sábado, 12 de marzo de 2016

COMO UNA BAILARINA SOBRE LA LUZ DEL AGUA



LA TIRANÍA BAILARINA DE LOS DEBERÍA

Una bailarina debería sentir el ritmo de la música 
en su interior como lo hacen los pájaros al viento 
como giran las hojas en otoñoy caen a la tierra
o al menos el ritmo en su interiorconfesaría fuerza.

De la misma manera  - a todo esto lo supongo-
Debería tener el paso firme, las manos perfumadas
y un brillo mansoen la mirada que la dejara hermosa.

Con su armonioso paso debería almidonar el aire 
en  la cadera de ella envuelta de calorsobre el verano.
Sin embargo  en su belleza la miro cínica al bailar 
vacía de canciones bajo los pies del mundo.



FACSÍMIL

Dejé que las piedras
taparan tu nombre.
Que  te comieran
la lengua los ratones
y  lo sacro se hundiera
conmigo en el abismo.



SOBRE LA REALIDAD

quedan escritas:
la respiración
las horas 
la canción

los naipes
el tiempo abierto
 y el después 

los signos
las sombras
la puerta abierta 
la locura

las sobras
la comunión
los besos 

los santos sin luz
los días las noches 
la caída

el hambre feroz
la incertidumbre

la copa de uva
sacramento
elixir de un mortal

la voz
tu nombre que gira

las letras
el sexo 
la fragancia

la mesa predispuesta
el pensamiento intacto

las sentencias
el puño cerrado
como un boxeador
la bailarina

el blanco y negro 
sin un gris
la gama de colores
y las gracias

los coleccionistas
las ilusiones
la vida 
las mentiras

el humo 
el asco
los sueños

parientes
la ausencia 
la piedad 

la amargura el río                                                
lo que importa
el agua pendiente  manantial
el templo el páramo
el poeta.



PRECIPITACIÓN NATURAL

Templaremos el agua en la guitarra
se desvestirán de a poco los silencios
hasta temblar descalzos.
Así será la reverencia marina natural
por las esquinas desnudas de la piel. 



VIRTUD TAN MISERABLE
                                                   
este viaje
en la nada y para nadie
este fragmento roto
de uno mismo.


AQUÍ

La esencia del tiempo 
es sólo una variable 
de todos los relojes 
que ahora se apagan 
para saber la hora exacta 
en que vendrás.


Marita Balla (Paraná, Entre Ríos, Argentina, 1974)








jueves, 10 de marzo de 2016

PEQUEÑOS BOTES CRUZANDO LO NEGRO DEL RÍO



EN LA FOTO HAY UN CHICO

de la mano de una mujer no tan vieja:
ahí, todas las flores al mismo tiempo
se dan vuelta y posan para la cámara
en un lento desfile por el campito
sencillo, plano, sin más vueltas
que las redondeces de las hojas de trébol.
La mujer en la foto sonríe y parece festejar
cierta maravilla en las piernas del chico, firmes por primera vez.



HAY UN ECO QUE VUELVE DESDE EL AGUA Y REBOTA EN LAS PAREDES

como gorrión caído luchando por salir de la maceta
una centrífuga de frases dichas al pasar
que no siempre alcanzan la conversación
como si estuvieran ahí para armar por años
un rompecabezas y cada día una pieza nueva
llegara con el viento y la voz cambiada
casi un susurro, para perderse al fin
esfumarse, entre la niebla bajando
sobre pequeños botes que cruzan lo negro del río.



QUISIERA HABLARTE AHORA DE LA LLUVIA DE LOS DÍAS ANTERIORES

de cómo el árbol de jazmines resistió el peso de las gotas
una por una, sin chistar
aunque no se inunde como antes y el terror por el agua
no tenga ya, razón de ser
quisiera explicarte que no debés tener tanto miedo,
nunca más el río ha de llevarse tus juguetes ni los míos
vendrán muchos pájaros a cantar en tu ventana
y los dos nos quedaremos allí, oyéndolos.



