viernes, 10 de mayo de 2013

Una canción tan fría y tan apasionada como el alba

















Latas, vasos de plástico tirados al azar. Arranca 
el día; arranca y muestra drástico en la playa 
vacía el final de la fiesta. En la luz fría, 
tapado con arena a nuestros pies, el resto 
carcomido de un tronco humea apenas.

Detrás el mar, el ruido 
opaco de las olas repetido.



Cuerpo


Belén, casa del pan. Pasa la noche.

Son de noche los huecos en la pared de piedra
mirando en el vacío de la noche.
Y son ojos callados mientras pasa la noche.

Belén, casa del pan.
Un llanto, una mujer abierta.

Pasa la noche. Pasa
por el cuerpo del asno,
por el cuerpo del buey, echados en la paja,
por la bruma caliente que respiran
mientras pasa un segundo
y después otro
y otro,
por sus ojos abiertos que reflejan
un llanto que se calma
cuerpo a cuerpo.

Belén del cielo despejado y frío. 
Belén del asno santo.

Belén, casa del pan, el trigo roto, el agua. 
Casa del pan, Belén, la harina, el fuego, 
la pura levadura: una mujer, la rosa repentina 
de su risa en la noche, cuerpo a cuerpo, 
la risa de su carne.

Pupila que titila,
pupila vulnerable que titila
mientras pasa la noche,
casa del pan,
Belén.



Alejandro Crotto (Buenos Aires, Argentina, 1978)





miércoles, 8 de mayo de 2013

Las mujeres de la generación de mi madre






















las mujeres de la generación de mi madre
cantaban boleros en el jardín
a la hora de la siesta
se teñían de rojo el pelo
porque amaban a Rita Hayworth
deseaban al hombre de su prójimo
a escondidas del cura
que bendijo su matrimonio
erguidas en sus tacos
besaron el mar
en los ojos de Clark Gable
destiñeron con sudor
el traje de alpaca
del bailarín con aire de actor
el último sábado de carnaval
y volvieron a casa
pasadas las doce
con un pie descalzo
húmedas de amor
tejieron a dos agujas
el tapadito rosa
de la primera hija
remendaron a pedal
el desconsuelo
mientras ellos perdían la voz
en el gol del ascenso
Quisieron ser reinas
y arrojaron cetro y corona
a las brasas
donde ardía
la ración
para el hambre de los suyos

quisieron ser
y para no gritar
acunaron al ritmo de foxtrot
el aguijón de veneno
en la boca del estómago

guardaron
bajo siete llaves
en siete ataúdes
el sueño de conocer París
el anillo de compromiso
los primeros dientitos del varón
en cinta de raso bebé
la pelusita de la recién nacida

en tiempos de falsa bonanza
nosotras
escribimos poemas
tuvimos amantes
fuimos realistas
y pedimos lo imposible
un día
llegamos a París
y tiramos las cenizas en el Sena
para cumplir
su última voluntad



RETRATO


un brazo sostiene el mentón 
sobre la pierna inmóvil 
el otro descansa 
apenas define la silueta 
una bata floreada 
en la primera sombra 
de la tarde

podría ser un cuadro 
si no fuera 
porque el rumor 
de su pulso 
desgarra el aire 
de ventana 
a ventana


Silvia Tocco




Silvia Tocco. Poetas argentina (Buenos Aires, 1954). Es médica, psicoanalista y especialista en Psiquiatría infantil. Ha trabajado en talleres de escritura con niños con problemas emocionales. Publicó Después de la tormenta, Editorial Libros de Alejandría. Argentina, 2000 y "La cercanía del mar", Ed. El Mono Armado, 2009, de donde fueron extraidos los poemas que presentamos.



