La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
lunes, 29 de diciembre de 2008
CUORE
Solo en la casa, gracias a oportuno mirácolo,
Enrico penetra con trac en el despacho del babbo.
Desde aquí emite pastorales, breves y fulminaciones.
Apoyado en un rincón dormita el bastón de su viejo maestro.
¡Cuánto jode con el maldito bastón del viejo maestro!
Sirve como analogía, parangón, símil de todo.
Sobre el escritorio ese volumen que relee por las noches;
lo entrecierra si se le aproximan. Es criminología
del anélido de moda. Los imprescindibles retratos.
Ladro milanese, condannato 13 volte.
Romagnolo trococefalo stupratore -se parece al director de nuestra escuela.
Más hojas. G. Sana di Galluccio, brigante-
En la tarde piamontesa, acechando rumores, ecos del portal, corrientes de aire,
tocarse, soñador, deplorando que excogiten un enlace
entre este célere sombrear (a disfumino retroalimentado
por el recuerdo de la maestrina che ha due belle pozzette nelle guance)
y ese absurdo marinaio, truffatore ed omicida per vendetta, del ladrillo lombroso.
¿Cuál enlace? Me ne frego! Papá sabrá. Sabe todo.
El bastón del maestro serviría sin lugar a duda de puente
a dos asnos esqueléticos, a cuestas triángulos pitagóricos de un lecho
inutilizado diagonalmente: demostración irrefutable.
Pues entre Gog y Pedagog navega la flotilla en silencio.
Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)
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Poesía Mexicana
ESCRITO EN LA MESA DE LUZ DE UN HOTEL
Por vergüenza de ser
pobre, me pasé media vida
escondiéndome
de mis amigos, no fuese que
murmuraran;
ahora ellos están
muriéndose
de todas esas
enfermedades nuevas,
raras,
ahora sí
los abrazo, pero ya no irradian
calor, sus caras están grises
-quiero decir, de un gris
oscuro- y ya no queda nada
de todo lo felices y geniales
que íbamos a ser.
Beatriz Vignoli (Argentina, Rosario, Santa Fe, 1965)
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Poesía Argentina
EL MAR EN LA CASA
Venían a buscar la casa
de cuando chicos. Volvían al amparo
como aquellos que regresan a visitarse
en sus fotografías
para la Navidad.
Traían palomas de una estación
del tiempo.
Tornaban con sus pasajeros, aquí,
bajo la sombra de la parra;
se contemplaban
cuando el parral sin sombra
dejaba correr el sol sobre los baldosines
y ellos estaban viajando solos
por su tierra, creciendo los brazos
al abrigo de nuestras solas sombras recordadas.
Volvían a buscar la casa
y a buscarnos
como el recomenzado mar a un náufrago.
Yo era el náufrago
y ellos el mar que siempre vuelve a sostener la casa.
Néstor Groppa (Argentina, Laborde-Córdoba, 1928- San Salvador de Jujuy, 2011)
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Poesía Argentina
DANSE RUSSE (versión)
Si yo estando Flossie dormida
y el bebé y Catalina
dormidos
a la hora en que el sol es un disco
flamante por lo blanco, en la neblina
sobre unos árboles que brillan,
si yo en mi cuarto del fondo
bailo desnudo, grotesco
ante mi espejo
con mi camisa al voleo
cantando sin efusión
"Estoy solo, solo.
Nací para estar solo,
¡así es como mejor estoy!",
si miro mis brazos, mi cara,
mis hombros, muslos, mis cachas
en la extensión amarilla
de la persiana,
¿quién va a decir que no soy
el genio de la dicha entre mi gente?
Cristian de Nápoli (Argentina, Buenos Aires, 1972)
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Poesía Argentina
Cuando se corta por primera vez...
10.
Cuando se corta por primera vez
un pomelo en un lugar desconocido
con un cuchillo de punta redonda y poco filo
más apto en realidad para untar manteca
el pomelo se vuelve
más extraño que el mundo que lo rodea
de modo que mirarlo detenidamente
por demasiado tiempo antes de partirlo
es una invitación al pánico.
8
Cortó un pomelo transversalmente, partió
la mañana en gajos raros, la carne
rosada expuesta por primera vez
hirió con énfasis su mundo intraducible
generando una pausa acá
en el contexto de la fruta acuchillada.
7
Lo que decía no era lo que pensaba
hasta que cortó un pomelo por la mitad
y expuso el centro de ese mundo a la luz
entonces sí, con la fruta una vez partida
lo que pensaba era lo que decía.
Martín Gambarotta (Argentina, Buenos Aires, 1968)
Estos tres textos integran una serie cuyo motivo es el pomelo y fueron tomados de la Revista interactiva "Voy a salir si me hiere un rayo" (Polvo -9 poetas argentinos).
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Poesía Argentina
LATITUD

No quiero más que estar sobre tu cuerpo
como lagarto al sol los días de tristeza.
Se disuelve en el aire el llanto roto,
al pie de las estatuas
recupera la hiedra
y tu mano me busca
por la piel de tu vientre
donde duermo extendido.
