martes, 7 de febrero de 2017

UN DIBUJO DEL MUNDO




LA LUZ DEL VERANO


La luz del verano adormece
las ganas de salir.
Cerramos los postigos aun
sabiendo que el color blanco va a colarse
por las hendijas, apagando los lomos
de los animales y los libros, y quemando
las plantas del interior.



LOS AÑOS FELICES



Cuando vos dormís
cocino, escribo y leo novelas.
Cuando dormís
todo está en silencio
menos la cuchara, el teclado y el papel.

***


Me gustaría escribir un poema sobre la nieve
el hielo fracturado de las montañas
donde viven mis amigos nórdicos.
Me gustaría escribir sobre los ojos azules
que todos ellos tienen
los perros que tiran de trineos de chocolate
y las pistas para patinar
en lagos, ríos y mares.
Me gustaría escribir sobre una noche
de más de cien días y la melancolía
de quienes no ven el sol.

***


Si el dibujo del mundo entra
dentro de la mano del niño
los pastos cosquillean en cámara lenta
y todas las hojas son posibles
sonidos del viento. 



(Envío de Valeria Cervero)

Verónica Pérez Arango (Buenos Aires, 1976)







domingo, 5 de febrero de 2017

PASAJES





Lo que parece una figura.
Lo que parece una montaña.
Lo que parece el esqueleto
de la figura de una montaña.
Lo fijo, el esqueleto de una idea
que estaba en la memoria y fue
pensamiento, ocurrencia, dolor.
Lo que parece en el tiempo una cara
sola, perpleja.


***

MANIOBRAS



Ahora esa mujer habla del mar.
Sorpresiva, casi sin voz, dice y mezcla
una palabras incomprensibles, ajenas.
Dice y tartamudea que el mar, que la noche,
que un día, que pájaros, que el amor
y el silencio del silencio, que la muerte.
Dice y se va, como si nada.

Que sea así. Prefiero que no esté

con sus anuncios inconsolables y emigrada
sin respuesta -mientras que la vida avanza
a grandes pasos, lejos de uno- vuelva
y mire, lúcida, un objeto material
hecho de un grupo de palabras abstractas,
de nombres propios y voces:

sólo una escritura en voz baja, hecha

de arrepentimientos, agregados, decepciones.



Jorge García Sabal (Argentina, Balcarce, 1948-Buenos Aires, 1996)







viernes, 3 de febrero de 2017

ÚLTIMO APRENDIZAJE





Con mi padre aprendí que antes de morir hay que encontrar a la madre.

Con mi madre,
que uno se muere sin padre y sin madre.

En el ramo vive el jardín y en su fondo se fija el otro ramo.
Con la pérdida se acrecientan los ramos y los fondos del ramo.
Pero ya nadie levanta el jardín con las manos, 
sólo se desea la entrega y se ofrece su fondo.
Nadie levanta un jardín, por eso estamos llenos de fondos y de ramos.

Es imposible levantar un jardín, 
como exceso nos rodean sus habitantes, su perfume y su fondo.
Uno va solo a la cita con su ramo de espera 
y uno espera levantarla de nuevo.
Ella espera el ramo, su primer perfume.

A mi madre la subí con su ropa de teatro.
Es imposible levantar un jardín.



LA ERÓTICA COMO UNA DIFERENCIA VOLUPTUOSA

A una distancia mínima de tu cuerpo, te puedo multiplicar en abundancia
frente al reloj de pared y la cortina bandeada por los vientos.
Siempre has abierto una ventana tan inclinada y tan cierta.
Cómo se nos puede ocurrir a pocos metros
estados privados de multitudes y de zonas imposibles
que se instalan con un canto secreto.
Cómo se nos puede ocurrir que avancen los públicos,
que nos aplaudan y te dejen desnuda tan cerca del mundo.
Cómo se nos puede ocurrir mover las piezas,
si los gritos golpean sobre las paredes, las plazas y las calles.
Mientras descansas, habrá pasado una multitud sobre la puerta,
y esperarán que cantes esta noche conmigo
con las abanderadas cortinas y los vientos sobre el reloj de la pared
en la sombra de una soledad que viaja por tu sangre
y grita en los silencios
y se calla en los propios silencios privados de la noche,
tan públicos para mí, tan enormes como esa multitud que aviva los fogones,
los aplausos, los gritos, las banderas. 




