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domingo, 14 de noviembre de 2021

EL RUMOR DE LO REAL





















LA ESCRITURA, UN TANTEO EN LA OSCURIDAD
 
     La escritura no proviene de la reflexión, no proviene del conoci­miento, sin embargo, el conocimiento y la reflexión colaboran en la escritura: en la revisión de lo escrito uno trabaja con elementos intelectuales, con la formación que uno tiene, con las lecturas que uno ha hecho.
     La escritura nace de una confluencia de factores que tienen que ver con la emotividad, con la inteligencia, con las relaciones humanas, con eso que suele verse con una actitud despectiva: la inspiración, que no es sino un estado psicológico que permite una apertura, una capacidad de coordinar diversos elementos que res­ponden a una incitación intelectual. Hay una especie de madura­ción interna que indica que uno está en condiciones de escribir.
     Cuando uno escribe no sabe muy bien hacia dónde va. La escritura es un tanteo en la oscuridad. Surge de una presión inter­na que uno sigue y lo lleva a un lugar que ignoraba.
     Recuperar lo que está en la interioridad, en la memoria, en la vida del poeta, eso es lo que se intenta a través de la poesía, y para hacerlo no hay una ruta precisa.
     El poema aparece -a veces— convocado por una palabra; en ocasiones una palabra llama a las otras y esas palabras que abren los poemas son palabras madre.
     Paul Valéry dice que la primera palabra de un poema proviene de Dios. Como yo no soy muy creyente que digamos, pienso que esa primera palabra viene del mundo inconsciente del poeta, que es el resultado de la vida, de las características, del tipo de inteligencia que el poeta tiene; esa primera palabra no es buscada, llega y luego hay que seguir haciendo el poema. Por­que un poema es algo complejo: necesita una elaboración, una estructura, una forma que no está hecha y no se puede comprar en el supermercado; no hay tal posibilidad.
     La verdadera poesía inventa su forma, no sólo inventa la to­nalidad de lo que va a expresar, sino la forma, que es más que la tonalidad, que son los cortes, las aliteraciones, los sonidos que están presentes y que de alguna manera el poeta, en el momento de escribir, tiene que articular, conectar, desarrollar. En poesía, la forma no es un camino secundario, accesorio; la forma es fundamental.
     La forma que adquieren los poemas está dada por la respira­ción de quien escribe, esto es lo que da una personalidad, una repe­tición tonal, una repetición de acentos que son propios de quien es­cribe —aunque al momento de escribir no se dé cuenta que los tiene.
     Uno lee un poema de Juan L. Ortiz o de Borges y sabe quién es el autor, no hace falta que lea la firma, hay otros elementos que revelan quién es, y en ellos reside la personalidad de un poe­ta, de un escritor. En la prosa sucede lo mismo: uno lee la prosa de Borges y no se confunde fácilmente, porque hay tonalidades, ritmos, movimientos con el lenguaje que denotan que eso provie­ne de una fuente determinada.
     Yo tengo mala memoria intelectual, no me acuerdo de mu­chas cosas leídas o pensadas, muchas cosas que he leído dos o tres veces se me olvidan rápidamente, sin embargo, hay otras que he leído una sola vez y se me han quedado grabadas para siem­pre. Estos días me acordaba de algunos versos de Ungaretti, un poeta al que quiero mucho y que, por ejemplo, dice: D altri diluvi una colomba ascolto ("De otros diluvios escucho una paloma"). Ungaretti era un poeta católico y para él la palabra "paloma” tiene aquí un significado simbólico, se refiere al Espíritu Santo.
     El silencio es una parte muy importante de la poesía, es an­terior a ella y le da espesor a la palabra. En el poema lo que se intenta es cargar de peso a las palabras, no como sucede en la prosa periodística en donde uno va llenando renglones; en la poesía, a veces una sola palabra es suficiente, porque llega imbuida de toda la existencia, registra una gran cantidad de ele­mentos, de significados.
     En la frase el calor dilata los cuerpos', cada palabra dice lo que dice, ni más ni menos, y el sentido de la expresión es claro. Pero si uno lee en un poema "lago, luna, alba, noche”, pareciera que no es algo comprensible, sin embargo a través de los sonidos se sugieren cosas, se percibe una trama.
     Hay un poema de Verlaine que dice: Les sanglots longs / des violons / De I automne / blessent mon coeur / D une langueur/ monotone ( Los sollozos largos, lentos, de los violines en las tar­des otoñales van resonando en mi alma con monótona calma”), la traducción hace perder prácticamente toda la riqueza que tie­nen estos versos en francés. En este poema, Verlaine se propuso trabajar con sonidos, quería recoger la importancia de los soni­dos, hacerla evidente, y lo hizo.
     El poema captura todas las posibilidades de la palabra. Un poema logrado es un poema que usa la palabra en todas sus posi­bilidades, la carga de significados, de densidad, de sugerencias, de reminiscencias; esto no es un defecto sino una virtud de la poesía.
     Mi relación con la lectura proviene del placer que me pro­voca,- la lectura me brinda la posibilidad de sumergirme en una experiencia distinta a la mía, y en ese sentido me enriquece.
    La mejor manera de apropiarse del pensamiento de un poe­ta es traducirlo, es detenerse en cómo ejerció su oficio, en conocer la mecánica interna de sus poemas.
     Nunca he traducido por encargo, siempre he trabajado con los poetas, con los escritores que a mí me interesan. Pavese me interesó vivamente cuando lo descubrí y sentí muchas ganas de traducir sobre todo El oficio del poeta, un libro en el que plantea los problemas específicos de la poesía.
     Algunas veces, en clase les ponía a los alumnos algún poe­ma de William Carlos Williams y les pedía que lo tradujeran. Ha­bía veinte alumnos y veinte versiones distintas del mismo poema, porque la traducción es también una forma de creación, un ejer­cicio realmente importante para alguien que desea escribir.
     El magisterio es la oportunidad de tener un público cautivo. Como profesor, yo hice leer a mis alumnos a muchos escritores que para mí son importantes. Este tipo de lecturas ayudan a la poesía, abren la posibilidad de que uno, por su cuenta, llegue al poema, de que se lance por sí mismo a la búsqueda de los poetas.
     Editar una revista de poesía y de reflexión sobre poesía como El poeta y su trabajo es un intento de crear o ayudar a crear un público, de desarrollar un gusto por la poesía, algo que no hacen ni las escuelas, ni las universidades, ni las revistas que acogen todo tipo de materiales sin ningún juicio crítico o analítico.
     En la poesía hay afinidades, relaciones, aproximaciones que se dan de una manera accidental y que dejan huella. Si uno des­cubre a un poeta que nadie valora todavía, pero que considera importante, esto le ayudará toda la vida; la poesía suele darse también a través de estos descubrimiento. Por eso, el mejor estí­mulo para editar una revista no es publicar materiales de autores famosos, sino de los que aún son desconocidos.
     En la actual poesía mexicana veo una deficiencia: el uso de un lenguaje que no es el cotidiano, que no es el lenguaje cargado de la experiencia de todos los días, como el que utilizó Williams, quien escribió una poesía hecha con la lengua hablada de Estados Unidos, con el ritmo de esa lengua, que encontró y estableció una relación entre el mundo real y la expresión literaria de ese mundo.
     La poesía debe reunir las características del mundo y de la lengua del poeta. Cuando yo escribo: Es / ahora / apenas el alba / el vacío inicial / de la mañana // el vacío mayor / que se deshace / afuera // aquí / la lámpara / abre otro / espacio // y el libro / río / sin orillas / sube de pronto // hay un recipiente / azul / reposando a tu / costado / y las paredes / lisas //un espacio real / un abrigo / diría / contra una / desdicha / que se impone', todas las palabras son de uso diario, porque creo que la verdadera poesía está hecha con ese lenguaje, no con el lenguaje excepcional, sino con el que nos enseñaron en nuestra casa.
     Hay un trabajo de Juan José Saer sobre el lenguaje. Afirma que en el poema 23 de Trilce, Vallejo escribe: "Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos / pura yema infantil innumerable, madre”. En esa primera estrofa utiliza la palabra "madre", pero al final, cuando pareciera que se quiere reencontrar con el lenguaje que ella le enseñó ya no dice "madre”, dice mamá.
 
