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jueves, 30 de abril de 2020

SALMO I

























                                                      Hijo de la tierra me muestro
                                                        HOLDERLIN

                                              Perdido en la tormenta…
                                                      Enrique SANTOS DISCÉPOLO

Oh Dios,
despega tus oídos de la música celestial de Bach
y escucha la música de la tierra.
Escucha mi corazón en la noche,
dislocado como un pobre loco
salta por las angosturas del pecho.
Escucha su salto de ciervo herido,
su latido insomne que no cesa.
Días y noches atrapado en los senderos
de su propio bosque.
Bosque de malos días. Bosque de malas noches.
Indefensos estamos.
Y tu silencio nos cubre como una espesa manta,
por donde no se cuela
ninguna palabra, ningún consuelo a la aflicción.
Oh Dios despierta.
Despierta Dios de todos.
Hijo de la tierra me muestro.

(De Salmos del Desamparo
del libro "Azul de frío", 
Ediciones Ríos al mar, 2006)

 Marta Zamarripa

  

Marta Zamarripa. Poeta argentina, nacida en Gualeguay, en la primavera del siglo XX, aunque habitante de toda la provincia de E. Ríos: De Victoria, donde recibió su educación básica; de Paraná, donde se graduó como Profesora de Lengua y Literatura; de Concordia, donde vivió en las décadas del 60’ ,70’ y parte del 80’. En nuestra ciudad fue Rectora del Colegio Nacional. Profesora en distintos establecimientos escolares del país, de enseñanza media y superior. Dirigió los "Cuadernos literarios" del Diario Concordia, en la década de los 80', donde publicó los primeros poemas de destacados escritores de la ciudad de Concordia, como Juan Meneguín y Alejandro Bekes. Otras actividades: Ha sido Directora de la Editorial de Entre Ríos, con sede en Paraná, en su época de esplendor, donde publicó a poetas fundacionales de la poesía entrerriana, como Alfonso Solá Gonzalez, Juan L. Ortiz, Gaspar Benavento, Ana Teresa Fabani y Alfredo Veiravé, entre otros autores y géneros, en la década del 90’. Ensayista y conferencista en numerosos encuentros de escritores y congresos literarios del país y del extranjero. Fundadora de la Editorial Río de los Pájaros, de Concordia, donde publicaron varios poetas y narradores del litoral. Actualmente dirige la Editorial Ríos al Mar, en la que se destaca la Colección de poesía Dafne florecida, que privilegia la publicación de obras escritas por mujeres. Creadora de la cátedra de Derechos Humanos en el Nivel Superior de la Enseñanza, en Entre Ríos. Su obra ha recibido numerosas distinciones, entre las que se destacan la Faja de Honor de la Sade de Bs.As., con su libro “Sólo de garzas y otras levitaciones” y el Primer premio del Ateneo Popular de la Boca, en Bs.As., por “Tapial con luna”. Libros publicados: “Tapial con luna”, Ed. Francisco Colombo, Bs.As., 1976; Ayer y Todavía, Ed. Río de los Pájaros, Concordia, 1982; “Sólo de mate para días de poca yerba”, Ed. Río de los Pájaros, 1993; “Sólo de garza y otras levitaciones”, 1998; “Azul de frío”, Ediciones Ríos al Mar, Colección de poesía Dafne Florecida, 2006, recopilación de toda su obra, incluye su último libro, los “Salmos del desamparo”. Ha participado en la Enciclopedia de Entre Ríos, Tomo V, entre otras antologías de poesía argentina.


IMAGEN: La autora en la presentación de su obra reunida: “Azul de frío”, en la Biblioteca Serebrinsky, Concordia, 2006 (Foto de archivo).

En la página de Autores de Concordia, pueden leer una biocrítica escrita por un servidor; y más poemas de la autora.



martes, 28 de abril de 2020

CARTA QUE VIAJA HACIA UN ATRIL




















Ahora que Cortázar se ha salido del cuadro
y andan aquí sus piernas tropezando mis libros
viaja esta carta por el mapa del mundo
hasta encontrar los ojos de tus ojos atriles.
                 Te cuento:
es la noche más fría de nuestro sur agosto
en el país más bello y más terrible,
donde aún nos acosa la maravilla
de pelearle a la vida hasta el último golpe,
hasta caer noqueados en un libro querido
o estaqueados a un compact
cuando la Sonata de Liszt  
nos recuerda que tus manos
derrotaron la crueldad y el oprobio.

Sabemos bien,
             sabemos para siempre
que el agua y la tierra
escribieron la gran partitura
para la música del mundo
cuando recuperaste la túnica de la libertad.

Sabemos bien,
            sabemos para siempre
            que la magia es una costumbre de tus dedos.
Una brujería sagrada.
Un sortilegio inconjurable.
Una convocatoria a los ángeles vencedores.
Una sabiduría.
Una fatalidad.
Un destino.
Un amor.
Un gloriam.

