miércoles, 11 de marzo de 2015

CASTA VULGATA



Mayo   

Tarde,
monocorde,
llega tu esposo, Emilia.
Llega Humberto
con un toque de angustia en la cabeza,
como flotando en un verso,
viene con el nunca resuelto 
problema de la fidelidad 
de la lengua. 
En este caso,
de la lengua para afuera…



No aclares, Humberto, ni se te ocurra  aclarar porque el cuento de la fidelidad oscurece el texto. Pues si de la lengua hemos de tratar: peor que peor, Humberto. Pero… Pero nada, ¡Nada, Humberto! Aprendé a escuchar, porque cuando yo suelto la lengua por algo será, Humberto, por algo será.  Y ya que me tirás de la sin hueso te diré, Humberto. Te diré Humberto, de paso. Porque tengo que  decirlo alguna vez…  Ahora que he logrado manotear este sonoro objeto de poder, tengo que  decirlo y no… ¡No, Humberto, no seas libidinoso! estoy hablando del y por el micrófono, Humberto, por él hablo. Yo soy la hablada… Sí, Humberto, ¿y qué mierda dije yo…?   ¡Soy la ablada, dije! La mal ablada,  la que rastrea lo que falta, la que persigue una ausencia. Y no te hagas eco, Umberto, no te hagas eco de la hache, porque la hache, en español,  responde al sonido de un pensamiento; de un pensamiento abandonado, Umberto. La hache no es más que un simulacro, como tu padre. Una víspera que señaliza el advenimiento de un sonido. Es una letra alcahueta,  Umberto. O por qué te pensás que la usa Shakespeare para el príncipe Hamlet, porque su padre era un fantasma, una figura de soplo nomás. Por eso te pusieron Humberto a vos. Humberto ¡con hache!  Pero decime una cosa, Humberto, por qué carajo estoy hablando de una letra muerta. Por qué me distraés  con estas boludeces si aquí lo que falta, Umberto, es, además de la hache, que te despabiles, mi querido Humberto. Porque  tengo que decirlo y no, no como una burguesa introspección agustiniana. No, Humberto, bien sabés que yo no como hamburguesas. Yo no hablo con dios, he dejado hace tiempo de pagar esa  morosa factura telefónica. Y no leas, Humberto, no leas amorosa donde dice Morosa, Humberto. Pero sabelo bien, porque esta, esta confesión te la va a hacer por única vez. Una sola vez habrá de decírtelo esta tercera y, además, femenina persona del singular. Escuchá bien, Humberto, porque vos no tenés ni idea de por qué esta te eligió a vos.  Porque vos, Humberto, por pura vagancia, esa vagancia de siempre querer mantenerte a flote, siempre en la superficie, mi hypocrite Humberto, y así nunca, nunca te vas a enterar del porqué de la cosa. Claro, el señor siempre con el culo aplastado en el sillón,  pretendiendo que le den la papilla masticada en la boca. Y encima, porque tengo que decirlo, Humberto, encima con ese par de arrugados gobelinos  estilo Luis XV, colgando por fuera del pijama. Sos patético, Humberto, patético. ¡Cuándo, decime cuándo vas a abandonar la tranquilidad de la superficie, Humberto! Cuándo te vas a dar un buen chapuzón y te vas a sumergir a buscar la perla, la perla oculta que anida en toda concha. Porque eso es la palabra, Humberto, una gran concha, un molusco bivalvo. Ya lo dijo Saussure, y cuando un suizo habla, Humberto, nunca lo hace fuera de tiempo. Y démosle gracias, Humberto, démosle gracias al señor, al señor Saussure, porque gracias a él hoy estamos en condiciones de esclarecer el  significado de… ¡La concha de la lora, Humberto!  Sí, querido, el suizo se peló las pestañas hablando del signo, del  valor, del rollo de las oposiciones, etc, etc… Pero yo  te lo voy a explicar de otra manera, Humberto. Porque el valor, Humberto, en este jodido mundo, pasa por otro lado.   Y cuando la lora, ya con la dosis de valor suficiente,  toma el micrófono y hace uso de la palabra o concha hasta el hartazgo… Sí, Humberto, hasta el hartazgo, porque es una abnegada monologuista del género. Y siguiendo con la imagen acústica, porque de eso se trata, Humberto, de una imagen acústica,  cuando la ya,  a esta altura, humedecida cotorra habla es porque… ¡Sí, Humberto, sí… la cotorra, la lora! es sólo una cuestión de tamaño, cuando son chiquitas son cotorras, cuando son más grandes se les dice loras, Humberto; todo queda en  plumífera familia. Y ya que tanto me interrumpís, Humberto, aprovecho para tocar, porque es para tocar,  el tema del tamaño. Vos te la buscaste, Humberto, así que ahora bancatelá. Y acabemos de una vez por todas con el mito del tamaño. Porque es así, Humberto, el tamaño es significante. Y no me vengas ahora con ese discurso de experimentado muchacho de barrio o te pensás que no los escucho, Humberto, cuando dicen “Y sí, yo con los deditos hago maravillas…” Maravillas… maravillas, Ja, Ja, Humberto, ¡JA, JA! Nosotras, Humberto, nosotras les hacemos creer que hacen maravillas. Nosotras ¡repito! abnegadas monologuistas del género que, un re-pito estamos necesitando, hemos debido esperar la llegada… ¡No, Humberto. No,  ningún mesías…Quién te dijo a vos que los mesías llegan… Si no la usan, Humberto. No la usan, por eso nunca llegan…  La llegada, te decía,  de un Hombre, un hombre como Ivo Pelay, Humberto. Ese sí que supo reivindicar el tamaño… el tamaño del significante.  