jueves, 24 de junio de 2010

M, de memoria












Los libros saben de memoria
miles de poemas.
¡Qué memoria!
Recordar, así, vale la pena.
Vale la pena el desperdicio,
Ulises volvió de Troya,
así como dijo Dante,
el cielo no vale una historia.
Un día, el diablo vino
a seducir a un doctor Fausto.
Byron era verdadero.
Fernando, pessoa, era falso.
Mallarmé era tan pálido,
que parecía una página.
Rimbaud se largó a África,
Hemingway de espejismos.
Los libros saben de todo
Ya saben de este dilema.
Sólo no saben que, en el fondo,
leer no pasa de leyenda.

(De Distraídos venceremos , 1987)

Paulo Leminski
(Brasil, Curitiba, 1944- 1989)
(Traducción: Rodolfo Mata)

(el poeta y su trabajo 3,
México, Primavera 2001)
M, de memória

Os livros sabem de cor
milhares de poemas.
Que memória!
Lembrar, assim, vale a pena.
Vale a pena o desperdício,
Ulisses voltou de Tróia,
assim como Dante disse,
o céu não vale uma história.
Um dia, o diabo veio
seduzir um doutor Fausto.
Byron era verdadeiro.
Fernando, pessoa, era falso.
Mallarmé era tão pálido,
mais parecia uma página.
Rimbaud se mandou pra África,
Hemingway de miragens.
Os livros sabem de tudo
Já sabem deste dilema.
Só não sabem que, no fundo,
ler não passa de uma lenda.

DESENCONTRARIOS



Mandé a la palabra rimar,

ella no me obedeció.
Habló de mar, de cielo y rosa,
de griego, silencio y prosa.
Parecia fuera de sí,
la sílaba silenciosa.

Mandé a la frase soñar,
y ella entró en un laberinto.
Hacer poesia, yo siento, es solo eso.
Dar ordenes a un ejécito,
para conquistar un imperio extinto.

(de Distraídos venceremos, 1987)

Paulo Leminski (Brasil, Curitiba, 1944- 1989)
(Traducción: Rodolfo Mata)

(el poeta y su trabajo 3,
México, Primavera 2001
DESENCONTRÁRIOS

Mandei a palavra rimar,
ela não me obedeceu.
Falou em mar, em céu, em rosa,
em grego, em silêncio, em prosa.
Parecia fora de si,
a sílaba silenciosa.

Mandei a frase sonhar,
e ela se foi num labirinto.
Fazer poesia, eu sinto, apenas isso.
Dar ordens a um exército,
para conquistar um império extinto.


miércoles, 23 de junio de 2010

estoy dejando de creer...














1.

estoy dejando de creer
en lo que no tiembla
en lo que no teme
no respira
no suda
en lo que no deja
que la noche
lo invada

estoy dejando de creer
en lo que lo que no se agota
en lo que no se rinde
no duda
no retrocede
no deja que el peso del mundo
sea el suyo
al caminar.

este lugar
para los que están sin aliento
desnudos
desdentados
quebrados

este lugar para los que están huyendo.


(De El Evangelio de los débiles,
Inédito)

Diego Cortés

(Selección: María Teresa Andruetto)


Diego Cortés. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, en 1976. Poeta, guionista de historietas y editor. Fundó en 1995, junto a P. Peisino y F. Rubenacker la editorial independiente llantodemudo que aún hoy continúa dirigiendo. En poesía publicó: Habitación vacía (llantodemudo, 1996), Todas las armas bajo la almohada (llantodemudo, 1998), Acá no está la noche (1999, llantodemudo), Infierno envuelto en un pañuelo (llantodemudo, 2001), Noche (junco y capulí, Rosario, 2004), Extraviado (llantodemudo, 2005) y Piedra bajo el agua (llantodemudo, 2007). Ha publicado en numerosas revistas de historietas en forma independiente y en el año 2007 una miniserie de tres números en la editorial estadounidense IMAGE Comics.




todo el tiempo...



todo el tiempo presintiendo perder todas esas cosas que se fueron, sabiendo que nunca
iba a llegar en el momento exacto, que no iba a tener la palabra justa, que no iba a soñar
el sueño de todos.


así se quedó la luz
sin atravesarme
sin sanarme

todo el tiempo brillando y cegándome de lejanía.
perdón.
vivir es tan extraño
y no sé
no sé.
ir.


(De Extraviado)


Diego Cortés (Argentina, Buenos Aires, 1976)

(Selección: María Teresa Andruetto)



el cuerpo...



el cuerpo

siempre está
llevándome
a otra parte
siempre está
llenándose de luces

¿podés entenderlo?

la mente
siempre está
mintiendo
el alma
siempre está cayendo

nada está quieto

todo lo que puede irse
se va.

