre ante su máquina, encorvada,
pespunteaba con delirio
su infinita procesión de cumplir con la familia.


Más tarde, Julia colgaba sin hablar

o dejaba una piedra en su lápida.
Muerto tan joven del dolor de su mordida, mi padre.
En el nudo de la piedra hay bocas,
pero sobre todo
lodo que forma (ojos salobres)
como el crepé de un traje que se arrastra
y se enreda en la noche.
Paso el dedo por la piedra (recalcitrante)
para poseer azules verdosos que el mar devolvió
sin ser más que residuos de animal fracasado,
fósil.




Reina María Rodríguez




Reina María Rodríguez. Poeta cubana nacida en La Habana en 1952. Licenciada en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de La Habana, es sin lugar a dudas una de las figuras más importantes de la poesía cubana actual. Trabajó como redactora de programas radiales y dirigió la sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz. Ha publicado en revistas de América y Europa, y su obra ha sido traducida a varias lenguas. Ha sido galardonada con el premio de poesía "Julián del Casal" de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en los años 1980 y 1993, con el premio "RevistaPlural" de México en 1992, y con el premio "Casa de las Américas" en 1984 y 1998. Además, en 1999, recibió la "Orden de Artes y Letras de Francia". Su obra publicada la integran: Cuando una mujer no duerme en 1980, Para un cordero blanco en 1984, En la arena de Padua en 1991, Páramos en 1993, Travelling en 1995, La foto del invernadero en 1998, y Te daré de comer como a los pájaros… en el año 2000. Dirige en La Habana el proyecto cultural Casa de Letras y es editora de la revista Azoteas.


CATCH AND RELEASE

"...el anzuelo de la voluntad de las limaduras del ser..."
Artaud

para Frank León
Coger y dejar sin que el anzuelo penetre
detener un momento al pez entre los dedos
acariciar es demasiado gesto
y poseer, un crimen.
Yo diría tocar de un modo diferente
que podría ser áspero al contacto de la primera vez
sin apartar la espina que provoca la escama.
(La espina es la mentira.)
Tiempo de lo perdido andaba buscando
un límite del tacto.
He visto peces que naufragan como hombres
conchas deshechas
y la mala palabra del animal que agota su intención entre los dedos.
He dicho escama
para no decir ausencia del deseo
de tocar aquellas cosas
trascendentes.



Reina María Rodríguez (La Habana, Cuba, 1952)

MANZANA DE CALIFORNIA
















Una manzana de California cuesta treinta centavos.

Una pequeña manzana llegada al puerto
de contrabando. Cabe en un puño.
(Se la doy a mi hija).
Es dulce, pero a la vez, acida.
Como toda manzana verdadera
cuesta un sabor.
Los jóvenes comerán otras cosas
con imprudencia.
La manzana que no pruebo
(que no probaré) sin arrepentimientos
me fue negada entonces.
El convenio se cierra con ajenos,
se entrega por una manzana un corazón.
Hacen las paces con manzanas ajenas.
¿Quién nos quita tantos años de necesidades
y dolor?
Manzanas extraviadas en la memoria
supuran tuétanos verdes.
Cavidad por cavidad, esa semilla
(en la boca) sabe a tierra corrupta,
a desesperación.
árbol de esa manzana prohibida aquella vez
(y preferida hoy)
¡das frutos pobres!
Sin la manzana viva en la cesta
con la normalidad de masticar un don
¿cuánto costamos ahora?
Sin remedios contra esta enfermedad
(política) de comer cuando nos sea permitido.
Aprieto la manzana contra el puño
y se la llevo a ella
para que no sea como yo.


Reina María Rodríguez (La Habana, Cuba, 1952)



IMAGEN: Árbol de manzanas de California.


MÁQUINA SINGER














...parecería como si la gran máquina, después de trabajar
todo el día, hubiera hecho con nuestra ayuda unas cuantas
yardas de algo muy emocionante y hermoso, una tela
de fuego en que fulguran ojos rojos...
V. W.
Pedalea y pedalea hasta el cansancio, otra ilusión.
La correa tirante calienta algún inoportuno doblez.
Sigue con responsabilidad un avance en el cuadrado, prematuro.
Dame, ¡oh Señor!, la posibilidad de ver la hebra más larga.
Que una sola palabra sea suficiente para encoger todo lo falso
y cambiar el destino
(contra esa palabra que soportamos)
en la división de una conciencia borrada en el relieve.
Sobre los cuadros (otro mar nacarado
y distante de entretela)
su insignificante luz
nos atraviesa.
La tirantez de todo aquello que no sirve
para volver desde la muerte
o la vejez.



Reina María Rodríguez (La Habana, Cuba, 1952)