viernes, 13 de noviembre de 2015

SUSURRO DE LA PIEL ABISMAL DEL MAR


























El mar descansaba digiriendo ya su ingesta.
Animal echado
al vaivén del respirar.
Tendido en su pelaje
flotan enfermos hombres
que han sobrevivido.
Están con piernas desaparecidas en aguas,
aferrados a la trama del hálito:
al susurro de esa piel.
Aquí no hay roca sino agua.
Agua y nada de agua.
Y la marea es el camino.
La marea como una mancha desde allá arriba,
desde satélites.
Que serán chatarra, marea y nada de agua.
Si hubiera agua en el agua no moriríamos de sed.
Y sin embargo
moriremos de nada de agua en el agua.
Porque no hay vaso ni grifo en la marea.
Y no me puedo poner de pie,
a pensar por qué flotamos en la maraña.
Somos pesca  plástica en vísceras de gaviota:
gaviota parca, gaviota calavera, gaviota muerta de hambre.
Nosotros,
fabricantes de alimento.
Veo los ojos del pingüino rodeados por el fuego
que salta sobre la madera para rodear el vidrio del mensaje que nunca llegará.
La marea arrastra el teclado muerto en falanges de textos amputados.
Porque aquí no se puede estar ni sentado ni parado:
siquiera hay silencio en la marea.
Sino una hamaca insolada, ultravioleta y cándida como la esperanza.
Todos pelean por gritar tierra a la vista.
Pelean y algunos sobresalen entre perros y ratas.
Y se abrazan a un  huevo.


(Inédito)



Martín Barea Mattos




Martín Barea Mattos (Montevideo, Uruguay 1978). Poeta, cantor y artista visual. Ha publicado Fuga de ida y vuelta (La gotera, 2000); Dos mil novecientos noventa y cinco (Artefato, 2002); Los ojos escritos (Premio 43 Feria de Libros y grabados, 2003); Por hora por día por mes (Estuario, 2008). Sus discos: Por hora por día por mes_ Parking poético (Ed. de autor, 2007); Grey tres hits ( Ed. de autor, 2010 ); Odisea en el parking planetario (Feel de agua, 2011 ). Como artista visual, ha expuesto pinturas y ensamblajes, realizado videos y performances en uruguay, argentina, brasil y méxico.





miércoles, 11 de noviembre de 2015

VIDA EN LA TIERRA

















UN HOMBRE NO ES UN PÁJARO

Elevarse para

cruzar 
el mar

Huir de 
la 
luz
reveladora 

el hilo 
conductor

la tierra húmeda

Alcanzar la 
sombra 

que se

abre 

para recibirte



EXTRANJEROS
I

ahuecando las 
manos
recogemos 
del

aire

las palabras

tropezamos con 
puertas que
separan y
unen una 
letra con
otra

y se cierran
del otro 

lado del

sentido

II

presa entre las
telas de 
araña
cerrás los
ojos ves tu
cuerpo
hundirse

en el mar

buscás ese 
carbón 
encendido
que te juró
fidelidad

te hundís 
entre 
hilos 
de seda
hacia el

resplandor

donde 
te esperan

las alas



INTEMPERIE

Nos acostamos con la
panza apretada
contra el
cemento las
manos en la
cabeza

No abrimos los
ojos para no
ver lo que
no está



VALS

Altas ventanas reciben el 
sol de la 
mañana que 
proyecta

sombras 

en las paredes
descascaradas

Al otro lado de la 
sala 
las escaleras dan a un
corredor 
bordeado de 
puertas

Las valijas están en el 
último
cuarto

amontonadas en 
desorden

gastadas

No es la primera 
vez
Siempre elegís la 
misma

El cuero 
suave 
resiste
ileso

Tus dedos 
rozan 
apenas las 
hebillas

Sabés qué vas a 
encontrar:

el costurero

el camisón 
(tus dedos 
acarician la
seda)

el frasco de 
perfume

las flores de 
tela que ocultan la
pistola de 
juguete
El dedo en el 
gatillo
contra tu 
sien

Los discos de 
pasta

El diario: "Italia se rinde"

La caja de 
agujas (la botellita 
todavía casi 
llena)

