http://www.youtube.com/watch?v=dZn_VBgkPNY
Johann Sebastian Bach
La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
domingo, 27 de septiembre de 2009
LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO
http://www.youtube.com/watch?v=yO11bKwThCA
Johann Sebastian Bach
de: 'Erbarme dich, Mein Gott' ("Ten piedad de mí, mi Señor),
aria from the Matthäuspassion, BWV 244.
Johann Sebastian Bach
de: 'Erbarme dich, Mein Gott' ("Ten piedad de mí, mi Señor),
aria from the Matthäuspassion, BWV 244.
Versión: Britta Schwarz (contralto)
y la Filarmónica de Dresdner,
dir. Roderich Kreile
(Japón, 2007)
y la Filarmónica de Dresdner,
dir. Roderich Kreile
(Japón, 2007)
Video:ifoh1
Aria sobre la cueda de sol
http://www.youtube.com/watch?v=14AhD3xdoMk
Johann Sebastian Bach
Johann Sebastian Bach
Versión: Jacques Loussier Trio
Feb. 1988.
Feb. 1988.
sábado, 26 de septiembre de 2009
LA POESÍA EN NUESTROS DÍAS
1. Hacer poesía es un misterio, una actividad manifiesta del desconocimiento. Sin embargo, para una enorme cantidad de poetas ese quehacer, quieran que no, es una prepotencia. El prepotente no ve, y cegato o cegado del todo, pierde su capacidad de riesgo, hace del poema un recipiente de su grandilocuencia, aferrándose a la más regastada retórica, pretextando participar de una importante tradición. A la que traiciona.
2. Hay una notable distancia, en este momento, entre el trabajo poético de los peninsulares y el de los latinoamericanos (por supuesto que Brasil incluido, país de poetas proliferantes y arriesgados): ese abismo implica, a mí modo de ver, la diferencia entre quien arriesga y quien se ciñe, acomodado, a lo recocido. Puedo, casi con los ojos cerrados, nombrar treinta, cuarenta poetas latinoamericanos que me interesan, que leo con fruición, curiosidad; con tristeza, con la mayor tristeza, y dentro de los límites de mi conocimiento (o más bien desconocimiento) no puedo decir lo mismo respecto a poetas españoles y portugueses. Claro que hay excepciones, cómo no: pero donde veo viva la poesía en lengua castellana es en América.
3. Sólo puedo hablar de lo que he vivido en carne propia. En mi caso, y dentro de lo que intuyo y entiendo del caso, hay un proceso, largo, continuo, nunca para mí tedioso, que comienza, digamos, por el acto voluntario de hacer poesía. De joven, y desde que necesité escribir poemas, ejercí la consciente voluntad de querer hacerlos: los impuse, digamos, sobre la hoja de papel. Quería escribir y escribía: por encima de todo. Organicé mi vida para llevar a cabo esa voluntad de hacer poesía. Ese "principio" estuvo presente por encima de todo, era feroz y feraz, y de su mano produje contra viento y marea, desde mi voluntad hacia la escritura, centenares y centenares de poemas. Mas, con el paso de los años todo cambió. Y puedo decir que desde hace varios lustros, más que querer escribir poemas (que sin duda deseo hacerlos) no quiero ni dejo de querer escribirlos.
4. La escritura de poemas se ha vuelto para mí algo natural: escribo apenas sin darme cuenta de que lo hago. De pronto, y casi a diario (últimamente, a diario) surge un estado que voy a llamar poético a falta de mejor definición, y en ese trance, empieza a fluir un poema, que controlo y me controla, del que no sé absolutamente nada, y que en un momento dado, tal como empezó, termina. Lo corrijo al día siguiente, distanciado, tranquilo, lo encarpeto y olvido. De modo que mi experiencia del proceso poético tiene dos momentos fundamentales: aquél en que la voluntad se ejerce y éste en que la voluntad pasa a un segundo plano y queda inmersa en la bruma del propio quehacer, vuelto natural: así, la voluntad participa más del olvido que de su función elemental de imponerse.
5. Una fórmula clara, que despeje metódica y sistemáticamente el alto valor y la autenticidad de un poema no existe. Sin embargo, hay un consenso general (con sus excepciones que confirman la regla) respecto a la autenticidad de muchos poemas gestados a través de la historia de la poesía y que conforman, entre todos, un canon.