Cuando regresas a tu tierra,
           la nuestra,
y Bach corre limpito
y Scarlatti sucede
y una lágrima de Chopin nos habita,
la Esperanza levita sobre la Isla Puente
y muchísimos gurises
sonríen con zapatitos de colores
aquí en el Sur de América
donde el árbol dorado de la utopía
florece en la casa de tus manos.
Porque con la ceniza de tu muerte anunciada
encendiste la llama
la violenta agonía de vivir y vivir
en el sueño despierto
que nunca tendrá fin.
                                             A Miguel Ángel Estrella


(del Libro: "Sólo de garzas y otras levitaciones",
Ediciones Ríos al mar, 1998)

Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)




IMAGEN:  Fotografía del pianista argentino Miguel Angel Estrella (sin créditos),tomada de una entrevista realizada por el Diario “La Voz de San Justo”.






domingo, 26 de abril de 2020

NIÑA SIN NADA














Criatura dulcísima de ayer,
habitada de pájaros.
Niña sin nada,
asomada a una rosa.
Te miro desde mí.
Te me pareces.
Con vestido de seda
y un asombro encendido que dura todavía.
La luz desbaratada de la tarde
me trae siempre a vos.
Me reconozco aún en la ternura
de tu boca que calla
lo que dicen tus ojos.
Dulce estás.
Sólo miras.
Créceme el corazón
detenido en tu asombro.
                                                A Olivia Baroli, mamá



(del Libro: "Sólo de garzas y otras levitaciones",
Ediciones Ríos al mar, 1998)

Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)



IMAGEN: Retrato, pintura de Emil Nolde.



viernes, 24 de abril de 2020

CARTAS










Una carta
escrita
con la pestaña del verano.
Una carta que se parece
al viaje que no hicimos.
Una carta furtiva.
Una carta
brevísimo relámpago.
Una carta
de espuma.
Una carta
pegada con neblina.
Una carta.
             También
             un estampido.

                                          A Carlos Asiain.



(del Libro: "Sólo de garzas y otras levitaciones",
Ediciones Ríos al mar, 1998)

Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)



IMAGEN: Foto de archivo.


viernes, 22 de marzo de 2013

PÁJAROS SOBRE EL SOMBRERO DE VINCENT VAN GOGH



Ah, no me olvido,
no olvidaré jamás.

Pero miro estos campos
este fulgor sobre los trigos
este terrón de sorgo
esta sonrisa de agua que oculta el mar.
                                  Aquí en la patria,
                                  digo, esta provincia,
                                  la eternidad
                                  se mueve como el mundo.

Yo lo he visto a Van Gogh
sembrando en estos surcos.
He visto su sombrero campesino
entre los girasoles de Victoria
y su oreja ardida en el atardecer
convocando el vuelo de los pájaros.
Aquí lo he visto.
                      Lo veo todavía.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquella tarde de Berlín
cuando me suicidé en el canto de un mirlo
sin saber que los caballos azules de Frank Marc
estaban para salvarme 
de un naufragio en tus ojos lejanos
ya perdidos para siempre.

Ah, no me olvido, 
                         no olvidaré jamás
aquel estanque,
intimidad azul de la belleza
agua dormida de Monet
donde me ahogué de inocencia y delirio.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquel portal, aquella aldaba,
aquel cielo de siglos de Toledo
precipitado por el Greco.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás.
Pero Van Gogh
                         no estaba en los museos.

Yo lo he visto flotar 
sobre los Girasoles de Victoria.
Liviano más que el aire.
Reconciliado con la dicha.
Definitivo de fulgores.

Lo he visto entre los sorgos.
Lo he visto entre los trigales.
Y el viento levitaba su sombrero
y cardenales amarillos de las islas
cantaban sobre su cabeza
y miles de pájaros
picoteaban los granos de oro de su corazón.



Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)



IMAGEN: Girasoles de Victoria, Entre Ríos (Foto de archivo)

jueves, 21 de marzo de 2013

REINO DE ARENA



Pregunto por el ala del verano

por levísimas garzas
que no están
por el solo de flauta de la tarde.

                Llueve un aguaribay
                sobre la pena 
                del lento exilio
                en las fragantes islas
                que perdieron el rumbo
                hace ya lejos.

Dónde el ausente, insomne,
el olvidado,
huella breve del pie
en el reino invisible de la arena…

Dónde, dónde las garzas
su vuelo tul neblina
bordado en el basalto.
Dónde, dónde los sauces
los biguaes
el martín pescador a ras de espuma
dónde la orilla de luz
dónde rostros que amé
los perros, dónde…

Infatigable
bordo mapa de agua…

Una mujer se fuga
en navío de escarcha.
Apenas voz.
Apenas nada.



A Rafael Torres, I.M




Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)








lunes, 18 de agosto de 2008

JAZMÍN DIAMELA


















Los veranos encienden su pepita de oro
la escama azul
la impronta de una iguana.
Una urdimbre de hojas y de tallos
se derrama sobre la piel de las heridas.

Y enero así,
tan quieto,
tan instante sobre instante.

Hablo del exilio más cruel.

Nadie convoca a la historia. Ni siquiera
a la pequeña aventura
de inventar el amor
cuando las cigarras
enloquecen la arboleda.
Nadie me llama
para cruzar el río en hojas de irupé.
Sólo los insectos, escarabajos multicolores,
transparencias aladas, aguijones, incesante rumor,
intercambian sus códigos ancestrales
en la siesta toda luz, toda uva,
y piquitos de pájaros.

Hablo del exilio más cruel.

Y el corazón resiste sin embargo.

Al atardecer
la diamela derrama su fragancia,
secreta como una mujer.
Llama a silencio.
Enciende su luz blanca.
Sólo aspiran su perfume los elegidos.
Los que en un patio de provincia
pobres de solemnidad
mendigos del amor
avaros solamente de los recuerdos,
rescatan la intimidad de un pañuelo,
de una pequeña lágrima escondida
para ese violonchelo que trabaja
las regiones del alma y más allá.

Hablo del exilio más cruel.

Y el corazón resiste sin embargo.

Hasta que la noche llega
con su cola de cometa
y despliega el gran salmo de los astros.

Ahora el indefenso ciervo
que salta en el pecho
se refugia en la tregua.
Obstinado en seguir y seguir.
Hasta que hagamos pie
en la tierra de todos.
Jardines del amor.
Patria del hombre.




Marta Zamarripa (Gualeguay, Argentina, 1933)