sábado, 29 de mayo de 2010

EMBOTELLAMIENTO PRIVADO


















Si, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.
Antonio Porchia
De vuelta al mismo cuarto que hace una hora,
lámpara a lámpara, dejamos a oscuras
me siento y enciendo la radio muy bajito
mientras la última chica aún despierta en el planeta
lee una dedicatoria a los barcos
y pone una grabación del océano.
Dispongo con cuidado una hilera de tragos
en amplio anillo mágico; en cada vaso chato
la tintura de una geografía fallida, sus
exiguas quemas, bosques, fogatas de espino, brezos,
el sesgo de su viento y su lluvia salada,
los hábitos gastados de amor de su gente,
la ondulación de su lenguaje, y por añadidura,
cómo cantan, se ayuntan o aceptan una broma.

Y es que para estas cosas tengo buen olfato.

Después he de sufrir beso feroz tras beso,
y al sus doradas lenguas resbalar por mi lengua
entregarán por turnos cada uno su tonada
de años pacientes en vidrio y en barrica,
tímidas negociaciones con aire, mar y tierra,
el ardid con el cual al denso humo de turba
se le logró encerrar, como un designio negro.

Esta noche brindo por ella con las extintas maltas
de Ardlussa, Ladyburn, Dalintober
y un viejo voto de encendida indiferencia:
Ochon o do dhóigh mé mo chairsach ar a shon,
deseándole salud, como desearle el clima.

Cuando se cierre el círculo y hasta la lucidez haya bebido,
inclinaré apenas las persianas para ver
el alba subir en un vaso de sal de uvas,
esperaré a los pájaros, el afable cuchicheo del carro del lechero,
me deslizaré de regreso en la cama donde ella yace acurrucada,
y con delicadeza volveré a colocar el huevo vivo y caliente
de sus nalgas en el frío nido de mi regazo,
tan muerto para ella como ella para el mundo.


Aquí estamos de nuevo; exactamente
doce, quince, treinta años calle abajo
y una vuelta más alto en la troje espiral
que separa la cerveza quemada y los oscuros granos
de aquello que conozco de esto que recuerdo.
Ya cada vaso guarda su mínimo episodio
en permanente suspensión, como un cuadro de filme
en acetato, hasta que éste corre de nuevo,
reanimado por un estilizado gesto de conocedor
que ahonda en el silencio y en lo oscuro
hacia algo así como una infinita sensibilidad.
Ésta no es una fantasía romántica: mi padre
conoció a un hombre que dando un sorbo al mar,
dejaba sus redes colgadas en el puerto
porque ese día no habría peces.
Todo contiene a todo. Sólo es cosa
de afinar bien, como una vez, por medio del zumbido
y de la reverberación, sintonicé la voz de Dios en el cuadrante
ligeramente a la izquierda de Hilversum,
medio ahogada por un vals estruendoso y desdibujado,
a la manera en que las estrellas ocultan a sus compañeras enanas
durante siglos, hasta que a alguien se le ocurre mirar.

De igual modo, puedo aislar los amagos
de efluvios femeninos, la carroña, la mierda,
esos truhanes y toxinas incorporados sólo
para darle a la composición algo de peso,
como los armónicos toscos al violín,
o como Plutón, Caronte y los santos menores
lo hacen con nuestras vidas, hasta donde sabemos.
(Por Dios, notarías su ausencia, como lo haría
cualquiera después de haber vaciado
un vaso de North British, sacado de alguna destilería
de un suburbio de Edimburgo azotado por el aguanieve:
un sórdido alcohol, al que ninguna cantidad de caramelo
puede endulzar u ocultar, y cuyas secuelas
son entre un balde de agua fría y una puñeta triste.
Seguro que lo sirven en un bar de Lothian
en el que unos petroleros en paro y policías secretos
juran con él y lo beben de un trago,
hombres que odian la compañía de las mujeres.)

¡Oh, whiskies de Long Island y de Provence!
Un traguito te agarra la garganta
pero es todo dulzura en el final; mi lengua viaja
primero por un líquido de frenos, luego por nicotina,
pastis, Diorissimo, y húmeda hierba;
este otro es mangas de seda y jarabe de pico,
con un rebote de gato aplastado en una estación de trenes;
este otro, la carga ligera y el rastro de zinc
que el agua de la llave adquiere con los eclipses de luna.
Ya con esto sabrás la hora de la que hablo.

Porque en tu ausencia, tu singular ausencia
se ha vuelto dura, esta noche voy a las aguas
con todo el clan; nuestros ujieres sin rostro y nuestras damas,
nuestros cuatro perros pastores, tres ya sombras de sombras;
nuestros afables hijos y parlanchinas hijas
que a estas altas horas habrán crecido del todo,
quizás con hijos propios no nacidos.
Así que, finalmente, permítaseme un brindis:
no por el amor, o la vida, o un sentimiento real,
sino por su patético residuo;
por tu dulce memoria, no por ti.

El sol cierra su círculo en el cielo
antes de que yo el mío, y de que vacíe
este ofertorio vaso cuyo sabor es nada
sino silencio, polvo chamuscado en valvas, whisky.




Don Paterson


(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)

A private bottling


So I will, then. I would rather grieve over your absence than ovr you.
Antonio Porchia
Back in the same room that an hour ago
we had led, lamp by lamp, into the darkness
I sit down and turn the radio on low
as the last girl on the planet still awake
reads a dedication to the ships
and puts on a recording of the ocean.

I carefully arrange a chain of nips
in a big fairy-ring; in each square glass
the tincture of a failed geography,
its dwindled burns and woodlands, whin-fires, heather,
the sklent of its wind and its salty rain,
the love-worn habits of its working-folk,
the waveform of their speech, and by extension
how they sing, make love, or take a joke.

So I have a good nose for this sort of thing.

Then I will suffer kiss after fierce kiss
letting their gold tongues slide along my tongue
as each gives up, in turn, its little song
of the patient years in glass and sherry-oak,
the shy negotiations with the sea,
air and earth, the trick of how the peat-smoke
was shut inside it, like a black thought.

Tonight I toast her with the extinct malts
of Ardlussa, Ladyburn and Dalintober
and an ancient pledge of passionate indifference:
Ochon o do dhoigh me mo chlairsach ar a shon,
wishing her health, as I might wish her weather.

When the circle is closed and I have drunk myself sober
I will tilt the blinds a few degrees, and watch
the dawn grow in a glass of liver-salts,
wait for the birds, the milk-float's sweet nothings,
then slip back to the bed where she lies curled,
replace the live egg of her burning ass
gently, in the cold nest of my lap,
as dead to her as she is to the world.


Here we are again; it is precisely
twelve, fifteen, thirty years down the road
and one turn higher up the spiral chamber
that separates the burnt ale and dark grains
of what I know, from what I can remember.
Now each glass holds its micro-episode
in permanent suspension, like a movie-frame
on acetate, until it plays again,
revivified by a suave connoisseurship
that deepens in the silence and the dark
to something like an infinite sensitivity.
This is no romantic fantasy: my father
used to know a man who'd taste the sea,
then leave his nets strung out along the bay
because there were no fish in it that day.
Everything is in everything else. It is a matter
of attunement, as once, through the hiss and backwash,
I steered the dial into the voice of God
slightly to the left of Hilversum,
half-drowned by some big, blurry waltz
the way some stars obscure their dwarf companions
for centuries, till someone thinks to look.

In the same way, I can isolate the feints
of feminine effluvia, carrion, shite,
those rogues and toxins only introduced
to give the composition a little weight
as rough harmonics do the violin-note
or Pluto, Cheiron and the lesser saints
might do to our lives, for all you know.
(By Christ, you would recognise their absence
as anyone would testify, having sunk
a glass of North British, run off a patent still
in some sleet-hammered satellite of Edinburgh:
a bleak spirit, no amount of caramel
could sweeten or disguise, its after-effect
somewhere between a blanket-bath and a sad wank.
There is, no doubt, a bar in Lothian
where it is sworn upon and swallowed neat
by furloughed riggers and the Special Police,
men who hate the company of women.)

O whiskies of Long Island and Provence!
This little number catches at the throat
but is all sweetness in the finish: my tongue trips
first through burning brake-fluid, then nicotine,
pastis, Diorissimo and wet grass;
another is silk sleeves and lip-service
with a kick like a smacked puss in a train-station;
another, the light charge and the trace of zinc
tap-water picks up at the moon's eclipse.
You will know the time I mean by this.

Because your singular absence, in your absence,
has bred hard, tonight I take the waters
with the whole clan: our faceless ushers, bridesmaids,
our four Shelties, three now ghosts of ghosts;
our douce sons and our lovely loudmouthed daughters
who will, by this late hour, be fully grown,
perhaps with unborn children of their own.
So finally, let me propose a toast:
not to love, or life, or real feeling,
but to their sentimental residue;
to your sweet memory, but not to you.

The sun will close its circle in the sky
before I close my own, and drain the purely
offertory glass that tastes of nothing
but silence, burnt dust on the valves, and whisky.



Don Paterson. Poeta, escritor y músico escocés. Nació en Dundee, en 1963. Comenzó trabajando como músico y se mudó a Londres en 1984. Por su poema A private bottling, ganó el Concurso Internacional de Arvon Fundación Poesía en 1993. Fue incluido en la lista de 20 poetas seleccionados Poetry Society de la Nueva Generación Poetas en 1994. Sus colecciones de poemas son Nil Nil (1993), God's Gift to Women (1997), The Eyes (1999), The White Lie: New and Selected Poems (2001), Landing Light (Faber and Faber, 2003) y Rain (Faber and Faber, 2009), entre otros. Como guitarrista comparte la dirección del grupo de jazz/folk Lammas, con el que ha grabado tres discos. Ha recibido numerosos reconocimientos como el Forward Poetry Prize, el T.S. Eliot Prize, etc.







El jazz de Don Paterson

http://www.youtube.com/watch?v=dZjY--OCR3w





Músicos:

Don Paterson, guitar
Brian Shiels, bassist
Keith Edwards, saxophonist
and Dave Batchelor, trombone

(En vivo)



viernes, 28 de mayo de 2010

Antes de volverme gigante






















Cuando yo era chica
los corredores eran largos
las mesas altas
las camas enormes.
La cuchara no cabía
en mi boca
y el tazón de sopa
era siempre más hondo
que el hambre.
Cuando yo era chica
sólo gigantes vivían
allá en casa.
Menos mi hermano y yo
que éramos gente grande
venida de Lilliput.