Se trata de un saber ante todo intuitivo; saber que luego del chispazo que juzga y estatuye, se afinca con mayor firmeza a través de la relectura en el tiempo y la investigación analítica del texto. Si éste no sucumbe, tras el cernir constante del tamiz del tiempo, tenemos lo que Bloom denomina un texto fuerte. Prefiero no hablar de poetas fuertes (aunque existan) ni de poemas fuertes en su totalidad, sino mirar con atención, con concentración, los textos de los poemas considerados como fuertes por el canon, y en cada caso, pensar para mí, si lo que leo y releo me convence, verso a verso y enunciado poético tras enunciado poético. Un poeta magnífico como Vallejo tiene un poema para mí fofo y pueril, que es Masa, y versos, en ese gran libro que es Trilce, que me resultan deleznables. Las Coplas de Jorge Manrique tiene momentos de "relleno" que no me interesan, y sin embargo, creo estar ante un poema auténtico y logrado. Amo el poema en cuatro partes que Lorca dedica a Ignacio Sánchez Mejías (Llanto): un poema, a mi juicio, que de cabo a rabo funciona con sostenida fuerza, y cuya calidad todo el tiempo sostiene su emotiva altura, su inteligencia máxima. No obstante, el final de dicho poema siempre me ha parecido soso, malo. Me molesta, me repatea, y hasta el extremo que mil veces me he dicho, ¿pero no vio Lorca que había que trabajarlo? Por supuesto que puedo estar equivocado, que quizás otros lectores serios y capacitados vean en ese remate al poema lo mejor del mismo: pero mi instinto poético lo rechaza, y el análisis que he hecho de ese final, muchas veces, me confirma que mi instinto no está desencaminado.
6. La poesía, ante todo, se da a conocer de viva voz. Y son los poetas quienes recomiendan. No son siempre los mejores críticos, pero dado que están en el oficio, se les debe escuchar. Y se les escucha, al menos, entre los poetas. Si a mí un poeta me recomienda leer a otro poeta, corro a hacerlo. Si me lo recomienda un librero o un crítico académico me tomo mi tiempo: no descarto la recomendación, sólo que me apresuro menos pues confío menos en su juicio. Ahora bien, dado que vivimos en el mundo de la publicidad y del mercadeo, la poesía debería encontrar medios de promoción de los que evidentemente carece: los tiene, acaparando, la ficción; le sigue, con la misma avidez y avaricia editorial, el ensayo: la poesía, cenicienta arrinconada y poco auscultada, permanece en las sombras. Se ha creado un infundio: la poesía no vende porque no se entiende; la poesía no interesa porque se ha separado, autosuficiente, del lector. Y no es posible animar a los lectores a comprar y leer poesía porque éstos, en su mayoría, ya están fuera de la práctica lectora de la poesía, habiéndose creado lo que a todas luces es un círculo vicioso, un "catch- 22."
¿Qué hacer ante el desinterés generalizado del lector cuando se trata de leer poesía? ¿Cómo convencer al editor de turno que la poesía puede vender y que para ello debe invertir esfuerzo y dinero como lo hace a la hora de promocionar la venta de novelas y ensayos? Unas estrategias mínimas son: a) crear talleres de lectura en que el poeta explique sus poemas y los
poemas de otros poetas que le interesan. La prepotencia del poeta que se siente más allá del bien y del mal explicativo, ese falso romanticismo autosuficiente, daña la diseminación de los poemas entre posibles lectores que creo están necesitados, hoy más que nunca, de leer poesía, descubriéndola. Necesitados, dado que la falta de espiritualidad generalizada de cuanto en literatura vende, exige un contrapunto espiritual que sin duda la poesía actual, y de todos los tiempos, brinda: su riqueza abarca la risa, la ligereza, la alegría, lo desgarrado, el lenguaje múltiple y disímil, la asimetría enriquecedora, la descentralización y desterritorialización que tan bien le vendría al mundo de la política. Si un poeta explica poesía a un público lector que no lee poesía, y si ese poeta se comporta con cordialidad (de cor, corazón) y actúa con apasionada honradez, inteligencia y salero, ese poeta ganará para nuestro trabajo a una "clientela". Se debe, entre otras cosas, invitar al lector potencial a dedicar a diario un espacio mínimo de tiempo a la lectura de poesía, luego de verse "iniciado" exegéticamente en su práctica lectora. Si ese ciudadano lector pasa, digamos, media hora leyendo a un poeta fuerte, y a la vez dedica otra media hora a escuchar música clásica (Bach y asimismo Schoenberg) dicho lector ya podrá seguir por su propio camino viviendo intensamente la vida profunda de la lectura poética. Y b) me parece fundamental que los poetas dejen de regalar sus libros, de modo generalizado y como sistema. Está bien obsequiar a un buen amigo un libro, o por ejemplo, a un estudiante que de veras tiene interés y de veras no tiene medios para comprar el libro. Por lo demás, por Dios, no nos regalemos entre nosotros un libro más de poesía; que el amigo lo compre, de viva voz lo recomiende, por supuesto que si le interesa dicho poeta. Hay una miríada de poetas practicantes en este momento en toda América Latina: si tan sólo el diez por ciento de dichos poetas comprara dos o tres libros de poemas de poetas actuales al mes, un gasto mensual no mayor de 30 dólares, veríamos a los editores correr a publicar poesía.
