martes, 12 de enero de 2016

PASIONES DE LA LÍNEA



























UN PEDAZO DE ESPEJO


algo está aparte y es extraño a toda la creación
M. Ekhart

Hay un pedazo de espejo
entre los pastos y la basura
en el baldío. Un vidrio plano
que carece de preocupación alguna.
Víctima de alguien que no soportó
su propia cara o, simplemente, 
de la torpeza y la mala suerte.

Un sitio abre en los márgenes
como de un libro usado.  Llegan
a su inmóvil degradación la margarita
y el gato. La abeja confundida,
el diario viejo y el desecho
de la ciudad...

No se le aproxima más
el hombre que la estrella
y tampoco hay diferencias
entre el instante y el año, entre
el año y el siglo...

Aparte y extraño, allí
sin quien lo use, ni necesidades,
sigue siendo una verdad en sí mismo.



LA LILA ES UNA FLOR ESLAVA


a Marta

Es curioso ver cómo los libros
tropiezan con las personas y cómo
inundan de significado algo
que no tenía lugar en tu cabeza.

Hoy ya no se necesitaba encender la luz, 
a esa hora de la tarde, y llegaste a leer
en un libro de poemas,
que las lilas son flores eslavas.

También las flores han viajado, pensaste.
También lo que tiene una raíz y un color...

El nombre de dios en griego, por ejemplo,
se parece a la forma de otra palabra
que quiere decir "el que mira". También
"el que viaja por el mundo":
una especie de embajada que llega
desde el más lejano rincón y cuenta
con familiaridad lo que es tan extraño...

¿Qué mano, te das cuenta, sino la de tu amor,
acercó este ramo de lilas,
a tu vieja mesa, bajo una luz atardecida?
Huelen desde aquí y saben
que estás leyendo sobre ellas. Que nada
de esta calma es, en verdad, quietud.

Las ves y lo que ves, siempre,
te está encontrando.



EL ARTE DE LA PESCA


a Ettore, il mio amico

En la escollera, las cañas anuncian
algo siempre inminente. La espera
del pescador sucede al primer pez.
Parece mentira, pero
lo que ya sucedió es lo que se espera,
aunque no vuelva a suceder.

La metáfora nos tienta y te preguntás
sin no será una exageración que cada acto
de nuestras vidas signifique algo más
que lo que pasa. Las cosas están ahí
y el dedo que las muestra no es "las cosas".

Tironea debajo y se resiste una corvina
de esas que pesan más en las manos
del pescador que en la balanza.
Se sabe que es corvina antes de que salga,
hasta antes de que elijamos la carnada.

Luego, pueden repetirse el truco,
el anzuelo, la tanza, la plomada.

Pero el pez no vuelve a picar
y tal vez no vuelva a hacerlo.

Con esa incertidumbre, se prende el farol
y miramos cómo oscurece.



BABOSAS Y HAIKUS

Viscosas y hambrientas en el extremo
de una hoja, o apenas
una gomosa resistencia bajo el zapato,
ellas, sin saberlo, aparecen
desde ningún lugar,
en la lentitud de otro tiempo.

Demasiado quietas
para el baile, demasiado húmedas
para la alegría, empujan ciegas
el peso de una montaña perdida
y la modesta levedad conquistada...

Hay un poema del viejo Jôsô,
el discípulo del gran Basho,
en que se compara a una de ellas:

así la casa en espiral de su espalda
abandona, un día, junto a su riqueza.
Todo a cambio de la intemperie
y de la lúcida estela que nunca se seca.






Osvaldo Picardo (Mar del Plata, Argentina, 19559










domingo, 10 de enero de 2016

VÍA LUCIS





















El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste,
para que pueda formar en mi mente letras desconocidas,
para que de mi boca salga un verbo nuevo,
una expresión más leve, una palabra que atraviese
los mares y las islas,
que resuene en los últimos términos de la tierra.