Marina Colasanti

(Traducción de María Teresa Andruetto)
Antes de virar gigante

No tempo d'eu menina
os corredores eram longos
as mesas altas
as camas enormes.
A colher não cabia
na minha boca
e a tigela de sopa
era sempre mais funda
do que a fome.
No tempo d'eu menina
só gigantes moravam
lá em casa.
Menos meu irmão e eu
que éramos gente grande
vinda de Lilliput.



Marina Colasanti . Poeta brasileña. Nació en Asmara, Eritrea, en 1937. Vivió su primera infancia en Africa, luego se mudó a Italia y en 1948 llegó a Brasil, donde reside desde entonces. Publicó Eu sozinha, Nada na manga, Zooilógico, Uma idéia toda azul, Mulher daqui prá frente, Uma estrada junto ao rio, O verde brilha no poço, Gargantas abertas e os escritos para crianças ,Doze reis e a moça do labirinto de vento, entre otros. Este poema pertenece a Ruta de Colisión (premio Jabuti 1994), publicado por Ediciones del Copista, 2004.




Frutos y flores
















Mi amado me dice
que soy como una manzana
partida en dos.
Yo tengo las semillas
es verdad.
Y la simetría de las curvas.
Tuve un cierto rubor
en la piel lisa
que no sé
si todavía tengo.
Pero si en abril florece
el manzano
yo hecha manzana
y por demás madura
todavía me despliego
en flores blancas
cada vez que su daga
me traspasa.


(de Ruta de Colisión,
Ed. del Copista, 2004)

Marina Colasanti

(Traducción de María Teresa Andruetto)

Frutos e flores

Meu amado me diz
que sou como maçã
cortada ao meio.
As sementes eu tenho
é bem verdade.
E a simetria das curvas.
Tive um certo rubor
na pele lisa
que não sei
se ainda tenho.
Mas se em abril floresce
a macieira
eu maçã feita
e pra lá de madura
ainda me desdobro
em brancas flores
cada vez que sua faca
me traspassa.




Si él sólo























Dice la leyenda que el poeta
Li Po
Se ahogó una noche en que
Borracho
quiso atrapar la Luna
sobre el lago.
Es leyenda, se sabe.
Pues la verdad es que
La Luna
lo habría seguido
a cualquier sitio
sólo con que él la hubiera llamado.


(de Ruta de Colisión,
Ed. del Copista, 2004)


Marina Colasanti

(Traducción de María Teresa Andruetto)
Se ele apenas

Diz a lenda que o poeta
Li Po
afogou-se na noite em que
embriagado
quis agarrar a Lua
sobre o lago.
E lenda, bem se ve.
Pois a verdade é que
a Lua
teria seguido o poeta
a qualquer canto
se ele apenas a tivesse chamado.



jueves, 27 de mayo de 2010

ella se levanta...



ella se levanta de la mesa en la pizzería

su cena fue
dos empanadas de carne
media de muzzarella
una gaseosa de naranja
va hasta la esquina de siempre
se para como se tiene que parar
cruza los brazos y mira a los autos
(los nuevos suelen tener más dinero)
se acerca a uno de ellos
termina en una pieza de hotel
el tipo quiere que fume marihuana
acepta
total no es la primera vez
el tipo la deja en el bar
la policía ha estado hace diez minutos
otra vez se salvó
se sienta en el inodoro
cuenta la plata mientras orina
y se ríe
pensar que antes abría sus piernas gratis
se acuerda de su madre
que le dijo
cuidate de las drogas
se vuelve a reír
bajito claro
qué le importa a los demás
en la calle otro auto se detiene
y se va.

(de Historias sencillas,
Edición de Autor, 1989)


(de la Antología Emergente
-escritores pampeanos-
Selección de Sergio de Matteo)

Mario Lóriga (Poeta argentino, Santa Rosa, La Pampa, 1952)



El modo de ver...




















El modo de ver no debería ser el que empleamos usualmente, que sin dudas necesita de parpadeos. Es indispensable progresar con la mirada, espiritualizarla, sostenerla bajo hechizo para que no se disgregue ni se esfume entre las cosas, para que no se resbale ni sea invisible.
Mirar como si agarráramos un viejo tejido harapiento y con sus hebras hiláramos rostros nuevos saliendo de la muchedumbre. Mirar hasta arrancarles los cuerpos a la gente, hasta dejarles el alma temblando al desnudo como luces pobres en las calles vacías.

(de Satori, llantodemudo, 2008)

(de la Antología Emergente
-escritores pampeanos-
Selección de Sergio de Matteo)
Eduardo Senac


Eduardo Senac nació en Córdoba en 1973. Reside en General Pico (La Pampa), mientras que su familia lo hace en Trenel. Periodista y escritor. Durante cuatro años ha sido el director de la revista literaria Sueños. Actualmente dirige el suplemento cultural "La Galera", editado semanalmente por el diario La Reforma. Ha publicado los libros Instrucciones para ser un Quijote (Edición de Autor, 1ed. 2003, 2ed. 2004, aumentada, s/d); El vals del duende; La precisión de la fiebre (Ediciones llantodemudo, Colección narrativa N° 2, Córdoba, 2006).


IMAGEN: Wassily Kandinsky, Composición VIII

miércoles, 26 de mayo de 2010

LOS POETAS RESISTEN

















Los poetas resisten.

Es difícil librarse de ellos,
aunque Dios sabe que se ha intentado.
Los encontramos en el camino
en actitud mendicante, con sus platos,
una costumbre ancestral.
No tienen nada,
excepto moscas secas y céntimos falsos.
Nos miran como pasmados.
¿Están muertos o qué?
Sin embargo, tienen esa mirada irritante
de los que saben más que nosotros.

¿Saben más de qué?
¿Qué es lo que alegan saber?
Escupidlo, les silbamos.
¡Decidlo claro de una vez!
Si buscas una respuesta sencilla,
entonces fingen estar locos,
o borrachos, o pobres.
Se pusieron esos disfraces
hace algún tiempo,
esos jerseis negros, esos andrajos;
ahora pueden quitárselos.
Y tienen problemas con sus dientes.
Ésa es una de sus cargas.
Les vendría bien ir al dentista.

También tienen problemas con sus alas.
No se muestran dispuestos a colaborar
con nuestro departamento de vuelos.
Ya no planean, no resplandecen,
no bromean.
¿Para qué demonios les pagamos?
(Imagina que les pagamos.)
No pueden despegar
con sus plumas enlodadas.
Si vuelan, es hacia abajo,
hacia la húmeda tierra gris.

Idos, les decimos,
y llevaos vuestra aburrida tristeza.
No os queremos aquí.
Se os ha olvidado cómo decirnos
lo sublimes qué somos.
Que el amor es la respuesta,
siempre nos gustó este verso.
Se os ha olvidado cómo seducirnos.
Ya no sois sabios.
Habéis perdido vuestro esplendor.

Pero los poetas resisten.
No se puede decir que no son tenaces.
No saben cantar, no saben volar.
Sólo saltan y croan
y se golpean contra el aire
como si estuvieran en jaulas,
y cuentan el viejo chiste.
Cuando les preguntan, responden
que dicen lo que deben.
¡qué pretenciosos son!

Sin embargo, saben algo.
Hay algo que sí saben.
Algo que están susurrando.
No alcanzamos a oírlo.
¿Será sobre el sexo?
¿O sobre el polvo?
¿O sobre nuestro miedo?


Margaret Atwood


(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)
THE POETS HANG ON


The poets hang on.
It's hard to get rid of them,
though lord knows it's been tried.
We pass them on the road
standing there with their begging bowls,
an ancient custom.
Nothing in those now
but dried flies and bad pennies.
They stare straight ahead.
Are they dead, or what?
Yet they have the irritating look
of those who know more than we do.

More of what?
What is it they claim to know?
Spit it out, we hiss at them.
Say it plain!
If yon try for a simple answer,
that's when they pretend to be crazy,
or else drunk, or else poor.
They put those costumes on
some time ago,
those black sweaters, those tatters;
now they can't get them off.
And they're having trouble with their teeth.
That's one of their burdens.
They could use some dental work.

They're having trouble with their wings, as well.
We're not getting much from them
in the flight department these days.
No more soaring, no radiance,
no skylarking.
What the hell are they paid for?
(Suppose they are paid.)
They can't get off the ground,
them and their muddy feathers.
If they fly, it's downwards,
into the damp grey earth.

Go away, we say —
and take your boring sadness.
You're not wanted here.
You've forgotten how to tell us
how sublime we are.
How love is the answer:
we always liked that one.
You've forgotten how to kiss up.
You're not wise any more.
You've lost your splendour.

But the poets hang on.
They're nothing if not tenacious.
They can't sing, they can't fly.
They only hop and croak
and bash themselves against the air
as if in cages,
and tell the odd tired joke.
When asked about it, they say
they speak what they must.
Cripes, they're pretentious.

They know something, though.
They do know something.
Something they're whispering,
something we can't quite hear.
Is it about sex?
Is it about dust?
Is it about fear?



Margaret Atwood. Poeta y novelista canadiense. Nacida en Ottawa,en 1939. Estudió en las universidades de Toronto, el Radcliffe College y de Harvard. Escribe desde muy joven, y empieza a publicar poemas cuando tenía 19 años. Su primer libro de poesía, Double Persephone, apareció en 1961. Continuó escribiendo mientras enseñaba literatura inglesa en diversas universidades canadienses (1964-1972) y como lectora en la Universidad de Toronto (1972-1973). Obtuvo reconocimiento internacional con la publicación de The Edible Woman (1969), a la que siguieron muchas otras, como Resurgir (1972), Lady Oracle (1976), Life Before Man (1979), Ojo de gato (1989), y The Robber Bride (1993). Aunque algunas de sus obras han sido calificadas de feministas por parte de la crítica, Atwood señala que ella empezó a ocuparse de asuntos como la llegada a la madurez de las mujeres a los 50 años y de los cambios de los papeles de los sexos antes de que estos temas fueran popularizados por los movimientos de liberación de la mujer. La respuesta crítica a los libros de poemas de Atwood fue favorable, en especial con Power Politics (1971) y You Are Happy (1974). The Circle Game (1966) ganó el Premio del Gobernador General de Canadá en el apartado de poesía, como ocurrió en el apartado de narrativa con El cuento de la criada (1986). Una colección de sus relatos, Wilderness Tips, se publicó en 1991. El conjunto de su obra fue premiado con el Premio internacional del Welsh Arts Council's (1982). En 1968, se casó con Jim Polk, del que se divorcio en 1973. Luego, contrajo matrimonio con el novelista Graeme Gibson con el que se mudó a Ontario, al norte de Toronto. En 1976 tuvieron a su hija Eleanor Jess Atwood Gibson. Volvió a Toronto en 1980.