7. La poesía, en sí, no está hoy más amenazada que en otras épocas históricas. Lo que está amenazada es la cultura de alto vuelo, que incluye a mi modo de ver las manifestaciones culturales "populares" mas no populistas u oportunistas. El grado de desfachatez del Poder es tal que ya a cajas destempladas hace lo que tiene que hacer para cegar todo brote auténtico cultural. Con lo que el Poder se está cavando su propia tumba. Sin cultura no hay país. Y lo que a la postre queda de un país, y de un momento histórico en la trayectoria de un país, es su cultura. La música llamada popular tiene su sitio, y ese sitio ha de ser compartido con la música clásica barroca. Se puede leer con gusto, y hasta con descanso, a Corín Tellado (yo no lo hago pero considero que se puede hacer) y por otra parte, leer a Musil. Como método, gusto descansar leyendo, pongamos, una novela de Víctor Hugo o de Zola, alternando con Joyce o Virginia Woolf. Pas de problème. El problema estriba en que se ha banalizado al pueblo, se le ha comido el coco, alejándolo por completo del esfuerzo de leer, que arroja como "recompensa" una fruición, una intensidad de vida que otros medios de difusión no ofrecen. Y la gente, lo que se llama la gente, está aburrida. Corren, jadean, se agitan, no saben caminar, mucho menos sentarse, qué diablos van a leer. Y así, vivimos abocados a un desastre internacional de mucha monta. La falta de educación, la sistemática destrucción de la educación como fuente de búsqueda, de conocimiento, hace que las funciones más elementales se vean amenazadas: así, por ejemplo, la memoria, que al no ejercerse empieza, peligrosamente, a mermar, quizás vaya a desaparecer.
Noto una necesidad imperiosa entre la gente de hacer un tipo de vida que no sea la actual: una vida donde no todo sea trabajo ganapán, esfuerzo material, y donde la finura, la cortesía, la espiritualidad, el estudio, la compenetración amorosa con la tradición, sustituya en parte al trabajo mecánico, aburrido, al que la gente, el ciudadano de a pie, está sometido. El papel que puede jugar a este nivel el intelectual, y en particular el poeta, es tremendo. Pero para ello hay que organizarse, tampoco demasiado, más bien aprender a jugar unos amigos, dispuestos a hacer cosas, con la gente y entre la gente; y por ahí "convencer" de los peligros a los que estamos todos sometidos, así como de la riqueza que se pierde, y del tiempo irrecuperable que pierde la gente, al no saber cómo acceder a lo mejor que ha producido el ser humano a través de los tiempos: no comida rápida ni comida basura sino Altamira, Velázquez, Vallejo, Trakl y Bach. Mucho Bach.
Ése es el alimento que debe dispensarse.
