La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
sábado, 22 de noviembre de 2025
QUE LO DIGA EL RÍO
sábado, 15 de noviembre de 2025
GASPAR DE LA NUIT
Una vaga armonía que mi sueño encantaba,
Un susurro cercano, semejante, en el aire,
Al canto entrecortado de una voz triste y tierna.
Ch. Brugnot, «Los dos Genios».
«Cada ola es una ondina que nada en la corriente; cada corriente, un sendero que serpentea hacia mi palacio, y mi palacio se eleva fluido al fondo del lago, en el triángulo del fuego, la tierra y el aire.
«¡Escucha! ¡Escucha! ¡Mi padre, croando, bate el agua con una rama verde de abedul y mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas islas de hierbas, de nenúfares y de gladiolos o se burlan del sauce caduco y barbudo que pesca con caña!».
Terminada su canción, me suplicó que recibiera en mi dedo su anillo para ser el esposo de una Ondina y visitar con ella su palacio para convertirme en el rey de los lagos.
Y como yo respondiera que amaba a una mortal, mohina y despechada, vertió algunas lágrimas, lanzó una carcajada y se desvaneció en aguaceros que resbalaron blancos a lo largo de mis vidrios azules.
FAUSTO.
¿Será acaso algún grillo que canta acurrucado en el musgo o en la hiedra estéril con la que por piedad se calza el bosque?
¿Será que alguna mosca anda de caza sonando el cuerno alrededor de esas orejas sordas a la fanfarria de las trompas de caza?
¿Será algún escarabajo que coge, en los altibajos de su vuelo, un cabello ensangrentado de su cráneo calvo?
¿O tal vez será alguna araña que borda una media vara de muselina para corbata de ese cuello estrangulado?
Es la campana que tintinea en los muros de una villa, tras el horizonte, y la caparazón de un ahorcado al que enrojece el sol poniente.
en el cofre: nadie. No pudo comprender por
dónde había entrado ni por dónde había
salido.
HOFFMAN. Cuencos nocturnos.
¡Cuántas veces he oído el zumbido de su risa en la sombra de mi alcoba, y el chirrido de sus uñas arañando la seda de las cortinas de mi lecho!
¡Cuántas veces le he visto descender del techo, piruetear sobre un pie y rodar por la habitación como el huso caído de la rueca de una bruja!
¿Creeríais que se había desvanecido? El enano se agrandaba entre la luna y yo, como el campanario de una catedral gótica, con un cascabel de oro en el bonete puntiagudo.
Aloysius Bertrand (Louis-Jacques Napoléon, llamado Aloysius Bertrand; Ceva, 1807-París, 1841) Escritor francés. Romántico y bohemio, se le considera uno de los precursores del simbolismo y un pionero del poema en prosa. Su Gaspar de la noche, fantasías al estilo de Callot y Rembrandt (1842) ejerció una gran influencia sobre Baudelaire.
El chico miró desde el sillón, pero no se levantó.
-Así que vos sos el joven pianista que ayer me habló por teléfono.
-Si, señor. Muchas gracias por recibirme.
Tenía la voz aguda y melodiosa (la voz que a él lo había engañado) pero sin matices, como si repitiera una fórmula que le acababan de enseñar. La nuez le subía y le bajaba por e1 tierno cogotito, le daba la apariencia de un pollo desplumado que bebe agua.
Koszwinski se volvió hacia el padre:
-Señor Paternó, tome asiento.
El chico no le quitaba los ojos de encima. Unos ojos cautelosos, tranquilos, alertados, precozmente sabios. No había temor ni admiración en esa mirada. “Como si lo hubiesen instruído: no dejés de mirarlo", pensó Koszwinski.
-No sabe cuánto le agradecemos, maestro. Mi hijo tenía tantas ganas de que usted lo oyera. .. Es muy inteligente, ya va a ver. Y muy adelantado para su edad.