Cómo que no sabés quien es Ivo Pelay! No te digo yo que siempre, siempre te quedás en la superficie, Humberto. Ivo Pelay, para que lo sepas, fue el argentino que revolucionó la semiología, Humberto. Porque si algo nos faltaba a los argentinos era esto, Humberto: tener un prócer semiótico, semiólogo… o como carajo se diga.  Y ojo, Humberto, ojo que no lo digo yo, eh! Lo dijo… sabés quién lo dijo, Humberto. Lo dijo Derrida, Jacques Derrida.  Que no era argentino, Humberto, era argelino, que para el caso es lo mismo, total no hay allí mucha differânce: dos letras no hacen gran diferencia ¿o sí, Humberto? En qué quedamos… ¿hacen o no hacen la diferencia, eh? Pero igual, mirá,  si tenés alguna duda al respecto te me vas ahora mismo a pie de página… No, Boludo! Como vas a ir caminando, Humberto. A pie de página, Humberto. Seguí el camino del asterisco* que te lleva hasta la cunita del mesías y de paso cerrá el pesebre, Humberto. Y por favor,  dejá de interrumpirme porque me agarra la digresión y cuando me agarra la digresión no respondo de mí ni de mi lengua.   Dejame terminar una idea, Humberto ¡Una idea! Te decía que cuando la humedecida cotorra habla, Humberto, es porque ha llegado la hora de abandonar la superficie. Es porque ha llegado el momento, nunca tan preciso,  del diálogo. Es así, Humberto, hay que sumergirse  a parlotear con la almeja. Pero a no entusiasmarse, Humberto, que este no es, precisamente, el momento del diálogo. No, Humberto, ahora hablo yo.  Y seguimos, al menos yo, hablando de la lengua, de la gran matriz semiótica, y también,  Humberto, también de tu vagancia. Bien sabés que no me gusta la digresión, Humberto, bien que lo sabés. Entonces, volviendo al tema, nunca te has ocupado siquiera  de informarte que la palabra verso proviene del latín “versus”,  que significa: línea, renglón y también surco. ¿Te das cuenta de lo que te estoy diciendo…? Te estoy diciendo que es la forma sustantiva del verbo latín “verto”, que significa: volver, tornar, arar. O sea, Humberto, que los romanos, que no eran ningunos giles, porque hay que reconocer, Humberto, hay que reconocer que los tipos crearon un gran imperio, Humberto, el imperio de la representación. Y hacete cruces, Humberto, hacete cruces cuando digo esto. ¿Te das cuenta? y todo con qué… Todo con la lengua, Humberto. Sí, con la lengua, con la Vulgata y jodida lengua.  Entonces, como  los tipos no eran ningunos giles, Humberto,  advirtieron que los surcos prolijitos y paralelos que dejaba el arado al remover la tierra, mirándolos bien, eran la viva imagen de un poema y no dudaron, Humberto,  ni un instante dudaron en bautizar, porque de tanto hacer cruces al final aprendieron a bautizar los tipos, no dudaron, te decía, en bautizar “versus” a lo que tenían frente a sus ojos. Ahora decime una cosa, por qué, Humberto, por qué me mirás así…  con esa cara de monaguillo desconcertado. Acaso no fui clara con vos. Acaso deba recurrir yo también a la Vulgata lengua para que me entiendas. Con lo que me costó, Humberto, con lo que me costó confesarte esto. Humberto, decime una cosa, ¿vos no sos un romano, no? Nooo, que mierda vas a ser vos, si a vos te tengo que explicar todo. A ver, Humberto, a ver… si es tan fácil como escandir tu nombre. Hagámoslo juntos, Humberto. Repetí conmigo: Hum-ber-to. A ver, dale, ahora más despacio y los dos juntitos: Hum - ver - to. ¿No ves, Humberto? No te das cuenta, si hasta el jodido corrector de Bill  es más inteligente que vos… ¡No pelotudo! ¡NO! de qué Búfalo Bill me hablás… ¿En qué planeta vivís, Humberto? Estoy hablando de Bill… Bill Gates “y sus cometas”, otro que con el tongo este de la representación creó un imperio. Y no me interrumpas más, Humberto, ¡Basta, por favor! Te decía, que el jodido corrector,  al separar tu nombre, me pone “ver” en vez de “ber”. Y claro, qué otra cosa me va a ordenar este hijo de puta si se llenó de guita con todos los boludos que nos pasamos horas y horas viendo la pantalla ¡Otra que la pantalla de la escritura!  