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sábado, 23 de junio de 2018

UNAS BOLITAS DE MERCURIO








































La delicadeza lírica.
La Paz. La profundidad del alma.
¿Pero qué profundidad sería ésta
sin la belleza (estúpida, sentimental)?
La condena de la belleza
es siempre
(es siempre)
ser sentimental: como el arte,
un golpe bajo.
—Teníamos esas virtudes, sólo ineptas:
en las yemas de los dedos
estaban el juicio
y los signos:
la mujer que se maquilla
y el hombre que se emperra.
La Proclama:
por un arte/sano.
La Pancarta:
los títeres
sufren más.



EL NO VERSE EN VERSO

La incomparable intimidad del orgullo
Confirma a Hegel y anticipa
una audacia mayor: la del marxismo,
que incansable trabaja por un solo objetivo:
el fracaso.
Pero de qué clase de fracaso se trata
Hegel introduce lo real
en lo real de la muerte
y es así que arranca de cuajo
Un fruto
Una riesgosa partida y su apuesta
El todo o nada limitado a un punto
A la disputa por un negro amanecer y gana
Gana un corte, el hachazo imperial, absoluto
de un principio de razón, que es la muerte,
y también gana el derecho
Tan moderno
de mostrar a la muerte desnuda
adornada sólo por una perla
esa joya que tal vez no merricemos
El punible comienzo de la Historia


Un paso más sin embargo
Y ése lo dieron los marxistas
Que asediaron las murallas
y por fin nos impidieron
abandonar el temblor
Aterrado de la Historia
así como el amor al corazón y a la distancia
de la catástrofe imposible de evitar.


Hoy ya está prohibido
vivir como en el mito reversible
la aberración de la muerte interminable


        Le mostré estas líneas a mi culta prometida
        Y obtuve la pera madura de un resultado sin tacha
con tu más que es mi cruz
me quedé solo en mi cuarto empedernido
        Desligado ya de todo compromiso
        las ventanas estaban abiertas 
         Me gustó mirar el río
hace tiempo dejé de preguntarme
por qué mi pensamiento o el impulso
que luego se convierte en pensamiento
         Debe abolir a una mujer y escribirse


Desasosiego de repetir el mismo comienzo
maquillado de muerte y de historia
y también la infantil alegría
de fortalecer cada vez más mi propósito
el de cansarme y aterrarme y sonreír
cuando en mis manos queda el triunfo firme
         El siempre lo mismo
la incomparable intimidad del orgullo


LA: íntima perla de Lugones
era grande: logró escribir concha, no vagina.
El íntimo cuchillo en la garganta del vencido


El amor los dejará para unos labios
sabios en la ida y vuelta e ignorantes
bah del hormigueo del tiempo a pesar suyo
          Y sin embargo
          Ahora que el tajo ya está hecho
          Y la Historia constituida
          Me gustó mirar el río


“Hegel” no, tampoco los “marxistas”
y con la “Historia” ocurrió lo mismo:
nombres que aparecen en estas líneas
sólo para decir: estoy CANSADO,
hasta aquí llegó, por hora, lo que de mi virtud merecía
Hablo en serio
Pero lo imperdonable fue nombrar el río.


***

Hay gente con nostalgia
La década del ’30,
de sus ultrajes afilados.
Se estaba mejor, se dice
en esa placenta.
En San Isidro y sus barrancas,
el refinamiento disimulaba a los tarados
escuchando a Tagore, Ortega,
gente medio culta
y peores deslices
(para reírse: hasta el conde Keyserling).
Mientras la limosna llega, pensarían los hombres sabios
Mejor mirar al río, la vista fija,
la boca apretada
para aguantar la risa:
no perdonaba chistes
la bestial Victoria Occampo;
la estulta,
Que se lo pregunten al ético Borges
y a ese genio que es Pepe Bianco.



PRIMERA INTRODUCCIÓN A LOS TADEOS?