El pensamiento melancólico
se tiende, cuerpo, a tus orillas,
bajo el temblor del párpado, el delgado
fluir de las arterias,
la duración nocturna del latido,
la luminosa latitud del vientre,
a tu costado, cuerpo, a tus orillas,
como animal que vuelve a sus orígenes.
José Angel Valente
José Angel Valente. Poeta español nacido en 1929 en Orense, donde pasó su infancia y adolescencia. Inició estudios de Filología Romántica en Santiago de Compostela y los terminó en Madrid. Fue profesor de literatura en la Universidad de Oxford y funcionario de varios organismos internacionales en diversos países. Además de poeta fue ensayista y traductor. Es una de las voces más representativas de la poesía española. Premio Adonais en 1955, Premio de la Crítica en 1960, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1988, Premio Nacional de Poesía en 1993 y Premio Reina Sofía en 1998. Su poesía se caracteriza por una gran exigencia verbal. Falleció en el año 2000, en Ginebra (Suiza).
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Poesía española
OCTUBRE
Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.
José Angel Valente (España, Orense, 1920 -Id., 2000)
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Poesía española
domingo, 28 de diciembre de 2008
CONDICIÓN Y DESTINO DEL ARTISTA
La ciencia, la educación, la cultura son ciertamente beneficiosas para el hombre pues lo elevan a un nivel de vida superior: para un francés del siglo XX sería excesivamente vergonzoso (por consiguiente, un poco ridículo) el negarlo.
Sin embargo, nuestra experiencia prueba también que originan muchas necesidades, sin duda muchas más de las que pueden satisfacer aun en su propio nivel.
(Los intereses mercantiles intervienen aquí. Todo, muy pronto, se convierte en una feria.)
Queda, no obstante, una parte del hombre siempre viva para escapárseles. Parte animal quizá... o divina, lo admito... Parte importante en todo caso.
Parte instintiva y huraña que no se deja repudiar. La que justamente preserva una afición profunda al ocio, a la desnudez, a sus recursos; y a la confortación natural.
En suma, ciencia-educación-cultura: todo correría el riesgo de acabar en una sed inextinguible de reposo, de sueño, de noche, hasta de salvajez y de muerte si no interviniese, en igual medida, algún antídoto del mismo género que transporte y colme de golpe al hombre entero, que lo turbe y lo devuelva a su medio natural, que suscite su hambre a la par que la sacie y, por decirlo así, lo recree.(Los intereses mercantiles intervienen aquí. Todo, muy pronto, se convierte en una feria.)
Queda, no obstante, una parte del hombre siempre viva para escapárseles. Parte animal quizá... o divina, lo admito... Parte importante en todo caso.
Parte instintiva y huraña que no se deja repudiar. La que justamente preserva una afición profunda al ocio, a la desnudez, a sus recursos; y a la confortación natural.
He dicho antídoto del mismo género porque, efectivamente, hay otros. "¡Viva la Muerte, abajo la Inteligencia!" O "Cuando oigo hablar de cultura, disparo mi revólver": ¿lo hemos oído, verdad? Y cuando digo que todo acabaría... Todo estuvo, recientemente a punto de acabar.
Pero todo puede asimismo acabar en no sé qué fanatismo de la razón, en no sé qué infatuación de la inteligencia, que procedería con la misma brutalidad, y que esta vez dispararía el revolver en nombre de la cultura... o de las tijeras, para castrarse.
Quizá nos hayamos aproximado a una justificación objetiva y al mismo tiempo a una definición de las Bellas Artes (Literatura, Música y Teatro, etc., incluidos).
Pero observemos primeramente las cosas desde otro punto de vista.
Sea quien fuere el lector de estas líneas, la vida, puesto que en suma él puede leer, le deja algún ocio. Y no sólo su vida, sino su pensamiento mismo, puesto que confía este ocio al pensamiento ajeno. (Lector entre paréntesis, sé pues el bienvenido a mi pensamiento...)
Pero si ahora mi pensamiento te incita a conservarte en tu ocio, a comprometerte más profundamente en él, y si mi pensamiento lo consigue... Entonces, tal vez soy un artista.
Advierte que, por breve que fuera tu ocio, podrías emplearlo en contemplar la naturaleza, a uno de tus semejantes, o, en fin tu propio pensamiento. También podrías ocuparlo cantando o silbando un aire de tu invención, o bailando, haciendo jugar tu propio cuerpo. Desde luego, todo eso es legítimo, y a veces te entregas a ello, y muchos hombres también se entregan a ello. Sin embargo, eso sólo no bastaría para diferenciarte de los animales.
Pero sucede que ciertos hombres son capaces —Dios sabe por qué— de producir — Dios sabe cómo— objetos tales que pueden ser elegidos por ti para que su contemplación o su estudio ocupen profundamente tu ocio, lo satisfagan, le basten y no te comprometan a nada más.