Juano Villafañe




Juano Villafañe nació en Quito, Ecuador, en 1952. Reside en Buenos Aires, Argentina, desde 1955. Formó parte del taller literario “Mario Jorge De Lellis” en la década del setenta. Entre los años 1976 y 1982 viajó por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela realizando actividades literarias en universidades y centros culturales. Fue cofundador de las revistas de literatura Tientos y Diferencias (Quito, 1979) y Mascaró (Buenos Aires, 1983). Dirigió desde 1987 hasta 2002 “Liberarte Bodega Cultural”. Fue asesor literario de Ediciones Desde la Gente -editorial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos-. En 1989 participó del Encuentro Latinoamericano de Jóvenes Intelectuales organizado por la Casa de las Américas (La Habana, Cuba). En el año 1992 integró las delegaciones latinoamericanas en las Jornadas por los Quinientos Años de la Conquista de América organizadas por la Universidad de ARCIS de Santiago de Chile. Desde el año 2001 hasta la fecha tiene a su cargo la Dirección Artística  de Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. En poesía ha publicado Poemas Anteriores (Ediciones de la Universidad Central del Ecuador, Quito, 1982), Visión Retrospectiva de la Botella (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987), Una Leona Entra al Mar (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2000), Un Leona Entra al Mar (Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2005). Esta última edición fue presentada en la Feria Internacional del Libro de la Habana (febrero, 2005). Compiló una selección del cuento latinoamericano La Narrativa Erótica Latinoamericana (Ediciones Desde La Gente, Buenos Aires, 1992) y dos selecciones sobre la nueva poesía argentina Poetas. Autores de Fin de Siglo I y II (Ediciones Desde La Gente, Buenos Aires, 1994, 1997). Tiene un libro de ensayos inédito José Martí, el Contra Rimbaud.





miércoles, 1 de febrero de 2017

TACUARITA


 ´
EL JARDÍN

Me gusta la mordedura en la manzana.
Suena a manzana, suena a verde.
Suena a sexo y armonía salvaje.
Soy la niña que muerde la manzana,
ingenua agreste y agresiva.
Corro de un lado a otro,
el pelo al viento,
la luna en la cintura,
el sol en la cabeza ardiendo ardiéndome,
manzaneando laberintos secretos
de tierra y de agua,
de barro y de río,
sonando a río.
No hay miedo no hay silencio.
Protege tibia natura
cestita con frutas.
Se viene la alegría briosa.
Se viene el paraíso.
Apenas un instante,
acaso siempre.
Luego se desvanece y queda el bosque.



A RAS DE TIERRA

Destruir el lenguaje desde el lenguaje mismo.
Romperlo todo, deshacerlo todo.
Desmembrarse
volar a ras de tierra
entre ceniza y semen
y condones usados.
Vivirlo desde el fondo, desde abajo,
de bien abajo, cerca del deseo,
adentro del deseo, penetrándolo,
arañando la sed y el desatino
hasta el desgarramiento.
A ras de tierra entre colchones rotos
y pelusas
y pedazos de cosas,
hilachas, lascas de algún cacharro.
Residuando el amanecer,
reciclando la noche
para que no se gaste,
para que no se pierda.
Jugando fuerte
con todo el alcohol, con toda la sangre
que se resiste al orden.
Revolcando la estrella
hasta quebrar las puntas,
pataleando, abriendo alguna grieta
o desencadenando tempestades.
¡Venga toda la fueria de la vida!
¡Venga la madrugada impetuosa!
¡Hagamos!
¡Hagamos un hogar a ras de tierra!
Desarmemos la verticalidad.
¡Que se canse de tanto estar parada!
¡Que se mueva!
¡Que venga con nosotros!
¡Que se una!
Hagamos una casa horizontal
para amar sin abajo y arriba
y que todo esté cerca.
Sólo arrastrarse un poco y ya,
sacudirse un poco y ya
estamos más acá del horizonte
jugando al truco con el infinito.