(De: Piedra bajo el agua)


Diego Cortés (Argentina, Buenos Aires, 1976)

(Selección: María Teresa Andruetto)




martes, 22 de junio de 2010

De Ahab




Mirando que detrás del palo mayor
una ballena o una isla rompe el agua y suponiendo
que la estructura del mundo es de madera,
de madera los bosques,
los barcos y los pisos de madera.

Un marino,
eso era mi padre.

En la casa que fue casa de servicio, sótano,
y ahora pura renta,
la Madera nos cubre del viento.

Cruel y fea la mujer con la que vivo,
mancha con yerba la pared de la cocina
y su novio, un cochinito español,
no lava los platos porque todavía cree
en los derechos de conquista.

La dueña, vieja celta,
cree sólo en el derecho de la liquidez,
anda su piso de algarrobo,
se oye clarito como va de la cocina
a la habitación para mirar por la ventana
el país que le pertenece,
como se afirman sus pies acostumbrados al frío
cuando se acomoda el corpiño donde lleva doblado
el detalle de mi deuda.

Mi padre, marino,
era un cuáquero ingenuo.


(Inédito)
Martín Armada


Martín Armada. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires en 1979. Publicó El estero (Gog & Magog, 2006)


IMAGEN: Fotograma de Gregory Peck,
el capitán Ahab de Moby Dick.


que se escuche...


Tengo que poner el cassette rojo,

lo que se escuche
que se escuche,

Vienen de algún lado
los ruidos que nos despiertan,
atrás de las voces cae una lluvia de días
que ya es suave como lana.

Vos y yo no vamos a mirar el mismo techo
ni debajo comer de la misma comida,
vamos a guardar del otro la memoria de un contorno
sobre el que no se proyecta luz
ni hay pasto,
un agujero en el empapelado
de una habitación incendiada.

Rojo el cassette que ruede
hasta que salte la tecla,

La música de cortinas brillantes,
de un corazón con la forma de una piedra
a la que se le sacó filo y brilla,
una flecha que hace un cazador
que explica el motivo y el gusto
de una guerra donde son los otros
los que corren,

una tarde sentados en el piso
mirando el polvo entrar
y posarse y así por años
para escribir cada día en los muebles
inicial más apellido.

El cassette rojo que suene alto,
que lave, lave, lave
y no deje de lavar.



Martín Armada (Argentina, Buenos Aires, 1979)


Azotaba la costa...





















Azotaba la costa viento y piedra
cuando tirado por una soga en el sueño
bajé al mar a buscar el bote de mi padre
y de mi madre el olor en botellas que dicen: "colonia".

la historia privada de padre y madre
no va a secarse al sol y la verdad es que
por esta ventana lo que se ve es este árbol

y las obras detenidas, canteros
frente a los que hice promesas
y frente a los que ahora paso
jugando con las llaves,
mirando el piso.

Azotaba la costa
viento y piedra.

(inédito)

Martín Armada (Argentina, Buenos Aires, 1979)

IMAGEN: El mar glacial de Caspar David Friedrich.


lunes, 21 de junio de 2010

LOS INCENDIOS



















El amor está aparte de todas las cosas.
El deseo y el entusiasmo a su lado son nada.
Al amor no lo encuentra el cuerpo.
Quien nos conduce es el cuerpo.
Lo que no es amor lo provoca.
Lo que no es amor lo sofoca.
El amor expresa todo lo que sabemos.
Las pasiones que se llaman amor
también lo renuevan todo
al principio. La pasión es claramente el sendero
pero no nos lleva hasta el amor.
Ella abre el castillo de nuestro espíritu
para que tal vez encontremos al amor, ese
misterio escondido dentro.
El amor es uno de muchos incendios.
La pasión es un fuego creado por muchos maderos,
cada uno desprendiendo un olor especial
para que así sepamos de las tantas formas
que no son del amor. La pasión es el papel
y las ramitas que encienden las llamas
pero no puede sostenerlas. El deseo perece
porque intenta hacerse amor.
Al amor lo consume el apetito.
El amor no perdura, pero se distingue
de las pasiones que no perduran.
El amor es duradero al no serlo.
Isaías dijo que cada hombre camina en su fuego
por sus pecados. El amor nos deja caminar
en la dulce música de nuestro propio corazón.


Jack Gilbert

(Traducción de Paul Álvarez)

THE GREAT FIRES

Love is apart from all things.
Desire and excitement are nothing beside it.
It is not the body that finds love.
What leads us there is the body.
What is not love provokes it.
What is not love quenches it.
Love lays hold of everything we know.
The passions which are called love
also change everything to a newness
at first. Passion is clearly the path
but does not bring us to love.
It opens the castle of our spirit
so that we might find the love which is
a mystery hidden there.
Love is one of many great fires.
Passion is a fire made of many woods,
each of which gives off its special odor
so we can know the many kinds
that are not love. Passion is the paper
and twigs that kindle the flames
but cannot sustain them. Desire perishes
because it tries to be love.
Love is eaten away by appetite.
Love does not last, but it is different
from the passions that do not last.
Love lasts by not lasting.
Isaiah said each man walks in his own fire
for his sins. Love allows us to walk
in the sweet music of our particular heart.



