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lunes, 25 de mayo de 2026

LOS PAPELES SALVAJES (II)

 


LA LIEBRE DE MARZO


   Un río muy delgado, -lo saltaban los niños-, partía la huerta. A su vera, manzanos de San Juan, manzanas casi blancas, casi celestes, los frutos angélicos.
   A la medianoche, desnuda, me levanté; estaba dormida, y veía, todo, como si fuera de día. Además, las plantas de ese jardín, conservaban, en la sombra, sus colores. Así, divisé margaritas, los pimpollos de rosa, rojos como sangre, el gladiolo que hervía como un farol. Recibí el olor de las frutas, pero, no podía detenerme. Tomé la senda. A mi lado pasaban yuyos: salvia, mentas, aralias. Mentas, aralias, hojas, yuyos. Llegué al extremo.
  Allá, lejos, y, ahí, cerca, él se presentó, sombrío, inmóvil, siempre el mismo, desde remotos siglos.
  Desesperada, corté una rama, la sostuve como vistiéndome. Por un instante, creí que iba a volar, a despertar. Pero, todo fue inútil. Con un breve grito, aconteció, otra vez.

***

   Soy la Virgen. Me doy cuenta. En la noche me paro junto a las columnas y a las fuentes. O salgo a la carretera, donde los conductores me miran extasiados o huyen como locos.
   Soy la Virgen. El Ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos. Me dijo algo rarísimo; no entendí bien.
   Voy por el antiguo huerto -Isabel, Ana- por las antiguas casas; quisiera ser una mujer en una de estas casas, una mujer en la ciudad, pero, soy la Virgen; no se dan cuenta; busco otra aldea abandonada, otros cáñamos. Silba el viento. Los lobos están comiendo los corderos. A mi diadema caen las estrellas como lágrimas, caen rosas y gladiolos, dalias negras.
   Soy la Virgen.
   Estoy sola. Silba el viento. ¿Adónde voy? ¿Adónde voy?
   y jamás habrá repuesta.



MESA DE ESMERALDA

El  mar de Amelia

8

Los enanos vuelan igual que pollos arriba de las plantas. Los gigantes se ríen; más altos que los árboles, caminan como si estuviesen inmóviles.
   Mamá tiene las alas bien emplumadas, y sus insectos parásitos parecen brillantitos, chispillas de zafiro.
   Yo voy entre rosas, dalias maduras.
   Y almuerzo en el plato de retamas y cereales.
   Me pongo la gasa blanca para ir al colegio.
   La maestra y los otros niños dirán nuevamente, “Ella ¿cómo habrá hecho para aprender a volar!”


30

   El manzano abrió las flores blancas; y el almendro y el peral abrieron flores blancas, y el durazno sus azahares rosados y dorados. Parecían grandes sombrillas. Y parecían El Paraíso. Y debajo, un abanico, con los siete colores, igual a uno que había en casa, pero éste se volvió sólo de luces y se propagaba; en poco rato, hubo muchísimos, flotando por todo el aire. Y un papel plateado, alto como un hombre, iba delante de mí. Con un rumor que atraía y aterraba. Y yo le pegaba y no podía espantarlo. Y no sé si era yo era Josefa, hermana gemela de mi madre, que, cuando niña, cayó de rodilla, ante estas cosas.


42

Papá fue hasta el bañado y trajo mimbres y cañitas e hizo un gran armatoste, una liviana casa y le pintó una guía en flor. Y en algunos de sus cubículos se ubicó la familia, y en otro más lejos, yo sola. Me gritaban: -¡Vas bien ahí, eh? Y el navío empezó a izarse. Papá iba al timón, aunque no había ningún mecanismo. El izaba la nave con sólo su voluntad. Así pasamos ciudades, continentes. Las ciudades europeas que se distinguían por el esplendor rosado. Era un viaje fugaz y moroso, lento y fugacísimo, y había como una gran felicidad. Cruzábamos por el aire de las ciudades y casi rozándolas. Casi entre los edificios, y los paseantes al mirar hacia arriba, divisarían aquel punto, esa estrellita, y continuando sin darse cuenta de nada. Y volverían a mirar, sin tampoco darse cuenta.