ANDAMOS UN POCO PERDIDOS LOS DOS

buscando algo a los lados del terraplén, tal vez
un pañuelo caído que sirva como señal
un indicio de que todavía, realmente, estamos ahí
y ninguno de los dos se ha desintegrado en tierra cenicienta
como las cartas que no llegan a escribirse
o los recuerdos que al principio intentamos
atesorar y que al final se desvanecen
perdiendo sustancia, flotando en la nada de los días:
tiempo blanco, sin fin 
como la nieve atravesando el techo de los bosques
o una una luna enorme,  llena de agua, que anuncia la tormenta.



ME HE SENTADO A ESPERAR JUNTO A TU CAMA

el lugar donde tal vez quieras volver
aunque todo esté distinto ahora y tus vestidos
ya no se amontonen en el ropero
ni se escuche el silbato del afilador
a la mañana, temprano, con una música imprevista
como el verano recién llegado al patio, las islas
de luz haciéndose más anchas cada día
y tus flores recién cortadas
llenando los floreros de la casa donde crecimos
y vimos el agua entrar para llevárselo todo
y algunos años después, nos despedimos, junto a tu cama
mientras mirabas hacia arriba y el mundo se paraba
para no moverse nunca más.



A VECES OIGO UNA VOZ

que viene desde lo que algún día
fuera mi casa, como queriendo decirme un secreto
alguna cosita al oído, seguramente una pavada
de esas que los novios les dicen a las novias
acurrucados bajo el ruido de la lluvia, aquerenciados
palabras amadas que en mí no se borran
ni aún después de haber sido atrapada en el sueño
el más largo que puede haber.



AL FINAL, HABIÉNDOLE PEDIDO PERMISO A LAS NUBES

los que se van para ya no volver
han de soltar el último recuerdo, la última cosa
que se puede llegar a decir
para que se vaya a juntar con las conversaciones
de todos aquellos que esperan, al otro lado del río
como ramita partida que flota, buscando compañía
hacia la orilla.



ACASO TODO ESTO SOLO SEA

 la deriva de alguien que, finalmente vencido por el sueño
cae por casualidad en la parte más honda del río
y se deja arrastrar corriente abajo, abriéndose paso
por lugares donde siempre es de noche
sin poder imaginar lo cerca que está
de aquello que nunca pudo nombrar
confundido por el ritmo de su propia respiración
y el sonido de cipreses que se juntan
en la orilla para ver a los que viajan, a veces nadando
y otras veces arrollados por el vértigo del agua
desde una vigilia incierta, hasta un dormir sin tiempo ni lugar
presuntamente placentero, una luz que al final se desvanece
una luz a punto de apagarse, y nada más.




Martín Vázquez Grillé




Martín Vázquez Grillé. Poeta argentino, nacido en Buenos Aires, en 1976. Estudió Letras en la UBA y actualmente cursa la carrera de Historia, también en la UBA. Trabaja como docente de inglés y de español para extranjeros. En 1998 fue seleccionado para la Antología de Poetas del Ciclo Buenos Aires No Duerme, publicada por Eudeba y en 1999 publicó Tundra (poesía) en forma independiente. Tradujo a Mark Strand (The Continuous Life, Alfred A. Knopf, 1990), algunas de esas traducciones pueden leerse en No Retornable Vol 7. En 2011 fue seleccionado como Poeta Revelación en la 2da. Convocatoria de la Revista Plebella. Los poemas que presentamos pertenecen a su segundo libro: "Pequeños botes cruzando lo negro del río", publicado por Viajera insomne editora. 






martes, 8 de marzo de 2016

OBRA POÉTICA - Segunda Parte

























PIROTECNIA


La pequeña hija de Neurus viene hacia mí con flores
en un ramo y y navaja en la otra mano. Usa anteojos
cuadrados y se llama Neura. 
Su madre cumple su condena dentro de un cubo con
paredes negras, y dibuja sus pesadillas antes de cenar.
El hermano Psaico da vueltas atado a una camilla en
un observatorio durante 24 horas. Desde allí puede
ver nacer soles y estallar planetas.



Hay un hombrecito sentado en la cornisa de un hospital.
Deja caer una lágrima cubierta por una capa fina de oro.
Que estalla entre las raíces de una hiedra a punto de 
brotar.
A kilómetros de allí, una gárgola hechicera vive en los
techos de una catedral en ruinas...



