lunes, 31 de enero de 2011

El mapa del tiempo





La enamorada del río se pasea en la cubierta de una ciudad que fluye. Premeditada y abstracta, como un romance de calles, tan parecida a la danza o a castillos ardiendo, la tristeza. Siempre quise ver y ser vista en la zozobra. Me gustó extraviarme en jardines eléctricos. El corazón hace lo suyo, se ensancha, trepa las escaleras de Platón, a veces lo ciega la codicia de crear.
—¿Por qué estás triste? —pregunta una mujer de ojos claros y me señala algo. Es un globo terráqueo que puede desplegarse. Lo levanto y lo miro. Lo hago girar. Abro el mundo que empieza a transcurrir, a fluir sobre la gran pantalla de lo inexplicable. A deshacerse en mis manos como un canto inspirado, un archipiélago de silencios.



María Negroni (Rosario, Santa Fe, Argentina, 1951)


(de El viaje de la noche, Lumen, 1994)






domingo, 16 de enero de 2011

Puerto adelante






Noche tibia. Sensación placentera. Los sones abstractos de las vías colmaban sus oídos eufóricos. Pensaba en el puerto que veía tan seguido... puerto de colores impresionistas y hombres sucios de brazos mojados y brillosos y vello crecido y húmedo. Hombres impasibles a la lejanía maravillosa, al cielo entre los barcos, al paisaje de conjunto, al suelo atiborrado de objetos de lugares remotos como pedazos de mundo en el melancólico corazón de un mar...
Si. Hundirse una noche en las calles del puerto. Caminar, caminar...
Si. Sola. Siempre sola. Lenta, muy lentamente. Y el aire estará enrarecido, será un aire cosmopolita y el suelo lleno de papeles de cigarrillos que alguna vez existieron, blancos y hermosos.
Si. Se seguirá caminando. Hundirse, oscuridad, caminar... Si. Y una estrella dará su color al ancla de plata que llevaba en su pecho. Tirar el ancla. Si. Muy junto a ese barco gigante de rayas rojas y blancas y verdes... irse, y no volver.





Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1939, id, 1972)





sábado, 15 de enero de 2011

La casa de madera



















La casa sólo de madera. Todo, todo.
Madera pino quebracho algarrobo
Y sauce llorón al pie del río. Un pucherito
al pie de la luz y el rio. Una hoja lenta en el aire donde
temblar, si hace falta. Esa es la casa.
Uno a uno todo hachado en el monte.
Ir y volver, ir y volver con la carga en la sangre.
Hachar tanto hasta quebrar la raíz de uno. Y recién ahí
una casa de madera.

(De Paniagua, Gog y Magog,2005)


Martín Rodríguez (Buenos Aires, Argentina, 1978)





viernes, 14 de enero de 2011

Lo divino



Me amanecía entre libros raros
que hablaban de mi alcurnia celeste,
de cuando la muerte largara
fuegos artificiales hacia arriba
y yo me volvería Universo.

Otros me ofrecían asiento en una nube,
el cetro en la mano
y corona de rey hasta las orejas.
Otros nada, ni en muerte ni en vida.

Y me venía pensar: Tanto
que somos dioses dioses,
pero en verdad andamos a los palos
con nosotros mismos
o de rodillas veces y extendida mano
a días que se van mientras lloramos
en serio o a lo cocodrilo.

Mas mirándolo bien me dije acaso
sea cierto soy dios y puede ser
porque siento en la punta de la lengua
la verdad del mundo; nada más que todavía
no se me desprende.



Jorge Leonidas Escudero (San Juan, Argentina, 1920-2016)





jueves, 13 de enero de 2011

Esta es la forma...





Ésta es la forma femenina,
Exhala de pies a cabeza una divina aureola,
Atrae con irresistible atracción,
Me atrae su aliento como si yo no fuera otra cosa que
un indefenso vaho, todo desaparece salvo ese
aliento y yo,
Los libros, el arte, la religión, el tiempo, la visible y

sólida tierra, y lo que del cielo esperábamos y lo
que del infierno temíamos, todo se ha consumido.
Mis frenéticos filamentos, indómitos, brotan de él,
la
reacción también es indómita.
El pelo, el pecho, las caderas, la curva de las piernas,

las negligentes manos que se sueltan, las mías que
se sueltan.
La marea aguijoneada por el reflujo, el reflujo por la

marea, carne de amor henchida y deliciosamente
doliendo.
Límpidos, ilimitados chorros de amor, calientes y

enormes, trémula jalea de amor, zumo espumoso y
delirante.
Noche nupcial de amor que se abre camino con

delicadeza y demora en el alba yacente.
Penetrando en el día dócil que cede,
Perdida en el abrazo de la profunda y dulce carne del

día.
Éste es el núcleo —primero el niño nace de la mujer,
el hombre nace de la mujer.
Éste es el baño del sexo, ésta la fusión de lo grande y de

lo pequeño, y otra vez la salida.
No sintáis vergüenza, mujeres, vuestro privilegio
incluye a los otros y es el manantial de los otros,

Sois las puertas del cuerpo y también las puertas del alma.
La mujer encierra todas las cualidades y las afina.
Está en su lugar y avanza con equilibrio perfecto.
Es todas las cosas debidamente veladas, a la vez

pasiva y activa.
Su destino es concebir hijas e hijos, y asimismo hijos

e hijas.