LA FALENA

   Era raro que viniera un alma. Algunos la esperaron años inútilmente. 
Y yo encontré una sin querer. Se levantó de un melón, como una seda, una gasa. Salté sobre las hojas, los otros melones en rojo ámbar; vi un zapallo, angosto, alto como un metro, verde sombrío, casi negro, parecía pequeño mueble, armario, que escondiese la cosa más secreta; lo topé y quedó impasible. Pero yo iba huyendo, pasé el prado y sus margaritas rojas; vi las perdices de agua que nadaban con zapatos; iban y venían, de continuo, como si hubiesen perdido el tino; siempre hacían así.
   Casi llegué a la casa, pero tuve miedo de entrar y huí; corrí al bosque, el árbol preferido, trepé, me acurruqué.
   Pero, fue terrible, pues, pasaron varias horas e iba a venir la noche, y yo sentía un silbido dentro del pasto, algo que trepaba por el árbol, un bicho con perlas, que no era un bicho, arriba de mi sien.

***

Pavoroso sacón brillante

   Van a comenzar las clases. Hay que comprar zapatos. Se hacen cuentas. Mamá teje delantales, moños, medias.
   Yo estoy entre las plantas, donde vive el hombre-vampiro; sólo yo lo sé (y no lo digo). Yo tengo ojos tristes, trenzas largas. Vendrá el otoño, maduran las manzanas.
   Los alhelíes son negros como hechos con sangre de gato.
   Llueve, apenas, dulcemente -¿acomodo los lápices, los libros?- a través de las ramas, los limones dulces, las futuras peras.
   Unas uñas como ganchos van de ramo en ramo. (Y no me voy). Un rostro oblicuo, orejas puntiagudas. Una voz dice: -Hoy vengo de más allá del bosque. (Y no me voy).
   Dice:
   -Soy el Conde. Soy tu abuela.
   Yo, a las dos cosas respondo con absoluta fe:
   -Si, si; yo, ya lo sé.

***

Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alelí


   El mundo era todo negro; nos guiábamos sólo por el brillante bordecito de alguna hoja, alhelí, pequeñas cosas. En cuanto nací supe que mi madre me seguía; preparaba los clavos y la cruz. Aparecí sabiendo eso.
   Había que subir una escalera para ir hasta la Casa del Gato. El gato vivía en una caja más chica que él; no sé cómo podía ser así. Salía, volvía a entrar.
   Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alhelí. Eran dos, unidos por un pequeño hierro. Estaban en cualquier parte, pero él sólo con la intención los traía sobre la cara, y entonces todo el mundo parecía claro.
   A ratos, el gato bajaba hasta el suelo, estirándose, alargándose, varios metros, como si fuera algodón, y volvía a encogerse y a quedar allá arriba.
   Mamá me perseguía por todos los jardines sin alcanzarme nunca.
   Apareció un murciélago. Su diagonal en forma de zigzag atravesó todo. Por cualquier lado estaba esa cera oscura o su dibujo. Mamá subió hasta la Casa del Gato, y avisaba. Pero el gato no respondía; hasta creo que escondió los celestes ojos.
   Y pasaron horas, años, no sé cuántos, porque era todo negro.
   Hasta que llegó la hora, el año.
   Mamá me corrió por todos los caminitos del jardín y me alcanzó. Ya estaba pronta la cruz; estaban prontos los clavos. La cruz era grande, y dura como piedra. Los clavos, largos y finísimos como hilos. Me atravesó la frente, los hombros, las rodillas.
   Corrió mucha sangre. Volaron jazmines.


(Del libro homónimo,
Arca, Montevideo,
Uruguay,1991)