Pero  vos no, Humberto, vos seguís sin ver ¡Vos no ves un carajo! Si nunca te ocupaste de saber por qué te elegí a vos. Y es tan sencillo, Humberto. Y no es que me guste repetir y repetir las cosas. No, Humberto, la cosa no es así. Esto es tan sencillo como escandir tu nombre: Hum-ver-to.  Sí ya sé, debo aclararlo, Humberto, porque vos seguís sin entender… Hum-ver-to, tu nombre…  ¡Tu nombre me sabe a Verso! A Verso bien hecho, Humberto. Ya está, ya te lo dije, Humberto. ¿Estás satisfecho ahora? ¿Eh… satisfecho de que te haya confesado mi secreto más preciado,  así sin rodeos, Humberto? Aunque… momento, Humberto.  ¡Momento, dije! no te vayas. Ahora que lo pienso, Humberto, ahora que rodeo tu nombre… porque la palabra labra, Humberto, labra y ladra un destino…Y tu nombre, Humberto, tu nombre es grave. A ver, dejame confirmarlo: Hum/ber/to – Hum/ber/to. Sí, así es, Humberto, tu nombre es grave. ¡Sos grave, Humberto! Sos tan grave como más del sesenta por ciento de las palabras que saturan la lengua castellana. Sos tan grave como Ménem, como dólar, como ingles ¡No… Humberto! ese es el inglishhhh, y además es agudo. Sí, Humberto, el inglés es agudo, es finito y ágil como un estilete. Y lo peor, Humberto, lo peor es que se te mete por todos lados, cuando te descuidaste un momento ya está, ya se te metió… ¡Shhhh, Humberto! no me hagas pronunciar vulgatas palabras. ¡Y hacé el favor de no preguntar boludeces!  Porque yo, siguiendo con la historia de la trama, como buena Penélope que soy, entretenida con la tijerita,  cortando géneros, encimando, pegoteando fragmentos, recién ahora me vengo a dar cuenta, después de 30 años, Humberto,  después de treinta años de sacro matrimonio me vengo a dar cuenta de este pequeño detalle. He vivido engañada, Humberto.  Y la culpa de todo esto la tiene la yegua esa de la Matilde. La yegua esa que te mal parió. Claro, la señora le puso al nene el acento grave para toda la vida. Pero la muy zorra, porque era una buena zorra la vieja esa,  Humberto. La muy zorra te puso el acento no ortográfico para que yo no me diera cuenta, porque era escondedora esa. Y ahora para qué, Humberto, para qué mierda me traes el pizarrón… ¡Qué te pensás, que soy Bilardo! o acaso tenga yo que ponerme a graficar la cara de orto que puso la vieja chota cuando le dijiste que nos íbamos a casar. ¡Necesitás que te la dibuje, Humberto! Y ni se te ocurra defenderla. O te pensás que no te escucho, Humberto. Te pensás que no te escucho todas las noches a las 3 de la maña… ¡y no me interrumpas a mitad de palabra que quedo como una brasileña pajuerana!¡A las tres de la mañana, Humberto! Te das cuenta de lo que te digo. Todas las santas noches a las tres de la mañana cuando adoptás esa desagradable posición fetal, y todo para qué… para arrugarme las sábanas, porque bien sabés que me pone loca que me arrugues las sábanas, y, encima…como me gusta poner la “y” así entre comas, porque la muerte siempre va entre comas, Humberto.  Se pasa, dicen,   de un estado comatoso a un abrupto punto final. Sí, Humberto, es así. Y sin embargo todos los boludos cuando llega el momento, el momento de poner el punto, digo, todos se preguntan ¿Y…?  Te das cuenta, Humberto ¡Usan los suspensivos…! Todavía no se cansaron de joderle la vida al prójimo que, impregnados de un espíritu (porque este también juega) hollywoodense, quieren seguirla, se quedan esperando la segunda parte, Humberto. Y sino mirá el mago ese… Ese que se escapaba de todos lados, ¡pucha! nunca me acuerdo el nombre de ese boludo, siempre se me escapa. Ese que la dejó a la pobre mujer con el ¿y…? en la boca.  Ese que le dijo a la mina que le iba a mandar una señal desde el más allá y le cagó lo que le quedaba de vida a la mujer. Sí, ella también murió con el ¿y…? en la boca.  ¡Y Houdini –ahí me salió- para cuándo…! dicen que repetía la mina antes de morir. Pero mientras lo sobrevivió, quedó suspendida en la horqueta de la Y.  