VIAJES


Una musa me tiende sus manos
recorremos los bordes del planeta
Ella es lila, su infusión es blanca
encanto de los fieles perdidos.

Por rutas que atraviesan bosques de neón
a paso firme, voluntad plena
con temores
ahora hechos anhelo
voy formando parte del paisaje.

No paro de fumar hasta llegar al puente
Veo su otro extremo hundirse en el agua
Vidas, festines y virtudes, 
tres tickets para la reencarnación
humo y matices con soltura,
labios a punto de cambiar
por otros color perla
para cruzar el río en busca de otra isla.

La soledad es un templo donde dios es el silencio.
   y veneno, el lado oscuro de la ambrosía
vale entonces inspirarse para exhalar lo que no sirve
dejar la carne sólo para leer tus huellas
mientras el paso del tiempo ahuyenta el deseo,
y lo convierte en visiones de licor.

Muerte, pobresa y distorsión,
tres tickets que pueden ser eternos
todos llevamos un espejo en la frente,
todo pensamiento así es ajeno
que nos invita a quedarnos para siempre
en las orillas.



TOQUES

Un poema es un sueño en estado de vigilia.


Si alguien te mira fijo, no te asustes.
Puede ser un ángel  que imprime tu imagen en su mente.


Los motociclistas se vuelven hacia la luz del sol.
Los hippies toman cerveza en bares oscuros.
Los hombres de fe transpiran de miedo por algo
que no han hecho.
La madre eterna mira todo de reojo.


Mi jardín es una ciudad llena de bichos.
Un paisaje de madera, como un barrio.
Supermercados en las hojas, la luna que ordena todo.
y lo graba en pequeñas pantallas de rocío.


Qué es un hechizo?
quizá una fuerza que te toca y no te suelta
un rayo escalofriante que marea
una ley que esclaviza a quien ama
una sombra que oscurece al Sol...



VARIACIONES EN TORNO A UNA MUSA


NADIA

Te recuerdo como una de las virtudes de la noche, apoyada en 
mis ojos, esquiva...y al toque, mirándome como Afrodita excelsa. 
¿Cuál de tus poemas abrirá mi espalda, cuál hará crecer alas? Un 
ala blanca y otra negra. Una en el cielo, la otra en la arena. 
Plumas y membranas, para volar por sobre tu rostro, para 
acariciar tu cuello. La alegría es una ola que surfea  y produce 
ríos de sal en tus dedos pequeños, finos, astrales.


ISABEL

Tesoro tan antiguo como la Luz que alimenta tu Alma.
Dilatado corazón de madre a punto de parir dos Ángeles.
Uno lleno, el otro vacío.
La barca cuyo vientre lleva el tesoro, corta el aire.
Tus ojos proyectan imágenes de paraíso.

  


Juan Desiderio (Caballito, Buenos Aires, 1962)






domingo, 6 de marzo de 2016

LOS MALVONES DEL DESEO



Hoy firmé los papeles de divorcio

vestías una remera blanca
una que no conozco
y los mismos ojos verdes
pero distintos

no pude mirarte hondo
como solía
y me tragué el nudo espinoso en seco,
como una de esas píldoras inmundas
recetadas por el médico

pude  haberlo intentado,
haberte dicho
algo parecido al asombro
con el que te toqué tantas veces
el mismo
con el que inauguramos  a las hijas

pude decir temblando  que no sé
si algo como eso se repite
que me pone de rodillas el miedo
de que no regrese nunca

pude haber buscado en las cajas
(en las de fotos viejas  y ombliguitos caídos
abrochados en rosa)
mi credencial vencida de cenicienta
o la tuya de príncipe azul
haber esgrimido noches en que soñaba muerte
y despertaba cuando me salvabas
abrazando tan tibio

pude haber sacado el recorrido:
cómo crecimos juntos
las primeras arrugas los brindis los lunares
sabidos de memoria

Pero no dije nada.
Tomé la lapicera
 firma,
aclaración
y documento.

