sábado, 8 de abril de 2023

AUTOBIOGRAFÍA III


de La vigna vecchia, 1952

Cinco hijos son un peso
menos grave que tus pensamientos.
Te fuiste hace diez años
y parece ayer. Si eres fuerte,
te honrarán. Te honraré
también yo hasta la muerte
y a la vista de Dios
Enjuga tu sudor
en mi pañuelo. Nuestra historia
será digna de nuestra raza.
Iré a recoger leña,
iré por achicoria.
No envidia la rosa
tu esposa Carmela Lacorazza


de Mosche in bottiglia, 1975

Apretada entre dos cúpulas

Apretada entre dos cúpulas
conozco una callecita
a la que no llega nunca el sol
y se oye la queja de un viejo
meadero intermitente.
Además de los sacristanes
pasan por allí los actores
de un teatro de marionetas
que entran por la puerta de servicio
abierta solo los domingos
y los jueves.
                  Vuelvo a respirar
en este meandro abandonado,
me siento en el escalón de un nicho.
me enjugo el sudor,
me desato los zapatos.
Enfrente, como en un altar
adornado con telarañas,
irradia la vidriera de una vinería
con botellas de hace un siglo.


de: "El segundo novecento"- Poesía italiana 
contemporánea, Ed. en Danza,2020. 

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, 1908-Roma, 1981)

Selecciones y versiones: Jorge Aulicino

Autobiofrafia III

Cinque figli sono un peso
meno grave dei tuoi pensieri.
Sei partito da dieci anni
e sembra ieri. Se tu sei forte
ti faranno onore. Ti farò onore
anch'io fino alla morte
e al cospetto di Dio.
Asciuga il tuo sudore
nel mio fazzoletto. La nostra storia
sarà degna della nostra razza.
Andrò a raccogliere legna, /
andrò per cicoria.
Non invidia la rosa
la tua sposa Carmela Lacorazza.


Stretta tra due cupole

Stretta tra due cupole
conosco una stradetta
dove non arriva mai il sole
e c'è il lagno de un vecchio
pisciatoio intermittente.
Oltre gli scaccini
ci passano gli attori
di un teatro di burattini
che imboccano la porta di servizio
aperta solo la domenica
e il giovedi.
            Torno a prendere fiato
in questo meandro abbandonato,
mi siedo sul gradino di una nicchia,
mi asciugo il sudore,
mi slaccio le scarpe.
Di fronte come un altare
adorno di ragnatele
arde la vetrina di un vinaio
con bottiglie di un secolo fa.


Fotografía: Del archivo de Jorge Aulicino.

jueves, 6 de abril de 2023

LA LECCIÓN DE ESTÉTICA

 


de Croce e delizia, 1957


"¿Pero qué belleza hay en la poesía?"
Escucha, cuando ves un gran amigo
lleno de mujeres alrededor, cuando estás
absorto por la orquesta y bajo el reflector
resplandecen los colores de una diva
que semidesnuda desciende a la platea,
donde te sobresaltas ¡y estás oculto
entre tanta gente!, cuando en una noche
oscura y serena en una plaza amigos
bailan sin mujeres al son de un
acordeón y tú no estás entre ellos; bueno,
¿no es eso bello para ti? Es bello también
para un viejo señor que se llama
crítico y encuentra muchas cosas bellas, ha ido
incluso muy lejos en encontrar en el mundo,
y quizá afuera, cosas bellas, siempre
más bellas; y sin embargo dice con amor: "qué
bella es esta poesía" ¿Y tú
me miras y no me das ni siquiera un beso?

de: "El segundo novecento"- Poesía italiana 
contemporánea, Ed. en Danza,2020. 

Sandro Penna (Perugia, 1906-Roma, 1977)

Selecciones y versiones: Jorge Aulicino


La lezione di estetica

"Ma che bellezza c'è nella poesia?"
Ascolta, quando vedi un forte amico
pieno di donne intorno, quando preso
sei dall'orchestra, e sotto il reflettore
risplendono i colori di una diva
che seminuda scende giù in platea,
dove tu trasalisci, e sei nascosto
di tanta gente!, quando in una notte
buia e serena in una piazza amici
ballano senza donne al suono d'una
fisarmonica e tu non sei di loro; ebbene questo
non è bello per te? È anche bello
per un vecchio signore che si chiama
critico e trova molte cose belle, è andato
anzi più avanti nel trovare al mondo
e forse fuori, belle cose sempre
più belle; eppure dice con amore:"quanto
è bella questa poesia" E tu
mi guardi e non mi dài neppure un bacio?


Pueden LEER la biografía  en una entrada anterior del Autor (N.del A.)



miércoles, 5 de abril de 2023



Goldfrapp - Lovely head (Indie pop + Electrónica)


 

martes, 4 de abril de 2023

EL PENSAMIENTO DEL POEMA


Variaciones sobre un tema de Badiou
(Dos fragmentos)

This is not exactly what I mean
Any more than the sun is the sun.
But how to mean more closely
If the sun shines but approximately?
What a world of akwardness!
What hostile implements of sense!

Laura (Riding) Jackson

:0
El poema piensa parece un vehículo que ingresa a contramano en una calle de sentido único. A los lados de la vía, la gente le increpa que la dirección es otra y vocifera:el poema siente, el poema hace imágenes, el poema simboliza. Tal vez lo haga (sentir, imaginar, simbolizar), pero aquí me interesa seguirle la pista al vehículo que ingresa en contra del tráfico autorizado, al poema que piensa. Como objeto teórico dicho vehículo fue construido en los talleres de Alain Badiou en 1988. El taller todavía existe y se llama El ser y el acontecimiento. Desde entonces, Alain Badiou ha reflexionado consistentemente sobre ese vehículo, sobre sus mecanismos y sus movimientos, y lo ha perfeccionado y simplificado en otros “talleres”. La idea a la que ha arribado
es la siguiente:

El poema es una forma de pensamiento.

Mi intención aquí es elaborar una serie de variaciones sobre esa idea de Badiou. No quiero (o tal vez mejor, no creo estar en condiciones de) reconstruir su teoría poética ni mucho menos inquirir en las posibles relaciones entre las verdades generadas por el poema y el sistema filosófico (composible) propuesto por Badiou. Más bien, me limitaré a especular más o menos libremente a partir del tema central y algunas ideas que lo sostienen. Naturalmente, una vez que afirmamos que el poema piensa las primeras preguntas que emergen son ¿qué piensa? y ¿cómo lo hace? Tratar de responder esas preguntas constituye el meollo de este libro. Quiero remarcar de entrada que la primera de estas preguntas es “¿qué piensa el poema?” y no “¿en qué piensa el poema?”. La diferencia debe apreciarse. Pensar algo es una operación mucho más interior que pensar en algo (que a veces no es más que “traer a la mente”). Pensar un problema no es lo mismo que pensar en un problema. Igual con el poema: lo que piensa no es lo mismo que aquello en lo que piensa y lo que el poema piensa será mucho más importante, mucho más crucial, en lo que sigue, que aquello en lo que el poema piensa. En rigor, el poema puede pensar en lo que quiera y por ello es posible que la segunda pregunta (“¿cómo lo hace?”) reciba mayor protagonismo aquí porque la respuesta a ella decidirá en buena parte qué es lo que el poema piensa o, finalmente, qué es lo que puede pensar.

