miércoles, 6 de febrero de 2013

Canto


Canto
para mi misma
los ojos cerrados
bajo el sol
y envuelta
en el perfume
de los azahares

no sé qué hora es
y no sé quién 
barrerá las hojas

ni siquiera
conozco mi nombre
aquí entre la hierba.





PADRE

Regresabas
la pala al hombro
en el aire caliente
de la tarde.
En la casa
te esperaba
el baño fresco con agua de la bomba
el mate
cebado por las manos
amorosas
de mi madre
y más trabajo
pero no importaba,
nada más 
importaba
cuando la luz
de la lámpara a kerosén
iluminaba el rostro de los tres
en torno a la mesa
de la cocina
y afuera sonaban las chicharras
y los tucu tucu
atravesaban el cielo del verano.



AMANECER DEL 6 DE ENERO
(A Vivian Lofiego)

toda la frescura
del jardín
entra por la ventana
ahuyenta el sueño
y trae el olor de los jazmines
y de los pastos
todavía húmedos,

el mosquitero es
una aureola blanca
que mi madre  acomoda
amorosamente
cada noche al acostarme

a través del tul
una muñeca
minúscula
me espera sonriente
sobre los zapatos
que dejé anoche
lustrados
para la ocasión.





REGALOS
                   a mi tío José Delgado

Libros
y flores
me traías

los paseos
largos
hasta el río
me traías

los perritos
huérfanos
trocitos
de madera
de oriente
piedritas blancas
caracoles microscópicos
robados a un amigo
me traías

me traías
las historias
de la ciudad
que volaban
de tus labios
como gorriones alborotados

me traías
minúsculas
cajas de fósforo
vacías
figuritas de mariposas
semillas de toda clase
me traías

hasta que un día
el tren 
ya no te trajo
y empezó a llegar 
así
siempre vacío.




Alejandra Delgado





Alejandra Delgado. Poeta argentina, tucumana, de Villa de Leales, pueblo en el que vivó hasta los doce años.En la ciudad de San Miguel de Tucumán completó sus estudios secundarios y cursó la carrera de Letras en la U.N.T., que dejó inconclusa.
En el año 1991 se radica en Concordia donde participa de los talleres de lectoescritura coordinados por  el poeta Marcelo Leites.
Una selección de sus trabajos han sido publicados en el suplemento cultural del diario El Heraldo.Ha participado de lecturas colectivas y durante el año 2010 tuvo un micro de difusión de poesía argentina en en el progama radial Escrito en el Aire, además de otras intervenciones en diferentes emisoras.
Es miembro de Abuelas y Abuelos Leecuentos.








lunes, 4 de febrero de 2013

Notas para un agitador


























La organización de los elementos sonoros 
hace al compositor. Para distribuir correctamente los gritos
del otro se debe conocer cada bolilla cada punto
débil, como uno mismo ese otro se retuerce en su instrumento
en el amor al aire o al arco guerrero que se agita
con más ferocidad que virtuosismo. Cuando te toca
tocar, el sentido se pierde en la piel del enemigo:
acompañar o estar al frente de la masa 
sonora no es lo mismo, la quinta
fila de violines que el solista. El ataque
de cada nota debe ser letal. 






Apagón:
corte,
deseado por la luz.


Quisiste cambiar todo
de lugar y razón en mano
creíste asesinar la oscuridad
de nuestra casa sin
embargo todavía
sostenés la vela
pensás con lógica que
no querés pensar más
de esta manera pero no se ve
un pomo y estamos
en constante carnaval no se lleva
la razón en la mano porque
te la cortan
eso lo aprendiste Agitador con
migo al migar cada
neurona en
comas
etílicos para amigar
la idea con el impulso nervioso
del ritmo
sobre los cueros tocando
una maraca que me muevan en
baile me volteen como
a un palo de agua que
suceda lo desconocido:

y dar a la luz un poco de
superficie en la que dormir
como un murciélago.