Jack Gilbert. Poeta estadounidense, nacido y criado en Pittsburgh , Pennsylvania , EE.UU. s barrio de East Liberty, en 1925. Ejerció diversos oficios: Vendedor ambulante, exterminador y obrero metalúrgico. Se graduó en la Universidad de Pittsburgh , donde él y su compañero Gerald Stern se interesaron en la poesía y la escritura. Casi la totalidad de su carrera después de la publicación de su primer libro de poesía está marcada por lo que él ha descrito en entrevistas como un aislamiento auto-impuesto.Su trabajo se distingue por la lírica simple y sencilla claridad de tono. A pesar del éxito de su prmer libro (Views of Jeopardy, 1962), se retiró de la escena poética de San Francisco y viajó por varios países europeos, mientras vivía de una beca Guggenheim.Su obra es espaciada y escasa. Otros de sus libros son: The Great Fires: Poems 1982-1992 (1994), Refusing Heaven (2005), Tough Heaven: Poems of Pittsburgh (2006), Transgressions: Selected Poems (UK, 2006), The Dance Most of All (2009. Gilbert, estuvo casado dos veces y convivió durante un tiempo con otra pareja, actualmente reside en Berkeley, California .

(Tomado de la Revista Pin Pong, donde pueden leerse más poemás del autor)



domingo, 20 de junio de 2010

EVTUSHENKO Y LA CONDICIÓN DE POETA









































Entrevista de Fernandez Sánchez Zinny

Como una de las tantas circunstancias originadas por la Feria del Libro, pasó por Buenos Aires el poeta ruso Evgueni Evtushenko, o quizás uno de los nombres más conocidos en el actual panorama mundial de la poesía y, ante nosotros, su figura siempre apareció enmarcada en un ámbito de referencias anecdóticas acerca de sus actividades, de las alternativas de su relación con los otros factores políticos que rigen su patria o de sus juicios personales sobre escritores de su país.

El hombre

Ante todo está el hombre. No es ya joven, pero sigue pareciéndolo. Tiene aire de "chansonnier" y modales de empresario teatral. Hace de todo y lo ha hecho siempre, generalmente con éxito, al punto que hasta nos puede parecer anacrónico: un personaje con reminiscencias de aventurero, de poeta-hombre de mundo, según el patrón byroniano, o de poeta ganapán, como lo fue el remoto José Zorrilla, de quien se dice que el editor le pagaba -¡oh tiempo!- a tanto por verso.
Además, como buen ruso, es un desaforado y -voluntaria o involuntariamente- ha dado pie para el surgimiento de una cierta mitología en torno de su persona.

La poesía -dice- es, primeramente el carácter; la sustancia del hombre y de las cosas.

Y añade, en estilo de parábola:

-Era niño y conocí en mi patria, en Siberia, a un zapatero que me dio una imagen de poeta que me ha acompañado hasta hoy; no sólo trabajaba en lo suyo, no sólo su claveteo y pulido eran como sinfonías sino que comprendía que estaba propiciando la resurrección de los zapatos, o sea haciendo lo más noble que nadie puede hacer, que es demorar la muerte de las cosas, restituirles su esencia. Me di cuenta de que el de ese zapatero era un destino envidiable, por el solo hecho de haber comprendido que en todo zapato roto persiste la sustancia del zapato nuevo. Por extensión, años después advertí que en todo hombre hay algo que vale más de lo que él es: en todo embrión hay un genio potencial. En el vientre de las mujeres no hay más que Goethes, Dantes, Cervantes, Beethóvenes. Para mí es seguro que ni Hitler feto era malo y coincido con Somerset Maugham en que es falso que los genios sean locos, o anormales: los genios son normales y el resto es desviación de la norma... Porque la vida no permite a la gente ser genio; los aplasta, los destruye y sólo los muy fuertes pueden expresarse. Por lógica di pues en pensar que el talento -digamos, el de escritor o el de artista- se reconoce por la comprensión de este hecho. Y por la aceptación de la misión de representante de los genios potenciales, de quienes son asesinados, acallados por la vida, de los genios oscurecidos.

Pero a la vez rechaza la noción de la poesía como "ayuda" pues, a su juicio no se trata sino de una dimensión particular y limitada de la genialidad. En última instancia la función de la poesía no seria más que la de "avivadora" de memorias, un toque de campana que sirva para convocar el recuerdo de cuando se era genio.