He aquí que cae bajo nuestros sentidos uno de esos objetos extraños... Sí, en apariencia, es la obra de uno de nuestros semejantes. Hecha de una materia y de partes que la naturaleza nunca proporcionó sino separadas, o en estado bruto. Pues bien, este objeto nos parece inmediatamente interesante, lindo, hermoso, o sublime. No responde a ninguna utilidad, pero su consideración o contemplación provoca primeramente en nosotros no sé qué movimiento instintivo, como si una conformidad secreta con nuestros órganos nos llamara desde su encuentro; después, cierto número de sentimientos profundos o elevados... Y deseamos apropiárnoslo, o por lo menos conservar su uso para nuestro placer eterno. El uso, en efecto, nos confirma este placer. Y sin embargo sentimos deseos de mostrarlo a quienes amamos, para hacerles compartir nuestro interés. En muchos de ellos produce un efecto semejante. Nos aseguran, por lo demás, que tal es su único destino, aunque tal no haya sido forzosamente la intención del autor.
Ese objeto es una obra de arte. Quien lo ha producido es un artista. Y parece que tales objetos, así como el interés o el amor que inspiran, sólo se encuentran entre los hombres.
Aunque juzguen que avanzamos demasiado rápidamente, declararemos ahora que esos objetos — espejos y tesoros a la vez — se encuentran desde siempre.
Y que no se burlen de nosotros porque parecemos dirigirnos a la Historia... a uno de sus principales lugares comunes. Sería un contrasentido. Justamente, sucede que no creemos en nada que no podamos ver. Vemos las obras maestras antiguas. ¿Y qué diríamos al verlas sino: he aquí lo más claro de la Historia, y a veces todo lo que de ella queda...?
Muy locas serían las sociedades que, desdeñando una observación secular, arrojaran de su seno a los artistas. Correrían seguramente a su pérdida por haber desconocido en el hombre lo más importante que hay en él: no las opiniones, desde luego, ni aún las necesidades, sino los gustos.
¿Necesitemos recordar que las obras serenas tienen más poder para cambiar al hombre que las botas de los conquistadores?
Más poder, agregaré yo, hablando del primer artista que aparezca, que los sermones conjuntos de todos sus contemporáneos, que sólo pueden tener un efecto cansador por su monotonía...
Ahora, me parece, conviene insistir en este último punto. Porque la tendencia dominante ( y entiendo que en todos los campos) es despreciar a los artistas hasta considerarlos — ¿no es ésa la palabra de moda? — como una categoría de intelectuales.
Sobre la importancia de su papel y su poder benéfico, nuestro propósito — por lo demás, se lo ha entendido ya — es proporcionarles una consideración más seria y más justa.
De ninguna manera tratamos de oponer, según la antítesis corriente, la intuición al intelecto, por ejemplo, y a la convicción el encanto, ni deseamos tan sólo para ellos la consideración y la condición de encantadores... No: encantar y convencer están demasiado cerca, según nuestro punto de vista, para oponerse de otra manera que como los dos polos del más fastidioso carrusel. Bien lo vemos, sin duda alguna: del vacío al arte dirigido, del estado de bufón al de ingeniero de almas, del de poeta jovial al de poeta pensador, de las torres de marfil a los tablados de los mitanes, de lo verdadero a lo bello, al bien, y de lo amable a lo útil, la condición de los artistas se ha inscrito desde hace siglos entre esos dos términos.
Ambos términos conjugados implican por parte del hombre una misma idea de sí mismo. De tal idea, por fuerte y antigua que sea, y en nuestros días es más imponente que nunca, deseamos, precisamente, ayudarlo a desprenderse.
¿Qué idea? Pues bien, aquélla según la cual el hombre sería ante todo un espíritu que convencer, un corazón o una sensibilidad que encantar.
He aquí la idea —a decir verdad, más bien humillante— de la que han nacido, desde hace milenios, no sólo todas las artes poéticas —lo que no sería, quizá, demasiado grave— sino todas las filosofías y todas las religiones —en apariencia contradictorias—y todos los sistemas de educación y de gobierno quese han sucedido hasta ahora en la sociedad occidental, por lo menos, y en nombre de los cuales los pueblos —más o menos fanáticamente, hay que decirlo— se evangelizan, se subyugan y se arrojan por fin los unos sobre los otros.
¿Cómo es posible que semejante idea haya podido anclar tan profundamente en el espíritu de los hombres? Sin duda porque se desprende de una idea anterior —ésta, en verdad, muy gloriosa— que el hombre parece haberse forjado poco a poco de sí mismo en los alrededores de Jerusalem, de Atenas y de Roma al mismo tiempo, según la cual su personalidad sería el lugar casi divino donde nacen las Ideas y los Sentimientos, únicas cosas dignas de consideración en este mundo, y él mismo ante todo un espíritu y un corazón.
Nos explicamos que el hombre haya juzgado esta idea, no sólo gloriosa, sino ventajosa, mientras ha conservado gracias a ella la ilusión de progresar en el conocimiento del universo y en su poder sobre aquel, así como en la organización de su propia sociedad...
Sin embargo, de acuerdo con algunos indicios, parece que ahora aceptaría, de bastante buena gana, cambiarla...