Hay dos riesgos advertidos que voy a tomar y de los que dejo constancia. El primero es el de tratar el tema central en base a variaciones libres. El riesgo, que es el riesgo de tergiversar las ideas de Badiou, es obvio y no encuentro forma de evitarlo. Detrás del tema de Badiou hay un sólido aparato teórico mientras que detrás de mis variaciones hay apenas una cierta fidelidad al tema central. El segundo riesgo es el de hablar del poema adoptando la forma del ensayo, que es una forma de la prosa. En pocas páginas resultará claro que entre poema y prosa hay un antagonismo crucial que si bien será expresado de manera topológica (el poema es más periférico que la prosa) conlleva consecuencias serias sobre su relación con el lenguaje. Por lo tanto, hablar del poema empleando prosa parece un ejercicio innecesario de imperialismo retórico. Pero es el mismo ejercicio que aplaudía Platón cuando alentaba a los amantes de la poesía a abogar su causa “en prosa y sin metro” (Rep. X, y es el mismo ejercicio en el que a veces cae Badiou cuando examina poemas de Mallarmé. Este segundo riesgo es evitable, escribiendo de poemas con poemas.(...) Pero prefiero esta vez no evitar el riesgo y expresar mis ideas sobre el poema y no en el poema.

(...)
8

“La sintaxis no es poetizable” (QPP 75) dice Badiou. Lo que es lo mismo que decir que no es nombrable. Tal vez la razón de ello sea la que postuló Mallarmé, que siempre debe existir una garantía del poema y esa garantía es la sintaxis. ¿Y si no hay garantía? ¿O si la falta misma de garantía es la falta en el centro del poema? Vallejo forcejea con esta idea en un poema singular de 1937 (1).

La paz, la abispa, el taco, las vertientes, 
el muerto, los decilitros, el búho,
los lugares, la tiña, los sarcófagos, el vaso, las morenas, 
el desconocimiento, la olla, el monaguillo, 
las gotas, el olvido,
la potestad, los primos, los arcángeles, la aguja, 
los párrocos, el ébano, el desaire, 
la parte, el tipo, el estupor, el alma...

Dúctil, azafranado, externo, nítido, 
portátil, viejo, trece, ensangrentado, 
fotografiadas, listas, tumefactas, 
conexas, largas, encintadas, pérfidas...

Ardiendo, comparando, viviendo, enfureciéndose, 
golpeando, analizando, oyendo, estremeciéndose, 
muriendo, sosteniéndose, situándose, llorando...

Después, éstos, aquí, 
después, encima,
quizá, mientras, detrás, tanto, tan nunca, 
debajo, acaso, lejos, 
siempre, aquello, mañana, cuánto, 
¡cuánto!...

Lo horrible,lo suntuario, lo lentísimo,
lo augusto, lo infructuoso,
lo aciago, lo crispante, lo mojado, lo fatal.
lo todo, lo purísimo, lo lóbrego,
lo acerbo, lo satánico, lo táctil, lo profundo..


(1) C. Vallejo, Poesía completa, edición y notas de Ricardo González Vigil, Ediciones Copé, Lima 2013, pp. 505-506.


La primera reacción de una buena parte de la crítica ha sido llamarlo un poema experimental. Pero ya sabemos que cuando la crítica llama a algo experimental es porque no entiende muy bien lo que está pasando o porque lo trata como material de investigación para futuros poemas pero que el poema mismo, como tal, probablemente no está acabado ni pertenece al canon oficial; el poema experimental es una especie de bizarra atracción de feria.

Es posible que el poema se tome por “experimental” porque es visto como un instrumento lúdico al servicio de un juego combinatorio. Tomamos un elemento de acá y otro de allá y el resultado... debería darnos un verso. Por ejemplo, si tomamos un elemento de la primera estrofa, otro de la segunda y así sucesivamente, podemos llegar a armar un verso como las vertientes conexas ardiendo encima lo horrible. Se trataría de un juego y, sin duda, es posible tratarlo como tal. Pero sospecho (o quiero creer) que lo que está haciendo Vallejo es otra cosa. Lo que está haciendo Vallejo con este poema es hacer borde en el sentido que hemos indicado al inicio, es ubicarse en los límites del lenguaje y es, precisamente, enfrentarse con el gran innombrable del lenguaje.

Está claro que el poema está construido en base a estrofas que parecen clases de palabras. En la primera estrofa hay frases nominales, en la segunda adjetivos, en la tercera gerundios,
en la cuarta hay un poco de todo (adverbios, pronombres, deícticos,...), y en la quinta nominalizaciones de adjetivos. Hay más. Dentro de cada estrofa hay pequeños gestos dinámicos. En la primera hay alternancias entre el género y el número de sus elementos; en la segunda los dos primeros versos contienen adjetivos no-femeninos y los dos segundos femeninos; en la tercera los gerundios aparecen a veces como tales y a veces como formas “pronominales” (incluyen el morfema se al final); en la cuarta las dos primeras palabras y las dos últimas se repiten; y en la última los neutros se imponen casi sin variación formal, todos con adjetivos, todos no-femeninos. Las estrofas son clases de palabras y dentro de cada una de ellas, Vallejo permite pequeños gestos entre sus elementos, pequeños movimientos, alternancias, diferencias.


Hay, sin embargo, una falta inmensa en el poema, un hueco alrededor del cual las cinco estrofas orbitan, yo diría, desesperadamente. Lo que falta en el poema es sintaxis. Casi. No falta completamente porque cuando Vallejo escribe la paz ya hay sintaxis en ese sintagma, hay una relación entre el determinante y el sustantivo; lo mismo cuando en la última estrofa escribe lo horrible. Pero dejando eso de lado, lo que hace Vallejo es quitarle (o no ponerle) sintaxis al poema, quitarle las conexiones que se establecen entre las palabras, aislarlas en una enumeración infértil. Por ello, el poema nunca agarra vuelo porque no hay sintaxis que lo lance. En eso se parece a esas aves que van de saltito en saltito y que no alzan vuelo. Dan dos, tres pasos sólo para dar dos, tres pasos más, pero el vuelo queda permanentemente frustrado. Bueno, curiosamente, a ese movimiento de las aves, de saltito en saltito, la ornitología lo llama movimiento hifalto. Y eso nos recuerda algo que Vallejo había escrito en Trilce VIII, que comienza así,
                                                                                                                                          

Mañana esotro día, alguna vez hallaría para el hifalto poder, entrada eternal.


Algunos comentaristas han visto en la forma hifalto un neologismo de Vallejo que puede derivar de construcciones como hijo + de + algo” (cf. “hideputa, hidalgo”... hifalto). Otros lo conectan a “falto de hijo”. No es imposible. Pero sospecho que fue Miguel Casado quien abrió la posibilidad de la lectura ornitológica del término (3) Casado asocia el movimiento hifalto a una condición general de Trilce: “Así, saltando y con insólito poder de penetración se forja cada vez el engranaje de la estrofas: se exprimen al máximo los recursos locales, casi palabra por palabra, se fragmenta la lengua generando microzonas con sus leyes propias, se acolchan unos versos y se abre la respiración en otros, se tensan repeticiones, suenan sentencias”. Es así como andan las palabras de la paz, la abispa,... a saltitos, sin lograr despegar, abandonadas a sus “recursos locales, casi palabra por palabra”. Pero por más que generen “microzonas con leyes propias” (que en nuestro poema equivale a los pequeños gestos y alternancias al interior de cada estrofa) lo que les falta es sintaxis. Puede haber ritmo, escansión, enumeración; puede haber contrastes gramaticales y fonéticos, pero no sintaxis-cuyo nombre no se puede nombrar. Por supuesto, el poema (la paz, la abispa...) no tiene título (nombre), como muchos de los fechados en setiembre de 1937.