El Padre era regordete, sanguíneo y velludo. A Koszwinski le hizo recordar a un organillero napolitano. ¿Qué tenía que ver ese músico ambulante de la Italia meridional con el chico de pelambre de indio? Quería mostrarse educado y desenvuelto, pero estaba tan nervioso que se movía sobre la silla, jadeaba y se reía sin motivo. Y en lugar de dirigirse a Koszwinski, le dedicaba al niño sus ademanes, sus risitas, una mirada de preocupación. "Es el empresario del hijo", pensó Koszwinski.
-Pero si lo hago con todo gusto. Por otra parte es mi deber. Quiero decir, estimular a los jóvenes.
Le parecía oír a Elsa: "Lo que quieren es usarte, todos ésos. Yo que vos no lo recibiría. Seguro que recién anda por el Hannon y ya pretenderá que lo hagas tocar en el Carnegie Hall”.
El chico seguía escrutándolo, seguía estudiándolo con aquellos ojos de viejo que examina a un postulante y no se deja engañar por las apariencias. “Qué curioso, como si el postulante fuese yo." De golpe a Koszwinski se le ocurrió que el chico era un enano.
El padre, a su vez, no apartaba su mirada del niño. Una mirada pensativa y ligeramente estupefacta, como si el niño le resultase un enigma que no sabía descifrar y que en cualquier momento le revelaría alguna solución atroz o maravillosa. Y que hablase mirando siempre a su hijo lo convertía en una especie de domador que vigila los movimientos de un animal mañero.
-La idea fue de él. Voy a llamar al maestro Koszwinski y le voy a pedir que me Oiga tocar el Piano.
Yo le dije: pero Pinuccio, el maestro Koszwinski es una persona muy importante, muy ocupada. No tendrá tiempo que perder con vos, que todavía sos un principiante.
"Hipócrita. Seguro que el lo obligó."
Pero hubo que dejarlo hacer su voluntad. Porque si no es capaz de enfermarse. Es un chico muy delicado, muy sensible.
El niño, sin moverse, sin desviar la vista, dijo:
-Callate, papá.
El hombre se contorsionó, lanzó un resoplido por la nariz, contempló a su hijo con una expresión que combinaba tímidos reproches, pedidos de disculpa, dolor, cólera y vergüenza.
"Se creerá un genio. También los padres lo creerán. Y este monstruo los tendrá al trote." Lo detestaba, así, al minuto de conocerlo.
-¿Con quién estudiás?
Le había salido una voz áspera, como si lo interrogase sobre alguna travesura. Se sentía de mal humor. Se odia a sí mismo como siempre que se veía envuelto en los planes de los demás.
El chico, hundido en el sillón, mantuvo aquella gravedad, aquella horrible serenidad. "El desparpajo de un mocoso acostumbrado a que lo exhiban como a una imagen milagrosa."
-Antes estudiaba con la profesora Galli Nardelli.
Elsa tenía razón. No debía haberlo recibido. Tendría que oír La plegaria de una virgen. Con un poco de suerte oiría Para Elisa o la Marcha Turca. En el peor de los casos asistiría al descuartizamiento de alguna polonesa de Chopin.
-¿Antes? ¿Por qué antes? ¿Y ahora?
-Ahora estudio solo.
-¿A tu edad? ¿No te Parece que sos demasiado joven para estudiar solo?
Ya no disimulaba su fastidio.Quería hacerle bajar la vista a ese insolente.
El padre interpuso un brazo conciliador:
-No,perdone, maestro. Fue la propia profesora la que nos dijo que ella ya no podía enseñarle nada. Que se buscase otro.
¿Qué estaban insinuándole?
-Yo no doy lecciones, señor Paternó.
El hombre sacudió enérgicamente las manos como para que se le desprendieran de los brazos, gimió con vehemencia:
-No, no, maestro. Ha entendido mal. Nosotros no pretendemos... Lo que nosotros queremos es que usted lo oiga tocar y después diga si vale o no vale la pena que siga estudiando, que hagamos el sacrificio. Somos pobres. Pero si usted dice que vale la pena, no importan los sacrificios.
