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sábado, 15 de julio de 2023

VIERNES (2001)

Solocalm


Al fin la luz del sol 
se ha librado de ti 
y da en una pared 
y eso es el mundo.
Al fin el tiempo acá 
se ha venido a vivir 
y no hay gloria en los días 
sólo calma
donde las cosas ya no sueñan con ser arte 
donde las cubeteras no aguardan una cámara 
y el tango del champagne 
fluye de cumpleaños sencillito 
y no hay infinitos libros, solamente este 
y libre de vanidad la ceniza de los años 
ya flota sin odiarte;
ya nadie calca nada del televisor, 
para qué.




Si en lo que resta

Si en lo que resta 
no somos quienes seríamos; 
si en lo que resta
no me anudo al cuello un pañuelo italiano 
ni señalo, con un gesto, el espacio 
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un 
     barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de tu cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta; 
si en lo que resta no amo una gran ciudad, 
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda, 
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no 
     me canto una canción 
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
“Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella 
para soportarla”, y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
de tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría’ no dejo que 
      mi voz
gorjee e inunde la noche
hasta convertirla en otra cosa, en algo parecido a un 
pastel
de oro y dulces, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del Hombre se concentra en tu 
      imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía 
y entonces nada falta, 
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo, 
si, dulces moribundos, no borramos 
el borde entre esta soledad 
y el mundo, si en lo que resta no somos 
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es, 
si en lo que resta no somos espléndidos, 
si en lo que resta no somos quienes seriamos, 
no damos con nuestro recuerdo del futuro, 
no honramos aquella nostalgia del mañana; 
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros, 
hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que 
     devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo, 
si no nosotros, entonces quién 
nos consolará de estar tirados acá?

 (
del libro "Viernes",  Poesía reunida -1979-2021)


Beatriz Vignoli



Beatriz Vignoli nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1965. Es poeta, escritora, periodista, traductora, crítica de arte, curadora independiente y docente. Desde 1991 escribe en la sección Cultura de Rosario/12. Publicó los libros: Almagro (2000), Itaca (2004), Soliloquios (2007), Bengala (2009), Lo gris en el canto de las hojas (2014),Árbol solo (2017) y Luz azul (2017). Y las novelas Reality (2004) Nadie sabe adónde va la noche (2007) y DAF (2014). Cultiva el collage, el dibujo, el canto y la jardinería en forma amateur. 

PUEDEN leer más datos biográficos y poemas en entradas anteriores de la autora (N.del A.)


IMAGEN: B.V. fotografiada por Andrés Macera.


martes, 11 de julio de 2023

ALMAGRO (2000)

 

Existir apenas levemente
Existir apenas levemente 
como el sol de tarde que dibuja 
la sombra de las hojas de los plátanos 
en la pared que da al oeste.



Tribunales


En las tardes tranquilas 
del otoño
la filigrana del ramaje del sicómoro 
se adelgaza casi hasta disolverse 
crujiendo bajo el peso de la luz.

(del libro VIERNES, 
Poesía reunida-1979-2021)

Beatriz Vignoli (Rosario, Santa Fe, Argentina, 1965)

 


Imágen: el árbol Sicómoro




martes, 30 de junio de 2020

ÁRBOL SOLO


























Como un camión que llega en medio de la noche
me dejaste las llaves
y cuando yo ya no valía mi hipoteca
te fuiste.
Por madre, una deuda impagable;
por padre, una convocatoria de acreedores
y por todo futuro un terreno baldío
con un árbol de donde cuelga una llanta atada de una soga
y se mece vacía; iba a ser la hamaca de los chicos.
La primera palabra que aprendimos a decir fue nunca.
Partimos de viaje sin lugar de destino
y todo lo que sabemos es que podríamos vagar
en auto por el desierto hasta que la nafta se termine,
hasta que todos los hermosos dinosaurios se hayan ido.



THE NEW ROMANTICS
(Neomarica gracilis)

Enamóranse los que nunca antes
color floral, corola
de fuego bien azul

en lo ártico del cemento y su calor
los descreídos del alba
contemplan esa suave luz que nace

ese puño cerrado en lo verde
se abre una mañana y ves que adentro
habitan como duendes diminutos tigres.



SOBRE TODO A PARTIR DE CIERTA HORA

Sobre todo a partir de cierta hora,
los chicos del rock eran fáciles.

Hoy son hombres de ojos muy abiertos,
quemados por un fulgor desde adentro.
Vasallos del azar, acarician sus radios,
habitan la soledad móvil de sus autos.
No tienen perro si es no absolutamente fiel.
No soportan softwares de código abierto.
De la madre a la muerte van por el vacío.
Se escurren como peces
por entre lo oscuro que los ilumina.