Y no hay caso, Humberto, no quieren entender que debajo de los mármoles los únicos que hacen magia son los gusanos. Sí,  Humberto, los gusanos. Además, si aplicás la oreja en tierra, en tierra de la narración, vas a poder  oír el  líquido murmullo de estos jodidos nematelmintos que se entregan  con total fruición a la reproducción del orden. Para eso laburan los gusanos, para reproducir el orden. Y hablando de orden, Humberto, de qué carajo estaba hablando yo… Ah sí, sí, cuando me arrugás las sábanas con esa desagradable posición fetal que adoptás, y,  encima, después empezás con esa odiosa letanía, frunciendo la trompita como un lactante despojado: “Mama- tilde, Mama- tilde”. Mama tilde, te voy a dar a vos Mama tilde ¡Pedazo de fósil! Porque sos grande, Humberto, grande y boludo. Y cómo le gustaba a ella jugar  con la vulgata lengua. Cómo le gustaba construir su imperio edípico, también. Lalen, lalen, lalen gua ¡Madre de dios! Tesobe el cirio. Te lo digo así, Humberto, en dialecto Tesobe, como le gustaba a ella. Dialecto nutrido de dip-tongos y trip- tongos cristalinos, efervescentes, nauseabundos. Y vos, Humbertito, enredado y perdido en ese camino, abrumado de tongos. Camino de Cintura, sórdido, sinuoso, materno, infantil. Vos, Humberto. Vos le seguiste el jueguito. Pero no quiero hablar de vos, Humberto ¡Por qué siempre te metés en el medio del camino! Estoy hablando de ella, Humberto. Porque  para la señora yo siempre fui la loca. Laloca… Laloca, porque era tan avara la vieja esa que ni siquiera se tomaba el trabajo de separar el artículo del adjetivo para no perder tiempo. Y así le fue, Humberto, acumuló tanto, que los gusanos se hicieron la gran fiesta con ella. Y no estoy hablando de los jodidos nematelmintos. No, Humberto, estoy hablando de los jodidos de tus hermanos, que se repartieron la torta mientras vos te dedicabas a llorarla. Laloca… Laloca…  Y tanto lo repetía que ahora no puedo más que darle la razón.  Y ahora mismo, Humberto, ahora mismo lo voy a gritar a los cuatro vientos. Y ni se te ocurra cruzarte en mi camino porque te puedo atropellar, Humberto. Sabés por qué… Porque soy, como decía tu madre, Laloca. ¡Sí, Mamatilde! Soy Laloca. ¡Lalocamotora soy! La que viene arrastrando los soporíferos  vagones de la angustia de tu hijo.  Lalocamotora que persigue al deseo y sin embargo lo pone cada día un poco más lejos. Lalocamotora que descarrila fragmentos de incoherencia en todas las estaciones de la razón.  Esa Soy. Esa. ¡Mama-rracho! Ya está, Humberto, ya se lo dije, ahora me siento mejor. Mejor sin culpa, Humberto. Pero no creas, Humberto, no creas que esto termina acá. Porque yo no escribo para aligerar mi culpa, Humberto, escribo para aligerar la tinta, y  por más que ahora tengamos un serio problema de circulación, por más que se me reanuda la tinta… ¡Y dale con las interrupciones! Sí, y qué dije yo, se me re-anuda la tinta, Humberto, eso dije ¡Sordo de mierda! Se me re-anuda la tinta, se me coagula. Un típico caso de  embolia de bolígrafo que, sólo para joderme, se solidariza con el nunca tan inoportuno  silencio. Pero no creas, Humberto, no creas que un simple y obturado bolígrafo me va a detener. ¡No. Ni lo sueñes! Porque de ser necesario me corto las venas y me pongo a escribir con sangre. ¡Me entendés, Humberto! con sangre si fuera necesario. Porque esa si que no la tengo coagulada. Y bien sabés, Humberto, bien sabés que no me cuesta nada. Es más, dame tres renglones, Humberto, tres miserables renglones y provoco un baño de sangre que vamos a tener que  salir todos patinando de acá.  Y no me vengas ahora con la historia de que es de noche y que tenés sueño, Humberto. No, definitivamente NO, Humberto. ¡No, No y No! ni Noche, ni Sangre, ni Sueño, porque bien sabés que ese cóctel me puede, Humberto, me puede poner oscura, romántica y decimonónica, y mi corazón llamea en esas ocasiones.  Y si mi corazón llamea,  bien sabés que le puedo volver a sacar humo a mi pluma, y arrancar otro bodoque tan voluminoso como este, Humberto.  Pero aún así no vas a lograr distraerme, Humberto. No vas a lograr que me olvide del problema. Porque ahora sí que tenemos un problema, Humberto, tenemos un grave, más que grave, un gravísimo problema. Sí, ya sé, tu nombre me sigue sabiendo a verso, Humberto. El inconveniente es que sosgrave, y si sos grave no te puedo añadir ni restar ninguna sílaba, Humberto. Me entendés, Humberto, mientras el río del lenguaje fluye, circula como tinta, como líquido amniótico,  y se derrama, vos no vas ni pa’ trás ni pa’ delante. Sos… como una estatua, Humberto. ¡Qué digo una estatua! Sos… Hum… ¡Qué mal huele esto! Hum… ¡S.O.S! Humberto, sos/ un/ ver/ to/ un/ ver/ to/ muer/ to. 