-Oigo relatos maravillosos de la vida y pido a quien me los acerca: 'Escriba eso, por favor". Y una y otra vez se me responde. «No puedo». Yo sí puedo.

La poética

Es evidente que en ese "yo puedo" está toda la poética de Evtushenko, toda su concepción impersonal y optimista de la poesía, todo su implícito rechazo a considerar al poeta como un creador vicario y al poema como muleta del universo Por lo demás, el tema de la poesía lo obsesiona y expresa argumentos a montones:

-Si de un ojo cae una lágrima y un químico la analiza hallará que es muy similar a cualquier otra lágrima. Y un campesino siberiano va a poder comprender siempre a un campesino africano, porque los dos tienen callos y éstos son muy buenos traductores. Lo que yo digo lo entiende todo poeta, igual que un poeta esquimal ha de entender toda la poesía del mundo, y que un médico argentino -pongo por caso- entiende la terapia que aplica un médico ruso.

Enseguida postula que la poesía es una apelación a la plenitud de la vida, un específico horror al vacío de la muerte. Y el poeta no se opondría a la guerra por conveniencia, por debilidad, por afeminamiento sino porque la guerra es una embajadora de la muerte, lo mismo que la enfermedad. Uno busca en ese torbellino de ideas el ingrediente marxista y a lo sumo encuentra un misticismo materialista. Evtushenko afirma la posibilidad no sólo de enfrentar a la muerte sino también de vencerla, de impedir, mediante la indefinida detención del deterioro de los cuerpos, que sobrevenga.

-La muerte quedaría ahí, como un callejón sin salida al que nos ingeniaríamos para evitar. La consecuencia seria la superpoblación de la Tierra, por falta de defunciones.

Ama la opinión de Konstantin Tziolkovsky, "padre de la astronáutica soviética", según la cual ese horizonte hipotético

se encuentra ya establecido en el subconsciente del hombre y es la causa que lo impulsa a encarar la conquista del espacio: un día tendremos que emigrar de la Tierra simplemente porque no habrá aquí más lugar.

-Eso es ciencia-ficción

-¿Y cuáles son los límites entre ciencia/ficción y realidad? Creo que la diferencia es solo una cuestión de tiempos: tras ser ficción las cosas pasan a ser realidades y una vez aceptadas como tales se convierten en pasto de la ciencía. Lo cierto es que, hoy por hoy, a la humanidad algo la tira, la empuja al espacio: pienso que para pasado mañana, cuando la muerte desaparezca, será preciso buscar nuevos hogares...

-¿No es demasiado optimismo para un poeta?

-Un pesimista completo y un optimista completo se parecen en que ambos son tontos. Y, la verdad, mi arco iris comprende todos los colores, incluso el negro. Pero hasta ahora todo le ha salido bien al hombre, empezando por la vida, la que vivimos, la individual. Fue una descarga de esperma de la que sólo quedó uno y atrás la sombra de millones de hermanos muertos: hemos sido elegidos por un milagro y no debemos, por lo tanto, desconfiar de los prodigios. ¿Que qué hice con mi vida, con el milagro cumplido en mí? Pues soy poeta, ésa es mi condición, pero convengamos en que es una condición que limita muchísimo, aun entendiendo que el serlo no es una profesión ni una actividad sino una vocación vinculada con la salvación de las cosas. ¿Pero cómo salvar lo que no se tiene? ¿Cómo vivir las vidas ajenas? Sabrás: yo odio escribir, porque mientras lo hago pienso que podría estar en otros países, en otra perspectiva de la vida, en algo tan vulgar e inasequible como ser marinero, vaya el caso... He aquí que soy una rata de biblioteca, pero a la vez soy un pez con alas, ambivalencia que en el fondo no es sino el destino. ¿Que resulta difícil convivir con ella? La verdad que sí.

Rusia

En Rusia, cuenta Evtushenko,

se leen periódicos, pero muy rápido y sin concederles demasiada importancia, en todo caso mucho menos que en Occidente. En los vehículos públicos la gente lo que tiende a leer son libros. Y, por lo común, libros de cierta enjundia... En un, vagón del 'metro' un periodista italiano encontró, 'en acto', a lectores de Blake, Moravia, Vargas Liosa, Conan Doyle y José María Arguedas, aparte de otlros de autores rusos.

-Ese "metro" iría a la Facultad de Letras.

-En absoluto, pero acá lo importante sería destacar que en la Unión Soviética existe escaso interés por la información cotidiana, lo que redunda en beneficio del "consumo" de literatura. Esta es una situación que no puede dejar de tenerse en cuenta toda vez que se plantee la temática literaria en mi patria: la masa de lectores es, proporcionalmente mucho mayor que en Occidente. Sé que si digo que allá las tiradas de libros de poesía son, como mínimo, de 10.000 ejemplares, parece exorbitante. Pero sucede que ese tope mínimo es muy bajo y su determinación sólo obedece a las grandes restricciones que padecemos en materia de suministro de papel. Por ello, en todos los géneros literarios las tiradas son exiguas en comparación a la demanda, lo que ha originado la aparición de un floreciente mercado negro de libros.