Música 
invade el 
cuarto 

Ella baila en su 
camisón de
seda con los ojos
cerrados 

Ponés la 
mano en su
cintura y 
girás con el 
sol en los
ojos



NOSTALGIA

Corremos
como
locos
buscando
un lugar donde
escondernos

Llegamos a 
nuestro
vagón y
trepamos
con cuidado

Está
vacío

El nido es el
pájaro
construido desde
adentro

Nos metemos 
bajo la
frazada

Todo lo que
tenemos 
está
acá

Cumplí los
doce en el
instituto
me escapé y
me fui a
bailar

No sé
cuántas 
veces
entre y
salí

Es la forma de su
cuerpo su
dolor

Corrimos 
hasta
alcanzar los
árboles
espesos de
sombras

Nos dejamos caer
bajo las ramas y 
entonces lo
vi

Sobre una
rama
delgada y
endeble
hecho de
barro y
vacío


(Envío de Valeria Cervero)


Judith Filc






Judith Filc  (Buenos Aires, Argentina, 1962). Poeta, traductora, editora e investigadora.  Es médica y doctora en literatura comparada y teoría literaria.  Completó su doctorado en literatura Comparada y Teoría Literaria en la  University of Pennsylvanía. Fue docente universitaria en la Argentina y en los Estados Unidos. En 2002 viajó a Nueva York para hacer investigación en el  Institute on Culture and Society de la Universidad de Columbia. Por esas vueltas de la vida, terminó instalándose en el valle del río Hudson, donde vive con su marido y su hijo.  Vida en la tierra es su cuarto poemario. Anteriormente publicó Transducciones (1985), El otro lado (1998), Resquicios (2010) y Vida en la tierra (Barnacle, 2015). Administra el blog Word Creation/Crear con palabras, donde publica sus traducciones al inglés de poesía hispanoamericana. Actualmente está trabajando en un libro sobre lengua y extranjería. 






lunes, 9 de noviembre de 2015

DURAZMETRÍA



suelo recorrer los puestos de la feria
reviso los cajones de frutas
en busca de una imagen completa
quiero palpar esa piel como gamuza
como arrimando las manos
a treinta o cuarenta centímetros del fuego
en una noche de invierno
aspirar esa esencia humilde
sentirme invadido de su aroma
hasta los recuerdos
verla y ver que mi sangre toma su color
escuchar la música culminante de su madurez
morder lentamente su pulpa
sentir la fusión con mi boca
el placentero desgarro de la carne
humedeciendo mi felicidad con sus mieles
cuando entre verdes y pasados de maduros
consigo ese durazno
lo llevo hasta tu mesa
y la invisible línea de simetría
que nace entre mujer y fruta
es la belleza
a diluir por el poeta en partes iguales
de soledad y vino.




Claudio Marcelo Martinez 





Claudio Marcelo Martinez nació en Concordia, Entre Ríos, Argentina, en 1974. En 1998 se radica en Montevideo, Uruguay. Integra el taller literario del Profesor Lauro Marauda hasta 2005. Participa de la publicación colectiva, “La sombra del agua” en 2000.  Publica su primer poemario, “Lo tenue del sol” en 2002.  Participa de la publicación colectiva, “Pájaros en el espejo” en 2003.  Publica el poemario “Estigmas del jacarandá” en 2004. Realiza los Encuentros de escritores “De la vigilia” en Concordia, 2004, 2005 y 2006,  junto a los escritores Marcelo Leites y Stella Ponce -que nucleaba escritores uruguayos y argentinos- y Junto al escritor Leonado De Mello, en Montevideo, 2006.  Se radico en Colón, Entre Ríos en 2007. Se recibe de Técnico en Gestión Socio Cultural en 2010. Participa de la creación del “Espacio Cultural Cómplices de Algo” en la ciudad de Colón, en 2011. Publica el poemario “El paraíso de los Ausentes” en 2012. Desde 2011 a la fecha coordina el taller literario “Las Vacas Sagradas de Colón” en el “Espacio Cultural Cómplices de Algo”. En 2014, gestiona y coordina el ciclo de lecturas en Vivo, La Pluma del Caburé.





sábado, 7 de noviembre de 2015

FRASES HECHAS











Me da pena la cajita ADAMS
tirada al pie de un árbol
cuando se entere
solo fue utilizada
una mano la apretó
y ella dejándose llevar
por frases hechas
confió
tirada al aire
cayó al pie del árbol
allí esta preocupada
esperando la mano del apretón
confía en que volverá
me apiado de ella
y la tomo en mis manos
total ¿qué sabe
una tonta cajita de chicles?



