lunes, 8 de abril de 2013

Diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein


























1.La realidad está limitada por la totalidad de la poesía.
La poesía no tiene límites.


1.1 La poesía es un jardín: un jardín que habla de otros jardines.


1.12 Pero la mejor definición de poesía es la siguiente proposición: Poesía no es ni lo uno ni lo otro; quizá tampoco lo tercero.


1.13  El lenguaje es la flor, dijo Mallarmé. Si esto es así, entonces, la poesía es la floración: encantamiento de la flor.


1.21  El único enemigo de la poesía es el poeta: allí, es él contra él mismo.


2.0123  Cuando un hombre se dirige a sus aguas finales, no muere su poética. Sus hijos heredan su forma de caminar, sus dientes caídos, una voz ronca, su nombre. Otro, su esposa & su cama. En las cosas se queda su mirada para el estudio de la psicología.


2.0124  Las cosas por sí solas descubren al hombre. La cuchilla de afeitar oxidada, el aire quieto pudriéndose en su fruta, el poema lamido mil veces, la pintura que se cae del techo.


2.041  Dar a cada emoción una personalidad, a cada estado del alma, un alma.


2.02  De lo que el hombre se enamora es de la sombra de las palabras. De su sombra al erguirse en la memoria.


2.0201 Las palabras son como las mujeres: necesitan del espejo para reflejar su belleza.


2.021    Sin espejo (vanidad) o sin poesía (otra clase de vanidad) la vida pierde su forma, se muere en su horizontalidad____________^


2.0233  Toda la  mudez inexplicable es el recuerdo: el sintagma que se ha quedado anclado a la sal del pasado.



2.03  Mi disciplina es mirar el cielo. Pero el cielo de la palabra cielo.


2.031  Ese cielo blanco no es blanco por ser blanco sino porque lo pienso puro.


2.032  Porque no entiendo mi alma, busco la confusión en las palabras.


2.06  Cada lengua posee su ligera forma de erotismo, su forma de caer sobre un cuerpo.


2.1  Siempre se escribe en ía superficie; muy pocos alcanzan a hacerlo en la profundidad.


2.11 Escribe poco & tendrás doble eternidad.


2.12 No escribas para que te lean; escribe para que no te olviden.


2.14  La escritura tiene su estética de la repugnancia. Se dibuja el pensamiento como escupiendo huesos de insectos, tripas de sangre, negras patas: materia que de vez en cuando toma vuelo.


2.151 El acto de la escritura es perplejidad. Una voz en mí dice: Deja de buscar la palabra justa, encuentra, mejor aún, el alma precisa de esa emoción. & otra dice: Las palabras son las únicas que tienen alma. & el alma carece de emoción.

2.2  La lectura debe ser autista, Milimétricamente lenta. Que la baba moje el corazón.


2.201 Bello «$L cruel: leer poesía donde nadie te escucha &. donde todo el mundo la necesita.


2.202    La lectura me quitó la inocencia & me dio la soledad. Dos perjuicios a {razón del placer).


2.222    A veces tengo la impresión de que entre más me dedico a la lectura, mejor artista soy; pero también, más alejado del ser humano estoy.

3.01  Todo lo que amamos, si no se puede decir, se habrá perdido para siempre.

3.14 La poesía me llega a hartar, como me harta la misma mujer todas las noches, toda la noche.


3.144    Qué diferente la poesía para mí que me quedo solo, para ti que te vas acompañada.


3.151     La infidelidad no es un arte y un hombre puede llegar
a amar, honestamente, a dos mujeres.

3.2 El amor tiene leyes. & la primera es reconocer que existe la palabra amor, mas no una definición de su cuerpo.

4. Señor, si existes, sálvame & si no existes, invéntate; & vuélveme a inventar.

4.002 COmo un ciego que busca a Dios entre las sombras, creo ver un día luminoso, la luz en la piel de una manzana, mi rostro en una pared blanca.


4.013  Hay mañanas en las que el alma amanece con sus ventanas cerradas. En el fondo de sus habitaciones el silencio arrastra un manojo de hojas secas, &. nos queda difícil palpar amorosamente el latido de un pájaro en nuestras manos. Pero, de repente, en el centro del día, en la frente del mundo, & solo entonces, un rayo de luz atraviesa nuestra morada, ahuyenta las arañas & nos deja sentir la felicidad más plena, en medio del silencio más absoluto.