Sí, yo siempre estuve callada y guardé silencio.

Pero ahora Tu Voz en mí se expande y multiplica
como voces de mujer que está de parto,
como voces de mujer que está muriendo.
Ahora Tu Voz en mí se expande.

Cuando pase a través de las aguas del gran Río
no me anegarán sus corrientes.
Cuando salte en medio de las llamas
no me quemaré.

El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste.



VIRIDITAS


Soy ceniza de cenizas,
una pobre criatura falta de fuerzas.

Me balanceo como una pluma en el viento.

Un círculo de aire tenue me protege.



(De: "Via Lucis", 
Ediciones del Dock, 2015, 
Colección "La verdad se mueve", 
dirigida por Griselda García.
Envío de Martina Benitez). 


Diego Roel 





Diego Roel nació en Temperley, Buenos Aires, en 1980. Publicó Padre Tótem/ Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (El Mono Armado, 2010), Los Jardines del Aire (El Mono Armado, 2012), Dice Jonás (El mono Armado, 2015) y Vía Lucis (Ediciones Del Dock, 2015). Actualmente reside en La Plata.






viernes, 8 de enero de 2016

POÉTICA DESPIADADA





















No soy Bella Durmiente de las letras,
ni Guardián de las palabras.
Escribo con los pies, con el hueso,
con el carozo.



ESCRIBO

Escribo
porque la palabra
nunca dice lo que quiero.

Porque los términos
no recubren los destierros,
los vacíos, los agujeros.

Poética despiadada
que no nombra
lo que porta,
sólo acontece.

Habla, se acerca,
sigilosa sin alcanzar
lo que pretende.

Nombra y al nombrar
nunca dice
cómo se llama lo que siente.



LAZOS DE SANGRE
(o para algunos sordos)

Nadie entendió nada,
ni mi madre ni mi hermano
entendieron mi esencia,
ni llegaron a mis huesos,
ni tocaron mi deseo.

Nadie entendió nada.
Tuve que optar por otros seres,
ajenos, extraños, lejanos.
Lo más propiamente mío,
mi hijo, el único entendido.

Después nadie entendió nada,
sangre de mi sangre,
paralela, antecesora, imborrable.
Que no pudieron comprender
lo que yo era!!

De qué tenía hecha mi médula
mis intereses, mis costumbres,
mis sentimientos, mi corazón puro,
ni la vida, ni la muerte, ni el amor,
ni lo que verdaderamente era!

Ninguno de ellos entendió nada,
y llegaron a hacerme pensar
que ya nada quiero que entiendan.



Cecilia E. Collazo




Cecilia E. Collazo nació en la ciudad de La Plata. Buenos Aires. Argentina. Es Maestra Normal Superior. Profesora y Licenciada en Psicología. U.N.L.P Especialista en Psicología Clínica. Psicoanalista.  Poeta y escritora . Ha participado en diversos talleres literarios.  Ha publicado los libros: ¿Qué escucha un analista? Ed. Grama. Bs.As. 2007. Psicosis y Autismo Infantil. Ed Letra Viva. Bs.As. 2013. Poética Despiadada.(Poemario). Ed. Imaginante.Bs.As. 2013. Éxtimos (Cuentos, relatos y microcuentos) Ed. Imaginanate. Bs.As.2013. La Rosa de Cobre. Ed. Letra Viva. Bs.As. 2014. Ha participado en diversas antologías literarias.




miércoles, 6 de enero de 2016

ESCOMBRO -II Parte-





CURVA DEL MATE

Un pedazo de caja 
de pizza pegado al asfalto
con pelos de perro muerto
y manubrio;

una zapatilla colgada de un cable de
alta tensión:

esto que te llevás a la lengua 
te pone con el sol de frente
sobre la vía silenciosa
y el tiempo que termina:

luego entre el pedregullo, pasás 
la barrera a la casa de un amigo,
su figura se extiende sobre un brazo
de telgopor, hablás

de lo que no queda nada de nada



TRABAJO MISTERIOSO

No sabe lo lejos que está, toca timbre en una casa,
no sabe a quien debe mirar
Buscará creer, hará su vida