 
(de: “El rumor de lo real, Conversaciones
con Hugo Gola”- Luis Verdejo,
Matadero Editorial, México,2018
Envío de Tania Favela)
 
Hugo Gola nació en Santa Fe en 1927. Vivió en México desde 1976 hasta 2011, año en que se restableció en la Argentina. Falleció en 2015.
 
Pueden leer más sobre la biografía en entrada anterior del autor (Nota del Administrador) 
 

lunes, 9 de abril de 2012

RESONANCIAS RENUENTES



-Algunos fragmentos-

la ciudad
la ciudad
se recuesta sobre
el río
y los riachos
sobre islas
pero más bien
sobre un campo liso
llano
sin sobresaltos
una especie de descanso
¿de qué fatiga?

la hicieron de a poco
pusieron los mojones
las marcas iniciales
cuatro siglos atrás



sobre un desierto
sobre un vacío
las tierras eran muy fértiles
no un desierto
entonces
sino campos extendidos
sin surcos
sin gente
hombres vinieron luego
los árboles enhiestos
endulzaron por momentos
aquellas ráfagas
de viento despiadado
y rebajaron
en parte al menos
las desmedidas rachas
de calor
atenuaron
la amenaza
de locura



mosquitos
mosquitos
con aguijones
agresivos
desvelaron
las tardes
y las noches
y hubo caballos
salvajes
con las crines
al viento
inalcanzables
en la llanura abierta

estos fueron
los primeros pobladores
dieron color a aquellas soledades
los colores
de su pelo variado
colores que se alojaron
en la retina



los hombres
las palabras
el ganado
fueron ganando
ese espacio silvestre
palabras primarias
llegadas de todos
los suburbios
sirvieron al principio
para intercambiar desdichas
para resistir
las embestidas de la
extensión
y el desamparo

no es posible
olvidar ese comienzo
está enredado en las vueltas
y revueltas de la sangre
en los primeros sobresaltos
del corazón
también en los relatos
primordiales
aquellas búsquedas
eran tropiezos sucesivos
repletos de horror
y de coraje
así se fue gestando
aquel sonido
de la palabra
bárbara
un incipiente perfil
que luego forjó
la diferencia



es más difícil
penetrar
que describir
alcanzar el nudo
la semilla
la claridad sutil
que se resiste
las palabras huyen
se esconden
o se prestan fácilmente
a repetir lo visible
construir afinidades
extraer la médula
revelar los tonos
secretos
es otro cuento



la copia
sí la copia
es el primer escalón
cuesta crecer
si no hay raíces
un aire diferente
no alcanza
tampoco un cielo
como aquél
tan limpio
y despejado

al principio
las palabras
son sólo herramientas
de trabajo
se resisten a los requerimientos
sutiles del amor
por ejemplo
a las demandas
internas