lunes, 6 de mayo de 2013

La enagua cuelga de un clavo en la pared





















Es la grieta de una pared la que miro hace días. Lentos 
insectos blancos duermen en un ángulo más oscuro y más 
húmedo. La pared parece hecha para que apoye en ella mi 
frente y duerma (paño frío de cal sobre los labios)
       "pobres mujercitas, pobres chicas abandonadas" 
es el único viento que silba en nuestros corazones 
silba entre las persianas flojas de nuestras cabecítas desatinadas
       -una mano venía por el aire para golpear mí oído 
silencio   desprende veneno una cápsula rota
       el pequeño strass que adornaba mi oreja estalló 
       polen que brilla en las maderas del suelo 
ahora la visión de unas manos con uñas cuadradas nos da taquicardia
mujercitas     siempre tensas continuando la línea de unos 
tacos negros
siempre perfumadas de aburrimiento y pasión 
de nucas desnudas
de nucas embalsamadas por el aire que devuelven las enaguas 
mujercitas del sur     con una mirada que insiste hacia las 
estrellas frías
de dedos mojados en ungüentos     en fósforo
mujercitas      perdidas en su musitar palabras improbables 
pesadilla/perfume
      y después la cámara
      sigue la caída de un pétalo desde los balcones de 
      piedra.
      ¡qué tonto es todo lo que hicimos!
      ¡qué fastidioso el espiar de nuestras madres sobre nuestro 
corazón! así miran las modistas la casa incendiada, la casa 
muerta de ceniza incrustada en el pasaje estrecho de una 
ciudad moribunda
qué mal hicimos todo   la torpeza de nuestros dedos en 
el cuaderno enfermo, en la batista de cursis bordados ¿qué 
falta no absorbieron nuestras manos decaídas y pálidas? abrimos 
la llave del gas, los frascos, las puertas de las terrazas y
desalentadas vamos a ducharnos sin honor    ¿cuándo
seremos heroicas cuándo ahorcarnos en un cable cuándo 
provocaremos un temblor? 
mujercitas             mujercitas
ni putitas ni niñas ni madonas
el humo arrancado a las agujas de pino, ése el calor de nuestras 
miradas sobre los lentos objetos, las piernas de los hombres y 
los animales mutilados. El hambre de bondad nos hace estremecer 
en lo oscuro; el hambre de palabras plácidas palabras 
calmantes cómo una capucha para nuestras nucas volcadas 
como flores, que ya no pueden sostenerse en un jarro.



(Fragmento de "La enagua cuelga
de un clavo en la pared")

Leonor García Hernando







Leonor García Hernando. Poeta argentina, nació en Tucumán en 1955 y residía en Buenos Aires hasta el momento de su muerte (de cáncer, en 2001). Formó parte del taller literario "Mario Jorge de Lellis" y de la dirección de la revista Mascaró. Publicó Mudanzas (1974), Negras ropas de mujer (1987), La enagua cuelga de un clavo en la pared (1993) y Tangos del  asesinato-Tangos del asesinato (1999) y El cansancio de los materiales (2001).




sábado, 4 de mayo de 2013

Instanto

























PERSONA

Cosa que acaba. Trozo que tiene fin. Sujeto. Que no dura, que se extingue. Mengua. Asunto finito, que finaliza. Fiesta que termina. Cosa que pasa, se apaga, afina. Persona. Trozo que declina. Que será cenizas. Que el suelo devora. Fuego que el viento sopla. Burbuja que estalla. Sujeto. Líquido que evapora. Basura que se arroja. Cosa que no sobra, zozobra, se va. Que nada fija. La foto amarillea el film quema embrolla la memoria falla el papel se rasga se pierde no se repite. Persona. Pedazo de pérdida. Cosa que cesa, fenece, se pudre. Hambre que se sacia. Asunto que sume, que se consume. Sujeto. Agua que el sol seca, que la tierra bebe. Algo que muere, fallece, desaparece. Tipo, bicho, objeto. Nombre que se olvida.



AS COISAS

El vidrio quiebra pero no se derrite. El plástico se derrite pero no quiebra. Así son las gafas. Estructura plástica para lentes de vidrio. El espejo muestra, el vidrio deja ver. Así son los vidrios. El mármol es usado en las tumbas. La madera pulida no suelta astillas. Las burbujas cuando estallan no dejan trizas. El vidrio no se pudre, ni en la humedad, ni debajo de la tierra. Después de años enterrados los muertos miopes, restan apenas los huesos y las gafas. Y cuando no queden ya huesos aún estarán intactas las gafas. Si el vidrio es negro, los ojos desaparecen. Así son las gafas oscuras. Muestran pero no dejan ver. El hierro cromado no se oxida. El vidrio de la ventana retiene la lluvia pero deja pasar las escenas. El agua estancada espejea como la plata. Así es el agua. Si hay luz de un solo lado el vidrio espejea, como el agua estancada. La plata después de años ennegrece. Así es la plata. La piedra cuando toca fondo turba el agua. Así es la pérdida.




Porque yo te miraba...

porque yo te miraba y tú eras mi cine, mi Scarlet O' Hará, mi

Excalibur, mi Salambo, mi Nastassia Filípovna, mi Brigite Bar-

dot. mi Tadzio, mi Anne, mi Lou Salomé, mi Lourraine, mi Ceci,

mi Odete Grecy, mi Capiíu, mi Cabocla, mi Pagu, mi Barba-

rella, mi Honey Moon, mi amuleto de Ogum, mi Honey Baby,

mi Rosemary, mi Merlin Monroe, mi Rodolfo Valentino, mi

Emanuelle, mi Bambi, mi Lilia Brick, mi Poliana, mi Gilda, mi

Julieta, y yo te decía de mi amor y tú reías, suspirabas y reías.