-¿En la Unión Soviética el escritor vive de lo que cobra por derechos de autor?

-Sí, a partir de un ingreso mínimo asegurado por la dimensión de la tirada inicial. Esta es fija y se paga íntegra, véndase o no.

-Y si no se vende y al año siguiente el autor le lleva otro libro a la editorial, ¿ésta le puede decir: no se lo publicamos porque usted no vende?

-De hecho se lo dice. Pero no olvides que allá todo está planificado: el Estado es dueño de todo, del papel, de las editoriales. Y el Estado más bien peca por lo contrario: insiste en publicar libros malos, o mediocres, que no se venden.

-No nos entendemos y creo que ello se debe a las diferencias de estructura social: ocurre que en Occidente tenemos como absolutamente normal que haya notabilísimos escritores cuyas obras, aproximadamente, no tienen lectores, esto sin contar géneros como la filosofía o la investigación erudita. Pero aquí, en Buenos Aires, hay afamados poetas de los que no es posible vender ni 300 ejemplares.

-No, en la Unión Soviética no puede suceder eso; es un problema que ni siquiera se plantea. Un escritor, un poeta , que no trasciende -sin que para ello haya causas exteriores, como puede ser, una persecución sistemática- ni puede propiamente ser definido como tal. Dejemos de lado los libros de filosofía y de investigación, que corren por cuerda separada: allá al escritor se lo define como autor de libros que entrañen interés cultural o social. Si además hay -como en efecto existen- personas que quieren hacer versos y difundirlos entre sus amigos, lo que es rnuy respetable, ese no es asunto editorial y nada tienen que hacer con él ni el Estado ni la Unión de Escritores ni ninguna otra entidad.

-Mira, te daré una referencia argentina: ¿sabés quién era Lugones?

-He oído hablar de él. Sé que es uno de los poetas arquetípicos de este país.

-Pues se dice que jamás alcanzó a vender 500 ejemplares de uno de sus libros.

-Reitero: es algo que en la Unión Soviética no puede ocurrir, en ningún caso: ni siquiera se lo concibe. Podría citar algo con un atisbo de similitud al poeta Arseni Tarkovsky, cuyos versos siempre circularon muy poco a pesar del enorme prestigio de su autor. Un poeta intelectual con obra no "democrática" como la mía sino bien elitista: esa es su legitimidad, su carácter. Pero aun él que para vivir tenia que trabajar le traductor, con el renacimiento poético de los últimos años, ha comenzado a ser conocido por el gran público Allá, a esto se lo interpreta como un efecto de que la cultura promedio del lector ha evolucionado, de que sus gustos han madurado y que comienza a alcanzar el nivel de esa poesía "difícil". Creemos que fue una poesía "anticipada", pero no por eso se habrá de admitir que cualquier cosa, por el solo hecho de no tener éxito, pueda merecer ese calificativo.

Formas

Sostiene Evtushenko que la función crítica en su país dista de pasar por un buen momento.

-Hay, sí, buenos especialistas en temas literarios, pero carecen de visión de conjunto. Tampoco son buenos escritores y su habitual egocentrismo los aísla: poco y ningún peso tienen el desarrollo de las actuales tendencias literarias. Esto crea una distorsión: el autor -el poeta particularmente- tiene que convertirse, entonces, en critico de su propia obra y de la de sus colegas, lo que no es bueno, por aquello de que «el escritor es el lobo del escritor», pero en fin... hasta yo he escrito un par de libros de crítica.

Explica enseguida que, a su juicio, la rima perdura en la poesía rusa más que en otros idiomas, debido a la propia estructura de la lengua, rica en desinencias y llena de endiabladas declinaciones. Y no sólo nunca se cortó la tradición a propósito del uso de las rimas sino que, además, se vive una etapa de abundante experimentación con ellas. Hasta circula por ahí, desde hace unos años, una "asonancia evtushenkiana".

-¿Invento de Evtushenko?

-Se dice, pero no es verdad. A lo sumo he rescatado algunas formas usadas por poetas regionales, algo casi folklórico, proceso que allá no es tan traído de los pelos como podría serlo en Occidente, ya que Rusia mantiene la antigua unidad cultural. Ruso se es aun por adición, por la incorporación de elementos, sin que esto entrañe prescindir de otros. Pushkin, por ejemplo, tenía dos educaciones: una francesa, propia de un aristócrata de su tiempo, y otra que le proporcionó, sin saberlo, su nodriza rusa, mujer campesina. Posteriormente, Pushkin supo valerse de ambos sentimientos y sin duda por eso fue tan grande.