No los agarran más. Han hecho de sus almas
algo que no comparten.



HEXAGRAMA 65: La humedad invernal

Es insobornable esta humedad.
Duelen los huesos en su cincha de cartílago.
No hay sol donde sacarlos a trotar
como cuando el día era bendito.

Que te garúe fino. Que te garúe finito.
Que las agujas precisas de la lluvia
te tatúen el tiempo.
Hasta que venga la lluvia de verdad.

Agua de lluvia que lava sin quemar,
fuego del sol que lava sin quemar,
aire del cielo que lava sin quemar,
pronto estaremos frente a la primavera.

Hagan que todo vuelva a ser como cuando amábamos.


  
Beatriz Vignoli





Beatriz Vignoli (Argentina; Rosario, Santa Fe,  1965). Poeta, escritora, traductora de inglés y crítica de arte y literatura. Publicó los libros de poesía:  Proesía (Rosario, 1979), Almagro (EMR; Rosario, 2000), Viernes (2001), Itaca (Rosario, 2004), Soliloquios (Huesos de Jibia, Bs.As., 2007), Bengala (Bajo la luna, 2009) , Lo gris en el canto de las hojas (Baltasara Editora, Rosario, 2014 y Árbol solo (Iván Rosado, 2017), de donde fueron tomados los poemas publicados. Publicó las novelas: Reality (EMR, 2004);  Nadie sabe adónde va la noche (Bajo La Luna, 2008); Molinari baila (El ombú bonsai, Rosario, 2011); Es imposible pero podría mentirte (Homosapiens, Rosario, 2012); aparte una crónica que fue llevada al cine y un par de libros de relatos. Desde 1991 colabora en el suplemento "Cultura y contracultura" del diario Rosario 12; fue crítica de arte en el Buenos Aires Herald y curadora de numerosas exposiciones de arte.  Coordina talleres literarioas.  Contienen poemas suyos varias antologías, entre ellas Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004), Los poetas interiores (Amargord, Madrid, 2006) y Viernes (Bajo la luna nueva). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas






martes, 28 de julio de 2015

LO GRIS EN EL CANTO DE LAS HOJAS



















De Albada:
PARRA

Como si la belleza pudiera redimirme, ante el claro y fresco rostro 
por donde pasaste en el alba la espuma del jabón, el filo del acero,
                                                                                               /el agua tibia
repaso yo mis días, anudo pasados y futuros, ya no quiero morir; 
supongo que hay un margen de tiempo aún para este cuerpo y
                                                                                       /hunde sus raíces 
en la infancia y el padre, parece decirme tu sonrisa de talla barroca
                                                                                                    /pero viva. 
Como bajo una parra en verano contemplas un jardín zen detrás
                                                                                          /de los cristales 
y toda arquitectura te contiene y te vuelve sagrado, es un arte que
                                                                                 /dominas desde niño. 
Yo he soñado con morgues, con puentes que unían ciudades, con
                                                                                 /soleadas autopistas, 
con una extranjera que volvía y volvía a irse y con una palabra
                                                                                 /inventada que olvidé.



ALBADA DEL QUE MADRUGA EN DOMINGO

Adán de nuevo,
entre flamantes calandrias y cipreses,
de pie en el pasto fresco recién hecho,
usufructuario único del sol y del rocío
y de todo este aire;
cuánto que decirte en esta luz de oro al ras de las cosas, 
en la prehistoria del día, a esta hora 
que cada palabra funda mundos;

cuánto, si hubieras despertado también aquí, 
pienso y el peso del corazón encorva mi sombra.



                                         De: Refinería:


POEMA ESCRITO EN CAMINO ACÁ

Hoteles modernos con nombres vagamente italianos
o algo portugueses, era como sonaban
antes de nosotros
el mundo, la aventura:
a transatlántico, a mantel almidonado,
a azulejos marrones
con redondeles inscriptos en cuadrados,
el jugo de naranja
en un vaso cilindrico,
las formas racionales del amor.
Cosas de antes de nosotros:
un cartel en la ruta,
Seitú dice.
Una máquina del tiempo
que uso para irme.