6.1 Hace mucho tiempo que dejé de hacer el amor. Las flores ya están marchitas. & el agua... el agua ya está muy lejos.


6.11 El hueso de una flor me golpea insistentemente: cree que tengo frutos. Cree que tengo ese rojo de las hojas en la primavera.

6.113    Cuando hacía el amor pensaba en la Muerte; ahora que la tengo tan cerca, pienso en el Amor.

6.21  Llegué demasiado tarde /ala total ¿ncertidumbre. tengo conciencia de la duda.

6.211 Cincuenta & dos años mirando la superficie de esta mesa & ni un número, una señal, que cifre este silencio.


6.41  Con cierta & vaga tranquilidad escribí esta proposición en mi Diario: Tengo toda la incertidumbre por delante & toda la vida por detrás.


6.421 Escribo esto sólo por escribir algo & para habíar conmigo
mismo.

6.522    Fragmentos, fragmentos, fragmentos; eso somos sin miedo.



Fredy Yezzed





Fredy Yezzed nació en Bogotá, Colombia, en 1979. Es escritor y viajero. Su primer libro de poesía, La sal de la locura, fue distinguido en Argentina por los jurados Javier Adúriz, María del Carmen Colombo y Jorge Boccanera con el Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández 2010 publicado en Buenos Aires ese mismo año. Como investigador literario escribió el estudio Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano que publicó la Editorial de la Universidad de Antioquia (Medellín, 2010). Es licenciado en Lenguas Modernas de la Universidad de La Salle y profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Después de un viaje de seis meses por Suramérica, se radicó en Buenos Aires, Argentina.
El diario inédito del filósofo vienes Ludwig Wittgensíein es su segundo libro de poesía publicado, pero antecede en su génesis a La sal de la locura.


sábado, 6 de abril de 2013

La inscripta


















Hace una pausa y dice leer,
leí a Darío. Y pone su firma
en la planilla de inscripción al taller.
Y no le atrae mostrarse despistada
cuando mi amigo le pregunta
si conoce a los de su generación.
Algo conozco, dice, y significa
me importa un pomo, mis clásicos no armaron
                              ayer un blog.

Viene de un mundo sin cadáveres 
aunque con sangre en las manos y escucharla 
hace pensar que otro taller es posible. 
Sólo el sinsentido la inhibe, sonríe 
cuando le deseamos suerte y dice qué exagerados 
cuando imitamos el tono del tallerista: 
canchero. Ella a la sala y mi amigo al teléfono.

Pero mi amigo tiembla y va más lejos,
qué pasa, me dice, si se da cuenta que este chabón,
el profesor, preferiría derribar el edificio
a dejar de "escribir como se habla".
Mira si toda esta poesía de la cotidianidad
no le resulta ni rica ni infinita
y abandonada sí, pero por la estética,
mimada en cambio por la política.
Qué pasa si la cantidad de juegos
de fotocopias de páginas de libros
de poesía de autores de todas partes
del conurbano sigue estancada en seis.
Dubitaciones al tiempo que Darío
llama al centro cultural y cuelga.

Se me ocurre: detrás de esa chica están las mujeres 
que hace cien años leían poemas en La Nación 
con la paciencia que sus maridos perdían 
frente a cualquier otro tema que el agrario. 
Mujeres y versos como "De mi unicornio 
tendrán rosas y miel tus dromedarios".

Y hago mi apuesta: esta chica vino para quedarse,
vino, es más, para coparse
con un profesor que dirá de ella
en una pausa, a nosotros, es un minón importante,
y de Darío, en clase, fue el primero
en cagarse en todo lo que no era su época.





(de: el pueblo le canta a sus
familias disfuncionales,
añosluz, 2012)
Cristian De Nápoli




Cristian De Nápoli. Poeta argentino, nació en Buenos Aires en 1972. Estudia Letras en la UBA. Es investigador de textos del período colonial latinoamericano. Escribió "La Maga en coma: reflexiones sobre rock y literatura", ensayo sobre rock publicado por Ediciones de la Flor en 1998. Libros de poesía: "Límite bailable" (Astier Ediciones, 1999); El ring (Black & Vermelho, 2005) y La sensación de trabajo (en el sitio El Interpretador, 2007). Organiza Salida al Mar/Festival Latinoamericano de Poesía de Buenos Aires. Es el editor de Black & Vermelho, sello donde publica poetas de distintas partes del mundo.





jueves, 4 de abril de 2013

La noche en el jardín



Una pequeña música nocturna

en forma de viento.
Los chicos cazan luciérnagas
y ponen las manos
como para rezar.