muy cerca de allí
un coro de pájaros
negros grises de pecho
colorado ofrecía sonidos
desconocidos
golondrinas al comienzo
del verano
lechuzas palomas y caranchos
hacían temblar el aire
liebres zorros y avestruces
llenaron los campos llanos
fueron los espontáneos
pobladores de esas tierras
desiertas
ríos de la región
arroyos pedregosos
lagunas y bañados
más un río mayor
que viene de muy arriba
y que regula el comportamiento
de estas aguas
crecidas y bajantes
responden a su impulso
crea y suprime islas
con una furia de ruidos
y de rabia

la historia es breve
los latidos de la historia
apenas duran
aunque parezcan esenciales
tempestades
son apenas una brisa
un soplo fugaz que se apaga
con los días

mejor subir la cuesta
abrazar la luz del horizonte
atrapar el ritmo de la canción
apresar el silbido ronco
de la urraca
los vértigos imprevisibles
del vencejo

la historia
la historia
que no te atrape
sustituir su correntada
con los asomos
de la intimidad
o la fractura de la pasión
vale más el desaire
el desencuentro
la pena de amor
o el abandono que no
tiene peso
conservar vivo
el corazón que padece
vivo el ardor
de la sangre
y ese calor que cubre
el cuerpo
y lo despierta



no es el otoño aún
no priman los días
opacos
lentos
los cielos ligeramente
desgarrados
con nubes que deambulan
sin destino fijo
no es el otoño
aunque quisiera

lo que viene
es el rojo encendido
del verano
esa desmesura
que sólo en el alba
se atenúa
para el día queda
un fragor que humilla
los perros
con la lengua afuera
buscan la sombra
las vacas huyen del sol
y de las moscas
se cierran los postigos
que no entre el incendio
de las calles
los hombres intentan
escapar de estos rigores
con una charla insulsa
a la hora de la
siesta
se animan uno a otro
se olvidan en el recuerdo
rememoran otros veranos
inhumanos
los pájaros abatidos
abren sus picos
la arena de las calles
absorbe el sol
lo entierra en su
entraña
que a su vez derrama
más fuego
algunos chicos
desentendidos
corren detrás de una
pelota pobre
la magia que salta
y rueda
burlan en su carrera
cualquier indicio
de realidad
la realidad
la realidad
una manera de mirar



te gustaría saber
algo más sobre
la muerte
lo que sabés no basta
los días se suman
el hilo suspendido
en el aire
se agita
y desvanece
muestra su palpable
finitud
el enigma sigue
muchos de los que
se han ido
se van borrando
suavemente
ninguna señal nos llega
nunca
también se apagaron
los fresnos los olmos
las altas casuarinas
las hojas primero
luego las ramas
y los tallos
igualmente cayeron
esos mínimos seres
emplumados
que se esconden en la
fronda del ligustro

lo que respira
todo lo que respira
se desliza hacia un foso
sin fondo
deserta de su especie
y de toda compañía
mas se podría
igualmente aludir
a la piedra
a esa piedra roja
blanca
afilada que no
cambia bajo los pies
o a esas nubes veloces
e informes que viajan
sin destino
y se deshacen luego
para volver a iniciar
su travesía
se unen
se dispersan
se cargan
rocas cielos nubes
el tránsito de la muerte
imágenes del retorno
de la pérdida total
y del retorno
del fin y del comienzo
vida y muerte
son acaso sólo rostros
de una misma realidad?
fases sucesivas de una permanencia?
la muerte
el origen de la vida
la vida
el umbral de la muerte?
"en el principio
está su fin
en su fin está
su principio"?



no sé qué lugar
ocupa aún
aquella torre
aquel campanario aéreo
cuyo sonido
suena y suena
aquel reloj
que desde lo alto
marcaba el comienzo
y el fin de la jornada
otras campanas venían
de la torre
eran el vocero del pueblo
que irrumpía en la
labor de todos
se contaban los golpes
los números pares
correspondían a las mujeres
los impares a los hombres
eran las graves campanadas
de la muerte
el dolor
o el júbilo
descendían de lo alto
a veces repicaban livianas
y alegres
otras doblaban graves
repitiendo en su sonido
el memento mori

en torno al campanario
a su enhiesta altura
y a su cruz extrema
se ordenaban los pasos
de los hombres

la iglesia
irradiaba desde la torre
su estrecho catecismo
hombres incrédulos
deambulaban corridos
por el incienso
y los coros
por la música monótona
y las largas procesiones
era el imperio
en el reino de la tierra
para algunos el cielo
para otros el infierno
con sus lenguas de fuego
a ras del suelo
premio y castigo
un infierno muy poblado
y un cielo al que
pocos llegan
difícil cobijarse
a la diestra del Señor



el contrapunto no basta
a un punto oponer otro
no configura un nuevo ser
es apenas un eco
que depende de un sonido
anterior
sin el cual no existiría
tampoco el mero cruce de líneas
el lugar frágil de ese encuentro
el sitio donde
se cortan la horizontal
y la vertical
engendra una unidad
por sí mismo da su aliento
lo que viene de una raíz
lo que se hizo absorbiendo
de a poco el suelo propio
el cuadrado pequeño
donde el pie calza y se hunde
allí el germen único
se nutre y crece
inaudible para otros oídos
pero válido para el embrión
puro y real
el gesto se repite
la materia cambia
la lluvia de ayer
tenue y constante
es lluvia igual
que ésta huracanada
que azota las ramas
y las playas
cada día
las mismas cosas
pueden ser otras