8. Hacer poemas heterogéneos.
9. Reflexionar sobre la poesía me interesa como trabajo de segundo orden. O sea, me interesa hacer poemas, soltarlos, saber que se zafan de mí y que ahí se encuentran: mirarlos luego, más que una curiosidad, es un deber, ya que lo que se excreta está plagado de falsos momentos, y la reflexión, permite corregirlos. Corregir en Cuba es defecar. Toda defecación contiene el detrito de lo mortal. Y un poema no reflexionado a posteriori (críticamente) para ser corregido, es un poema, casi siempre, plagado de falsos movimientos retóricos que lo desmejoran, y tanto, que ese detrito puede resultar fatal para el poema. He visto montones de textos con aciertos donde el poema no cuaja y, estoy convencido, con aplicación, el autor haría de todo el poema un acierto. A este nivel la reflexión poética es fundamental. Y lo es asimismo, con respecto a los poemas que leemos, como divertimento, y como aprendizaje. Desmontar poemas, reflexionando, es vivir el esqueleto íntimo, el tuétano circulatorio y misterioso del poema: entenderlo parcialmente. Lo que a mí me produce un enorme regusto, un saboreo que me hace dichoso cuando lo ejerzo. Recuerdo que en los años en que fui profesor universitario leía con mis alumnos el Romance del prisionero, poema "sencillo" al que dedicábamos críticamente, a veces, hasta cuatro y cinco clases de una hora cada una, y participatoriamente (celebratoriamente) encontrábamos, a través de la reflexión conjunta, mil y un aspectos escondidos del texto que al sacarlos a la luz nos producía un auténtico placer descubridor. Eramos, en efecto, en ese contexto, unos aventureros; no unos conquistadores sino unos aventureros.
10. La poesía está ahí para quien la lee: su consumo es su función. No creo que en principio necesite un para qué, sin que ello implique que la lectura es gratuita o carente de sentido: por el contrario, la función de la lectura de un poema es asimétrica, sibilina, cercana a lo encantatorio y "sirenaico". Participa de lo inesperado; sorprende. Sorprende si permanecemos abiertos y ajenos a todo prejuicio lector. Entonces, un buen poema nos encandila, nos trae a la mente misterios, entrejuegos, cánticos. Nos plegamos al poema como nos plegamos, plegadizos, a la plegaria. Así, en soledad, la poesía tiene una función vasta, que participa de lo basto y de lo refinado, imanta sutilezas y desafueros, nos acerca a la musiquilla de las esferas, nos vuelve seres comunitarios e históricos, transhistóricos (momentáneamente). Esta riqueza, debo decir, mejora el alma. Y mejorándola, de algún modo real y verdadero, ayuda a crear un mundo mejor. No creo, por supuesto, a estas alturas de la historia de la poesía, en el poema didáctico ni panfletario, pero sí creo que un poema, por ejemplo, de Lezama o de Mallarmé, leído y releído a solas, y de algún modo misterioso dilucidado en el espíritu del lector, sirve, entre otras cosas, para crear un mundo mejor.
16. El poeta moderno, dada su situación diaspórica, su visión polimorfa y rizomática, su estancia en un mundo plural y multirreferencial, recibe lenguaje de toda índole en esa vasija o receptáculo poroso que es su "cuerpo". Quizás, por ello, su papel ante el lenguaje sea el de sintetizador de lenguajes, regurgitador de diversidades lingüísticas, voz ábrete sésamo que procesa y devuelve transformado lo que recibe en cuanto multiplicación de voces, poliglotismo, monocordismo, disimilitud. El poeta es responsable ante el lenguaje, y su responsabilidad estriba, como ente moderno, en utilizarlo abierta y organizadamente, con el respeto que se siente ante un organismo de cualquier índole que esté vivo, que arroje de sí, y que demande para sí ese respeto que todo ser vivo desea y merece. Un lenguaje vivo en la actualidad contiene entre sus capas superpuestas arcaísmos, lucidez lúdica, palabras valija, purismos, invenciones, neologismos, excrecencias lingüísticas, deformaciones y reconversiones. La responsabilidad del poeta actual en este sentido es la del sabio que en la Antigüedad escuchaba al oráculo y transmitía sus palabras: sólo que en vez de ser hoy en día el poeta santo o sabio es un hachero (y aquí los no cubanos tendrán que salir corriendo a buscar esta palabra en un diccionario de cubanismos).
José Kozer (Cuba, 1940)
(el poeta y su trabajo/13,
México, otoño 2003)
México, otoño 2003)
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Ensayos y notas,
José Kozer
dickinson j443:
todavía no ha llovido
cruzo mi pueblo
bajo el silencio
domingo medianoche
envuelta en un chal
que he tejido yo misma
y en el gesto de doblarlo
sobre mis brazos
ha venido a mi boca
su poema
como si lo más mínimo
fuera infinito –para mí-
tan lejana yo
de su lengua
de los detalles de su casa
de sus libros religiosos
pero sin embargo
aquí
doblando un chal
sobre mis hombros
mientras camino por la noche
vuelvo a ser ella
mi hermana
vestida de blanco
una conversación abierta
como un río
que avanza en desorden
llevando la sombra de la luna
casi nada
la suave intimidad
de dos mujeres
que hablan en voz baja
reunidas en el azar
de un gesto
ese rostro
que se acerca
tiene mis ojos
tengo tanto que hacer
los versos
en la oscuridad
donde me conozco:
la piel erizada de frío
los juegos con las estrellas
el acto inútil de poner flores
en un vaso
Laura Forchetti (Cnel.Dorrego, Prov. de Buenos Aires, 1964)
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Poesía Argentina
Lo cómodo de vivir
(Fragmento)
IEn tu libro vivimos como hombres,
como bestias andamos en el agua
y cuando sobra el tiempo
nos dejamos hacer una marca.