Quizá, como lo di a entender hace un momento, los sermones, los reproches —y ciertas obligaciones que de ellos se desprenden— empiezan decididamente a fatigarlo. Y, más aún, los castigos, de los que no se ha mostrado muy avara la última época...
Por tanto, muchos desearían cambiar... Comprendemos sin embargo que un cambio puede ser difícil. ¿Cómo renunciar, en efecto, a ser un espíritu y un corazón? De ahí que muchos imaginen alguna explicación— más o menos nueva— que les permita no renegarla por completo. Os ahorraré esas teorías de última hora; las conocéis tan bien como yo. Por ejemplo, el mundo sería absurdo: sólo habría que estar de acuerdo en ello. Todo sucedería por culpa del mundo, y nosotros saldríamos indemnes, nosotros, los espíritus, nosotros, los corazones, con algunas ilusiones de menos. Ni verdugos, ni víctimas; tan sólo jueces, en lo abstracto. Un poco tristes, pero de todos modos orgullosos y muy capaces, a fe mía, de continuar escribiendo un artículo diario.
Sin duda harán falta algunas actualidades (como las llaman) más sensacionales aún para que la inteligencia o el alma como tales bajen por fin su pabellón (aunque sea negro). Y que el hombre por fin se inquiete. Esas ideas, esos sentimientos que tanto lo enorgullecen, ¿no saldrían como las cuerdas de ciertos monigotes, que manejados por algunos hábiles... ¿Qué digo, algunos hábiles? Es el hombre mismo, convertido en su propio juguete, quien decide abusivamente de su suerte, según las ideas que se hace. Se encuentra en constante estado de ebriedad intelectual, conducido a alguna parte fuera del mundo, sobre no sé qué andamiaje... Sin embargo ¿por qué decir andamiaje? ¡Patíbulo designa mejor lo que es! (1) "
Sí, algunas hecatombes más... Ah, que algunos, por lo menor moralmente se eximan por haberse entregado a la tarea de meditar en lo siguiente: nunca, desde que el mundo es mundo (entiendo el mundo sensible, como nos es dado cada día), nunca, sea cual fuere la mitología de moda, nunca el mundo ha suspendido ni por un segundo su funcionamiento misterioso. Sin embargo, nunca en el espíritu del hombre — y precisamente desde que el hombre sólo considera el mundo como el campo de su acción, el lugar o la ocasión de su poder — , nunca el mundo del espíritu del hombre ha funcionado tan poco y tan mal. Sólo funciona para algunos artistas. Si funciona todavía, es sólo por ellos.
Sí, exactamente en este punto debe reaparecer el artista y ser evidente para todos la consideración que se le debe.
Supongamos que el hombre, harto de que se lo considere como un espíritu que ha de ser persuadido o un corazón que ha de ser agitado, se conciba un buen día como lo que es: Algo, después de todo, más material y más opaco, más complejo y más denso, mejor ligado al mundo y más difícil de desplazar (más difícil de movilizar); no el lugar donde nacen Ideas y Sentimientos sino el lugar —mucho menos violable (aún por sí mismo)— donde los sentimientos se confunden y las Ideas se destruyen... No haría falta más, creo, para que todo cambiara y para que la reconciliación del hombre con el mundo naciera de esta nueva modestia.
Al mismo tiempo se explicaría el poder que desde siempre tiene sobre el hombre la obra de arte, y su eterno amor por el artista: por ser la obra de arte el objeto de origen humano donde se destruyen las ideas, y por ser el artista el hombre mismo en cuanto ha dado pruebas (mediante una obra) de su anterioridad y posterioridad a las ideas.
La función del artista es así muy clara: debe abrir un taller y reparar el mundo tal como le llega, por fragmentos. Y que no por ello se considere un mago. Es sólo un mecánico. Deus ex machina del cangrejo y del limón, del cántaro o de la compotera, tal es, en efecto, el artista moderno. Irreemplazable en su función. Como vemos, su papel es modesto. Pero no se podría prescindir de él.
¿De dónde le viene, entonces, este poder, y cuáles son las condiciones necesarias para su ejercicio? Primero: de que es sensible al funcionamiento del mundo y de que necesita violentamente permanecer integrado con él; pero además —y ésta es una condución sine qua non— de su aptitud particular para manejar una materia determinada.
Porque la obra de arte extrae toda su fuerza de su semejanza y a la vez de su diferencia con los objetos naturales. ¿Por qué semejanza? Porque también ella está hecha de una materia. ¿Por qué diférencia? Porque su materia es expresiva, o se ha vuelto expresiva en esa ocasión. ¿Qué quiere decir expresiva? Que enciende la inteligencia (pero debe apagarla de inmediato. Pero ¿cuáles son los materiales expresivos? Los que ya significan algo: un lenguaje. Se trata solamente de conseguir que no sea mucho más significativo que funcional.