(3) M.Casado, Un discurso republicano. Ensayos sobre poesía, Madrid, 2019

No es igualmente significativo que la estrofa de Trilce VIII en la que aparece el término “hifalto” aparezca también una contracción sintáctica? Vallejo agrupa es+otro (o, tal vez, ese+o-tro como sugiere R. González Vigil) quitándole, sustrayéndole, sintaxis al sintagma y lexicalizándolo: volviéndolo ave que avanza a saltitos. Es decir, el impulso debe ser propio, no de la sintaxis. Lo que hay aquí es sustracción a la Badiou, pero ya no sustracción semántica sino, más radicalmente, sustracción sintáctica. Y es la sustracción sintáctica del poema la que tiene alguna posibilidad de hacer visible, al forzarla, la innombrabilidad de la sintaxis.

Vallejo intenta sustracciones similares en otros dos textos. Uno, también de 1937, comienza “Transido, salomónico, decente. ..” y en él, los saltitos son un poco más extensos que en “la paz, la abispa,...”. Por momentos, Vallejo permite pequeños vuelos como “fulguró / volteó, en acatamiento; / en terciopelo, en llanto, replegóse” pero inevitablemente cae nuevamente a tierra, a ese balbuceo intermitente de palabras. El otro, es un texto anterior perteneciente a Contra el secreto profesional (escrito entre 1923 y 1929) que lleva el revelador título de “Magistral demostración de salud pública” (4) (5).


El texto comienza recordando cierto suceso en el hotel Negresco en Niza pero inmediatamente Vallejo advierte su absoluta incapacidad de relatarlo, ni siquiera “a la fuerza y revólver en mano. Como el campeón de natación de Kafka, Vallejo pudo haber dicho: en realidad no sé escribir. Siempre he querido aprender, pero nunca he tenido la ocasión (cf. C&A 38). Nada le sirve: “Ninguno de los accidentes del verbo. Ninguna de las partes de la oración. Ninguno de los signos puntuativos.” Más aún, dice Vallejo, “hay cosas mudas”, cosas a las que “ni siquiera les queda el nombre”. Sintiéndose completamente impotente para expresar lo sucedido y luego de haber agotado

(4) C. Vallejo, Narrativa completa, edición y notas de Ricardo González Vigil, Ediciones Copé, Lima 2013, pp. 219-221'

(5) La importancia de este texto de Vallejo para acceder mejor provistos a los que estamos estudiando aquí me fue sugerida por la lectura que hace Juan Cristóbal Mac Lean de “Magistral demostración..." en “El diccionario de César Vallejo” que aparece en La mano que mira, Marginalia editores, Santiago tic Chile 2018 y Ediciones Libros del Cardo, Valparaíso 2018, pp. 28-42. La lectura de Me Lean, sin embar go, gira en torno a motivos ligeramente distintos a los míos.


lo que él llama sus “planes de expresión preconcebidos”, Vallejo toma una decisión radical: salirse del español, salirse de la lengua. Recurre al francés (“idioma que conozco mejor, después del español” creyendo encontrar en él ciertas posibilidades expresivas. Rescata palabras como “devenir”, “nuance , cauchemar y coucher” pero nota algo curioso: dichas palabras lo atraían solamente cuando formaban frases y no cada una por separado”. Sólo cuando dichas palabras iban enlazadas a otras, esas cuatro palabras atractivas del francés poseían poder expresivo. Así, la frase Voulez-vous coucher avec Whinefree? (emitida por un amigo a propósito de una muchacha inglesa) le daba a “coucher” el movimiento necesario que le permitía a Vallejo verter sus recuerdos de Niza. Igual ocurrió, en el mismo ejemplo pero esta vez en inglés, con la palabra “Whinefree”. Vallejo descubre, finalmente, que “las palabras que debían servirme para expresarme en este caso, estaban dispersas en todos los idiomas de la tierra”. Decide entonces elaborar un vocabulario con vocablos de diversos idiomas y lo construye siguiendo “el orden inmigrante [que es el cronológico de su advenimiento a mi espíritu”. Vallejo ofrece a continuación dicho vocabulario, que transcribo:

Del lituano: flüta — eimufaisti — meilla— fautta - fuin - joisja - jaet - tá - jen -ubo - fannelle.
Del ruso: mekiy - chetb - kotoplim -yakl - eto - caloboletba - aabhoetnmb -ohnsa - abymb - pasbhtih - ciola - ktec tokaogp - oho - aecohianih - pyeckih -teopehtle — ckol — ryohtearmh.
Del alemán: den - fru - borte - sig - abringer—shildres-fusande—mansaelges foraar - violinistinden — moerke — fierh -dadenspiele.
Del polaco: âr - sandbergdagar - det -blivit — vederborande — tva — sfora — sig — ochandra.
Del inglés: red - staircase - kiss - and -familiar - life - officer - mother -broadcasting - shoulder - formely - two -any - photographer - at - rise.
Del francés: devenir - nuance -cauchiemar - coucher.
Del italiano: ioltello - angolo - io -piros — copo.
Del rumano: unchiu — noaptea.(6)


Detengámonos un momento en este curioso vocabulario. Vallejo ha “salido del español” y ha encontrado en este grupo de palabras extranjeras la materia verbal que busca para poder expresar su recuerdo de Niza. Algunas preguntas saltan espontáneamente: ¿qué posee “and” en inglés que no posea “y” en castellano (español)? Uno podría decir que suenan distinto y que la materia fónica es otra. Pero, entonces, ¿qué posee “devenir” en francés que no posea “devenir” en castellano? No digo que la materia fónica sea exactamente la misma en ambos casos pero la aproximación es bastante cercana.
Recordemos que Vallejo había precisado que cada una de estas palabras aisladamente no hacía gran cosa y que era solamente cuando formaban frases que adquirían el movimiento expresivo indispensable que buscaba. Y, sin embargo, Vallejo 



(6) El vocabulario es cuestionable. Vallejo consigna “formely” en inglés y probablemente se trata de “formerly” y en francés “cauchiemar” donde en la página anterior había consignado cauchemar” Pero además, no todas las palabras indicadas como del polaco o del alemán parecen corresponder a formas existentes en dichas lenguas. ¿Fue algo que Vallejo escuchó y luego transcnbio foneticamente como pudo? ¿Se trata de más juegos? La palabra “dadenspiele” en su léxico aleman es acaso una versión propia ele “juego de dados”?


 ofrece una lista de palabras aisladas. Un dato significativo para explicar esta aparente incongruencia es que hacia el final del texto, Vallejo quiere “dejar constancia de dos circunstancias, de dos masas de guerra, de dos cortes de sesgo”. La primera circunstancia es que “ninguna de las múltiples voces que la forman, puede, por separado, traducir mi recuerdo de Niza”. ¿Lo traduce acaso su enumeración en el vocabulario? No lo parece porque no era eso a lo que se refería Vallejo cuando afirmaba que era sólo cuando se combinaban dichas palabras con otras palabras en una frase (tal como el ejemplo de Voulez-vous coucher avec Whinefree? demuestra) que adquieren posibilidad expresiva. No es pues la mera lista la que lo saca del problema, a pesar de que, una vez formulada Vallejo no hace nada con ella (así como “no hizo nada” con las palabras de “la paz, la abispa,...”). La necesidad de la combinación en frases para que las palabras adquieran movimiento expresivo se vuelve evidente, negativamente, con la segunda circunstancia que menciona Vallejo y que es la siguiente: “el poder de expresión de este vocabulario reside, especialmente, en el hecho de estar formado en sus tres cuartas partes sobre raíces arias y el resto sobre raíces semitas”. Con esta segunda circunstancia Vallejo re-establece la incongruencia que habíamos detectado, la de ofrecer un conjunto de palabras inertes y al mismo tiempo advertir que es sólo en su movimiento frásico que ellas adquieren poder expresivo. En efecto, Vallejo ahora señala que son las raíces (arias, semitas) de cada una de estas palabras individuales, las que le dan poder expresivo a la lista del vocabulario.
              