Verónica Viola Fisher




Verónica Viola Fisher. Nació en Buenos Aires en 1974. Ha publicado Hacer sapito (Buenos Aires, Editorial Nusud, 1995), A boca de jarro (Buenos Aires, Edición A Secas, 2003), Arveja negra (Vox, 2005) y Notas para un agitador (2008). Fue incluida en la antología de poesía argentina Monstruos, de Arturo Carrera.







domingo, 3 de febrero de 2013

Hacer Sapito





















De mamá tuve un cordón umbilical 
y de papá también 
tuve un cordón 
cerebral 
que el médico anudó 
innumerables veces con una 
fuerza descomunal y atroz 



Desde el ombligo al ano 
un bebé caquita blanca 
como las manos de mamá 
pero mi cerebro no sabe 
hacer la digestión 
su ombligo es mi boca 
y mi boca es un tajo 
al nudo 
atroz un tajo y sangre 
como las manos de papá 
intentando anudar 
otra vez su cordón 



Mi papito 
tiene pito 
y yo tengo en pedacitos 
un cuerpito 
que él rompió 
para jugar: 
dale que 
tiramos el cuer 
y nos queda el pito 
como papito! 



veo que 
juega solito 
yo me junto  ay! 
los pedacitos 
en la cuna 



Tengo una hija 
y su mano en la mía 
rezando 
juntas hacia los ojos 
de Dios 
caen hojas y 
mi mano 
en la suya escribe 
negra y rota 
un planeta 
alrededor del sol




Verónica Viola Fisher (Buenos Aires, 1974)









viernes, 1 de febrero de 2013

Una medida adecuada a todo






















SON DOS LOS QUE DANZAN

No sé
por qué
si afuera llueve

elijo una música
diferente

En el adentro
los sonidos se besan

Son dos los que danzan



EN EL ROJO DRAGÓN DE LA MESADA

Un frasco
de compartido dulce
alberga
plantines de albahaca

Ella 
toca 
con sus dedos
las hojas
verdes

Las frota

dulcemente
el aire de agosto
en su mano
acaricia





LA ENREDADERA

Las rejas desaparecen

Es indudable que ese jazmín crece
para recordarnos
que la belleza es
aún posible

Dentro de pocos días
sus flores perfumarán

la intimidad de esta habitación
donde consumo mis horas

en busca de un tesoro que no encuentro
y que no sé si existe



(De: Son dos los que danzan,
1999-2003)
NO PUEDO CANTAR


Bueno, volveré a casa, hace ya demasiado
tiempo que no escucho el gemir del álamo,
volveré, estuve ciego, volveré, estuve sordo;
volveré a casa, ese es mi deseo, volveré
a usar mis manos en el jardín, limpiaré
los rincones; hola John, hola George, sonará
otra vez la música de días mejores, hola
Raymond, hola Joaquín, hola Edgar, hola fantasmas
de mi corazón, volveré, volveré a ustedes. Ey,
adiós amigos, he estado demasiado tiempo
buscando lo que no existía, yendo hacia
lugares donde no me esperaban, bueno,
estaré pronto, allí estaré, allí, bailaremos
los dos en el río amarillo, como ayer 
bailaremos y nos pondremos rojos
de dicha, con vos, la dicha de estar con vos, 
allí, en mi lugar, y papeles y papeles y viento,
volveré lugar, volveré hogar, estuve tan mal
afuera, quiero, sí, quiero un poco más de luz,
volveré, amor, volveré, estuve perdido demasiado tiempo.

(de: Una medida adecuada a todo,
2009-2011)

José María Pallaoro (Argentina, La Plata, 1959)



IMAGEN: Danse de reve, pintura de Hamish Blakely



miércoles, 30 de enero de 2013

Si una mujer debiera ser el Mesías


























Si una mujer debiera ser  Mesías
no sería un drama impresionante
sólo sería un evento leve e inadvertido
no podría no ser bello.
Tal mujer  seguramente diría poco
sobre  moral y religión
Tal mujer seguramente nunca  viajaría 
o  inspiraría un góspel.
Viviría en paz tímidamente
junto a  un lago y en ciertos días
se forzaría  en él con una angustia  casi divina
con la más femenina de las caricias
como llorando sin dejar marcas
de lágrimas no más maravillosas
que las de cualquier otra mujer.
Ella  no tendría ansias forzadas,
ni pocos amantes,
no haría trucos evangélicos
con piedras y palos
hasta emplearía el arte común
para ganar el corazón
de un hombre  común,
como cualquier mujer voluntariosa.
Y, como muchas otras mujeres,
su confesión sería guardada
cerca del  pañuelo, bajo la almohada donde duerme.
Podría ser adorada por sus habilidades domésticas
nunca les ocultaría sus  propias faltas
y  consentiría  sus  tonterías  secretas
Hablaría demasiado sobre sus sueños,
le rezaría a un dios personal
lidiaría con  los hechos fuera del tiempo
sería dulce en el matrimonio y en la maternidad
¿quién se daría cuenta de su trabajo callado?
¿quién la llamaría una salvadora o hasta una santa?
¿quién la molestaría con una cruz o una iglesia?
Nadie lo haría.