La veo que camina tomada de una apariencia, 
hace la suya 

La verdad es que durante tanto tiempo no la había mirado:
pensaba más bien en la mezcla, en la rueca
de fieles y de estambres, de trozos de mosaico y perros
enroscados, botellas y fragmentos,
que me callé

A tal punto, que estas vías conducen a una lápida
Y sí, no parecía que entre su triste retrato y su perdida
unión hubiera algo: 



EL AGUA

Como siempre cubría 
un breve celofán el verdín 
que sobrenadaba el cemento

Las paredes la absorbían
para incorporarla a la navegación de las cosas:
sillones
luz

Por la ventana se veía
el pensamiento del hombre
Canicas  Tranquilidad
Manos cruzadas




José Villa (Martín Coronado, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1966)



Los poemas que publicamos pertenecen a la segunda parte de su libro "Escombro" publicado en 2015, por Club Hem editores, en la colección de poesía Ojo de tormenta.




lunes, 4 de enero de 2016

DÍAS DE AGONÍA













Llanto

Treinta años pidiendo que
no lloráramos tu muerte.

La primera vez en uno 
de esos almuerzos de domingo:
Carolina tenía diez años,
Daniel seis
y yo ocho…

Nos miramos,
un ácido quemó
mi estómago,
te pedimos que no hablaras
de esas cosas.

Mamá en silencio…
sus ojos perdidos
ocultaban su miedo.

Te gustaba traer el tema
cuando estábamos juntos.
Empezaste a sumarle al discurso
tu última voluntad:
lanzar tu cuerpo al mar
para volver a la naturaleza.  

Siempre que te escuchaba
regresaba la amargura,
el desencanto,
y el ácido volvía a quemar
la boca de mi estómago.

Un año nuevo en Manhattan
te oí decir que habías llevado una
vida larga,
yo tenía treinta y cinco…

Cada vez que lo decías volvía
el desasosiego 
para envolvernos
a mamá y a mí.

Entonces, ya respirabas
con dificultad,
te cansabas,
preferías no salir a caminar…

Hoy tengo treinta y ocho,
ella te susurra
y te veo resistir
conectado a una máquina
que respira por ti.

Lloro,
todos lloran,
tú nos miras en silencio.


Juego de niños


Papá,
ya no soy el niño,
soy el hombre que soñaste
que sería cuando era niño.

Ahora el niño eres tú,
y soy yo quien te cuida.

Te imagino
jugando a los carritos con tus hermanos
Omar y Nemesio.

Tienes un Buick en las manos,
Omar un Studebaker
y Nemesio un Ford modelo T.

José, 
tu padre,
debió soñar con el hombre 
que serías cuando fueras grande.

Él no te vio crecer,
ni tú lo viste ser de nuevo niño.

La vida te lo quitó
como el viento que tumba
las hojas de los árboles.

Cargaste su legado,
su amor por el Líbano,
su herencia de buen hombre
y anfitrión generoso.

Yo seré el siguiente
en ser niño,
aunque tú no tengas nietos
ni yo un hijo
que ruede un Mustang
de juguete entre sus manos.


La enfermera


Lo único bueno que tiene este cuarto
de hospital es Martica.

Entra con su uniforme
ceñido al cuerpo…

Sus ojos negros
entienden mi dolor…

Acomoda la cánula
en tus fosas nasales.

Detallo su piel oliva,
su cintura delgada,
la curvatura de sus nalgas…



(Del libro inédito: Días de agonía)



LUZ

I

La luz puesta en los ojos
es un espejismo que enceguece.