-¿Esa doble perspectiva sigue siendo la de un intelectual ruso de hoy?

-Así es y ello explica, por ejemplo, a la poesía rusa actual, o sea desde la entrada en escena de mi generación. Se nos conoció, sobre todo, en el extranjero, por la modalidad que adoptamos en cuanto a los recitales, al gran acto público en el que yo digo mis versos a gritos, o bien Bulat Okudzhava -que es una especie de Georges Brassens, pero creo que muy superior- aparece con su guitarra. Y en Occidente se pensó y se piensa en una "popularización" de la poesía rusa, en un mero cambio de exterioridades para llegar mejor a auditorios masivos.
Y no, no fueron así las cosas. En primer lugar, porque en Rusia lo habitual es el recital, el hecho multitudinario, así ha circulado la poesía, siempre ha estado presente, siempre fue prestigiosa y nosotros no hicimos sino reimplantarla tras un ocaso -muy parcial, por lo demás-que no se prolongó más que dos o tres décadas. En segundo lugar, porque también poetas intelectuales y sutiles, "tan en voz baja", como la magnífica ofrecen recitales y con tanto o más éxito que yo o que Bulat; o sea que no ha aparecido ninguna retórica peculiar, ningún estilo tal o cual que intente ser especialmente apropiado para la declamación... Y en tercer lugar, porque por muchos recitales que demos, somos esencialmente autores de poemas, gente que escribe textos que han de formar libros y que, ante todo, es difundida por éstos. Nuestra "renovación", el aporte que hicimos, no fue, en realidad, tan importante desde ese punto de vista. Sí, como suele ser la gente joven, fuimos iconoclastas y burlones, atacamos a los poetas "encorbatados" y protagonizamos algunos escándalos detonantes. Pero en cambio se nos debe un renacimiento del interés por la poesía, el que después vino a favorecer la difusión de todos los estilos poéticos y de multitud de autores muy disímiles. También nos fue dado hacer algunos poemas que sí son importantes y que nos justifican. Trajimos talento y eso es lo que vale; el resto, en Rusia y en todas partes, simplemente no es.




Diario La Nación,
Buenos Aires,
27 de mayo de 1984


Evgueni Alexándrovich Evtuchenko. Poeta soviético (U.R.S.S., Zima,  1932-Tulsa, Oklahoma, Estados Unidos, 2017). En 1952 comenzó la publicación de sus primeros trabajos poéticos (Prospectores del futuro), versos de brillante imaginería en los que relata las visiones y los anhelos de una generación que, sin haber hecho la guerra, ha sufrido sus dramáticas consecuencias. En su línea épico-lírica que recuerda la de Vladímir Maiakovski, Evtuchenko polemiza en sus poemas contra el conformismo intelectual y artístico a que dio lugar la época estaliniana. Su pequeño poema Babi Yar publicado en 1961 produjo un verdadero choque emocional, pues en él se narraba el asesinato de 34000 judíos por los ocupantes nazis de la URSS durante la II Guerra Mundial, y el hacinamiento de los cadáveres en una sima cerca de Kiev que lleva el nombre del poema. El acontecimiento fue tanto más relevante cuanto que la prensa soviética había omitido mencionarlo. De sus posteriores publicaciones destacan Estación de Zima (1956), No he nacido tarde (1962), Autobiografía precoz (1963), La central hidroeléctrica de Bratsk (1965), El oído paterno (1975) y Los herederos de Stalin (1962), esta última una diatriba violenta contra la figura del dictador. Es famosa la correspondencia cruzada en 1966 entre Evtuchenko y John Steinbeck, el premio Nobel norteamericano, en la que el poeta exhortaba al novelista a condenar la intervención de su país en Vietnam. En mayo de 1969, Evtuchenko fue expulsado del cuerpo de redacción de la revista Yunost («Juventud»), junto con Axionov y el dramaturgo Víktor Rozov. Esta relegación estaba motivada en la participación de estos escritores en una discusión ideológica con la prensa oficial soviética, y en las críticas que habían hecho a la invasión de Checoslovaquia.





sábado, 19 de junio de 2010

REGRESO
























para James Malpas
Cuando aquello que se había retirado (no puedes saber
exactamente qué o cuándo) fluye de nuevo hacia la sangre
y regresas de los condenados a ti mismo
(donde vivir es al fin estar vivo ahora
y eso los condenados no lo pueden sentir); cuando tu amada
es amada de nuevo, y la mañana muestra un árbol
vestido de luz, significado y memoria,
reconciliado con sus hojas; cuando tu pensamiento está en calma
como el lino y desciendes las escaleras para recibir
una carta de un amigo de prodigiosa memoria
que te cuenta lo que fuiste, y escuchas
atentamente la lluvia en el tragaluz
que te cuenta lo que eres;
entonces sabes
que nada está tan perdido o desperdiciado
que no pueda recomenzar; como cuando dejas
la ciudad por el aire incitante y el mar
que vuelve sobre sí mismo y te colma, algo
te inclina hacia el suelo, te inclina llorando
hacia la arena, llorando ahí y dando gracias.