Claudio Marcelo Martinez (Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1974)








jueves, 5 de noviembre de 2015

ESPACIADO




Hay un poema oculto 
entre la distancia y el deseo 
y siempre y más. 
Hay claves en las palabras. 
Bien se sabe:
nadie sigue a tientas 
en ríos profundos. 
No es tan ingenuo el amor 
ni en lo que pide, ni en lo que da.

Basta luego que te asomes
detrás del follaje, 
inmaculada.



CALMA SIESTA

Todas las hojas del verano
disueltas
en esta casa de hojas leves,
taciturna
con zaguanes adonde la luz
cae líquida por las paredes.

Las palabras en desuso
se arremolinan
detrás de las puertas sigilosas

Algunas siestas
tienen algo
de la calma
que precede a las tormentas.

Una espesa ventolera
abre las puertas de par en par
y ordena las palabras indecisas.



EL RUIDO DE LAS OLAS EN LA NOCHE
sabe
que ya no es sólo
del agua que lo trae

Sabe que es también 
de la noche
en que sucede

¿Sabremos del mismo modo
que es nuestro
cada sonido
que desde la orilla oscura
se nos hace nítido?




Cecilia Figueredo (Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1976)










martes, 3 de noviembre de 2015

ARPEGIO






Un canasto 
que rebosa de ciruelas
duraznos y cerezas
cuelga del brazo de una mujer.

Ella camina altiva de regreso a su casa,
con un rodete improvisado que se hizo 
antes de salir con la lista de frutas en la mente.

El canasto roza por momentos
la cadera de esa mujer de semblante decidido:
la armonía no premeditada
se concentra en ese hecho fortuito.



Cecilia Figueredo (Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1976)




domingo, 1 de noviembre de 2015

TRES POEMAS FAMILIARES





BRILLANTINA


De qué amarillo es
tu espíritu
de tierra firme.
Risa, laurel,
palabra al aire.
Mirada que atraviesa las miradas.
No conozco el silencio en tu presencia
y sé que cuando dormís
tu mano sigue escribiendo
sola
todas las recetas
que te faltan anotar.
Tantos amigos de la casa
la chola, vinzón, tito,
silvia, gabriela, elba
el ñumi, la chicha, el colita
el chiquitín.
Tantos papelitos
con direcciones, frases, poemas
y recetas para rejuvenecer.
Paltas cremosas
eco de carcajadas
cosas doradas en los cajones
cremas humectantes
pintalabios.
Manantial incesante,
yo no se qué día
fue que noté
un dejo de tristeza en tu mirada.
Un dejo, así,
como un ademán distraído.
Un dejo, que también te define
mami
tanto, tanto,
como ese amarillo difuso
que me es imposible precisar.


IMPORTA, ACASO...?


Importa acaso la ubicación de los objetos
en la mesa de madera
en los estantes abarrotados
en las sillas
en el piso?
¿Importa
detenerse en los detalles
de la cotidianidad?
¿Importan los ademanes
de las rutinas
que transcurren de memoria,
los espacios por donde ondea
la cintura y el pelo cae
sigiloso
por el hombro
sin que nadie lo perciba?
¿Importan las soledades
de los movimientos
incontables
para saber un día de tu vida
el más común,
ese en el que revolvías la olla
con el pañuelo en la cabeza,
y que nunca pudiste contar por escrito
porque el apuro del día 
no te dio espacio
para pensar en los nietos
que iban a querer saber de vos
un día cualquiera
de tu vida, 
Margarita?


INCONDICIONAL

No sé si habrías podido prever este viento de otoño 
cuando corrías más rápido que una liebre para despuntar el vicio. 
O para satisfacer al abuelo, que te tomaba el tiempo con su reloj 
dorado en la esquina de Salta y Bolivia para comprobar 
que siempre llegabas antes del tiempo que aprueba la lógica. 
Somos todos indivisibles. 
Aún así podemos imaginar que salimos volando por la ventana, 
como en un cuadro de Marc Chagall. Eso pudiste saberlo después, 
cuando la vida trajo todo lo que no podemos medir. 
A veces te hablo y murmurás números con la mirada. 
Las palabras, pero también el cálculo de álgebra 
flotan en la habitación. 
Me hacés preguntas que no puedo
o no sé contestarte, van quedando sobre la mesa, 
al lado de los apuntes. Casi todas se diluyen en el aire. 
La birome que usás se desliza como agua por los renglones. 
Mirá si te viera el abuelo. 
Sacaría el cronómetro para medir el tiempo en segundos. 
Yo sigo acá. Y te miro tratando 
de entender tanta pasión. 
No se me ocurre ninguna respuesta salvadora. 
Llega el viento de otoño (pareciera que para siempre),
y desordena hasta las cuentas mejor ordenadas. 
Flotando por la ventana entra una brújula 
que brilla entre tanta tiza blanca esparcida. 
Y nos consuela señalando que no todo es incierto.



