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miércoles, 24 de agosto de 2011

SEGUNDO MOVIMIENTO (Allegro)


























Cuando apenas había bebido un tercio de nescafé y estaba a punto
de desear a mi mujer -blanca y muy dura bajo esa vieja falda-
fue que empezaron a gritar todos los habitantes de la ciudad
(eso lo deduje después de advertir que ninguno de mis
vecinos había dejado de hacerlo).
y al principio pensé en el gordo Manrique
y sus alegres hijos -cuyo baño sin techo llamado patio-
y no les hice más caso que a una mujer fea y seguí
conociendo
los oráculos y signos del nescafé y me deseo crecía
como el de hace cinco años
y cuando casi me había convertido
en un hombre importante -ya en el campo de la ciencia o del amor-
empezaron a gritar los Robles, los Otero, los Suárez, los Stern
(esas familias solían callar siempre como un monje sin lengua)
y tuve que dejar un dedo entre la taza y a mi dura mujer.
y corría hasta la calle
sin lugar a dudas toda la ciudad chillaba
bajo un fagot rojo y dorado que flotaba más grande
que la luna
más grande que el sol, más grande que todo este sistema de planetas
(aunque en verdad aparte de la luna no había ninguna referencia)
y pude ver a todos con la lengua fluída y los ojos
centuplicados
y a la hija del gordo Manrique -hecha de frutas redcondas y estiradas-
cantar como una jaula de doscientos leones.
y ella me dijo
"¿ve usted aquella guitarra de fuego" y yo le dije "es un
fagot de fuego".
"guitarra y cada cuerda del ancho de una torre me gritó empinándose
-y entonces pude ver que iba desnuda como los alacranes
o las yerbas-
y me dijo "es roja la guitarra", y yo le dije "rojo el fgagot",
"la guitarra", "el fagot", "la guitarra", el "fagot", "la guitarra"
"eso depende del cristal conque se mire" dijo un viejo profesor
y entonces
la muchacha me explicó que desde su cama era una
guitarra
y yo quise estar de acuerdo
y le dije
y me dijo
y tres veces la monté
mientras la roja guitarra mordía este planeta".




Antonio Cisneros




Antonio Cisneros. Poeta peruano. Nació en Lima en 1942, y murio en la misma ciudad, en 2012. Estudió en las universidades Católica y de san Marcos; se doctoró en letras en 1974. Ha sido profesor universitario y periodista en el país y en el extranjero. Dirigió varias revistas y suplementos, entre ellos, El caballo rojo, 30 días y El búho.Ha publicado diez libros de poesía: Destierro (1961), David (1962), Comentarios reales (1964), Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), Agua que no has de beber (1971), Como higuera en un campo de golf (1972), El libro de Dios y de los húngaros (1978), Crónica del Niño Jesús de Chilca (1981), Monólogo de la casta Susana (1986) y Las inmensas preguntas de celestes (1992). En 1978 fue becario de la Fundación Guggenheim de Nueva York. Ha dado clases de literatura en el Perú, en Inglaterra, Francia y Hungría. En 1978 y 1979 fue investigador en la Universidad de Berkeley. En 1965 ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú "José Santos Chocano". En 1968 ganó el concurso de poesía Casa de Las Américas de Cuba y en 1980 obtuvo la Primera Mención Internacional de Poesía "Rubén Darío" de Nicaragua. Volúmenes con su poesía han sido publicados en inglés, francés, alemán, holandés y húngaro. Además de los idiomas citados, sus poemas también han sido traducidos al griego, japonés, chino, ruso, italiano, portugués, sueco, danés, finlandés, rumano, turco y serbio.




miércoles, 14 de julio de 2010

Cuatro boleros maroqueros


1.-

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habrian primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieran
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.-

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.


3.-

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.


4.-

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.





Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)






viernes, 23 de abril de 2010

Y ANTES QUE EL OLVIDO NOS



Lo que quiero recordar es una calle. Calle que nombro por no

nombrar el tambo de Gabriel
y el pampón de los perros y el pozo seco de Clara Vallarino y la
higuera del diablo.
Y quiero recordarla antes que se hunda en todas las memorias
así como se hundió bajo la arena del gobierno de Odría en
el año 50.
Los viejos que jugaban dominó ya no eran ni recuerdo.
Nadie jugaba y nadie se apuraba en esa calle, ni aun los remolinos
del terral pesados como piedras.
Ya no había hacia dónde salir ni adonde entrar.
La neblina o el sol eran de arena.
Apenas los muchachos y los perros corríamos tras el camión azul
del abuelo de Celia.
El camión de agua dulce, con sus cilindros altos de Castrol.
Yo pisé entonces una botella rota. Los muchachos (tal vez) se
convirtieron en estatuas de sal.
Los perros (pobres perros) fueron muertos por el guardián de la
Urbanizadora.
Y la Urbanizadora tenía unos tractores amarillos y
puso los cordeles y nombró como calles las tierras
que nosotros no habíamos nombrado.
(También son solo olvido).
Lo que quiero recordar es una calle. No sé ni para qué.


