Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Padeletti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Padeletti. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de diciembre de 2025

PADELETTI POR ZABALJÁUREGUI



DEMETRIUS ON STYLE”

Hugo Padeletti


Es la seda o la vida. La crisálida

muerta, la abolida

mariposa

son residuo. El poema

es otra cosa. Es,

de pronto,

su propia mariposa.

 

Lo primero es la hebra. Lo que sigue

-acogido o cambiado,

reducido, realzado, dividido,

en eco o en contraste-

depende. Largamente

se rehace. Si vive,

sobrevive.

 

Suele ser caprichosa

la punta, una ocurrencia

casual:

el vuelo de una mosca, los humores

del mar, un pensamiento

de Marco Aurelio. Acaso,

jubiloso, un monumento

de retamas en flor -la inteligencia

de su ahora amarillo.

Y basta. Lo segundo

es saber detenerse. La homilía,

el despliegue previsto, lo rotundo

simétrico

es coturno. El que escucha

se adelanta. Los puentes

discontinuos,

al reves,

valorizan el salto.

 

      Diría, pese a Horacio,

a tal cuerpo otros miembros:

delfines en los bosques, jabalíes

en el mar e imprevistos

de púrpura. El poema

respira por sorpresa. Cada pausa

lo deja renacer,

le incorpora silencio -ciertas islas

son el agua.

                   Demetrio

definía el estilo

que me gusta como árido. Estilo

de semillas, diría,

fertilizante:

               ‘MULTA

PAUCIS’.

Las órdenes son cortas, los lamentos

son largos, las semillas

son árboles.

 

Volvamos

a las orlas de púrpura, a las astas

de ante, al engastado

de granates. ¿Son gratuitos?

El lugar del poema

es la atención, el foco. Donde nace,

allí renace. Halos

de oro, campos

de gules, lemas

morales -el botín

de la urraca-

son anzuelos.

 

             Son redes, estas rutas

cifradas

cuyo anverso es tapiz.

                                Del país

de la seda sinuosas caravanas

trajeron esta muestra

 

donde duermen dragones.


Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)

Pueden leer más poemas de Padeletti en entradas anteriores.

 

 

Sobre “DEMETRIUS ON STYLE”

por Horacio Zabaljáuregui


Horacio Zabaljáuregui nació en América, Provincia de Buenos Aires en 1955. Estudió Letras en la UBA. Formó parte de la revista y editorial Último Reino. Pu­blicó los libros Fragmentos órficos (1981), Fondo blanco (1989), la última estación del mundo (2001), Querella (2006) y América (2014). Enseña en la Universidad Nacional de las Artes y fue editor en el Fondo de Cultura Económica de Argentina.

 

(De la revista N°43,
Hablar de Poesía,
Bs.As., 2021)

 

 

 

“Demetrius on style” es un poema de Hugo Padeletti (1928- 2018) publicado en 1974, en el que el poeta vuelve sobre su oficio, despliega paciente y lúcido sus procedimientos e inscribe su poética en una genealogía. Labra así, en su escudo, la cifra de un estilo, los emblemas de su arte.

En principio, este es uno de los poemas en los que Padeletti no incorpora formalmente el título en el cuerpo del texto. Sobre el estilo -el tratado de retórica y crítica literaria escrito por De­metrio de Falero en la Grecia helenística entre el siglo III a. C. y el I de esta era- es citado en inglés, lengua en la que segura­mente lo leyó el poeta y que, en todo caso, es una manera de inscribirse y reconocerse en una tradición, la de los clásicos, pero también en la tradición de la lengua inglesa. En el poema, el retórico griego se vuelve Demetrius y, junto con el latino Horacio, constituyen las referencias a la preceptiva clásica que aparecen allí. En ambos casos a contrapelo, contraviniendo la prescripción del autor de las Epístolas quien, en su poética, la famosa Epístola a los Pisones, recomienda tanto al pintor como al poeta que la obra no debe estar compuesta por partes que no tengan una coherencia, pues está necesariamente sometida a la ley de la unidad temática y de la armonía de sus partes: “Me afano en ser breve, me hago oscuro; nervio y aliento faltan al que persigue la ligereza; otro, buscando lo sublime, cae en la ampulosidad; se arrastra en la tierra el prudente en exceso y el temeroso de la tempestad; el que desea trocar un tema sencillo con prodigios, pinta un delfín en los bosques, un jabalí en las olas. El evitar un fallo lleva, si se carece de arte, a un vicio.’’