(De: "Instanto", Anlotogía poética,

Kriller 71 Ediciones, 2013)

Arnado Antunes


(Traducción Reynaldo Jiménez e Ivana Vollaro)



Arnaldo Antunes nació en San Pablo, en 1960, es un músico y poeta brasileño. Participó en vídeos, performance e integró desde 1982 a 1992, la banda de rock paulista Titâs, una de las más importantes del rock brasileño en la década de 1980. En Titãs actuó como vocalista y compositor, participando en siete discos. Como poeta, publicó los libros OU E (1983), Na (1986; 1991), Judos (1a ed. 1990; actualmente 49 edición), As coísas (1992; actualmente 5a edición), Home (video-libro-cd, 1993) y Doís ou maís corpas no mesmo es-paco (libro con cd, 1993). Editó revistas de poesía, participó en diversas publicaciones colectivas y exposiciones de poesía visual (vg. en las Bienales de Arte Moderno de de Sao Paulo y de Porto Alegre, presentó instalaciones para la observación de palabras a través de distintos procedimientos). Después de salir de Titãs, continuó componiendo para la banda. Pero inició su carrera en solitario como cantante, compositor, poeta y "videasta", lanzando el disco-libro-vídeo "Nombre" em 1993, al que siguieron "Nadie" (1995), "El Silencio" (1996) y "Un Sonido" (1998). Varios intérpretes ya grabaron canciones de su autoría: Marisa Monte, Gilberto Gil, Rita Lee, y muchos otros. Se hizo también uno de los nombres más conocidos en la poesía contemporánea brasileña y sus composiciones integran antologías internacionales. Compuso en 1999, la banda sonora para el espectáculo "El Cuerpo", del grupo de danza minero, que salió en disco en 2000. Doble Duplo” (selección, traducción y arte por Iván Larraguibel) -2000- Ed. Zona de obras/ Tangará, España “Outro” (realizado junto a Maria Angela Biscaia y Josely Vianna Baptista) -2001- Fundação Cultural de Curitiba; “Palavra Desordem” -2002- Ed. Iluminuras, São Paulo; En 2002, lanza en asociación con Marisa Monte y Carlinhos Brown, el CD "Tribalistas", apuntando más a una estética musical. El disco recibió ese año el Premio Grammy latino; ET Eu Tu (poemas de Arnaldo Antunes y fotos de Marcia Xavier) -2003- Ed. Cosac & Naify, São Paulo; “Antologia” -2006- Quasi Edições. Vila Nova de Famalicão, Portugal; “Como é que Chama o Nome Disso” -2007- Publifolha , São Paulo, Brasil.





jueves, 2 de mayo de 2013

Yo iba a ser Homero



contranarciso


en mí
yo veo al otro
y otro
y otro
en fin decenas
trenes pasando
vagones llenos de gente
centenas


el otro
que hay en mí
eres tú

y tú


así como 
yo estoy en ti 
estoy en él 
en nosotros 
y solo cuando 
estamos en nosotros 
estamos en paz 
aunque estemos a solas


contranarciso

em mim
eu vejo o outro 
e outro
e outro 
enfim dezenas 
trens passando 
vagôes cheios de gente
centenas

o outro
que há em mim  
é você 
você 
e você 

assim como 
eu estou em você 
eu estou nele 
em nós
e so quando
estamos em nós
estamos em paz
mesmo que 
estejamos a sós



me gustaría tanto 
ser un poeta maldito 
el pueblo sufriendo 
mientras yo profundo medito

me gustaría tanto
ser un poeta social
rostro quemado
por el aliento de las multitudes

en cambio
aquí me ves
echándole sal
a esta sopa rala
que mal alcanzará para dos


eu queria tanto
ser um poeta maldito
a massa sofrendo
enquanto eu 
profundo medito

eu queria tanto
ser um poeta social
rosto queimado 
pelo hálito das multidôes

em vez
olha eu aqui
pondo sal
nesta sopa rala
que mal vai dar para dois



suerte en el juego 
desgracia en el amor
¿de qué me sirve 
tener suerte en el amor
si el amor es un juego 
y el juego no es mi fuerte,
mi amor?


sorte no jogo
azar no amor
de que me serve
sorte no amor
se o amor 
e um jogo 
e o jogo nâo é meu forte,
meu amor?