Marosa di Giorgio



Marosa di Giorgio. Poeta uruguaya, nació en Salto, 1932 y murió en Montevideo, en el año 2004.Es una de las poetas hispanoamericanas más relevantes del siglo XX.  Su propuesta estética borra los límites entre la prosa lírica, el cuento de hadas y el surrealismo. Verdadero work in progress , "Los papeles salvajes" de Marosa di Giorgio fue publicado inicialmente en Arca de Montevideo en la década del 50'. En 1989 apareció el primer tomo que incluye los libros Poemas (1954), Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1965), La guerra de los huertos (1971) y Clavel y tenebrario (1979). En 1991 apareció el segundo tomo con La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeralda (1985), La falena (1989) y Membrillo de Lusana (1989). En prosa publicó Misales (Calicanto, Montevideo, 1993), Camino de las pedrerías (Planeta, 1997) y Reina Amelia, su primera novela (Adriana Hidalgo, 1999). Descendía de inmigrantes italianos y vascos que fundaron quintas en zonas rurales del Uruguay. En Salto se habían establecido sus abuelos. Allí se conocieron Pedro di Giorgio y Clementina Médici, los padres de Nidia y Marosa. En su ciudad natal, Marosa cursó el liceo y tomó lecciones de teatro. Por otra parte, la granja familiar en Salto es el núcleo geográfico y mítico de toda su obra.   A fines de la década del setenta, tras la muerte de su padre, el resto de la familia se trasladó a Montevideo. Marosa vivió con su madre hasta la muerte de ésta en 1990. Su obra ha sido publicada no solo en Uruguay y en Argentina, sino también en México y Venezuela y su nombre figura en numerosas antologías. Ha sido traducida a numerosas lenguas, entre ellas: Inglés, italiano, portugués y francés. Ha recibido importantes premios y becas y ha realizado videos y casetes con sus textos. Como autora e intérprete de los mismos fue invitada a dar recitales en diferentes países.

Pueden LEER todos los poemas y textos de la autora: Aquí.




lunes, 30 de septiembre de 2024

PUENTE

 

la única

flor de la verdad

la que unía todos los pétalos

la que cancelaba

todos los perfumes

por ser todos los aromas

la que veía el filósofo

en sus delirios:

la deshojada esperando a que

llegaras

 

 

delante vos, desnuda

detrás

ventana hacia la noche

y ese fondo era un campo sembrado de guerra

 

 

origen

 

la tarde se ahoga

en obediente sosiego

en el fondo de un espejo de ámbar

 

el sol se sirve en rodajas

sobre una mesa

plana como un mundo

como debió serlo

antes que nada

antes que todo

 

     el viento respira

            como un animal agriado

 

 

 

no se puede decir

qué le gusta

o no a

la poesía

 

se anuda en letra esquiva

infidelidad sonora

audiencia de recuerdos

en medio de una plaza

los muertos que llaman

a deshora

una reja estilo inglés

de la que penden

higos prohibidos

o senos como magnolias

o rojos globos chinos

una guitarra que persiste

y un mar de banderas

que resiste una

carga de escudos y bastones

la poesía es una oreja

que se alimenta de los ruidos

de este mundo

mientras pasa aquella que no fue

                                         se fue

 

perspectiva

 

vos

en el

espejo

 

yo

detrás

en la

noche

 

mi mano

en vos

en el espejo

explorando

incertidumbres

afuera quedan la peste y su toque de queda

 

(Del libro “Puente”,Buenos Aires

2022, Gentileza del autor)

 Pablo Márquez

 

 Pablo Márquez nació en Salto, Uruguay (1976). Ha sido profesor de aula de Lite­ratura y de Historia en liceos públicos de Salto y en el CeRP del Litoral. Formó parte del Grupo de Estudios Autobio­gráficos (GEA), del CFE, fundado por la escritora Mag. Prof. Helena Corbellini, y actualmente a cargo de la Dra. Gabriela Sosa. Ha publicado artículos de crítica literaria en revistas de su departamento y en la Revista [sic], de la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay (APLU).

Muelle negro (2020, Civiles Iletrados) fue su primer poemario.

 

jueves, 15 de agosto de 2024

NOCTURNOS

 

VOLVER

Quisiera estar en casa
entre mis libros
mi aire mis paredes mis ventanas
mis alfombras raídas
mis cortinas caducas
comer en la mesita de bronce
oír mi radio
dormir entre mis sábanas.
Quisiera estar dormida entre la tierra
no dormida
estar muerta y sin palabras
no estar muerta
no estar
eso quisiera
más que llegar a casa.
Más que llegar a casa
y ver mi lámpara
y mi cama y mi silla y mi ropero
con olor a mi ropa
y dormir bajo el peso conocido
de mis viejas frazadas.
Más que llegar a casa un día de éstos
y dormir en mi cama.



QUÉ TENGO YO QUE VER

Si pudiera saber
qué diablos tengo yo
que ver con todo esto
si no se me acosara
acorralara
a toda hora atoda voz
en todas circunstancias y momentos
y pudiera saber
pensar un poco
aplicada y serenamente en qué
en qué demonios en
qué diablos tengo
yo
que ver con todo esto.