No le bastaba inclinarse sobre él, gesticular como un vendedor callejero, haber usado aquel tono gemebundo. Empujo, además, la silla hacia adelante (y a la alfombra se le hizo una joroba), pero sus dedos seguían apuntando al chico, siempre al chico, como a una mercadería de contrabando de cuya calidad el cliente dudaba.
"Si entra Elsa, lo primero que verá es el pliegue de la alfombra. Y después va a rezongarme: No sé cómo recibís a esa gentuza". Pero Elsa, últimamente, lo dejaba solo con las visitas indeseables.
`
-Si usted cree que Pinuccio tiene condiciones, santa palabra, maestro. No se habla más. Me empeño todo para que llegue a ser un gran pianista.
-Un gran pianista como usted -terció el chico, con esa especie de vigor desafiante.
"No voy a permitir que me extorsionen."
-¿Cuánto hace que estudiás?
-Siete años.
-¿Y estudiás porque te gusta o porque te obligaron?
E1 Padre volvió a contorsionarse sobre la silla, pero habló. Miraba al chico, como esperando que éste no se equivocara en la contestación.
-Porque me gusta.
Y El Padre suspiró, aliviado.
-¿Cuáles son tus autores preferidos?
Durante un minuto el niño, sin dejar de escrutarlo, permaneció en silencio. Koszwinski le sostuvo esa terquedad, ese denodado sosiego de los ojos. Entre tanto el padre hacía bailar una pierna, vigilaba a su hijo con aquella preocupación de domador que estrena un animal rebelde.
Al fin el chico dijo:
-No tengo autores preferidos. Hay obras que prefiero tocar y obras que prefiero no tocar.
La sensatez de la respuesta lo irritó. "Es antipático. Antipático y pedante. Aunque toque como Horowitz, lo voy a desahuciar. Lo odio."
-Está bien. Nombrame las obras que preferís tocar.
-Son muchas.
Y, por primera vez, se sonrió. La sonrisa —dulce, nostálgica, indulgente- de un enfermo incurable al que le preguntan por su salud, lo había embellecido.
Esa contestación, esa sonrisa, esa repentina belleza (hasta entonces oculta, adrede, como un truco) exasperaron a Koszwinski.
-Nombrame una.
Nuevamente el chico se quedó callado. Se oía el golpeteo de la pierna del padre contra la madera de la silla.
"Quiere impresionarme. Está buscando un título para impresionarme. Cree que me va a impresionar con la Danza del fuego o la Rapsodia húngara.
-Gaspar de la noche.
Los ojos de Koszwinski, como un aparato explorador, como un instrumento de astronomía se desplazaron del niño al hombre, del hombre al niño, repetidamente, en un vaivén cargado de tensión y de secretas amenazas. El chico, sin embargo, no se movió, ni siquiera parpadeo. Parecía esperar confiadamente, o resignadamente, el veredicto del maestro. Pero el padre resollaba, contraía todos los rasgos como si hiciese un esfuerzo para oír, se rascaba las manos.
"Sabe que es mi caballito de batalla. Debe de haber leído mi articulo en Ars. Y ahora tiene el coraje... ¿Y si fuese de veras un genio? ¿Si fuese un nuevo Mozart?" No se avergonzó de desear que no lo fuera. Se sentía cruel y envidioso.
—Andá al piano y tocá Gaspar de la Noche —le ordenó en un tono duro, como imponiéndole un castigo.
En un primer momento no entendió qué sucedía: el chico no se levantaba del sillón, el padre se ponía de pie, se doblaba sobre su hijo, el hijo le echaba los brazos al cuello. Cuando vio que el padre alzaba al niño y lo llevaba hasta el piano, lo sentaba en la butaca, le colocaba los pies sobre los pedales, entonces comprendió.
"Esa estúpida de sirvienta por qué no me aviso. ¿Y ahora? Aunque toque desastrosamente, ¿cómo le voy a decir la verdad? Pero tampoco tengo derecho a engañar a ese pobre hombre que habla de sacrificios. Elsa tenía razón. Elsa siempre tiene razón. Soy un débil. Yo mismo me las busco."
