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viernes, 23 de enero de 2009

Cuando llega el atardecer...




















Cuando llega el atardecer, nos preparamos para un viaje
que no se realizará nunca porque está claro que no nos vamos
pero de todas maneras cada tarde hay un momento
muy especial pues antes de abandonarlo todo es necesario
poner en orden la casa y cada uno de nuestros pensamientos
que ocupaban tanto sitio y no quedarnos más que con uno
o dos, los más ligeros, como equipaje

cuando llega el atardecer, es como si alguien
que no eres tú dispusiera de cada cosa
en tu lugar, pero sin hacerte sufrir, sólo
para ayudarte y uno empieza, dios sabe por qué,
a amar a este compañero sin rostro y cuando hay
que partir casi querría uno abrazarlo a él, que no
se va, y se queda uno con él, hasta muy tarde,
bajo la sombra de las ramas.



Claude Esteban

(Traducción de Enrique Moreno Castillo)

Le soir venu, on se prepare pour un voyage
qui n'aura jamais lieu puisque bien sûr on ne part pas
mais c'est quand même chaque soir un moment
très extraordinaire car avant de tout quitter il faut
mettre en ordre sa maison et chacune de ses pensées
qui prenaient tant de place et n'en garder qu'une
ou deux, les plus légères, pour son bagage

le soir venu, c'est comme si quelqu'un
qui n'est pas vous disposait de chaque chose
à votre place, mais sans vous faire souffrir, juste
pour vous aider et l'on se prend, dieu sait pourquoi,
à aimer ce compagnon sans visage et quand il faut
partir on voudrait presque l'emhrasser, lui qui ne
s'en va pas, et l'on reste avec lui, très tard, sous les ombrages.




Claude Esteban (París,  1935 - París,  2006). Poeta y ensayista francés. Nacido en París de padre español y de madre francesa, dividido entre dos idiomas, fue el autor de una obra poética destacada en los últimos decenios del siglo XX y a principios de este siglo. Escribió también numerosos ensayos sobre poesía y lenguaje y fue el traductor al francés de algunos poetas de lengua española, como Jorge Guillén, Octavio Paz, Borges, García Lorca, César Vallejo, Quevedo y Góngora. Publicó muchos ensayos sobre arte, artistas modernos (Ubac, Vieira da Silva, Palazuelo, Morandi, Chagall, Braque, Chillida, Giacometti...), pero también sobre pintores antiguos (Goya, Velázquez, Rembrandt, Claude Lorrain, Caravaggio...). En 1973, fue el fundador de la revista de poesía y arte Argile, publicada por Maeght (24 números, hasta 1981). Libros: La estación devastada (1968), Aquella que no duerme (1971), Creyendo nombrar (1972), En el vacío que viene (1976), Como un sol más oscuro (1979), Tierras, trabajos, el corazón (1979), Conjunción del cuerpo y el jardín (1983), Doce en el sol (1983), El nombre y la permanencia (1985), Elegía de la muerte violenta (1989), El insomnio periódico (1991).




Une femme passe ...


Veo una mujer que pasa por la calle, se inclina hacia un niño y le dice: cuando seas mayor, tendremos una casa de verdad. Esto es lo que le dice y yo no entiendo lo que quiere decir. No os burléis. Una mujer muy joven, muy bella, se vuelve hacía un niño pequeño y pronuncia, sin darse cuenta de nada, esta frase extraordinaria. El niño, que no puede ser sino su hijo, no es más alto que un perro, tiene el pelo rubio, corre, está a punto de caerse, y su madre, sin saberlo, lo proyecta hacia el futuro y nadie se da cuenta. Son las siete de la tarde, pronto cerrarán las tiendas. Esta mujer no sabe lo que dice, y yo comprendo que no hace falta que lo sepa. Más allá, hay un negro con zapatos de charol. Abre el portaequipajes de un coche. Saca un paquete bastante pesado. El paquete está envuelto en papel de seda con cintas de color de rosa. Sin duda es un regalo. ¿Por qué? ¿Por qué sonríe el negro, por qué no mira a la mujer que pasa? El niño es muy pequeño, corre detrás de una paloma, tropieza. Su madre va a abrazarlo. El hombre con su regalo en la mano intenta cerrar el portaequipajes de su coche. Lo miro, comprendo que todo está bien, que todo es normal, extraordinario.



Claude Esteban (Francia, París,  1935 - París,  2006)

(Traducción de Enrique Moreno Castillo)


Une femme passe devant moi dans le rue, elle se penche vers un enfant et lui dit: quand tu seras grand, nous aurons une vraie maison. Elle dit cela et je ne comprends pas ce qu'elle veut dire. Ne vous moquez pas. Une femme très jeune, très belle, se tourne vers un petit garçon, et prononce, sans se douter de rien, cette phrase extraordinaire. Le petit garçon, ce ne peut être que son fils, n'est pas plus grand qu'un chien, il a des cheveux blonds, il court, il va tomber, et sa mère, sans le savoir, le projette dans l'avenir et personne ne s'en rend compte. Il est sept heures du soir, les boutiques vont bientôt fermer. Cette femme ne sait pas ce qu'elle dit, et je comprends qu il ne faut pas qu'elle le sache. Plus loin, un Noir a des souliers vernis. Il ouvre le coffre d'une voiture. Il en sort un paquet assez lourd. Le paquet est enveloppé dans un papier de soie, avec des faveurs roses. C'est sans doute un cadeau. Pourquoi? Pourquoi le Noir sourit-il, pourquoi ne regarde-t-il pas la femme qui passe? L'enfant est tout petit, il court après un pigeon, il trébuche. Sa mère va l'embrasser. L'homme avec son cadeau dans les mains essaye de fermer le coffre de sa voiture. Je le regarde, je comprends que tout est bien, que tout est normal, extraordinaire.