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domingo, 16 de agosto de 2020

MANTRA DE REMOS



La idea es que la toma se prolongue fuera de la sala de cine,
la idea es quedar en estado de afecto a la realidad,
se trata de una brisa marina
que alguna vez comparé con ciertos trompetistas
demasiado técnicos o refinados,

una brisa como un sonido que empieza
en alguna parte del tiempo:

no la percibimos,
sólo la percibe nuestro inconsciente,
aunque podríamos detectarla
con sofisticados instrumentos tecnológicos;

esa brisa se desvanece
y se va inadvertida por alguna puerta lateral

pero deja el eco de su efecto:

sólo cuando pensamos en esa brisa
somos conscientes de su ausencia.

Ella quiere dejar su efecto en nosotros
y retirarse sin hacer ruido
como cuando te vas en silencio y me dejas
una prenda o una nota en la mano mientras duermo.

En cuanto al corte de cuadros, a veces es brusco
porque la realidad que propone el film
continúa o se prolonga en algún lugar

por eso cada toma es en el fondo un film infinito
por eso cada toma es en el fondo un film infinito
por eso cada toma es en el fondo un film infinito

y cada una de nuestras miradas es una toma
una toma de terreno
por eso hay que cerrar los ojos cada tanto
como recreo a la esclavitud de la mirada.

Ahora que he aprendido a olvidar
puedo hablar de esto con cierta autoridad,
me indemniza pensar en que fui yo el que puso fin
a un par de melodramas
histéricos y mezquinos.

Manguerear la vereda, el dolor: el polvo
se va por los intersticios de las baldosas
con el ritmo sereno de mi respiración.




(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)

Germán Carrasco



Germán Carrasco (Santiago, 1971) es un poeta chileno, perteneciente a la llamada Generación del 90, premiado y reconocido nacional e internacionalmente. Realizó estudios de Humanidades en la Universidad de Chile. En el año 2005 le fue otorgado el premio Pablo Neruda por su trayectoria literaria. Actualmente, además de su oficio escritural en poesía, es traductor, imparte talleres literarios y es columnista de medios de comunicación. Se encuentra radicado en Santiago de Chile. Publicó los siguientes libros de poemas: Brindis, 1994. Universidad de Chile. Santiago, Chile; La insidia del sol sobre las cosas, 1998. Dolmen Ediciones. Santiago, Chile; Calas, 2001. Dolmen Ediciones. Santiago, Chile; Clavados, 2002. JC Sáez Editor. Santiago, Chile; Multicancha, 2005. Editorial El Billar de Lucrecia. Ciudad de México; Ruda, 2010. Editorial Cuarto Propio. Santiago, Chile; Ensayo sobre la mancha, 2012. Ediciones Corriente Alterna. Santiago, Chile; A mano alzada, 2012. Editorial Cuarto Propio. Santiago, Chile y Mantra de remos, 2015, Alquimia ediciones. Fue traducido al alemán, al inglés y al italiano.




viernes, 14 de agosto de 2020

NATURALEZA MUERTA





















Le suplicaba a mi hermana que no cortara
la parte oxidada de las flores que le había regalado.
Cámbiales el agua si quieres pero no elimines
esas hojas, deja que caigan solas esas partes
y cuando caigan, déjalas un tiempo en la mesa,
al menos un día, pule la mesa sin tocar esas hojas;
además, algunas partes que sueles podar
ni siquiera están oxidadas del todo. Y otra cosa:
deja un minuto los platos con residuos
sin desesperarte por lavarlos de inmediato,
ya los lavaré yo luego, no te preocupes;
descansa un segundo, fuma, tírate en la cama
por el amor de dios, échate en el sofá, permíteme
un segundo, te voy a leer unas páginas de Tanizaki
acerca de las pátinas y vestigios del tiempo sobre las cosas;
te vas a reír cuando habla de los excusados japoneses. Descansa.
Pero nunca lo hizo. Nunca lo hacen.
No saben hacerlo.



EL CLIMA ES UN PINTOR, NICOLETTA

Este es un país sísmico: si bailas
no sentirás el terremoto que no es sino una
imitación de hacer el amor.

El clima es un pintor, Nicoletta.
Madre natura se muestra descontenta
con la desplanificación urbana por usura
y se sacude toda la cascarria:
todo es impermanente, Nicoletta
como este affaire que, calculo, será breve.
Todo es impermanente pero cuando
uno hace el amor no se da cuenta
de que un terremoto tiene la intención
de borrarnos del mapa.

Porque siempre han querido
borrarnos del mapa.