    ay de aquellos 
que se han amado sin pelearse jamás
    aquellos que han dejado 
que la herida nueva
    se convirtiera un día en llaga antigua

    ay de aquellos que se han amado 
sin saber que el amor es un pan casero
    y que la piedra no vuela solamente 
porque no quiere
    y no por falta de alas


ai daqueles
que se amaram sem nenhuma briga
aqueles que deixaram
que a mágoa nova
virasse a chaga antiga

ai daqueles que se amaram
sem saber que amar é pâo feito em casa
e que a pedra só nâo voa 
porque nâo quer 
nâo porque nâo tem asa



al abrir un antiguo cuaderno descubrí esto:
antiguamente yo era eterno


abrindo um antigo caderno
foi que eu descobrí
antigamente eu era eterno



tardes de viento 
hasta los árboles
quieren venir adentro


tarde de vento
até as árvores
querem vir para dentro



Lápida 1

                 epitafio para el cuerpo


Aquí yace un gran poeta. 
Nada ha dejado escrito.
Este silencio, medito, 
son sus obras completas.


LAPIDE 1 (epitafio para o corpo)

Aqui jaz um grande poeta.
Nada deixou escrito.
Este silêncio, 
acredito, 
sâo suas obras completas.



(De: Yo iba a ser Homero, Kriller 71 ediciones, 2013)

Paulo Leminski
                                  (Traducción: Aníbal Cristobo)




Paulo Leminski. Escritor brasileño, nacido en Curitiba, en 1944. Fue poeta, narrador, ensayista, traductor y músico. Su obra fue portavoz de la poesía concreta paulista de los años sesenta. Compositor de letras de canciones, grabadas entre otros, por Caetano Veloso. Redactor de publicidad. Traductor de obras de James Joyce, John Lennon, Samuel Becktett, entre otros. Colaboró en diarios y revistas de renombre en Brasil, como Invençao (donde se inició) y Vanguardia, página que dirigió en el Correio de Paraná, entre otras. Fue un estudioso de la lengua y la cultura japonesas. Publicó en 1983 una biografía de Bashô. Su obra ha ejercido marcada influencia en todos los movimientos poéticos de los últimos 20 años. Algunos de los libros de su autoría son Catatau (prosa poética experimental, 1967), Caprichos e relaxos (poesía, 1983), Distraídos venceremos (poesía, 1967), Agora é que são elas (romance, 1984), Giacomo Joyce de James Joyce (traducción, 1985), Sol e Aço de Yukio Mishima (traducción, 1985), La vie en close (poesía, 1991), Metaformose (prosa, 1994), Winterverno (poesía, 1994), y Vida (ensayos-biografía, 1990). El abuso del alcohol causó una cirrosis hepática en Leminski, que derivó en su muerte, el 4 de junio de 1989.




martes, 30 de abril de 2013

Mundo natural








































Animales cansados. Luciérnaga destruida. Bichuelo fijado en el orillo del sombrero. Revoloteo de almas en un desván. No podemos asir las almas. Es imposible que giren y el Beso... un Beso muy fuerte que respire agua/vaho. Las almas oscuras viven en el rostro desgastado por el reflejo de las paredes y el silabeante sonido de los llaveros que dan saltos. Llevan detrás de su sombra el boceto de un primer Amor. Almas como isla medrosa que boquea. Entre los yuyos, las almas sorben del cuello de los insectos la interminable serenidad y así logran cierto volumen frente al espejo.




Hay seres que nada los asombra. Como si arrastraran una memoria de otra vida. Peor aún. Otros logran alejarse de sus vidas unas horas sin saberlo. Regresan con un recuerdo borroso de lo visto. Ellos son los sensibles. Con el tiempo se transmutan en locos o deambuladores que alimentan ocas salvajes en un cuarto de pensión. Fijan sus ojos en una página en blanco, convencidos de vislumbrar ese futuro ya percibido. A este oficio o riesgo fallido se lo conoce con el nombre de Poesía.