La luz puesta en los ojos
es oscuridad blanca…


II


La luz llega a la vida para irse…
La luz destruye ilusiones…


V

Todos quisimos tocar la luz,
y nos hemos convertido en sombras…


XI


La luz es un grito
en el silencio de la oscuridad.



OSCURIDAD


II


En la oscuridad los reflejos
adquieren forma de pasado,
el canto se vuelve mudo
y la bahía se hace grande…

En la oscuridad se dibujan
los hombres y mujeres que
se perdieron en el camino…

La inmensidad se hace grande
y los hombres
se pierden con las palabras en
sus bocas…


SILENCIO

I

El silencio es un arma poderosa,
un ruido blanco en el que los
pájaros
cantan su desesperanza,
la ausencia de la lengua,
un pálpito mudo
en el que se ahogan
las miradas.


IV

Tu silencio me hiela,
es el filo
de la montaña donde
solo aúlla el viento.


XIV


Este espíritu en el que te convertiste
me tapa la boca. 

Los dos huimos el uno del otro,
somos víctimas que decidieron
cruzarse como fantasmas,
luces que no se tocan,
gatos solitarios
que se lamen en silencio…




(Del libro inédito: Luz, oscuridad y silencio, 2013)




Eduardo Bechara






Eduardo Bechara Navratilova nació en la ciudad de Bogotá, Colombia, en 1972. Es hijo de padre de origen libanés y de madre checa.  Luego de trabajar durante tres (3) años como abogado, realizó un viaje de seis (6) meses por Europa Occidental, Europa del Este, México y Canadá, y volvió a Colombia a publicar la novela “La novia del torero”, 2002, Editorial La Serpiente Emplumada. Se graduó de literatura en la Universidad de los Andes, en 2005, y publicó su segunda novela “Unos duermen, otros no”, 2006, Editorial Escarabajo. En 2009 se graduó de una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple, Filadelfia, Estados Unidos, en donde después fue profesor, en 2009. “Poemas a una ciudad, un insecto y una mujer”, 2010, coedición entre Editorial Escarabajo y El Copista de Córdoba, Argentina, es su primer libro de poemas”, y “Mendigo por un día”, 2012, coedición entre Editorial Escarabajo y Ediciones del Boulevard, Córdoba, Argentina, es su primer libro de crónicas. Desde enero de 2013 se encuentra realizando un viaje continental por Sur América en desarrollo del proyecto “En busca de poetas”, con el objeto de descubrir poetas editados e inéditos, documentarlos y publicar un par de antologías de poesía suramericana en las que se haga una selección de los mejores poemas. Ver más del proyecto en: www.enbuscadepoetas.com. Eduardo es conferencista y colaborador de periódicos y revistas literarias.






sábado, 2 de enero de 2016

EN EL NOMBRE DEL PADRE



Hoy no me enfrento a la causa porque no existe
estás presente en la constante inexistencia
mi desaparecido eterno
te tengo atravesado en lo más profundo de mi intimidad
apareciendo donde no se debe
en mis actos cotidianos
obligándome a mirar en el espejo
esa mujer madura que no soy

El castigo más alborozado
recordarte en la inquina y en la dulzura
en la mentecatería, en lo absurdo
en la barbaridad y en lo banal
en lo avieso y en lo honrado
en lo descabellado del abandono

en el nombre del padre
del hijo
El día que no te tenga por no poder
voy a morir atragantada por no haber podido
enfrentar la trampa del causal desencuentro
por haber podado todo
hasta eso que no fue
y si no fue
no será
nunca

donde dice amor
dice amo

siempre quise hincarle el diente a nuestra historia
lamer la sangre y escupir donde yace
al igual que este cuerpo
que es tuyo
y es nuestro

yo también temo que mi propia vergüenza me sobreviva
yo también ardo en las llamas de la propia culpa
el infierno de haber parido esta atadura
esta comunión que siempre odiamos
esta inexistencia que roza lo absoluto
el acuerdo tácito de no tenernos
por el mero goce de lo incorregible
de lo innegociable
de lo concreto y lo putrefacto

hay heridas que no cierran
hay remedios que no llegan temprano

hay silencios que llegan a tiempo
hay palabras que llegan intempestivas

y entre el silencio y las palabras 

hay miserias
hay
Derrumbe.