(Biografía tomada de el poder de la palabra)



martes, 25 de mayo de 2010

La primavera






















De nuevo, este año, buscaré el lugar,
el pequeño valle donde los halcones tienen
un escondrijo para el amor: ya ahora se buscan,
dan vueltas arriba del pedregal,
y yo siento el grito y el desgarrarse del aire
cuando pasan las alas: dentro del corazón lo siento,
cuando el gemido de la nieve que se derrite
tan largamente canta.
Y ellos se alzan, altos,
alas potentes para atrapar el cielo, y juntos
vuelan, y beben el esplendor. Hay allí
arriba, lugares, entre malezas y piedras,
donde tan tierna y tan temprana la hierba
ahora germina. Y llega el tiempo beato
que tan límpido en nosotros llamea en el cielo,
tan fuerte el grito; y los miro, ellos, que van
con vuelo seguro hacia corrientes puras
cándidas de luz, y en la cumbre del deseo se rozan,
en altos rechinares. Todo es para ellos, allí arriba;
ellos sólo poseen el cielo profundo, ellos solos
que ebrios de alegría cantan su locura:
debajo del vuelo, la tierra despertándose de nuevo.



Bianca Dorato


(Traducción: Rocco Carbone)


La prima. Ancora, st'ann, i sërcherai ël leu, / la cita comba 'nté ij farchèt a l'han / n'ëstërmaj për l'amor: già ora as sërco, / an vironianda dzora a la ciapera, / e i sento 'l crij e l'ëscianchensse dl'aria / al passé dj'ale; ant ël cheur i lo sento, / quanda 'd gëmmi dla fiòca che as ëslèiva / tan longa a canta. E chiej as levo, àut, / ale possante a sesì 'l cel, e ansema / a vòlo, e a bèivo la s-ciandor. A-i son, / là amont, dij leu, 'ntra ij busson e le pere, / anté tan tënnra e tan novissa l'erba / a buta, ora. E a ven ël temp uros / che tan ësclint ël cel an branda andrinta, / tan fòrt ël bram: e i-j viso, chiej, che a van / con vòli frem ant le corent genite / candie dla lus, e al cò dl'anvía as ësfriso, / àut an crijanda. Tut për chiej, là amont; / mach chiej a ten-o 'l cel ancreus, mach chiej / che agassà 'd gój a canto soa folor: / sota 'vòli, la tèra che as arvìa.



Bianca Dorato. Poeta italiana. Nació en 1933 enTurín, donde vive. Escribe en dialecto piamontés y ha publicado los siguientes libros: Tzantelèina (1984); Passagi (1990); Drere 'd lus (1990); Fiòca e òr (1998), Travërsera (2003). En 1998 en "L'Arvista di'Academia" (Montreal, 1998) se editó una novela breve con el título de Signaj. También publicó textos para teatro entre los que cabe recodar Ël Serv (1997).

LEER más poemas en el blog de Jorge Dipré, de donde procede la imagen de la
autora, clic



Quizá



Quizá es este abrazo

—o el cielo que dentro de nosotros
a empujones de luz se vierte
quizá, el esplendor
de la mirada reflejada en la mirada,
o el temblor de un huracán
que nos trastorna, amedrentándonos-
o solamente el pequeñísimo
temblor de los hilos de hierba
de oro, acá junto a nosotros,
sobre el inmóvil hielo de la tierra.
Es un soplo ligero apenas
el viento pasa -pasa por arriba nuestro-
viene desde lejos, y canta
hacia lugares lejanos va.



Bianca Dorato (Italia, Turín, 1933)
(Traducción: Rocco Carbone)


Miraco. Miraco, a l'é s'ambrass / - o 'l cel che drinta 'd noi / a possà 'd lus as versa - / miraco, l'ësbaluch / dël bèich specià 'nt ël bèich, / o 'l tërmolon d'orissi / che an ësvanta, sburdì) - / o mach ël frissoné / cit cit dij brin ëd l'erba / d'òr, si dacant a noi, / sël geil frem ëd la tèra. / Mach na bufà lingera / 'l vent - dzora 'd noi a pass - / a ven da leugn, e a canta / a leu daleugn a va.



lunes, 24 de mayo de 2010

También no sentir es una culpa






















También no sentir es una culpa.

Mientras tanto puede ser que las estrellas
calladas se hayan apoyado en el pasto
en medio de pedazos de vidrios y luciérnagas
para hacer fueguitos de ojos,
donde de día algunas margaritas
hacen arcos de maravillas.

También el no ver que todo desaparece
contra un cielo oscuro.
¿Quién dirá: estaba?

Alargar los brazos hasta el círculo
apagado de la luna con las palabras
degradadas y el coro de los mosquitos
intentando atravesar malezas de hierbas.

Sacarse la piel de encima
antes de que se caiga, deshacerse,
polvo que vuela más alto
del silencio, por doquier,
y cala como una lluvia muerta.

O: adelante, a recomenzar.
Esperar que todo se repita.


Luigi Bressan
(Traducción: Rocco Carbone)


Anche no sintire ze 'na colpa. Anche no sintire ze 'na colpa. // Intanto podarse ch' 'e stele / site site s'abia calà so 'l pra / i' mezho i viri e 'e batisuòsole / a fare foghiti de ocj, / do' che de dí de' malgarite / resta, zheje 'e maraeje. // Anche no édare che tuto sparisse / incontra on cjelo scuro. / Chi che dirà: ghe jera? // Slongare i brazhi al zhercjio / stuà de 'a luna co 'e parole / desmesse e 'l coro di' moschini / tentando passaje de erba. // Cavarse 'a pele 'a dosso / vanti che 'a cada, desfarse, / pólvare che zola pi alta / del tasère, partuto, / e cala 'fa 'na piova morta. / O: vegna, a scumizhiare 'a cao. / Spetare che tuto se repeta.


Luigi Bressan. Poeta italiano. Nació en 1941 en Agna (Padova) y vive en Codroipo (Udine), donde ha dictado clases en el liceo scientifico. Ha publicado el el dialecto de su pueblo de origen: El canto del tilio (1986); El zharvelo e le mosche (1990); Che 'fa la vita fadiga(1992); Maraeja(1992); Data(1994); Vose par S. (2000). Y, en italiano: Quando sarà stato l’addio?, Il Ponte del Sale, Rovigo, 2007.



Por haber apoyado



Por haber apoyado las manos en el contorno

de una jarra llena
de aire vacía y encima
todas sus guirnaldas de estrellas
-ojos de prado las margaritas
a la espera de un atiborrarse de criaturas—
por haber coloreado de verde
—cuántos pasan—
de celeste
y de sanguina una pascua,
al encanecer la primera nieve
nos volvemos carbón al escribir
un punto de noche, piedras
redondas como el cielo, perdidos
en la oscuridad y estatuitas de yeso
con el rostro borrado.


Luigi Bressan
(Italia, Agna -Padova-, 1941)



(Traducción: Rocco Carbone)

Par 'vere pozhà. Par 'vere pozhà 'e man sol torno / de' na zhara 'l colme / de aria vuoda e dosso / tute 'e so grilande 'stele / -ocj de pra' le malgarite / a spetare inzhejarse de creature —/ par vere incolorio de verde / — cuanti che passa — de cjleste / e de sanguin 'na pascua, / al bianchezhare 'a prima nieve / se deventa stizhi a scrívare / on ponto 'e note, sassi / tundi 'fa 'l cjelo, persi / tel so scuro e statuete 'e jesso / co 'l muso scancjelà.



Extranjeros



"Ese hijo que corre

en los descampados es mi hijo"
es necesario que lo repita a los gritos,
porque todos somos extranjeros,
una vez o muchas,
y nos llamamos para reencontrarnos,
especialmente cuando,
como hoy,
las hojarascas atormentan,
se chocan con el viento,
y un lago de azul,
nos mira y nos espanta.


Luigi Bressan (Italia, Agna -Padova-, 1941)

(Traducción: Rocco Carbone)


Foresti. "Chel fiolo che core / sol verto ze me fiolo" / bisogna ca me 'o zhiga, /perch'e tuti semo foresti, / 'na 'olta o tante, / e se cjamemo pa' catarse, / màssime cuando, come uncuò, / le frasche ne tormenta, / che sesbate col vento, / e on lago de celeste / ne varda e ne spaventa.



domingo, 23 de mayo de 2010

LA VERDAD DE LA POESÍA




1. Que la poesía personifica o representa una u otra clase de verdad, nunca lo han negado los poetas, ni siquiera los que han ido más lejos que Baudelaire en la búsqueda de una sintaxis liberada de los usos de la prosa, de una metáfora no sometida a un tema, de un léxico determinado más por valores acústicos que por exigencias semánticas. Es un error afirmar que desde la época de Baudelaire la poesía se ha desarrollado sólo en una de esas direcciones.
Distintos poetas han explorado diferentes posibilidades de desarrollo; y buen número de poetas destacados, no menos modernos que los que buscarían sus antepasados en Mallarmé, no han seguido ninguna de esas direcciones, sino que han aspirado a la desnudez y a la expresión directa, que excede con mucho lo exigido por los cánones clásicos más estrictos. Para Dryden, las palabras que forman un poema son "la imagen y el adorno" del pensamiento, y la función primaria de ese poema es "llevarlo a nuestra comprensión" (1) aunque Dryden se refería a la traducción en verso, y su práctica como poeta y traductor de poesía no siempre coincide con una definición tan rígida. Los poetas modernos en cuestión difieren de Dryden en que no emplean adornos, ni imágenes o metáforas que sean ornamentales en el sentido de no añadir más que grandeza o dignidad a sus pensamientos. Lo importante para los lectores y críticos de
poemas modernos consiste en no esperar un enfoque tan sencillo o invariable de las muchas clases de verdad que pueden expresar las distintas clases de poemas.
Cuando Donald Davie reseñó en 1954 el libro de Bonamy Dobrée, The Broken Cistern, citó este pasaje tan conocido de la conferencia que A.E. Housman dictó en 1933, The name and nature of poetry: (2)

Los poemas rara vez consisten únicamente en poesía, y también de sus otros ingredientes puede obtenerse placer. Estoy convencido de que la mayoría de los lectores se engañan cuando piensan que están admirando la poesía, debido a su incapacidad para analizar sus sensaciones, y lo que en realidad admiran no es la poesía del pasaje que tienen ante ellos, sino algo más que éste contiene, y que prefieren a la poesía.