Stephen Romer (Reino Unido, Hertfordshire, 1957)


(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
Coming back


for James Malpas

When the something withdrawn (you cannot tell
exactly what or when) flows back into the blood
and you return from the damned into your own
(where living is at last to be living now
which the damned cannot know); when your beloved
is again beloved, and morning shows a tree
dressed in light, meaning and memory
at peace in its leaves; when your thought is cool
as linen and you go downstairs to receive
a letter from a friend with total recall
who tells you what you were, and you listen
with attention to rain on the skylight
which tells you what you are;
then you know
that nothing is so lost or gone to waste
that it cannot start again; as when you leave
the city for the pulling air and the sea
which turns upon itself and fills you, something
bows you down to the ground, bows you weeping
down to the sand, weeping there and giving thanks.



IMAGEN: Kenneth Kemble;  Paisaje de Juguete en Amarillo.




EN EL CAMPO



No hay esta noche escapatoria

ni del silencio ni de la luz,

no hay abrigo; su intensidad cae oblicua
y colma el viejo cristal
que se ha llenado de su propio llanto
hasta volverse una viruela de distorsión.

No hay salvación para las siluetas
que ahora somos, revisando recámaras
en que los sentimientos han sido tan intensos,
tan silenciosos y han durado tanto...

Ante una afirmación así,
desconcertado,
tú te darías la vuelta
deliberadamente
pero la televisión matinal se desborda

en su propia viveza a tus espaldas,
en su reiteración de la belleza,
y detrás de ella la estasis y la muerte.



Stephen Romer (Reino Unido, Hertfordshire, 1957)

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)

IN THE COUNTRY


There's no escape this evening
from the silence or the light,

no cover; its intensity slants in
and overruns the old glass
which has wept itself
into pockmarks of distortion.

There's no help for the silhouettes
we've become, looking into rooms
where feelings have run so high
so silently and for so long ...

You would turn your back on it
deliberately, at a loss
in front of such a statement,
but early televisión is flooded out

by its vividness at your back,
its reiteration of beauty,
and behind it stasis and death.

viernes, 18 de junio de 2010

ESTA BOCA ES NUESTRA




La sombra de un árbol

Me siento a descansar
bajo la sombra de un árbol.
Juan, mi padre, dice al pasar
—¡Eh, Carlitos!, ahora te pareces
a la sombra de ese árbol.



Cuando yo iba mi tío venía

Cuando yo iba mi tío venía.
Cuando yo subía al árbol mi tío bajaba.
Cuando yo afirmaba mi tío negaba.
¿Acaso te vas a pasar la vida llevándome
la contra?, dijo tío, endemoniado.
Bajé la cabeza, no de vergüenza,
para evitar que me viera reír.



Esta boca es nuestra

Viendo con infinita tristeza
que su compañero de aventuras
yacía a lo largo de la cama
y habiendo oído su desvarío final,
el bueno de Sancho Panza dijo
al señor escribano —Teniéndola
por el único bien recibido
que hasta el momento no ha cedido
a la derrota, agregue que esta boca
es nuestra y que no devolvemos
las palabras que nos dieron.

(a Santiago Sylvester)


De negro a blanco

de la oscuridad a la luz, y viceversa.
Fernando Kofman

Si el mundo es negro
la mente puede ser blanca.
Si la mente es blanca
el mundo puede serlo también.
Si lo negro piensa lo blanco
o lo blanco piensa lo negro
¿el resultado se invierte o se equilibra?

En estos pensamientos lógicos estaba
cuando me puse a oír el viento de la noche.
Después el viento dejó de soplar
y pude oír el silencio de la noche.
Cuando quise recordar el sonido del viento
sólo pude oírlo separado de la noche.
¿Dónde se había metido el viento?

Ahora estaba en mí y no en la noche,
soplando mis palabras, empujando
mi voz, de negro a blanco, y viceversa.


(a Oscar Battistina)



Ni una palabra sobre la muerte

Quique, el panzón, tenía un humor
con estrías, como su risa.
Los últimos días se fue a orillas
del río a charlar con los peces;
las cosas que les habrá contado.
Pero Quique murió, se dejó morir,
propició su muerte como la narración
de un cuento sin drama,
sólo porque no quería dar pena
a nadie. De él aprendí
muchas cosas de la vida,
de las bellas artes del buen vivir
con nada, y también del malo,
cuando el daño es a sí mismo.
Por algo un día me regaló
"La sabiduría del corazón", de Miller,
que aún conservo.
Es posible que en el límite
de esa reticencia de los sentidos
haya podido dar pruebas de una certeza
a medias; la noche en las montañas
no como espectáculo, sino como espectadora
de una lucha desigual.
Por lo demás, nunca dijo una palabra
sobre la muerte, nunca la nombró,
ni en broma.