Néstor Colón



Néstor Colón. 1958, Buenos Aires. Es Director editorial de la revista Lamas Médula y de la colección de libros Cactus Collection. Ha dictado talleres e integrado jurados en diferentes concursos literarios, conformando junto a otros escritores la Biblioteca de Poesía Raúl González Tuñón. Publicó Argentino hasta la viga (plaqueta, 1992), Flora de selva negra (junto a varios autores, 1998) y Humedades (Segundo Premio Concurso Homenaje a Desaparecidos, Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, 1990). Sus libros El texto ruso, La zanja de Alsina, La bola épica (edición virtual), y Cuaderno insalubre se encuentran inéditos. El poema que presentamos -el más extenso del libro- pertenece a "Casta vulgata" (Ediciones Lamas Médula, 2014).





lunes, 9 de marzo de 2015

LA POLÍTICA DEL OTOÑO


(Haikus)


Sobre su cuerpo
es el sol quien escribe
líquidas letras.


¿Dónde mezclar
la pena y el poema
de las ciruelas?


El viento se
ilusiona con que
haya un descanso.


El tenue talle
tan rebelde se inclina
contra las brisas.


Los elementos
de la naturaleza
¿se poetizan?


No hojas secas
ni un papel a los vientos
apenas chispas.


La aparición 
de la luz nunca anuncia
su retirada.


Ya ni siquiera
la música mantiene
esos poemas.


Las madreselvas
no existen más que en tangos
y en ciertos hijos.


La brisa fresca
recuerda su cabello
mojado y suelto.


Paulina trae
en su bolso los vientos
de un mar austral-


Antipoemas
flotan en cotidianas
lagunas líricas.


Una pequeña
estrella desvaída
sobre la mesa.




POEMAS LUMBARES

4

Desde la ventana
se abre un corazón sentimental
hacia fuera y hacia dentro.

Las paredes del departamento
del que espera —al menos— un grito de los muebles
o canción del desayuno

deberían tener color especial, 
o ser de tela liviana que mostrara 
ese corazón anfibio

a piedras que de vez en cuando
el cíelo arroja.
El corazón respirará como mariposa

dispuesto al vuelo rasante 
sobre lugares comunes 
ametrallado por las piedras.



5

La cortina esconde el ámbar del sol
en día fresco,
tul sobre rostro del frío.

Mientras tanto en las islas
se disponen basiliscos
a pestañear los primeros edificios.

Esos, que han ganado el río 
dejando a los demás 
el mero atisbo.

Y mientras tanto alguien 
abre una carpeta en un sitio 
entre el poema y las cosas

y la cierra, para colocarse luego 
en ese arduo lugar 
entre el poema y el resto.



13

El analgésico y el alcohol 
pueden potenciar sus efectos 
como la madrugada

y elenco en retirada de la noche. 
Los fracasos del amor 
pueden tener efecto similar

y algo parecido suceder
con ladridos,
sirenas y el ruido de los autos,

todos juntos hasta creerse música 
de una película sin director 
o poema anónimo.

Y un buen verso resplandece 
junto a otro 
condenado al ruido.




Lisandro González




Lisandro González, nació en 1973. Reside en Rosario. Publicó los  poemarios: Esta música abanica cualquier corazón (1994); Leña del árbo erguido (2000); Hobbies de hotel (2004); Inervalo lúcido (2007), Los cauces vacíos (2011), La política del otoño (2013) y Poemas lumbares (2014). Colaboró en suplementos y revistas como Poesía de Rosario, Letracosmos y La Guacha, y participó en diversas antologías, entre ellas : 11 jóvenes poetas: homenaje a Edagar Bayley, Los que  siguen y Fin Zona Urbana.





sábado, 7 de marzo de 2015

MIentras riega


























Es para las plantas me dice, agua dulce para mis plantitas,
mete la jarra de jugo en el tanque de agua viejo que tenemos en el 
patio y riega las plantas en el verano.
Lo que pasa que con este calor sufren mucho
y el agua de la lluvia les hace bien a las plantitas.

¿Viste que lindos que están los claveles?
Hoy les voy a comprar una maceta más grande,
para que estén más cómodos.

Y todavía la veo levantándose de la siesta, poniendo el agua 
para cebarle unos verdes al viejo que viene cansado de laburar.
A veces riegan juntos el patio.
Él pone la manguera y ella sigue sacando agua de su tanque.

Con el tiempo mi padre le consiguió un barril de 200 litros,
de esos negros donde guardan aceite en la obra. Se lo llevó 
y ella chocha. Hizo acomodarlo debajo de una canaleta,
para juntar un poco más, para mis plantitas,
y se ríe.

¿Cuál es el propósito de un escritor? 

Ahora ya pasaron sus cincuenta y me habla por teléfono. 
Me llama gratis porque quiere saber cómo estoy y cómo está 
el clima. Cuando llueve se pone contenta y me dice que tiene 
un montón de agua en los tanques, como para un mes. Sin embargo 
los malvones no soportaron la helada del invierno pasado.
Un amigo me dijo que desde los noventa para acá los poetas 
escriben bajo el mismo tutor, nacen todos de la misma raíz.
¿Acaso alguno de ellos vio a mi vieja regar las plantas 
desde los veranos del noventa hasta el día de hoy? ¿Alguien 
escuchó a mi viejo cuando desde la mesa le grita a mi vieja 
cuando me llama por teléfono si fui a la cancha a ver cómo 
perdió Racing?