Veo mi alma que se refleja en la Naturaleza,

Veo a través de una neblina a la Única, de inexpresable
plenitud, cordura y belleza.
Veo la cabeza inclinada y los brazos cruzados sobre

el pecho, veo a la Mujer.




Walt Whitman ( EE UU, West Hills 1819 - Camden, 1892)

(Traducción: Jorge Luis Borges)


IMAGEN: Head of a Girl (John William Godward, 1896.






martes, 11 de enero de 2011

SAPO FIERRO
















Aquí me puse a vivir,
con mi sapa y mis sapitos,
en este aljibe infinito;
cuanto más fijo mejor,
que al sapo muy picaflor
lo cazan como chorlito.
Yo nací en una laguna
y mi cuna fue de lodo,
cosa de ningún modo
me puede desmerecer,
que a la hora de nacer
renacuajos somos todos.
A este fondo no rodé,
me mudé con gran trabajo.
Yo no soy un estropajo
ni por desidia me hundo:
no es lo mismo ser profundo
que haberse venido abajo.
Aquí estoy entretenido
como gato en almacén.
Me gusta pasarlo bien,
quieto y con economía,
que sapo que anda en la vía
no lo para más que el tren.
Yo tengo una picardía
cuando suena la roldana:
me escondo de buena gana
para salvar mi pellejo,
que el sapo sabe por viejo
pero más sabe por rana.
Aquí me voy a plantar
profundo como carozo.
Yo le digo al veleidoso
que por variar se desvive:
sapo que cambia de aljibe
siempre es sapo de otro pozo.




María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)








lunes, 10 de enero de 2011

CANCIÓN DE AMOR


Aquí yazgo pensando en ti:
¡La mancha del amor
se extiende sobre el mundo!
¡Amarilla, amarilla, amarilla
roe las hojas,
unta con azafrán
las cornígeras ramas que se inclinan
pesadamente
contra un liso cielo púrpura!
No hay luz, ,
sólo una espesa mancha de miel
que gotea de hoja en hoja
y de rama en rama
desluciendo los colores
del mundo entero;
¡tú allá lejos
bajo el rojo zumo del oeste!


William Carlos Williams (E.E.U.U., New Jersey, 1883, Rutherford, 1963)

(Traducción de Alberto Girri)









domingo, 9 de enero de 2011

NOMBRANDO AL QUE NO HA NACIDO






















Una vez más
la dulce leche llena
los pechos de mi mujer;

las lunas de sus pezones
se oscurecen, y yerguen.

Tu cintura se espesa
y la nube en tu vientre

gira alrededor de nuestro segundo hijo

Un pequeño frijol de carne
que flota hacia la vida;

se vacían en sus ojos
todos los ríos de tu cuerpo,

tu sangre tamborilea de su boca,

ya nosotros lo hemos nombrado.

En su tercer mes
se resolvió

en quietud,

su mundo cedió
y comenzó a ir a la deriva;

su silencio sangró desde tu vientre.

Más tarde,
su rostro surgió en nuestros sueños
como un planeta,

y dijimos:

tú,
lágrima cortada,

pequeña estrella de lodo rojo,

carne suave y lechosa;
tú, José.



David St. John


(Traduccción:
Guillermo Teodoro Schuster
y Juan Carlos Prieto Cané)



NAMINGTHE UNBORN\\Once more,\sweet milk fills\my woman's breasts; \\ the moons of her nipples darken, and rise.\\ Her waist thickens, \ and the cloud inside her belly \ swirls around our second child.\\ A small bean of flesh, \ he floats toward life; \\ all the rivers of her body \ empty into his eyes, \ her blood drums from his mouth, \ already we have named him.\\ In his third month, \ he broke into stillness,\\ his world gave up and began to drift away,\\ Afterwards, \ his face rose in our dreams \ like a planet, \ and we said: \\ you, \ broken tear, \ little star of red mud,\\ flesh-blown and milky; \ you, Joseph.