para Bela Tarr

prefirió
la forma
eligió la imagen
y la dejó vibrando
tanto tiempo
la dejó inmóvil
sin palabra
ella era la palabra
y el gesto
y la evidencia
¿para qué más?
¿qué es el poema?
respiración sonido
sílaba silbante
ni siquiera intención
imagen quieta
desbordada de sí
perfora el tiempo
y lo aprisiona
dando dando
en su quietud
el pozo inagotable
la danza que se esfuma

el cuento
sobra
la línea vertical
se impone
y hasta dibuja una espiral
que sube y sube
prescinde de nudos
de eslabones
allí se carga de materia

la calle abierta
interminable
los árboles
a la orilla del camino
envueltos en agua
en niebla
y siempre el sonido
de la lluvia
adentro afuera
la marcha hacia ninguna parte
la imagen rueda
por las piedras
las descubre
el horizonte inalcanzable
franja de luz lejana
y la oscuridad
que se expande a cada paso
sombra y luz
entrelazadas
luz y sombra
sombra final


(De: Resonancias renuentes,
Ediciones en Danza, 2011)


Hugo Gola



Hugo Gola. Poeta argentino. Nació en Pilar, provincia de Santa Fe, en 1927, y falleció en la misma ciudad, en 2015. Cursó estudios en la Universidad Nacional del Litoral graduándose de abogado. Fue profesor de literatura en el Instituto del Profesorado (UNL) y en el Instituto de Cinematografía de Santa Fe (UNL) y coordinó el Taller Municipal de poesía de esa ciudad. Desde 1976 reside en México D.F. donde ha llevado a cabo una importante labor de enseñanza y difusión de la poesía moderna y contemporánea. Allí ha dictado cursos de literatura en la Universidad Iberoamericana y en la Universidad Autónoma de Puebla. Punto culminante de esa dedicación ha sido la creación de las revistas Poesía y Poética (1990-1999) y El poeta y su trabajo (fundada en el año 2000). En el año 1987 publicó el libro titulado “Jugar con Fuego”, Poemas 1956-1984, que reúne cuatro libros anteriores (UNL). Ese libro se publicó también en Francia en edición bilingüe, en la editorial Arcane 17, en 1989. Es autor, además, de una Antología de literatura para jóvenes (Universidad Iberoamericana, 1984). En l996 publicó el libro titulado “Filtraciones”, y en el 2004 la editorial Fondo de Cultura Económica de México publicó su poesía reunida que incluye la totalidad de su obra bajo el mismo título. Tradujo del francés y del italiano a varios escritores contemporáneos (Pavese, Valéry, Reverdy, Bachelard y Michaux, entre otros) En 2004 recibió el Premio Konex, de Poesía, por el quinquenio 1999-2003. En 2007 publicó “Prosas”, libro de reflexión sobre el quehacer poético y crítica literaria en Alción Editora, de Córdoba, Argentina.Y en la misma editorial apareció su último libro de poemas "Retomas" (2009).


Nota bene: Lamentablemente no se pudo respetar la diposición ondulante de los versos del texto original, debido a las limitaciones propias del blog. Intenté una aproximación con el margen en el centro de la página.
(Nota del administrador).





martes, 24 de mayo de 2011

QUIÉN SOY

para olvidar
la claridad del alba?

un simple desperfecto
en la hora inicial
revela tu pobreza

se apaga la luz próxima
y entonces surge la otra
dibujando el horizonte
incierto y vaporoso

esta mínima lámpara encendida
perturba y oculta
la claridad rosada
encubre

su ardorosa plenitud


a oscuras yo
por fin
recibo sorprendido
el milagro natural
que sube y sube





Hugo Gola (Argentina, Santa Fe, Pilar, 1927; Id., 2015)






domingo, 28 de febrero de 2010

DESCUBRIR EL MUNDO DE LAS COSAS




HUGO GOLA no identifica su condición de "poeta del interior" con "provincianismo", sino con una dedicación obstinada, tranquila y casi absoluta a la poesía y a la reflexión sobre ella, un tanto al margen de la vida social que la actividad creativa genera en las grandes ciudades. En la charla que sigue —mantenida en Santa Fe poco antes de su viaje a México— Gola se explaya sobre la estética que esa toma de distancia genera y sobre sus afinidades y antagonismos culturales.

ENTREVISTA DE DANIEL FREIDEMBERG

-Hay una frase suya que quizá resuma su actitud como poeta: "Una gran disposición a recibirlo todo". ¿No responde a eso, también, el pasaje de los poemas relativamente breves de sus primeros libros a los muy extensos del último?

—No sé si en lo que escribo se registra eso, pero puedo decir que existe en mí una disposición a "abrirme" cada vez más; que tiendo a una actitud totalmente receptiva hacia el mundo, hacia los hombres, las ideas, los afectos. En mis poemas anteriores, cada uno era, más bien, la captación instantánea y súbita de una situación; pero muchas veces sentía que una cantidad de preocupaciones, de pensamientos, de ideas, no podían entrar en el poema porque su brevedad lo impedía. En el poema extenso puedo narrar, pensar. Puede aparecer mi cuerpo, puedo registrar un poco la respiración que mi cuerpo tiene en días sucesivos. Los poemas breves los escribía rápidamente, los extensos llevan a veces diez, quince o veinte días. Un día uno se levanta con un ánimo, otro día con otro, y todo eso va entrando en el poema. A menudo me planteaba que el poema debería registrar también las cosas que uno reflexiona, o las que uno vive cotidianamente. No digo que no se puedan escribir cosas infinitas en 17 sílabas, pero yo necesité pasar al poema extenso.

—Lo que también implica, por lo que se ve, poemas más complejos, una mayor variedad de recursos.