Así, para tomar un ejemplo en las Letras, la no-significación del mundo puede desesperar a los que pretenden, creyendo aún (paradójicamente) en las ideas, obtener de ellas una filosofía o una moral. Cosa que no podría desesperar a los poetas, porque no trabajan partiendo de las ideas sino de las palabras. De donde, ninguna consecuencia, sino alguna reconciliación profunda: creación y recreación. Para ellos, signifique o no signifique algo, el mundo funciona. Y es esto, después de todo, lo que les pedimos (tanto a las obras como al mundo): vida.
Pero aún debemos desear que esta vida les sea permitida. Yque a los artistas, por lo tanto, les sea permitido trabajar. Lo que significa primeramente que les sea permitido no hacer nada, hundirse en la fecunda ociosidad.
No quiero decir con esto que se deba mantenerlos. No, lo sabemos bastante: aun en las peores "condiciones de existencia", el artista se siente de tal modo más existente que cualquiera, que producirá lo que debe producir...
Pero que no se lo fatigue demasiado con reproches y sermones, que no se intente matar en él su pretensión, que no se lo persuada de que no está justificado.
Por último, si es posible, que se acepte su lección.
La humanidad, al fin, tendrá el mismo destino que sus artistas.
Una resuelta insubordinación es lo único que permite vivir a los hombres y las obras.
El hombre no es en modo alguno el rey de la creación. Es más bien su perseguidor. Perseguidor perseguido.
Perseguidor irrisorio, a decir verdad: no irrisoriamente perseguido.
¿Un animal como cualquier otro? Lo creo. Uno de los mejor dotados. Tal vez. Uno de los más insensatos. Sin duda.
Tanto más cuanto que, por su actividad para dominarlo, corre el riesgo de enajenarse el mundo, el hombre debe a cada instante, y he aquí la función del artista, reconciliárselo por las obras de su pereza.
(1) Juego de palabras entre écha-faudage
(tablado, andamiaje) y échafaud
Francis Ponge (Francia, Montpellier- 1899- Bar-sur-Loup, 1988)
(Traducción de Daniel Devoto)
(Conferencia en la Unesco, publicada en
Revista Sur Nº209/210 -Marzo/abril 1952,
reproducida en Diario de Poesía Nº16,
Primavera de 1990)
Revista Sur Nº209/210 -Marzo/abril 1952,
reproducida en Diario de Poesía Nº16,
Primavera de 1990)
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sábado, 27 de diciembre de 2008
NOSTALGIA DE LA TIERRA
Un día diremos: "Era el tiempo del sol
acuérdense, él va a aclarar la menor ramilla
tanto a la anciana como a la joven asombrada,
él sabía dar su color a cada objeto en que se posaba,
él seguía el galope del caballo y se detenía con él.
Era el tiempo inolvidable en el que estábamos en la Tierra,
cuando cualquier cosa hacía ruido al caer,
nosotros mirábamos por todas partes con nuestros sabios ojos,
nuestros oídos entendían todos los matices del aire,
sabíamos de lejos cuando venían los pasos de los amigos,
podíamos tomar lo mismo una flor que un guijarro del río
era el tiempo en que no podíamos atrapar el humo,
que es todo lo que nuestras manos pueden atrapar ahora".
Jorge Teillier (Chile, Lautaro, 1935- Viña del mar, 1996)
IMAGEN: Ramblers Paradise, pintura de Carol Ann Waldron.
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Poesía chilena
EN LA SECRETA CASA DE LA NOCHE
Cuando ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche
a la hora en que los pescadores furtivos
reparan sus redes tras los matorrales,
aunque todas las estrellas cayeran
yo no tendría ningún deseo que pedirles.
Y no importa que el viento olvide mi nombre
y pase dando gritos burlones
como un campesino ebrio que vuelve de la feria,
ni que las madres cierren todas las puertas
porque ella y yo estamos ocultos
en la secreta casa de la noche.
Ella pasea por mi cuarto
como la sombra desnuda
de los manzanos en el muro,
y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua
para una fiesta de ángeles perdidos.
El último tren pasa como un temporal
remeciendo las casas de madera,
las madres cierran todas las puertas
y los pescadores furtivos van a repletar sus redes
mientras ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche.
Jorge Teillier (Chile, Lautaro, 1935- Viña del mar, 1996)
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Poesía chilena
DONDE CRECIMOS

No hemos vuelto a la casa en que crecimos.
Ella pensaba que pronto regresaríamos
como días de lluvia
pero no la volvimos a ver
como a la primera niña que amamos.
El viento hojea el libro que aprendimos a leer.
Volvamos al cuarto en que la madre remendaba,
y hallemos la aguja y el dedal de la gallina ciega,
y en el baúl de los abuelos aquellas botas de montar
que creímos únicamente hechas para retratarse en las plazas
de provincia.
La lluvia vuela como todas las bandadas.
La única calle de la aldea
llega a todas partes
saltando puentes de madera: pasa
frente al Correo, la Escuela, el Retén, el Boliche;
va a la Iglesia los domingos
y el día que partimos
fue con sus dos veredas a la estación del pueblo.
