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domingo, 18 de enero de 2009

¿Qué es una casa...














¿Qué es una casa donde todos duermen?


¿qué significa el canto de una casa dormida?

¿una casa blanca donde uno o tres o dos duermen?

¿qué significan los dormitorios cuando cada uno
de los invitados al fasto dialoga con su propio
preferido espíritu y no habla, pero no puede
callar la proliferación en los ojos y en
los labios ni espantar a las hormigas de los
lugares rosados?


¿qué significa una casa cuando en ella sólo viven
dormidos?


¿qué rastros fosforescentes dejan los ángeles
que vienen a comunicar el sueño, la oscuridad y
los nombres a los que están desnudos, desnudos
porque han entregado sus manos
a la fuente y al cántico y en eso ya no
descansan?


¿qué significa esa sombra sin líneas y qué signos
quedan después regados por el piso como astros
sobrantes?


¿qué dicen los que duermen en el fondo del
cuarto cuando no dicen nada?


¿qué habitación es la que se va muriendo y
escucha el resoplido de un árbol?


¿qué alcoba se extingue de oscuridad y signos y
vierte una leche espesísima para el abandono
del amanecer, como si alguno orinara, como si
alguno orinara?


¿Quiénes son los dormidos y cuáles son sus
patronos?


¿quiénes los deudos del roble de donde mana la
voz y la sustancia de la luz?


¿quiénes lían la fábula de los dormidos como si
fueran espejos de otras formas, lentas bestias
plateadas cuyo resplandor no brilla y en la
oscuridad se deshace?


¿quiénes sostienen el flujo de los que levítan
sobre lechos y sábanas sin dejar en el bestiario
del polvo ni siquiera un rastro de nieve muy
tibia, necesaria siempre para la exhumación?


¿quiénes sostienen el mármol con las manos del
sueño y siguen ese rastro por un pasillo de
aceite, como a tientas, como a gatas, como con
ojos fijos?


¿qué significa una casa donde todos duermen y
por qué los dormidos dicen de sí mismos que no
tienen espíritu?


¿No tiene acaso espíritu una sustancia del
tamaño del mar?


¿no tiene espíritu el mar si es verdad que canta
y su canto revienta en medio de la soledad del
vacío, donde no hay ni un caballo ni una espiga
ni un álamo?


Yo nunca he querido responder a las preguntas
del sueño para que brillen incrustadas en mis
palmas y en mis yemas se
vean verdes y mis amigos las lean antes de saltar
y se hablen.


Nunca he querido responder a las preguntas a
las que nadie en verdad contesta y florecen en
una zarza parecida a la piedra de la elocuencia.


El aire recibe la suposición de mis amigos.




Javier Bello



Javier Bello. Poeta chileno; nació en Concepción en 1972. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. En esa misma casa de estudios conformó el "Grupo Códice" y colaboró en la publicación del boletín "Cave Canem", en la revista "Licantropía" y en la antología Códices, de la que es coautor. En 1987 publicó el poemario La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva) y en 1989 fue antologado en Las plumas del colibrí. Quince años de poesía en Concepción. Ese mismo año publicó el poemario La huella del olvido. En 1992 fue becario de la Fundación Pablo Neruda, y en 1994, con La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996) obtuvo el primer premio en la categoría inéditos de los "Juegos Literarios Gabriela Mistral". Entre 1997 y 1998 cursa el Doctorado en Literatura Española Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.Obtiene el Premio Pablo Neruda (2007), entre otros galardones.




LA JAULA DE LA SENTENCIA

III

Los que marcan los libros mueren jóvenes,
lo invisible quema nuestros actos con la fuerza del sol.
No hay libertad en la transparencia de las partituras,
no hay libertad a la hora confiscada por el cielo,
tatuamos nuestros días con el dedo de un dios.

Hijo de la paz y las decapitaciones,
hijo de la semilla que derrama el ahorcado,
no hay libertad en los ladrillos rojos,
no hay pureza en la palabra que dicta la noche a los patios.
Escondes tus libros del amanecer,
no pones en ellos tu nombre,
sólo tu luz de animal,
sólo tu caballo en la casa del padre.
No estás a resguardo,
no estás a resguardo.

Temes más a los vivos que a todos los espectros.
Mueren jóvenes aquellos que se van,
los viejos mueren viejos en sus camas,
los que marcan los libros y los que no los marcan,
los que cantan plegarias,
también los que maldicen,
los que esperan en la paz del señor,
los que van a la guerra con traje,
todos, todos.

Sólo tú cuando comes el fuego,
sólo tu caballo en la casa del padre,
sólo tu luz de animal,
hijo proscrito contra mi abecedario,
hijo cojo ante el ramo del sol.

Los que marcan los libros mueren jóvenes,
también los que les rezan,
también los que les ladran.
Cualquier otra verdad es ominosa,
cualquier otra mentira es un campo de alambres,
la palabra que viene, va descalza.



Javier Bello (Chile, Concepción, 1972)