Como si Dios fuera una luciérnaga 
y se dejara atrapar 
para romper el silencio.

Como si el milagro fuera que Dios 
sea una luciérnaga

para no sentirnos 
tan solos.




Enrique Solinas





Enrique Solinas nació en Buenos Aires en 1969. Es Licenciado en Letras, especializado en Letras Clásicas. Desde 1989 colabora con publicaciones de Argentina y del exterior, forma parte del grupo de investigación COnicet y ejerce la docencia. Publicó Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El lugar del principio (1998) y Jardín en movimiento (2003) y Noche de San Juan (2008)En narrativa publicó La muerte y su conversación (2007). Su obra forma parte de antologías nacionales e internacionales, entre ellas, Projeto Latinas, Minas Gerais, Ediçoes Funalfa, 1999 y Los poetas interiores (una muestra de la nueva poesía argentina), Ediciones Amargord, Madrid, 2006.Fue traducido al inglés, al italliano y al portugués.Además de la poesía y la narratica, su actividad incluye la crítica literaria y el periodismo cultural.





miércoles, 3 de abril de 2013

La casa




























La casa está perdida en un jardín
o un jardín esconde en su garganta el hogar que vivimos,
lenguaje elemental,
laberinto de piedra, 
las ramas de los árboles que abrazan 
a ese mundo herido en el costado. 
A veces el jardín respira y deja ver 
esas paredes que alguna vez fueron de luz. 
A veces inventan un mundo sin saber 
que no se entra jamás, 
que hay que permanecer afuera de la Historia.

La casa está perdida en unos ojos que nunca más veré. 
La casa está perdida en esa misma casa. 
La casa es una pérdida constante 
en cualquier jardín.

La casa es un jardín perdido 
en el lugar de la memoria.





Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969)



IMAGEN: Pintura de Vincent Van Gogh.


lunes, 1 de abril de 2013

El trompo




Cuando jugaba a los trompos con mi padre
siempre me ganaba.
Yo ponía todo mi empeño
pero era muy corto de vista, y él
siempre me ganaba.
Mi trompo giraba plácidamente en la mano de mi padre
y su trompo se escapaba por entre mis dedos.
Yo ponía todo mi empeño pero quien ganaba era él.
Y reía, no burlándose
reía como a la espera de algo que no llegaba,
una explicación,
una deducción 
que estaba al alcance de  mis ojos
pero yo era muy corto de vista.
"Hay que mirar detenidamente"
me decía.
"Hay que mirar y sacar conclusiones"
mientras mi trompo bailaba en la palma de su mano
y él reía con sus dientes chiquitos
gastados de tanto masticar, supongo
y también por el tiempo.
Un día
tras una inolvidable clase de Física en el colegio
volví a casa y le pedí  que enrollara el trompo.
Hacía casi diez años que no jugábamos a eso
y mi padre me miró de una manera difícil de describir,
con cariño,
con satisfacción,
pero  más que todo con alivio,
como diciendo "Ha llegado el momento".
Mi padre era zurdo
(siempre lo supe, pero no deduje)
y enrollaba en sentido contrario a las agujas del reloj,
por eso el trompo que él preparaba
se escapaba de mi mano torpemente diestra,
y no de la suya, astutamente siniestra.
La infancia es un despiadado campo de aprendizaje
donde las clases prácticas
se dictan fuera de horario.



LA PALABRA COMO MISIÓN

Hablaste y callé. El silencio te desquiciaba.
Yo sé que cerrar la boca a veces es necesario
pero no siempre es una virtud,
a veces es como un cuchillo que escarba,
hasta despojarte de todo.
Pero igual insististe. Lo tuyo era una misión:
"Hablemos. Para algo están las palabras."

Y te ahogaste en tu propio tumulto de voces
mientras yo me ahogaba con mi torpe silencio.
Eternos calamares en nuestra propia tinta. 