CALIPSO BAR

Acá todo es olvido y ya no importa nada,
sólo vos y tu mirada verde.
Cambiaré mi cuchillo por tu espejo
aunque salga perdiendo.
"¿Danzarías conmigo en la espiral negra?"
Y si miro mi otra
y si me hago de sal
chupame y borrame
que si te me derramo
te traeré mala suerte.
"Olvida olvida el mundo traspasa el umbral,
vení vení conmigo para siempre".
Calipso bar, la gente grita y baila
y hay luces de colores
y a veces jazz.
Y tú que eres el jazz y la mirada verde.
Calipso bar, la isla deseada.
Ya no quiero el hogar ni los amigos,
me vas a traicionar, y yo lo sé.
Me bebo tu traición en este cóctel
verde como tus ojos.
"Silencio, olvida todo
vení que serán nuestros
la noche y los espejos".
Calipso bar, tu verde rodeándome
en espiral, en espiral ruleta.
Tu voz es mi crupier.
Calipso bar me traga en laberinto.
Yo sé que sos el monstruo y yo tu víctima,
pero afuera no hay nada, nada, nada,
y adentro está mi cóctel verde como tus ojos,
y hay luces de colores
y a veces jazz.



Rocío Muñoz




Rocío Muñoz Vergara (Sevilla 1982), es licenciada en Filología Hispánica, profesora de lengualiteratura y tesista de la maestría en literaturas española y latinoamericana de la Universidad de Buenos Aires. Codirige junto a Maia Morosano la editorial Espiral Calipso, con sede en Rosario (Argentina). Ha publicado un libro de cuentos: Pedacitos del otro lado (2008), y un poemario: Tacuarita (Editorial Calipso, 2009, ), y ha participado en varias antologías. Ahora está preparando, muy poquito a poco,  un nuevo libro de poemas.Desde hace años promueve actividades literarias de diversa índole, y también imparte talleres de escritura creativa y cursos de literatura infantil, en España y Argentina. Actualmente organiza junto a Beto Steinmann el ciclo literario “A cuatro voces”, todos los martes en el café cultural “La gallina en el diván”.





lunes, 2 de enero de 2017

AVISO A LOS NAVEGANTES






























QUERIDOS LECTORES:

                                          Las imágenes son elocuentes. Me estoy tomando unas merecidas vacaciones, durante todo el mes de enero. Nos volvemos a encontrar los primeros días de febrero. Mientras tanto pueden visitar la biblio. Seguramente podrán encontrar alguno que otro texto interesante, y que no hayan leído. Un buen año, para todos.


M.L.










viernes, 30 de diciembre de 2016

LA PURA VERDAD







































Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.




Francisco Urondo






Francisco Urondo (Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976). Alias Paco. Poeta argentino perteneciente al grupo del invencionismo, que en los años cincuenta se formó en torno a la revista Poesía Buenos Aires, fundada por R. G. Aguirre. En sus primeros títulos (Historia antigua, 1956; Breves, 1959; Lugares, 1961), Urondo asimiló en su obra la influencia de dos grandes poetas disímiles, O. Girondo y J. L. Ortiz, que no habían encontrado hasta que apareció su escritura una voz que los reuniera, pero a partir de Nombres (1963), el autor agregó además elementos coloquiales y el uso de un lenguaje absolutamente personal, que lo convertirían en una de las cumbres de la poesía argentina de la segunda mitad del siglo. Sus libros posteriores (Del otro lado, 1967; Adolecer, 1968; Son memorias, 1970; Poemas póstumos, 1972) confirmaron esa singularidad, que en ocasiones se advierte también en otros géneros que el poeta frecuentó en forma esporádica, como los relatos de Todo eso (1966) y Al tacto (1967) o su incursión en la dramaturgia ( Sainete con variaciones, 1966). Comprometido en la lucha armada contra la dictadura militar, Urondo estuvo preso en la cárcel de Villa Devoto, publicó el documento de denuncia La patria fusilada (1973), y murió en un enfrentamiento con el ejército, el 17 de junio de 1976.




miércoles, 28 de diciembre de 2016

UN POEMA ES UNA PIEDRA

















Dejá que entre la luz,
dejala que entre,

que se acomode,
que abra su valija;

no vayás a echarla;
dale de comer;

dejá que ande por la casa.



***

Hay un momento en que antes de ir,
de volver, el ave, o pájaro extraño
−formas humanas de este vuelo−,
mira ensimismado su plumaje;
hay un momento, o borde o filo,
en que calla, calla, y canta al fin
unas pocas notas ásperas.