Así  se lacra el final
se sella se certifica
que nosotros estamos muertos
que nosotros perdimos
que ahora estamos vos y yo
dos monos de zoológico
repentinamente sueltos en esta ciudad
tan vasta
tan salvaje.



Y si la lluvia
esta lluvia mansa, tímida
que moja en puntas de pie

si sus agujitas sin embargo heladas
monótonas, como esos besos
indiferentes, dados de memoria

si esta lluvia, decía,
cayera ahora sobre mi cuerpo
tendido, supongamos, en la acera
o colgado entre medias y camisas
en alguna terraza desconocida

si yo como piedra me dejara llover:
miles de lengüitas de serpiente
paseándose por la piel viscosa
por una piel al fin muda
de deseos y de penas

esta lluvia hipodérmica
sirena rota en mi ventana
para purificarme

¿alcanzaría, me pregunto,
para lavar  los errores:
por lo que hicimos
y lo que dejamos de hacer?



Hoy el gato nos trajo
una paloma obesa
latía apenas
entre sus dientes orgullosos.
No agradecimos el regalo,
en esta casa
somos seres compasivos.
No confesamos
que nos molestaba
esa catástrofe de plumas
en nuestro piso brillante.
El gato indiferente
metió su trofeo agónico
en nuestro baño.
Nosotros nos miramos
y nos dijimos:
no podemos salvarla.
Y cerramos la puerta.

Aunque hablamos bien alto
de la ley natural,
los último aleteos
sacudían las paredes.
Cuando todo acabó
limpiamos a conciencia
lo descabezado, lo tibio
del asunto.

Y reímos por no llorar
salpicados de muerte,
sin atrevernos a pensar
qué será de nosotros cuando
una mano, un soplido, una ráfaga
nos cierre la puerta
de este lado.



Él llega con la noche
 trae su acento
en una valija de lujo.
Habla de acá y de allá
y pule mis pechos
hasta dejarlos como le gustan.
Yo lo dejo viajar,
cuento, entretanto,
los kilómetros en sus ojos
 y me deslizo cálida
entre los precipicios.
Abusa de las palabras amorosas
abusa de los hechos del amor.
Yo lo dejo,
pero sólo de vez en cuando
el amor en su lengua
no parece un naipe
tan viejo y manoseado.

Cuando se va tengo que sacar
las sábanas y secar invariablemente
el montoncito de nieve derretida
del colchón.



Qué puedo darte hoy
qué puedo darte
si no un alma que duele al caminar
como piedra metida en el zapato
si no este escudo de sombras que llevo en la piel
como un caparazón translúcido

qué puedo darte que venga en colores
que tenga la levedad de la inocencia
la emoción de un regalo bien envuelto
en las manos del niño

si mi carne se ha vuelto hoja crujiente
en las páginas grises del otoño

no hay dulzura que no traiga pena en mi lengua
no le creas
a la hiena farsante
que invita en mi sonrisa
a mis piernas anzuelo
a esta sangre sirena
que se emperra en cantar

que yo no puedo darte
un barrilete, un abecedario, una postal de vacaciones
un hijo
ya no
no puedo darte

ya no hay bichitos de luz
en mis noches de verano
hubiera querido mostrarte
tu mano en mi mano

nada que estrenar



Detrás de la puerta podría encontrar
los ojos de mi madre
ya huecos de preguntas
podría encontrar los huesitos roídos
de esos hombres que amé con tanta hambre
los restos de las pieles que he mudado
y una guirnalda muy poco festiva
de mariposas muertas

detrás de la puerta podría encontrar
la bóveda de la infancia
con sus muñecas rotas    con sus cicatrices
podría encontrar un cementerio de botellas verdes
tantas
como las respuestas que no adivino
encontraría las barajas a las que aposté y perdí
y el  pasaje siempre abierto
hacia mi patria de sombras

detrás de la puerta podría encontrar
la fila peluda de arañas del insomnio
aguardando su noche
las babosas secas de los besos que di
y los malvones siemprevivos
espléndidos
del deseo

encontraría un campo de margaritas nuevas
encontraría las ganas nuevas de deshojarlas
y  la enredadera azul de mis brazos que esperan
que siempre esperarán
la boca del beso siguiente
la boca que no conozco.