VARIACIONES

Un aborto de lo divino.
Técnicas de sabotaje. 
Variaciones de estilo.
La belleza devora el alma, como el miedo.

Y ¿es acaso el miedo otra cosa diferente que la 
angustia misma, esa amenaza tácita y continua de 
pérdida de lo bello que acecha?


Hay que sobrevivir 
a la magnificencia, 
a la gallardía.
A lo sublime.

En rigor a todo aquello que no es perpetuo.
Porque lo bello es triste
cuando no es genuino
cuando no asoma
la estría
la guerra
la grieta.





NADA FUE VESPERTINO

Nada fue vespertino en nuestra infancia
Pero aquí, ves,
con este tiempo que es fuego
que cura y limpia,
perpetuo es mi amor.

Me guardo en este corazón atropellado
la comunión que no tuvimos
la eterna infancia que siempre soñamos
Me guardo en el pecho la ceguera del gigante
y con ella un dolor como si lo fuera a parir.



NOS HAN PARIDO CON DOLOR

Nos han parido con dolor.
Hemos parido con dolor:
ataduras, comuniones que siempre odiamos
acuerdos tácitos de desamor.

Hemos parido desencuentros
Hemos firmado pactos
con la ausencia y el abandono

Nos hemos muerto de pena.

Hemos construido un muro
con nuestro lenguaje empedrado.

Hemos visto la luz.



Constanza Carrazco






Constanza Carrazco nació en Buenos Aires a fines de los ochenta. Es correctora y redactora. Se formó como profesora de idiomas en el Joaquin V Gonzalez y estudio con Hebe Uhart a quien destaca entre sus maestros. Constanza publica poesía en su blog:





jueves, 31 de diciembre de 2015

AÑO VIEJO 1973




Se terminó este año cabrón. Se fue a la cresta.
Se fue completamente a pique: capotó.
Con sus terrores y llantos y entierros a cuestas
y los cuatro jinetes del apocalipsis.

Ahora está sonando la sirena. Y ahora mismo
estallan los fuegos artificiales. Y ahora
comienzan los abrazos. «A año muerto
año puesto» me decías con una copa en la mano
corriéndote las lágrimas. «Que seas feliz».

Se terminó este año cabrón. Se fue a la cresta.





Óscar Hahn (Chile, Iquique, 1938)





martes, 29 de diciembre de 2015

RITMO

























ES TIEMPO

Es tiempo
de hablarnos,
si hubiese siquiera algo de qué hablar,
y de compartir,
si hubiese siquiera algo que compartir.
Es tiempo
y pronto nos quedaremos
también sin él.



VÍBORAS

Y pienso: así se aman las víboras
en su guarida,
entrelazadas, anudadas, un leve mordisco mortal
un mordisco cautivador
casi un beso, casi de amor.
Me lames como un helado con tu lengua bífida,
fisgadora, en mi mente martillean 
tus venenosos dientes.



COHETES

Nunca lo comprenderán, aunque, sí, aman,
y quizá precisamente por eso  quieren acercarse cada vez más,
mientras que tú las necesitas lejos, más allá de las carreteras, bosques,
ríos y ciudades: tendrían que pasar siglos,
terminar grandes batallas, emerger reinos, y
desintegrarse; la gente tendría que salir de vacaciones
en cohetes y regresar bronceada
de las estrellas, y otras muchas cosas
tendrían que suceder -pero ellas ya a la mañana siguiente
se sientan todas fragantes e íntimas sobre tu escritorio,
balanceando sus desnudas piernas con seguridad desde
la ropa interior de encajes, y, al apresurarte 
a tocar esta risueña hermosura,
te das cuenta de que nunca lo comprenderán.