Apenas el padre lo dejó solo frente al piano (apenas el padre retrocedió y se ubicó lejos, en un rincón, como para no arruinar con se presencia la gloria del hijo), el chiquilín volvió a mirar a Koszwinski.
"Quiere saber qué impresión me causó su desgracia. Especula con la parálisis como lo haría una mujer con un lindo cuerpo. Pero no voy a dejarme extorsionar. Dios, ojalá que toque medianamente bien. No digo la técnica, pero me conformo con..." ¿Con qué se conformaría, tratándose de Gaspard de la Nuit?
-Pinuccio.
-Sí, maestro.
-¿No será mejor que empieces con algo menos difícil?
-Pero si no es difícil.
-Digo, para calentarte los dedos.
-No hace falta.
-Hasta a mí me costaría empezar con Gaspar de la Noche.
-A mí no, maestro. A mi no me cuesta.
-¿La estudiaste con la profesora?
-No, solo.
-¿Y por qué te gusta tanto?
-Porque es la obra en la que culmina el pianismo de la era tonal.
Dios, Dios. Repetía una de las frases del artículo. Probablemente la repetía como un loro, sin saber qué significaba. Se la devolvía así, con inocente (o con cínica) audacia, como un reto.
-No, Pinuccio. Olvidate de Gaspar de la Noche. Todavía no es una obra para vos.
"¿Y si fuese un genio?"
El chico, erguido en la butaca, apoyó una mano en el teclado (y le arrancó un grito de protesta), hizo girar violentamente el cuerpo, miró al padre. Los ojos le brillaban, estaba pálido.
-¡Déjelo, maestro! ¡Déjelo a él! —imploró el hombre con las manos juntas—. Porque si no se enferma, le agarra la fiebre.
Koszwinski apoyó la cabeza en el respaldo del sillón, clavó los ojos en el cielo raso.
-Está bien. Tocá Gaspar de la Noche.
Ya no tendría escrúpulos. El arte tolera la vanidad pero no tolera el fraude ni la conmiseración. Y después de todo era preferible Gaspard de la Nuit. Una prueba de fuego, rápida y definitiva, por sí o por no.
Cuando sonaron las primeras notas de Ondina, ese profundo, verdoso, espejado gorgoteo del agua, Koszwinski entornó los párpados hasta que la habitación, entre las pestañas, cobró una luz de acuario. Después los cerró. Durante los veinte minutos que duró la ejecución de la obra no volvió a abrirlos. Se aferraba a los brazos del sillón como si el sillón hubiese tomado altura y lo transportase por el aire. Respiraba con dificultad, ruidosamente. Sentía sobre su rostro un extraño calor. Adivinó que el hombre no le quitaba la vista de encima. Tenía miedo. Miedo de no poder aguantar. De levantarse y bajar la tapa del Steinway sobre aquellas manos, cortarlas como cabezas de víboras. Miedo de que la música hubiese quedado destrozada para siempre. El patíbulo no terminaba nunca, En Scarbo lo asaltaron unos furiosos deseos de reír. De golpe le parecía que todo era una broma. Ahora le veía el lado cómico a la escena. En seguida lo invadió una ira vesánica.
"Soy un débil, un estúpido. No debí permitirlo." La Plegaria de una virgen habría sido un acto de candor humilde. Pero Gaspard de la Nuit, esa siniestra parodia de Gaspard de la Nuit era un sacrilegio, una injuria no contra la música sino contra él. Como si lo obligasen a tocar, en un cafetín, para un público de borrachos y de prostitutas. Y él lo había consentido. “La culpa es mía. Soy un débil.Elsa tiene razón."
Cuando se hizo otra vez silencio, Koszwinski mantuvo los ojos cerrados. Entonces oyó la voz de Elsa. De modo que su mujer estaba ahí. La mucama, le habría dicho: -Pobre es paralítico de las piernas. Después habría oído el desastre. Y ahora había venido con la cara de cómplice que ponía en presencia de los enfermos y los baldados. Se haría la piadosa, la magnánima, Se pasaría al otro extremo, empezaría a distribuir elogios idiotas como quien reparte gratuitamente comida, hasta simularía una vulgaridad y una falta de discreción que ella creía obligaciones suyas con las personas desdichadas. Pero él sabía. Sabía que toda esa comedia tenía un único fin: hacerlo bajar a él de las nubes.