Padeletti escribe:

“...Diría, pese a Horacio,

a tal cuerpo otros miembros:

delfines en los bosques, jabalíes

en el mar e imprevistos

de púrpura. El poema

respira por sorpresa. Cada pausa

lo deja renacer,

le incorpora silencio -ciertas islas

son el agua...”

 

Padeletti revela su recurso: en principio, reconoce su arte para evitar el vicio o lograr virtud de lo contingente, de lo im­previsto, “esa hebra o punta caprichosa” de todo comienzo de escritura a la que refería un poco antes.

En lo que respecta a Demetrio, este examina cuatro clases de estilo: el llano o sencillo, el elevado, el elegante y el fuerte o vi­goroso, y los cuatros vicios que son la contraparte de estos. Para el estilo sencillo, su defecto es el “estilo árido”, cuyo vicio está en la composición típica de la estructura aforística que acumula proposiciones, vocabulario trivial y un pensamiento afectado. Padeletti por su parte escribe:

 

“...Demetrio

definía el estilo

que me gusta como árido. Estilo

de semillas, diría,

fertilizante:

              “MULTA

PAUCIS...”

 

He aquí un segundo elemento de la poética de Padeletti, una divisa en el escudo de su estética: ese “lo mucho en lo poco”; el valor del epigrama, como disparador del poema, el poder ger­minal de la frase, las resonancias de un refrán o una palabra.

El poeta evoca el resto, el residuo que ha transmutado en poema: “El poema / es otra cosa. Es, / de pronto, / su propia mariposa.” Se abandona la crisálida, pero también la mariposa que suscitó el poema, y la metamorfosis se lleva a cabo en el lenguaje: “Es la seda o la vida...”

El comienzo es la ocurrencia, el surgimiento caprichoso de la hebra que será tapiz. Una contingencia llama la atención. Ad­viene a la atención, que es para el poeta “el lugar del poema”. En esa extática contemplación, el vuelo de una mosca, un pensa­miento de Marco Aurelio, o la retama, monumento del ahora, del presente, se despliega o se repliega, “en eco o en contraste / depende. Largamente / se rehace. Si vive, / sobrevive”.

En ese foco, en la contemplación puntual, inspirada, se com­pone la heráldica del oficio, se despliega el escudo con sus orna­tos, sus lemas morales, sus motivos de contrastes engarzados. Una poética debe -y aquí se hace con suprema maestría- plas­marse en un escudo: “Halos / de oro, campos / de gules, lemas / morales.”

Daniel García Helder en el número 14 de Diario de Poesía, en la reseña del libro Poemas 1960/1980, esbozó un escudo del linaje del poeta e imaginó sobre un campo de gules, una mosca de plata y debajo un dragón dorado sobre un campo de azur. La mosca simbolizaría el presente tautológico y omnipresente y el dragón la figura mitológica que en la tradición anuda el Ying y el Yang, la tierra y el cielo, lo masculino y lo femenino.

En su Demetrius, Padeletti no se remite a la simbología pro­fusa del rojo sangre (gules) o del dorado en la heráldica (en esta disciplina los colores presentan correspondencias simbólicas con un metal, un signo del zodiaco, un elemento, un ave, una flor, virtudes teologales y mundanas, etc.), sino que compone estéti­camente un estandarte. Es un poeta y también un artista plásti­co y elige los colores que prefiere.

