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viernes, 30 de mayo de 2025

De: Luoghi Comune 2 (Wilcock)



3.

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.

6.

A pesar de los triunfos de las ciencias aplicadas
el mejor instrumento para ver el universo
sigue siendo la lámpara penetrante del verso,
la música, la voz de gargantas privilegiadas,
o en una penumbra con velas de tarde en tarde
el púlpito cosmatesco de diorita incrustada;
cualquier luz que nos muestre una idea que arde,
antorchas muy sencillas o espléndidos candelabros,
monasterios carpáticos en bosques centenarios,
o runas en Islandia de los príncipes bruscos,
falos de ámbar en el bosque, sarcófagos etruscos.
A la luz de esas luces el hombre se mueve más seguro,
ve los atardeceres, ve las orillas del mar,
y pronuncia palabras cuyos sentidos oscuros
finalmente se le comienzan a revelar.

7.

Para el hombre llegado a cierta edad,
el uso de esas luces deviene necesidad.
De jóvenes, nadie nos preparaba para esto,
que, además, no fue predicho por ninguna teoría:
ni un desfile triunfal, ni un banquete modesto,
sino más bien un funeral de cuarta categoría,
con un telón de fondo pintado por diletantes,
entre los fieles tremolantes.
Por tanto, debemos buscar escenografía mejor.
y en la oscuridad del caos quedar iluminados
por el anillo de bronce con su perfil de señor,
o la tumba con escenas de picnic o de amor,
o el auriga con caballos de mar azotados,
entre ancianos que tocan la flauta nostálgicamente;
cualquier cosa alejada de la luz de la mente
del tiempo giratorio, del espacio fluyente.

8.

La idea que nos hacemos del espacio no es distinta
de la idea que se hace la mayor parte de la gente,
pero es mental puramente y se extingue con la mente,
por ejemplo bajo la acción de excitaciones violentas.
El hombre sabe moverse solo, orientarse topográficamente,
y encontrarse con sus semejantes en lugares determinados,
usando la razón y los sentidos combinados;
así traza laberintos sobre la faz de la tierra
y superpone sus pasos a los de sus antepasados
que como él buscaban hembras, alimento y a veces guerra.

10.

Treinta siglos después del viaje de Odiseo,
los turistas recorren las grutas del Circeo,
sin encontrar trazas de la hechicera histérica
ni un resto asignable a la era prehomérica.
Y no sirve explicar que la isla no es tal,
sino un monte del Lacio en la costa occidental,
y que en suma buscar la huella del hada
es un modo como otro de pasar la jornada,
porque el tiempo como un glaciar arrastra sin piedad
los lugares y los transfiere a otra localidad.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, 
Viterbo, 1978), 
"Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
                                            
Versiones: Jorge Aulicino 

Poemas y fotografía y traducciones 
tomados del blog de Jorge Aulicino:

Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 
Il racconto del Giorno/RAI/YouTube (VER entrevista al autor)


Luoghi comuni

3.
Forse l'anima è divina, ma non è indispensabile / quanto il corpo in cui dimora 
e ch'è la sua cagione. / Dalla prima infanzia in poi questo corpo è la prigione / 
dell'anima che fermenta como una massa malleabile / per finalmente impietrirsi 
nelle forme più strane, / dall'uccello melodico fino alle peggiori iguane; / me 
sempre scomodissima perchè non riesce a uscire / da un corpo inadeguato 
e sempre meno forte, / il che provoca disordini difficili da guarire, / le 
complicate nevrosi che accelerano la morte.

6.
Nonostante i trionfi della scienza applicata / gli strumenti migliori per osservare 
l'universo / sono ancora la penetrante lampada del verso, / la musica, la voce 
di una gola privilegiata, / oppure nella penombra delle candele sparse 
/ il pulpito cosmatesco di dioriti incrostata; / qualsiasi luce indicante dove 
un pensiero arse, / semplici torce o splendidi lampadari, / monasteri carpatici 
tra i boschi secolari, 
/ rune d'Islanda con principi bruschi, / falli d'ambra nella foresta, sarcofaghi 
etruschi./ Alla luce di questi lumi l'uomo si muove più sicuro, / vede i tramonti, 
vede le rive del mare, / e pronuncia parole il cui senso oscuro / gli si comincia 
infine a rivelare.