***

Luna, grave
luna, encima

de los tejados
ya húmedos;

y las calles solas,
solas,

donde se va
esfumando

la estela
de tu aliento

a cada paso.



***

Un poema es una piedra
y dos de esas piedras
       no son
sino el comienzo
o parte de un camino.
Un poema es una piedra
que bien puede
       en la niebla
marcar rumbo.
Un poema en la noche
       brilla
con luz propia.


***

                         Escuchad el viento:
                         John Coltrane


No quiero armonía;
       escuchad
el viento que saco entre mi lengua
       y mis dientes
y pasa cortante
       por mi saxo.
No quiero armonía;
       quiero
perforar el aire;
       quiero
rehacer el rumbo de la calle
y andar después
       grave, distante,
musitando y callando
a todo piano.



(Envío de Rolando Revagliatti)


Eduardo Dalter





Eduardo Dalter nació en Buenos Aires, Argentina, en 1947. Poeta, investigador cultural y difusor de la poesía latinoamericana. Sus poemas han sido incluidos en diversas revistas: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), Shantih magazine (New York), Revista Nacional de Cultura (Caracas), y revista Casa de las Américas ( La Habana ), entre otras. Durante los años de la última dictadura militar de su país vivió en el Oriente venezolano y en la ciudad de Maracaibo, donde en 1982 , donde se publicó uno de sus libros. Dio conferencias y  participó de encuentros internacionales, y asimismo brindó numerosas lecturas; entre otras: en el Ginsberg Tribute, en el Central Park, New York, y en la Feira do Livro, en Brasilia. En el año 2000 tuvo edición su trabajo de investigación Harlem: los blues de la historia. Por otra parte, en el lapso 1994-2002 dirigió en su ciudad la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín, de difusión continental. En 2013 dio charlas y lecturas en escuelas y en centros culturales de Italia y de Inglaterra. Reside al sur de su ciudad natal. Ha escrito una veintene de volúmenes de poesía, entre ellos: Las espinas del pescado (Edic.por la poesía, Bs.As.,1973); En la medida de tus fuerzas (Ed. Cantaclaro, Maracaibo, 1982); Aguas vivas (Ed. del Cántaro y Huaico, Bs.As., 1993); N.Y. Postales para enviar a los amigos (Ed.del Nuevo Cántaro, Bs. As., 1999); Bocas baldías; (Ed. del Nuevo Cántaro, Bs. As, 2001; y Dos cigarrillos para Eliot (Ed. del Nuevo Cántaro, Bs. As, 2011).

La selección que presentamos fue tomada del libro "30 POEMAS", una antología realizada por el autor en el año 2005, de varios de sus libros.  