¿Cómo se escribe un poema donde se cuente que el día 
en que mi vieja volvió de enterrar a su madre en Entre Ríos 
se trajo de herencia unos crisantemos para cultivar y una foto 
de cuando mis abuelos eran jóvenes? ¿No será que los poetas 
del noventa en vez de estar atados a tabiques de madera 
están sumergidos en los tanques de agua en distintos patios?


Y ella se ríe mientras riega.
A veces baila,
A veces canta. 



Diego Vdovichenko




Diego Vdovichenko nació en Rosario del Tala en 1985, provincia de Entre Ríos, Argentina. Creció en Bahía Blanca.  Estudia profesorado en letras y traductor de francés en la Universidad Nacional de La plata. Participó en el 2005 del grupo “Poesía a la calle”. Formó parte del programa radial “Cuando cantan las chicharras” durante los años 2009 - 2010. Publicó “La fresca” perteneciente a la colección Primavera – Verano 2009-2010 junto a Victor Gonnet y Gastón Andrés en la editorial La fresca, la cual dirigen y la plaqueta Mientras riega en Acción creativa Suarez y Hasta acá (La propia Cartonera, Montevideo, 2012).






jueves, 5 de marzo de 2015

BAJA TENSIÓN


















Rincones

La tía Florinda dormía 
la siesta destapada 
y sin corpino 
según ella misma decía 
desde el claroscuro 
de su cuarto.

Atravesé el pasillo y me detuve. 
Corrí un poco la cortina pesada 
y apoyé mis labios sobre el vidrio 
frío de la puerta,
ésa que da a la calle pero no se usa 
más que para sacar los muebles 
una vez al mes.

Un cielo tormentoso 
caía sobre el baldío 
de enfrente. 
El viento sacudía 
las rosas aisladas 
del patio.

Escuché un ruido 
en el dormitorio, 
entonces lo recordé:
"Mañana te voy a dar 
una sorpresa."

Ahora Florinda me hacía 
señas desde su cuarto, 
para que me acercara.

Traspuse la puerta, 
me dejé llevar.

Perplejo,
sorprendido
por el olor de otro cuerpo
demasiado real,
mi cuerpo se introdujo
en ese rincón húmedo
de la casa.


***


El calor ha avanzado sobre un barrio 
que no se lo merece.

Una noche más 
con baja tensión.

Este prende y apaga de la conciencia 
que puntúa la lamparita de sesenta 
cansa a cualquiera.

Si la luz se cortara de una vez 
sería otra cosa.

La oscuridad 
—bromeas.

Pero así el tacto y el oído
crecerían como dos temibles babosas
poniéndonos locos de contentos.

O podríamos jugar a contemplar 
las pocas estrellas 
que los monoblocks del fondo 
dejan ver desde el patio.

Pero la luz no se corta 
y agoniza espasmódica 
durante toda la noche, 
atizando la duda 
de si es cierto o fingido 
nuestro actual desconcierto.

Insomnes,
jaqueados por el ruido 
de los artefactos 
al borde de la ruina, 
se vislumbra más lejana 
la utopía del hogar.



Hombre de su casa

Platos sucios
para el otrora aventurero
de la mente
—hoy repartidor de leche—
que extraña oscuramente
los días felices
embotados
por el vaso de vino
del almuerzo familiar,
mientras los niños lloran o juegan
en el patio trasero
y la mujer refunfuña
frente a la pila de platos
del día anterior.






Diego Colomba (San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, 1972)








martes, 3 de marzo de 2015

La flauta shakuhachi de los monjes budistas y la quena peruana
















La flauta shakuhachi de los monjes budistas y la quena peruana
No sabría decir las cosas que tienen en común,
posiblemente no sea más que sus cuerpos
fabricados con especies de cañas de bambú parecidas,
unas cañas que están a miles de kilómetros entre sí.
La flauta de los monjes budistas de la secta Fuke Zen
y la quena andina de la cultura Chimú,
se juntan por primera vez esta tarde medio primaveral
en el living de mí casa. Yo las acerco,
santiguándolas con el dedo mojado de cerveza,
las declaro una sola flauta, la misma.
Acá sentado,
donde miro por la ventana
dos palomas que se posan en una rama del fresno.



LA TAREA DE LOS ALBAÑILES

La tarea de los albañiles en la obra,
alarga sus dominios con golpes que hacen
cimbrar las paredes de las oficinas
que organizan la ciudad.
El desarrollo es espiralado,
desde los barrios
hacia las grandes concentraciones
de edificios,
formando anillos
condensados hacía el centro.
Desde ese núcleo se cimenta
la tarea diaria de los albañiles, 
que al final del día 
abandonan la altura 
y hacen crecer la ciudad 
camino a la periferia
con sus bicicletas,
lugar donde se acercan a esa paz
que les confiere el agotamiento físico
y un vaso de vino. Ellos
vieron la ciudad por completo
parados en su obra
y también desde el último anillo,
donde el reflejo se ve
solamente desde afuera.



CON LA FRESCURA DEL CANTO PROPIO

Miraba en un documental 
la vida del pájaro Menura, 
un ave lira que puede imitar 
con su canto 
a todos los pájaros.