Detente. Pregunta quién desea tomar tus cabellos, saltar tu tapia. Soñar y volver a crear. Hay una divinidad jugando que ofrece un pezón inagotable. ¿A quien reclamar la juventud cuando el Amor exige todo el tiempo? Agitarse. Qué importa si es asfixia u opresión, llevarse un gesto favorable. Brevedad, tu Cielo es inmenso. La Luz, único viajero en tomar lo más desafortunado: el cuerpo. Continuar. La acción se diluye como una trenza de cenizas. Siempre creer que Amar develará el secreto de un rostro. El Amor va detrás de la parte que el mundo ignora. Quien no ignore una parte suya no obtendrá Amor. ¿Quién que haya abandonado el mundo quiere volver a él? ¿Quién al morir no se llevó el Amor? Con un sonido de alhajas da comienzo el amanecer y su continua búsqueda del misterio que reside, imperceptible, mutando de escalofrío a anillo de oro bajo la arena. Por favor pregunta: ¿por qué el Amor, ese insignificante, ante dos cuerpos frágiles, se transforma en monstruo? Tal vez entiendas que la estrategia para algunos, sea despreciar el Amor, para que les dé su apoyo.




Samuel Bossini





Samuel Bossini,poeta argentino, nacido en Santiago del Estero, en 1957. Publicó con el seudónimo de Pablo Narral los libros de poemas El sonido y la furia, Para una fiesta nocturna y Oscura tierra. Dirigió la revista Caballo de lata y coodirigió la revista El jabalí desde su fundación hasta el año 2001. Integró el Consejo de Redacción de Último Reino. Desde 2001 hasta la actualidad dirige Malvario revista de literatura y arte. Fue invitado a distintos festivales y congresos de poesía en Argentina y en el exterior. En el Centro Cultural España Buenos Aires (antes llamado ICI) presentó, junto al poeta José Tono Martínez, a los escritores: Marosa Di giorgio, Gonzalo Rojas, Eugenio Montejo, Antonio Cisneros, Carlos Edmundo de Ory. Textos y poemas suyos son publicados en revistas nacionales y extranjeras.Los poemas que presentamos pertenecen al libro "Mundo natural", Ediciones Malvario, 2012.






domingo, 28 de abril de 2013

CANTOS PARA DAFNE FLORECIDA








































Conoce ¡Oh Dafne! al fin, este amor sin reposo,
esta raíz ardiendo donde nacen las verdes espesuras conmovidas.
No te apiaden sus ojos de adolescente ciego riendo en la llanura,
ni bajo la venerable luz de las encinas sin memoria
tiemble tu voz por sus débiles manos de niño dulce y desdichado.
Conócelo en su noche; en las lentas poblaciones del sueño
cruzadas por arcángeles sin gracia,
por fatigados animales fríos o tenaces ráfagas de sed.
¡Ah! Es el enamorado de sí mismo

quemándose entre maravillosas espadas
por querer ser ceniza, algo que se termina.
Es el amor sediento entre un sueño de fuentes verdes en el estío
junto a la paz de un rey de lentísima piedra que en otros tiempos, ya,
vigilaba el destino del ciprés. Es ese llanto seco que no alumbra 
los ojos del amante marchito ni convoca las joyas ilustres de sus lágrimas; 
es el grito sin eco donde descansar luego y es también la soledad de llanuras
quemadas sin reposo; esa triste hermosura de los imperios castigados
con invasiones  ardientes y leopardos de oro y lluvias de ceniza.

Búscalo detenido junto a los mediodías fugaces de las rosas.
Es también el amor, el nuevo amor, el pausado enemigo
que en los últimos días cuando aún sonreíamos
anunciaba en verdores el floreciente llanto.
¡Oh, las violetas de entonces y los besos que oscurecían tus débiles rodillas
en nuestra soledad inmemorial y triste de ya ausentes!
¡Y la callada y victoriosa hiedra
creciendo  con nosotros  hacia donde ya  nada  y nadie esperarían!

¡Ah! Pero tú aún sonríes y amas la graciosa retama y te cubres 
de hojas brillantes y de suaves amores. A veces un sonido  lejano  
de  oro muerto,  temblando entre las frondas,
te lleva hasta otro sueño de vírgenes orillas y de tallos recientes.
Y ves correr mis lágrimas de doncel que se muere con un laúd 
de frío en las manos mojadas. Pronto despiertas, Dafne, en tu orilla
impasible mientras los adolescentes se queman, enlazados, 
en el esbelto fuego de sus hermosos brazos moribundos.

¡Ah, Dafne, Dafne! No conoces el duro vendaval, el terrible e inmóvil rumor
de la mano en el pelo áspero y tibio en la media noche;
ese pálido viento de las madrugadas atroces y celestes! 
Tú no conoces las oscuras memorias donde el grito no suena,
donde el sollozo no tiene pecho donde estar, ni el amor 
labios donde morir de amor o felicidad, su enemiga, su amante...