POEMAS DE AMOR


HOMBRE

Hombre
conciencia
cuerpo
gesto mirada voz
torre
tierra
cadena
y abrigo abrazo mano
y precio
y premio
y marca.



SUEÑO

Viento y cierzo
la esquina
de Colonia y Ejido.
Te casaste me dijo.
Te casaste le dije.
Tú ya no me querías.
No, ya no te quería.
Pero me deseabas.
No, ya no te deseaba.
Mentira dijo. Ves.
Y sacó de un estante
de detrás de los libros
un vaso de daiquiri
tan fresco parecía.
Yo estaba remendando
con extremo cuidado
la hoja de una Biblia.
Le dije no me toques
el brazo. Es importante.
Y ése no era mi cuarto.
Yo no tenía cuarto.
Un gato gris estaba
sobre la Biblia y yo
dije bueno qué importa.
Y pensé que podía haberle dicho
Sí. Un poco te quería.
Pero a quién. A ese gato.
Y me miré al espejo
y vi una flor violeta


(Del libro "Poesia completa", 
Lumen, Barcelona, 2008)
Idea Vilariño


Idea Vilariño (Montevideo,Uruguay, 1920-2009)


Pueden LEER biografía y más poemas en entradas anteriores de la autora.



jueves, 21 de septiembre de 2023

PÁJARO QUE TIEMBLA (V)

 







LO QUE DEMORA EN SECARSE UN PAR DE MEDIAS

2. Las moscas en el vidrio
Majo, negocios, inc.

Sorprendida por mi colección de chanchos, 
de fotos viejas
y banderines de clubes desaparecidos,
se ve que descuidaste como miraba el nacimiento
de tus senos,
y esos lunares bíblicos
que se desplazan hasta tu cuello.
Aquella noche, tu sistema defensivo 
faltó a la cita.
Tu hering a rayas fue más que vulnerable
cuando mis manos iniciaron el camino de tu vientre, 
el vendaval de tus caderas, 
la noche sin relojes.
Burlar el tiempo en el amor de a dos 
cotiza mejor que los créditos bancarios, 
sacude la bolsa de negocios del barrio.


Más peras

¿Qué puedo hacer con estas peras ahora?
¿Comérmelas?
Lucen muy bien en esa frutera tejida por aymaras 
sin embargo.
¿Hacer poesía de ellas
y decir lo que casi todos han dicho de unas peras 
contaminando el aire de la tarde del barrio?
La pulpa de las peras,
el azúcar nacarado,
los pequeños espasmos que las habitan,
acompañan el declinar de estos días de mi vida.

Eso es bastante, acaso
para optar por la contemplación
en medio de este vértigo
dando vueltas con confusas ideas
como si fueran la pulpa de las peras que no voy a morder.


4. Medias secándose en la cuerda

Lo que demora en secarse un par de medias
Tu enojo duró lo que demora en secarse un par de medias.
0 menos.
Lo que demora en secarse un par de medias cuando hay viento 
y en la ventana se mueven las cortinas.
Mi amiga Evangelina, me dice que en Buenos Aires las medias
no se secarían nunca en una cuerda
Demoran un tiempo prudencial,
como un estado de ánimo,
un alerta del tiempo,
un deseo de llegar al empate
y cambiar el juego.
0 unas horas apenas, 
donde pocas cosas suceden en el mundo: 
la hojarasca perdida por las calles, 
una promoción de productos en la playa, 
tus ojos enormes volando en la azotea.
Si. Tu ausencia duró eso.
Y es una marca planetaria desde ahora: 
lo que demora en secarse un par de medias.



Opción gorriones

Como advertía mi amigo Juan Carlos 
en un país sin grullas
no tiene sentido salir a defender su supervivencia 
entre las especies del planeta.
Ni cantar a ruiseñores, ni a cornejas 
ni a aquellos famosos estorninos 
que han poblado otras poéticas.
Tampoco vienen cigüeñas a nuestros campanarios.
Suerte estos gorriones picoteando 
migas de mi mesa en el verano.
Se toman el trabajo
de bajar de los aleros de las casas del barrio 
y venir a recordarnos, una vez más, 
que el amor y la poesía
también tienen patitas frágiles como escarbadientes.