Laura Riding (E.E.U.U. -New York, 1901 – 1991)

(Versión: Marina Kohon)


If a Woman Should Be Messiah

If a woman should be Messiah
It might not be an impressive drama,
It would be but a slight event and unsignaled
 It could not but be beautiful.
Such a woman would surely say very little
Of morals and religion.
Such a woman would surely never travel
Or inspire a gospel.
She would live at peace shyly
With a local lake and on certain days
Intrude some nearly divine distress
Upon it, with a most feminine caress
As of weeping spotlessly over it
In tears no more wonderful
Than any other woman's.
She'd have no unnatural hungers,
No fewer lovers,
Do no evangelical tricks
With stones and sticks,
Even employ the innate art
To win the ordinary heart
Of an ordinary man,
As any wilful woman can.
And, as with any other woman,
Her self-confession would be kept
Close to her kerchief, under the pillow where she slept.
She might be adored of her household.
She could never deny them her faults.
She would pamper her private follies,
Talk too much of her dreams,
Pray to a personal God,
Deal unhistorically with facts,
Be sweet in marriage and motherhood.
Who'd be aware of her quiet work?
Who'd call her a savior or even a saint?
Who'd trouble her with a cross or a church?
No one would.


IMAGEN: La diosa griega Afrodita (artista desconocido)


lunes, 28 de enero de 2013

Cabeza, tronco y extremidades





Usted recordará a la mujer de la sombrilla rosa
que vivía en mi poema de entonces;
única, espléndida, se paseaba por las callecitas del texto.
Claro, el tiempo pasa, la vida.
Ahora se sale la mujer de la sombrilla rosa
en busca de la casa final.
Y llama que llama a la puerta la desvelada.
Y el guardia que no, lo siento.
Y que por favor, vengo de tan lejos.
No insista, no es posible.
Y le ruego, sea comprensivo.
Y que no, usted está viva,
debe cumplir con el requisito de morir.
Y ella que nada, por piedad, debo entrar,
traigo una gigante fatiga y debo conocer
el sitio donde me tumbaré para siempre.
Cede al fin el duro de la historia.
Agradece la mujer.
"Y la sombrilla ¿dónde debo dejarla?"





CRANEANA
(Visita guiada)

Día propicio, despejado. 
Desde el mirador abarcamos 
casi todo el territorio encefálico. 
Gris la sustancia del predio dominante, 
el resto, blanca.
Las calles - sinuosas- se dejan transitar 
sin mayor dificultad. 
Sobre la ladera oeste, 
casitas con luz de tiempo completo, 
y a oscuras otras de cuentos de terror. 
El panorama, reposado; 
salvo en las comisuras, con esos fosos 
protectores de centros palaciegos. 
Aquello, sobre la colina 
es la casa de Broca, donde se cocinan 
la primera y la última palabra. 
Día propicio éste, despejado. 
Fogoneros de incesante marcha 
en la pendiente temporal 
y lavanderas que vuelven 
-como siempre- cantando. 
A la izquierda, saltando la soga, 
las chiquitas
que se verán ancianas cuando anochezca. 
Ese otro, el muro occipital 
donde Goya alineó a los fusilados; 
y sobre el montículo del hipocampo,
junto al braserito,
el que calienta las manos
para apuntar letras de fuego.
Día propicio éste,
a cada lado del paisaje
-herrero pasional-
el Ludwig Van descarga martillos de furia
sobre el yunque negro del destino.
Y por allá, cerca de la grieta mayor
trepan la cuesta del regreso
gloriosos hermanos arrancados de los días.
Debe también saberse
que dentro de todo lo visto
arden ferroviarios compases.
En fin, hasta aquí el paseo;
ahora vamos a retirarnos,
oscurece
y todo lo nombrado debe descansar


(De "Cabeza, tronco y extremidades";
Ed. El mono armado, 2012)

Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)




sábado, 26 de enero de 2013

Entre dos álamos


















Ausencia de gorrión


Entre álamos plateados, frente al sauce
el árbol de las paltas es un monstruo desordenado
sus hojas groseras y algo rojas- grosellas- 
ellas resisten el viento, como un gigante montado 
en una percha endeble, espantapájaros en el que viven los pájaros
catapulta sus frutos, cremosos
que revientan en mi deseo de escapar 
a este mundo.
El carancho despliega sus alas inmensas y caoba
ha asesinado a los gorriones, mueren al costado de las ligustrinas
sus restos desparramados perfuman 
el poblado de los humanos.