David St. John. Poeta estadounidense. Nació en Fresno, California, en 1949. se educó en la Universidad Estatal de California, Fresno , donde estudió con el poeta Philip Levine y en la Universidad de Iowa , recibiendo un MFA en 1974. Es autor de nueve libros de poesía, entre los que mencionamos: Estudio para El cuerpo del mundo: Poemas nuevos y seleccionados (1994), No Heaven (1985), y Hush (1976), así como un volumen de ensayos, entrevistas y reseñas titulado: Where the Angels Come Toward Us. Su trabajo más reciente es The Face: A Novella in Verse (2004). Actualmente enseña en el Departamento de Inglés de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, donde se desempeña como Presidente, y es uno de los miembros fundadores del Doctorado en Escritura Creativa.





sábado, 8 de enero de 2011

Yace tranquilo, duerme en paz


Yace tranquilo, duerme en paz, tú que sufres
la herida que arde y se agita en tu garganta.
A flote sobre el mar silencioso la noche entera hemos oído
el rumor de la herida envuelta en una sábana de sal.

Bajo la luna, tantas millas lejana, hemos temblado al escuchar
el sonido del mar flotando como la sangre de la sonora herida
y cuando la sábana salobre rompió en una tormenta de canciones
las voces de todos los ahogados nadaron sobre el viento.

Abre un sendero a través de la lenta vela triste,
arroja lejos hacia el viento los portales del errabundo bote
para empezar el viaje al final de mi herida,
oímos que cantaba el sonido del mar, vimos como hablaba la sabana salobre.

Yace tranquilo, duerme en paz, oculta la boca en la garganta,
o hemos de obedecer y cabalgar contigo por entre los ahogados.




Dylan Thomas (Swansea, Reino Unido, 1914-Nueva York,E.E.U.U., 1953)

(Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell)






lunes, 3 de enero de 2011

EXTRAÑANDO A MI HIJA



























Este empapelado tiene líneas que se elevan
rectas cual barras, y en lo alto,
el cielorraso está diseñado con rosas rojas.
Sobre la pared frente a la cama
el espejo con su fija mirada encierra
seis rosas en el blanco de sus ojos.

Aquí en mi escritorio, con mi libreta de apuntes abierto
el extrañar a mi hija hace que esas barras
extiendan sus líneas hacia arriba a través de mi mente.
Esta página en blanco me mira fijo como espejo
donde rosas miradas fijamente anhelan pasar
a través de los pétalos de mi pluma.

Hace una hora, apareció una imagen
de una bestia que apretaba su hocico
entre las barras. Después, a través del tic-tac
del reiterante reloj
un segundo relumbró con el dilatado encandilar
de los desiertos. La puerta, en un verde espejismo,
se abrió. Entró mi hija.

Sus ojos estaban dilatados tal como ella los tiene,
la redonda mirada de su niñez era
blanca como la distancia en el espejo
o en una página blanca, un blanco poema.
Las rosas corrían veloces alrededor de su nombre.



Stephen Spender
(Traducción de William Shand y Alberto Girri)



Stephen Spender (Londres, 1909- íd., 1995) Escritor británico. Cursó estudios en Oxford, donde conoció a W.H. Auden, con quien formó parte en sus inicios del grupo de los llamados poetas «treintistas», que intentó incorporar una dimensión social y política a la poesía. Fue miembro del Partido Comunista, del que se separó tras la guerra de España, en la que estuvo comprometido con los republicanos. Dirigió, junto con C. Connolly, la revista Horizon (1939-1941) y, junto con M.J. Lasky, Encounter (1953-1967). De su obra poética cabe destacar: 20 poemas (1930), Viena (1934), El centro quieto (1940), Ruinas y visiones (1942), Regreso a Viena (1947), Los días generosos (1971) y Colección de poemas 1920-1985 (1985). Autor también de una autobiografía (Un mundo en el mundo, 1951) y de una notable obra ensayística: El elemento destructor (1935), El elemento creador (1953), ¿Modernos o contemporáneos? (1963), El año de los jóvenes rebeldes (1969), Sensibilidades inglesas y americanas (1972) y T.S. Eliot (1975). Tradujo obras de F. García Lorca, R.M. Rilke y P. Eluard.




viernes, 31 de diciembre de 2010

Bailé con una mujer de fuego...





















Bailé con una mujer de fuego
En las colinas brumosas del valle de California
Me contó una historia
En la que yo tenía que ser el actor de sus sueños
En la pantalla gigante sólo aparecieron sombras ardientes
Por los paisajes grises nadie vio correr
A la actriz enloquecida de amor
Ni nadie se dio cuenta del galán vestido de blanco
Nadie tampoco pensó que ese film aún no existía
La realidad de esa película era un pozo oscuro
Pero los espectadores querían el beso final
En algún lugar de esa ciudad imaginada
Teníamos que encontrarnos
El director nos buscaba para detener esta absurda filmación
Bombardeó las imaginarias calles
Los cuartos de hotel los parques y las autopistas
Quedó una cámara de filmación dando vueltas en el cosmos
Yo y la actriz éramos astronautas perdidos
Abrazados en alguna parte de las galaxias
En la pantalla nunca aparecieron los protagonistas
Sólo el cartel mohoso sobre los edificios
Anunciando el estreno mundial que nunca llegó


Dos actores de una historia soñada
Dos estrellas perdidas de Hollywood.