No he tenido tiempo de decírtelo,
porque en tu libro es donde estamos vivos
y la insistencia de campanas o pájaros
nos lleva como mentes, solas.
También somos eso en algún sentido,
siempre se olvida o queda para el color
que viene con tapar un color. Lamentarlo.
Si pasamos dos veces por la misma especie, una
de las historias retrocede, puede ir
a plantar el nacimiento de un bosque,
no se sabe. No está bien que la memoria
tenga secretos, por eso nos quedamos aquí,
nos cuidamos de todo.
María de la Paz Garberoglio
María de la Paz Garberoglio. Poeta argentina. Nació en 1975, en Buenos Aires, donde vive. Publicó “La ruta del bien” y obtuvo algunas distinciones.
viernes, 25 de septiembre de 2009
bajo la parra
en el puerto de rosario
ella forraba volantes de camiones
y bailaba por las noches
en un cabaret
con el cuerpo pintado de dorado
y su pelo negro
suelto hasta la cintura
me lo contó
una noche en el patio de casa
bajo la parra
tomando champagne
sonaban en el grabador
los valses de strauss
le brillaban los ojos al reírse
después me sacó a bailar valses
mi mamá
bajo las estrellas
tenía puesta una falda blanca hasta media pierna
y yo un vestido con flores chiquitas
la glorieta estaba llena de esas flores
que nunca me acuerdo el nombre
y son como campanas naranjas
y les gustan a los colibríes
cuando se fue a dormir
quedaron copas
botellas vacías
algún plato de garrapiñada
sobre la mesa
se escuchaba ese rumor nocturno
de la sierra
algún auto que pasaba
grillos
ranas
perros ladrando
lechuzas chistando
en la navidad de 1993
Natalia Molina
Natalia Molina. Poeta argentina. Nació en Bahía Blanca en septiembre del 1973. Se crió en Sierra de la Ventana donde vive actualmente. Estudió Comunicación Social en la UNLP y es alumna de la Tecnicatura en Gestión Cultural de la UNDMP. Realiza en radio el micro Ambrosía de difusión poético musical (junto con Santiago Pueblas), y la columna cultural Alcoyana Alcoyana (tiempo de coincidencias). Publicó el libro de poemas Gastronomía amorosa (edición autogestionada, abril del 2006) y la revista Esto no es una revista literaria -con la que colabora-, editó la plaqueta Muñeca brava, en noviembre del 2008. Integra el dúo de poesía musical "...bocas del aire..." junto con Fernando Luciani.
El poema publicado pertenece al libro Tareas domésticas, en proceso de edición para Hemisferio Derecho.
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Poesía Argentina
arco iris
la sequía avanza
entonces
riego mi jardín
con lágrimas
las destapo
contra el sol
reflejan arcoiris
brillos de lo venidero
ya llegará el agua necesaria
nacen jazmínes
sedes nuevas
un cuaderno a mano
vuelvo a escribirme
a dibujarme
ejercicio de amor propio
casi olvidado
cuesta aligerar la mano
a veces pienso
que no voy a poder
entenderme la letra
mi jardín está escrito
y regado con agua salada
tiene un corazón colgado del damasco
que espera dejar de sangrar
la escritura de la herida
ya no la quiero
ni mucho
ni poquito
ni nada
me empecino en escribir
cosas adorables
como sol
ala
capullo
mariposa
benteveo
helado de frutos del bosque
y ese tajo que no cierra
pero están los arco iris
mi optimismo es digno de admirar
sobre todo en enero
cuando parece diciembre
y no sé para qué lado disparar
cuando tengo que encontrarme
(De: "Tareas domésticas",
en proceso de edición
para Hemisferio Derecho)
en proceso de edición
para Hemisferio Derecho)
Natalia Molina (Argentina, Bahía Blanca, 1973)
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EL PADRE MUERE
Es la riqueza
del estar muriendo
la que engendra destino valedero.