Davie prosigue su comentario:

I. A. Richards, en Practical Criticism, demostró que en efecto así era. Bonamy Dobrée afirma que en la actualidad la poesía tiene pocos lectores de este tipo; y esto, aunque no puede probarse, también parece posible. Lo sorprendente es que crea que esto es una lástima. Uno pensaría que si el poeta no tiene ya tantos lectores de este tipo, mejor para él. Pero el profesor Dobrée está convencido de que la poesía puede tener influencia civilizadora incluso en quienes leen poemas por algo que no es su contenido poético. Esto, por decir lo menos, es muy discutible, porque Practical Criticism parecía demostrar también que si la poesía se leyera en este sentido equivocado, sería una influencia debilitante y nada civilizadora.

Sería un placer coincidir con Davie cuando dice que "en la actualidad la poesía tiene pocos lectores de este tipo", pero todavía podemos encontrar a muchos de ellos en los recitales de poesía, en los seminarios universitarios y en otros lugares inesperados. "La poesía —dijo Housman en la misma conferencia— no es la cosa dicha sino la forma de decirla. ¿Puede entonces aislársela y estudiarla por sí misma? Porque la combinación del lenguaje con su contenido intelectual y su significado, constituye la unión más estrecha imaginable." Si críticos tan expertos como el profesor Dobrée insisten en separar "la cosa dicha" de "la forma de decirla", o, como el profesor Heller, insisten en que la poesía, después de todo, es "la cosa dicha", lo más probable es que sigan existiendo lectores de ese tipo por mucho tiempo, y no sólo en países donde cualquier clase de lector es considerado sospechoso ideológicamente. Incluso después del simbolismo, el imagismo, el futurismo, el expresionismo, el surrealismo y la nueva poesía concreta, no sólo los críticos y los lectores, sino también los poetas, siguen divididos sobre aquellas cuestiones a las que Baudelaire no pudo dar una respuesta inequívoca; y en muchos casos tal división persiste como una división interna, como uno de esos conflictos con uno mismo con los que un poeta hace poesía, como dijo Yeats.
El propio Donald Davie escribió en una ocasión un elocuente llamado en pro de una poesía que "exhale lo humano" y que no muestre "pérdida de fe en el pensamiento conceptual" y, como señaló entonces en Articulate Energy, (3) tal poesía debería regresar a una sintaxis más lógica que dinámica. Aunque es probable que su posición haya cambiado ahora, su análisis de la sintaxis poética moderna, y de los cambios psicológicos y filosóficos que condujeron a su adopción, aún es válido. Sobre todo, tenía razón al subrayar la importancia de la sintaxis poética:

Desde ese punto de vista, con respecto a la sintaxis, la poesía moderna, tan diversa en otros aspectos, es vista como una sola. Y podemos definirla así: Lo común a toda la poesía moderna es la certeza o la suposición (con más frecuencia esto último) de que la sintaxis en la poesía es completamente diferente de la sintaxis según la entienden los lógicos y los gramáticos. Cuando el poeta conserva formas sintácticas aceptables para los gramáticos, sólo se trata de una convención que decide respetar. Pero nunca antes del periodo moderno se ha dado por supuesto que toda sintaxis poética deba ser así. Ésta es, seguramente, la innovación simbolista de la que parten todas las novedades técnicas que los poetas simbolistas introdujeron. Los poetas posteriores pudieron rechazar todos los demás métodos simbolistas y, sin embargo, al compartir, conscientemente o no, la actitud simbolista hacia la sintaxis, se destacan como postsimbolistas.

En el mismo estudio, Donald Davie citó una comparación hecha por Paul Valéry, de la sintaxis poética de Mallarmé —una sintaxis, por cierto, que Mallarmé también logró emplear en su prosa— con "las actitudes de los hombres que, en el álgebra, han examinado la ciencia de las formas y la parte simbólica del arte de las matemáticas. Este tipo de atención hace que la estructura de las expresiones tenga más sentido y que sea más interesante que su significado o valor". La conclusión de Davie fue que "la sintaxis de Mallarmé no recurre a nada más que a sí misma, a nada fuera del mundo del poema". (4)
Sin embargo, Mallarmé también ha sido considerado el representante de una tradición tan antigua como la poesía misma. Elizabeth Sewell, de cuyo libro The Structure of Poetry obtuvo Davie la cita de Valéry, hizo justamente esta observación en el libro que escribió después, The Orphic Voice. (5) En él cita la referencia de Mallarmé a la tradición órfica: "L'explication orphique de la terre, qui est le seul devoir du poète et le jeu littéraire par excellence." ("La explicación órfica de la tierra, que es el único deber del poeta y el juego literario por excelencia)." Su libro tiene el singular mérito de relacionar la "postlógica" de la poesía moderna —ejemplificada en los procesos sintácticos analizados por Donald Davie— con el desarrollo de la ciencia y el pensamiento. A Elizabeth Sewell no le cabe la menor duda sobre la capacidad de la poesía moderna para captar la verdad: "La poesía hace pleno uso del idioma como medio del pensamiento, la exploración y el descubrimiento, y apenas ahora comenzamos a aprovechar algo de su posible utilidad." Las palabras operativas son "exploración" y "descubrimiento", puesto que la distinción esencial entre una sintaxis expositiva y la sintaxis de la poesía postsimbolista tiene que ver con la disposición de estos últimos poetas para explorar verdades más que para afirmarlas. Elizabeth Sewell muestra que hay un precedente del procedimiento exploratorio no sólo en la poesía de todas las épocas, sino también en la filosofía y en la ciencia especulativa. La poesía, sugiere ella, tiene el mismo propósito que la religión, la ciencia y el mito, y "ésa es la verdad tomada en su sentido más llano". Esta función de la poesía ha sido resumida de una vez por todas en el prefacio a Lyrical Ballads: "La poesía es el aliento y el espíritu más fino de todo conocimiento, que infunde lo sensible en los objetos de la ciencia misma."

2. La poesía de Mallarmé y de sus sucesores llevó las sensaciones —imagen, música, ademanes— a terrenos que se consideraban accesibles sólo al pensamiento abstracto y a la argumentación lógica. Antes de ellos, pocos poetas trataron de establecer con tanta congruencia una sintaxis parecida a "la lógica de la conciencia misma", como Susanne K. Langer lo ha expresado, (6) aunque las contracciones sintácticas de Hölderlin, sus elipsis e interrupciones, son tan atrevidas como las de Mallarmé; también Hölderlin buscó conscientemente una poesía tan "viva" como fuera posible, que representara el proceso de sentir, pensar e imaginar.
Sin embargo, la discusión no ha terminado. Lo que Susanne Langer llama el "interés artístico" de la poesía sigue estando en conflicto con lo que ella llama lo ''propositivo", que a veces se manifiesta en la obra de un poeta o en la estructura de un poema. Podemos aceptar el punto de vista de una esteta como Susanne Langer, de que todo arte es abstracto —en el sentido especial que ella define—(7) y simbólico, de que "la relación de la poesía con el mundo de los hechos es la misma de la pintura con el mundo de los objetos: si los hechos reales llegan a entrar a su órbita, son motivo de la poesía, así como los objetos reales son motivo de la pintura. La poesía, como todo arte, es abstracta y significativa". Sin embargo, al mismo tiempo podemos darnos cuenta de que reaccionamos de manera primitiva ante el "interés propositivo" de un verso como el de Mallarmé:

La chair est triste, hélas! et j'ai lu tous les livres

o de Yeats:

Man has created death

aunque ambos son excelentes ejemplos de afirmaciones pseudorreales cuyo significado no puede separarse de sus contextos. En un poema de la primera época de Mallarmé, que en cierta forma es todavía baudelaireano (Brise Marine), como en el poema de Yeats, el verso aislado, debido a su unidad sintáctica, tiene una evocación más característica de los versos clásicos que de la poesía posterior de Mallarmé, organizada más sutilmente, en la que cada imagen y cada cadencia están relacionadas intrínsecamente con las demás, e incluso se descarta la puntuación. Otra forma de expresarlo es que la convención romántica de la poesía confesional sigue predominando en los primeros poemas de Mallarmé, como los poemas de Baudelaire, a tal grado que provoca más bien un "interés propositivo" que artístico. La afirmación del poema de Mallarmé L' Azur, acerca de que "El cielo está muerto" ("Le ciel est mort"), difícilmente puede dejar de provocar una reacción semejante a la nuestra ante la declaración en prosa de Nietzsche: "Dios ha muerto." La afirmación de Mallarmé no abarca un verso, pero la apostrofación del "tema" en el mismo verso — "Vers toi, j'accours! donne, ô matière..." — establece un vínculo tan importante en la historia del pensamiento y del arte, tan esencial también para comprender la evolución artística de Mallarmé, que es difícil evitar una interpretación que no tome en cuenta al contexto. El descubrimiento de que los poetas no necesitan proporcionar esa clase de evidencia —en este caso, una variación del hallazgo de Nietzsche de que la muerte de Dios hace que el "arte sea la última actividad metafísica del nihilismo europeo", junto con el corolario de que este arte moderno debería ser en último término materialista, a pesar de sus impulsos espirituales y cuasi religiosos— provocó que Mallarmé y sus sucesores elaboraran una poesía que ya no lleva a la interpretación literal de versos aislados o de partes de versos.
Este descubrimiento no necesariamente indica una "pérdida de fuerza" en los poetas modernos, como sugiere Donald Davie en Articulate Energy, o un empobrecimiento de la poesía, como lo lamenta Bonamy Dobrée en The Broken Cistern. Las verdades ontológicas o psicológicas expresadas en declaraciones como "El hombre ha creado a la muerte" y "El cielo está muerto" no se separan de la poesía ni cuando los poetas logran resistir la tentación de expresarlas directamente. Los poetas todavía piensan, sienten e imaginan; pero el pensamiento, el sentimiento y la imaginación tienden a interpretarse cada vez más como el proceso indivisible que intrínsecamente han sido siempre. "La Imaginación", dijo el poeta francés Saint-Pol Roux en 1923, "es una cosecha antes de la "siembra. La razón es la imaginación que se ha vuelto rancia.(8) "L'Imagination, c'est la moisson d'avant les semailles. La raison, c'est de l'imagination qui a de la bouteille."
Realmente no podemos cuestionar que nada ha dificultado tanto la comprensión de los poemas en cuanto poemas, como las afirmaciones directas que pueden desprenderse de ellos: es decir, de aquellos pasajes que parecen comprenderse de manera más inmediata. Algunas afirmaciones de este tipo parecen exigir que se las destaque porque son muy citables, como ésta de W. H. Auden:

Si se preguntara quién dijo ¡La belleza es verdad, la verdad es belleza!, muchos lectores responderían: "Keats". Pero Keats no dijo nada de eso. Es lo que dijo que decía la Urna Griega, su descripción y crítica de cierto tipo de obra de arte de la que están excluidos deliberadamente los males y problemas de esta vida, y "el corazón afligido y hastiado". La Urna, por ejemplo, representa, entre otros hermosos paisajes, a la ciudadela de un pueblo en la colina; no describe la guerra, el mal que hace necesaria la ciudadela.
El arte surge de nuestro deseo de belleza y verdad y de nuestro conocimiento
de que no son idénticas. (9)

Con seguridad, críticos más inclinados al platonismo o a la tradición órfica de Elizabeth Sewell disentirían de la interpretación de Auden; éste es precisamente el problema con afirmaciones generales de esa clase. Auden está en lo cierto al señalar la función estrictamente poética de esas palabras en ese poema en particular. Pero cuando a continuación dice que los poetas escriben sabiendo que la belleza y la verdad no son idénticas, nos está diciendo algo sobre poetas como Auden, y no necesariamente sobre poetas como Keats, cuya proposición o afirmación sigue siendo discutible, tema de debate para críticos y estetas; y eso, en el mejor de los casos, es una función incidental de la poesía.

3. El propio W. H. Auden recibió sólo una mención incidental en el estudio de Hugo Friedrich, ampliamente leído, sobre el desarrollo de la poesía moderna: Die Struktur der modernen Lyrik; (10) y nuevamente nos recuerda que no existe un movimiento único en la poesía moderna, totalmente internacional y que progrese en línea recta desde Baudelaire hasta la mitad de nuestro siglo (periodo que cubre el libro de Hugo Friedrich). Friedrich tiende a concentrarse en un desarrollo lineal —hacia la poesía "pura", "absoluta" o hermética— y su especialización académica es en lenguas romances, en las que esa tendencia de desarrollo ha sido más acusada que en las lenguas anglosajonas, eslavas o escandinavas. En la poesía inglesa, especialmente, después de cada paso en dirección del verso hermético o puro, se han dado cuando menos dos pasos hacia atrás, o ha habido lo que suele llamarse un periodo de "consolidación". La historia del imagismo —la más prometedora de las variedades del modernismo anglosajón— es uno de estos casos. Sin embargo, Baudelaire, como he tratado de demostrarlo, fue un moralista tanto como un esteta; y es el interés moral de los que no son herméticos lo que los ha traído de vuelta una y otra vez a formas de expresión poética que divergen de la línea de desarrollo trazada por Hugo Friedrich. Característicamente, la breve referencia a Auden es parecida a otra de Bertolt Brecht, un poeta que no pertenece a la especialidad lingüística de Friedrich. Si se toma a Baudelaire como punto de partida —y Friedrich comienza con Baudelaire— el dilema inherente a la poesía moderna tiene que tomarse en cuenta. Baudelaire, después de todo, fue uno de los primeros poetas en enfrentar algunas de las realidades de la moderna escena megalopolitana; y los poetas de lengua inglesa, de T. S. Eliot a Auden, de William Carlos Williams a Philip Larkin y a Charles Tomlinson, han sobresalido en tipos de poesía que corresponden de manera mucho más fehaciente que la de Baudelaire a determinados lugares y costumbres. La integración en la poesía de realidades experimentadas y observadas, es decir, su integración en la expresión, las imágenes y la estructura rítmica de los versos, constituye un proceso aparentemente contrario a la tendencia a la abstracción, como la entendió Susanne Langer, o hacia la esencial autonomía del arte. Mas siempre que se ha escrito gran poesía, en el siglo pasado o en cualquier otro siglo, los dos impulsos opuestos se han encontrado, y la imaginación (o "la interioridad") se ha fundido de una forma novedosa con la experiencia exterior.
Hugo Friedrich hizo mucho hincapié en lo que llama la "destrucción de la realidad" en la poesía moderna, comenzando con Baudelaire y su "despersonalización de la poesía; por lo menos en la medida en que la palabra lírica ya no procede de la unidad de la poesía con el yo empírico".(11) Sin embargo acepta que esta unidad sólo fue característica de la poesía confesional del periodo romántico, de modo que la "despersonalización" de Baudelaire puede considerarse un retorno a las premisas clásicas. (Así fue como la defensa de Eliot de la impersonalidad en la literatura se ligó al mismo tiempo con su modernismo y con su preferencia por el clasicismo.)
Con Rimbaud, el asalto de la imaginación alcanza una vehemencia que apoya la idea de Friedrich de que algunos poetas modernos "destruyen la realidad". También tiene razón al comentar sobre el "trascendentalismo vacío" de gran parte de la poesía moderna al citar el recurso de Rimbaud a "los ángeles sin Dios y sin mensaje". (Puede seguirse la huella a toda una genealogía de estos ángeles, desde Rimbaud hasta Stefan George, Rilke, Wallace Stevens y Rafael Alberti; y Friedrich de hecho establece la conexión entre los ángeles de Alberti y los de Rimbaud.) También en Rimbaud encuentra Friedrich evidencias de "un proceso de deshumanización" característico del desarrollo de la poesía moderna, pero de nueva cuenta objetamos: sólo de esa línea de desarrollo que Friedrich decide seguir, y cita el siguiente verso de Herodías, de Mallarmé:

Du reste, je ne veux rien d'humain

y afirma que "podría servir de motivo para toda la obra de Mallarmé".(12) Pero éste es un poema en forma dialogada y es Herodías quien habla, en la obra de un poeta que había roto "la unidad de la poesía con el yo empírico" de manera más tajante que Baudelaire. El propio Friedrich cita la famosa observación que Mallarmé hizo a Degas: "Los poemas no están hechos de ideas sino de palabras." Es verdad que Friedrich también cita la confesión que Mallarmé hizo a Cazalis en una carta de 1866: "Después de haber encontrado la nada encontré la belleza"; por lo demás, no se niega que en el fondo del esteticismo extremo de las postrimerías del siglo xix y principios del xx hubo un profundo nihilismo.
Es la parcialidad del punto de vista de Friedrich sobre lo que constituye la poesía moderna lo que le permite hacer generalizaciones como la siguiente: "Llamar a una cosa por su nombre significa destruir tres cuartas partes del placer de un poema... esto se aplica a Mallarmé y a casi toda la poesía lírica después de él"; o: "El poema moderno evita reconocer la existencia objetiva del mundo objetivo (incluyendo el mundo interno) mediante elementos descriptivos y narrativos." Sin embargo, en otra parte admite que "existe también una poesía pletórica de cosas", aunque "tal abundancia de cosas está sujeta a una nueva forma de ver y de combinar, a nuevos recursos estilísticos; es esencial para la fuerza lírica del tema arreglarlo como le plazca",(13) y se refiere a Francis Ponge como

un escritor de "una poesía que no tiene otro contenido que las cosas... El tema de sus poemas en verso libre se llama pan, puerta, concha, guijarro, vela, cigarro. Están captadas con tanta exactitud que un crítico (Sartre) ha hablado de una 'fenomenología lírica'. El ego que las capta es ficticio, un mero vehículo del lenguaje. Este lenguaje, sin embargo, es todo menos realista. No deforma las cosas tanto como que las vuelve inertes, o comunica una vitalidad tan extraña a las cosas inertes por naturaleza, que se crea una irrealidad fantasmal. Pero el hombre queda excluido".

Sugerí ya que el hombre nunca puede ser excluido de la poesía escrita por seres humanos, por impersonal o abstracta que sea, y de los poemas de Francis Ponge en particular uno podría decir igualmente que no expresan a las cosas sino a una forma de ver las cosas y de sentirlas. Ponge, en verdad, ha expresado graves recelos sobre el punto de vista antropocéntrico de un universo que se ha convertido "en nada más que el campo de acción del hombre, un escenario sobre el cual ejercer su poder". Pero lo anterior también es un punto de vista del hombre. En otra parte, en su libro Liasse (1948), Ponge ha escrito: "La gente dice que el arte existe por sí mismo. Esto no significa nada para mí. Todo en el arte existe para el hombre." En cuanto a su enfoque de las cosas —un intento por poner otra vez al hombre en el universo natural, y relacionarlo con sus fenómenos— ha dicho:

Mi método no es, desde luego, el de la contemplación en el sentido estricto de la palabra, sino más bien es tan activo que la acción de nombrar aparece de inmediato; es una operación pluma en mano, de tal modo que encuentro analogías más cercanas en la alquimia... y generalmente también en la acción (incluyendo la acción política) que en cualquier clase de éxtasis que se origina sólo en el individuo y que más bien me hace reír.