Javier Campos (Chileno, Santiago, 1947)





domingo, 26 de diciembre de 2010

TERRIBLE LEVEDAD




Dejemos el sitio en su lugar,
eso que está ahí es un duraznero,
después de esperar, tiempo y tiempo,
embarcados en una lanchita
frente al temporal, o parte de su toalla
y su cabeza rubia, después, cómo la lancha
trepaba el agua, adormecimiento
entre plomo y plomo y arena remojada

Las nubes y los árboles trepaban
hacia atrás y la lancha trepaba el agua.
Breve estadía en el bote de moebius.
Villa la ñata era el punto, canal no sé
cuanto donde íbamos
Relación entre desperdicios y cosas
Ya en la mañana anterior había visto
yo en la lancha colectiva cejas
rubias enmarañadas, había visto yo
dos calas de agua, cuchillo entrando en el
cuadrante fresco

Y en la levitación de la fiesta, casamiento,
el globo terráqueo, y en ningún punto,
en todos, se estaba

La ida, matorrales, obras en construcción,
canales, criaderos de chanchos, almacenes,
calles de tierra, y yuyales, montes, baldíos,
autos abandonados, topadoras, palas mecánicas,
hombres-sánguches bajo un toldo de naylon
entre árboles secos, una morocha
se baja en un criadero de pollos,
el resto sigue en el camino de hormiga
por donde va el colectivo, curvas, lejanía, cercanía,
del monte, costas de los canales, planchas de
cemento, tirantes de hierro, caños,
hombres, parsimonia de los hombres, enormidad
que los tiene dentro, andamiOs, montañas de tierra
arrancada, obras sin nadie,
-quién hizo todo esto y en cuánto tiempo,
cómo se puede abarcar la extensión, abrir paso
con maquinarias, haciendo desperdicios

El colectivo termina en un zanjón
Lanchas con sus dueños zarpando,
amarrándolas, alrededor, el agua
verdinosa, atravesamos un puente arqueado
y caminamos del otro lado del canal,
entre el asfalto de la calle y la barranca
y los muelles: tom soier, la tana, nahuel,
su novia, pidiéndonos fuego, y hablando
de la casualidad, todo lo obvio, cosas
que ahora el aire nos debe

Casualidad al subir al tren
en barrancas de belgrano
De todo lo obvio, el ruidito
de las piedritas bajo los zapatos

Doblamos y vamos por calle
de tierra hacia el otro canal
Casas, piletas, perros, autos
estacionados, almacén, allí preguntamos
para llegar al embarcadero,
nos responden que los que van
al casamiento siguen derecho,
vamos derecho, llegamos
Una lancha colectiva especial para nosotros,
último viaje, pasan lista, bianchi, bianchi
no viene, desiderio, desiderio abandonó,
respondo

Veo gente desconocida y lindas chicas,
novios, maridos por doquier,
niños, chupetes, muchachos
de pantalones pinzados o jeans
con camisas rayadas,
parados, mirando el continuo splash del agua
Oblicua a mí, parece compenetrada en una
conversación dentro del murmullo
y el ronquido de la lancha,
pero sigue así todo el viaje,
y sigo así en un largo de fotos
Lleva puesto un vestido, no recuerdo
ahora si era claro, tiene color en la piel

La lancha va despacio, veo la isla,
toda esa gente de pie, sentada,
la música, algunos bailando, copas en la mano,
entre los árboles (para nadie comento que
parece una propaganda de gancia),
el esquema de la casa, veo a durán en el muelle,
flaco, y como mirando en general

La pequeña de fulvio me contó
decimonoveno al bajar de la lancha
Nos encontramos, es un mediodía
cerca de una ciudad, sin desayuno,
con un poco de vino frío en la sangre

Nublada
luz entre los árboles y calor soplando
con el torrente del río... manuel, fulvio,
su niña y alguien más reman en canoa
desde la otra costa trayendo una carga de libros
de la casa abandonada del ruso anarquista
... ...,
Ahí vienen, se aproximan, no dicen nada,
se aproximan, y cuando me doy vuelta
están volviendo, la luz en caras que
no dicen nada, suspendidos como en acero

Me gustaría comentarle a bianchi
que el arquitecto del universo mandó
entre las nubes un telegrama cuando la novia
salió a la galería (casa chorizo sobre pilotes,
las crecidas del río...)
Se lo comento a ezequiel,
ezequiel me pregunta si estoy convencido

Del costumbrismo

Es el baile ya en plena noche después
del segundo asado, del asado nocturno,
la miro verla bailar, la miro, vuelvo a mirarla
verla bailar, insisto, la misma cabellera rubia,
mismas cejas, tal vez el mismo vestido
del inicio en la lancha, pero ahora tiene
otros zapatos, me parece...
bajo la sombra negra de los árboles,
la galería de la casa, baila la novia con ella,
y otros bailan, uno de pelo largo
con ella, baíla sola un rato