—Entre los primeros libros y el último encuentro muchos elementos comunes y también otros considerablemente diferentes. Los elementos rítmicos y sonoros, por ejemplo. Recuerdo un fragmento de mi primer libro: "Aquí / yo / y el tiempo / y todo lo demás / y tu corazón / alto y presente / sediento todavía". Yo no tenía conciencia de que esos elementos estaban porque el sonido no era una preocupación mía. Ahora, en cambio, entiendo que el sonido es significación y, en consecuencia, he cuidado especialmente el trabajo sobre elementos sonoros en los últimos poemas. En un poema extenso puede haber un ritmo en una parte y otro ritmo en otra. Puede haber zonas sin intensidad porque la intensidad se va a lograr en el contraste con otra parte muy tensa. El poema extenso, además, reclama un complejo trabajo de organización, y en ese sentido me fue muy útil releer a Oliverio Girondo (creo que En la masmédula es un libro del que todavía no se han extraído las consecuencias importantes que puede tener para la poesía argentina) y, muy particularmente, a los grandes poetas norteamericanos: la línea de Pound, Williams, Olson, Creely, Levertov, todo ese grupo de grandes renovadores.


Hacia la creación norteamericana

—Es sorprendente la atención que usted da a la poesía norteamericana. Con la excepción de Alberto Girri, puede decirse que en la Argentina solo ahora los poetas empiezan a descubrir su importancia.
—Se lo debo a un amigo, William Rowe, profesor en la Universidad de Londres, durante mi estada en Inglaterra. Descubrí que en América Latina es fácil confundirse acerca de la poesía norteamericana por falta de elementos para discernir, establecer líneas y corrientes. Me ayudó mucho leer la poesía norteamericana moderna, que empieza con Pound, Williams y Wallace Stevens, que es muy importante (no toda la obra, quizá la última parte), y además Charles Olson, su trabajo teórico sobre el "verso proyectivo" y el "verso no proyectivo" (LEER) , que ha tenido una importancia extraordinaria en la poesía de su país, aunque aquí no se conoce. Estas lecturas me ayudaron a superar las reservas que yo tenía hacia las cuestiones técnicas, formales, de la poesía. Los norteamericanos trabajan lo formal de otra manera: leen a los poetas, los estudian, los analizan como en un taller. Por ejemplo, Allen Ginsberg, que parece un beatnik desaforado, carente de disciplina, tiene trabajos excelentes sobre Williams y Pound. Hay en esos trabajos algo de "cosa viva" que falta entre nosotros, probablemente por la influencia francesa que sufrimos.

—Parece que es una antigua búsqueda suya. Siempre vi en su poesía un apartamiento de cierta tradición poética nuestra que en realidad es francesa: usted, quiero decir, se rehúsa a encandilar al lector con juegos de palabras.

—Sí, como dijo el crítico uruguayo Eduardo Milán, en mi poesía no hay metáforas sino "el descubrimiento del mundo de las cosas". Milán dice que es "una poesía de la materialidad": las cosas son vistas a través de la actitud poética y el lenguaje sirve para incorporar esos descubrimientos sin recurrir a metáforas o símiles.

—Diría que esa es casi una poética "litoraleña", o por lo menos "del Paraná Medio". Pienso en Juan José Saer —su poesía y su prosa—, y sobre todo en la mirada de Juan L. Ortiz.

—Ortiz es un poco nuestro padre. Hace un tiempo, conversando con Saer, decíamos que en una cosa al menos hemos sido fieles a Juan L.: hemos empleado todo nuestro rigor en trabajar con seriedad. Él nos enseñó ante todo a ser verdaderos con nosotros y en eso no lo hemos traicionado.

—Me refiero a otro aspecto: a una "atención a las cosas" que se da en muchos poetas de Santa Fe y Rosario, pero que casi no existe en Buenos Aires.

—Es que en Buenos Aires la influencia francesa pesó mucho más, como en casi toda América latina, con la excepción de Nicaragua. Hace más de medio siglo que los nicaragüenses incorporaron a Pound, a Williams, a Eliot, lo que produjo un grupo de poetas, como Pablo Antonio Cuadra o Ernesto Cardenal, con una importante obra de lenguaje coloquial, sin exquisiteces. Ahora bien, es cierto que nosotros estábamos bastante lejos de todo lo que recibía Buenos Aires y cerca de Ortiz, que si alguna influencia importante tiene es de la poética de Rilke, a quien admiraba por encima de todos los poetas. De todos modos, en Ortiz hay, más que influencias, cierta visión que él extrae de las más diversas fuentes y una manera de realizar que no viene de ningún lado. Desde un comienzo, tiene una relación muy personal con el lenguaje, muy diferente al lenguaje sonoro de los españoles y de Lugones. Juan L. decía que el único verso de Lugones qué se salva es "y en los profundos campos silbaba la perdiz".

—Que es lo menos "lugoniano" de Lugones.

—No pretendo descalificar a Lugones. Digo que a mí no me gusta, y que Borges tiene razón cuando dice que quizá Lugones sea el responsable de la falta de fervor que padece la literatura argentina, porque creía — también según Borges— que hay que usar todas las palabras del diccionario. En algunos momentos, Lugones era poeta, pero fundamentalmente su obra no es la de un poeta. En él hay un rigor del trabajo intelectual en poesía, que es la acumulación del conocimiento y su aplicación a la versificación, pero la experiencia poética no está: uno lee poemas y poemas sin saber por qué los escribió; están bien armados pero no dicen nada. Puedo valorar su aporte en un país donde no había mucho rigor formal, pero para mí el "rigor" propio del trabajo del poeta es otra cosa: la fidelidad a una experiencia y la precisión con que se trabaja para trasladar esa experiencia al lenguaje. Podemos recordar un poema muy breve de Macedonio Fernández: "Amor se fue; mientras duró / De todo hizo placer. / Cuando se fue / Nada dejó que no doliera." Ahí, sí, el poeta está dando forma a una experiencia poética y humana que es muy necesaria de ser trasladada al lenguaje.