Y así no hay relato que progrese,
la palabra está aquí, en este lugar.
El cuerpo, en un crepúsculo de blandura
(o varios amaneceres) se envuelve en una piel con agujeros
—escribamos— se triza en el lugar,
y así.
El primer tono, el humorístico,
queda de lado como el cuerpo y el humor.
Cosa de hombres,
la máquina de escribir se traga a los hombres
(rasga el manuscrito)
con evidente perfección
poco menos que fordesca.
Perfección, en fin. Pero de adónde
ha de venir a ser posible ella
(invidia desolada del campo huero)
si certeza hay una sola y común,
la tercera.
Es el encanto,
todo se entiende tan bien
tan injusto suena aquello
(ese decir: naides entiende).
Entenderse, y tan claro.
Cada uno habla desde su lugar
invirtiendo el lugar.
Propone el estigma de la adivinanza
y el enigma crece. Crece
hasta crecer
hasta creerse en el haber nacido
y en payada cualquiera se raja.
Rezuma en su encordado:
“Ajá: o el hombre se hace mundo
o zas: el mundo hombre se vuelve”.
Tanto la una como la otra,
esas dos procosas
imposibles son.
Entonces telón.
Veintisiete letras.



UNAS BOLITAS DE MERCURIO

a Susana Cerdá


Cuando la pasión se hace fuerte, pero muy fuerte,
El cielo monta su gatillo
Y entonces estamos perdidos
Mi muy querida
Más, tal vez, nos valdría...
¡Oh, no, nada nos valdría!
(Salvo este gustito de perecer en el intento)
Porque la cuestión es nuestro galimatías adrede.
Claro: no hay cuestión.
Aunque (jamás escribir aunque)
¿Por qué no hay cuestión?
No me preguntes, querida
Ya estoy un poco harto de tus preguntas
¡Aunque!
Igual te amo al calor del diálogo
Y, y no nos entendemos
Prefiero tus pies de monja sobre la boca
“Del que no sabe pensar”
Yo
Electrizantes pies de monja
Cada uno de tus hermosos pensamientos
Los tiraré a la basura
¡Aunque!
Porque siempre estaré a tu lado
Millones de lados
Una sola mujer
¿Dónde estás, paradisíaca?




Osvaldo Lamborghini




(Poesía Completa - 
Edición al cuidado de César Aira)



Osvaldo Lamborghini nació en Buenos Aires en 1940. Poco antes de cumplir los treinta años, en 1969, apareció su primer libro, El  fiord que había sido escrito unos años antes. Era un delgado librito que se vendió mucho tiempo, mediante el trámite de solicitárselo discretamente al vendedor, en una sola librería de Buenos Aires. Aunque no fue nunca reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito. En 1973 apareció su segundo libro, Sebregondi retrocede. Poco después formó parte de la dirección de una revista de  avant-garde, Literal, donde publicó algunos textos críticos y poemas. Por algún motivo, sus poemas causaron una impresión todavía más enfática de genio que su prosa. Durante el resto de la década sus publicaciones fueron casuales, o directamente extravagantes (sus dos grandes poemas, Los Tadeys y DieVerneinung [La negación], aparecieron en revistas norteamericanas). Unos pocos relatos, algún poema, y escasos manuscritos circulando entre sus numerosos admiradores. Pasó por entonces varios años fuera de Buenos Aires, en Mar del Plata o en Pringles. En 1980 salió su tercero y último libro, Poemas. Poco después se marchaba a Barcelona, de donde regresó, enfermo, en 1982. Convaleciente en Mar del Plata, escribió una novela, Las hijas de Hegel, por cuya publicación no se preocupó (no se preocupó siquiera por mecanografiarla). Y volvió a irse a Barcelona, donde murió en 1985, a los cuarenta y cinco años de edad. Esos últimos tres años, que pasó en una reclusión casi absoluta, fueron increíblemente fecundos. Su espolio reveló una obra amplia y sorprendente, que culmina en el ciclo Tadeys (tres novelas, la última interrumpida, y un voluminoso dossier de notas y relatos adventicios) y los siete tomos del Teatro proletario de cámara, una experiencia poética-narrativa-gráfica en la que trabajaba al morir.