(De: Crónica del Niño Jesús de Chilca)

Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)



UN PUERTO EN EL PACÍFICO

















Aquí es donde ella deja la habitación

con esa pintura de unos niños genoveses
perdidos en el bosque.
No hay fuego en el fogón
porque hace más calor que de costumbre.
Y aunque es de noche
la ventana que da al patio se halla abierta
casi de par en par
sobre un paisaje del siglo XIX.
Ese traje de seda verde
es el mismo del verano pasado
pero la enagua es nueva
o por lo menos está recién lavada.
Ella mira hacia el fondo del espejo
como quien busca un amante
oculto en la arboleda.
Se coloca el sombrero de paja
y apaga la lámpara de gas.
Aquí es donde cierra la puerta
con doble vuelta de llave
y baja las escaleras
como un gato siamés.
En la calle hay un resplandor
de bronce viejo.
Aquí es donde aparece un coche de alquiler
con dos caballos amarillos.
Pero también pueden aparecer
las barcazas que llevan los costales de carbón
hasta el atracadero de La Punta.
Las casas del malecón
tienen las luces encendidas
y un macizo de petunias en la entrada.
El coche de alquiler se detiene
con sus dos caballos amarillos
en la noche calurosa de verano.
Aunque no tan calurosa
como las noches del verano anterior.
Aquí ella se recuerda desnuda y triste
en la noche de Paita.
Aquí aparece Paita a medianoche.
Los caballos están cansados.
Abrevan a la sombra de esa tienda
donde venden tabaco
y tiene la cabeza de un león
pintada en la vidriera.
Una sombra desciende del coche.
Ella la sigue,
con su vestido verde y su enagua
recién lavada.
Aquí aparece otra vez
ese resplandor de bronce viejo.
Hay un barco amarrado en el muelle,
lleva un nombre en italiano
y una bandera azul.
Está algo inclinado a estribor,
de modo que la corriente lo bambolea
cada seis horas.
Aquí los amantes pueden subir al barco,
acomodarse en el camarote más fresco
y beber un gran vaso de ginebra
antes de apagar la linterna
y hacer el amor.
O pueden también
permanecer en el muelle contemplando
cómo esa niebla tan caliente
ocupa todo el espacio
y los envuelve
igual que la saliva al gusano de seda.
Aquí ella regresa a la habitación
donde está el cuadro de los niños perdidos
y se recuesta en un diván
pegado a la ventana.
Desde ahí puede ver
el gran barco italiano iluminado
por una luna roja.
Aquí aparece su rostro en la ventana
y el barco reclinándose a estribor.
Entonces cepilla sus cabellos
y recoge su falda arriba de los muslos
poco antes de morir.


(de Las inmensas preguntas celestes,
Visor, 1992)

Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)



IMAGEN
:   Fantasy cityview of Maassluis by Cornelis Springer.


   

sábado, 3 de enero de 2009

ANIVERSARIO DE BODAS



















Voy a lucir mi camisa azul marino

(casi negro) que compré

en un remate de Navidad y mis zapatos
de lona recién lavados.

Tu llevarás esa falda de cuero

que te traje de Chile,
una blusa de seda

y los labios pintados de rojo.
Tenemos que estar orgullosos
de nuestro matrimonio.
Como de los cubiertos

que guardamos en el armario verde

de la cocina.
3 cuchillos para comer pescado,
7 tenedores para carne,
5 cucharas soperas,
14 cucharitas de café

sin contar las de Iberia
y American Airlines. También podemos
(ya que estamos en verano)
considerar al sol
como una pertenencia. Su luz

contra los muros
del patio principal
y las hojas de vid.
Aunque sobre todo
debemos alabar las luces de tu pelo

amarrado hacia atrás y recogido
con una cinta azul.
Ahora el mar se bambolea
en una ventana de la sala.
También nos pertenece.


Esta noche ordenaremos

nuestra ropa de fiesta

con sumo cuidado y dignidad.
Esa falda de cuero
que yo traje de Chile
y la blusa de seda
y mi camisa azul.

Nos cubriremos apenas
con unas túnicas de algodón sin cardar
como los japoneses
en las noches más rojas del verano.