Mariana Rodriguez





Mariana Rodriguez. Nació en 1973 en San Vicente, un pueblo de la provincia de Buenos Aires.  Profesora de Lengua y Literatura. Realizó durante dos años el taller de escritura creativa en el grupo Cruzagramas, creado por su profesor Sebastian "Zaiper" Barrasa. Actualmente es alumna del Taller de lectoescritura de Marcelo Leites. Vive en Vicente López, donde se desempeña como docente en diversas escuelas públicas. Algunos  de sus poemas y relatos breves han sido publicados en antologías y páginas de internet. Los poemas que presentamos pertenecen a "Los malvones del deseo", libro próximo a ser publicado en Ediciones Literarte.






viernes, 4 de marzo de 2016

LA SOMBRA DE LA MANO





Lágrimas de ácido en el hueco de la memoria.

Raspar, raspar, raspar
pero nada, nada, nada.

Círculos de leche petrificados.



El corazón se escarpa y en las nubes se abren bocas para aullar.
Por más que se hunda la mano en la tierra
en el cielo
en la misma piel
la muerte queda

de relieve.



El amor continúa: algunos seres
urgen su paso, se entrechocan
en abrazos leves, patinan
en un mapa iluminado
se diluyen para no morir
por aplastamiento.



La felicidad de los patos no es nuestra felicidad.
Pero las cosas son iguales para nosotros y para ellos.
Hilos de agua en las patas palmípedas
estructura en la que se enganchan y crecen
sentimientos retráctiles

¡Tirá, tirá!

Una sonrisa nos alumbra.



Tiempo detenido 
en las ventanas
en los vidrios fijos
en la toalla.
Tiempo
en los muros simétricos
sombras de gusanos ondulantes
sombras
de manos transparentes.

Viento, mucho viento
y las emociones que
no se pueden
comprender.



Pequeños objetos en flotación:
¿vienen de la raíz del mundo?
vidrios, residuos, huesos
el crack de las cosas
pequeños mundos
delicados, humanos
 construidos 
con atención
buscando dónde anclar
su propia raíz.



Un ojo de agua y cenizas

las cosas se
van hundiendo.

Hacia ahí navegan los platos
de la última discusión.



La mano quiso pero no pudo
subir por la pierna de su padre
hasta la Clavícula Gigante.
La sombra profusa del bosque
la deprimió.



En el centro de la flor
en el centro
de la sombra de la mano
brilla exacta
la yema del tiempo.



Torsión y brillo:

colgajo animal que pende de la ferocidad de las nubes
se retuerce al son de las notas
más graves
del cielo.


(De: La sombra de la mano, 
Ed. Zindo & Gafuri, 2014)



Selva Dipasquale (Provincia de Buenos Aires, Argentina 1968)







IMAGEN: Fotografía del artista japonés Shomei Tomatsu : “Okinawa, Okinawa, Okinawa”. Este fotógrafo y sus fotos en blanco y negro,  fueron la fuente de inspiración de muchos de los poemas del libro LA SOMBRA DE LA MANO,  de Selva, que en la Introducción escribe: "No me propuse describir las fotos ni su tema sino tensar las imágenes dando a luz una nueva capa de sentido..." 






miércoles, 2 de marzo de 2016

CANCIÓN NOCTURNA


























Pídeme nada más que amor,
-¡Ves, el occidente es puras rosas!-
La oscuridad desciende desde arriba;
No más – la hora cierra;

Pídeme nada más que amor,
No tengo otro poderío.
Sol de mi crepúsculo, sueño de mi amanecer, vengo a ti

¡Seguro como las estrellas lo son a la noche!





AGUA AZUL

Violines de mar jugando en las arenas,
Arcos curvados de azul y blanco volando sobre las rocas,
Mira cómo atacan los acordes – bajos oscuros, sopranos centellando.
Canturrean suave y débilmente, violines azules.
“Sufre sin remordimiento”, parecen clamar,
“Aunque tu sufrimiento sea oscuro, puede ser música,
Olas de calor azul que lavan el cielo en pleno verano,

Violines de mar que juegan en las arenas.”