Rogelio Ramos Signes




Rogelio Ramos Signes. Escritor argentino. Nació en 1950, en San Juan donde pasó su infancia; su adolescencia la vivió en Rosario. Reside en Tucuman desde 1972. Ha publicado "Las escamas del senor Crisolaras" (cuentos, 1983); "Diario del tiempo en la nieve" (nouvelle, 1985); "En los límites del aire, de Heraldo Cuevas"; (Premio Mas allá a la mejor novela de ficción,1986); "Soledad del mono en compañía" (poesía 1994). Ensayos: Polvo de ladrillos (Libros del Hangar, San Miguel de Tucumán, 1995), El ombligo de piedra (2000) y Un erizo en el andamio (2006); y la novela En busca de los vestuarios (Ediciones del Eclipse, Buenos Aires, 2005), a la que se le concedió el Premio Alija al mejor libro ilustrado. Colabora en revistas de la Argentina, México, Colombia, Venezuela y España.






sábado, 30 de marzo de 2013

Ay

http://youtu.be/Z4kVW6Y4f2Q








Yorgos Duatzis



(Traducción: Miguel Chiovetta)






jueves, 28 de marzo de 2013

Pronto todo arderá y se iluminarán tus ojos


http://youtu.be/YoLw0xP8zBA









Nikos Erinakis


(Traducción: Miguel Chiovetta)




martes, 26 de marzo de 2013

Yo, la incesante nieve



















A LO LARGO de mi vida
construí muchas casas.
De todas me fui, las dejé vacías,
plenas. Entre una y otra fui encontrando
una soledad donde mi alma aprendió
que lo que amamos no tiene protección.

Ninguna de ellas me pertenece.
Para mí, las paredes, los cuartos de baño,
las piezas, responden sólo -ahora lo veo-
a la tenue organización de la nada.
¿Cómo dejar intactos los cimientos
de mi errancia,
si todas las puertas están abiertas
para que llegue a cualquier punto
de su encierro ?
                  Pero si no hay adonde ir 
en rigor, no podemos ser prisioneros.

Bajo cada techo
pienso con tranquilidad y malicia: 
Estos refugios que amparan mi desvarío 
no saben hasta dónde podría llegar.




NO HAY un sólo lugar de este patio 
que yo no haya recorrido 
por equivocación o por juego.

El césped está muy desgastado
y cuando llueve me embarro,
y al volver al día siguiente
examino unas huellas que yo no dejé.
Alguien anda detrás de mí,
alguien que da pasos largos y pausados
como los míos, y por lo que veo

siempre sale acompañado pero preguntándose:
¿De quién serán estas huellas?




LA IDEA era hundir los pies en la arena caliente
cerrarlos ojos
y desaparecer, dejar sólo los pies
como se deja la mirada
frente al mar.

Se tiene que mantener la atención
suelta entre el pie y la arena,
confundida con el calor que va
perdido y concentrado
en un lugar y en otro
de la sensación
que me exalta y me saca
de la playa donde estoy parado.




SÉ que por algún lugar 
no muy lejos de acá 
estuvo mi casa.

Quizá no la alcance 
nunca más. A lo mejor 
ya la pasé sin haberla

reconocido. Pero me consuela 
pensar que, aunque sólo 
queden un par de vigas

y paredes que apenas
se sostienen, allí había luces
que nunca se apagaban.

Pero no existe más, 
por fin lo entiendo. 
¿Se habrá volado con el mal

tiempo, o la tierra
se la habrá tragado ? No lo sé.
Ahora que llegué al lugar exacto

y ya no está, me doy cuenta: 
estoy infinitamente cerca 
de lo que me falta

y a la vez, si lo pienso, estoy 
más alejado que ninguno 
como para volver a perderla.

Por eso, la miro por última vez
hasta que se pierde de vista.
Y sonrío porque en medio de este

páramo, hay algo que me colma 
como si, finalmente, 
hubiera encontrado mi lugar.



         ***


EN LA SEMIOSCURIDAD de una música 
que nadie parece estar tocando 
hay dos personas que bailan

una danza inspirada en la quietud 
del mundo cuando se detiene 
un instante a mirar lo que ama.

Tan cerca bailan uno del otro 
en esta hora de la madrugada 
que no se sabe cuál de los dos

-si la noche o el día-
tomará primero la decisión 
de separarse e irse.



          ***


1. ESTAMOS de acuerdo, entonces, 
en que soy un sujeto normal. 
Pero a despecho de esto
a veces de noche escribo poemas
y digo "yo" como defendiéndome de algo
o de alguien que viniera a rendirme cuentas.