(quieto y como remando yo
por un resplandor lunar)

Dejar de mirarla no puedo
como sí no lo estuviera haciendo,
y como que la mirada y ella
son el mismo asunto, me la
tendrás que devolver en esto que ahora
digo aunque sea

Los acontecimientos son la gente
Rilke vio a la mariposa salir
del mismo lugar que la rosa
algo confundida,
enlazada en los mismos pensamientos
El árbol que decía algo infinitamente,
o lo estuviera por decir... luces
prendidas en el parque
y carcajadas que chocan,
repelente off en la piel de las mujeres,
hamacas, el brillo
del río, y el río paralelo

En la mesa nocturna la copa de champán
y todos medio alterados
por efecto de la luz recién prendida
en el parque, brochazos
Invitados, por ahí, adentrándose
en la nueva causa de la noche

Ganas de ver brasas
De beber mientras uno las mira
y oye voces discordantes.
Debo ir, no debo girar
la cabeza hacia atrás, me sigue

Trasnoche en la isla,
cuando termina la danza
los muchachos a la orilla,
el resto a dormir como
puede en piezas y galpones,
madera y piso de cocina,
y parte del tiempo

Que la veo danzar
Después la veo cansada de danzar
sentada en la otra punta
de la mesa, hablando con gente,
tomando sevenap

La mañana después de dormir
en una de las piezas de la casa chorizo,
ya es cualquier cosa en el muelle,
invitados que durmieron en las hamacas de la orilla
deambulan, toman mate, hace horas
frente a una difusión entre nubes
plomo y el río color picadillo, horas en el muelle haciendo,
viendo lanchas, ninguna es la que me saca
de aquí, la llovizna que empieza,
empapa, decido partir como sea
Y se cuentan las mismas cosas todo el tiempo,
recordando episodios de la noche,
qué pasó anoche? El asado?

Comentarios sobre la parrilla
y críticas al asador de un charlatán
que picaba como un mosquito
al gigantesco asador, coro
de bromas incoherentes para el mosquito,
todos locos entonando cánticos como
pretendientes

Bruma y llovizna en la mañana
Hacia la ciudad en la noche había
un resplandor
Hacia el paraná el paladar
donde iban lanchas rojas
Diálogo con la luna en mi hamaca
de espectador

No sé cómo fue pero su rostro se levantó
de entre las mantas
y la oscuridad cuando yo pasaba
de una a otra habitación buscando
a los dueños de casa para decirles que no había
"lancha-río-picado, frente-de-tormenta"
Y horas esperando en el muelle:
vagabundeo por el interior, sol lechoso
y almas por la zona abandonada,
modo de salir hacia la costa y de allí
a la ciudad, entonces
la antigua danza me obsequió a manera
de mate la alta flor de la noche
despertando sin causa
humedecida y desde un rincón habiéndome,
el mismo rincón donde las mujeres
suelen hablar al buen Kafka

Cuesta creer... rasgueo de los días...
buscaron sus vetas hasta fijarse
en ésta, su adormilada dicción

Su voz que pregunta: no sabes a qué hora
pasa la lancha... porque tengo que ir a trabajar
Tal cual, yo también trazaba mi
objetivo y disponía el regreso... si
la intemperie tiene un nombre
tiene el nombre de lo que decidas,
el valor de tu peso como la gota de un nivel

Cerca de las doce del mediodía,
no hay lancha, me dice neo (recién casado)
después de llamar a la estación,
de lancha hasta las tres de la tarde no hablar,
demasiado tarde para el retorno de ella,
y ni hablar del mío al trabajo
Neo pasea por la galería averiguando
por celular horarios y combinaciones
imposibles para salir de allí, las luces
se desenfocan hasta dejar brillosa una noche

Entonces subimos con la tormenta
ya sobre nosotros a la lanchita de
mangone (recién casada)
que la conducirá hacia la otra costa

No puedo olvidar aún el merodeo
de los cuerpos en el parque reparando
inquietud y olvido, veo sus reflejos
rubios, vestida de jean, ahora, olvidada
ya de la fiesta, esperando un retorno
al papelito arrugado y azul para envolverse
Me he vuelto cínico
en la espera, me interesan sus cejas opulentas
y su bella figurita desde la casa conversando
con una amiga al borde del muelle,
con una bolsa calvin klein en la mano donde
lleva su vestido y sus zapatos de fiesta,
mientras el agua pasa y los matorrales de
enfrente asoman ojos púrpuras en ésta,
una velada oscuridad

Mangone maneja con pericia,
el volante en su mano es una tuerca que conduce
el eje de un hueco mecánico encrespándose
por el medio del canal entre compases
confluyentes
Es cierto que este pequeño volante
puede obedecer su decisión
subiendo la cortina de agua que cede,
el pequeño volante volanteándose en la lluvia,
hago contrapeso
yendo adelante y ella me hace contrapeso
apoyada en mi espalda y tapándose con una
toallina blanca y verde; me convida
la mitad de su toalla, su mojado cabello
rubio y mis crenchas negras vueltas lacias
con el paso de la velocidad más el torrente
Dínamo en un lugar despierto sondea su espalda
y los frutos de su ser amurallados