Este affaire va a ser breve, Nicoletta
pero me arrojo con todo, caradura
-que de otra manera sería imposible-.
Gracias por la fotografía en todo caso
de la marca del sol sobre tu cuerpo:
tuviste que reemplazar ese traje de baño
porque habías subido un par de kilos
y quedó ese tatuaje: la marca de dos trajes de baño
sobre tu cuerpo. Una fascinante
y nueva especie de arcoíris descubierta por mí.
Tres tonos de piel. Tres mujeres.

Hacer el amor con tres mujeres.

(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)

Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)





IMAGEN: Florero (1896), pintura de Wilhelm Trübner.




miércoles, 12 de agosto de 2020

EL AMOR HACE AL MUNDO -balada trucha-














Alguna vez nos enamoramos
con una cantante de jazz:
oh, hay varios standards
que no podré volver a escuchar.

Estuve también con una cabra de cerro:
y para subir ahora la montaña
debo esforzarme para evitar
el abismo de su recuerdo:

una mujer es una montaña
y quizás uno es
Django: un hombre
con un ataúd a cuestas: un camello
que jala con una soga de ahorcado
una caravana de féretros
por el desierto.

Montaña y Desierto
-vaya nombres-
se aman hasta que la muerte
los separe o directamente
los convierta en fríos
desconocidos.

La que me dejó la lista más larga
de ítems con cruces era Argentina
y gustaba de la música contemporánea.
Una serie de discos están ahora

condenados al ostracismo:
                               la sección
que ocupa la poesía o esa misma música
en la tienda, o sea
el lugar donde no llega ni el plumero.
Bebería el mezcal de tu saliva
le dije en una ocasión a una niña
y hoy veo el mejor aguardiente del universo
con el recelo de la aparición fantasma
de esa niña en un mercado de Oaxaca.

Todo esto con una culpa de ancla

como un albatros pesado y piojoso
que me cuelgan en el cuello unos marinos;
yo desnudo y con frío en la popa.

Esta amaba el sol piadoso,
aquella otra el cine de ciertos directores
y la tercera amaba un té
rasposo como su voz.

Aquella amaba a ciertos autores
que casi nadie recuerda
y que yo probablemente
no volveré a releer.

El amor hace al mundo más estrecho.



(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)
  

Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)



IMAGEN: Billie Holiday, sin créditos, fotografía tomada de la página UMOMAG.





lunes, 10 de agosto de 2020

CONTRA TODA QUEJA










                                    Para Felix

Siempre el vaso está medio lleno
porque el agua está en la base.

Por decirlo de alguna manera:
el agua entró primero al vaso
y tiene de aliada a la gravedad.

El lugar natural del agua
es el fondo del vaso.
En el fondo
se podría hablar de vaso medio vacío
sólo si al verter el agua, esta
llenara la mitad superior del vaso
y el vacío quedara abajo

tal si hubiera un pequeño Moisés
dentro del vaso sostuviera
el agua para que no toque fondo,
tal si hubiese una suerte de pared
o cubierta invisible en la mitad del vaso.
Pero no existe esta última cosa. 
  
Alquimia ediciones, 2015)



Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)




sábado, 8 de agosto de 2020

LA LUNA




















«Se conviene en una niñita de un dia para otro. O en una anciana. O yo en un niño o en un anciano. Así termina la historia». Eso le conté cuando me enamoré de ella a sus treinta y siete años. Porque eso soñaba yo. Le dije que yo así imaginaba que iba a ser nuestra despedida, porque todo se acaba: va a ser como un cambio brusco de edad de alguno de los dos. Lo mismo que la breve aparición de su presencia. El bello desaparecer de ese lucero. Pensé en su fotografía cuando era nena y pensé que, por una cosa fantastica, algo ocurría y ella retornaba a esa edad o se volvía una anciana, pero yo permanecía en la edad que tengo ahora, treinta y nueve años, enamorado como estoy de ella.

Supongamos que nos encontramos una vez que se termina todo. Ella tiene menos de siete años y anda con su padre. Yo tengo treinta y nueve. Me hace reír su gracia de nena, pero ella, a sus siete, está consciente de quién era hasta hace poco: una mujer de treinta y siete años, mi amante. La tristeza es voluptuosa e inmoviliza. Nos cono­cemos muy bien. Nos empezamos a gustar cuando trabajamos juntos en un proyecto interdisciplinario hace un año. El flirteo era como una cosa de niños. Ella trabaja con tenacidad y alegría, yo creía en casi nada.