Remar contra la corriente

—Usted rema contra la corriente, Gola. Ni los críticos ni los poetas hablan más de "experiencia poética". Exagerando un poco, diriamos que la atención excluyente se coloca ahora en el lenguaje.

—Es una teoría, y lo extraño de la poesía es que "sopla donde quiere". Las teorías pueden servir o no, pero si hay un poeta detrás, llega un momento en que la teoría desaparece y el poeta queda. Conozco las tendencias que circulan y creo que cada cual tiene que hacer lo que siente necesario. Pero el peso de la moda me parece demasiado fuerte, como si alguna gente no soportara mucho permanecer fuera de las corrientes del momento.

—Usted pretende alertar sobre una posible sumisión de la escritura a la vida pública del poeta.

—Personalmente, creo que la mejor literatura la han hecho tipos que nunca estuvieron en el candelero: desde Macedonio y Juan L. hasta Borges, porque a Borges lo "descubrieron" cuando ya tenía casi toda su obra hecha. O Antonio di Benedetto. Insisto en que lo que más importa, y hay que aprenderlo de entrada, es lo que nos enseñó Ortiz: la fidelidad a uno mismo. Macedonio publicó su primer libro cuando tenía 45 años, Wallace Stevens a los 44. Quien tiene alguna relación con la poesía se siente suficientemente agradecido por tenerla y no necesita figuración pública. Agradece al cielo que alguna vez pueda experimentar ese tipo de cosas, porque entonces se modifica el sentido de la existencia. ¿Para qué otro reconocimiento? Es como ser dueño de una gran fortuna y preocuparse por ganar la lotería.



CLARÍN, Cultura y Nación,
26 de octubre de 1989


Hugo Gola (Argentina, Santa Fe, Pilar, 1927; Id., 2015)






JUGAR CON FUEGO



















Hugo Gola nació en Pilar, Santa Fe, en 1927. En 1987 publica su obra completa: Jugar con Fuego. Actualmente vive en Rincón, un pueblito de unos tres mil habitantes, a quince kilómetros de Santa Fe. Es un pueblo antiguo, con calles de arena y muchos árboles. Está rodeado de ríos y lagunas. "A veces la soledad —dijo Gola a Diario de Poesía— me pesa un poco, pero tal vez se deba no tanto al sitio en que vivo sino al tiempo en que vivo. Se sabe, además, que uno puede vivir en el paraíso y padecer de insomnio o ser comido por la impaciencia. El hombre es un bicho bastante enigmático".


Entrevista de Martín Prieto y D. G. Helder a Hugo Gola

-¿Qué es la poesía para usted?

— Varias cosas al mismo tiempo, pero antes que nada un modo de estar en el mundo, una forma de vivir mi propia vida. Sin ese vínculo no puedo imaginar cómo habría sido mi existencia. En algún tiempo me dio ánimo, en períodos oscuros me sostuvo contra la desesperanza. Por ella pude relativizar tanto lo bueno como lo malo e incorporar estos extremos al equilibrio inestable de mi vida cotidiana. Cuando me siento lejos de esta experiencia, cosa que a veces sucede, todo pierde intensidad y atracción. Y la poesía es, además, una de las formas más sutiles y complejas de conocimiento.

—¿Siempre la consideró así, o es esta una apreciación avalada por la experiencia?

—No, al principio no la consideraba así. Me parecía imposible que algo que gestaba, frecuentemente, de un modo instantáneo y súbito y hasta con escasa participación consciente, pudiera conformar algún tipo de conocimiento. Eso me llevó a considerar al poema más bien como una forma de revelación, una expresión del ser interior del poeta. Y realmente lo es, pero también es algo más, ya que todo verdadero poema encierra una búsqueda, un tanteo, una inmersión en lo real. Los poemas son imágenes que se forman con elementos reales, pero ellas son siempre elusivas, insinuantes, ambiguas. En su construcción participan los sentidos, la imaginación, la memoria, las imprevisibles asociaciones y ese aliento inestable y fugaz que atraviesa la vida del poeta. El poema encarna, entonces, un tipo de conocimiento único, una forma exclusiva de develar la realidad, de mostrar a ésta como nunca antes se la había podido mostrar. A diferencia de otras formas de conocimiento más lineales o puramente lógicas, en la imagen poética participa, y en qué medida, la emoción, a la cual renuncian expresamente los otros. Es decir, que mientras para los demás conocimientos la emotividad es un elemento perturbador, puesto que distorsiona la objetividad, aquí su uso es condición para alcanzar una verdad incontestable. Concurren por lo tanto, para la elaboración de un poema, simultáneamente, todas las facultades del hombre. Diría entonces que ésta es una forma de conocimiento más perdurable y válida. Un poema de Safo sigue revelando su verdad dos mil quinientos años después de haber sido escrito.

—¿Qué leía cuando comenzó a escribir?