(del prólogo de César Aira al libro "Novelas y cuentos")




jueves, 21 de junio de 2018

EL SALVAVIDAS (para Christian Jorge Larsen)



Yo no podía decirte que no, ese “no...o”,
porque te me había apegado: así,
cuando me bajaste la malla con musculosa mano,
sin saber lo que ocurriría pensé:
ahora tendré otra alma en mi alma
grabada, y otro cuerpo henchido en mi cuerpo,
hasta diría: en mi corazón.
Fue más poderoso el amor que el dolor de la penetración.
Eras bañero. Yo me enorgullecía:
¡Cuántos se habrán ahogado mientras vos te dedicabas a montarme!
Y con los años: ¡cuántos me habrán montado
mientras, viejo, vos perdías el acceso
al mar
al Atlántico
que es feroz y perfecta
perfectamente traicionero!
Y no te comparaba con los dioses griegos
(me abstengo de semejantes boludeces).
Me parecías más bien la rapiña del ave,
los excrementos se adherían a un miembro
¡nada sutil!
cuya premisa mayor era la de no pertenecerme.
(impronunciable, de todos modos, aquel “no...o”)
Es seguro que todavía lo tenés colgando,
so ganso, aunque ahora te condenaron
por una serie, raid, de estúpidos asaltos
—la verdad: nunca fuiste una lumbrera—
Y bien,
y ahora, las locas carcelarias se harán la fiesta.
¡Que no es la misma!


***

Se empieza en la esquizofrenia
digo yo
y se termina en la femineidad
luego de un breve tránsito
por el amor
digo yo
por lo que yo


¡pero cómo me gustaba su cuerpo!



Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





martes, 19 de junio de 2018

JUANA BLANCO


























Soy una mujer, joven, por la treintena
entendida en muchas cosas
incluso universitaria
profesora:
con un buen par de piernas
y tetas sin corpiño:
caliento a los machos,
bárbaro: así de mí hablo, puta vanidosa
...porque...
¡a tantas cosas ando fallo!
sin embargo.
No tengo pene, por ejemplo.
No tengo y no tengo.
Y no sé si esto va en broma. Y no sé
si esto es
es en serio.

Yo me llamo Juana Blanco,
Soltera y con...
con mis menstruaciones
y con todos esos hormigueos
que van de las uñas pintadas de los pies
el depile sobaco y la pintura
hasta las milagrosas, sí milagros
jaquecas justo en el momento de acabar
cuando empiezo a susurrar y medio
hasta gemir
hecha una horqueta debajo del tipo,
sea
sea que me la den
por adelante o por el culo:
por atrás.
Zonas, en fin
zonas erógenas si así se dice
¿para qué echar panes?
la verdad no tengo:
hormigueos entonces,
hormigueos por todo el cuerpo.
Hormigueros.
Y las hormigas me van a comer
toda la carne hasta los huesos.
Por mi culpa. Por hacer mientras me maquillo
mohines frente al espejo.
Por yegua y por caliente.
Yo me llamo Juana Blanco
y es mucho, demasiado,
lo que me pajeo. Pero,
no puedo remediarlo.
Me encanta estar echada
y yo solita dármela.
Miro el techo y primero susurro
ronroneo, así empiezo,
y en el cúlmine después jadeo.
También sueño ensueño
en pleno día a veces
(¡esos sí que días plenos!)
Antropóloga, profesora de His
—¡vaya Historia!— me cago sin embargo
me recontracago en los tres mundos
en Oriente y Occidente
en las deres, el centro y las izquierdas
pacíficas o frenéticas guerrilleras.
Juana Blanco yo me llamo,
vengo de una
—así se ortiva,
me meo por el lunfardo— familia
buena por el apellido y por los mangos,
una familia de la alta
burguesía argentinoide.
(Sarmiento: “Argentino es anagrama de ignorante”)
Pero, cuándo no, fue Macedonio
—yo me llamo Juana Blanco—
el que dijo al enterarse del pegol de Uriburu,
“Corremos peligro de que” —¡este deque,
digo yo!— “en los manuales psiquiátricos cambien
la designación de mongoloide.
Ahora en su lugar pondrán, saben,
argentinoide”. Las espadas 