John Gould Fletcher



(Traducción: Marianela Leonardelli)




John Gould Fletcher (E.E.U.U., Little rock, 1886 -  1950) Escritor y poeta imaginista (el primer poeta del Sur, el primer "dixie", en ganar el Premio Pulitzer), provenía de una familia socialmente prominente. Después de asistir a la Phillips Academy Fletcher pasó a la Universidad de Harvard de 1903 a 1907, de la que se retiró poco después de la muerte de su padre. Fletcher vivió en Inglaterra durante una gran parte de su vida;  se asoció con Amy Lowell, Ezra Pound, y otros poetas imaginistas. Fletcher reanudó un enlace con Florence Emily Arbuthnot  en su casa en Kent. Ella había estado casada con Malcolm Arbuthnot y el adulterio de Fletcher con ella fue la base para el divorcio. La pareja se casó  en 1916;  tuvieron hijos, pero el hijo de Arbuthnot y la hija de su matrimonio anterior vivía con la pareja, que más tarde se divorció. En 1936, Fletcher se casó con una autora notable de libros para niños, Charlie May Simon. Los dos construyeron "Johnswood", una residencia en los acantilados del río Arkansas. Viajaron con frecuencia a Nueva York para desarrollar diversas actividades culturales; hasta que Fletcher desarrolló artritis crónica. Fletcher sufrió de depresión, y a los 64 años, se suicidó ahogándose en un estanque cerca de su casa en Little Rock, Arkansas.






lunes, 29 de febrero de 2016

EN LA CIUDAD DE LA NOCHE



Ciudad de la noche,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de crepúsculo,
Ciudad que se proyecta hacia el occidente,
Ciudad cuyas columnas reposan en el ocaso, ciudad de cuadro, 
masas amenazantes bloqueando la luz:
Ciudad de crepúsculo,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de medianoche, ciudad desbordada por la luna llena,
ciudad en la que los gatos merodean y los camiones de basura cerrados herméticamente traquetean en las sombras:
Ciudad de medianoche,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de la mañana temprana, ciudad espolvoreada con frescura, ciudad con techos puntiagudos separados contra las estrellas, ciudad que abre portones altos y demacrados
Ciudad de medianoche,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de lluvia, ciudad en donde el crudo viento golpea contra las gotas pesadas una y otra vez, empapando un temblor, mendigo maldiciente que se mete en medio de los apóstoles en el pórtico de la catedral.
Ciudad cuyo resplandor es apagado y plomizo, ciudad cuyas nubes destellan y titilan al pasar por encima, donde lámparas parpadeantes miran fijo hacia los estanques cenagosos debajo de ellas;
Ciudad cuyos vientos chillan en las calles y golpean las plazas, ciudad cuyos adoquines tiemblan y cuyas cumbres flaquean ante el charloteo zumbante de las gotas de lluvia cayendo.


Ciudad de medianoche,
Empápame con tu lluvia de tristeza.
Ciudad de cortinas color bermellón, ciudad cuyas ventanas gotean con sórdido espumillón carmesí, ciudad sensual, arrójame despiadadamente a tus multitudes.
Ciudad llena con rostros femeninos que miran lascivamente a los caminantes,
Ciudad con portales siempre abiertos, ciudad de sedas y encajes elegantes, ciudad cuyas bandas rebuznan música danzante toda la noche en la plaza,
Ciudad donde la luz aromatizada cuelga sin interés, punzada por el parloteo de la multitud, ciudad cuyas estrellas miran fríamente, sonriendo falsamente a través del aire lleno de humo,
Ciudad de medianoche,
Aniquílame con tu desaliento.
Ciudad de vacío, ciudad de fachadas blancas, ciudad donde un farol colgante solitario vacila en lo alto como una cerilla ante un sarcófago de mármol, espantando los fantasmas;
Ciudad donde una simple ventana iluminada de blanco en un frente de casa inmóvil y oscurecido recibe los huéspedes de la oscuridad que chorrean desde la calle;
Ciudad de arriba en donde los parques enredados con árboles oscuros emergen de manera repentina, apagados, asombrosamente; una torre gris fantasmal cuyos cimientos se pierden con la niebla, y cuyo cúspide no tiene fin.
Ciudad de medianoche,
Entiérrame en tu silencio.
Ciudad de noche,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de inquietud, ciudad donde he errado y deambulado,
Ciudad donde las masas me miran con recelo, ciudad donde las iglesias están cerradas, las tiendas selladas, las casas sin hospitalidad,
Ciudad de inquietud,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de insomnio, ciudad de habitaciones baratas sofocantes, donde se oyen ronquidos en la penumbra a través de la partición, amantes que luchan, parejas que riñen, taxis que repiquetean, gatos que chillan,
Ciudad de inquietud,
Envuélveme en tu redil de sombra.
Ciudad de sueños febriles, ciudad que está siendo sitiada por todos los demonios de la oscuridad, ciudad de innumerables bóvedas y torres sombrías, ciudad donde flores pasionales desesperada y traicioneramente transforman a los fuertes en muerte;