Por el momento, tengo treinta y nueve y ella treinta y siete y a veces pienso que va a salir del baño del motel convertida en una niñita o una anciana, de la que sigo ena­morado, pero con la cual no voy a tener una relación carnal, ni siquiera una caricia en el pelo, porque eso sería demasiado doloroso. No, mejor abstenerse hasta de mirar. Sé que esto se va a acabar, todo se acaba. Y llega el momento en que cambia de edad brutalmente. Y justo aquí. El asunto realmente importante ahora es cómo nos la vamos a arreglar para salir de este motel que hemos visitado desde que somos amantes. ¿La reconocerán las señoras de delantales escoceses con cuellito blanco que tienen algo de monjas, algo de tías de colegio, cuando la vean con otra edad? Es posible, porque a veces, sin que les digamos absolutamente nada, automáticamente nos llevan a nuestra pieza preferida, que aunque tiene la bulla de los autos y de un molino industrial, da hacia el poniente y tiene una luz que nos gusta.
Cuando llegamos en una ocasión, una de ellas nos dijo: “Ustedes, puro amor, ¿eh?». Lo dijo con naturalidad precisa, a la vez distante y cálida. Ya habíamos iniciado nuestra colección de peinetas. Muchas peinetas. Una vez te tocaba a ti y la otra a mí. Nos pidieron las cédulas de identidad al principio, pero luego de un tiempo ni siquiera se molestaban en hacer eso. En una ocasión, no sé por qué motivo, se te vio sólo tu pelo largo ex rubio y ahora casi blanco ya a tus treinta y siete y tu figura delgadita y una de las señoras, nueva seguramente, vio tu silueta y me preguntó: ¿es mayor de edad la señorita? Estallamos en risa. Gracias, le dijiste, y luego me dijiste que quizás lo dijo por la cara de degenerado que pongo en el umbral de ese lugar y no por tu aspecto de infantil, aunque efectivamente pareces una niña cuando tomas sol panza abajo, las piernas tienen algo de nena y obvio que la silueta delgada también, si no fuera por el pelo blanco y las arruguitas que adoro. Y de anciana.

Las primeras ocasiones que entrábamos a ese motel, tú fotografiabas el cuarto, lo que se veía por la ventana, los grafitis que dejaban las parejas que habían visitado el lugar con anterioridad. Hacías eso cuando yo estaba en el baño y luego, durante la noche o al otro día, me enviabas por mail un adjunto con las fotos de ese motel, ese color rosado que tienen, el mejor filtro, las mejores fotografías. Imagínate el lío, porque sin duda las señoras van a reconocer que eres tú, pero anciana o nena, qué van a decir. Jamás pensé que iban a decir con una cara grave, honda y comprensiva: «Ah, otro caso de estos, sucede poco pero cada tanto pasa» y se quedarían hablando contigo de unos remedios naturales para el reumatismo y de la mejor pastelería del sector, de jardines y plantas que merecen sombra o media sombra, eso contigo, anciana, porque cuando salimos los dos y tú tienes forma de nena ponen una cara terrible, se apresuran en darme un calmante, una benzo muy fuerte con un vaso de agua, luego te dan un caramelo y te sonríen y entretienen, pero entonces sí que ponen una trágica cara de preocupación.

(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)

Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)


IMAGEN:  "La luna vieja abrazando a la nueva", así describió este fenómeno (que se observa cerca de la luna nueva),  Leonardo Da Vinci. Sin créditos, fotografía tomada de la página Mi cerebro va a explotar.



jueves, 6 de agosto de 2020

LOS MACHOS DESTERRADOS


´



Dos hombres se juntan a leer poemas, conversar y beber. Los dos han perdido recientemente a sus novias. Hablan de los trabajos del amor, el difícil arte de la doma de uno mismo para contener y tener esa paciencia infinita que es la masculinidad: de eso se trata y eso trae resultados, aunque no haya que esperarlos. Ninguna otra opción sirve. Los dos leen poemas ajenos y propios. Hablan de libros y búsquedas espirituales. Nada de política, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más joven encuentra que todo lo que se escribe en poesía actualmente es una mierda. Tampoco hablan de narrativa, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más viejo le lee al joven lo siguiente:


De todas las maneras de mirar
un mirlo

—es tu trabajo, mirar,
lo del cine-

de las trece maneras
de mirar un mirlo
—saqueadas por todos,
me agrego a la lista—

se te debe haber olvidado alguna
o hasta más de una
o quizás todas.

El cinematógrafo es mirarse
sin hablar
o mirar juntos
ya no de trece
sino veintiséis
o infinitas maneras
al mirlo.