Cecilia Figueredo  (Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1976)


>"La familia feliz", pintura de Eugenio Zampighi –  La familia feliz



viernes, 30 de octubre de 2015

LA CASA DE LA NIEBLA






















Señor, vos le diste a mi hermano un ford falcon rojo 
para llegar a la casa de la niebla

y después qué 

le dijiste?
le explicaste que el camino estaba cortado?
¿que el motor estaba roto?
¿que todo estaba roto?
¿que no había vuelta?

¿qué hiciste, cómo 
para convencerlo?

para que te diera la mano
se sentara en la sillita de mentira
dejara que la oscura hostia de tu nombre 
le llegara a la boca

¿o le metiste una piedra?
o una moneda, un gancho, 
un papelito

de dónde lo enmudeciste, lo hiciste 
olvidar
olvidarnos

qué señas le habrás hecho para que en vez de volver a casa 

apagara el motor del falcon
se escurriera de la sedosa perfección del cuero 
de la música en la radio
del ronroneo cachondo del auto 
y se bajara con vos
para ir adónde

¿a cazar pajaritos?
¿a ver el dorado pasto extinguirse tras el fuego del invierno?
¿a romper el cristal del agua para que beban las crías?

o era verano, quizá, por entonces
y le diste el agua peligrosa de tu cielo

entradora, el aguita, sí
clarita, el agua, bueno
pero detrás de eso vos sabés que un agua así da más sed uno se 

entierra más en el pozo
y más
hasta echarse tierra en el lomo

y ni el ángel constante y poderoso de los molinos de viento 

puede salvarte
no

¿sabías que mi hermano iba a decir sí?

cuando viste el polvito que levantaba el falcon rojo en el 

caminono pensaste dejarlo ir?

aunque sea, señor, porque él era toda belleza, 
a esa edad,
toda alegría 
toda
razón de ser

II-
plantamos un árbol en la casa de la niebla

se doraban al sol los girasoles 
moría otro día
otra noche

el árbol creció, arraigó 
en la penumbra

modelaba con hueso su estatura 

cada pájaro que probó los frutos
caía en somnolencia 
en ausencia de vida

en la radical ceguera de los muertos

III
Epumer el cobrizo, el glorioso,
te prestó la escopeta, y el galgo 
que no temía hundirse en el agua

en la laguna espejeaba, todavía, la luna 

no sabías matar, hasta entonces,
y mataste 
esa mañana 
mataste

dos o tres sirirís, en pleno vuelo

no conociste el arco glorioso del sexo practicado
no viajaste más allá de ese campo y la colonia
no le viste la mueca al diablo 
y su diente de oro

pero aprendiste que la muerte entra en cada 
pequeña
grande carne

que el incendio del cañaveral te tocaría 
taparía las entradas
mustiaría el paraíso y su flor

V
no, mi casa no se derrumbó,
no temblaron los vidrios
ni la araña cayó de la amapola del infierno

todo vino, empezó adentro:
nos tragaba un ojo

éramos o somos
el pan corruptible

por cada hueso hubo una boca
un diente
un hambre distinto

feroz, el ojo eligió
al Imprescindible
al Dulce
al que sigue cantando

somos tan tristes sin él
a veces no hay de qué hablar, ¿sabe?
no hay fuerza para decir las cosas de la vida

pero llega la lluvia, a veces,
que es mansa y hace música en las canaletas

llega la lluvia por el este para ungir la herida
para hacer grandes las flores de carne

de ángel se pone el patio

detrás del ligustro, el Dulce renace
me dice: poné, hermanita, tu mano
en mi corazón

hace el mismo ruido que los caballos
¿viste?
¿no es un milagro?