Vallejo ofrece, sin embargo, una salida a esta incongruencia en su propio texto. Cuando él anuncia las dos circunstancias finales, las presenta como “dos masas de guerra, dos cortes de sesgo”. Es decir, las presenta como dos circunstancias encontradas, en pie de guerra una contra la otra. La indicación parece evidente: las palabras y su combinatoria en frases son condiciones antagónicas. En términos que retoman nuestra discusión general, la nominación y la dianoia, el nombre y la sintaxis son fuerzas opuestas, que, tal como Badiou ha formulado, constituyen los bordes del lenguaje. Para Badiou, poema y materna son construcciones contrarias porque realizan operaciones distintas. El poema nombra, el materna discurre (deduce). Pero si lo único que hace el poema es nombrar, entonces nos encontramos con el impase sobre el que ha puesto el dedo Vallejo. El nombre puro, la nominación pura, no producen sino un movimiento hifalto. El nombre puro sólo da saltitos de gorrión. Lacan lo había notado y lo expresó afirmando que “No es gran cosa nombrar”(7). No lo es si no se ofrece el verbo que articula la sintaxis. Pero Vallejo lo había advertido con anterioridad y eso es lo que ha mostrado en los textos que hemos examinado. Pero lo hace con el ojo puesto a lo que hemos denominado lo innombrable. En efecto, lo que falta, lo que falta radicalmente en “la paz, la abispa,...” es sintaxis. Y, sir embargo, la sintaxis es expresada en el poema. No sólo come hueco evidente, esto es lo importante, no sólo como ausencia (o como falta) que el movimiento hifalto de sus palabras revela sino como parte constitutiva del poema mismo. O, más preci sámente, Vallejo no hace una sintaxis del vacío que lo volcaría de bruces en dirección al misticismo, ni exhibe la estructura sintáctica que le da contorno al vacío de fondo. Hace otra cosa: pone la sintaxis en el vacío y revela el vacío innombrable de la sintaxis. La sintaxis deja de ser garantía mallarmeana Tal vez ésta sea la “Magistral demostración de salud pública Veamos cómo se hace posible.

(7) Lacan, El triunfo de la religión precedido de Discurso a los católicos, traducción de Nora. A. Cóma lez, Paidós, Buenos Aires 2006. p. 88.


Giorgio Agamben ha comentado la noción de resistencia que Gilles Deleuze introdujo en su célebre conferencia del 15 de mayo de 1987 en la fundación FEMIS titulada “¿Qué es el acto de creación?”(8). Si bien Deleuze nunca define “resistencia”, nosotros podemos, con Agamben, inferir que “resistir siempre significa liberar una potencia de vida que había sido aprisionada u ofendida” (C&A 27). Con esto instalamos los tres términos centrales de la cuestión: creación, potencia, resistencia. Todo acto de creación es un acto de resistencia porque libera una potencia que es interna tanto al acto de creación mismo como al de resistencia. La potencia (dynamis) de la que habla Agamben es la hexis aristotélica, “la posesión de una capacidad o de una habilidad”—“aquella que compete a quien ya ha adquirido el arte o el saber correspondiente” (C&A 30). Así, hablamos de potencia en el sentido de un poeta que posee la potencia (el habitus) de escribir, pero no en el sentido de un niño que puede convertirse en un poeta. La distinción es crucial porque “la potencia se define esencialmente por la posibilidad de su no-ejercicio” (C&A 31). Por lo tanto, es indispensable ya tener el saber o el arte para ejercer esta potencia porque si no sería imposible no ejercerla.

La potencia es la posibilidad de suspender el paso al acto. La impotencia, por lo tanto, “no significa aquí ausencia de toda potencia, sino potencia-de-no (pasar al acto)” (C&A 32). La potencia misma se define en términos de la impotencia; la potencia es la posibilidad-de-no. Pero, si esto es así, ¿cómo es posible pasar al acto? se pregunta Agamben. “Puesto que el acto de la potencia de tocar el piano para el pianista es, sin duda, la ejecución de una pieza en el instrumento, ¿qué sucede con la potencia de no tocar en el momento que comienza a tocar?” (C&A 33). Esta potencia-de-no es exactamente la resistencia de Deleuze, pero entonces ¿es la resistencia a no-hacer vencida por la potencia de hacer? ¿Es todo acto de creación la derrota de la potencia-de-no? ¿Es el poeta aquél que escribe como triunfo sobre el no escribir?

(8) conferencia ile Deleuze puede verse aquí: https://www.yonlulie.aini/watchTvsJXOzcexu7Ks



Agamben tiene una idea distinta y más interesante. No se trata de que la potencia triunfe sobre la impotencia. Más bien “el pasaje al acto sólo puede suceder transportando al acto la propia potencia-de-no” (C&A 34). La resistencia es parte de la potencia y eso es lo que permite que la potencia se halle presente en el acto mismo. De lo contrario, el acto se desliga completamente de la potencia que lo creó. El ejemplo de Agamben es elocuente: Glenn Gould es el pianista que "toca con su potencia de no tocar” (C&A 34). No se trata de dos potencias distintas, una de hacer y otra de no hacer. La potencia de no tocar no pre-existe a la de tocar, no debe primero anularse para poder tocar. La potencia de no tocar es una “resistencia interna a la potencia” (C&A 39). De esa forma, la potencia de tocar (resistencia interna incluida) emerge en la ejecución misma. Esa es la maestría para Agamben, “la conservación de la potencia en el acto” (C&A 35).

En otro contexto (9) he propuesto que los poetas no sólo deben crear poemas sino que también deben “salvarlos y que la salvación del poema consiste en devolverlo a su contingencia. El poeta, un ser contingente, produce una obra (el poema) necesaria, internamente necesaria. La salvación del poema consiste entonces en devolverle contingencia al poema, contingencia de la que fue despojada por el propio acto de elaboración del poema. La resistencia al poema, la potencia-de-no presente en la potencia de escribirlo, al inscribirse en el poema mismo logra este objetivo: muestra, sin decirlo, que el poema no sólo podía no-ser, sino que podía ser distinto; es decir, muestra que el poema es de una contingencia esencial. Pero esa contingencia se observa solamente si el poema mismo ha guardado en sí la potencia de su creación.

(9) M. Montalbetti, El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela, Fondo de Cultura Económica, Lima 2016—especialmente las pp. 48-61.


¿Cómo se hace esto? Para Agamben mediante la auto-referencia. “La gran poesía no dice sólo lo que dice, sino el hecho de que lo está diciendo, la potencia y la impotencia de decirlo” (C&A 40). La presencia de la potencia en el acto del poema es un gesto umbilical hacia su propia elaboración. El poema no es el resultado final exclusivamente; el poema es que eso que aparece como acto (el poema mismo) guarda una huella viva de la potencia e impotencia que lo creó. La auto-referencia hace que “la lengua est[é] expuesta y suspendida en el poema” (A&C 41) en una especie de ejercicio de auto-contemplación. Para hacerlo, “desactiva y vuelve inoperosas sus funciones comunicativas e informativas” (C&A 46). Esta exposición y suspensión de la lengua en el poema es lo que el propio Agamben ve en “Trilce y los poemas postumos de César Vallejo, la contemplación de la lengua española” (C&A 46). Para esta contemplación Vallejo “se sale del español” e intenta el paso atrás imaginario con el que comenzamos todo esto: el tratar de contemplar el lenguaje entero delante nuestro. Ese es el pensamiento del poema, lo que el poema piensa.