Perdurable
es el fuego que entrega
sus criaturas
y libera la luz
sin que por ello deje
la luz
de sernos despojada.
Cuando la angustia talla
las tinieblas —murales de diamante—
en el asombro-
se están puliendo gestos
anteriores.
Nuestros muertos
son esa
plenitud,
ese universo
que sólo ven los pájaros,
que el niño
celebra entre sus límites
secretos.
("Al Sur de marzo", 1969)
Ana Emilia Lahitte
Ana María Lahitte. Escritora argentina. Nació en 1921 en La Plata, Buenos Aires, Argentina., y murio en la misma ciudad, en 2013. Ha publicado más de 23 libros (poesía, narrativa, ensayo, teatro y periodismo). Su actividad sociocultural es incesante, proyectada prioritariamente al interior de su país o auspiciada por países extranjeros. Becaria de la OEA en México (l966) y del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid (l969, 1972 y l975); invitada por Inter Nationes de la República Federal Alemana; por el Ministerio de Prensa de Austria, el Ministerio de Educación y Cultura de Bélgica y por Italia, su labor específica se extiende a toda América Latina, donde ha difundido y difunde la poesía argentina contemporánea. En 1995, recibió una Beca del Fondo Nacional de las Artes (Creación) por “Cinco Poetas capitales: Ballina, Castillo, Mux, Oteriño y Preler”. En 2001, ha sido designada Ciudadana Ilustre, por la Municipalidad de La Plata. Ese mismo año su Taller de Poesía y el Grupo de Hojas y Cuadernos de Sudestada cumplieron 20 años con más de 300 publicaciones editadas con su sello y por “El cuerpo” recibió el Gran Premio de Honor y Puma de Oro de la Fundación Argentina Para la Poesía, entre otras numerosas distinciones recibidas a lo largo de los años. En 1997 publicó “Summa” (l947-l997), poesía, obra completa, edición de homenaje de Municipalidad de La Plata, que se reeditó en 2001.
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jueves, 24 de septiembre de 2009
LA CASA
La casa estaba llena de todos.
Era un mundo donde empezaba el infinito
y nadie temía volverse invisible.
El patio pequeño y cuadrado (la nena
está jugando y dice que se llama Caperucita
en el patio blanco y cuadrado)
y la siesta amarilla.
El reloj bueno y el reloj pesado
del abuelo ausente.
La ventana donde la lluvia golpea
y el país es una tarde sin chicos.
La mesa redonda de los deberes
y el comedor de la visitas.
Había un lugar para el amor
y un lugar para el dolor…
Estabas vos tan alta
y tus manos de cocinar
y tus labios diciéndome sí
y papá en gris vestido de gris
con una melodía
entre melancólica y dulce
que nunca pude olvidar.
Tan allá me quedé.
Tan al fondo de todo
que ahora sé
que el colectivo que tomaba
en la esquina de casa
nunca me pudo llevar
más allá de la esquina de casa.
Omar Terraza
(Selección y biografía: Juan Carlos Moisés)
Omar Terraza nació en Comodoro Rivadavia en 1954. Murió en un accidente automovilístico en su ciudad natal, junto a tres amigos, en 1977. Apenas había cumplido veintitrés años. Algunos de sus poemas se habían difundido en diarios de la ciudad y en el libro Poesía inmediata, que incluía poemas suyos y de otros escritores comodorenses. En 1973 escribe Hombre Sur, una cantata sobre los habitantes originarios y la llegada de los colonos galeses al Chubut. En ese mismo año obtiene el primer premio en el certamen de poesía del Centro de Escritores de Comodoro Rivadavia con la obra Epitafio para un siglo. En 1997 en una edición de autor, el escritor comodorense J. Ángel Uranga publicó el libro Fragmentos de un texto inconcluso, sobre Omar Terraza, en el que incluye parte de su breve obra, de donde fueron seleccionados los poemas que acá se incluyen.
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Omar Terraza,
Poesía Argentina
MI POEMA
Ha de ser mi poema corriente y vital.
Para que esté seguro en todos los bolsillos,
para que no pueda perderse,
ha de ser mi poema corriente.
Verbal y comible
como un fruto redondo.