De: LA ZONA

EL RÍO

vendrá el xanaes
con su lengua de muerta
a cruzarnos el campo

vendrá arrastrando los fetos tibios
de las cloacas distantes
la sal, el malvón
la blonda cabellera artificial de las estatuas
la semilla de caín

en su orilla beberás la lepra
en su orilla habrá un espejo turbio
que revuelva tus gestos
que los deforme hasta ver en ellos
tu real imagen

beberás el caos
el espanto
la verdad

habrás sido arrojado a tu propio infierno



EL TELÉFONO

desde alguna ciudad han llamado los otros
los que por alguna razón están afuera

ignoramos lo que eso signifique

pueden estar, quizá, retozando
de felicidad
-el pulso candoroso-
amando o dejándose amar
por extraños

pueden, también,
estar caminando, aún,
sobre el áspero desierto
de sus alucinaciones

han llamado

y hemos ido, vehementes,
a levantar
el rojo auricular que creíamos muerto

y no hemos entendido nada:

un idioma extranjero
tal vez
la interferencia del viento
entre un balbuceo y otro
una falla mecánica

la lengua que nos hermanaba
ha caído, rota,
como un vaso en el piso
y es inútil reconstruirla

¿qué decían, aquellos?
¿sigan la línea del lago
hacia el Sur?

¿nos pedían esperarlos?
¿o el mensaje era
permanezcan allí
que la zona es infinita
e inusual su infierno,
y triste?



LOS TRENES

un día los viajes cesaron 

a las dos, a las cinco,
los trenes cruzan el pueblo 
vacíos,
fantasmales

su vapor se confunde con la niebla 
que ciega a los caballos
con el humo de neón
de las cafeterías públicas
con el tabaco amargo de los suicidas 
que a esa hora
en grupos
van a mirar los rieles
a oler el perfume del aceite ardido

una noche recordé a la mujer etrusca 
que sacó un pañuelo blanco
por la ventanilla
y me hizo la seña del adiós

así de antigua es la felicidad 
así de inexacta

las máquinas no hallan 
las salidas

su timbre de soledad
nos hace doler el corazón



LOS TELARES

las mujeres se llaman faustine
o amelia

labran el telar

en los buenos tiempos urdieron
en las tramas
niños sudorosos corriendo
tras los rebaños
díscolos ancianos domando la tierra de potrero
segando la hilacha rubia de los trigos

tejieron en ronda
la canción del atardecer
la muerte del albañil
el pelaje suntuoso de la loba

no recordamos cuándo
pero comenzó un día

los dibujos se hicieron frágiles
difusos
como si el vidrio prístino de los ojos
se hubiera ensuciado
como si el paisaje se diluyera
entre los dedos
o fuera
un sueño difícil

cuesta pensar en el vuelo
al ver el pájaro en la trama
cuesta imaginar los sábalos radiantes
si los hilos se cruzan
formando un río

todos los colores tienden
hacia la noche
donde todos los rostros son
idénticos
donde las manos tejen
cosas de las que no se habla



De: OTROS POEMAS

IX

soy
la doméstica de esta vidita
cuando la otra se ausenta, yo
entro a la casa, saco
la basura
la grasa de la vajilla, saco al sol
el colchón con pelos de gato
donde se deshoja el tiempo
de la muerte
me quedo mirando piadosamente
las pelusas contra el sol de la mañana
a veces, también por piedad
acomodo su corazón
pongo en hora el reloj del pasillo
cuando la otra que soy vuelve
pasa un dedo sobre el mueble y dice
que soy buena haciendo eso:
esconder la mugre
perfumar la áspera verdad



(Envío de Valeria Cervero)

Elena Anníbali





Elena Anníbali (1978, Oncativo, Córdoba, Argentina). Estudió Licenciatura en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba.Tiene publicados los libros de poesía Las madres remotas (Editorial Cartografías, 2007) , Tabaco mariposa (Caballo Negro, 2009) y  La casa de la niebla (2015). Integró varias antologías de poesía y narrativa, entre ellas: Cucrito-Antología de poetas argentinos (Editorial Ratona Cartonera, México, 2010); Quince-Antología de poetas mujeres de Córdoba (Editorial Tinta de negros ediciones; 2010); Dora Narra (co-edición Caballo Negro & Recovecos). La Editorial Universitaria de Villa María publicó su relato El tigre, en el marco del Plan Provincial de Lectura.Lleva adelante su blog Che, madamme.