(Del libro: "Pájaro que tiembla",
Ed. Civiles iletrados, 2022)

Elder Silva 



Elder Silva. Poeta uruguayo, nació en Salto, en 1955 y murió en Montevideo, en 2019. Publicó: Línea de fuego, 1982;Cuadernos agrarios, 1985; Un viejo asunto con el sol (1987), Fotonovela- Canción de perdedores; La cajera de Oxford y otros poemas de amor (1999); Mal de ausencias (2002); La frontera será como un tenue campo de manzanillas (2003) y Agua enjabonada, poesía reunida  (1983-2012).  Su poesía ha sido recogida en diversas publicaciones del exterior del país. Ejerció la actividad periodística en varios medios de comunicación. Fue editor del suplemento La hora cultural, en Montevideo. Fue maestro de escuela y gestor cultural. Silva es uno de los poetas más populares y reconocidos de la "generación de la resistencia" uruguaya (Décadas del 70' y 80'). Pájaro que tiembla recoge su poesía inédita.


martes, 19 de septiembre de 2023

PÁJARO QUE TIEMBLA (IV)



EL RELOJ MIDE LAS HORAS DONDE TU BOCA FALTA (2014)

Homenaje a William Carlos William


Los ruidos son idénticos:
las registradoras marcando los tickets
en la mañana.
El mismo olor penetrante en la sección 
de «lácteos»
y los tarritos de Comed Beef en una estiba 
interminable.
Parlantes en off trasmitiendo música disco 
y repitiendo que la señora María Luisa 
debe presentarse en la oficina de personal.
La situación también es idéntica: 
una pelirroja con su canasto de compras 
caminando por el supermercado.
Aparentemente sola.

(Del libro: "Pájaro que tiembla",
Ed. Civiles iletrados, 2022)

Elder Silva (Salto, Uruguay, 1955-Id.Montevideo, 2019)


 

domingo, 17 de septiembre de 2023

PÁJARO QUE TIEMBLA (III)


 BAR BUKOWSKI (2012)

1. Muchacha en Puerto de la Cruz


Dicen que en los Juegos Olímpicos de
Berlín, en 1936,
el negro Jesse Owen
batió a cuatro alemanes rubios,
de miradas azules
y cuerpos apolíneos
para disgusto de los nazis.
Era el primer atleta que utilizaba 
unas zapatillas deportivas con clavos, 
creadas por el alemán Adi Dassler 
junto a su hermano Rudolf, 
un fiestero y negociante.
Dicen que desde entonces 
Adidas empezó a ganar mercados 
en todos los pies ligeros de la gente 
del planeta.
Escribo esto mientras observo 
a una muchacha rubia 
(¿suiza?, ¿alemana tal vez?) 
que corre descalza por las 
arenas de Puerto de la Cruz. 
Inalcanzable para mí: 
senos perfectos bajo el suéter
blanco,
el cabello cuidado con las mejores 
hierbas sintéticas.
Inalcanzable,
aunque me calce esas zapatillas Adidas 
como el negro Owens 
y eleve por diez mi rendimiento
 
 

22. Electro


Si me hicieran un 
electrocardiograma 
después de tus caricias 
muchos entenderían 
porqué las llaves térmicas 
a veces se dilatan 
y dejan sin energía 
eléctrica 
al barrio entero.


48. Macedo otra vez
Me acuerdo que una vez frente al 
fuego de la estufa en Migues,
Macedo me decía
que en la maraña de poesía de este 
mundo,
colocar un verso, uno solo, 
un único
era suficiente para saber 
que no se ha escrito en vano.
Hoy me contaron, Viviana, 
que en el fin de semana en La Laguna 
habrá un encuentro de poetas jóvenes 
que se llamará
«Nada es igual después de la poesía», 
un verso que Juan Carlos puso en 
Durar III. Resistencias.
Después de Macedo
nada ha sido igual en la poesía.

(Del libro: "Pájaro que tiembla",
Ed. Civiles iletrados, 2022)


Elder Silva (Salto, Uruguay, 1955-Id.Montevideo, 2019)


IMAGEN: Julieta Prandi.



viernes, 15 de septiembre de 2023

PÁJARO QUE TIEMBLA (II)



EN IPORÁ, OTROS MUNDOS (2009)


Pájaros en la frontera

A.