Tú no conoces nada;
ni el rumor repetido de la ausente arboleda,
ni la luz de los falsos rosales venturosos,
ni siquiera esta voz con que digo: ¡Te quiero!
jAh, si sólo fuera la tarea impar de olvidar el amor!
¡Si sólo fuera lo sencillo de quemar la arboleda y no
de sustentarla sangre con sangre unidas y en soledad eterna!

Así pasan los días arrastrando sus deplorables flores resignadas,
sus arpas sin arcángeles, sus rasos taciturnos. 
Aureolas cenicientas de la fiesta olvidada se hunden en los tesoros de niebla
del espejo y cada día tristemente se parece a otro día que ya hemos llorado.

Llega el reposo, a veces, desde la gris  llanura donde
muere el amor y  entonces los  cansados sillones empiezan a olvidarse despacio
en las pálidas fundas de frío lienzo endurecido. Las cintas se deshacen en los
cofres de marfil fatigado y la noble madera se destruye minuciosa y dorada.

Nadie enciende tampoco el candelabro de plata en las noches de lluvia y
corredores 
y las antiguas palabras ya no maldicen a los amargos varones de la casa.
Así, un día la púrpura roída de un cortinado cae
entre oro polvoriento y delgadas arañas;
y los mohosos ornamentos se deslizan por las paredes en la noche
con un rumor de pasos, de servidores muertos, en las alcobas clausuradas.
Es el tiempo de morir. Sonreímos. Ya la hiedra mal¬dita se ha secado.

¡Ah, pero no, Dafne, Dafne!
El fuego está creciendo en la raíz inmemorial de las piedras
y se alza el rumor de las fuentes que te buscan sin cauce. 
Hacia ti van los ríos como ciervos de espumas y delirio. 
Las arenas desatan su sed entre tus labios inmortales y en una soledad 
de arpas iluminadas un ángel nos castiga con su rama de fuego. 
¡Ah cómo nos engañamos, criaturas de sueño!


¡Cómo decimos mirando el aire nuevo, el agua en flor
y el conmovido junco: "He aquí la profecía cumplida. 
¡Los reinos de la dicha que llegan"!

No. Tú no sabes nada, nada ¡Oh Dafne florecida!
No sabes cómo hiere este amor que retorna,
cómo es de apasionada su solitaria tierra,
no sabes como, pronto, el llanto es nuestro hijo pródigo.
No. Nunca sabrás nada en tu gracia de venablo y de fuente.
Nunca sabrás como el amor llega a ser una incesante
hiedra apagada y sedienta; como  llega a ser la interminable  soledad de  esos
dos que se quieren y que no tienen brazos con que enlazar su floreciente tierra,
ni ojos con que dormir en su pureza pálida de amantes. No. Nunca sabrás
nada. Nada. Ni aunque en la paciente madrugada el caballero ciego 
encienda el candelabro tantos años caído,
en la ventana frente al mar indescifrable y sus  pálidas manos se parezcan
tanto a otra  antigua y perezosa hiedra;
ni aunque me sientas por la noche, enloquecido, buscarte por los mares vacíos;
o aunque mi triste boca de varón en sollozos
te pregunte tímidamente por el antiguo jaramago o el álamo de entonces,
tú nunca sabrás nada, oh, Dafne en flor, hija del agua amarga.
Estas son mis palabras. Las borrarán tus fuentes naciendo en el estío.

Llegará un día acaso en que en la noche sin amparo pasees desvelada 
y culpable con tu cuerpo vestido de frío por las alcobas donde la dura sed 
no reposa. O que vestida acaso con trajes de hermoso luto, entre las frías
dalias insomnes bajo la luna, preguntes por el maligno amor que no secó 
las verdes raíces de tus ríos. Querrás reconocer entonces los retratos que
midieron
la muerte en olvidados cofres,
alzar el candelabro caído entre las manos de la lluvia, volver a levantar 
el cielo de las arpas en el salón iluminado, pero no tendrás manos, ni ojos,
ni memoria, ni este  rumor de adolescente  herido sangrando entre
la hierba.

Y querrás preguntarme atormentada, ¡oh Dafne, Dafne! porqué el amor se yergue
hasta ser azucena purísima en su gracia
y porqué luego, lentamente el amor se desnuda para ser una espada de
ceniza y de frío. 
Y entonces no estaré para decirte: ¡Mira! 
Y mostrarte la llanura de silencio, el olvido.



Alfonso Sola González (Argentina,  Paraná, 1917-Mendoza, 1975)




IMAGEN: Elmito de Dafne y Apolo, pintura de XAVIER VALDERAS.



