1
En mi villa, entre olivos y mosaicos.
Me pregunto:
Estará mi nombre
en el hablar quedo
de los espías del César.
Mis pasos
en el ojo de la corte.
Amo la vida.
Pero más
amo a Roma.
2
Más veloces
que un auriga
corren los días.
Es momento
de sacudir el alma
como un árbol.
Que caigan los frutos
a mis pies.
Y más allá
de las tapias.
Oh, Marcia.
No cantar
es pasar como una sombra.
7
Ay, de la Roma
en llamas.
De la mano del emperador
nacen los incendios.
De sueños y días
florecen certezas.
Tras el inocente
para darlo a los leones.
Aplausos
para la lira del incendiario.
Avaricia
en las latitudes del fuego.
Ah.
¿Quién lo exprese
sobrevivirá a su palabra?
8
Arroja flores
al mar.
La verdad
es más arrolladora
que un río de montaña.
A punta de espada
se corre del Lacio
al poblador de provincia.
En nuestros silos
sus cosechas.
En nuestros toneles
su vino.
Nuestra
hasta la leña de sus inviernos.
Los banquetes regios
su mar de lágrimas.
Ninguna otra suerte
Marcia.
Que ser
pulgas de la Loba.
9
Y qué es el Cesar.
El dedo índice.
El pulgar
de la muerte.
El odio
más allá de la ceniza.
Oh, Marcia.
Más que sus fiestas
brillan tus ojos.
12
Regresa Marcia.
Los días
tierra de amargas hierbas.
Y en las noches
el vino con especias,
trae sueños
que se repiten
como las lluvias de diciembre.
¿Deberé pensar
en un soplo de los dioses?
Oh, Marcia.
Mi corazón
es una tea en llamas.
Por qué
tienes que partir
como las aves.
Como ellas
te haces lejana
21
Del César
es la ferocidad del mundo.
Su sueño de mármol.
Como el ocaso
se hunda.
Polvo y ceniza.
Humo sus reinos.
Cada pueblo
rey de sus días.
Y el canto
en la más alta rama.
Oh, Marcia.
Lave su boca el César.
Las rojas manos.
Hay luz de estrellas
en nuestros ojos.
Y el soplo de un dios
por linaje.
23
Ay,
de la sumisión.
Nada
es tu espejo.
No tienes semejanzas.
Cavas y cavas.
En las noches.
El miedo
no cierra los ojos.
Y en el templo.
El dios
de tu corazón,
no es
el dios de sus homilías.
Olvidas
hasta el nombre
de tus padres.
Ante tu descendencia
te avergüenzas.
Levanta el rostro.
O en el corazón
sentirán el abandono.
(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026, Envío
de Alberto Cisnero)
Alfredo Rescia
Alfredo Rescia (Leones, Córdoba). En 1997 obtuvo el Premio Provincial de Literatura y en el año 2000, el Premio Municipal de Literatura “Luis José de Tejeda”. Publicó “Postales de invierno. Cielos de enero” (Barnacle, 2024). El grueso de su obra permanece inédita.

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