DOS TESTIGOS

Y de pronto estamos tan solos,
los únicos testigos,
y aunque nos contásemos todo, o nos callásemos todo,
es difícil que haya en alguna parte algún dios al que le importe,
y quedará aislado del destino cada beso, cada grito.
Esta proximidad es aterradora.
Con vientres y párpados fruncidos, nos ahogamos
en los ojos,
de pronto tan solos,
dos únicos testigos.




Alojz Ihan


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)





Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961). Escritor y Doctor en medicina, especialista en microbiología e inmunología clínicas. Publicó cinco libros de  poemas: La moneda de plata, 1985; Los jugadores de póker, 1989; Poemas, 1989;  Ritmo, 1993; y Chica del sur, 1995. Dos novelas: La casa, 1988; y Peregrinación de dos...y el perro, 1998; y un libro de ensayos: Un Platón entre los dentistas, 1997. Sus ensayos y artículos aparecen regularmente en diarios y revistas de Eslovenia.





domingo, 27 de diciembre de 2015

UN GUIÓN SURREALISTA



























Un hombre entra en la catedral.
Silencio sepulcral. A lo lejos, ante el altar,
hay una joven arrodillada rezando. De pronto se da vuelta.
El hombre se enamora al instante. Como en trance va hacia ella.
Sus pasos golpean regulares penetrando el tiempo.
La mujer lo observa inmóvil. Su belleza va encaneciendo,
las arrugas marcándose en su rostro. El hombre acelera.
Apresura el ritmo de sus pasos.
La mujer envecece patentemente. El hombre echa a correr,
el tic tacm de sus pasos se vuelve un sonido
regular, casi doloroso, descolorido. 
A la mujer se le caen los dientes, la piel se le vuelve áspera,
el cabello blanquísimo. El hombre se detiene aterrado.
Comienza a retroceder. La mujer va haciéndose más joven,
recupera su belleza anterior. El hombre
vuelve a acercarse. Y a retroceder. Y a acercarse.
Y a retroceder. Y un día se decide. Sin más
consideraciones se le acerca y le toca un hombro.
En las bóvedas de la catedral resuenan los sonidos del órgano.
La gente está reuniéndose, delante del altar aparece
un sacerdote. Va vestido de negro.


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)






sábado, 26 de diciembre de 2015

ACERCA DE LAS VIOLETAS






















Al ver sus muslos me puse pálido.
Era primavera y automáticamente comencé a seguirla,
no fui el único. Pronto, íbamos todos tras ella en procesión 
por el parque y, cuando la chica se detuvo
de pronto, quedamos petrificados, coagulados,
y cuando se dio vuelta, toda atrevida, nos convertimos
en hierbas, flores de primavera, arbustos, 
reverdecimos todo el parque con nuestra pasión, y la verde, 
esbelta pendeja paseaba por ahí,
sus muslos dirigían nuestro metabolismo,
en su cartera, los cuadernos se reían de nosotros
con sus ángulos doblados, blancos,
y escondimos nuestros globos oculares
entre el follaje y los árboles
y los doctores se olvidaron de sus doctorados,
los peones camineros de sus carreteras,
los profesores de sus conferencias,
los comerciantes de sus beneficios;
todos nos sentimos unidos en una hermandad fatal, peligrosa,
y nos tapábamos implacables con las ramas mutuamente,
nos asfixiábamos con las raíces, nos apartábamos con las ramas,
de modo que las violetas comenzaron a perecer lentamente,
y luego los hierbas y los arbustos,
hasta que sólo quedaron los robles más altos,
la hermosa les hizo guiños con alegría
y también a ellos les estalló el sistema circulatorio
y comenzaron a secarse, descomponerse, derrumbarse,
mientras que la chica se alisó la falda y subió al autobús. 


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)

(Traducción;Marjeta Drobnič y Francisco Javier Uriz)