salvadoras son,
aunque un sorete me importan,
neuronas muertas.
Con ellas valúa y transvalúa
el economista demente
y así,
aunque me cago con mi culo
por tantas porongas siempre abierto,
así el loco de la economía
y el paquete armado con sus neuronas muertas,
así construyen el infierno.
Yo no soy pobre.
El cono Sur, la tortura y el hambre
y las ejecuciones y las boletas,
Latino
América,
todo esto me divierte.



Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 




domingo, 17 de junio de 2018

EL RETORNO DE HARTZ



























La música se lleva en la bragueta
o en el corpiño si uno es hembra
pero
Hartz
el pobre Hartz
el pobrecito Hartz tan moderno
en el sudor de su grasa llevaba el pentagrama
la notación de esas parcas
miserables perlas
(lo imposible igual es no tenerlas


Hartz es poco
y harto calla
y mira por la ventana
y no es para él tampoco
para su laya
la bendita estrella de la mañana


Judío pero no del Antiguo Testamento
más bien un liberal apenas, a secas,
ni siquiera acérrimo,
Hartz entró en el Tortoni
y entre los mármoles buscó una mesa.
Así como de libros, La Casa Editorial,
también tenía acciones de alpargatas.
Pidió primero un té.
Después, una menta:
no tanto para beberla
como para divertirse con sus colores memos.
Pero el tiro le salió por la culata:
se aburrió
como el suicida Svichigailov
cuando la noche previa de pindongueo y aguacero
anunció su largo viaje
irrumpiendo en la casa de su novia
que púber y dinero y padres y rubor
sólo era una nena





Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





viernes, 15 de junio de 2018

“Yo soy tu proveedora de droga”




A la madre Hogarth la encadenaron
a un minúsculo obelisco de piedra carmesí.
La ubicaron para el cachetazo.
Cualquiera puede infligirle una herida cortante de arma blanca
o propinarle un golpe contundente.
Cualquiera puede divertirse con ella,
que sangra y brilla en hematomas espléndidos.
El semen le chorrea por las piernas y ha perdido un ojo,
consecuencias del látigo.
Le arrancaron también todos los dientes
para verla florearse con más clase
en su habilidad de mamavergas.
Pero.

“Yo soy tu proveedora de droga”.

No es un consuelo, es una profecía de universales esperanzas.
Y cuando la canturrea en forma de canción
no hay quien deje de escucharla.

“Yo soy tu proveedora de droga”


En los alrededores de Once, 

en mi recorrida,
hice negocio con un renguito y nos fuimos juntos.
Con cuidado.
Había que rehuir los patrulleros.




Cuanto más límpidas te parezcan
Las aguas del lago
Y aun cuando creas
Rebosar de plenitud
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Cuando contemples
Con mirada ascendente y pura
El triunfo de los pájaros
Y la derrota de las olas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Cuando vayas al encuentro
De la amada o el amado
Sintiéndote seguro
Del esplendor de sus pupilas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Y no me abandones
Prematuramente
No te comportes
Como un ingrato
Recuérdame siempre


Yo soy tu proveedora de droga





Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





miércoles, 13 de junio de 2018

HE LLEGADO


Sí, he llegado.
Estoy en la casa de su mujer.
Señora, piedad. Ábrase de piernas.
Sésamo, ábrete. Me gustan estos muslos
de manteca. Me gusta abstractamente claro, la muerte
Ella y su corpiño,
por añadidura negro, hacen aparecer
Los senos inefables.
Si desde la ventana me disparan
Mientras estoy en cópula
El disparo me desparramará los sesos
Y me iré al hueco sin cabeza.
Usted, Señora, fue su mujer y lo es aún.
Cuénteme de ese hombre suyo:
Señora, sus tobillos,
Por de alguna manera decirlo
Tienen la rara calidad del alabastro
Y la blancura de las hostias.
Las venitas del empeine,
de la mala pécora del empeine,
Son todos mis días de deseo, los 