7.
Per l'uomo arrivato a una certa età / l'uso di questi lumi diventa necessità.
/ da giovani non ci avevano detto di prepararci a questo, / che d'altronde non 
era previsto da nessuna teoria: / non una sfilata trionfale, nemmeno un convito 
modesto, / bensì un funerale di quarta categoria / davanti a qualche fondale 
dipinto da dilettanti / fra i praticabili tremolanti. / Dobbiamo pertanto cercare 
una scenografia migliore / e nel buio del caos lasciarci illuminare / dall'anello 
di bronzo col suo profilo di signore, / dalla tomba con scene di picnic o di 
amore, / o l'auriga che fustiga i cavalli del mare / fra vegliardi che suonano 
il flauto nostalgicamente; / qualunque cosa sottratta dal lume della mente / 
al tempo rotatorio, allo spazio fluente.

8.
L'idea che ci facciamo dello spazio non differisce / dall'idea che se ne fa la 
maggioranza della gente, / ma è puramente mentale e con la mente sparisce 
/ per esempio sotto l'azione delle eccitazioni violente. / L'uomo sa muoversi 
da solo, orientarsi topograficamente, / e trovarsi con i suoi simili in luoghi 
determinati, / adoperando la ragione e i sensi combinati; / così traccia labirinti 
sulla faccia della terra / e sovrapopone i suoi passi a quelli dei suoi antenati / 
che come lui cercavano femmine, cibo y talvolta guerra.

10.
Trenta secoli dopo il viaggio di Odisseo / i turisti percorrono le grotte del Circeo
 / senza trovarvi traccia della fattucchiera isterica / né un relitto assegnabile 
all'età preomerica. / E non serve spiegare che l'isola non è tale / bensì un monte
isolato sulla costa laziale, / e che tutto sommato cercare l'orma della fata / è 
un modo come un altro di passare la giornata, / poiché il tempo come un 
ghiacciaio trascina senza pietà / i luoghi e li trasferisce in altre località.



 

viernes, 21 de diciembre de 2012

ESPACIO





En mi habitación no hay nada 
excepto el fonógrafo y un lecho; 
y en el corazón tampoco hay nada 
excepto un hijo de mí diverso.

Así, hay espacio para moverse 
tanto en el corazón como en el cuarto; 
he arrojado los harapos al fuego, 
tirado al mar los sentimientos.

No todos tienen vacío el cuarto, 
no todos tienen el corazón vacío, 
aún se puede dejar entrar 
cada mañana un mundo nuevo.



(Traducción de Horacio Armani)


J.R. Wilcock




Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919- Lubriano, Italia, 1978). poeta, crítico, traductor y escritor argentino. Hijo de padre inglés y madre argentina, estudió Ingeniería Civil en la  Universidad de Buenos Aires. Su primer libro de poesía, Libro de poemas y canciones (1940), obtuvo el Premio Martín Fierro de la Sociedad Argentina de Escritores. Un año después conoce a Silvina Ocampo, Bioy Casares y Borges, con los que le une una gran amistad. Entre 1942 y 1944 dirige la revista literaria Verde Memoria. Entre 1945 y 1947, la revista Disco. Trabaja en los Ferrocarriles del Estado, pero deja su puesto en 1944. En 1945 autoedita dos libros de poesía: Ensayos de poesía lírica y Persecución de las musas menores. En 1946 publica Paseo Sentimental. En 1951 viaja por Europa y visita Italia por primera vez. Wilcock practicó asiduamente la crítica, colaborando en multitud de diarios y revistas literarias. Fue también traductor del inglés, francés, italiano y alemán. En 1957 se instala definitivamente en Italia, país en el que acabaría adquiriendo la nacionalidad y el idioma, ya que a partir de entonces escribiendo poesía en italiano, como el caso del poema que presentamos. Muere muere en 1978, en su casa de campo de Lubriano. Bibliografía: Libro de poemas y canciones. Editorial Sudamericana, 1940.Ensayos de poesía lírica. Edición del autor, 1945. Persecución de las musas menores. Edición del autor, 1945. Paseo sentimental. Editorial Sudamericana, 1946. Los hermosos días. Emecé, 1946, 1998. Sexto. Emecé, 1953, 1999. Los traidores (en colaboración con Silvina Ocampo). Losada, 1956; Ada Korn, 1988. El caos. Editorial Sudamericana, 1974, 2000.



viernes, 18 de febrero de 2011

He escuchado...