Esta extensa colaboración de Agamben con nuestros propósitos debe hallar su punto de aterrizaje. Sea el siguiente. Tanto en “la paz, la abispa,...” como en “Magistral demostración de salud pública” Vallejo da, en efecto, una demostración magistral de la potencia-de-no como forma constitutiva de la potencia a secas. Su potencia de escribir está inseparablemente atada a su potencia de no hacerlo. Y su potencia de no hacer se expresa manifiestamente en la ausencia de sintaxis, en arrojar la sintaxis al vacío interno del poema. Lo que falta no es una falta sino una ausencia: algo que pudo estar pero que no está. O algo que estuvo y que ya no está. El carácter de cosa ida, ausente, de la sintaxis permite exactamente el ejercicio de auto-contemplación y auto-referencia que hace que el poema no sea puro acto final e inerte. Como afirma Agamben, la gran poesía no dice sólo lo que dice. A fin de cuentas uno puede sospechar que Vallejo habla de la paz, de la abispa, de lo horrible, de lo profundo, etc. Pero el poema no va por ahí o no sólo va por ahí. Lo que piensa el poema no es aquello en lo que piensa. Las significaciones son desbordadas por este otro movimiento de resistencia y de suspensión de los poderes semánticos, comunicativos, informativos de la lengua. En otro poema de ese maravilloso lote de setiembre de 1937 (“Quiere y no quiere...” Vallejo remarca lo que Badiou llamaría la indecidibilidad por disyunción. Quiere y no quiere el hombre, es y casi no es. Pero, saber y comprender por qué es así la vida (“por qué tiene la vida este perrazo”) sería “padecer por ingrato” si lo hacemos “al son de un alfabeto competente”. Es decir, si lo hacemos con la lengua como acto sin potencia alguna, que es la lengua clausurada por la semántica.

Aquello que no se puede nombrar, el nombre que no se puede nombrar, es la sintaxis puesta en vacio.

(Del libro homónimo,
ed. Gerardo Jorge,
n direcciones, 2020).


Mario Montalbetti (Lima, Perú, 1953)



Pueden leer la biografía en entrada anterior del autor (N.del A.)

domingo, 2 de abril de 2023

LAS TÁCTICAS DE LA ENSOÑACIÓN

 



Sobre Alfredo Veiravé por Claudia Rosa.


"porque el genio consiste en la potencia de reflexión y no en la  calidad intrínseca del espectáculo reflejado. Marcel Proust, A la  sombra de las muchachas en flor." En busca del tiempo perdido.


El libro que presentamos está armado sobre textos éditos e inéditos de Alfredo Veiravé que tratan sobre problemas centrales y ancilares del quehacer poético. Uno de los objetivos de este libro es ofrecer estos textos que dan cuenta de las dinámicas institucionales inherentes a los sistemas de la consagración de un escritor, la dinámica social de sus ubicaciones en, e incidencias sobre, las formaciones canónicas de la literatura nacional argentina y latinoamericana. En este libro se muestran las diferentes posiciones que va tomando el autor ante los diversos cánones de los cuales se constituye el sistema literario argentino: sus relaciones, sus amigos, sus lecturas, sus preocupaciones, el lugar de Latinoamérica y sobre todo cómo concibió la genialidad de un Chaco interestelar.

Esta propuesta nace de preguntarnos cuáles fueron las circunstancias por las que su autor ha quedado por fuera de las instituciones literarias, a pesar de ser constantemente recordado. A diferencia de otros escritores que descollaron en su época y luego fueron «destituidos» por otras instituciones literarias, Veiravé tuvo, mientras vivió y después de su muerte, un reconocimiento equilibrado, aquel del que no es olvidado pero tampoco leído, aquel que siempre está presente pero siempre al costado.

En La poética de la ensoñación, Gastón Bachelard propone que la poesía es uno de los destinos de la palabra, y cuando un poeta afina la conciencia del lenguaje, trabaja sobre diferentes planos. En estos planos, la imagen poética se abre al futuro lenguaje. Porque la imagen poética nace en estado de ensoñación. Cuando una imagen poética manifiesta su inocencia primaria, activa los pasos fenomenológicos. Esta escuela de la inocencia está presente en el trabajo como poeta de Alfredo Veiravé. «Todos los sentidos se despiertan y armonizan en la ensoñación poética. y esta polifonía de sentidos es aquello que la ensoñación poética escucha y la conciencia poética debe registrar (Bachelard, 1982:17)». El fenomenólogo es solitario, porque hay que observar, dejarse estar como un soñador, soñador de palabras escritas. La ensoñación siempre tiene relación con el cosmos porque nace de la fusión de dos entidades diferentes, dos mundos, dos maneras de percibir. El tiempo de la ensoñación poética se reparte con el tiempo de la mirada. Dice Nietzsche, «la aurora se representa en el cielo adornado de múltiples colores [...] Mis ojos tienen otro brillo. Tengo miedo de que hagan agujeros en el cielo» (Bachelard de Blunck, 1955: 97, cito en Bachelard, 1982:276-277).

Sobre estos dos ejes -las dinámicas institucionales de consagración y la poética de la ensoñación- se arma este libro que es palabra futura en tanto abre caminos de lecturas insospechados.


Apuntes para un estudio introductorio

1. La elección de Veiravé está amparada en distintas razones. La primera es su condición de escritor de provincias en donde y desde donde leemos y producimos esta edición. En la Argentina, una de las líneas políticas que cruza la historia de la cultura es la oposición Buenos Aires/interior, resuelta a favor del centro porteño. Con relación a la literatura, esta oposición puede expresarse en la pregunta: ¿Puede un escritor de provincias acceder al canon oficial? Dado que son numerosos los ejemplos que responden afirmativamente esta pregunta, habrá que reformularla de tal manera que se oriente hacia las condiciones para acceder a un sistema consagratorio. Demorarnos en leer lo que tiene un escritor de provincias para decir cómo se ejerce su oficio, las bondades o no de su alejamiento de los centros, cómo se establecen los diálogos necesarios para llevar adelante la labor; esta es nuestra preocupación.

2. La segunda razón es que la obra de Alfredo Veiravé -que atraviesa toda la segunda mitad del siglo XX, manteniéndose al margen de las corrientes y modas estéticas imperantes- ha sido inexplorada y condensa en una figura las tensiones que acarrea el proceso de devenír/no devenir autor consagrado en distintas esferas de la praxis cultural: el mercado, la academia, el periodismo cultural. Sobre su obra se registran dos tesis doctorales en universidades argentinas, y en las últimas décadas ha desaparecido su nombre de los congresos literarios y de los anales consultados Este olviso académico -que tiene como contrapartida un constante lugar honorífico para con su nombre: «qué gran poeta Alfredo Veiravé»- es una vía regir para analizar qué síntoma se esconde detrás de la institucionalización de un autor que no se edita, no se lee con asiduidad y no se estudia.

3. La última de las razones de la elección radica en que es un autor que ha hecho del oficio de escritura, la creación literaria y «lo latinoamericano") sus temas recurrentes, aspectos que lo convierten en un caso paradigmático ya que tratará de construirse como un autor preocupado por edificar una obra a contrapelo de los tres ejes privilegiados en que se construyeron los escritores del siglo XX: «lo argentino», lo «original como producto de genio», la «producción como proceso ocasional».

4. La singularidad del caso del poeta entrerriano-chaqueño Alfredo Veirav se establece sobre uno de los dualismos fundantes de la historia políticas, social y económica americana, aún antes de la vida republicana independiente del Imperio español: el dualismo capital-interior, avatar específico de la oposición ciudad-campo. Esta antítesis dinámica se ha expresado, en términos culturales, a partir de la consolidación de la preeminencia comercial del puerto de Buenos Aires y del nacimiento de la industria editorial, través de un sistema de circulación y convalidación nacional de las producciones culturales capitalinas.