(de Las inmensas preguntas celestes,
Visor, 1992)

Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)





HOMENAJE A ARMANDO MANZANERO (ARTE POÉTICA 3)


Ya no sé si esta tarde vi llover es de armando manzanero
o es el canto primero de mi primera infancia
y de nada han servido las sílabas contadas y vueltas a
contar la guerra santa contra el lugar común de
nada el amor viejo por el viejo arnold schoenberg
no es cosa de explicarse como mann o la muerte en
venecia "así a la tarantella del café dejé dormir al
crítico que yo era"
sólo que ya no hay lenin ni martí que puedan
devolverme la casa de ayacucho (no esa casa) y los
ojos tranquilos
los libros son adobes de una torre que nunca edifiqué
tu peux lire en francais in english too a gran
velocidad en castellano
mas ya no hay corazón que aguante a robert lowell ni
hay más hígado libre
qué mal le fue a vallejo y sin embargo creía (y su buen
poco) en "las auroras rojas de los pueblos"
ahora a cada almuerzo me negocian con mi tribu y mis
animalitos como al canal de suez los votos de la
onu los cohetes de combate el puerto de hong
kong
esta tarde vi llover vi gente correr y no estabas tú y si a
usted no le importa un carajo / no escribo para usted
soy yo quien sembró el árbol tuvo el hijo escribió
el libro y todo lo vi arder cien años antes del tiempo
convenido.




Antonio Cisneros
(Perú, Lima, 1942; id. 2012)


EL VIAJE DE ALEJANDRA



Me veo (veo a mi padre Alfonso) sentado como un sapo sesentón al borde de la cama. El mar se bambolea y arrastra entre sus tumbos los ropajes brillantes de las vírgenes locas y un lomo de ballena congelado. Algún avión retumba, en medio de la noche, como un temblor de tierra. Yo no sé qué hora es. Sólo sé que mi hija menor partió en la madrugada. Iba serena, con su mochila al hombro, y aunque acaba de cumplir los 23, parece un coatí adolescente. Cúbrela con tu manto, Madre mía. Yo te la recomiendo. Es una joven bella y de buenas costumbres. No la pierdas de vista. Aunque los aires estén endemoniados, como este cielo fiero al borde de mi cama. Es fácil distinguirla. Tiene el pelo amarillo y no es muy alta. Por lo demás, camina con suma dignidad. Ahora ya no sé cuántos inviernos pasarán para que vuelva a casa. Apachúrrala, Madre milagrosa. Que sean sus jornadas amables y propicias. Que los carabineros y guardias de frontera le sean bondadosos.



Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)




domingo, 10 de agosto de 2008

TERCER MOVIMIENTO (affettuosso)

http://www.youtube.com/watch?v=Oj2NCNU8314






Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavia.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni
cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo
como un techo
y entonces la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es dificil hacer el amor pero se aprende.



En una muchacha católica toca la flauta
(Teleman, sonata en re menor, 1740)
Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942)





sábado, 9 de agosto de 2008

DOS SOBRE MI MATRIMONIO UNO














2

Yo construí un hogar sobre la piedra más alta de
Ayacucho, la más dura de todas,
guardado por el puma y el halcón y bajo techo / una
fogata redonda y amarilla.
Pero poco quedaba por ganar: apenas fue el final de
esa alegría guardada y desgastada entre los años
—hace siete veranos por ejemplo,
gloriosos y enredados junto a las grandes olas y lejos
de los ojos de tu tribu.
Pero cualquier chillido —un pelícano herido, una gaviota—
podrían devolverte el viejo miedo,
y entonces / volvías a cruzar los muros de tu tribu por
la puerta mayor
—el pelo y las orejas / eran toda la arena de la playa.
Y es el miedo que nunca te dejó, como la ropa interior
o los modales. Qué fue eso de casarse en una iglesia "barroco colonial
del XVII en Magdalena Vieja"
—pero la arquitectura no nos salva.
Verdad que así tuvimos un par de licuadoras, un loro
disecado, 4 urnas, artefactos para 18 oficios, 6
vasijas en cristal de Bohemia y 8 juegos de té
con escenas del amor pastoril (que los cambiaste
por una secadora de pelo y otras cosas que nadie
te había regalado).
Asi, muchacha bella, cruzaste el alto umbral (bajo el
puma de piedra, el halcón de piedra,
la fogata que da luz a los dos lados del valle de Huamanga
—banderas que a la larga también se hicieron mierda).
Ahora ni me acuerdo de las cosas que hablabas —si es
que hablabas,
de las cosas que fe hadan reír —si es que reías,
y no puedo siquiera ni elogiar tu cocina.
Fuiste un fuerte construido por el miedo (imagen medieval)
que no supe trepar o que no pude.
Ahora ni me acuerdo si es que fuiste un fuerte
construido por el miedo (imagen medieval),
ni si supe trepar ni si no pude.

Escribir este poema me concede derecho a la versión.




Antonio Cisneros (Perú, Lima, 1942; id. 2012)