Ciudad de noche,
Envuélveme en tu redil de sombra.

John Gould Fletcher  ( Little Rock, E.E.U.U. 1886 - Id.,  1950)
(Traducción Marianela Leonardelli)
IN THE CITY OF NIGHT
City of night,
Wrap me in your folds of shadow.
City of twilight,
City that projects into the west,
City whose columns rest upon the sunset, city of square, threatening
 
masses blocking out the light:
City of twilight,
Wrap me in your folds of shadow.
City of midnight, city that the full moon overflows, city where the cats
 
prowl and the closed iron dust-carts go rattling through the shadows:
City of midnight,
Wrap me in your folds of shadow.
City of early morning, cool fresh-sprinkled city, city whose sharp roof
 
peaks are splintered against the stars, city that unbars tall haggard
 
gates in pity,
City of midnight,
Wrap me in your folds of shadow.
City of rain, city where the bleak wind batters the hard drops once and again,
 
sousing a shivering, cursing beggar who clings amid the stiff Apostles on the
 
cathedral portico;
City where the glare is dull and lowering, city where the clouds flare and flicker
 
as they pass upwards, where sputtering lamps stare into the muddy pools
 
beneath them;
City where the winds shriek up the streets and tear into the squares, city whose
 
cobbles quiver and whose pinnacles waver before the buzzing chatter of raindrops
 
in their flight;
City of midnight,
Drench me with your rain of sorrow.
City of vermilion curtains, city whose windows drip with crimson, tawdry, tinselled,
 
sensual city, throw me pitilessly into your crowds.
City filled with women's faces leering at the passers by,
City with doorways always open, city of silks and swishing laces, city where bands
 
bray dance-music all night in the plaza,
City where the overscented light hangs tepidly, stabbed with jabber of the crowd,
 
city where the stars stare coldly, falsely smiling through the smoke-filled air,
City of midnight,
Smite me with your despair.
City of emptiness, city of the white façades, city where one lonely dangling lantern
 
wavers aloft like a taper before a marble sarcophagus, frightening away the ghosts;
City where a single white-lit window in a motionless blackened house-front swallows
 
the hosts of darkness that stream down the street towards it;
City above whose dark tree-tangled park emerges suddenly, unlit, uncannily, a grey
 
ghostly tower whose base is lost in the fog, and whose summit has no end.
City of midnight,
Bury me in your silence.
City of night,
Wrap me in your folds of shadow.
City of restlessness, city where I have tramped and wandered,
City where the herded crowds glance at me suspiciously, city where the churches are
 
locked, the shops unopened, the houses without hospitality,
City of restlessness,
Wrap me in your folds of shadow.
City of sleeplessness, city of cheap airless rooms, where in the gloom are heard snores
 
through the partition, lovers that struggle, couples that squabble, cabs that rattle,
 
cats that squall,
City of sleeplessness,
Wrap me in your folds of shadow.
City of feverish dreams, city that is being besieged by all the demons of darkness, city of
 
innumerable shadowy vaults and towers, city where passion flowers desperately and
 
treachery ends in death the strong:
City of night,
Wrap me in your folds of shad
ow. 

IMAGEN: Vista aerea de la ciudad estadounidense Little Rock, en Arkansas.