5.Este libro muestra las estrategias de escritura por las que optó Alfredo Veiravé y las consecuencias que tuvieron en la circulación de la obra por su auténtico y único método de escritura. La opción por su trabajo provincial latinoamericanista vuelve su producción literaria «deslucida» para los mercados contemporáneos y convierte la obra en literatura culta y, sobre todo incómoda por el carácter sardónico y un uso sintáctico destinado a erosionar irónicamente las semánticas comunes en el sistema literario argentino. Veiravé presenta una innovación, una reescritura y nueva racionalidad del proceso creativo que lo constituyeron como un innovador de la literatura.

6.Alfredo Veiravé es un hombre formado en las vanguardias, y ellas le enseñaron a trabajar en las tácticas para enfrentar a las restantes facciones del campo intelectual y desarrollar estrategias de invisibilidad. Así formó  parte de un grupo de artistas desde el Chaco (1). En estas tácticas aprendió qué heredar de sus maestros, qué desarrollar con sus pares y qué heredar a los jóvenes. Como el arte tiene la tendencia a formalizar los elementos portadores de contenido y a convertirlos en convenciones codificadas, de una generación a otra pasará de ser palabra original a patrimonio de la cultura. El tema de lo particular y de lo universal se resuelve con el paso del tiempo. Esta concepción no se olvida de que el sistema de signos se da en la producción de una semiosis, por lo que una crítica poética debería ser capaz de establecer la construcción interna del sistema y las relaciones semánticas con los fenómenos extratextuales.


7.Va a ser su escritura periodística opuesta a todas las modas, ya que Veiravé se resiste a la oralidad en que se estaba dirimiendo la prosa de los diarios luego de la influencia de los medios radiales y, con el correr del siglo, con la de la escritura norteamericana. Antioral, barroco, con registros populares y cultismos en una misma franja tonal, alta ironía, irreverencia temática y ninguna concesión a un lector modelo popular lo van a constituir en una figura exofórica del periodismo argentino.

Nos interesa pensar, específicamente, cuáles son los caminos que emprende un escritor que se mantiene fuera del sistema consagratorio. No se trata aquí de señalar estrategias contraconsagratorias o posturas anti-sistémicas. La pregunta nace por una ausencia de la crítica, de lecturas, de la obra de un autor con una vasta y madura producción, una escritura de alta densidad experimentativa y un maduro ejercicio del oficio, en un campo literario como el argentino. Se sabe que el lugar que las instituciones adquieren en la consagración de un escritor establece una relación directa con la constitución del autor, y el autor con la conformación de los cánones literarios.

La singularidad del caso que nos ocupa se inscribe en una larga tradición de dualismos y tensiones en la historia política, social y económica americana. Nos referimos a la dicotomía entre campo y ciudad, provincia y capital,


(1) N. de las E. «Allí en el Chaco, en Resistencia] Veiravé entiende que la literatura no es un trabajo en soledad como pareciera. Allí está lleno de pares que acompañan, contienen y contagian: Hermes Viilordo, María Elena Walsh, Amelia Biagioni, Emilio Soto, Sara Fació, Carlos Alonso, Rafael Oteriño, Córdova Iturburu, Roberto Ledesma; una cofradía de artistas que debieron repensarse para poder sostener su propio proyecto creador por fuera de los grupos que dominaban la cultura nacional» (Rosa, 2018: s/d).


ciudad puerto y campo, pampa y ciudad, etc. El tema tiene cierta trayectoria en la teoría literaria y en la crítica literaria argentina específicamente, y llega luego a las Ciencias Sociales que van a comenzar a pensar muy tardíamen las diferencias constitutivas e identitarias en ambos sectores.
El tema de la tensión entre provincianos y capitalinos, herencia del siglo XIX, se revitaliza con los desplazamientos masivos que a mediados de la década del 30 se producen desde el interior a la ciudad porteña, adonde llega -en la década que va de 1935 a 1945- cerca de un millón de trabajadores. Es un lugar aceptado por la historiografía afirmar que el gobierno peronista incluyó; y dio visibilidad social a estos argentinos llegados desde el interior rural.La inclusión de estos sectores rurales en la capital argentina generó tension entre los grupos, entre los viejos y los recién venidos, representadas estas en un conjunto de leyendas barriales y metáforas sociales, herederas de aquella otra tensión social provocada a principios de siglo por otros desplazamientos el del inmigrante y el del gaucho, que venía a la ciudad en busca de «nuevos libros» y que también produjo una compleja red de representaciones social antinómicas.

En el área de la producción literaria sucedió lo mismo que en el área del campo cultural: Buenos Aires concentró el mayor volumen de producci{on editorial y manejó mayor cantidad de recursos del Estado. Ahora bien, esta afirmación no implica que los agentes culturales sean todos provistos por la ciudad, ya que una cosa es quiénes son los que manejan los recursos para financiar los productos culturales, y otra cosa es quiénes son los agentes responsables de llevar adelante la acción cultural.

El concepto de identidad provincial o regional está aquí entendido coi se lo entiende en los últimos años en los estudios sociológicos:

se deriva de un sentido de pertenencia socio-regional, y se da cuando por 1o menos una parte significativa de los habitantes de una región han logrado incorporar a su propio sistema cultural, los símbolos, valores y aspiraciones más profundas de su región (2).

La nueva geografía cultural desarrolló conceptos provenientes de la sociologia y, específicamente, el concepto de territorio entendiendo 


(2). Giménez, Gilberto (2001). Cultura, territorio, migraciones. Aproximaciones teóricas (p. 12). Alteridades. México: Unam.


espacio apropiado y valorizado por un grupo social. Es así que el concepto de identidad regional y provincial es:
la imagen distintiva y específica (dotada de normas, modelo, representación, valores, entre otros) que los actores sociales de una región se forjan de sí mismos en el proceso de sus relaciones con otras regiones y colectividades. Esta imagen puede ser mas o menos completa y tener por fundamento un patrimonio pasado o presente, un entorno natural valorizado, una historia, una actividad económica o especifica o, finalmente, una combinación de todos estos elementos (3).


Lo que los teóricos de las identidades territoriales no abordan es cómo se construyen estas creencias y cuáles son los modos por parte de un grupo de reconstruir un pasado común. Para ello, se ven obligados a edificar visiones esencialistas y ahistóricas que consideran el relato de la relación del grupo con su territorio como un atributo inherente o una cualidad esencial Por eso las identidades provinciales recurren a escenarios míticos y a actores significativos para su construcción. Las grandes heridas que habían resultado de las luchas civiles del siglo XIX se sustentaban en la desigual distribución de la tierra y el privilegio absoluto sobre la región de la pampa húmeda en la planificación económica del Estado nacional en detrimento de las provincias en momentos en que se crean las líneas del ferrocarril que van a dar como resultado lo que se ha llamado un «país macrocefálico». Se desarrolla en las primeras décadas del siglo un conjunto de relatos identitarios que pugna por universalizar sus propias características en una identidad dominante que como tal, se construye sobre un antagonismo: la capital.

No estuvieron ausentes en estas construcciones de relatos provinciales la necesidad que tenían los nuevos actores que ingresan a Buenos Aíres trayendo consigo un capital económico y capitales sociales y simbólicos (4) que no tenían el mismo valor en la ciudad capital que en su provincia de origen. El recurrir a la identidad provincial en el mercado de bienes simbólicos capitalinos es una forma de encontrar un lugar en el campo cultural. La mayoría de las veces el relato socio-territorial se construye fuera de la comarca, es decir ante la presencia del «otro», y por oposición a ese «otro».