cálices,
Una vida religiosa de deseo.
Empeine, Empeine
Oh Señora
Oh Clítoris
Mi lengua crotta quiere estar ahí
En su covacha de sal incierta
En la penumbra de la hornacina.
Encendió el hornillo y puso el agua.
Me excitó no poco verla moverse por la cocina
envuelta en aquel vestido
tan ajustado. Todo
en ella me atraía.
A la noche me tomé una botella entera de ginebra
y unas cuantas pastillas de veronal.
A la mañana siguiente no estaba muerto




Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





jueves, 31 de julio de 2008

PROSA CORTADA






























1

Si hay algo que odio eso es la música,
Las rimas, los juegos de palabras.
Nací en una generación.
La muerte y la vida estaban
En un cuaderno a rayas:
La muerte y la vida,
Lo masculino y lo femenino.
Los orgasmos sin patria
Y los órganos de parte a parte,
Se perfilaban en un blanco.
Apuntes, apuntes, apuntes.
O amputes,
La "roca" de la maldición.

Es de mañana en esta pava argéntea
Y al empezar ya sobra una mirada:
Nací en una generación.
Pero antes había otra generación.
Antes que yo y antes que la mía,
Y ella era sabia en sus letras
Que no necesitaban acusarse demasiado
(O tanto) o tanto,
Para mostrar alguna verdad.
Nací en una generación,
Oh vida -el tonto en su reclamo.
Aquellos antepasados fueron libres.
Con una libertad rayana
Con una estupidez casi imposible
Hoy de lograr, gravitan como nuestro modelo
Nosotros, los que estamos más en claro.
Nací en una generación.
Es preciso un método.

El aburrimiento de la vida de hotel
Como simple recodo del camino.
Es de tarde en este manuscrito,
Las horas se pasan volando.
Después del mate vino el almuerzo,
El café en un bar, un corto
Paseo por el centro y de vuelta,
De vuelta al escondrijo,
Ahora es de tarde, un poco
Más de tarde en este lápiz,
Y continúo por el simple gusto de andar
Como quien anda en su pieza trina
Y contra la ventana...
Y contra la ventana fuma.
Humo azul, humo verde, humo negro, humo colorado
No devolví el libro que me habían prestado
Y hasta me gustaría robarlo,
Quedármelo para siempre, adverbio que se esfuma.
Aseguro que estos pensamientos no asaltan.
Nací en una generación, era de esperar.
Golpean con suavidad la puerta.
Aquí están, ridiculos.
Nací En una generación.

Este es un verso,
Ladra el perro en la superficie rala,
Como para concluir que no es tan horrible la risa del idiota
Cuando en plena labor nos roza con su ala.
Esta complacencia en el error es mi marca de fábrica,
Pero nacido en una generación,
A la fábrica la chongueó el protervo
Manierismo, el ocultamiento patas
Cortas de la falta de dotes,
Si bien me divertí un poco durante algunos años.
Odio la música, odio el arte, odio
Mis paradojas en falsete y mi voz inconsistente.
Pero amo: amo el pene
Cuyo rostro no puedo adivinar enmascarado hábil
por el antifaz de la bragueta.
Y como entre mirarlo y tocarlo no sé que pensar
Hago votos y sufragios.

La forma de poema es una desgracia pasajera.
También para que algunas partes de mi cuerpo se
mantengan vivas
Debo recubrirlas con harina.
Desgracia pasajera, así por lo menos hablo en el ritmo buscado,
El ritmo arbitrario del proyecto sin sustancia,
Y escribo como un nuevo, como un novato
A mis años -"proyecto", "sustancia".
Generación,
de una agonía campana burbuja de
cristal o madera blanca.
Siempre ¿mantuve esta tendencia e inevitable la conservaré naranjo:
En cuanto algo está por parirse, volver la cara,
Pero aun cuando se nace a mis espaldas con los dedos hago gancho.
Es de noche en el color marfil que invade la mano, su pelambre.
Es hora de cerrar los ojos porque pronto el alba.
Pero otra vez abiertos, táctiles, despiertos justamente por el alba.
Al fuego entonces la pava y lumbre de gas al tabaco, brasa.