2. Yo: esa extraña sílaba 
sin significado
y que no le pertenece a nadie, 
a veces no puede tomar la palabra 
porque no sabe más quién es 
como un actor que balbucea 
en un escenario vacío 
tratando de leer un parlamento 
cuyas palabras están en su contra.

3. Yo: eso es lo que queda 
del poema cuando no hay 
nada más que agregar.
Es el escenario que todos usan
y nadie barre, la luz que permanece
encendida como a punto
de mostrar algo,
y que no deja un solo espacio
donde poder escondernos
de nosotros mismos.

4. Pero no se queda atrás, 
me rodea y no me deja salida,
me pide que me explique, 
que la haga corta,
está bien, ya va, digo por decir algo, 
pero se apresura a sofocarme, 
me palpa de armas, 
quiere que sea yo y nadie más,
se me mete en los ojos como una basurita
y en esa distracción
no me encuentra más en mí
y el poema queda girando
como un faro enloquecido
repitiendo yo yo yo
no sé si estúpidamente
o pidiendo disculpas.




Tom Maver (Argentina, Buenos Aires, 1985)






domingo, 24 de marzo de 2013

Estado de gracia

















I

una plegaria al cielo llena mi boca


II

el viento levanta el polvo de las tumbas
y tus huesos ya no están


III

la danza de las bocas mudas se extinguió
al alba de tu partida


V

de mi tierra fértil
sólo sequía


VIII

el brillo del ocaso
enceguece a los amantes pávidos


IX

en este ahora en que el barro salpica mi lengua
sólo esta escritura dice lo que no puedo hablar


XV

siempre tendremos el azar a nuestra merced

esperando agazapado
un encuentro fortuito de miradas





XXII

en la caída libre
se despedazan los cuerpos
la tierra deglute mis miembros


XXV

antes de partir
concédeme la voz que cure lo incurable


XXVII

porque en la espera de la luz
la sombra ya es cotidiana
los ojos velados aguardan


XXXIII

la  música amansa las bestias
quieta        prisionera

acaricia el deseo


XLIV

saberme sin espaldas donde recostar mi peso
que arrastro como cadenas de palabras pesadas
impronunciables


XLVII

no perdono el silencio
no perdono la ficción de tu boca


XLVIII

resiste los días de noches largas
hasta la próxima primavera de nuevas flores




LVI


es aquí mismo
en este lecho
que dos cuerpos caían uno sobre otro
entre besos de labios y piernas
aquí mismo
donde los pájaros mueren


LXXIII

como una mosca
me poso sobre la comisura de tus labios
cuando hace instantes estuve sobre el estiércol


XC

arrojé mis plegarias al viento
y los dioses cosieron mi boca


XCVIII

vimos los picotazos ahuyentando al ángel
y me rogaste con los ojos

¡no pude espantar los pájaros!


CIX

quizás el agua bendita en la frente
incite a creer en algo


CXX

quieta
en silencio
esperando que pase la muerte
y no me vea y no me llame
                       

CXXIV


y saber que una palabra tuya
no bastará para sanarme


CXXXVI

del mutismo eterno
la alquimia de la palabra


CXLIV

decir con esta mudez
tragando lengua y palabras
la tierra seca

la calma de la ausencia


CXLV

fugaz la caricia
aroma a voz tibia rozando mi boca

más tarde    resplandor


CLII

una última mirada
de ojos abiertos

saltamos  del  barco
a la deriva      se lo llevan las aguas
como a nosotros


CLIII
                     
nos mece un océano infatigable


CLIV

siempre habrá una orilla donde descansar




Carolina Massola





Carolina Massola nació en 1975 en Buenos Aires,  ciudad donde reside. Estudió francés en la Alianza Francesa y se perfeccionó en Francia – Sorbona (París IV). A su regreso cursó estudios de Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En el 2006 codirigió la revista Eripio, Poesía Circulante, donde publicó traducciones de poemas de Baudelaire. Ha colaborado en distintas publicaciones del país como así también en la Revista de poesía de Madrid El Alambique, en el proyecto online Palabras errantes  y fueron publicados algunos de sus poemas en la revista Prisma N°12 de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. En 2009 publicó Estado de gracia, libro de poesía incluido en la colección “Fénix” de Ediciones del Copista. Varios poemas de ese libro han sido traducidos al inglés y al francés. Actualmente cursa el Traductorado Literario-Técnico y Científico de Francés en el I.E.S. en Lenguas Vivas “J.R.F.” y trabaja en la producción y corrección de dos novelas y cuentos, traducciones, como asimismo en nuevos trabajos poéticos.





viernes, 22 de marzo de 2013

PÁJAROS SOBRE EL SOMBRERO DE VINCENT VAN GOGH



Ah, no me olvido,
no olvidaré jamás.