(3) Bassan, Michelle (1981). L'identité régionale (p. 15). Saint Saphorin: Editions Georgi.
(4) Bourdieu, Pierre (1997). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona, Anagrama.


La construcción de la figura de autor -ya desde la conceción posestructuralbarthesiana, la de implicancia, desde las teorías sociales de Foucault o las de tipo textualistas como las de Humberto Eco- tiene que ver irremediablemente con la figura del otro, por eso es en la escritura y en el oficio literario en donde se construye el autor, ya que el «otro» es el sitio en donde se escribe el deseo. Las lecciones del psicoanálisis o de Michel de Certeau son contundentes en este punto.

La contradicción entre pertenecer a un grupo llamado «escritores» y el ilusorio mito de «autogestionamiento» no es preocupación de Veirave, no le crea tensiones. La ficción de «ser» escritor no puede ser rastreada en su obra: no tenemos datos de su vida privada. Sus numerosísimas paginas de ensayos y críticas literarias -el métier mismo de constituirse o de integrarse en un escenario- están plasmadas en una tercera persona en un fuerte borramiento del yo. Si el autor es una figura construida en un diálogo con su cultura -en donde la figura del otro es relevante para la construcción del mismo-, la obra veiraveana puede entenderse en el horizonte de lectura planteado en el párrafo anterior, como el único escenario textual en donde se construye una figura de autor sin mayor pretensión, ya no solo de una totalidad biográfica sino estilística, aun a costa de los relatos biográficos que constituyen su propia biografía de autor.

La correspondencia con Veiravé muestra ciertas preocupaciones que atraviesan toda su obra, especialmente el libro de corrección y el oficio de lectura y de silencio, además de preocuparse especialmente del envejecimiento del texto: se trata de construir una poética que desafíe al tiempo, una poética en el tiempo. Para construirla, para escribir resistiendo las modas, para ser un buen escritor, se necesita dedicar la vida a ello, esa es la enseñanza de su maestro.

8 La operatoria de Veiravé, que podríamos en algún punto compaginar con la lógica de la santafecina Amelia Biagioni, crea, primero, un itinerario espacial retórico de latinoamericanización de la zona, para otorgarle luego un carácter tecnológico trasnacional. En el momento de distanciamiento de la influencia terrible juaneliana, a la construcción de su propia esfera poética, Alfredo Veiravé procura un tránsito que va de una melancólica ciudad de Gualeguay, el río ausente, a una hispanoamericanización de un Chaco casi innombrado hacia 1970; y redobla la apuesta de Francisco «Coco» Madariaga para dejar de ser un criollo universal y ser un litoraleño interestelar. A Veiravé le cuesta tres libros y una década superar las angustias de las influencias juanelianas y otra década más, con tres libros mas, lanzarse hacia las fertilidades de un nuevo territorio expandido. Se desplaza dos veces. Uno, el de las retóricas simbolistas francesas y otro, de las hispanoamenricanistas. El camino primero es el que ya ha marcado la crítica. En sus primeros libros, el poeta estaba bajo la esfera de la poesía de Juan L. y sus pregnancias de Gualeguay; luego, ya en los 70, encuentra en el Chaco el territorio más cerca de Latinoamérica. Como bien explicó Madariaga, América Latina comienza en Corrientes; así que el salto de Gualeguay a la patria grande era natural casi.

9. Encasillado como perteneciente al neorromanticismo del 40 y coetáneo del surrealismo, del invencionismo y la antipoesía, Veiravé se para en las antípodas del objetivismo, del nacionalismo y de la poesía social comprometida.  Él sabe que para encontrar su voz propia debe alejarse del ruido, y junto con su amiga Amelia Biagioni hacen de su estancia provincial un lugar de contención contra las tendencias poéticas dominantes de su época en favor del desarrollo de una poesía que, atendiendo especialmente a la polisemia del termino, podríamos calificar como «alterna», tanto por su corrimiento de los ejes establecidos, como por su condición cambiante y nómade, la cual determina su singularidad y originalidad.

Si bien Veiravé se caracterizó por su bajo perfil, consecuente con una notoria preferencia por el alejamiento de los círculos literarios de prestigio, su gesto grandilocuente se encuentra, sin lugar a dudas, en su poesía. La trayectoria del poeta, que abarca más de cuatro décadas de intenso trabajo evidencia, a simple vista, una cuestión para nada menor: su poética, que en principio se adecua a ciertas convenciones genéricas y normas propias de la lírica clásica, alcanza su punto álgido a partir de la transgresión de dichas normas, de la puesta en cuestión de los principios de la tradición y de los códigos vigentes.

En desarrollo...

(Tomado del libro: Las tácticas de la ensoñación
-Cómo trabaja un poeta-Claudia Rosa, Directora.
Incluye diversas entrevistas al poeta 
y ensayos del autor y otros),
Universidad Nacional de Nordeste, Corrientes, 2021.)

Claudia Rosa


BIBLIOGRAFÍA:

BACHELARD DE BLUNCK, Richard (1955). «Frédéric Nietzsche. Enfance jeunesse» (Trad. Eva Sauser). París: Correa. En Bachelard, Gastón (198 La poética de la ensoñación. México: Fondo de Cultura Económica.
BACHELARD, Gastón (1982). La poética de la ensoñación. México: Fondo Cultura Económica.
BASSAN, Michelle (1981). L’identité régionale. Saint Saphorin: Editio Georgi.
BOURDIEU, Pierre (1997). Razones prácticas. Sobre la teoria de la accu Barcelona: Anagrama.
GIMÉNEZ, Gilberto (2001). Cultura, territorio, migraciones. Aproximac nes teóricas. Alteridades. México: Unam.
ROSA, Claudia (2018). «Alfredo Veiravé y sus paisajes laterales». Cuaderr Lirico. Puesto en línea el 10 octubre de 2018, consultado el 31 de ago: de 2019. Disponible en http://journals.openedition.org/lirico/5621



Claudia Rosa (Paraná, Entre Ríos, ?- Id.2018). Semióloga. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Entre Rios. Investigadora del Conicet. Fue Profesora Titular de las cátedras Procesos Culturales latinoamericanos y Argentinos (Facultad de Ciencias de la Educación-UNER) y de las cátedras Semiología I y Semiología II de la Licenciatura en Comunicación social, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste. Autora y editora de numerosos ensayos criticas y libros de la especialidad y crítica literaria. Dirigió los proyectos de investigacion «Del texto manuscrito al texto editado. Edición crítico genética de la Obra de Alfredo Veiravé" en la UniVersÍdad Nacional de Entre Ríos, y  «Antroposemiotica de las prácticas culturales. Análisis del tatuaje carcelario en las ciudades de Corrientes y Paraná", en la Universidad Nacional del Nordeste" Ganó el concurso realizado sobre el poema Gualeguay de Juan L. Ortiz, publicado en El Arca ediciones, [con el auspicio de] Fundación Banco Mercantil Argentino, 1997, Editó la obra completa de  Carlos Mastronardi: junto a Elisabeth Strada y otros colaboradores (Universidad Nacional del Litoral, 2010). Además editó la obra teatral del poeta Arnaldo Calveyra: Teatro reunido, que publicó Eduner en 2012.




viernes, 31 de marzo de 2023

UN POETA DE LOS EXTREMOS




Alberto Girri por Hermenegildo Sábat, c.1998 Archivo de  Jorge Aulicino. Su imagen es la del reformador severo de la poesía argentina.