Vida en recia tormenta, pero leve
Reímos con neo. Ya la toallina se vuelve
una orquídea sobre la que echamos un terrón
de arcilla. Los latidos de la vida deben ser
como una bolsa llena de esféricas apelaciones

El viento se traga mi garganta
en el olor acuático y la cara helada
vuelta un vidrio, eh, me gustaría fumar
ahora con la cara descubierta hacia el oleaje
Un pendiente, mi ínfima conciencia,
relato de los golpes de la chapa
en el agua en agonía diseccionada
La suerte nos reclama, acollarados,
dos caballos asomando sus crines
en un pastizal

¿Algo más elemental que la lluvia
contra estas casas con sus estilos
para desagotar la inundación?

El auto de neo está en el embarcadero
La bolsa de ella colgada de su antebrazo
haciendo equilibrio habiendo bajado todos,
en el núcleo de la lancha sumando sus cosas,
contándolas, y con agilidad, un paso de sandalia
de taco bajo al borde de la lancha
que se inclina en el colchón del agua
respondiéndole, un paso al frente
por sobre el vidrio y depués en la tierra despareja,
cambiando palabras comunes con mangone
que la mira hacer,
Y un momento todos miramos
cómo hace una cosa, un paso, la bolsa, el
equilibrio con los brazos, hacer y deshacer otra,
salir del agua, quitando sobrecarga
de rojo en un papel

Ya en el auto, cerradas las puertas, el alivio
de escapar a la fría lluvia, ganas de hablar aunque
con la vista fija, quiero decir algo sobre la obra
de la suerte, quiero hablar de la suerte, la mejor,
flor de cardo, y digo que esperé el tren el día
anterior en barrancas de belgrano, sin saber
dónde ir una vez que el tren me dejara en tigre
Allí esperé el tren donde recordé a laura
con la remera de beivis and badhed,
a laura una mañana parecida (sí que es fina fina
le dije tocando la tela), medio nublada y fresca,
esperando el tren un día de cumpleaños mío
que íbamos a festejar a casa de laura crespi
en san isidro, y estaba otra vez allí con una mochila,
cuando se abren las puertas del tren,
y no sé si puede haber mejor color
que rubia hebra

Rubia hebra de mujer alcanzándote un mate
en el momento, él cumpliendo su ronda,
reposición del ser, la tana, esposa de tom soier,
sin escándalo, desde uno de los asientos
me mira alcanzándome
Y así fue que llegué, comenté, por casualidad,
porque tom y la tana me llevaron a la fiesta,
comenté, reclinado contra las nubes
al frente y el ruido parejo del motor del auto
cruzando baches y lomas pavimentadas

Hasta el cruce de panamericana en auto, saliendo
de yuyos y casas: la masa de lluvia fina rodea
al 60, apresurados bajamos del auto y cruzamos
en diagonal despidiéndonos sin besos
Ella y yo rumbo a capital bajo lluvia ladeada
Ruedas sobre el pavimento
Edificios, fábricas, tramos de cielo cerrado

(La luna empieza a decrecer)

Se reclina ella con su rostro cubierto en parte
por la prolija mata de pelo, las cejas alineadas
cumpliendo la abundancia,
la armonía se quema accidental. Hablamos,
desconocemos, nos apropiamos de lo no trabajado,
dispuestos

Buscaría ensoñadora mi hombro pero no lo sabe
La lógica me ofrece a mí en una cuchara,
la suerte simplifica despejando la maleza,
hace su cuenco e inflama pasión ingrata
(Detenido el sueño nadador ¿qué hace?
Tantea principios)


En la isla quedamos pilar, novia de durán, y yo,
que no se puede mover a causa del tinto,
fulvio y ezequiel en una mesa central,
cruzándonos botellas y bocados, durán y tom
arrojándose un disco de plástico traído a la velada
por tom, el disco juega con nosotros
hasta que el baile se desata y vamos precipitados
hacia ese fuego, gordos con el vino en la cabeza,
mujeres bailando con la novia, el paso desmecanizado,
comedia, del novio Quedamos: vino y cuero

"Entre un vaso de agua y un vaso de vino existe
la misma relación que entre un delantal de tela
y uno de cuero. -Pero entre ellos existen parecidos
de otra clase, igual de profundos: la cuadra
y la curtiduría no distan mucho de la bodega.-
Sin duda se debe al tanino que el vino y el cuero
estén así de unidos"