Apagué el televisor 
y me cociné un arroz.

Al rato conté seis o siete gorriones, 
que se reunían en mi balcón 
para manifestar que el ave de la televisión 
podrá ser todos los pájaros a la vez,
pero nunca va a despuntar la alborada 
con la frescura del canto propio.

Y yo estoy conmovido
con este grupo hondo de gorriones,
saltarines de mi balcón.


Jonatan Santos



Jonatan Santos, Argentina, Rosario, 1983. Textos suyos fueron publicados en antologías de cuentos editadas por la Universidad de Rosario y por Homo Sapiens Ediciones, de Rosario.





domingo, 1 de marzo de 2015

PERRO LAMIENDO LUNA



CALLES LATERALES

calles con tendales
con pibes tirados tomándose una birra
sobre el esqueleto de una ford 53

calles sedientas
con una camioneta y su ráfaga de polvo
contra el flo de la tarde


en el bar el refugio
hay unos tipos
jugando a los dados por la vuelta
sobre sus cabezas un póster del dieguito
la foto de gilda y una hembra frestone


afuera la calle
esperándolos como una boa
una máquina amarillo caterpillar
detenida
con el sol clavado en un espejo


calles laterales
con perros lamiéndoles la piel
calles que un poco más allá se desvanecen
no son nada
campo son


apenas el dibujo de unas ruedas
en el medio de las matas
chapas de zinc degolladas en un charco

fragmentos de ciudad arrojados en la pampa

calles que en la noche 
se disuelven
no son nada

campo son


ESA MINA ES UN POEMA

le dije tomá acá tenés
y le di una foto de marylin monroe
porque yo sabía que él la amaba.

esta es tu mujer le dije

la única
la que te va a seguir queriendo
aunque
jueguen al fútbol con tus huesos
o te vuelvas loco de pena o de frío.

aunque la noche venga degollando
vas a ver lo que te digo

sólo ella 
sólo sus ojos te verán adentro
su boca en blanco y negro te besará la espalda
cansada de yugar.

cuidala
querela mucho hermano mío
esa mina es un poema/  le dije

y no pude aliviarlo más.




ROMANCE DEL PEDACITO DE CARBÓN Y DOÑA RAMA

el pedacito de carbón
le dijo a la rama
- pronto seré ceniza

la rama lo miró desde sus brotes
y pensó qué lindo
ser ceniza / árbol hecho polvo
que se mezcla con el viento y vuela.

y entonces dijo
- pedacito de carbón 
  acuérdate de mi 
  cuando andes por la mar.

- no estés triste ramita de mi amor
- le dijo él –
  una sola gota de la lluvia
  eso es toda la mar.



EL PERRO

el perro
que habita en mi mirada no cree en dios
desconoce esa rareza

se pasa la noche con los ojos 
clavados en la inmensa oscuridad /

la luna
dibuja sus cuchillos en los ojos de mi perro
y él es ignorante a todo eso
no se da cuenta de 
que en todo lo que toca
su mirada va dejando puñaladas infnitas

su boca no conoce las palabras
   esa melodía sucesiva que se cae
                             de la lengua 

no sabe nombrarse para sí
no sabe quedarse
repitiendo las cosas más amadas
en la inmensa oscuridad 

nunca leerá a whitman
no sabrá del hombre
celebrándose a sí mismo

no tendrá la culpa o fe que lo trastoquen /

este perro que hoy describo
entierra sus huesos en mi boca

y ahora gira    el condenado /
mordiéndose la cola



BAILONGO

el viento está silbando una canción
abracémonos querida mía
el tiempo arrastra todo
hay una llanura de cuerpos extendidos
hay un barco de esta piel incendiado a la deriva

hay un gallo tuerto cantando en el baldío

una bolsa de nylon se levanta por el aire
un barrilete remonta a un niño hacia la tarde  
todo gira su huracán entre las manos


la vida es un bumerang lanzado hacia la vida


la muerte baila y se desnuda en los pasillos
hay cadáveres bailando en el ama de la tierra
y hay cachorros que navegan en el vientre

todo gira y baila sobre el mar de los tambores
toda suda y se hace polvo que se expande


nos metieron a vivir querida mía
y ahora estamos en el baile

una música extraña está sonando
no importa dejémonos llevar por el deseo
dejemos a nuestros pies bailar sobre las aguas



LAS COSAS DEL ESPÍRITU


                      a la murga "La descarcajada"


se lo pasan todo el día dando vueltas
rebuscando una cerveza
el equipo al taco
saluditos por la radio
para vanesa que está buena
para el gary que anda de resaca

y cuando viene el carnaval
se la toman por el lado de la murga  
y entran a darle a los tambores   

hacen ronda de madrugada bailando como aves
-aguante el rey momo incendiado a puro kerosene- 

la humareda se levanta como un alma en las esquinas
aguante el rey del carnaval/ viejita
que no se apague la sangre
que arda noche y día
mientras suenan los tambores

el vapor se levanta de los cuerpos
como un espíritu en las noches de bailanta



LOS DOS ZAPATOS EN EL AIRE

una mía amiga dice
que es difícil ser poeta
que es un peligro andar
mostrando las costillas por la calle
o en un libro
yo le digo que no  que no es difícil
más jodido es ser acróbata
o albañil en las alturas

no es difícil escribir
lo difícil es no caerse para arriba
o para abajo

que eso fue lo que le pasó al fnado justo cárdenas
por ejemplo él llegaba en pedo a la obra
y se ponía a revocar con un pie afuera del andamio 
hacía equilibrio 
y un día se ve que se olvidó 
y apoyó los dos zapatos en el aire

el resto ya se sabe 
justo está enterrado dos metros bajo tierra
y sus hijas dicen que justo está en el cielo

no es difícil ser poeta

(yo escribo palabras al borde del andamio)