RESUMEN del mito: La serpiente Pitón, en la mitología griega, era un monstruo de cien cabezas y cien bocas que vomitaban fuego; era el terror de la campiña de Tesalia porque arrasaba a hombres y animales. Cuenta Ovidio que Apolo, orgulloso por haberle dado muerte, osó desafiar a Cupido, hijo de Venus y de Marte. Este, para castigar tal osadía, tomó dos flechas de su aljaba. Una tenía la punta de oro e infundía amor; la otra era de plomo e inspiraba desdén. Cupido dirigió la primera hacia Apolo, y disparó la segunda a Dafne, hija del río Peneo y de la Tierra. Una violenta pasión por la hermosa ninfa se apoderó entonces de Apolo. Sin embargo ella, herida por la flecha del desprecio, huyó rápidamente tratando de esconderse. Apolo corrió en busca de Dafne, pero ésta, al verse perdida, solicitó la ayuda de su padre. Tan pronto como cesaron sus gritos de socorro, una corteza suave le encerró el pecho, sus cabellos se transformaron en hojas verdes, los brazos en ramas, los pies se fijaron en el suelo y la ninfa quedó transformada en laurel. Apolo, no dispuesto aún a darse por vencido, abrazó el árbol y lo cubrió de ardientes besos, pero incluso las ramas retrocedían asustadas de sus labios. Juró el dios Apolo: “Si no puedes ser mi amante me serás consagrada eternamente. Tus hojas serán siempre verdes y con ellas me coronaré”. Desde entonces, el laurel es el símbolo de Apolo y con él se galardona a los vencedores, artistas y poetas.





viernes, 26 de abril de 2013

De la última muerte


I

Esta constante y confusa música,
una melodía
en su hebra de polvo y relámpagos.
                     Yo regresaba, 
el brazo ardiente, la mirada aturdida,
                     su piel retumbaba joven, mordida, desnuda.
                                            Recuerdas, sí 
acaso mañana o pasado mañana: hay tantas cosas por hacer
                                         que uno no sabe, 
que el tiempo se va, que ya no sé.
                              Pero más allá, en el ocaso alto
donde un ala de fuego o un sueño hecho de piedras, de 
exorcismos, de un oro apagado y mudo 
           Oh altiva Oh desnuda
                         envuelta en fiebres remotas:
                                                     FUENTE
de remordimiento de un color azul suicida, azul de bestias, de 

aguas que se rompen en cenizas no saciadas.
                     Sí, tal vez mañana o pasado mañana...
                                 Yo recuerdo una música 
el opaco temblor de la vida: su voz en el teléfono.
                                    Y más allá, la última, 
la única palabra: adiós
                      amor mío
                               adiós


II


                                Y ojos de piedra 
invitando a llanuras donde crece
                              el color de sus ojos
                                   antiguos de aire y locura. 
Más blanca que el grito, más tierna que el golpe de alegrías no
                                                       nacidas 
más viva que el mar.
                    Amor, yo grité.
                                  Ah soledad púrpura
                                         Ah rocío salvaje 
arrasado por pétalos que tiemblan
                        como si la tierra fuera un sueño 
traspasado por el HÁLITO de la última muerte.
                                 Así el amor florecerá 
en tierras quemadas por el borde lívido, 
                por el astillado silencio
        
                    donde canta la noche.




Mario Morales (Pehuajó, 1936 — Ciudad de Buenos Aires, 1987) 





miércoles, 24 de abril de 2013

LA ENEMIGA DE LA FAMILIA





















Yo era propensa, dictaminó mi parentela no
deseada, a: la gula, la vagancia, la lascivia,
el sueño, el dibujo, la música, las palabras
escritas.
era, por lo tanto, la enemiga de la
familia.




YA PASÓ EL ESPLENDOR MESURADO


Ya pasó el esplendor mesurado 
de nuestras conversaciones.

Ahora quedan,
apenas,
los llamados silenciosos
de los discos enfundados.

Le hubiéramos hecho caso a Móntale: 
"La ciencia del corazón todavía 
no se ha inventado, y cada uno 
la hace como quiere".

Haberle hecho caso al alarmante,
sangriento rojo de las flores
de aquel caserón.
Haber atendido la mirada
del viejo vagabundo,
testigo de nuestras primeras sonrisas.