Pero miro estos campos
este fulgor sobre los trigos
este terrón de sorgo
esta sonrisa de agua que oculta el mar.
                                  Aquí en la patria,
                                  digo, esta provincia,
                                  la eternidad
                                  se mueve como el mundo.

Yo lo he visto a Van Gogh
sembrando en estos surcos.
He visto su sombrero campesino
entre los girasoles de Victoria
y su oreja ardida en el atardecer
convocando el vuelo de los pájaros.
Aquí lo he visto.
                      Lo veo todavía.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquella tarde de Berlín
cuando me suicidé en el canto de un mirlo
sin saber que los caballos azules de Frank Marc
estaban para salvarme 
de un naufragio en tus ojos lejanos
ya perdidos para siempre.

Ah, no me olvido, 
                         no olvidaré jamás
aquel estanque,
intimidad azul de la belleza
agua dormida de Monet
donde me ahogué de inocencia y delirio.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquel portal, aquella aldaba,
aquel cielo de siglos de Toledo
precipitado por el Greco.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás.
Pero Van Gogh
                         no estaba en los museos.

Yo lo he visto flotar 
sobre los Girasoles de Victoria.
Liviano más que el aire.
Reconciliado con la dicha.
Definitivo de fulgores.

Lo he visto entre los sorgos.
Lo he visto entre los trigales.
Y el viento levitaba su sombrero
y cardenales amarillos de las islas
cantaban sobre su cabeza
y miles de pájaros
picoteaban los granos de oro de su corazón.



Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)



IMAGEN: Girasoles de Victoria, Entre Ríos (Foto de archivo)

jueves, 21 de marzo de 2013

REINO DE ARENA



Pregunto por el ala del verano

por levísimas garzas
que no están
por el solo de flauta de la tarde.

                Llueve un aguaribay
                sobre la pena 
                del lento exilio
                en las fragantes islas
                que perdieron el rumbo
                hace ya lejos.

Dónde el ausente, insomne,
el olvidado,
huella breve del pie
en el reino invisible de la arena…

Dónde, dónde las garzas
su vuelo tul neblina
bordado en el basalto.
Dónde, dónde los sauces
los biguaes
el martín pescador a ras de espuma
dónde la orilla de luz
dónde rostros que amé
los perros, dónde…

Infatigable
bordo mapa de agua…

Una mujer se fuga
en navío de escarcha.
Apenas voz.
Apenas nada.



A Rafael Torres, I.M




Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)








martes, 19 de marzo de 2013

En el 504 de mi abuelo




Introducción a la memoria
A la memoria de Pipo, mi abuelo

De carga en carga va.
Lustrando atardeceres pierde el día.
Nadie ha visto su boina
torcida por un rayo, dando lo que no tuvo.

Su corazón es un galpón
donde la siesta pasa y pasan carros
y el trigo se descuelga de su espalda
y nadie quiere verlo.

Es demasiado abrirse al horizonte,
dejar la mano en el temblor y cerrar los pulmones.
Romper con la costumbre
de estar siempre esperando.
Él lo sabía, por eso es que lo nombro.
Ahora: los álamos vuelven sobre sus ojos
y sé que está más lejos.  Allá en el campo.





En el 504 de mi abuelo


Aún puedo ver desde la ventanilla
todo el horizonte
las nubes anunciando el nuevo día,
digo que puedo ver
los rastros de un pasado reciente,
la estrella de aquel pueblo
que tanto visité.
Aún puedo ver el horizonte limpio
surgiendo de los campos
que dan al sur,
apreciar desde el auto la ternura del viento
mientras mi abuelo viaja junto a mí
mostrándome el arroyo
y sus secretos
enseñándome a ser la palabra no dicha.
Los rastros del camino nos acercan,
nos ponen mano a mano buscando el sol.
Vamos los dos en esta travesía
juntos como entonces.
El cielo no es el mismo desde la ventanilla,
mi abuelo se sonríe
y estira la mano para acariciarme.
Nuestra distancia viaja en un 504






Martín Carlomagno (Argentina, Entre Ríos, Concepción del Uruguay, 1978)