Sexualmente perfecto o casi casi,
Amable Dios,
Al empezar el día el artista no te olvida, ni te rima,
Porque toda rima ofende: basta, amputes tu discurso.
La mañana es pesada como un amasijo de malentendidos
sobre la vanguardia.
Agarro un libro y después otro, y ya sé, la curiosidad
toma a ese otro como blanco.
Posiblemente, Los Orígenes del Psicoanálisis,
Por las cartas, por el asunto,
Por la experiencia de satisfacción.

Me apliqué al intento de ser sincero, de caer en el lazo.
Empecé tranquilo esta prosa, con lágrimas en los caballos olvidados,
Puesto mi espíritu en una disposición que no fuera
solamente un ánimo,
Pero algo mata al ser que se conjuga
Y siento que las reservas blancas tiran más bien a escasas.
Con bigotes ralos, tenuemente sobreimpresos, se incluye:
La efigie de la madre en una foto de mi cara.
El pobre zarevich acuña en falso.
Y ya es mediodía en el pendón de nácar
Y esto se va a volver aún más desagradable, más pesado y más sexual
Mente insatisfecho, más tonto en sus giros de sorpresa.
Como un alto vuelo, o su pretensión bajo el agua,
Más burdo en su absurda autolimitación
y más hiriente en su orgullo de cobayo.
No, no se trata de la quiebra de un talento,
Sino, o más bien, del descrédito de un interior.
Sin ironía, en mi mundo moral reino yo.
Este alegre imperdón es lo que se consigue después de un largo trabajo.

Golpean la puerta, espero
Que sea el médico el visitante inesperado.
El hospital como flor deseada del porvenir.

Incansable, a la búsqueda siempre de una "poderosa" falla,
Es muy posible que haya nacido en una generación,
aunque es cierto que me recluí,
Pero para compartir mejor el ídolo gema, y dos:
Como si al mismo tiempo quisiera adorarlo sin testigos,
Creérmelo y comérmelo solo, la aventura de tenerlo a Lacan
en el cuarto contiguo.
Ya son necesarios muchos domingos lluviosos para que se
refresque mi piel.
Para entretenerme amé entonces una mariposa en aras de fernet,
Aire

aire,
Aire de balance sin un cobre y aire de la muerte que
comprueba tales,
Habida cuenta de que en la cocina del hotel la luz no es mala:
Allí triunfa un fuego tentador.

Metido a sugerir la sensación de "pensamiento",
No sabía qué camino tomar: Personaje,
Un escritor llegado a su madurez grave como un enfermo grave,
Un acento de cobre falso en la balanza
Me había prometido excluir el retruécano, pero fallé
como el cristal,
Como el juez, cuando el tenor canta, oh Señor.
El grito azul, condenado y profano. Me—
Había—
Y prohibido
Las alusiones literarias, la rima guasa en esta fase perdularia.
Pero nací en un espejo donde cualquer "objeto" era accesible,
salvo la distancia

la crápula del imbécil
su cúpula rutilante
de dorados y rubí

¡Es tan difícil no gustarle a nadie!
Hoy rompí por teléfono con Juana Blanco, esa chica,
la escritora.
Nos habíamos amado porque aman siempre los poetas.
Son gajes del oficio, aman en los poemas, fuera de ellos,
Y hasta se atreven a amar en sus propias osadías de fracaso-
Tip— El inconsciente, el pequeño objeto a y el ser para la muerte.
En una generación, seguro que nací en una generación.
Primero la palabra, después la imagen,
Ojos rayanos.
Juana
Serás la última de una cadena putrefacta.
En ristra, me quedan los hombres ajados.