Con zapatos y semáforos,
como es la vida en las ciudades.
Con ríos y arados
como es la vida en las campiñas.
No ha de ser más rebelde que tu sangre
ni más puro que tus ojos.
No ha de ser mi poema más perfecto
que un ladrillo.
Ni tan hermoso como un regreso
en fiestas de fin de año.
No ha de ser disfraz de obrero
con aliento de señor angustiado.
Ni ha de ser la sombra de tu cuerpo.
Ha de ser construido por hombres
no más allá de sus talones,
no más acá de su suerte.
Omar Terraza (Argentina, Comodoro Rivadavia, 1954-1977)
(Selección: Juan Carlos Moisés)
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Poesía Argentina
Mis amigos mis pobres amigos
mis amigos mis pobres amigos
mis compañeros mis artistas amigos mis enfermos
tristes amigos
son tan fáciles mis amigos de recordar vale
la pena caminar la luna y beberse todo el vino
mis amigos tiemblan mujeres
mis amigos hacen llorar
mis amigos se parecen a
los muertos que se niegan
mis amigos ya no pueden más
Omar Terraza (Argentina, Comodoro Rivadavia, 1954-1977)
(Selección: Juan Carlos Moisés)
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Poesía Argentina
miércoles, 23 de septiembre de 2009
LAS PALABRAS DIARIAS
La cuestión es entender la intención
de las palabras que usamos empecinadamente:
las que grita el diarero,
las que el lechero murmura entre los vapores
del amanecer,
las que giran obsesivamente en la cabeza del loco,
las que el cartero lleva sin saberlo en su bolsa.
Son pocas las palabras que sostienen la realidad
y que podrían destruirla con su sola ausencia;
son las que usamos para explicar nuestra porción del mundo,
las palabras de nuestra convicción,
de nuestra íntima apuesta. -
La cuestión es entender la intención de las palabras,
esa armonía sin énfasis que se parece al destino.
Santiago Sylvester (Argentina, Salta, 1942)
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Santiago Sylvester
EL ALIMENTO
a Gastón Carol
Está comiendo, come desesperadamente,
traga la comida, sostenido
de la pata de pollo como un náufrago,
unido a la vida por el plato de sopa,
abrumado sin embargo
por la momentánea anulación del mundo,
reducido el mundo al plato de sopa,
al plato de lentejas
por el que todavía
se venden todas las primogenituras
y otras cosas de más actualidad.
Todos los días, a esta hora, come
y no sabe (no tiene tiempo para saberlo)
que la oficina, los Bancos, la familia,
la vía láctea,
el viejo eje del mundo,
lo obligan a comer
porque necesitan que siga viviendo,
que se fortalezca,
que engorde como un pavo de Navidad.
Él es el alimento.
Santiago Sylvester (Argentina, Salta, 1942)
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Santiago Sylvester
CAMPESINOS
(Fragmentos I y II)
Yo sé de la dulzura con que embarcan
esperanzadas manos campesinas,
hacia inmóviles vientos del subsuelo
las semillas; y luego esperan,
en las fecundas armonías de los climas del mundo,
al aromar callado de los frutos,
para entonces celebrar, humanamente simples,
la merecida paz de las noches y los días.
Manos del hombre campesino,
herramientas forjadas en la tierra;
vidas de ella y por su gracia erguidas.
Al suelo beneficiado llevan el don y la tarea
y entregadas austeramente a los hijos, envejecen.
Pájaros que dejan su mensaje
de surco en surco, grano a grano;
cómo reconocen, he visto,
al derruido mar de los terrones,
esa inmensidad con devoción de ofrendas
y dolor de pobladores.
Alabadas sean,
manos que velan el silencio de los campos
y las soledades de la tierra guían.
II
Todos los días miro la tierra.
Se cómo la queman las noches heladas del invierno,
la entibia el sol inclinado de junio;
cómo la tornan vivienda y se cobijan en ella
y día tras día la observa el campesino
y la da vuelta y la raya y la sueña suya.
Veo cómo de tanto insistir la convence el río
arrastrándola con él a la aventura.
Se cómo palean, volviéndola camino,
bandadas de humildes peones.
Miro la tierra ardida o helada,
agrietada o compacta,
asomar su fruto o perderlo.
Separándola del hombre, no la comprenderemos nunca.
Desde el río encerrado de las lluvias,
cumplido el ciclo, nace el vegetal.