Toca la tierra

Crecidos los árboles, parece que saludan al cielo
los álamos plateados, como plumas o penes
oscilan excitados por el viento, su costado de plata
parece que nos enriquece, sin tocarnos
cómo podría si llega tan alto, tan alocado.
El sauce, sin embargo, con su llanto
alarga sus guirnaldas, cabellera enrulada, llega al suelo
y es el que nos abraza y nos acaricia, 
su enredo de amor no miente 
nos toca de verdad, toca la tierra.


(Inéditos)

Romina Freschi





Tiene un blog: Frescos.


jueves, 24 de enero de 2013

AYER DECÍAS MAÑANA






















HUYEN ¿adonde? 

los Caballos del Tiempo. 
Cuando en oscuro sitio indefinible 
nadie oye
            tu llamado
y en un infortunio de dios ciego 
ninguno te recuerda: 
¿Cómo es esto? ¿tu agenda 
no rebosa citas, nombres, fechas? 
¿Tanto menguó tu destello, 
no sos ya el hombre cuya camisa 
vuela blancor y era tu mujer 
una rosa de adviento entre colinas
donde aves de juventud 
claman al río Guayra?

Huyen, imposible retenerlos,
los caballos del Tiempo,
los padrillos de las venas de la enajenación.
De poco sirve hoy tu música, ni el
jazz ni el vino calman este
atardecer

en el que huye, rechaza tu fervor
el pura sangre del Tiempo.   Hoy no abrís
tu ventana de geranios, espías
la niebla de lo sin retorno, y se te hizo tarde, y
no te lo advirtieron.
Cuando el sol se ahoga en la maleza
del trópico innumerable.
Cuando amaste por la última vez.

El caballo del Tiempo jadea, se frena,
te aguarda.
Llora, como sólo llora un caballo.
Se va
llevándote a
dormir.






Croan las ranas en un pantano inexistente...
Miriam Cairo

ESTA es la noche, danzando sobre los álamos.
En el nocturno azufre vuelvo a ser
aquel que ni los íntimos amigos
adivinan.
Ellos acogen estas pálidas facciones
que los ángeles del ayer no soñaron.
Por eso
al aquí dejarte mí palabra:
las ranas del campo
(donde una vez me supe vivo)
vuelven a croar, son mis fieles escuderos
de la resurrección.

Cantan las ranas al tren remoto 
acribillado por el oro solar, a 
las nubes del encantamiento. 
Cantan a mi perplejo corazón. 
Croan las ranas, y mi vida 
obtiene en ello lo justo y necesario.

Adviene vuelto enigma
el canto de las ranas
y todo está muy bien, está todito
bien
muy bien.
¿Lo he dicho?:
Cantan las ranas
en su pantano inexistente, y
está todo en su sitio,
y muy muy bien
muy bien.



Jorge Ariel Madrazo





Jorge Ariel Madrazo (Buenos Aires, 1931) publicó los libros de poemas Orden del día (1966), La Tierrita (plaqueta, 1974), Espejos y Destierros (Caracas-Buenos Aires, 1982); Blues de Muertevida (1984); Cuerpo Textual (1987, 2do. Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires); Cantiga del Otro (1992, premio-publicación Ediciones del Dock), Piedra de amolar (1995), Mientras él duerme, en coautoría con el artista plástico Juan López Taetzel (Ediciones Lar, 1997), Testimonios de fin de milenio -Conversaciones con Elizabeth Azcona Cranwell (Ed.Vinciguerra, 1998) y Para amar a una deidad (Premio Fondo Nacional de las Artes y Fundacion Inca). En narrativa publicó Ventana con Ornella (1992). Tiene inéditos en este género la novela Gardel se fue a la guerra y los libros de relatos La mujer equivocada y Divagario. Publicó asimismo Breve historia del bolero (Caracas, 1980) y trabaja en el ensayo Grandes poetas olvidados. Ha traducido a autores ingleses y norteamericanos -entre ellos, inéditos de Allen Ginsberg, para el Centro Editor de América Latina-, y realizado versiones de poetas de la ex Yugoslavia. Organizó y condujo los ciclos "Poetas y Narradores" (1986 a 1995). Poemas suyos han sido vertidos al inglés, italiano y serbio-croata. Colabora en publicaciones del país y de Brasil, Colombia, Cuba, los Estados Unidos, España, México y Venezuela. Fue invitado fuera del país a los encuentros de poesía de Struga y Bieljo Polje (ex Yugoslavia), de Medellín y de Bogotá (Colombia, 1993 y 1995), al Seminario Internacional Ideamérica'95 (La Habana), al Congreso The Powers of Poetry(Universidad de Eugene, Oregon, octubre de 1996), a la VI Feria Internacional de Poesía de Bento Gonçalves (Rio Grande do Sul, Brasil) en 1998 y al Festival de Poesia de Las Palmas, Islas Canarias, en 1999 y 2001. Los poemas que presentamos perteceden al libro Ayer decías mañana, Ed. Ruinas circulares, 2012.