Larvas, pulgas, perros, barro, huella, parrilla, vulvas
en bikini, vacías botellas, hielo en el tambor,
manuel atragantado, reclinada en el asiento del colectivo
cree prestar atención, palabras en el acto de despegar
mi nombre y mi ser del sentido figurado que se ve
en !a ruta, vuelto mi rostro hacia su cabeza
reclinada en el fondo, tratando de repetir mi voz
el bizantino vidrio sobre los colores divergentes de la fiesta,
por la noche en' el muelle reclinado sobre el ala de una carpa negra,
viscosa, la marea de moho se junta y adhiere,
recuerdo los ojos colorados de tom al salir del agua

Camino de vacas, pienso
Acostado en uno de los banquichuelos del muelle,
durán y pilar en la escalera hacia la luz
que aparecerá de la lancha desde la ciudad
(el lado del canal donde se ve aureolado)
trayendo la carne para el asado nocturno
Los ojos se agrandan en algo merodeador,
tal cual la naturaleza con sus lanchas
entradas en el proceso sin sol

El cambio está y el valor de la noche se desprende:
una morocha toma hebras de tabaco y riega
con sus dedos el papel y después de sellarlo
con su lengua te ofrece el cigarro
Desde la lancha que vuelve con el asado,
desde la ciudad se ven señales de linterna
El colectivo corta la lluvia por panamericana
Ella dice que va a dormir un poco
(Yo voy a pensar)
en el escuro lenguaje de las sensaciones
Los pasajeros duermen reclinados
o piensan
en el oscuro lenguaje de las sensaciones

Veo las cosas pasar hacia atrás
Hablamos de Oé, tamisaki, ishiguro,
del trabajo, suyo, su común indagar,
el trabajo de darse a conocer
tildado en la butaca, descendiendo al movimiento
Hablamos sin esperar Lo esperamos
Todavía molidos por la corrosión de la luz,
que lo que tenga que brillar brille más

Sosiego que el alcohol nos da,
corte de árboles nocturnos, rayas
de agua orientando el movimiento,
neblina alrededor de la isla

Sucesos orilleros, por neo:
"Grandes y rígidas las hojas de las magnolias gotean
el rocío y remojan la arcilla" "El agua espera para
luego percudirse y arremolinarse entre
las hélices de los motores" "Nada brilla en el río
salvo la punta del cigarro de Nicollno,
la niebla tapa estrellas y agua (...) un muelle
que tiene un techito a dos aguas y del techito pende
un farol, parece un escritorio con una lámpara
en cuarto oscuro" "¡Ah! cómo se ponía el finado
Evaristo cuando le escondían la armónica.
Un día los amenazó con una cuchilla"

Uno de los puentes que cruzarnos es puente saavedra,
el cielo de garganta abierta
Bajamos y corremos Su cabello amarillo un poco
quema Gotas aisladas en e! trayecto que corremos
haciendo trasbordo en otro colectivo, el 68
El olvido golpea y entra a una casa con fogón
donde miramos imprimiendo una llama incolora

Hacemos correr el tiempo de la ventanilla
Debo ir: cabildo-santa fe-la rioja-santa fe,
digo eso, me alimento de ese revuelto en una ciudad
Antes de bajar, te cambias otra vez?
Qué? -Ah, los zapatos, casi la 1.30
sobre pueyrredón Shopping palermo (o el trabajo)
y sumarme a un banquito en la enfermedad
de la espera
El banquito de mi casa también, la enfermedad

El cielo sobre el agua del tigre medio
marrón y verde Copas, árboles que entornaban
la puerta cargándose de aire
Y dentro de la oscuridad, lo ridículo de la luz,
aglomerado ante semejante espectáculo,
los hombres cumplen con sus sueños, es así
Los relieves morosos, árboles, muelles, astilleros
y gente en el río derivando, y chimeneas
que fueron anaranjadas
como puestas en la quebrada línea

Lluvia Sobre techo de cinc, de tronco ubicuo
parece un río de verdad La cruz, las gotas rápidas y delgadas
en infusión, deteriorado ardiente: chatarrita, abrojo
Vamos que hay mucho viento
y la caída de un proyectil, vamos,
vámonos vámonos

Esperar como si no fuera suficiente,
crimen o verdad en silencio, rotura
de la piel, frente a las hojas apagadas
que el duraznero tiende, disparón
en la cabeza despierta, con iluminaciones
innecesarias, ya