Como lo ha demostrado Werner Vortriede, (14) la práctica simbolista descansa en la suposición de una correspondencia mágica entre los mundos interior y exterior, una suposición que se remonta a Novalis y a otros teóricos del romanticismo alemán. "Psicológicamente hablando", comenta Vortriede, "el uso de símbolos de Mallarmé, y la práctica simbolista en general, constituyen un misticismo secularizado"; psicológicamente hablando, porque los simbolistas estaban produciendo perpetuamente analogías del proceso poético mismo. Por lo menos en sus primeros años, Mallarmé hablaba de "comprender" los poemas, al decir que el placer que nos proporcionan consiste en nuestra comprensión gradual. El lector, por lo tanto, está invitado a participar en un proceso de exploración. La referencia de Francis Ponge a la alquimia nos pone una vez más en guardia contra la curiosa intercambiabilidad de sujeto y objeto en gran parte de la poesía moderna. La llamada "poesía objeto" de Rilke en su Neue Gedichte (Nueva poesía) es otro ejemplo notable. Esto se ha visto como un intento muy subjetivo de parte del poeta, de emular la práctica de los pintores y escultores en su interés por lo visual y táctil del mundo físico. Der Panther, de Rilke, un aparente triunfo de la objetividad poética en ese libro, es tanto un poema sobre el proceso poético como sobre una pantera; la mirada del animal enjaulado, que sólo tropieza con imágenes sin relación con la verdadera naturaleza de la pantera, imágenes que entran en el ojo de la pantera pero que "dejan de ser" cuando llegan a su corazón, como los barrotes de la primera estrofa sin un "mundo" detrás de ellos: todo lo anterior son analogías de la enajenada "interioridad del poeta". Pero también es hablar desde el punto de vista psicológico, y no necesitamos investigar sobre el proceso psicológico. Lo que hace que el poema tenga éxito es que el poeta ha encontrado una correspondencia que funciona —la "correlación objetiva" de Eliot— y la ha expresado de tal forma que no nos distrae con alusiones a su estado mental. El poema de Baudelaire El albatros, es un poema similar, hablando psicológicamente, pero Baudelaire se sentía obligado a explicar y resolver su analogía entre el animal y el poeta "cuyas alas gigantescas le impiden caminar", así como la pantera de Rilke es una "gran voluntad" paralizada por la falta de algo en qué ejercerla. La explicación de Baudelaire convierte a su albatros en un pájaro metafórico, menos interesante que la pantera de Rilke, y permite al lector estricto o de mente muy literal objetar que los poetas, como no son pájaros ni ángeles, no tienen alas, y mucho menos alas gigantescas. La comparación denigra al pájaro y al poeta, porque incluso la comparación más rigurosa implica siempre que las dos cosas comparadas no sean idénticas. Así pues, el que Mallarmé recurriera a este tipo de imágenes flotantes, libres, sin anclas y sin explicación, enriqueció los recursos de la poesía, cualesquiera que hayan sido las premisas psicológicas y filosóficas de este poeta. Artísticamente hablando —es decir, en términos de efectos más que de causas— absolvió a los poetas posteriores de la gastada dicotomía entre el pensamiento y las cosas.

4. El lenguaje mismo garantiza que ningún tipo de poesía sea totalmente "deshumanizada", aunque el poeta trate de proyectar la pura interioridad hacia el exterior —como con frecuencia hizo Rilke— o perderse y encontrarse en animales, plantas y seres inanimados. El equilibrio exacto entre la expresión del sentimiento y la penetración del mundo exterior puede ser un problema para los poetas cuando no están escribiendo poesía, así como para aquellos de sus críticos cuyos intereses principales son psicológicos y filosóficos. Si el poema se logra, el problema está resuelto en ese poema: dentro de sus límites prevalece una correspondencia mágica. Algo de esta intercambialidad parece ligarse a los últimos experimentos en esa clase de poesía que no expresa ni registra nada, sino que hace de las palabras y sus interrelaciones su único material. Es bastante significativo que esta clase de poesía haya sido descrita al mismo tiempo como "abstracta" y como "concreta".
William Carlos Williams es otro poeta en cuya obra pululan gentes, lugares y cosas. Como en la obra de Ponge, este involucramiento fue activo, basado en la reciprocidad de la imaginación y la realidad externa. Es común etiquetar a Williams con la fórmula "no hay ideas sino en las cosas", un paréntesis que aparece en su poema A Sort of Song: (15)

Let the snake wait under
his weed
and the writing
be of words, slow and quick, sharp
to strike, quiet to wait
sleepless.

—through metaphor to reconcile
the people and the stones.
Compose. (No ideas
but in things) Invent!
Saxifrage is my flower that splits
the rocks.

[Que la serpiente espere bajo
su yerbal
y la escritura
sea de palabras lentas y rápidas, prontas
a morder, tranquilas en la espera
insomnes.
—por la metáfora reconciliar
a la gente con las piedras.
Compon. (No hay ideas
sino en las cosas) ¡Inventa!
Saxífraga es mi flor que parte
las rocas.]


Para empezar, se trata de un poema dinámico de descubrimiento; y las palabras entre paréntesis no son una fórmula sino parte de una experiencia —incidentalmente, una parte de la experiencia que no podría ser expresada en términos de las dos "imágenes" o cosas dominantes del poema, la serpiente y la saxífraga. En poemas posteriores, Williams desarrolló un estilo meditativo que tampoco excluye la expresión directa de ideas, como lo hizo Eliot en Cuatro cuartetos; e incluso aquí tiene que recurrir al lenguaje de las ideas a fin de comunicar su propósito —en forma semejante a la oposición de Ponge a la exploración antropocéntrica del universo— "a través de la metáfora para reconciliar a la gente con las piedras". Un poema posterior, The Desert Music, añade una reflexión sobre el carácter del involucramiento de Williams con el mundo exterior:

to imitate, not to copy nature, not
to copy nature
NOT prostrate to copy nature
but a dance...! (16)

[imitar, no copiar a la naturaleza, no
copiar a la naturaleza
no postrarse para copiar a la naturaleza
sino un baile...!]

El verso que sigue nos lleva de nuevo al mundo físico, de tal forma que una vez más los versos citados pierden su carácter preceptivo y se convierten en parte de una experiencia que también es un descubrimiento. En ambos casos es imposible, y no viene al caso, decir si Williams ha escrito un poema sobre el proceso poético o sobre las personas y las cosas.
Tampoco hay una verdadera incongruencia entre el procedimiento en el poema de su primera época, A Sort of Song, y las palabras de Williams en otro poema posterior, The Host —palabras que también han sido separadas de su contexto y tomadas como una especie de manifiesto:

it is all
according to the imagination!
Only the imagination
is real! They have imagined it
therefore it is so" (17)

[¡todo está
de acuerdo con la imaginación!
¡Sólo la imaginación
es real I Ellos lo han imaginado
por lo tanto así es.]


Aquí Williams ni siquiera habla fundamentalmente de poesía o arte, sino de creencias religiosas —que para él, no creyente, son la imaginación— y, como siempre, la observación general procede de su encuentro con la gente, los lugares y las cosas, de una ocasión específica que más que narrar revive dinámicamente a través de palabras que expresan una experiencia interior y exterior.
La frase: "Sólo la imaginación es real", leída fuera de contexto, se convierte en una declaración que uno se inclinaría a atribuir no a Williams, sino a Wallace Stevens, su contemporáneo norteamericano que parece representar el polo opuesto de la poesía moderna, un poeta encerrado en sí mismo, diferente de Williams, que estaba abierto a todo lo que lo rodeaba. Sin embargo, el léxico y, sobre todo, la sintaxis y el metro del contexto inmediato —con esa palabra "ellos" que cambia sin transición de la declaración general a la gente del poema, el "evangelista negro alto", las "dos monjas irlandesas" y el "anglicano de pelo blanco"— nos remiten sin más a Williams y a la urgencia de la experiencia inmediata. En el aspecto filosófico Williams y Stevens coinciden en ese pasaje, pues los extremos pueden coincidir en la poesía moderna, dado que las posibilidades de la expresión poética se llevan hasta sus límites. Cuando dicho límite se ha alcanzado, el poeta puede oscilar al otro extremo. Sin embargo el principio de la imaginación no estaba menos presente en las palabras a ambos lados del paréntesis en el poema A Sort of Song, las palabras "componer" e "inventar". Si hay una aparente contradicción entre "no hay ideas sino en las cosas" y "sólo la imaginación es real", esta contradicción tiene que ver con el lenguaje.
Una cosa que Williams tenía en común con Wallace Steyens, lo mismo que con Ezra Pound y T. S. Eliot y con casi todos los poetas destacados de su tiempo, fue su interés constante en las posibilidades y límites del lenguaje, incluyendo sus inherentes contradicciones como material de la poesía. En su profundo y perceptivo ensayo The Poet as Pool and Priest, (18) el difunto Sigurd Burckhardt mostró por qué el propio lenguaje impide la abstracción total tanto en poesía como en prosa:

No puede haber poesía que no sea representativa: su medio de expresión lo impide. La frase de MacLeish: "Un poema no debe significar sino ser", señala una importante verdad, pero tal como se presenta es un disparate, porque el medio de expresión de la poesía es distinto de cualquier otro. Las palabras deben significar; si no, carecen de sentido. El árbol del pintor es una imagen, pero si el poeta escribe "árbol" no está creando una imagen, la está empleando. La imagen poética sólo existe en el sentido metafórico... Las palabras ya tienen lo que el artista quiere darles de primera intención -significado- y fatalmente carecen de lo que él necesita para darles forma: cuerpo.