REFINERÍA

¿Cuántos soles caben en una bomba atómica?
¿Hasta cuándo nos aburriremos? ¿Qué vendrá de peor
que aún no imaginamos?
¿Le sirve a la poesía aquel largo paredón blanco?
¿Le sirven esas filas de bolsas de basura,
la meada en el piso de cemento del refugio,
el 110 que no viene, la overa perra gorda echada,
la plaza triangular con un ombú raquítico en el centro,
un Siam Di Telia verde, los camiones de cuarenta años,
el hecho de que por lo demás este lugar parezca Boedo
y sea Rosario? "Si vas a volver borracho
-le habían dicho-
volvé enojado; si no, estás perdido".
Rodaba por su mapa,
estaba tan cansado de ser hombre,
hablaba de cine y de la lluvia en Seattle
y de lo posible y lo infinito.
Olor a parrillada, a choripanes,
ochocientos mil chalecitos peronistas, 
un chiste en el camino de Emboscada a Limpio, 
¿cómo sostener una pasión en este mundo? 
¿Cómo se hace para ser padre todo el tiempo? 
¿Cuántos cuartos de hora perdidos suman una vida?
Las botellas traen una sed como de cactus.
¿Somos acaso sabios más allá de la acción?
Todo lo que miramos se acumula
y forma —a la larga— una religión.



LO GRIS EN EL CANTO DE LAS HOJAS

¿Qué es un muerto?
Es un montón de ropa vacía.
Vacía pero con el olor de un cuerpo
que ya no dice nada. No es la sangre
de los muertos el problema. El problema es la grasa,
la grasa de los muertos que queda en las cosas que tocaron:
las asas de madera, lo gris en el canto de las hojas
del libro de cabecera o la guía de transporte urbano.
Todo eso huele y duele: el rastro del sudor y de las manos
de quien ya no se queda pensando bajo el agua, el silencio
de quien ya no tiene planes. Antes de matar, tengan piedad
de quien sea que vaya a abrir ese ropero
la mañana después;
piedad por quien halle la estela funeraria
de inservibles corbatas,
algunas con bordes grasientos y raídos
allí donde antes rozaban la nuca como una caricia.



Beatriz Vignoli (Argentina, Rosario, Santa Fe, 1965)







martes, 17 de marzo de 2009

LA CAÍDA
















Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
Solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión elemental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormenta sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón, espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que ni crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.



Beatriz Vignoli (Argentina, Rosario, Santa Fe, 1965)



lunes, 29 de diciembre de 2008

ESCRITO EN LA MESA DE LUZ DE UN HOTEL



Por vergüenza de ser

pobre, me pasé media vida
escondiéndome
de mis amigos, no fuese que
murmuraran;
ahora ellos están
muriéndose
de todas esas
enfermedades nuevas,
raras,
ahora sí
los abrazo, pero ya no irradian
calor, sus caras están grises
-quiero decir, de un gris
oscuro- y ya no queda nada
de todo lo felices y geniales
que íbamos a ser.



Beatriz Vignoli (Argentina, Rosario, Santa Fe, 1965)




lunes, 8 de diciembre de 2008

EL BAR DE LA ESTACIÓN DE VALENTÍN ALSINA


















Paisaje de desván de cosas inconclusas y ya viejas

arrumbadas sin orden.
La luz dorada de la tarde de verano
lo vuelve bello como una mano muerta.

El andén silencioso sin los trenes.
Tu Citroen estacionado afuera.
Si esto fuera una película francesa
vendríamos huyendo de algo.


Nos sentamos en el bar casi desierto
por donde el tiempo hace veintiséis años que no pasa.
Las paredes son de un verde espeso, como en un óleo
y los espejos parecen aguas estancadas.
En el silencio antiguo, el tiempo se ahonda
y reconozco, en los bananeros iluminados por el sol
al otro lado de las vías de maniobras, un lugar de mi infancia.
La puerta del bar enmarca ese fragmento de otro tiempo
que aquí, al sur de todo, se ha conservado intacto.

Allá está la cortina de tiras de hule
de cuyas estrías guardo un recuerdo táctil.
Aquellas cortinas venían multicolores
y hacían "flap, flap, flap" cuando se las atravesaba
a gran velocidad y baja altura
siendo niños, sin una imagen que cuidar.
Ah, volver a ser así de leves.
Irnos de todo. Irnos de nuestras vidas.
Pagar todas las deudas y vender todo
y venirnos a vivir aquí y ahora,
de vacaciones por toda la eternidad
al presente que es nunca.


Mirás por la ventana como desde un tren.
Quizás estemos realmente huyendo de algo.
Tu cara blanca, dorada por la luz
es absoluta, como en un óleo de Hopper.
Hablar, decir "la luz", decir "Hopper", es arruinarlo todo.
En realidad, no deberíamos decir nada.
Sólo tenemos esto. El sol que cae.
Aquel edificio que lo tapa.



Beatriz Vignoli (Argentina, Rosario, Santa Fe, 1965)


IMAGEN: Sol matinal (1952), pintura de Hopper.