HE ESCUCHADO silenciosamente
los ruidos de las ramas, las hojas
en el sol. ¿Dónde estarás,
amor de mi pensamiento, sin recordar
mi soledad que se abre entre los yuyos?
Aquí, entre los cardos violetas
y los aguaciles maravillosos, ¿qué otra cosa
sino quererte puede hacer un joven
con el rostro hundido en madreselvas?;
entre estos pájaros indiferentes,
estos árboles tan altos, estas nubes,
amor, que vuelves como las estrellas
hacia un lugar de la noche; y tan contento
de haberte visto entrar en mi alma
con ese vapor iluminado en torno, con el humo
vibrante que yo he imaginado siempre,
de encontrarte, oh sombra del viento!,
habitándome un corazón que buscaba los troncos vacíos,
y las lámparas rotas a pedradas
para ocultarse.


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)



IMAGENRobert Mapplethorpe -Autorretrtato.



miércoles, 19 de mayo de 2010

JARDÍN BOTÁNICO
















¿Recuerdas, mi alma, ese árbol favorito?

Verdes eran las tardes a su vera;
era un ombú, era sagrado, y era
como un hotel variadamente escrito
por los paseantes de otra primavera.
Nosotros no grabamos nuestros nombres;
y sin embargo, cuando todo muera,
¿no quedará un recuerdo de dos sombras
besándose las manos en la hierba,
aunque esas sombras no se nos parezcan?
Las preguntas retóricas no requieren respuesta.

Me alejo para verte en la memoria:
tan joven y en el sol, como en un barco.
Los teólogos pensaron
que el orden y el desorden alababan a Dios
con semejante intensidad.

(Sur, n. 192-193-194, 1961)


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)




IMAGEN: Ombú argentino.



viernes, 30 de octubre de 2009

Yo en el '57 oí decir

que una estrella había salido de alguna parte
y se movía, y venía hacia Roma,
seguida de meteoros luminosos
y grandes disturbios en las comunicaciones
y en la Antártica auroras boreales
y migraciones insólitas de flamencos,
islas que aparecían en pleno Atlántico,
ya provistas de palmeras y hormigueros,
y pequeños volcanes casi festivos.
Roma distraída pensaba en otra cosa:
cómo llenar los últimos espacios abiertos
de automóviles fiat o de otra marca
joyas de la industria nacional;
la historia de la estrella era sospechosa,
a lo mejor inventada por las agencias de noticias,
y de todas formas no era la primera vez,
o mejor, se habían visto ya demasiadas
de estas estrellas caídas después en el olvido.
Pero de noche yo la miraba allá arriba,
en medio de un crujido de álamos americanos
en silencio de los campos infinitos,
y consultaba publicaciones científicas,
estaba seguro de que había nacido un prodigio
más grande que cualquier prodigio conocido,
compré el pasaje, entonces, y vine aquí,
y de verdad en el aire había algo
conmovedor infinitamente
algo que decía que esperara.
Y cuando Roma al fin estuvo abarrotada
de autos de todas marcas te encontré.



J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)

(Traducción de Guillermo Piro)



NOCHE TRANQUILA




















El delicado extremo de tus dedos, el finísimo
silencio de mis labios que sobre ellos

encuentra el brillo de las aguas, la luna
surgiendo en un estanque de anchas hojas;
por la altura va el viento, por los árboles
y en el cielo la noche.
Ahora contempla
cómo es dulce la vida, cómo se alejan
las órbitas etéreas abandonando
una luz sobre nuestra frente.
Yo te amo
y las horas ascienden; oye el rumor
desconocido de la noche e infinito.

Lentamente en mis brazos, sin turbar
la eternidad que el aire está formando
con sus círculos inmóviles, contempla
el pálido reflejo oscilando entre las hojas,
el instante que estamos en la tierra
detenido.
Allá arriba por los espacios azules
flotan sonidos suaves, y las estrellas.

(Los hermosos días)

J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)




IMAGEN: Fotografía de Andres Waissman.




jueves, 1 de octubre de 2009

EN EL TIGRE





















Mi madre corría en el Tigre junto a los ríos,
ya conmigo grávida en primavera, y apenas
se inclinaba el tiempo en las silenciosas arenas
de un reloj oculto entre los presagios sombríos.

Pero iba cantando alrededor mío entre flores,
y su cuerpo joven me traslucía el paisaje
naciente de América, el resplandor del follaje
con álamos verdes, y los primeros colores.

Y el barco mortal que ella desplegaba ante el viento
flotaba en la pálida luz rosada del día
sobre el horizonte. Y entre sus rayos subía
el dios de aurora y entraba ya hasta mi aliento.

Mi madre aceptaba esa luz y estaba a mi lado,
durmiéndose espléndida como el aire ascendente.
"El después iría por la neblina". ¡Oh ausente
señora con nubes y con el rostro asombrado!