Es indudable que el arte quiere ahorrar trabajo.
Para muestra entonces basta
Mi última producción en bata:

(fuertes comillas y una musteola suena)
"Entrar en las aguas, qué tonto,
tan tonto como aquel otro decir
de puro tonto, lejano y alemán.
Entrar en las aguas, sin embargo.
El cuerpo ilimitado, cerrarse sobre,
entrar: del agua en la vertiente.
Ver, sin serlo, suele la operación del verso.
El verso: algo que está muy lejos.
Y si una papa hay en el centro del cráneo
se la puede (bien atravesar)
con un palo: sin ningún acaso,
sin jamás estar
ni diciéndolo.

Apoyando su corrupción contra la estufa.

El dorso de la espalda o la tentadora
curva de la espalda—línea,
la tentación turbada de toda vértebra
(árabe y rubí)
que termina, y allí
habas cuece:
imposible saber qué humo se refracta.
El vapor, el agua:
es allí donde las aguas,
El cuerpo muerto y abogado,
harto del pene del otro,
en el otro y en el otro
de secreciones y de glándulas

en
Para un arte retinglado por la ciencia
—Pero la debilidad de una cabeza venerable
no tiene por qué (hábil, erigida en motivo)
editar una idea en caracteres.
O la cesárea idea de un descabezamiento.
César Emperador:
la mano en alza".

(vase)
íntimas,
Nací en un ataúd de plata Y desde mi nacimiento,
Desde mi generación,
Ahuyenté al lector
Estúpido no tan estúpido
Pero observando:
sin él la literatura acaba:
qué pavada.

En el ataúd de plata se abría una mirilla,
Bastaba para ello una brizna de pincel
O el pulsar leve de una sola pestaña:
Ahí estaba yo, gordo y amamantado, con los Carrillos blancos
Y pliegues en cascada cuya ocurrencia era recubrir
El ombligo: impúdico, por alguna razón
... en una generación...
"Criarlo sin chupete
Porque visto de frente o de perfil
Un bebé pegado a esa goma
Ya dibuja el futuro
Oratorio de un imbécil"
.. .en una generación...
Todo se percibía, escuchaba, balanceaba, sentía,
chupaba, ingería
En el ataúd de plata
Entre las mantillas molestas y la crema prenupcial
del excremento
...en una generación...
Con un hermano genial cuando a mí iban a gustarme
los perros como yo,
Inocuos en la noche que ladra, con una hermana
hermosa y tan querida (qué infamia),
Y con un padre: delirio extremo.
Pero actual la madre viene hacia mí
Preñada por los espigas del sarcasmo
Amoroso como no podría serlo más
Y apoyándose semejante a una stebánida
En su báculo de fresno.

Tal vez me equivoqué desde el vamos, pero nadie
es tan torpe.
En manos del médico me vuelvo golondrina, carne sutil y atenta

esta es una manera de decir
y también una manera de pensar
culpable y al mismo tiempo
irresponsable
absolutamente irresponsable

culpable y dos
irresponsable
tres
un veredicto
dictado, consumido y consumado
cuatro
lo que es yo
odia los juegos de palabras
y el aura concupiscente
unida a eso que se llama
significativo utensilio tipográfico
distribuciones varias
puntos ausentes
y la duda siempre
entre "joya" o "antibiótico"
cuando lo mejor
lo mejor en lo decisivo
estuviere tal vez
en la llana aspiración a un buen verso
expulsar ahora el aire
en un diálogo más amoroso
amante heraldo enviado
con el lector amable

pero el beso entre dos hombres
tiene más perlas que un rosario

expulsar ahora el bulto bello

cuidado

El destino olfatea.
El que está solo en una pieza sabe que por algo está
solo y está pieza.
Un amor del ser, fundamental, un amor de repugnancia
carismática.
Estados de memoria muy intensos durante los cuales
no se recuerda nada.
La gracia ocurre al jugar con la hipótesis inverificable.
Entiendo la piel del asno, sus oriundos pelos,
Pero tengo problemas de otro orden.
La forma de poema es una desgracia pasajera.