Jorge Spíndola


Jorge Spíndola. Poeta argentino. Nació en el barrio La Paloma de Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1961. A fines de los ’80, en su breve paso por Buenos Aires, se integra a las ediciones de la hoja de poesía “La mineta”, en la que publica sus poemas junto con poetas de su generación como Rodolfo Edwards, José Villa, Daniel Durand y Fabián Casas, entre otros. En 1993, ya radicado en Trelew, Chubut, obtiene el Primer Premio del Concurso del XVI Encuentro de Escritores Patagónicos en Puerto Madryn, con su primer libro, “Matame si no te sirvo”, que Último Reino edita en 1994. Su segundo libro es “Calles laterales”, que edita Culturas del Sur del Mundo Ediciones, en 2002, con el que había obtenido un premio del Fondo Nacional de las Artes. Y en 2008, El Suri Porfiado publica “Jerez volcado”, su tercer libro de poesía. Los poemas que presentamos pertenecen al libro "Perro lamiendo la luna", una antogía de toda su obra, publicada en Bs.As., en Ediciones del Jinete Insomne, 2013.
Como afirma el poeta y editor Carlos J. Aldazabal, se trata de una poesía de “avasallante circulación popular que ha convertido su nombre, a lo largo y a lo ancho de la extensión patagónica, en sinónimo de la poesía de la región”. Escritor paciente, Jorge Spíndola, que escribe una poesía de hondo lirismo con aliento narrativo, también es reconocido por la singularidad de las lecturas de sus poemas que hace en diversos ámbitos, también los no específicamente literarios, motivo por el que recuerda a los poetas populares de décadas pasadas, que convocaban bastas audiencias. Como permanente animador cultural en varios frentes, es fundador de la Biblioteca Popular Rodolfo Walsh de Trelew, integra el colectivo de poesía Bajo los Huesos (Puerto Madryn-Trelew) y se desempeña como profesor de Literatura. En 1997 creó la revista “Tela de Rayón”, que posteriormente se transformó en el suplemento cultural del diario Jornada, de Trelew, donde trabajó hasta 2008, cuando el multimedios prescindió de sus servicios tras su adhesión a la Asamblea de Trabajadores de Prensa despedidos injustamente por esa patronal. En 2009 hizo pública su carta abierta “Por qué no escribo en Jornada”, que recibió el apoyo de un gran número de trabajadores de la cultura de la región, del país y de países hermanos.



Ver más poemas y biografía completa, aquí



sábado, 28 de febrero de 2015

POEMA PARA DECIR POR LA TELEVISIÓN


un saludo para todos los que me conocen
para mi vieja que me debe estar mirando
o a lo mejor se fue a regar sus crisantemos
un saludo para mi tío juanano
que se lijó los dedos en el taller mingo
de chapa y pintura
lustrando autos rojos

para mi hermano balada que nunca
encontró el violín stradivarius
que dice que dejó mi tío abuelo
y no pudo por eso hacerse 
millonario y famoso en norteamérica
para su amigo el brujo silveira
que me curó del mal de ojo

para mi querido club jorge newbery
/el lobito del barrio la paloma/
yo era buen arquero
pero después quedé corto para el puesto
el enano más alto del mundo me decían

un saludo para el gordo mardones que debe
andar borracho y hablando de boxeo en el refugio
algún día voy a hablar del bar del golfo
colgado de un barranco 
con el fantasma de justo cárdenas azotando
los metegoles
no quiero olvidarme de esas cosas

para mi primo cabeza de trépano
enterrado de petróleo y cerveza
díganle que si gano unos pesos
escribiendo estas cosas voy
a fabricar la máquina de la ternura
para que nos abrigue los domingos

que la poesía alguna vez
nos dé un suspiro de beber
que se miren en los ojos de algún perro
donde sea
puede estar el infnito
que estas cosas que yo digo
se disuelven a dos metros


las palabras se deshacen 
como barriletes enredados en los cables.


yo una vez besé a una mujer extranjera
que masticaba chicles adams
me olvidé de ella pero hay tardes
en que me da vueltas ese beso
el mareo de la que me daba


la poesía es como la memoria de los besos

algo como unas ganas de arrancarse la boca
de a pedazos 
y ponerla entre los cables
a decir en el viento las cosas que no somos

las palabras arden se hacen polvo
cenizas del sonido que vagan en el aire.



Jorge Spíndola (Argentina, Chubut, Comodoro Rivadavia, 1961)