(Los Hermosos días)


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)



IMAGEN: Delta del Tigre, Buenos Aires,



martes, 11 de noviembre de 2008

A QUIEN DE ESTE OÍDO NO ESCUCHA














Tu casa está sola,
sucia y blanca en el sol,
y yo que me pregunto:
uno que está detrás de ti
en busca de lujuria
como yo, ¿es un deficiente
o quizá el verdadero sabio?

Tratándose de mí,
la sabiduría está excluida,
pero tú me gustas tanto
que a veces enmudezco
solo porque he entrevisto
entre las viñas sarnosas
el camión de tu padre.


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)

(Traducción de Jorge Aulicino)


A CHI DA QUEST'ORECCHIO NON
ASCOLTA

La tua casa è sola
sporca e bianca nel sole
e io che mi domando:
uno che ti sta dietro
a scopo di lussuria
come me, è un deficiente
o forse è il vero saggio?
Trattandosi di me
la saggezza è da escludere;
ma tu mi piaci tanto
che a volte ammutolisco
solo perché ho intravisto
tra le vigne rognose
il camion di tuo padre.


SOBRE EL PROGRESO




Felices los que piensan en el progreso

Yo sólo pienso en la muerte o en el sexo.


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)


(Traducción de Jorge Aulicino)

SUL PROGRESO

Beati loro che pensano al progresso:
io solo penso alla morte o al sesso.






domingo, 12 de octubre de 2008

A MI HIJO















Ten fe en la vida

y no en las ideologías;
no escuches a los misioneros
de esta ilusión o aquella.
Recuerda que hay una sola cosa
afirmativa, la invención;
el sistema en cambio es característico
de la falta de imaginación.
Recuerda que todo sucede
por azar y que nada permanece,
lo que no te prohibe hacer
un dibujo en el vidrio empañado,
ni cantar alguna nota
simple cuando estás contento;
puede suceder que sea un lindo dibujo,
que la canción sea linda:
pero esto no tiene importancia,
basta que a ti te gusten.
Un día morirás; no importa,
porque sólo los demás se darán cuenta.


J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)


(Traducción de Guillermo Piro)

A MIÓ FIGLIO

Abbi fiducia nella vita
e non nelle ideologie;
non ascoltarei missionari
di quest'ilussione o quell'altra.
Ricorda che c'è una sola cosa
affermativa, l'invenzione;
il sistema invece è caratteristico
della mancanza d'immaginazione.
Ricorda che tutto accade
a caso e che niente dura,
il che non ti vieta di fare
un disegno sul vetro appannato,
né di cantare qualche nota
semplice quando sei contento;
può darsi che sia un bel disegno,
che la canzone sia bella:
ma questo non ha certo importanza,
basta che piacciano a te.
Un giorno morrai; non fa niente
poiché saranno gli altri ad accorgersene.



lunes, 4 de agosto de 2008

DOS















Conmigo desaparecerá mi mundo, la red

que me he tejido como esa araña
que está detenida en un ángulo de la tela
y a veces come y a veces la remienda;
pero su tela está cada vez más desgarrada
y la araña no tiene ganas de arreglarla.
Continuarán entre tanto los otros mundos
cada uno con su insecto en el centro, alerta,
tramas brillantes o, a veces, manojos grises,
pequeños ovillos como jaulas delicadas
que no se resignan y en el medio la araña
hasta que desaparece y nadie lo advierte.
Pero tú, ya que has querido que también fuese tuyo
este mundo que fue quizás el más hermoso,
erizado de agujas de oro y fibras finas,
abrázame, envuélvete en la misma
compleja red que no se repite,
hilo a hilo poséela y sosténla
como lo hice hasta ahora mientras estaba solo.



J.R. Wilcock (Argentina, Bs.As., 1919- Italia, Lubriano, 1978)


(Traducción de Enrique M.Butti)
DUE

Con me il mió mondo sparirá, la rete
che mi sono tessuto come un ragno
che sta fermo in un angolo della tela
e a volte mangia e a volte la rammenda;
ma la sua tela è sempre più squarciata
e il ragno non ha voglia di aggiustarla.
Proseguiranno intanto gli altri mondi
ognuno col suo insetto in mezzo vigile,
trame lucide oppure matasse grige
sferule come gabbie delicate
che non si danno pace e in mezzo il ragno
finché sparisce e nessuno se ne accorge
Ma tu, già che hai voluto fare anche tuo
questo mondo che fu forse il più bello,
irto di spilli d'oro e fibre fine,
stringiti a me, avvolgiti nella stessa
rete complessa che non si ripete
filo a filo possiedila e sorreggila
come ho fatto finora ch'ero solo.