-¿Usted es el padre?
-Si, señora.
-Lo felicito. Atreverse con una obra que Carl dice que es dificilísima, la mas difícil de todo e1 repertorio para piano. Más que Islamey.
-A mi hijo le gusta con locura.
-A mi marido también.
-Se pasó tres meses, día y noche, dale que dale con el piano, hasta aprenderla. Yo 1e decía: Pero Pinuccio, vas a enfermarte. Pero él no me hacía caso. Tres meses sin parar, tocando todas esas notas, porque usted vio, hay notas para regalar. Mi señora ya tenía la cabeza así. Imagínese, todo el santo día, dale que dale. Pero al fin la aprendió.
-Es asombroso. Lo felicito.
-Claro que todavía no la toca del todo bien.
-Pero para su edad. .. Una pregunta. ¿Puede apretar los pedales?
-No, señora. Los pedales no.
-Me parecía. Bueno, no tiene importancia. E1 piano se toca con las manos, no con los pies.
-Sí, pero la profesora que antes tenía Pinuccio, la Galli Nardelli, no sé si la oyó nombrar...
—Una gran profesora.
-Una gran profesora, es cierto. Bueno, nos aconsejó... Para que si el día de mañana se cura... o puede aguantar los aparatos...
-...Se vaya acostumbrando. Y así es. Mi marido dice que el uso del pedal es una cosa casi mecánica en los pianistas. No, si se ve que su hijo llegará lejos. ¿Lo piensa mandar al Conservatorio?
-No, señora, A ningún conservatorio. Es un chico muy delicado, muy sensible. Cada vez que sale de casa vuelve con un poco de temperatura, con eso le digo todo.
-¿Y entonces?
-Algún profesor particular. Pero que sea bueno, famoso. Que lo prepare para dar conciertos, para ganarse la vida. Porque somos pobres. Y la Nardelli, pobrecita, ella misma lo confesó, ya no tenia nada que enseñarle. Por eso vinimos aquí. Para que el maestro, si cree que Pinuccio tiene condiciones, nos recomiende a alguno.
-Lástima que mi marido no se dedique a la enseñanza.
-Lo sé, lo sé. Pero una recomendación suya... Eso si, que sea un profesor de buen carácter. No de esos que gritan, que se enojan... Porque Pinuccio es muy delicado, muy sensible.
-¿Carl? ¡Carl! ¿Oís lo que dice aquí el señor?
Koszwinski abrió los ojos. Los dos lo miraban con la misma angustia, con la misma ansiosa inquietud. Pero mientras la fisonomía del hombre estaba como moldeada en cera y semejaba la faz de un santo patético que asiste a los preparativos de su martirio, la máscara estucada de Elsa parecía a punto de cambiar de expresión, como si ya no pudiese sostener la que ahora la desfiguraba y que era sólo la mueca artificiosa de una actriz. Koszwinski desvió la vista.
El chico inmóvil frente al piano, miraba hacia adelante, hacia la pared. Se hubiese creído que esperaba que los demás se callasen para recomenzar. Tenía la cara sudada y la piel, un rato antes amarillenta, había tomado un tinte oscuro. Desde su sillón, Koszwinski vio que el frágil cuerpecito se dilataba y se contraía rítmicamente, y que ese latido le curvaba la espalda como si iniciase una reverencia y en seguida, como nadie aplaudía, se arrepintiese.
Koszwinski se levantó, caminó hasta el piano, se colocó junto al chico. El chico no se movió. Pero él lo oyó respirar. Entonces le puso una mano sobre el hombro, sintió que el hombro vibraba eléctricamente.
-Pinuccio.
El chico alzó el rostro y lo miró. Una gota de sudor le corría por el pómulo como una lágrima. Pero sus ojos se mantuvieron tranquilos, cautelosos, alertados, precozmente sabios.