(a Diego Angelino, Ito Kokmberger y Caroli Williams)


(de: Esta boca es nuestra,
Edit.Casi Incendio la casa,
Bs.As., 2009)




Juan Carlos Moisés (Argentina, Chubut, Sarmiento, 1954)






jueves, 17 de junio de 2010

CUADERNO ACÚSTICO






















EL BAÑO


Mejor que una bañera llena de agua caliente es una bañera
llenándose, porque ese preliminar es una anunciación,
un modo de interferir en el tiempo y en el espacio propios;
por eso, ese decantado regular y percusivo que es el agua
cayendo por un cordón perdurable y diáfano, se vuelve
la promesa abierta de una serie de intrincadas sensaciones y el infortunio
posterior y último de su misma fugacidad.

El baño de inmersión es un viaje iniciático; debajo de la
línea uniforme del agua que atravesamos con alguno de los
pies, probando la temperatura del agua, que suele resultar extremadamente
caliente, debajo de esa línea recta,

una vez sentados cómodamente, luego de vencer la alta
temperatura, luego de contraer los genitales por causa
del agua caliente, entrando despacio, sentándome muy despacio, para
contrarestar la primera virulencia del

ardor, de la quemazón que invade mis partes más
sensibles, luego de acomodar el cuerpo y alterar la línea recta del agua, que
sube considerablemente como

consecuencia de nuestra invasión en ese espacio líquido
obediente a las leyes de la física, luego de estos torpes
ensayos de amateur, quedamos quietos y plácidos,
asimilando ese estado de sumergidos, esperando que el
agua retorne a su calma, a su línea divisoria definitiva.
Mientras, aunque no hay un mientras mientras estoy ahí,
observando cómo mis pies se distorsionan bajo el agua,
mientras, entonces, no hay nada que esperar, nada que hacer,
salvo estar ahí, viendo cómo mi miembro tiende a buscar
la superficie, cómo los pelos que lo rodean flamean como
medusas, porque hay una corriente bajo el agua, algo tenue
parecido a una brisa subterránea, algo que nos anestesia
mientras lo único importante es estar ahí, expectantes.
Cuando el agua queda estática, perdemos la noción de
temperatura, es extraño, pero es así; con sólo movernos
apenas un poco, muy poco, esa mínima agitación recupera
la temperatura ambiente, por raro y absurdo que parezca.
Dicen que el baño es bueno para los cálculos renales,
y que también dispara sensaciones prenatales; a mi
me gusta la idea del viaje, de la incisión en el tiempo y el espacio.
La canilla gotea parejamente y amplifica la caída de las gotas:
un eco somnífero de ejecución hipnótica; yo me hundo
en esa materia como la memoria se hunde en el olvido,
y presiono el grifo para abolir ese metrónomo acústico
y acuático; corto esa referencia del mundo como quien
apaga un signo vital convulsivo y quedo en el más absoluto
silencio, dejando de lado el tono impersonal del asunto
y asumiendo que es mi cuerpo el que está ahí, mi cuerpo
deformado por el cristal del agua que empieza a enfriarse;
las yemas de mis dedos están arrugadas, marcan las huellas
dactilares en relieve; parecen dedos de algún animal, un reptil;
mi presión, a causa del calor, empieza a bajar; esa flojera
que fue bienestar y relajación se transforma en martirio;
tiro de la cadenita de metal y saco el tapón; rápidamente
el nivel del agua empieza a descender, ese vasto espacio
comienza a ahuecarse, a coronar su vacío, a dejar mi
cuerpo frío y destemplado; cerca de la boca del desagüe
aparece un pequeño círculo de sombra sobre la superficie
del agua; es la sombra del remolino, el agua que se va
con prisa, sin saber si se resiste a irse y es impelida por
la succión o si por el contrario quiere irse cuanto antes,
llevarse algo de mi ensoñación, algo que estuvo en mi
cuerpo y ya no estará, fragmentos de mi descanso, deseos,
secretos, y sobre todo esa extrañeza que sentimos en la
intimidad, ese no saber cómo son las cosas, quiénes somos
antes de ser absorbidos por el caño de la bañera, luego de ser
regurgitados, antes de empezar a temblar y agarrar la toalla.


(de: Cuaderno Acústico,
Ediciones la Carta de Oliver,
2010)
Santiago Espel (Argentina, Capital Federal, Bs.As., 1960)