martes, 22 de enero de 2013

Cantos en la mañana vil








1. Cosas/Oír/Rodar


I

No hay nada, sólo cosas.

No hay nada, las cosas tampoco.

Oír afuera un rodar de las cosas 
a la hora en que va a amanecer, 
oír un gasto que avanza.

Algo se ha roto o nunca estuvo, ¿era el alma? 
Cosas que ruedan, ahí afuera, no hay nada.



II

Así es que empieza la mañana: no con 
una explosión, con un bostezo.

Así es que otra vez todo se puso a rodar.

"Y no entres manso en eso que viene, rabiá", 
subía el ruido de lo que rodaba, y entré



III

Cerrando ahora la puerta
del ascensor, buscando
la llave de la calle, mirando el tránsito:
"perdí los años que iban a venir"

"Ahora estoy libre", pensé por un
momento,
como quien cae al agua de la mañana lo pensé.



IV

Viene el verano, viene con 
dolor de huesos,

viene con su estopa.

Sentado, en el recuerdo, frente a un mar 
siempre recomenzado, escribo

no con palabras
sino con sombra de palabras, filtraciones
de Un turbio noviembre.



V

"Amor", he escrito, yo no estoy acá. 
Amor se escribe en otro lado.



VI

Entre el crujido urbano, entre el 
venirse atrás del alma

Escribo contra lo mejor de mí

Para decirle que se cuide, que
no se vaya aún,
que lo que llega ante los ojos
es grande y crece como pasto en las ruinas
de lo que se llamaba el corazón



VII

Ahora, con el calor
que avanza,
tratando de aclarar un poco
las acumulaciones de la mente
oigo tu voz por el teléfono
como quien piensa "algo hay"
o "dónde estás"

y la mañana afuera es agua espesa, orín, 
luz que hace mal

Espero, quiero decirte, estés a salvo 
de los asedios de este mundo y otros.



VIII

Sol, además, ahí afuera eso, el sol, 
que sube afuera de nosotros 
Ya no es lo que llamábamos "el sol" 
ni "la vida" es la vida

¿Y entonces qué habla por esta boca, la muerte? 
¿Qué sobreimprime al sol esa palabra "sol" 
qué alumbra o hace como que alumbra ahí?



IX

"Alguna cosa que esté bien", iba a decirte 
o "pasarán por sobre mi cadáver"

Me preguntaba para qué escribir

Y no es que espere que respondan, escribo

"Tal vez aún crea" iba a decirte, 
pero algo se callaba atrás



X

"Atrás, atrás", como decía el pájaro.
¿Atrás de qué?
En realidad decía "vayanse"

Ventajas de la mala traducción: 

yo miro atrás a ver quién habla.



XI

No es que alguien hable, es que
lo quiero ver,
es que no entiendo que las cosas callen

es decir cosas qué hago afuera



XII

"Afuera, afuera" dicen las palabras. 
"Afuera", me preguntan, "de qué" 
No las escuches, yo me fui



XIII

Si la poesía, si la 
pura sensitiva sale 
a molestar, dejala

No es que esté bien ni mal: el alma 
se deja hacer para durar

Anda en la pura duración 
a falta de otra cosa, el alma



XIV


¿Y esa otra duración, el sol 
irrealizando la pared, el ruido urbano?

"Irrealizando" escribo "la pared", escribo "el ruido"
escribo "el ruido, la pared ¿y qué?
"
"Ahora" escribo, "y en la hora
en que lo niegue una vez más", 
escribo como quien
salió a perder: "no hay nada" escribo "que perder
No hay nada más que cosas, no hay nada",



XV

"No hay nada", dije, dispuesto a perder,
iba sin alma,
en medio de la mañana, entre los ruidos




(De: Sonidos de una fiesta ajena,
-Antología-Ed.Ruinas Circulares,
2012)
.
Daniel Freidemberg  (Resistencia, Chaco, Argentina,1945) -Vive en Buenos Aires desde 1966.