Kato Molinari





Kato Molinari: nació en Alta Gracia (Córdoba, Argentina) . Egresó de la UNC con el título de licenciada en letras. Es traductora, narradora y poeta. Sus libros de poesía editados son “Por boca de quién” (Losada, 1972); “Miradas y peregrinaciones” (La lámpara errante, 1982); “Noche de las cosas, mitad del mundo” (Ediciones Midi le juste, 1986); “Las simias” (Ediciones Ocruixaves, 1986); “Umbral” (Ediciones Sucesivas, 1989); “Un Jerónimo der duda” (Alicia Gallegos, 1996) y “Una hormiga, un halcón” (Ediciones Ultimo Reino, 2004).En 2011,la Editorial de la Biblioteca Nacional, publicó su obra reunida: "Antología (1972-2004), de donde fueron tomados los poemas que publicamos.



lunes, 22 de abril de 2013

Informe para un simposio



Les propongo un pequeño tratado
sobre la autonomía de la vista. La vista es autónoma
debido a lo dependiente del objeto
de nuestra atención, sin remedio aquel
externamente dispuesto; el ojo nunca se ve a sí mismo.
El ojo, entornado, navega tras la nave,
levanta el vuelo tras el gorrión desde la rama,
se envuelve en la nube de la escena en sueños,
como una estrella; sin verse a sí mismo, sin embargo, nunca.
Precisemos esta idea, tomemos a una bella dama.
A determinada edad ustedes no observan a las damas,
perdida la esperanza de cubrirlas, sin un pragmático
interés. Pero, a pesar de ello, el ojo,
como un televisor sin apagar
en un píso vacío, sigue emitiendo la imagen.
Y uno se pregunta: ¿para qué?
Siguen a lo dicho varias tesis del capítulo dedicado a lo bello.
La vista es un medio de adaptación
del organismo a un medio adverso. Incluso cuando
se haya acoplado por completo a él, dicho medio sigue siendo
absolutamente hostil. Y la hostilidad del medio crece
en la misma medida en que permanezcáis en él;
y se aguza la vista. Lo bello no amenaza
a nada. Lo bello no esconde
peligro alguno. La estatua de Apolo
no muerde. La sábana, tampoco.
Y os lanzáis tras el fru-fru de una falda
en búsqueda del mármol. El gusto estético
es en esencia copia del instinto de conservación
y es más seguro que la ética. Lo monstruoso
cuesta más el convertirlo en bello, que destrozar
lo hermoso. Necesitamos a un zapador
para desactivar lo peligroso.
Estos empeños merecen un aplauso
y ofrecerles todo género de apoyo.
Pero, separado del cuerpo, el ojo
antes preferirá instalarse en algún lugar
de Italia, de Holanda, o de Suecia.



Joseph Brodsky




(Traducción: Ricardo San Vicente)





Joseph o Iosif Alexándrovich Brodsky; Leningrado, 1940 - Nueva York, 1996. Poeta y ensayista ruso. Se lo considera uno de los poetas más importantes de la lengua rusa de la segunda mitad del siglo XX. La erudición legendaria de Brodsky, el autoaprendizaje al que se sometió durante toda su vida y sus inspirados diálogos con las "sombras poéticas" de su propia cultura y de la universal, van unidos a una energía desbordante, una pródiga inventiva prosódica y estrófica, así como a su excelencia de estilo y su generosidad de espíritu. Este autor se convirtió, al igual que Ajmátova, su "madrina poética" y descubridora, en memoria cultural de su generación y, por azares del destino, en el más grande regalo que hizo Rusia a Occidente. Gracias a él, los poetas soviéticos aprendieron a ser otra vez "rusos", cosmopolitas, genuinamente modernos y, de alguna manera, hasta postmodernos. Sus interlocutores poéticos (Homero, Virgilio, Horacio, Dante, T. S. Eliot, W. H. Auden), se encuentran entre lo más distinguido de la tradición occidental, eso que él llamaba la "sociedad de los poetas muertos". Su habilidad para construir poemas líricos dotados de una precisa polifonía no tiene paralelo entre los creadores de su generación y constituye uno de los aciertos más relevantes de su obra. De su trabajo inicial cabe destacar los libros Versos y poemas (1965) y Parada en el desierto (1970), que aparecieron  publicados por primera vez en Nueva York. Privado de reconocimiento en su país y tras ser condenado a trabajos forzados acusado de "parasitismo social", se vio obligado a emigrar de Rusia en 1972. Tras una corta temporada en Europa, se trasladó a Estados Unidos, cuya ciudadanía adquirió en 1977 y donde compaginó su labor poética con clases de literatura en diversas universidades norteamericanas. En 1980 publicó su libro de poemas A part of Speech; en 1986, una colección de sus ensayos, Less Than One; y en 1988, To Urania: Selected Poems 1965-1985. En 1987 recibió el premio Nobel de Literatura y hasta 1992 fue poeta laureado de los Estados Unidos.