Llega a las manos del hombre
para socorrer o estimular su vida.
Y así como éste amó y dio sus frutos
en varios años,
en un solo verano cumplió la planta
y se volvió a la tierra a continuar su lucha.
Miro esta plataforma de hechos anónimos y diarios.
Se que por ella anda, simplemente, la vida:
la sosegada lluvia de cada aurora,
luego el sudor de la jornada,
sepultándose a la par de la semilla.
Más abajo de donde pasa el apagado río de las lluvias,
se mueven las antiguas huellas del trabajo y la fatiga;
áreas de hambre, siervos pisoteados,
tumultos de lágrimas,
terrores.
Todo lo que estuvo
y todo lo sufrido por cada uno,
en su medida ayudaron al fruto
que es la segunda esperanza de la planta y del hombre.
Néstor Groppa
Néstor Groppa. Poeta, escritor, periodista y educador argentino.(Laborde-Córdoba, 1928). Cursó estudió en su provincia natal, Córdoba, y en Buenos Aires. Fue maestro en Tilcara y bibliotecario en San Salvador de Jujuy, donde residió desde 1952, hasta su muerte ocurrida en 2011. En 1955, fundó en Jujuy, con los poetas Jorge Calvetti, Andrés Fidalgo y Mario Busignani, el novelista Héctor Tizón y el pintor Medardo Pantoja, la revista Tarja, que fue un hito en la literatura del Noroeste Argentino. También fue creador de la editorial Universitaria jujeña. En 1966 se incorporó como miembro correspondiente a la Academia Argentina de Letras. En 1998 inició la publicación de los Anuarios del tiempo que registran una historia afectiva de Jujuy entre 1960 y 1996 de los cuales ya lleva compilado diez tomos. Creador de su sello editorial "buenamontaña" ( l966 ) con 31 títulos publicados ( 1 Premio Nacional, 1 Premio Regional y 4 Fajas de Honor de SADE. Uno de los sellos del interior con más premios nacionales ).
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Néstor Groppa,
Poesía Argentina
martes, 22 de septiembre de 2009
PRIMAVERA

Hasta mi sombra
se ve más rubicunda
Mañana clara!
Kageboshi mo mame sokusai de kesa no haru
En Año Nuevo,
¡quién pudiera, de nuevo,
hacerse niño!
Shôgatsu no kodomo ni natte mitaki kana
El primer cielo
del año será el humo
quien lo dibuje
Hatsuzora wo koshiraeteiru keburi kana
Nueva primavera
y yo fiel a mi vieja y notoria
incompetencia
Haru tatsu ya gu ue ni mata gu ni kaeru
Al que envejece
hasta los días largos
lo entristecen.
Oi no mi wa hi no nagai ni mo namida kana
El día no quiere despedirse
Por eso, se demora
entre los charcos
Haru no hi ya mizu sae areba kure nokori
El durazno
parace que flotara
en el río brumoso
de la primavera
Kono momo ga nagare kuru ka yo harugasunami
Llueve en primavera:
Una chica bonita
y un enorme bostezo
Harusame ni ôakubi suru bijin kana
¡Como si fuera poco,
a la primavera
se le ocurre nevar!
Kore kiri to miete dossari haru no yuki
Apenas
la nieve se vaya,
se rellenan de niños
las calles
Yuki tokete mura ippai no kodomo kana
Dos muñecos
cubiertos de hollín
Una mujer y un hombre
arriconados
Katasumi ni susukeshi hina mo fûfu kana
Se inclina el sauce,
dando la bienvenida
junto a la entrada
Iriguchi no aiso ni nabiku yanagi kana
Issa (Japón, Kashiwabara 1763- 1827)
Haikus de Primavera de
El libro del Haiku)
Se alarga el día...
Se alarga el día
como mis ojos
que se extravían
escrutando el mar
Nagaki hi ya me no tsukaretaru umi no ue
Se va la empleada
Unas lágrimas quedan
prendidas al tatami
Dekawari ya tatami e otosu namida kana
Taigi
(Traducción de Alberto Silva;
Haikus de Primavera de
El libro del Haiku)
Haikus de Primavera de
El libro del Haiku)
Taigi (Japón, 1709-1771). Discípulo de Buson. Ha sido considerado como un poeta de transición entre el haiku artístico de Buson y el haiku humanista de Issa. Perteneció a la Escuela Edo de Haiku y fue reinvindicado por Shiki.
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