José Villa (Argentina, Martín Coronado, Pcia. de Bs.As., 1966)



jueves, 16 de diciembre de 2010

NAVIDAD




El árbol más grande de Provenza.
Una jofaina de barbero de loza blanca como
Leche. Un chaleco de terciopelo
Merde d'oie. Poesía medieval. Una falda
De cretona almidonada. Un jersey
Merde d'oie. Una mantilla. Seis ollas
De cobre. Un letrero de latón.
Muñecas. Un belén con figuritas. Boules.
Bolos. Vestidos. Docenas de
Paquetes llegados de América. Un ganso
Con ciruelas y almendras. Champán,
Chateau Simón, Coñac. Fuera los surcos están
Helados. Los pinos de Cézanne tienen
Un color gris acero. El Mont Sainte Victoire
No está azul ni verde lavanda en
El cielo: está brillante como piedra caliza.
Hace dos semanas que el viento
Del Sur trajo por sobre la colina el sonido
De las minas de Gardanne. Las niñas
Cantan canciones de «Mirille» y la «Pastourelle
Maurel» y representan la función por
Turnos. Pierre Lapin ronronea bajo la estufa
Humeante. Una nube de escarcha cuelga
Bajo los desnudos plátanos del Cour Mirabeau.
Bebemos grog en Les deux gargons.
Visitamos a dos amigos americanos y a una
Heroína de la Resistencia. En la
Misa, el obispo, al pasar ante nuestro banco
Ha ofrecido su anillo a nuestras niñas
Para que lo besaran, pero en la calle catedráticos
E intelectuales gaullistas aún nos miran
Con desdén. Visitamos la tómbola para la residencia
De ancianos inválidos. El letrero del
Arco festoneado dice: «Les souvenirs des jours
Heureux sont terribles a ceux qui
Souffrent et qui sont seuls». Medianoche,
Las estrellas de primavera ascienden
Por sobre el Mont Sainte Victoire, que se
Alza como un cristal de cuarzo
En el cielo y al final de la carretera.




Kenneth Rexroth (E.E.U.U.; South Bend, Indiana, 1905- California, 1982)

(Traducción: Carlos Manzano)






viernes, 10 de diciembre de 2010

DESDE LA CUEVA

















Miro el amaranto
mira hacia el patio
busca toda la luz posible,
yo que estoy adentro veo
lo posterior:
Cristalino lava mi mirada
con sus nervaduras asimétricas,
de sus médulas se sostienen
hojas sanas con bordes redondeados
un vientre verde y rosado, intenso, locuaz.
Es tierra, agua y una especie
donde espinazos florecidos
en suave lila son las rutas
que derrumban mi escepticismo.
Ahora que puedo
leerlo claramente
veo mi falta de fe
en aquello que amo y que me ama.



Adriana Borga
(de Animalidad humana,
tomado de "Las 40"
Poetas santafesinas
compiladas por Concepción Bertone)





Adriana Borga. Nació en Rosario, provincia de Santa Fe, en 1961. Ha publicado Animalidad humana (2003). Adriana Lilia R. Borga, además de artesana y docente, es estudiante de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Coordina del taller de Lectura y Escritura (narrativa y poesía) «Taller del Sur». Publicó en el diario El Correo de Firmat, localidad donde vivió su infancia y gran parte de su adolescencia y en las revistas rosarinas Ciudad Gótica, Los Viajeros de la Underwood y Los Lanzallamas. Participó en la performance Cielablues en colores con Graciela Sillico y Adriana Gaff y en el v Festival Latinoamericano de Poesía de Rosario. En 1989 la Municipalidad de Firmat le otorgó una distinción por su desempeño en la labor comunitaria y por sus aportes culturales. En 1993 obtuvo uno de los premios nacionales de la Comuna de Capaccio-Paestum (Italia). Tiene un libro inédito, Coral.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

ANTES QUE LA PALABRA...




















Antes que la palabra encrucijada
tuviera otro sentido,
era seguro el sitio del camino
por donde me iba, entraba al pueblo.
Un portón con un galpón al fondo
pudo ser escenario adecuado
para un hombre mayor con deseo
en su valija,
casi tanto como la hija de mi padre
que no fueran mis hermanas,
una mosquita
muerta viva.
Retenido en un rincón -hay olor
a aceite, a grasa de motores
mezclada con la tierra- se revela
en un punto
como esa luz acrisolada, cegadora
en donde pone el ojo
la criatura. Recuerdo
encubridor o encrucijada o nudo
al que regresan mis pasos
desandándose
sobre la propia huella, inadecuada.
Así, la sombra que se engrosa como mujer
niña del ojo
del amo o sanguijuela. Cuerpo sombrío,
que no dará a la luz partes salientes
ni hijos
ni sacará de sí la fuerza necesaria
para parirse, ni irá a París, ni será
para nadie.
A la par de su padre como una sombra
y de su madre como la otra
no nombrada. Encrucijada
y todas las versiones
de una misma, que no puede partir
la diferencia.

(de:Seda terrestre)
Tomado de "Las 40"
poetas santafesinas
compiladas por
Concepción Bertone

Lelé Santilli


Lelé Santilli, poeta argentina. Nació en Armstrong, provincia de Santa Fe. Publicó el libro de poesía Seda terrestre (1992). Lele (María Esther) Santilli es rosarina por adopción. Vivió en Buenos Aires, donde coordinó talleres de escritura en un Hospital de Día. Ha escrito teatro y relatos. Actualmente reside en San Francisco de California, Estados Unidos de Norteamérica.