GIRRI BASICO

BUENOS AIRES, 1919-1991,

Poeta y traductor, fue colaborador de la revista Sur y de La Nación. En los años 40, rompió con la corriente tradicionalista dominante. En 1946 publicó “Playa sola" y luego una larga serie de libros de poesía y reflexión sobre la poesía, junto con versiones de poemas de T.S. Eliot, Wallace Stevens, William Carlos Williams.

Por JORGE AULICINO
Fuente: Revista Ñ -2010

Entre fines de los 70 y comienzos de los 80 del siglo pásado, Manuel Pampín publicó en Corregidor en cuatro tomos la Obra Poética de Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991). Fue esto un punto culminante de la valoración de Girri en círculos lejanos al manípulo de Victoria Ocampo y del antiguo suplemento de La Nación. Sus relaciones habían ubicado a Girri en el campo de lo que, en las turbulentas décadas de los sesenta y setenta, se llamaba “cultura oficial”. Movimientos tendientes a ubicar con mayor equidad y justicia al autor fueron el reportaje que en 1976, en el último número de la revista de izquierda Crisis, publicó Santiago Kovadloff. En 1983, Pablo Ananias entrevistó a Girri para el diario Tiempo Argentino, cuyo suplemento cultural tuvo prestigio en los primeros ochenta. En 1985, quien escribe estas líneas le hizo un reportaje para Clarín Cultura y Nación. Un año antes de la muerte de Girri, junto con Daniel Freidemberg, lo entrevistó para el Diario de Poesía. Esto significa que en 25 años Girri pudo ser rescatado del limbo reaccionario al que se lo había condenado.

Girri, uno de los más altos exponentes de una línea reflexiva y especulativa en la poesía argentina, y el más alto, si se considera América Latina, siguió publicando después de la aparición de aquellos cuatro tomos de Corregidor. Esos libros, no reeditados, contienen un último ajuste de cuentas sobre su poesía, que fue cambiando, libro a libro, en sus más de treinta, aunque siempre ubicada en la misma perspectiva. Especialmente Monodias y Existenciales, publicados a mediados de los 80, son dos libros que parecen clave en toda su amplia producción.

Desde su muerte en 1991, Girri no había sido reeditado. Corregidor entrega ahora una antología, realizada y prologada por Jorge Monteleone, y esto constituye un acontecimiento. Pero, ¡qué pobre resulta aún la consideración de este autor formidable, por parte de los críticos y de los editores! En casi veinte años no se ha reunido su obra completa. Tampoco se reeditaron los libros que publicó después de los cuatro tomos de Corregidor. Sudamericana, sello con el que aparecieron algunos de esos textos, no lo hizo. Pampín acaso no tiene presupuesto para hacer más que lo que hace, y que está muy bien. Ignoro cujál es la situación de los derechos de Girri. No será insoluble.

Monteleone es garantía de una buena lectura cuando se trata de poesía, y de un buen criterio selectivo. Junto con Daniel Freidemberg y Javier Adúriz, está entre los mejores críticos de poesía actual (lamentablemente no es mucho decir en un campo en el que los críticos se cuentan con los dedos de una mano). La selección que ha hecho puede dejar más o menos satisfechos a unos, más a otros, pero es representativa y sirve para exponer el peso específico -que es mucho- de Girri en la poesía argentina. El libro, por lo pronto, abarca hasta su trabajo postumo, Juegos alegóricos, editado en 1993, y cuyo título contrasta con el del último libro que publicó en vida, el escueto 1989-1990.

En el prólogo, Monteleone presenta la figura histórica de Girri, siguiendo aquel derrotero desde el desdén del progresismo hasta la reconsideración entre las generaciones últimas: tanto los neobarrocos, los objetivistas y los neoclásicos, como una parte de la generación de los noventa que sintió su influencia.

Quitarle a Girri el sambenito de sus “relaciones con la embajada (estadounidense)” no era nada, comparado con tratar de que se entendiera su apuesta. Girri tenía fama de severo aristócrata, aunque el bronceado permanente de la piel apergaminada de este hijo de pobres inmigrantes vénetos se debía al sol de la plaza San Martín. Pero además tenía fama de arduo e incomprensible. Era un poeta extremo, para quien toda efusión sentimental constituía un “ornamento”. En los 40, bombardeó la fortaleza formal del tradicionalismo imperante dando rienda suelta al verso blanco. Tradujo la poesía norteamericana e inglesa modernas a verso blanco y verso líbre. Y usó la percepción reflexiva de la tradición anglosajona para postular otro tipo de vanguardia. Toda su obra, o gran parte, está atravesada, además, por el budismo y el taoismo. Su objeto, a la par del de demostrar que vivimos en una realidad aparente (el maya brahmánico), era el de provocar un estado de atención sobre el texto: “Sigue el texto” era su consigna. Pero resulta que texto y objeto querían ser la misma cosa. La ambición tantálica de Girri era que fueran uno lo observado y el observador. Lo que pudo haber sido mera abstracción, nunca se alejó sin embargo del marco concreto de una realidad cotidiana, incluyendo en ella los textos ajenos en los que se inspiraba o a los que comentaba, prologaba, traducía o interrogaba, como a otros tantos objetos. Lo cotidiano era, en Girri, lo común, lo habitual, de lo cual partía. Su propósito, realizar una obra que pudiera ser leída sin referencias temporales externas, sin notas y aun sin firma.

Tal rigor hace por cierto difícil la lectura, sobre todo cuando sus libros comienzan a estructurarse a partir de emisiones de voz que se apoyan en infinitivos, en pronombres, en la segunda persona del singular. Con todo, esta poesía calificada de intelectual es asombrosamente vital. Si aspira al satori que absorbe lo contemplado y al contemplador, no olvida el peso corporal de seres y cosas: vejez, hollemos, pelusa, puertas, pisos, malestares físicos: la celda del monje recorrida por insectos y crepúsculos. Esa espiritualidad fuertemente material de los libros de Girri, enamorado de sus “variaciones en la rutina” que son otros tantos intentos de abordaje de la misma meta, provocan el saludo del sacerdote trapense, poeta y crítico estadounidense Thomas Merton: "La imagen cotidiana del hombre es su enemiga. Debe ser destruida con palabras directas y paradojas. Tal es tu obra religiosa, mérito y sacrificio. ¡Golpea fuerte, Girri, con gracia metafisica!”.

Estos Poemas selectos abren de nuevo la puerta de ese mundo austero y deslumbrante. Un cosmos, diría Whitman. Claro está: no el de Whitman, sino su otra faz. La multitud cambiante whitmaniana en la que uno se fundía era, para Girri, el absoluto en el que ya no se es un hombre de la calle o un hombre en su cocina, sino más bien nadie y todo.

CONTEXTO

Se trata de la primera antología de poemas de Girri publicada después de su muerte. Jorge Monteleone estuvo a cargo de la selección y el prólogo. Incluye también textos sobre poesía y traducciones de poemas de Montale y Eliot.

FRAGMENTO

perseverar / en contradicciones, juntar / lo incompatible, / ÿ con porciones / de cantos banales, referencias/a vaivenes afectivos, guías turísticas, / flores sobre una mesa, pormenores de chistes, / hacer que la consecuencia sean poemas: / lo diurno /y público asociándose a lo secreto, / arduo de soportar... (Lo propio, lo de todos, 1980)

QUE SE DIJO

“Y de igual manera que Donne, Girri buscó no la poesía de la dulzura que todos buscaban en su tiempo, sino esa otra poesía, no menos admirable y ardua, de lo áspero”.
(Jorge Luis Borges, 1965.


Nota del Administrador: En 2010 se publicó otra antología en España de Girri: "En selva de inquietudes" (Antología poética); Selección, edición y prólogo de José Muñoz Milanes, Colección La Cruz del Sur- Editorial Pre-textos.