—Nada. Mi ignorancia era total. Viví hasta los trece años en un pueblito de esta provincia y allí no había libros, ni tampoco en mi casa. De modo que en el principio no hubo lecturas aunque estaba, eso sí, el campo, los animales, los árboles y un desbordamiento de energía que por accidente, creo, tomó el camino de la escritura. Fue algo así como la presión de un contenido que se derrama fuera del recipiente. Con el paso del tiempo ese acto totalmente inconsciente fue tomando otro carácter, como suele suceder. Empezaron las lecturas, las búsquedas, las interrogaciones, pero hasta mucho más tarde no pude establecer ningún vínculo entre lo que leía y lo que escribía. Por un lado existía un impulso "salvaje" y por el otro un progresivo aprendizaje proveniente de mis lecturas. No encontraba forma de tirar un puente entre esos dos costados. A los veinticuatro o veinticinco años destruí todo lo que había escrito hasta ese momento. Sentía un deseo intenso de purificación y un intento de mayor unidad. Hubo luego algunos cambios y empecé a reconocerme un poco más en lo que escribía.

—¿Integró en algún momento grupos o movimientos literarios?

—No. No creo mucho en ellos. Pienso que la tarea del escritor es más bien solitaria y los grupos suelen perturbar el aislamiento, interferir el diálogo con uno mismo y con las cosas. Tuve sin embargo amigos. Creo que en este oficio son muy necesarios. El desánimo asalta a cada rato, la sensación de fracaso. Los amigos, aunque permanezcan en silencio, pueden acompasarlo a uno y evitar la desesperación. El tiempo que nos tocó vivir en este país no fue muy propicio para la amistad. Los enfrentamientos, las persecuciones, las muertes, nos dispersaron por distintos países. Algunos permanecieron aquí, otros se fueron al exilio. Sin embargo, en mi caso, algunos vínculos subsistieron y todavía hoy me confortan.

-Considera usted, finalizando el siglo XX, que se puede hablar de una tradición poética argentina?

—No me animaría a decir que no existe tradición en la poesía argentina. Es cierto que nuestra tradición es bastante reciente y por lo tanto un poco difusa. La tradición necesita tiempo, se va configurando muy lentamente y es algo que queda como un residuo activo. Borges dice que todo lo que hagamos bien los argentinos pertenecerá a nuestra tradición, y quizás tenga razón. Los modelos que muchos prescriben no sirven para fortalecer una tradición. Cuando Macedonio Fernández o Juan L. Ortiz escribieron sus libros no estaban atendiendo a ninguna exigencia de la tradición. No había antecedentes nacionales para sus obras. Hoy estas obras son inseparables de la literatura argentina. Fundaron una tradición. Lo mismo sucede con las obras de Borges o de Oliverio Girondo. Hay que convenir que del pasado no viene una sola voz. Toda verdadera literatura es múltiple y plural. Obras que parecen destinadas a burlar la tradición, pronto, si tienen valor, son incorporadas y reconocidas por todos. Pensemos en el Ulises, de Joyce, resistido rechazado en el comienzo, es hoy estudiado como un clásico en todas las universidades de Inglaterra. Creo, verdaderamente, que el de la tradición es un falso problema y que no hay que dejarse distraer por él.

-¿Cómo describiría el proceso de redacción de un poema?

—En mi caso la escritura nace generalmente de forma imprevisible. Nunca sé cuándo se va a producir. La voluntad no interviene. Con frecuencia se inicia con la aparición de un estado de apertura interior, casi neutro, como equidistante de todo; sigue luego un impulso, una especie de energía que puja y mueve, que se abre paso. De ahí suelen nacer las primeras palabras, o una primera palabra a la que le siguen otras, y en las que uno poco participa. A veces el impulso continúa y se escribe un poema, otras, las palabras caen, se pierden, no logran encadenarse. Lo que parecería iba a ser un poema no es más que un intento que pronto se diluye. Yo no puedo hacer nada para salvar aquel comienzo que se deshizo. Nada para mantener el impulso, ni para producirlo. A veces pasan largos períodos vacíos y esta espera, en mí, suele ser inquietante. Uno nunca sabe si volverá a escribir. Durante ese tiempo hago mi vida de siempre: leo, traduzco, anoto, paseo. Nunca sin embargo pude descubrir algún tipo de relación entre vida cotidiana y escritura. Aunque sea yo quien escriba podría decir que desconozco si hay algo que obre como causa para producir el efecto de un poema. Más bien mi experiencia me induce a pensar que éste nace sin motivo aparente y que no obedece a causa alguna. Tal vez exista algún tipo de conexión entre forma de vida y escritura, pero en mi caso la ignoro. A veces la redacción es instantánea y rápida, otras es trabajosa y ardua. En los poemas extensos uno suele trabajar de otra forma. La redacción puede insumir días, con todas las variaciones que esta prolongación supone. Estos cambios a veces introducen ritmos distintos, tonalidades nuevas, porque también nuestro ánimo y nuestro sentimiento de las cosas se modifica.

—¿Interviene en este mismo proceso el trabajo crítico?

—Todo lo que señalé antes sobre el origen del poema no excluye la participación inteligente sino más bien la reclama. Yo hablaba sólo del nacimiento del poema. En la escritura, tanto para realizarla como para modificaría, ajustaría, organizaría, el autor interviene con toda su lucidez, con toda su conciencia. Un poema es una construcción, una forma, y para que ésta se tenga en pie es indispensable utilizar algún tipo de sabiduría, alguna ley. Eliot dice que nada hay menos libre que un verso libre. Lo que sucede es que hay leyes inherentes a la materia que se tiene entre manos y a estas leyes hay que descubrirlas; la libertad, entonces, está acotada por esa exigencia.

—Parecería que no es usted quien escribe el poema sino que éste es el resultado de fuerzas o energías que lo deciden todo...