Floridor Pérez
Floridor Pérez es un destacado poeta chileno, nacido en la localidad de Yates en 1937. Pertenece al grupo de escritores clasificado como “Generación del 60”. Además, es profesor de castellano, ejerciendo durante muchos años como maestro rural de enseñanza básica en la octava región, de media en el norte y en el centro del país en las univesidades Andres Bello, de Chile, Católica y Adolfo Ibáñez. Entre sus obras más reconocidas obras se encuentran "La vuelta de Pedro Urdemales"(1972) y "Mitos y leyendas de Chile"(1992), sus obras poéticas más destacadas son "Cartas de prisionero" (de tres ediciones) y "Tristura". Junto a Jaime Quezada dirigie el taller poético de la Fundación Neruda en la casa del poeta en Santiago, La Chascona. Obra poética: Para saber y cantar (1965); Cielografía de Chile (1973); Poema de Mío Cid (1977); Cartas de prisionero (1984 et al); Chilenas i chilenos (1986); Memorias de un condenado a amarte (1993); Obra completamente incompleta (1997); y Tristura (2004).
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Floridor Pérez,
Poesía chilena
VENUS EN EL PUDRIDERO

Observad cómo baila la danzarina,
con qué delicadeza
procura no salirse de la forma.
Cada paso, cada ademán, cada figura
llevan el secreto temor de derramar la belleza
que, entonces, transportada, un momento la asiste
Cruza, se inclina y gira,
como lo haría un cáliz cuidando no verter
el vino
y quedarse ajado y blando.
Horrible es la visión. No soportamos
la Belleza desasida del apoyo,
ni contemplar el Amor solo, libre, espléndido:
un vino en el aire suspendido
sin necesidad de la copa continente
Apenas la mano insolvente y menos eterna
no siguió dando respaldo a la caricia, y ésta, suelta,
es lo único que subsiste,
tampoco toleramos el objeto amante.
¡Torpe! ¿Es el cáliz o el vino lo que ansiabas?
O imaginabas hacer tuyos y poseer de un solo sorbo
danzarina y belleza, amada y amor,
motivo y embriaguez?
Turbado, maldices. Quieres aniquilar
ya no la copa de por sí pulverizada
sino el propio licor, que no la necesita.
Balbuces:
'Siempre ha de ser así, más fuerte el Amor que los amantes,
los actos, más que ellos mismos,
de modo que, dormidos,
si abren de pronto los ojos, aterrados contemplan
que el Otro, el Tercero, ha huido, y de ellos no quedan
sino dos cadáveres inocentes?'.
Con tiento, con tiento, amantes,
no améis demasiado fuerte;
bailarina, reprime tu danza: no ocurra que
sea tan vivo vuestro impulso,
que, desprendidos de vosotros,
Amor y Belleza
se presenten acusadores y terribles
y os reduzcan a vestigios para siempre.
(Fragmento)
Eduardo Anguita
Eduardo Anguita Cuéllar. Poeta chileno. Nació en Yerbas Buenas, Linares, en 1914. Estudió derecho en la Universidad Católica de Chile, carrera que no concluyó. A partir de entonces colaboró en numerosas revistas y diarios como Ercilla, Plan, Atenea, La Nación y El Mercurio, entre otras. Además fue redactor creativo para distintas agencias publicitarias y para las radios Minería y Agricultura. Su obra literaria comenzó en 1934, cuando tenía 20 años, con Tránsito al fin, poemario que fue traducido al inglés en 1942. Anguita, considerado miembro de Generación Literaria de 1938, inició su actividad creativa en un período en que se desarrollaban importantes movimientos estéticos de vanguardia, fundamentalmente el surrealismo y el creacionismo. Fue amigo y admirador de Vicente Huidobro y compartió búsquedas poéticas con Pablo Neruda y Volodia Teiltelboim. Además se mantuvo vinculado muchos años al grupo Mandrágora.
En 1935, junto a Volodia Teitelboim, publicó Antología de poesía chilena nueva. La edición de este libro, más allá de la encendida polémica literaria que provocó, fue un valioso aporte al reconocimiento de las nuevas tendencias poéticas de la época. En el prólogo de este volumen, los autores explican su idea o concepto de la función de la poesía: "La poesía no puede ser considerada como un entretenimiento útil al espíritu. Para el poeta ella es elemental, como cualquiera de sus funciones orgánicas: es un reclamo del ser, que pide ser representado dentro del cosmos, y en este sentido, la poesía responde lisa y llanamente al instinto de conservación del individuo". Esta antología incluyó a Vicente Huidobro, Ángel Cruchaga Santa María, Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Pablo Neruda, Humberto Díaz-Casanueva, Juvencio Valle, Omar Cáceres y a los antologadores. En 1955, el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo lo designó agregado cultural en México. Después de un año en ese país, publicó Palabras al oído de México (1960) y su recordada entrevista al escritor mexicano Alfonso Reyes. En este período, Eduardo Anguita practicó el oficio de cronista literario con el seudónimo de Osvaldo Guzmán Muñoz. Dentro de sus obras más destacadas se cuentan Antología de poesía chilena nueva (1935), Venus en el pudridero (1967), Poesía entera (1971), Antología de Vicente Huidobro (1945), El poliedro y el mar (1962), La belleza de pensar: 125 crónicas (1987) y Anguitología (1999). En su larga trayectoria literaria fue galardonado en distintos concursos: Premio Municipalidad de Santiago en dos ocasiones, por El poliedro y el mar (1963) y Poesía entera (1972); Premio María Luisa Bombal de la Municipalidad de Viña del Mar; y, en 1988, el Premio Nacional de Literatura. Alejado del mundo literario, falleció el 12 de agosto de 1992.