-Sí, maestro.
Koszwinski le sonrió.
-¿Te gustaría estudiar conmigo?
El chico no contestó. Seguía mirándolo con aquellos ojos.
Pero de golpe gritó:
-¡Papá! ¡Papá!
Y después, tumbándose sobre el teclado, empezó a sollozar salvajemente.
Corregidor, Bs. As., 1973)
martes, 19 de agosto de 2025
ALONE TOGETHER
Hoy les propongo un disco de hardbop, un dúo de piano y trompeta, tan creativo que parece que estuviera sonando una orquesta entera de jazz; como corresponde a dos leyendas del jazz. EL disco se llama simplemente: OSCAR PETERSON & DIZZY GILLESPIE, grabado por el histórico sello Pablo, en 1974. Son ocho temas, de los cuales 4 son standars y 4, composiciones propias. La pista que elegí se llama: ALONE TOGETHER (Howard Dietz, Arthur Schwartz) , pero en YouTube pueden encontrar los otros temas del disco (recomiendo especialmente: "Con alma")
OSCAR PETERSON
(Montreal, 1925 - Mississauga, 2007) , pianista canadiense de jazz. Su estilo, formado durante los años cuarenta como en el caso de otros pianistas como Erroll Garner y George Shearing, oscila entre el swing y el bop, y se engloba dentro de la tendencia clasicista o tradicional del jazz. Tiene una técnica deslumbrante sólo comparabla a la de Art Tatum, pianista que Oscar admiraba, con una capacidad para tocar a alta velocidad y con mucho swing, incluso en tempos más lentos. El evidente virtuosismo de Peterson ha sido admirado y denostado por igual. Las críticas sostienen que como toca TANTAS notas en un solo determinado, eso hace que no tengan nada que ver con los standars que les sirven de contexto y que se vuelvan intercambiables; sin embargo, por eso mismo, esos solos están en la cumbre de un estilo pianístico (que obviamente está en las antípodas, por ej., de un Bill Evans).
El productor Norman Granz descubrió a Peterson en 1949 y pronto lo promocionó como una de las más relevante jóvenes promesas de su conjunto de músicos para espectáculos de jam session "Jazz at the Philarmonic" con el cual debuta a fines de ese año. Peterson grabó en 1950 una serie de dúos teniendo como compañeros en el contrabajo a Ray Brown y a Major Holley. Su versión de "Tenderly" se convirtió en un éxito. Su fama se acrecentó en 1952 cuando formó un trío con el guitarrista Barney Kessel y con Brown. Kessel fue reemplazado más adelante por Herb Ellis. Este trío fue uno de los grupos de jazz más importantes entre 1953 y 1958. En 1958, cuando Ellis abandonó el grupo, se decidió prescindir de la guitarra y se unió un batería, Ed Thigpen. El trío Peterson-Brown-Thigpen (que estuvo trabajando hasta 1964), a diferencia del anterior, propició un mayor protagonismo del piano de Peterson.
Un grave accidente cardiovascular en 1993 lo dejó fuera de escena durante dos años. Desde entonces, regresó gradualmente, aunque su mano izquierda había quedado afectada.
DIZZY GILLESPIE
llamado John Birks Gillespie (Cheraw, Carolina del Sur, Estados Unidos, 1917 - Englewood, Nueva Jersey, 1993), más conocido como Gillespie, fue un trompetista, cantante y compositor estadounidense de jazz. Gillespie, con Charlie Parker, fue uno de los creadores del bebop, y grabaron en 1950, " Bird & Diz", uno de los discos claves del bebop y uno de los mejores de la historia del jazz. Fue durante toda su vida un incansable experimentador de música afroamericana, del jazz afrocubano, colaborando con percusionistas como Chano Pozo, y otros géneros como el calipso, la bossa nova o a colaborar con músicos externos al mundo del jazz, como Stevie Wonder o Lalo Shifrin. El sobrenombre de Gillespie, como sus payasadas, lo conviertieron en la cara pública del bebop, pero debajo de la máscara brillaba un virtuoso de la trompeta casi sin parangón en la historia del jazz. Estuvo a cargo de una big band con la que desarrolló un estilo de ejecución de alta velocidad, con solos muy agudos y llenos de nuevas ideas armónicas y melódicas.