—Dije, creo, que es uno quien escribe el poema. Sin poeta no hay poema. Esta participación individual es ineludible. Sin embargo debo agregar que todo poema se construye con materiales objetivos, que existen independientes de cualquier escritor. Un poema se escribe con palabras que, en general, el poeta no inventa. Estas palabras integran una lengua que, como se sabe, es un patrimonio común, y aunque el poeta suele usar las palabras de un modo un tanto distintos, no puede prescindir de ellas. Otro de los materiales objetivos es la poesía que se escribió antes. Aunque se piense en el poema como un absoluto que no tiene antecedentes, esto no es así. Todoslos poemas que se escribieron antes, en esa lengua o en otras, intervienen de modo consciente o no en el momento de la escritura. Y por último está la decisiva gestión individual sin la cual nunca se escribirá un poema. De ahí nace el impulso. Este acto personal y único es el que moviliza a todos los demás, articulándolo en una unidad. En un instante de inspiración o gracia, o como quiera llamársele, que viene más allá del lenguaje y que no tiene que ver con él, las palabras comienzan a ordenarse, a organizarse para crear una forma. El poema es esa forma. Allí reside toda su significación, todo su misterio, toda su intimidad.

—¿Y qué sucede con aquellos proyectos, aquellas ideas que son anteriores a todo impulso?

—Es indudable que hay poemas —y grandes poemas— que han sido escritos de acuerdo a un plan previo elaborado con minuciosidad. Bastaría mencionar La divina comedia, los Cantos, de Pound, el Paterson, de Williams, o nuestro Martín Fierro. Estos largos poemas no se hubieran podido escribir sin un plan previo. Pero yo creo que los planes son sólo eso hasta que una irresistible fuerza interna los pone en movimiento. Es probable que muchos proyectos nunca corporicen en un poema. El impulso inicial sigue siendo indispensable. Lo que sucede es que este impulso persiste, vuelve, se repite, se prolonga por meses o por años. Además, en estos poemas extensos se produce siempre como un desbordamiento del género. Aunque La divina comedia sea una construcción de altísima intensidad, existen partes donde el Dante narra, describe, enumera, fragmentos en donde la concentración se reduce y el lenguaje disminuye su densidad para volver a alcanzarla luego. Otro tanto sucede en Paterson. Williams introduce en él cartas, reflexiones explícitas sobre poesía, etc. En poemas de esta dimensión todo puede entrar y aun lo que parezca más prosaico, adquirir, en la totalidad, una significación diferente. La incorporación de la narrativa o del ensayo en estas construcciones indica que los límites entre los géneros suelen ser borrosos. Sin embargo estos son poemas por la intención con que fueron escritos y porque a lo largo de sus cientos o miles de versos evolucionan como tales. El plan entonce sería algo así como una guía que se va volviendo real en la articulación de la escritura.

—¿Considera usted que hay temas dominantes en su poesía?

—Hablar de temas en poesía me parece un tanto impreciso. ¿Cuáles serían los temas de Rilke?: el amor, la amistad, la muerte, etc. Estas cuestiones, que efectivamente están en la poesía de Rilke, están también en la poesía de casi todos los poetas de los últimos 2500 años. Son tan generales y abstractos que no definen nada. Yo creo que la lírica no tiene temas. Hay algo así como constantes tonales, cadencias, repeticiones, reincidencias involuntarias. Si hablamos de "temas" como uno habla de temas musicales, entonces podemos estar de acuerdo. Un tema en música es algo parecido a un grupo de sonidos articulados que se repiten, se insinúan, se desarrollan a lo largo de una pieza. En ese sentido sí pueden existir "temas" en poesía. Referencias precisas pero de significado ambiguo. Palabras anudadas sonora y rítmicamente, que tienen un sentido que va más allá de cualquier reducción conceptual. Lo que aparece en la obra de un poeta no es tanto un tema sino una tonalidad, una textura, un timbre reconocible. En ellos reside, me parece, el aporte de un poeta a la vida de todos los hombres.

—¿Quisiera agregar algo más?

—Sí. Quisiera agregar todavía que la escritura de poemas a lo largo de una vida requiere mucha fe, mucha energía, mucha pasión. Este oficio no admite distracciones ni veleidades y sólo una entrega total puede permitir, si acaso, la creación de una obra. El poeta es un hombre que vive entre los hombres y nada de lo que sucede en el mundo le es ajeno. Aunque no hable de la libertad, su obra será la prueba de que sin libertad el hombre no puede vivir ni crear.




Hugo Gola (Argentina, Santa Fe, Pilar, 1927; Id., 2015)


(Diario de Poesía Nº 12,
Buenos Aires,
Otoño de 1989)

sábado, 8 de agosto de 2009

silbidos en el oído distraído...



es cierto

que de la
oscura gravedad
de algunos giros
nace
a veces
un resplandor
irreprimible
que desborda
la inactividad
de los días

sí es cierto

que la
gravitación
de unas
palabras
revela otras

no hay duda
no la hay
que aquellos
sonidos
afilados
abren la entraña
la perforan
sacuden la
superficie
entredormida
y traen su paso
hacia la hoja
tímida
ciñéndola
hasta estallar

fueron apenas
soplos
sílabas
silbidos
en el oído
distraído
pero la mano
moviéndose
ahora
por oír
la voz interna
que borbota
rumores
viene de
aquella
vibración

y enfila
plegarias
ecos de
aquel murmullo
astillas
de un tumulto
luminoso
de un derrumbe
armónico
apenas percibido
en el comienzo
del alba




Hugo Gola (Argentina, Santa Fe, Pilar, 1927; Id., 2015)

(De: Retomas)
(Selección: Iván García)