Esta característica fundamental del lenguaje, que fácilmente se pasa por alto, señala uno de los obstáculos con que tropezó Williams, lo mismo que todos los imagistas. Incidentalmente, también expresa los temores de Erich Heller sobre la arrogancia de quienes —como Mallarmé, Rilke o Stevens— se erigieron en "poetas creadores", y modifica todas las definiciones de las funciones de la poesía que —como la de Susanne Langer— están basadas en la consideración de
todas las artes. Burckhardt continúa con la explicación de por qué a veces los poetas —y no sólo los poetas modernos— se han tomado el trabajo de hacer "difícil su lenguaje" (así como otros poetas, o los mismos en otros momentos, han cultivado un léxico sencillo también muy apartado de los estilos literarios o no literarios del discurso prevaleciente de su tiempo) :

Idealmente, el lenguaje del intercambio social debe ser como el cristal de una ventana: no deberíamos darnos cuenta de que se interpone, entre nosotros y el significado que está "detrás" de él. Pero cuando hace poco inventaron los químicos un producto plástico que vuelve invisible el cristal sobre el que se extiende, los resultados estuvieron lejos de ser satisfactorios: la gente tropezaba con el cristal. Si hubiera un lenguaje suficientemente puro para transmitir toda la experiencia humana sin distorsionarla, no habría necesidad de la poesía. Pero tal lenguaje no sólo no existe, sino que no puede existir. El lenguaje no puede hacerle justicia a toda la verdad humana, así como la ley no puede satisfacer todos los deseos humanos. En su naturaleza de instrumento social debe ser una convención, debe ordenar arbitrariamente el caos de la experiencia, permitiendo la expresión de parte de ella y negándosela a otra parte. Debe encontrar denominadores comunes, por lo que necesariamente falsifica, así como la ley necesariamente es injusta. Y tales falsificaciones serán más peligrosas mientras más "transparente" parezca volverse el lenguaje, mientras más incuestionablemente se acepte como medio que no distorsiona. No se trata del cristal de una ventana sino más bien de un sistema de lentes que enfoca y refracta los rayos de una hipotética visión sin intermediario. El primer propósito del lenguaje poético, y de las metáforas en particular, es lo opuesto de volver más transparente el lenguaje. Las metáforas aumentan la conciencia de la distorsión del lenguaje al aumentar el espesor y la curvatura de las lentes, exagerando así los ángulos de refracción. Nos sacuden y perdemos la confortable convicción de que una tumba es una tumba que es una tumba. Son juegos semánticos de palabras, así como los juegos de palabras son metáforas fonéticas; aunque dejen intacto el sonido de las palabras, rompen su identidad semántica.

El lenguaje poético recurre, pues, a lo que Brecht, en una relación muy diferente, llamó "efectos alienantes". El metro y el ritmo, demuestra Burckhardt, son efectos de este tipo hasta que se convierten en "una convención obligatoria de la poesía" y pierden su "fuerza disociativa". Al comentar la canción de The Tempest, "cinco brazadas completas..." muestra que, en poesía, para que la palabra se cargue "debe volverse rara". Las dislocaciones de la sintaxis normal, como en Mallarmé, son otro artificio de esta clase. "Una palabra que puede funcionar simultáneamente como dos o más partes del discurso, para desesperación de los maestros de gramática, solamente aumenta la profunda incertidumbre que permea las palabras en la poesía, y la extiende hasta las conexiones de las palabras entre sí en enunciados."
Mas en cuanto cosas como el ritmo, el metro y la inversión se convirtieron en convenciones poéticas, los poetas tuvieron que revertir todo el proceso a fin de producir la alienación necesaria. Podrían tratar de lograrlo sin lenguaje metafórico de ningún tipo, puesto que el discurso no poético también está lleno de metáforas. Si las convenciones poéticas o discursivas tienden a la formalidad y lo intrincado, los poetas explorarán las posibilidades del lenguaje sencillo y coloquial, corno lo hicieron en el siglo XVIII Blake y Wordsworth, o como lo
hizo en nuestro siglo Williams.
Dentro de este contexto, Burckhardt se apoya en el análisis de la ambigüedad de William Empson y modifica "un poco el énfasis", como él mismo lo dice: una modesta declaración de su parte:

Él [Empson] nos hace conscientes de que una palabra —y en la gran poesía esto sucede con frecuencia— puede tener muchos significados; yo insistiría más bien en lo contrario, que muchos significados tienen una sola palabra. Para el poeta, la palabra ambigua constituye el meollo del problema, que consiste en la creación de un medio dentro del cual él puede trabajar. Si los significados son primordiales y las palabras sólo son sus signos, entonces las palabras ambiguas son falsas; cada significado debería tener su palabra, y cada sonido, su letra: pero si lo contrario es cierto y las palabras son primero —es decir, si son las entidades corporales que requiere el poeta— entonces la ambigüedad es algo muy distinto: es la fractura de una unidad prístina mediante la conceptualización analítica de la prosa.

La distinción lleva a Burckhardt a su hipótesis principal: que la naturaleza del lenguaje mismo obliga al poeta a tomar el doble papel de bufón y sacerdote, puesto que el propósito del "poeta" es decir la verdad (verdad que sale de los confines del habla discursiva). Y para lograrlo se halla entregado a la palabra, incluso a la palabra negativa, como si de algún modo ésta estuviera físicamente presente. ¿Cómo, entonces, puede expresar las negaciones? Burckhardt encuentra la respuesta en el Soneto 116 de Shakespeare, aunque la función de lo negativo y la negación en la poesía más reciente es tan peculiar que me ocuparé de ella en otro capítulo. Por el momento, vale la pena tomar en cuenta la conclusión de Burckhardt de que "el poeta debe ser siempre medio bufón, el corruptor de las palabras", pues justamente su análisis del pasaje de Shakespeare conduce a ello. Las contradicciones inherentes al lenguaje mismo no se limitan a la poesía posterior a Baudelaire, aunque los poetas modernos las han experimentado más intensamente.

El poeta estaría mucho más seguro [escribe Burckhardt] si no se entregara a la Palabra, sino que con un despego irónico explotara las infinitas ambigüedades del habla. O podría ponerse a cubierto dentro del orden sacro-religioso, abandonar su pretensión de sacerdotado verbal, y convertirse en "portavoz". Ambos caminos han sido recorridos, pero ambos conducen a la negación de sí mismo... Así como el filósofo busca la certeza en el signo —la "p" del cálculo preposicional— y el místico en lo inefable (el "OM" de los hindúes), el poeta hace suya la paradoja de la palabra humana, que es ambas y ninguna y la transforma creativamente con su "potente rima". Esta rima es su hazaña, y disocia y disuelve a la palabra en sus componentes —marca y ladrido— pero simultáneamente se funde en una unión nueva y ahora sacramental.


5. El propósito de los poetas es, pues, "decir la verdad", pero de una forma necesariamente complicada por la "paradoja de la palabra humana". A partir de Baudelaire (y mucho antes de Baudelaire) los poetas han batallado sin reposo con esa paradoja básica; y ya que escribir poesía es una "hazaña" —un proceso de exploración y descubrimiento— las verdades que la poesía dice son de una clase especial. Ciertamente ha habido épocas cuando, aun en verso, se hizo hincapié en la exposición elegante y decorosa de las verdades que ya eran propiedad común del escritor y del lector; pero ésas fueron épocas de homogeneidad cultural —o de exclusividad cultural— desconocidas para los poetas que me interesan. "Una de las cosas más difíciles al escribir poesía" —señaló Wallace Stevens con una sequedad natural nada sorprendente en un poeta posterior a Mallarmé— consiste en saber cuál es el tema de uno. Mucha gente lo sabe y no escribe poesía porque está consciente sólo de ello. El tema de uno es siempre la poesía, o debería serlo. Pero en ocasiones se convierte en algo más definido y fluido, y el asunto funciona mejor." (19) En otras palabras, el poema es el que le dice al poeta lo que él piensa y no viceversa; y Stevens se ocupa justamente de esa peculiaridad de los poetas —un aspecto de lo que Keats llamó su "capacidad negativa" en una carta posterior. (20) "Algunas personas siempre saben exactamente lo que piensan. Me temo que no soy una de ellas. El mismo tema se mantiene activo en mi pensamiento y rara vez llega a fijarse. Esto es verdad lo mismo acerca de la poesía que de la política." Sin embargo, el pensamiento cristaliza en poemas, y Stevens pudo escribir también: "Me agradó mucho enterarme el otro día que Carnap dijo llanamente que la filosofía y la poesía son lo mismo. Ni la filosofía de las ciencias ni la filosofía de las matemáticas se oponen a la poesía." (21)
Mallarmé, Valéry, Stevens y Jorge Guillen son algunos de los poetas que han tratado de pensar en términos puramente poéticos, así como los matemáticos piensan en términos puramente matemáticos, sin referencia directa a asuntos que bien podrían haber sido suyos cuando participaban en otras actividades. Mallarmé escribió en 1867 que creaba su obra "sólo por eliminación". Esta eliminación, presente también en el trabajo de los poetas posteriores, desde luego es semejante a la abstracción de las matemáticas y a la tendencia hacia las formas abstractas en las artes visuales, que dio comienzo con los posimpresionistas; pero como las palabras tienen significados independientes de las funciones especiales que la poesía les asigna, esas analogías nunca deben ser tomadas tan literalmente. Incluso Wallace Stevens combinó elementos de bufonería verbal con su seriedad filosófica, que fue sacerdotal precisamente en el sentido en que la definió Burckhardt. Stevens comenzó creyendo en la poesía por la poesía. "Lo que busco en todo esto es poesía, y no creo haber escrito nada en ningún momento con otro objeto que el de escribir poesía." (22) Sólo cuando trató de explicarse esta creencia y de explicarla a los demás llegó a relacionarla con preocupaciones que de ningún modo eran puramente estéticas.
Es la paradoja inherente al lenguaje mismo lo que hace que las teorías y las ocasionales declaraciones de los poetas sean más confusas, más oscuras y con frecuencia más contradictorias que su práctica. Pierre Reverdy, por ejemplo, escribió en 1948 que "el poeta no tiene ningún tema... Su obra es valiosa sólo porque no da razones de su discontinuidad y del proceso en el que se funde con cosas incompatibles". En una discusión por radio con Francis Ponge y Jean Cocteau, el mismo poeta afirmó que "la forma sólo es la parte visible del contenido: la piel". Las dos afirmaciones parecen contradecirse, aunque adquieren sentido cuando se aplican a la poesía de Reverdy, o a la de muchos otros poetas de su época. En el primer ejemplo, Reverdy pensaba en un tema que pudiera parafrasearse en prosa, traducirse o abstraerse de su medio para trasladarlo al del discurso lógico. En el segundo ejemplo, no pensaba en esa clase de tema, sino en el peculiar sentir, pensar e imaginar poético que determina la forma de un poema, especialmente cuando esa forma es "orgánica" o "libre". Por consiguiente, las dos afirmaciones hablan de la indivisibilidad de forma y contenido en la poesía, y las dos implican una distinción entre contenido y tema.
Las verdaderas diferencias entre los poetas surgen del valor que cada uno de ellos atribuye a las implicaciones y funciones públicas de la poesía, funciones e implicaciones que están lejos de haber sido eliminadas de una vez por todas por la declaración de Mallarmé de que "los poemas están hechos de palabras y no de ideas", o por la de MacLeish: "un poema no debe significar, sino ser". En todo caso, éstas son verdades a medias, como señala Burckhardt, ya que las palabras nunca pueden desvincularse del todo de su conexión con las ideas y con el significado. Tampoco necesita uno ser marxista para reconocer que toda poesía tiene implicaciones morales, políticas y sociales, al margen de que su intención sea o no didáctica o "proselitista". Contrariamente a lo que Hugo Friedrich ha dicho, un buen ejemplo podría constituirlo la calidad humana de gran parte de la poesía moderna, una preocupación por la humanidad como un todo, mucho más intensa por ser menos egocéntrica que la poesía romántica, porque los poetas románticos más confesionales estaban más interesados en sus propias personalidades y en todo lo que los hacía diferentes de las demás personas.
Muy al margen de compromisos morales o políticos —y tendré más que decir acerca de esto, así como de la persistencia de actitudes romántico-simbolistas en algunos poetas modernos— la sola práctica de la poesía como arte cuyo medio es el lenguaje tiene implicaciones sociales a las que se les ha dado un papel prominente en este siglo; esto se manifiesta en los copiosos escritos del crítico y aforista austríaco Karl Kraus sobre la sociedad y la literatura, que se basan en el análisis de los usos y abusos del lenguaje. Si bien los poetas son escritores cuyo uso del lenguaje es necesariamente crítico, ya que sin importar el tipo de poema, no puede ser bueno a menos que cada palabra haya sido calibrada, tienen una función inexorable que ha sido subrayada por escritores con tantos conflictos con su sociedad y sus valores como Ezra Pound:

¿Cumple una función la literatura en el Estado..., en el conjunto de los seres humanos, en la república...? Tiene...tiene que ver con la claridad y el vigor de "todos y cada uno" de los pensamientos y opiniones...Cuando este trabajo se corrompe —no quiero decir con esto que lo anterior sucede cuando se expresan pensamientos indecorosos, sino cuando el medio mismo, la esencia misma de su trabajo, la aplicación de una palabra a las cosas se corrompe, cuando por ejemplo se vuelve sentimentalona e inexacta, o exagerada, o inflada—, entonces se echa a perder toda la maquinaria del orden y el pensamiento social e individual. (23)

Ésa fue también la opinión de Karl Kraus, quien estaba muy lejos de compartir el entusiasmo político de Ezra Pound en esa época. Estos entusiasmos políticos están muy relacionados con lo arraigado que Pound estaba en la estética romántico-simbolista; pero a pesar de lo limitado de su visión de las realidades sociales, Pound se preocupaba por ellas con una pasión que no sintió nunca Mallarmé, por ejemplo:

En la medida en que su trabajo sea exacto, es decir, fiel a la conciencia humana y a la naturaleza del hombre, en la medida en que es exacto en la descripción del deseo, en esa medida es útil; quiero decir que conserva la precisión y claridad del pensamiento no sólo para beneficio de unos pocos diletantes y "amantes de la literatura" sino que conserva la salud del pensamiento fuera de los círculos literarios y en la existencia no literaria, en la vida general individual y comunal. (24)

Tampoco existe confusión acerca de las palabras e ideas, el significado y el ser de la poesía, en la definición que Pound hace de la gran literatura en ese mismo texto, "como lenguaje sólo cargado de significado hasta el mayor grado posible".
"La conciencia humana" y "la naturaleza del hombre": con estos dos conceptos basta para indicar por qué la poesía no puede excluir al hombre mientras sea escrita por personas en lugar de máquinas (e incluso las máquinas están diseñadas y hechas por los hombres). Lo que la poesía puede excluir es la individualidad, sobre todo cuando las palabras se seleccionan al azar y se dividen en sus componentes o se transforman en patrones visuales o auditivos sobre la página, pero cuando esos ejercicios son significativos revelan algo sobre el lenguaje y el lenguaje nos devuelve a la "conciencia humana" y a "la naturaleza del hombre".
Octavio Paz ha explicado por qué "la poesía es un alimento que la burguesía —como clase— ha resultado incapaz de digerir". (25) La poesía, señala Paz, ha intentado diferentes formas de abolir "la distancia entre la palabra y la cosa", y esta distancia se debe a la conciencia de sí mismo que tiene el hombre civilizado y a su separación de la naturaleza. "La palabra no es idéntica a la realidad que nombra, porque entre el hombre y las cosas —y, en un nivel más profundo, entre el hombre y el ser de éstas— se interpone la auto-conciencia." La poesía moderna, según Paz, se mueve entre dos polos, que él llama lo mágico y lo revolucionario. Lo mágico consiste en un deseo de regresar a la naturaleza mediante la disolución de la conciencia de uno mismo, que nos separa de ella, "para perdernos para siempre en la inocencia animal o liberarnos de la historia". La aspiración revolucionaria, por otra parte, exige "la conquista del mundo histórico y de la naturaleza". Ambas son formas de salvar el mismo abismo y de reconciliar la "conciencia alienada" con el mundo externo.
Sin embargo, ambas tendencias pueden manifestarse en un mismo poeta, e incluso en un mismo poema, así como un poeta puede desempeñar las funciones de sacerdote y de bufón, y odiar y amar las palabras. Octavio Paz ha escrito también: "Lo que caracteriza un poema es su dependencia necesaria de las palabras tanto como su lucha por trascenderlas." (26) La dependencia tiene que ver con la participación del poeta en la historia y la sociedad; la trascendencia, con la toma de un atajo mágico que nos remite a la naturaleza y a la unidad primitiva de la palabra y la cosa. Ambas corresponden a preocupaciones humanas generales aunque mucha gente puede no estar consciente de las tensiones y complejidades inherentes a su relación con las palabras o con las cosas. En las sociedades "avanzadas" se ha llegado a un extraordinario grado de alienación del lenguaje, incluso como medio de simple comunicación, como puede uno comprobar en las entrevistas por televisión con jóvenes incapaces de articular la más sencilla frase sin apoyarse en expresiones como "en cierto modo" y "ves". Las causas de esta falta de articulación bien pudieran estar estrechamente relacionadas con el "escepticismo hacia la palabra" en que se basan muchas de las prácticas de los poetas modernos (y que Hofmannsthal atribuyó al divorcio básico entre las convenciones del lenguaje y la realidad de las cosas). (27)
La verdad de la poesía, y de la poesía moderna en especial, ha de encontrarse no sólo en sus afirmaciones directas, sino en sus peculiares dificultades, atajos, silencios, hiatos y fusiones.


(1) Ovid and the Art of Translation (1680), en John Dryden, Dramatic Poesy and Other Essays, Londres, 1912, p. 154; Dramatic Essays, Nueva York, 1912, p. 154.
(2) A. E. Housman, The Ñame and Nature of Poetry, Cambridge y Nueva York,
1933, p. 34.
(3) Londres, 1955. Véanse especialmente las pp. 9, 56, 67, 148 y 158.
(4) Ibid., p. 192.
(5) Londres, 1961, pp. 280, 46, 67; New Haven, 1960.
(6) Problems of Art, Londres y Nueva York, 1957, pp. 26 y 160.
(7) Ibid., p. 180.
"La abstracción artística, al ser un accesorio del proceso simbólico que busca la expresión y el conocimiento de algo muy concreto —los hechos sobre los sentimientos humanos, que son tan concretos como los accidentes físicos— no proporciona elementos del auténtico pensamiento abstracto. El proceso de abstracción en el arte probablemente permanecería siempre inconsciente si no supiéramos, gracias a la lógica discursiva, qué es la abstracción... Pues la ciencia va de la significación general a la abstracción precisa; y el arte, de la abstracción precisa a la connotación vital, sin el auxilio de la generalidad."
(8) En Poésie vivante, Ginebra, noviembre-diciembre de 1965.
(9) W. H. Auden: The Dyer's Hand and Other Essays, Londres, 1963, p. 336; Nueva York, 1963, p. 337.
(10) Nueva edición, aumentada. Hamburgo, 1967.
(11) Op. cit., p, 36.
(12) Ibid., p. 110.
(13) Ibid., p. 150.
(14) Werner Vortriede, Novalis und die französischen Symbolisten, Stuttgart, 1963, pp. 149, 156 y passim.
(15) En William Carlos Williams, Collected Later Poems, Nueva York, 1963, p. 7.
(16) En Pictures from Brueghel and Other Poems, Nueva York, 1962, página 109.
(17) Ibid., pp. 93-94.
(18) En ELH, a Journal of English Literary History, vol. 25, núm. 4, diciembre de 1956, pp. 279-298.
(19) Carta a Ronald Lane Latimer, 26 de noviembre de 1955. Letters of Wallace Stevens, Nueva York, 1966; Londres, 1967.
(20) A Samuel French Morse, 13 de julio de 1949. Ibid.
(21) A Barbara Church, 20 de agosto de 1951. Ibid.
(22) A Ronald Lane Latimer, 22 de octubre de 1935. Ibid.
(23) Ezra Pound, How to Read, Londres y Nueva York, 1931, pp. 17 y 18.
(24) Ibid., pp. 18 y 19.
(25) Octavio Paz, L'Arc et la lyre, París, 1965, pp. 46, 40-41. [Hay edición del Fondo de Cultura Económica.]
(26) Ibid., p. 246.
(27) The Letter of Lord Chandos, en Hugo von Hofmannsthal, Selected Prose, Nueva York y Londres, 1952, pp. 129-141; y comentarios de Donald Davies sobre esto en Articulate Energy, pp. 1-5.

(de The Truth of Poetry, 1969)



Michael Hamburger (Alemania, Berlín, 1924- Inglaterra, Suffolk, 2007)



(Traducción: Miguel Angel Flores
y Mercedes Córdoba Magro)