Todo esto ya está dicho
pero lo difícil
es aplicarlo.

Sólo los ojos
de los que se amaron
cuando se amaron
son irrepetibles

como una toma
que entregó el azar
-o dios, pongámosle-
como obsequio

a los que produjeron
las condiciones
para un encuentro,
y supieron
o no supieron
aguardar.


Uno de los dos, el más joven, recibe una llamada telefónica de su ex. Al parecer la recuperará. El otro hombre se alegra por eso. Como el hombre más joven, el que recibió la llamada, está extremadamente alegre, saca un cigarrillo de marihuana holandesa y, como ninguno de los dos es un fumador habitual de cannabis, ríen como dos niños. Les causa particular risa el matriarcado extremo de las plantas de marihuana. De todas las plantas que crecen, hay que detectar de inmediato a los machos y aislarlos por completo para que no puedan fecundar por ningún motivo a las hembras, que crecen erguidas y majestuosas, llenas de perlas de resina, como altos templos budistas o fortalezas chinas medievales, con la columna recta de una reina adulta pero con la turgencia y ternura de una adolescente. En tanto, el macho es aislado y se lo ve ahí, su silueta sobre el techo, con los testículos colgando tristes, raquítico y cabizbajo, sin poder fecundar a nadie y encima exiliado. Una desgracia total ser macho en el mundo de la cannabis. El hombre más viejo y el joven no pueden parar de reír con esta última historia, hasta que el más joven se duerme de felicidad en el sofá, como un niño, mientras el otro hombre sale al patio a tomar un vaso de agua y mirar la noche.

(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)


Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)




IMÁGENES: Plantas de cannabis, sin créditos, tomadas del blog I Wanna Grow.



martes, 14 de agosto de 2018

LOS VENDEDORES DE PAÑOS DE COCINA




Los vendedores de paños de cocina han invadido la ciudad
y tienen el monopolio amoroso de madres, parientes
y amigos.

Los de sexo masculino se acostaron con nuestras novias
y nosotros hicimos otro tanto con las bellas vendedoras.

Es por eso y no por la resaca o la marihuana como crees
que Julián se queda absorto al secar un plato o afilar un
cuchillo.

Los vendedores de paños de cocina irrumpen en la tarde:
somos nosotros, los primos, hermanos, los tiempos.

-¿Buenas tardes, se encontrará la dueña de casa?
Piensas en trucos de supervivencia, en la invasión

y en el diseño de paños que se llevan los vestigios de la mesa.
Los vendedores de paños de cocina han invadido la ciudad,

cortan la parte no roída de manteles y ropavejerías;
estropajos para tardes cesantes sin platos que lavar,

hurgan en cuartos de trastos y recuerdos.
Observan en el mercado de Av. Independencia

el brillo en los ojos de las mujeres al mirar las telas
que imaginan vestidos para un verano o una gala .


Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)





domingo, 12 de agosto de 2018

TONADA






















El amor es una prenda
que uno lleva
y que empieza a adquirir
la forma de uno.

Tu ropa, tus pantalones por ej. registraron tus arrugas, la forma
de tu trasero
y yacen en el suelo como si te los hubieses quitado con la
misma prisa previa al sexo
minutos atrasada a no sé qué trámite o trabajo. U otro (desliz).
U otra
ternura tan insustentable como ésta;
medias, molde y forma de tus pies
colgando exhaustas en la cama, observo
tus prendas e imagino tus ojos
cuando las selecciones verificando su calidad
en mercados, ferias persas
o esas tiendas de ropa americana que abundan
en los mercados persas de la mente.
Y he visto a nuestras madres cuando meten una mano en la
pierna de una pantimedia
y abren el puño como si se fuera a romper
o examinan la tersura de la prenda en la mejilla,
y comparan precios y evocan colores, recuerdos,
la historia futura o el inevitable desgaste, célebre
ternura insustentable:
no cicatrices: caricias del tiempo; la praxis
que inevitablemente lisia:

toda página expuesta prolongadamente al sol
ha de volverse inevitablemente sepia

y las líneas escritas no se borran
cuando se las rehace en el recuerdo.
¿Cómo era la tonada?; ah, sí:
el amor es una prenda...



Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)







viernes, 10 de agosto de 2018

EL TSUNAMI























para Javi Dey



Entonces andaba dios con déficit atencional
o rabia. Una de tres. El asunto es que el pato
lo pagan los de siempre. Ahí tienes
tu arte moderno: una cascada de muñequitas
sin brazos, fotos de décadas pasadas
y tubos anticuados para rizar el pelo.
A unos turistas les dio risa el aviso de tsunami:
un hombrecito que huye despavorido
de la ola esquemática. Ríete nomás bolú,
a ver si así te toca a ti una cumbia terrestre
o un tsunami que tapice la ciudad de algas marinas
como cintas de cassettes antiguos o vhs de traci lords
sobre los postes, las aceras y edificios
en una mega performance.
Otro argentino me dijo que cuando niño
le contaban que el mar iba a subir
hasta la cima de las montañas
y que los chilenos huirían en éxodo
hacia el lado argentino. Entonces
saltarían como langostas
invadiendo Buenos Aires, algo así
como esos ladrones de joyas tipo ninjas
de las películas de acción
o los lavadores de ventanas de los rascacielos.
Sonaba bien el cuento, mezcla perfecta
de Aira con Zurita, o sea: de agua con aceite.
Empiezo a hablar de montañas
y termino hablando de mujeres
que, claro está, son montañas esculpidas.
Empiezo hablando de montañas
y termino hablando de rodillas exangües:
nos levantamos del zafu como ancianos
y como ancianos caminamos luego
de bajar los senderos infinitos. En el fondo
buscamos sentirnos como ancianos
porque la juventud nos repugna.
Las rodillas son los talones
de Aquiles:
yo por ejemplo, quiero unas nuevas.
y quiero hablar de montañas,
no de rodillas maltrechas
que ni para rezar sirven.

Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)


IMAGEN: La actriz Traci Lords, quien se hizo famosa en el pornode los años 80', engañando a los productores y siendo menor de edad.


sábado, 9 de agosto de 2008

LISTA (al no poseer, enumeramos)


te había dicho que era un libro para leer de pie en el metro,
poemas centavos acumulados: pequeña torre en el velador
para cerveza o un ticket para el cine, algo así
como un paquete de haikúes supuestamente anodinos elaborados
por un espíritu demasiado ansioso para este tipo de templanza,
fijaciones o instantáneas, detenciones en un zapping sin tiempo
como el agujero de los labios que no cierran del todo
y que parecen un convite, soplar un diente de león o avisar una imagen
advirtiendo con un silbido mudo la presencia de las cosas,
sabor y antojo de adjetivos empaquetados primorosamente
en escaparates. Souvenirs, marcas, quizá pequeños hitos,
lugar donde rincón y esquina se juntan para hacer de las suyas
o perfume a fracaso de un transeúnte; un cortapuros que en mi paranoia
imaginé como un aparato diseñado para rebanar dedos
o una lap dancer que se olvida por un momento de su cuerpo
extasiándose con la letra y cadencias de una balada exacta,
un mendigo con armónica de vidrio en las calles de Chicago,
el gorro chilote manchado con yeso de un obrero,
una mujer cruzando en bata y llorando la niebla de una calle santiaguina
o la polilla de vidrio en el gris de mi cerebro al contemplar
a novias y madres en el departamento de decoración de una multitienda.
La lista es zapping arbitrario, es caminar en ciudades-estaciones
y entre un Estado y otro no hay sino maíz que la muerte siega y ciega,
estaciones de una carretera que es devenir y tiempo que asaltamos
apurando los versos muchas veces, exprimiendo el instante o reflejándolo
como la música que intenta volar y violar las agujas del reloj.




Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)







GANAS DE TROTAR BAJO LA TEMPESTAD



Ganas de trotar bajo la tempestad

Nacimos en el desprecio a los signos de exclamación
en habitáculos donde sólo se llega a dormir o al amor
conteniendo áfonos y dulces quejidos; signos
que tanto daño han hecho a los amantes
y a la relación entre empleadores y empleados. Tenues
ofrecemos té y vino en diminutivos a quien comparte la charla,
el ajedrez sin fanfarronear el triunfo, despacio
como si con los decibeles se fueran a marchitar las calas
o fuera a ocurrir algo terrible
y alguien sugiere una épica del silencio,
conformada por la antología de voces mayores y menores
y ninguna supercosa

(porque luego de leer versos durante media hora se puede sentir el paso de un diente de león con mensaje amante o una pelusa cruzando el cuarto y comprender de inmediato que se trata de la muerte; luego de leer sin prejuicio a los pares la tradición la calle, se puede superar el gusto y los prejuicios; se puede entender las sutilezas burguesas en forma de haikúes o algo así. Sin inquietarse).




Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)



SIMONA




Una gata blanca
y una cala
se disputan el brillo de la luna




Germán Carrasco (Santiago de Chile,1971)