lunes, 26 de diciembre de 2016

CUENTO PARA UNA PERSONA


























UN VESTIDO NUEVO


"La formas cambiantes de la belleza
dejan una suave nostalgia",
eso es lo que estaba escrito bajo la fotografía;
mientras la contemplaba, se escapaba de la sábana,
de lo que todos habían comentado
sobre esa anotación a lo largo de los años,
lo que esa anotación construía
en el paso del tiempo y el efecto,
todos parecían encontrar algo muy profundo ahí,
algo muy verdadero.
Ella no encontraba nada ahí,
ni profundo ni verdadero
ni nada, no lo había
y lo único que la había llevado a conservarla
antes de tirarla al fuego
es que la niña que se mostraba era ella
y había dudado, como todos, un poco
antes de romper su propia imagen
y tirarla a la chimenea;
hacer eso nunca conduce a algo bueno,
mejor hubiera sido guardarla en un ropero.
La fotografía podría ser un espejo
en cuanto que la mirada en ese momento
y ahora eran casi idénticas,
lo confirmaba 
mientras se iba acercando al reflejo de la vitrina
y, tomada por esa idea
y en un mismo movimiento,
se alejó rápido del centelleo
como deteniendo un hechizo.
Romper la fotografía, tirarla;
fue un acto que se emprendió
y finalizó en un tiempo;
todo lo demás vendría más tarde
como todo lo anterior había venido antes.
Fue por primera vez que se sintió lejos 
muy lejos de lo que apenas había planeado.
Él estuvo frente a una vitrina también,
en otra ciudad
y unos meses más tarde.
Se quedó fascinado frente a la cantidad de muñecas
que se multiplicaban  en los estantes de espejos,
que salían de otras
siendo la primera grande, luego mediana
luego pequeña, luego ínfima.
Le fue bastante fácil comenzar a enhebrar la aguja
y eso que no había casi nada de luz
donde se encontraban las telas,
eran retazos chicos
pero iban a alcanzar para hacer lo que él quería.
Se preocupó mucho por encontrar hilo negro
porque de ninguna manera quería
que se viesen las costuras
como tampoco hubiese querido que nadie lo viese a él
mientras el vestido no estuviera listo.
Pero la tela que faltaba había encontrado 
plumas rojas y doradas,
pensó que podría terminarlo en las mangas
y en la caída de con plumas,
quizás extenderlas hasta el suelo
e incluso más si alcanzaba
para que cuando ella se posase
-como la modelo que había visto
en una revista-
pareciera un pavo real o un cacique indio.
Y en el momento en que comenzaba la tarde,
que había parecido ausentarse, pero también el día
para hacer de ese momento una especie de terreno vacío
en el que se encontraba solo en contacto
con lo que podía sentir que era
un milímetro de metal entre los dedos
y algo así como una especie de propósito.
Y sentía algo de dolor en los brazos
también porque nadie lo estaba viendo,
porque a nadie podía contarle
cómo arrancan los propósitos secretos,
de alguna forma que a veces entristece,
remiten a algo peculiar o casi intransferible,
una suerte que se piensa es uno mismo.
Esa suerte se arrimaba desde hacía mucho tiempo
en el que sentía parte de una tarea oculta
porque había perdido el trazo que imaginaba
que los demás podían encontrar
más fácilmente en él;
en el cual las acciones decían la mayoría de las cosas
y entonces lo componían, lo ajustaban, lo construían.
Pensaba si era posible encontrarlo de nuevo,
qué sería lo que podía iniciarlo en él
y por otra parte sentía también
el peso de lo que sería bueno
como el vestido esperaba también lo fuera.
No es que pudiera sentirse más extraño,
simplemente sentía que las cosas habían sido
así como son las cosas en un momento
y se cree que hubo un inicio
en el cual pudieron ser modificadas
según la propia voluntad
y luego eso se vuelve un recuerdo difuso
que parece convertirse en intenciones.
No podía dejar de sentirlo
como también se negaba a rendirse afuera,
como se había negado a hacer lo correcto
y entonces la garganta le dolía
porque era en la garganta donde todo lo que no corría
se anudaba
y con comer se pasaba, con coser se pasaba,
con arreglar la turbina se pasaría
o tal vez no, o quizás de a poco.
Y un poco de bondad había en eso
y sólo provenía de él mismo,
porque como él lo había sabido,
nada es indispensable hasta que lo es
y todo puede existir como no existir
y cuando lo había escuchado por primera vez
le había gustado aun más que como gustan las palabras;
eso era casi verdad -él quiso creer-,
sin embargo ahora no podía remitirlo a nada.
Parecían estar lejanos esos puntos
y que podría existir como no existir
y que era indispensable como también no lo era,
todo eso era demasiado vago.
Pero no podía dejar de hacer lo que estaba haciendo,
porque sí se había escindido
en la voluntad de esperar 
y también de convalecer,
él lo había aprendido, él lo había adquirido
y entonces no podía dejarlo.
Es que mientras lo estaba zurciendo,
se molestaba de insistir consigo mismo
sabiendo inevitablemente que con bucear
no se encuentran más cosas,
pero el día mismo parecía irse,
tampoco podía encontrar la hora
y por lo mismo,
dejó a medio hacer el vestido.
Era similar a lo de la cabeza cortada,
porque en ese despertar ligero con hambre
se había olvidado de casi todo,
o mejor aún,
sintió que todo podía descomponerse en partes
y entonces desaparecer:
hacer desaparecer una parte,
como había logrado desaparecerlo  a él
y ella luego también había desaparecido.
Lo que le dejaba entonces
ese hueco aparte era un latir distinto
que ya lo había comprobado en lo que decían los otros
y ahora lo comprobaba en su posibilidad misma
y tenía que ver con eso de que todo puede hacerse
y deshacerse ahora.
Todo puede hacerse y deshacerse ahora,
se puede ir y volver,
se puede tener y dejar de tener;
eso es lo que ella le había dicho
y a lo que él había sonreído
como lo más milagroso del mundo y ahora pesaba,
no porque estuviese mal
sino porque no tenía que ver con él
y eso era suficiente.
Si bien desde hacía mucho estaba acostumbrado a concordar
y a ser parte de las visiones distintas,
y también a figurarse en ellas,
se daba cuenta de que eran únicamente
para las personas que las manifiestan;
hay un logro en eso, en poder afirmarse, sí, 
pero eso de hacer y deshacer no era para él.
Era la sensación de haberse dado cuenta tarde,
pero la verdad es que de había dado cuenta antes
como lo que está al límite de la excitación
y tiene que ser despuntado.