2En el templete circular de Hermes Chano...
había una vez un anciano venerable.
Un coetáneo que al mismo tiempo era contemporáneo
y quería que su hijo tuviera un cargo,
alto se sobreentiende en lo posible.
Lo tuvo en el manejo de cadáveres sin ser médico,
tampoco enterrador.
Gozan los símbolos a los pies del camello, en la arena,
pero no es tan fácil mutilar:
sobrevienen sin posibilidad.
La goma de mascar, en el cenicero, germina lo contrario
de su propio ser.
Por suerte un pseudónimo grisa las miradas.


Dama ridicula
Másmédula
Los viejos no saben qué hacer con sus vidas
aunque tengan el mar a dos pasos
el espigón de portland
o la escollera de piedra: alta
y no groseramente autoerótica,
pero precipitada hacia las olas antiguas.
Ahora, el que mira se despoja del velo gris.
Dossier escondido,
un tumulto en la avería.

Representa.
Este es el escándalo del lado de la comedia.
O el placer abominable, Hijo,
de estrujar la despedida con un rictus de llanto.
Lo que fracasó en el tálamo, el gato
y unas bragas de nodriza
mientras los cuerpos giles luchaban por el premio.

Ahora no hay desierto suficiente.
Falta el nunca del más allá
o sobran dos sudarios,
mortajas de cultos opuestos.

Ni siquiera.
Los cuerpos giles compartieron el pastel.

Y proseguir es tremendo.
Quedarían solamente
los indomables defectos de cualquier traducción.
En cambio, un clítoris magnífico se lanza a la aventura:
mejor así,
El pene exagera los anhelos.




Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





¿RAZONAMIENTOS MÚLTIPLES, PRUEBA DE LA REALIDAD, LETANÍA O CANCIÓN MASOQUISTA?




Pubis y esfínteres
Margarita ya sin pétalos, letanía,
Nada: ni
un solo pétalo por arrancar,
Margaritas felices
Y al mismo tiempo desgraciadas.

Pubis y esfínteres.
Vivir la coherencia
De algún estado,

Vivir en coherencia,
¡Con algún estado!

Un sólo cuerpo hay,
Uno solo y verdadero,

No millares, letanía.
Razonamientos múltiples.

Razonamientos de pubis,
Razonamientos de esfínteres.

Órganos de los ojos,
Órganos del goce.

Letanía o canción masoquista.
Margaritas: toda la sangre fluyó
Pasado el momento de la agreste podadura,

El látigo es un órgano del esfínter.

Pero ni siquiera bellos uniformes,

Aun siquiera para a algún naides conformar.
O para vestir las desnudas carolas.
Planicie de hielo planicie de esfínteres.
Otra vez la prueba de realidad
y otra vez la protesta:

Letanía, canción masoquista,
Ni naides es menos nadas ni
Nadas es menos naides.
Nada,
ni siquiera un par de charreteras
O un emborlado bastoncillo de desfile,

A cambio de nuestros pétalos,
A cambio de nada.

El vacío empieza a suceder
Y es lo único que sucede, él es el único,
Emperador Rey y soberano.

Letanía: nuestros cuerpos
Achatados retratos sobre la tierra...
Nuestros cuerpos
Achatados retratos sobre la tierra...

Letanía todo es letanía y letanía
Muerte y merda.
Monoeyaculación monódica.

Monóculos de bazar llenos de tedio y de soslayo, letanía:
Razonamientos múltiples
Razonamientos de pubis

Razonamientos de esfínteres,
Y viene el idiota de las preguntas:
¿Dónde está la herida?

En el halo,
En el ano,
En la connota.
En el aura siempre,
letanía, canción masoquista,
En el círculo: áulica herida.
El esfínter es (razonamiento de pubis razonamientos múltiples),
Por definición aquello que se "carcome" y "amorfa".
Letanía canción masoquista.
la piel nuestra, una miríada,
Rosetones de esfínteres.
La rosa excremental
en el cuerpo cardinal.
Tierra desplegada
, letanía sin puntos ni horizontes.
Mar de adioses y ya estamos de vuelta.

Letanía canción masoquista:
Razonamientos múltiples

Razonamientos de pubis
Razonamientos de esfínteres.






Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985)