La poesía es un gorrión 
bailando en un cable de 220. 
Y eso es todo.
No insistan.
La poesía es un pájaro 
que tiembla.


B.

A poesia é um tico-tico 
dançando num fio de 220. 
E isso e tudo.
Não insistir.
A poesia é um pássaro 
que treme.




Patos salvajes


Lejos del mercadeo 
Y los falses televisivos, 
unos patos vuelan en V 
sobre el Atlántico.
El oleaje es de temer 
y sin embargo, 
los maragullones 
trabajan en conjunto para 
surcar el viento.
Se alternan,
aletean sin otras intenciones 
que llegar a su guarida 
antes que el sol acabe.

Bebo mi vino
en una balconada de la costa, 
y pienso que la vida verdadera es esta. 
Unos patos volando sin cámaras 
a la vista,
el mar haciendo lo suyo 
como hace siglos lo hace 
y un hombre pobre 
perdido en la maraña 
del amor y del ensueño.





EN IPORÁ, OTROS MUNDOS


figuras invertidas/ de casa y de árboles
Circe Maia


La superficie del lago 
duplica las cosas: 
una es la realidad, 
otra el ensueño.
Una es tan real como 
esos caballos que metieron 
sus cabezas en la luz 
donde cenábamos con Marcos.
La otra es la luz lunar temblando, 
y diluyéndose en la tela del agua, 
o un pájaro perdido entre los cerros.

¿Es real esa muchacha en tanga, 
que remoja los pies 
en la transparencia de la orilla?
¿Tan real como la mirada 
que sigue sus pasos
y registra cada uno de sus movimientos, 
la estridencia de su nalgas 
y caderas?

El lago duplica las cosas, 
le digo a mi hijo.

La cerveza es real, 
los tomates, 
el agua con burbujas.
Acaso los faros de los autos 
en la curva empinada 
y las personas que viajan en ellos 
como en un viaje astral, 
son reales también.

La calma en la noche de febrero 
es sueño.
No existe si no fuera por el ojo del lago 
que la registra y la da vueltas 
para que se pueda entender en verdad 
lo que derrama sobre nuestros ojos.

Con Marcos, elegimos el mundo 
del revés.


(Del libro: "Pájaro que tiembla",
Ed. Civiles iletrados, 2022)

Elder Silva (Salto, Uruguay, 1955-Id.Montevideo, 2019)


IMAGEN: De archivo.
 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

PÁJARO QUE TIEMBLA (I)


CANCIÓN 2 DE PERDEDORES (2007)

Ejercicios de vuelo

Hago ejercicios mientras sé que
no vas a volver:
vuelo poético,
velocidad y altura.

Textos de reconocimiento.



Una luz

El agua clara,
las piedras pulidas por tus ojos, 
ese verde que venía del más allá, 
dan algo de luz a estas sombras de ahora, 
acomodan las cosas en nuestro lugar, 
ese sitio diminuto que parece perdido 
para siempre.



Noticias

Hay noticias de frutas 
en esta primavera luminosa 
donde hasta el agua derramada 
se parece a tu boca.
Leo un poema sobre un muro 
lleno de moscas 
y espero la redención, 
que en todos los casos, 
se parecen al regreso de tu pelo, 
al ademán de tu cintura 
por los pasillos de la casa.



En todas las fotos


Me habías dicho 
que querías que estuviera 
en todas tus fotos.
Y estuve en todas.
En las de tus cumpleaños 
comiendo en la parrilla 
con el cura de Montes.
En la playa
entre el agua y la espuma 
con los niños.
Estuve en tus fotos de tristeza, 
y en las que preparabas 
morosamente la cena 
para todos.
Y estuve en Santa Lucía 
y en Migues 
y en Polanco
y en las fotos de pequeño formato 
bajo el puente de El Soldado.

Estuve en todas, como querías,
(Tú sabes que no me saltié 
ninguna.)
menos en esa que te sacaste
a solas con tu amante 
en un hotel de paso 
frente a un espejo sucio, 
y volviste a nuestra casa 
a esconder el negativo.
(Del libro: "Pájaro que tiembla",
Ed. Civiles iletrados, 2022)

Elder Silva (Salto, Uruguay, 1955-Id.Montevideo, 2019)