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viernes, 2 de abril de 2010

EL TEMPLO



























Donde está el naranjero
se yergue triunfante el templo de mi infancia.
¿La llave está en la puerta
o soy yo quien la tiene en la mano?
Entro
dejando en la calle al hombre que soy,
al enjoyado por la luz del tiempo
y observo un chico que juega
mientras un espejo me enfrenta
a este presente que fue el futuro de mi pasado.
Miro por sobre el hombro hacia el pupitre
en donde me desvelé por la primera palabra,
luego vinieron otras que se encadenaron
a esta constelación de sortilegios y astucias.
Una torá se desliza a través de mi memoria
y el fuego está encendido:
todo relumbra mientras palpo en los bolsillos
esa llave que quizá dejé en la puerta.
Me alejo de aquel templo de Olivos
pero algo mío se queda recostado en la luz de la galería
pues nada soy sino ese chico que vino a refugiarse
y luego cantará con el sábado
para que el vigía aún esté en su torre
cuando todo despierte.




Daniel Chirom




Daniel Chirom. Poeta argentino. Nació en 1955 en Capital Federal y murió en la misma ciudad, en 2008, luego de una larga enfermedad. Abogado y periodista. Publicó: "Crónica a Robledo Puch" (1975), Ed. La Trenza Loca; "Los Atlantes"(1979), Ed.Anagrama; "La Diáspora"(1983), Libros de Tierra Firme y "El Hilo de Oro" (1989), Ed. Ultimo Reino. Este último libro obtuvo Mención de Honor a poemario inédito en el Premio Municipal de 1987-89 y Mención de Honor en el Premio Ediciones Culturales Argentinas. En 1994 obtuvo el Primer Premio Fundación Inca de Poesía 1994 con su poemario "Candelabros", publicado en el 2000. Fue director de la revista de poesía ilustrada "El Jabalí" y conducía el programa de radio El Jabalí, dedicado a la poesía y al jazz. Colaboró en los suplementos literarios de Clarín, La Prensa, La Razón, Tiempo Argentino, El Periodista, etc.




viernes, 20 de noviembre de 2009

LA CASA ABANDONADA















La casa estaba vacía.

Sólo en el descuidado jardín la luz marcaba las horas.
Hacia ese mar me precipitaba en los días de la infancia
para descubrir los ínfimos secretos.
Entre las hiedras amarillas y las flores marchitas
encontraba multitudes arrinconadas bajo el ojo del viento.
Mis manos se hundían en el hedor de la tierra
y recogían el rocío del amanecer entre las hojas muertas.
Nunca me atreví a dejar ese retazo de cielo
para violar el secreto que moraba tras las puertas clausuradas.
No existía en mí esta sed que traiciona cada paso:
no había nadie en la casa.



Daniel Chirom (Argentina, Buenos Aires, 1955-2008)