Juega a cifrar, a ocultar (“emblema” es según su etimología griega “lo que está puesto dentro” o “encerrado”) a pesar de que no aluda más que a la pura forma. Del mismo modo que se adivina una leve ironía en poner como título del poema “Deme­trius on style”. Una puerta falsa. Acude a un retórico menor del período helenístico para fundar su clave poética sobre aquello que el griego descalifica: la aridez de un estilo.

Así, con la astucia de la urraca, se oculta esa palabra que trae la otra, “el motivo es el anzuelo”, diría parafraseando a Girri. De ese modo teje el poeta, ocultando el punto y levando redes que recogen aquello que se vuelve el anverso del tapiz. Allí, en un relieve del bordado, se entrevé el sueño del dragón, la figura demiúrgica que hace de la contingencia acontecimiento, palabra primordial que une cielo y tierra, potencia prodigiosa que de las semillas hace árboles.


 IMÁGENES: Fotografías de Hugo Padeletti (arriba) y de Horacio Zabaljáuregui (debajo).



miércoles, 26 de junio de 2019

BAJO EL OLIVO VIEJO


























NO ES POR COSTUMBRE INVETERADA


que apaciento el vivir,
por goces ni glorias de paso;
es por celo y decantación para la muerte.

La oveja tiene el lobo,
la abeja el variopinto abejaruco;
el hombre tiene el día
que sucede a otro día, la noche
que sucede a otra noche.

En los altos abetos de solemne
verdor, cuajados de rocío,
se restaña la sangre
de otra herida, tras otra lápida.

Sorteando la impiedad de la codicia,
la esperanza —capullo
de otra seda—
envaina la sutil metamorfosis

de otra vida.



CANCIÓN DE VIEJO

4
No he tallado la piedra
de mi corazón,
                       esta quiebra,

para el vestuario sacro
de una abjuración con sombrero.
Soy el esqueleto en harapos,

la letra que jadea,
tanguera, el
organito callejero.
Se esfumaron los hechos, los cohechos,
las dichas, los orgasmos
y agonías.

Se fueron los poemas
registrados,
los éxtasis callados,

la imparable porfía.
                                  Me voy,
estoy vaciado

como urna volcada
donde hubo todo
y nada.

Me voy,
                que nadie llore,
que en la arena del circo me evapore.