En 1935, junto a Volodia Teitelboim, publicó Antología de poesía chilena nueva. La edición de este libro, más allá de la encendida polémica literaria que provocó, fue un valioso aporte al reconocimiento de las nuevas tendencias poéticas de la época. En el prólogo de este volumen, los autores explican su idea o concepto de la función de la poesía: "La poesía no puede ser considerada como un entretenimiento útil al espíritu. Para el poeta ella es elemental, como cualquiera de sus funciones orgánicas: es un reclamo del ser, que pide ser representado dentro del cosmos, y en este sentido, la poesía responde lisa y llanamente al instinto de conservación del individuo". Esta antología incluyó a Vicente Huidobro, Ángel Cruchaga Santa María, Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Pablo Neruda, Humberto Díaz-Casanueva, Juvencio Valle, Omar Cáceres y a los antologadores. En 1955, el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo lo designó agregado cultural en México. Después de un año en ese país, publicó Palabras al oído de México (1960) y su recordada entrevista al escritor mexicano Alfonso Reyes. En este período, Eduardo Anguita practicó el oficio de cronista literario con el seudónimo de Osvaldo Guzmán Muñoz. Dentro de sus obras más destacadas se cuentan Antología de poesía chilena nueva (1935), Venus en el pudridero (1967), Poesía entera (1971), Antología de Vicente Huidobro (1945), El poliedro y el mar (1962), La belleza de pensar: 125 crónicas (1987) y Anguitología (1999). En su larga trayectoria literaria fue galardonado en distintos concursos: Premio Municipalidad de Santiago en dos ocasiones, por El poliedro y el mar (1963) y Poesía entera (1972); Premio María Luisa Bombal de la Municipalidad de Viña del Mar; y, en 1988, el Premio Nacional de Literatura. Alejado del mundo literario, falleció el 12 de agosto de 1992.
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ELLA
Ella daba dos pasos hacia adelante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos
de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas.
Vicente Huidobro (Chile, Santiago, 1893- Cartagena, 1948)
IMAGEN: La actriz Monica Bellucci.
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CARBÓN

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.
Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.
Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.
Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.
Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.
Gonzalo Rojas
Gonzalo Rojas. Poeta chileno. Nacio en Lebu, Arauco, en 1917 y Murió en Santiago, 2011. Inicia su itinerario poético como miembro del grupo surrealista Mandrágora entre los años 1939 y 1941. En 1948 publica su primera colección de poemas, La miseria del hombre. Después siguieron Contra la muerte (1964), Oscuro (1977), Transtierro (1979), Del relámpago (1981), 50 poemas (1982), El alumbrado (1986), Materia de testamento (1988), Desocupado lector (1990), Río turbio (1996), y dos recopilaciones: Antología de aire (1991) y Poesía selecta (1997). Ha recibido el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1992) y el Premio José Hernández (1997), además del Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo (1998) y el Premio Cervantes (2003). Pertenece a la dinastía de los más intensos poetas en lengua española y su obra parca y rigurosa discurre incesante desde 1938. Ha sido traducido al francés, inglés, alemán e italiano entre otras lenguas.
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¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.
Gonzalo Rojas (Chile; Lebu, Arauco, 1917- Santiago, 2011)
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UN RESPLANDOR EN LA MEJILLA
Y Utopía fue el veterinario,
el hombre feroz, la vieja en silla de ruedas cercada por sueños,
y los personajes de los sueños incompatibles se fueron masacrando
uno tras otro, hasta dejar un stock de pesadillas vacías.
Y Utopía fue un reflejo opaco en el interior de un vegetal.
Vitrinas, maniquís desnudos, ebrios tirándoles besos a las nubes.
Un laberinto de escaleras eléctricas por donde vagaban
unos niños extraviados que tenían el corazón maravilloso
hasta la náusea.
¿De todo eso qué vi realmente? ¿Con qué ojos tremendos
contemplé el olor puro de aquella muchacha sencillamente parada
en la entrada de un circo? Sólo recuerdo
haber estado demasiado tiempo en un cuarto blanco leyendo novelas
policiales; casi toda mi vida mientras tú me mirabas desde
una ventana redonda, como de baño público, y
detrás de ti unos caballos mordisqueaban nubes y
los adolescentes se reían como si acabaran de salir del desierto
con los bolsillos llenos de dinero gratis.
Dinero gratis, dinero gratis, amor gratis, un resplandor
inconcebible en la mejilla. Soñadores transformándose a sí mismos
pero incapaces de convencer a una muchacha de que la aman.