domingo, 29 de junio de 2025
Do Nothin' Till You Hear From Me
martes, 8 de abril de 2025
JUST A GIGOLO
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Tant de belles choses
Si nos habremos emocionado con tus bellas canciones, tanto,
viernes, 8 de noviembre de 2024
BODY AND SOUL
Clásico del jazz y uno de los standars más versionados
de la historia. Tony Bennett se fue en 2023, a los
96 años. Y en esta versión Amy no se queda atrás
y hace lo suyo más que bien.
jueves, 11 de abril de 2024
jueves, 30 de noviembre de 2023
You Must Believe In Spring
Tony Bennett and Bill Evans
del álbum: "Together again" (1976)
En memoria de uno de los cantantes de jazz
americano más relevantes; T.B (Long Island City, Nueva york, E.E.U.U.Nueva York 1926-Manhattan, Nueva York, Id.; 2023).
viernes, 16 de junio de 2023
domingo, 28 de mayo de 2023
sábado, 10 de diciembre de 2022
LA CANCIÓN DE LA TIERRA
El sol se oculta tras la montaña
Desciende la tarde en el valle
con sus sombras frescas
¡Oh miren cómo flota un barco plateado!
La luna en el mar azul del cielo
Siento una leve brisa soplar
detrás de los sombríos abetos.
el arroyo canta dulces melodías en la oscuridad.
Las flores palidecen.
La tierra respira profundamente
inmersa en el reposo y el sueño.
Todo sentimiento es ahora sueño.
Los hombres cansados vuelven al hogar
y encuentran en el descanso la olvidada alegría
y aprenden a ser jóvenes nuevamente.
Los pájaros permanecen silenciosos en las ramas.
El mundo se duerme...
Sopla un viento frío a la sombra de los abetos.
Me quedo aquí y espero a mi amigo.
Lo aguardo para el último adiós.
Ansío, amigo mío, disfrutar a tu lado la belleza
de esta noche. ¿Dónde estás? ¡Me has dejado
solo hace ya tanto tiempo!
Errando voy con mi laúd
por senderos cubiertos de suaves hierbas.
¡Oh, Belleza! ¡Oh, amor eterno!
¡Vida! ¡Mundo embriagado!
Él baja de su caballo
y le brinda el cáliz del adiós.
Él le pregunta hacia dónde va
y también por qué debe ser así.
Él habla. Su voz suena velada:
¡Amigo mío,
a mí, en este mundo, la felicidad
no me fue propicia!
¿Hacia dónde voy? Ando, yerro
por las montañas:
Busco descanso para mi corazón solitario.
Camino hacia mi país, hacia mi morada.
Jamás saldré ya a vagar por la lejanía.
Sereno está mi corazón y aguarda su hora.
La amada tierra florece por doquier
en primavera y reverdece una y otra vez.
Por todos lados el azul resplandece en el horizonte
Eternamente...
del alemán al español: Carlos O.Garde)
Das Lied von der Erde (Der Abschied) "The Farewell"
domingo, 27 de noviembre de 2022
HAPPY AND REAL
jueves, 1 de septiembre de 2022
a nocte temporis - Ah! Que le sommeil est charmant!
Música barroca francesa.
Henry Desmarets fue un músico y compositor francés del periodo barroco nacido en París en 1661 y fallecido en 1741.
sábado, 16 de julio de 2022
sábado, 9 de julio de 2022
Mr. Candy
lunes, 27 de junio de 2022
EUROPE, AFTER THE RAIN
viernes, 31 de diciembre de 2021
VIA CON ME
Paolo Conte (Asti, 1937), uno de los máximos referentes de la canción italiana. Cantante y compositor. Se ha dicho -por su voz carrasposa- que es el Tom Waits italiano, cosa que lo divierte mucho. Tiene, además, una banda de jazz.