Laura Petrecca




Laura Petrecca (Buenos Aires, 1985). Publicó los libros de poemas Pensó que ya lo sabía (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2008), Los barcos vuelven (La propia cartonera, Montevideo,  2010) y Cuento para una persona (Ed. Entropía, 2014); así como otros textos y traducciones en  revistas de Francia, México e Inglaterra.




sábado, 24 de diciembre de 2016

NAVIDAD



















NOCHE DE PAZ


Nieve artificial que caes y que no caes
en la caja de música de una navidad descompuesta
De una casa a otra no hay ni aun el espacio
que separa a las estrellas, hay la Ley de la Inexistencia.

No soy tu Papá Noel ni estás posando junto a mí
para la eternidad de una postal en familia
ni estamos menos separados que los vivos de los muertos.

La irrisoria noche de paz, la ridícula noche de amor
sigue endulzándose a medida que pasa
pero yo estoy metido en esta guerra
y si me apoyas no firmaré nunca la paz
tampoco esta noche que nos separa de un tajo
aunque parezca indolora, aunque parezca indolora.




Enrique Lihn (Chile, Santiago, 1929- 1988)








viernes, 23 de diciembre de 2016

INFAMÉLICA



Ni es por simpatía


No es por amor
ni siquiera es por simpatía
que me elige

Le convengo
por mi austeridad

y fiereza.


***


Romanticismo


¿Así que a ese órgano tuyo (entraña, víscera)
de naturaleza muscular común a todos
los vertebrados y a muchos invertebrados
que actúa como impulsor de la sangre
y que en el hombre está situado en la cavidad torácica

adjudicás la responsabilidad
por tu compulsiva práctica de fornicio
con la rematadamente loca de mi hermana?


***


No es ella la mujer


No es ella la mujer que me dio la vida
no es ella mi vida
no es ella la mujer de mi vida
ella no se desvive por mí

apunta a mi vida
y me mata.



***

Frente


Mordisqueo tus labios de frambuesa
atrapo el lóbulo de tu deliciosa
orejita derecha
y así
        incitado
                       beso
con extrema dulzura
tus dos dedos de frente.



***



¡Me lo tenías que decir!


Nunca pude
con alguien
que me lo diga

Ahora
ya
no
se
(me)
produce

Ahora
ya
no
llego

¿Por qué tenías que decirme tanto?



***


Aprovechamientos 


A la tía la asaltábamos en su pieza
cada sábado después del mediodía
sus sobrinos
Púberes, adolescentes
sin adultos en la casa
jugábamos a que era nuestra
a que la tía nos estaba destinada
Aprendimos en ella
nos adiestramos
los dos hermanos y el primito
Estimulada así la tía
casi muda nos daba todo
en su delicado estupor
A su manera nos aguardaba
y se concedía sus raciones de vértigo
Manuable, dúctil nos complacía
en familia
Mi primo sobreactuaba para no derrumbarse
alardeaba de sádico
y me parece que estaba
caliente con mi hermano

A los tres en fila nos mamaba la tía
La mía se la dejaba más tiempo en la boca
Mi primo se aferraba la suya
él dirigía su batuta
y la descargaba antes que mi hermano y que yo

Mi hermano fue sorprendido por papá
un jueves después de medianoche
sodomizando a la tía
Cegado, papá, el histórico
fornicador de su hermana
los acuchilló
Mi primo y yo nunca recordamos
estando juntos
a esos muertos
Dejó secuelas:
él se hizo stripper
y yo
      coleccionista y usuario de italianas
suecas, taiwanesas, mucamitas indias
embarazadas africanas, cadavéricas
muñecas inflables.





Rolando Revagliatti  (Buenos Aires, Argentina, 1945)