 Hugo Padeletti




Hugo Padeletti. Poeta y pintor argentino. Nació en Alcorta, Santa Fe, en 1928 y murió en Buenos Aires, en 2018. Realizó sus estudios secundarios y universitarios en Rosario, donde se radica desde su adolescencia. En esta ciudad, mantiene contacto con los maestros del Grupo Litoral Herrero Miranda, Leónidas Gambartes y Juan Grela. Con este último, estudia dibujo, pintura y grabado, virando su lenguaje hacia el planismo y la síntesis. Paralelamente, cursa la carrera de Filosofía en la Universidad Nacional del Litoral, y se especializa en Estética en la de Córdoba. En 1944 comienza a escribir su obra poética, que publica desde 1959. Desde este momento, la creación poética y la plástica se alternan en su vida constantemente. Diez años después, realiza su primera muestra de pintura, en donde ya se puede ver su temprano interés por la pintura china y japonesa ligada al taoísmo y al budismo zen. En 1961 conoce a Fernando Espino, otro de los artistas cuya mirada resulta decisiva para su producción. En el mismo año es designado Director del Museo de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez (Santa Fe). Cargo que ejerce hasta 1965, cuando se traslada de Santa Fe a Rosario para dedicarse a la docencia en artes plásticas, primero en la Escuela Provincial de Artes Visuales y después, en la de Bellas Artes de la Universidad de Rosario. Becado, por concurso, por la Dirección de Cultura de la Provincia de Santa Fe, en 1966, realiza un viaje de estudios para ver obras de arte en general y, específicamente, para estudiar la obra de Paul Klee en Berna. En los museos europeos, indaga en la pintura taoísta y zen, y llega hasta la India, donde, además de recorrer museos y galerías, visita los ashram de los yoguis en los Himalayas. Desde su regreso, expone con frecuencia en Rosario desarrollando una estética plástica basada en collages, dibujos y pinturas, a los que a posteriori llama “poemas plásticos”. Para el artista, estos no son ilustraciones de sus poemas verbales sino formalizaciones, en otro lenguaje, de experiencias en parte afines y en parte complementarias de las que se expresan en poemas verbales. En 1983, se traslada a Buenos Aires. Luego de una serie de muestras, y de su actividad paralela en el campo de la poesía, Padeletti acentúa las resonancias budistas en su obra plástica, en tanto empieza a poner mayor énfasis en el juego con el espacio. Las pinturas orientales tienen una importancia fundamental en las búsquedas tanto estéticas como metafísicas del autor, quien ha intentado trasponerlas a un lenguaje contemporáneo. En los últimos años abandona las muestras unitarias, tanto temática como formalmente y vira hacia el pequeño formato, las pinturas al agua y la transformación en arte de pequeños ‘accidentes’ formales que aspiran a la condición de poesía lírica. Hugo Padeletti recibió, en 1989, el premio Boris Vian de Literatura, el año que publicó Parlamentos del viento. Además Ha publicado: Poemas (Cármina, 1959), Doce Poemas (El lagrimal trifurca, 1979), Poemas 1960-1980 (Universidad Nacional del Litoral, 1989), libro por el que recibe el premio Boris Vian de ese mismo año, Parlamentos del Viento (Rinzai, 1990), Apuntamientos en el Ashram (Bajo la luna nueva, 1991), La Atención (Universidad Nacional del Litoral y Fundación Antorchas, 1999), Osaturas 1969-2008 (2014);  El andariego -poemas 1944-1980 (2007); y  Canción de viejo (Interzona, 2003). Por este último, recibió el premio de poesía del Fondo Nacional de las Artes. 
En 2018, Adriana Hidalgo publicó los "Poemas completos", de donde fueron extraídos los poemas que se publican. También ha publicado artículos de reflexión, ensayos y prólogos de catálogos en Buenos Aires, Santa Fe, México y Dublín y numerosas exposiciones como artista plástico, en distintas Galerías de Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y Montevideo.



IMAGEN: Uno de los "poemas plásticos" de H.P.




lunes, 24 de junio de 2019

RECORRERÉ IMPREVISTOS LABERINTOS




















RECORRERÉ IMPREVISTOS LABERINTOS

sin saber de la piedra
que me encierra.
Así crecí, tramado
por la hiedra.

                      En la noche obturada
sólo un pájaro canta.

¿Hacia dónde lo imanta
su ceguera? Hacia el corte
de un filo repentino

que atraviesa la piedra, los caminos,
las siembras y las sombras
de la noche.

Noche densa, pesante, continente ¡
de cruento pico, acento,
fervor, sudor, forzado escalamiento,

traspié,
                caída,
                           salto,

                                   alumbramiento.



HAY UN HILO QUE PASA POR LAS HOJAS

caídas, los papeles
guardados,
las fotos, los plegados
itinerarios.

Todo encaja: noticias
de viejos diarios,
herbarios y trofeos
del verano.

                       Hay un hilo
que enhebra el resplandor,
la nostalgia, lo ajeno, el escozor,
el vacío en las manos.

(De la edición de AH: Poemas completos,
2018)


Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)



IMAGEN:  Vuelo al sur, pintura de Pérez Celis.




sábado, 22 de junio de 2019

CUALQUIER MOMENTO ATENTAMENTE





CUALQUIER MOMENTO ATENTAMENTE

consentido
es ahora: el ahora

del baobab, el ahora
de la polilla;

el ahora perpetuo,
inadvertido,

de toda Vida.
Amortiguado, seco, mortecino,

despavorido, ardido, desistido.
Caído con estilo

(sin huida), eternamente
colmado.