Nubes gratis y vacías, restaurantes gratis y vacíos,
automóviles fríos rumbo a las playas doradas del Pacífico,
visiones de Michelangelo para todos, ojos que se cierran
con la velocidad de la luz, y su armonía, estrépito de cisnes,
estrépito de humedad.
Comida gratis, bebida gratis, lluvias divertidas
e interminables como las novelas de Víctor Hugo.
Hospitales gratis, desiertos gratis, animales gratis, deseos
de caminar sobre las manos, de ponerse una corona de espinas
eléctrica y luminosa.
Blue-jeans rayoneados de ternura, escenas de teatro
en la orilla del mar prolongadas hasta el infinito, tres años
de asco y amor, tres años de enfermedades infantiles
enmierdadas con precisión, y los duros arbolitos, pero
los duros arbolitos, mientras los duros arbolitos
como lanzas florecían.
Y gemí, y dije ya no sé qué decir, la oficina está vacía,
los submarinos explotan como fetos en las fosas del Atlántico,
alguien me acaricia el pelo y dice que ya está igual de largo
que el suyo, y yo tuerzo el cuello como un solitario cigarrillo
aplastado en la noche enorme y la miro, esperando volver a sentir
en los párpados la tibia obsidiana de los sueños, cuando en
las mañanas nos abrazábamos sin querer despertar, perdidos
en las llanuras de escamas, mientras cae nieve y el frío sonríe
desde un cenicero absolutamente limpio, y no queremos despertar,
y no sabemos qué decir: los labios partidos,
la cara blanca del invierno manchada de lipstick.
La velocidad se detiene, mira hacia todas partes, enloquece
a las fechas. Un anarquistoide muerto bajo las ramas
plateadas de un sauce. Encima de él la primavera violeta. Fuera
de ese cuadro una muchacha sueña renacimientos atroces.
Y está bien, está bien, ya púdose prender la chimenea y cerrar
puertas y ventanas. Ningún brillo va reemplazar nada.
No habrán formas de arder que completen esta nube cargada
de lluvia.
No habrá viento contra este resplandor acuático. Ni callejones
violetas
ni suaves caderas antiguas. Ese jaleo al subir las mil escaleras
del ojo abierto: automóviles llenos de Sol estacionados
en todas las esquinas de tus venas. Una sonrisa sin contexto,
una mano crispada fuera de la foto.
Roberto Bolaño (Chile, Santiago, 1953- Barcelona, 2003)
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ESPECIALISTAS EN LITERATURA Y BALÍSTICA

Empezaron por apretarle la cola a las palabras
no para hacerlas rugir sino para que chillaran hasta el paroxismo
las dejaron convertidas en un guiñapo
más tarde les zurcieron la espalda para que siguieran existiendo
finalmente las encerraron en pequeños compartimentos estancos
para que se quedaran inmóviles
luego las agruparon según su debilidad o su hobby favorito
las pervirtieron y les dieron padres que creyeron auténticos
las ensalzaron las degradaron las remitieron a sus propios juicios
y opiniones
les dieron de comer con sus propias células
las tornaron exactas
las llenaron de primos hermanos fabulosos
les inventaron un lugar en la historia
les buscaron antropólogos sociólogos y sicólogos
las incorporaron a la ciencia para que crecieran seguras y dentro del sistema
apoyaron su aparato con otras palabras que se fueron ensalzando
a sí mismas como en una pirámide
se sintieron padres hijos nietos y tatarabuelos de las palabras
las manipularon las violaron las convirtieron en objeto
las dejaron de nombrar para que dejaran de moverse
las reprimieron hasta que sólo ellos se sintieron autorizados
a decirlas
formaron sus propios edificios de palabras
las adoraron y yacieron con ellas
ellas les dieron hijos que se juntaron en frases descomunales formando familias de manuscritos que crecieron en edificios
ruinosos
y al final cuando reprodujeron sus propias leyes a un idioma
ya casi intraducibie
cada uno acaparó sus propias palabras dentro de sí
cada uno se sentó a comer sus palabras
cada uno lloró por sus palabras que ya nadie entendía
cada uno se vistió con ellas cuidadosamente y salió a rezar
el evangelio.
Desde entonces todo transcurre en el silencio.
Naín Nómez
Naín Nómez. Poeta y académico chileno (Talca, 1944). Ha trabajado en diversas universidades en Chile y el extranjero. Actualmente es profesor titular de Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad de Santiago y miembro del Consejo Editorial de Lom Ediciones. Ha publicado una docena de libros, entre ellos obras poéticas, antologías, ensayos, crítica literaria, estudios culturales y numerosos trabajos sobre el poeta Pablo de Rokha. Entre sus obras podemos mencionar: “Historias del reino vigilado” (1981); “Países como puentes levadizos” (1986); “Pablo de Rokha, un escritura en movimiento” (1988); “Pablo de Rokha y Pablo Neruda, la escritura total” y “Antología crítica de la poesía chilena” (Lom Ediciones), tomos I y II. Su libro de poemas “El movimiento de las salamandras” publicado en 1999, fue premiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha participado en diversas charlas, cursos y seminarios en Chile y el extranjero abordando temas literarios y culturales.
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