EKAGRATA*


El que mira la vela
no respira: el aliento
pasa por él, abierto
y distendido.
                     No recela
del tiempo entero, uno, no partido
en pasado y futuro.
                     Diligente
presta atención:
                          el mundo discrepante
está puro y unido,
                             renacido,
en este instante.


*Ekagrata: En la India, fijación de la vista para la concentración de la mente en un punto, imagen u objeto.



EL OJO FACETADO

de la abeja conoce la incidencia
de la luz’. Otro tanto
el ojo de la mente. Es decir,

si está despierto. Los sistemas
del entresueño
—oscurantistas— son

cerrados. Por ejemplo,
la aplastante evidencia
de lo aparente. Es lo que el ojo

de la mente
atraviesa despierto:
todo es mente. No

la idea de la piedra
sino la piedra —extensa,
pesada,

temporal, conductora de calor,
preciosa o tosca, táctil,
asentada o rodante. Su patente

ser así
es sólo el programado correlato
de conocer así, prensivamente, en

dependencia
del aparato. Pero ¿soy
el aparato?

¿O sólo el autoengaño inveterado
del ojo facetado
de la abeja?



YA NO VOY A OCUPARME

de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.

Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.

Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.

Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.


(De la edición de AH: Poemas completos,
2018)

Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)



IMAGEN: Boabab, árbol africano de 2000 años de longevidad.




jueves, 20 de junio de 2019

LA ATENCIÓN














A Juan José Saer


‘ATENCIÓN’

es una palabra modesta.
                              No relumbra
como ‘esplendor’, no implica
trascendencia, no divide
como ‘dialéctica’.

                               Contiene,
eso sí, simultáneo
e impostergable,
el ojo del semáforo.

Lo que tiene la araña, que no enreda
su hebra, lo que tiene
el martín pescador, indefectible
sobre su presa, lo que tiene
el brote en la semilla
lo tiene,
              y la delicia
sin residuo
de estar presente.
                              ‘Aunque me río
y aunque me huelgo
no me olvido lo que tengo al fuego’.

Tiene la evidencia
del sol cuando revela
el brillo de la espuma,
la sombra del enebro,
                                    el epitafio
del hombre elucubrado
por el hombre.
                                  A su modo,
la atención hace sitio:
                                    en una espina
de pino, las estampas
de Epinal y el encuentro
de Kurukshetra.
                              Vengan
a ver. ‘Aunque soy tosca,
bien veo la mosca’.
                                  Ahora, es esta cita
de Bradley:
‘Es así
que la no-completud,
la no-estabilidad y la no satisfecha
idealidad son el destino
de lo finito’.

                                 Al mismo tiempo,
también es la partida, el estupor,
de los ginkgo biloba.
Desconcierta, a las puertas
de la muerte,
su alerta de estandartes
amarillos.
                     De pronto, la atención
se convierte en el ojo del ratón
asustado,
en el ojo del gato,
en el ojo del hombre que comprende
la situación:
                       es instantánea.
                                                 La atención
Para el golpe.

                     En sí misma
descubre la palanca, halla el punto
de apoyo
y pasa al otro lado
que es éste.
                         ‘El que sigue
la caza,
ése la  mata’.

Se diría que el vasto desalojo
del Taj Mahal 
                        —su pétrea
desmateria—
es la huella que deja.
'Donde hay abejas
hay la miel de ellas’.
                                El Majjhima
-Nilcaya, el Viveka
-Chudamani, el Prajna *
-Paramita, el Shobogenzo
los sudó.
                  Son diamantes
de su diadema.
                     Reina, como es,   
no exige que la sirvan:
                              está quieta
bajo el árbol perfecto
y está completa.

(De la edición de AH: Poemas completos,
2018)


Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)



IMAGEN:  Sutra del Corazon o Maha Prajna Paramita Sutra.